viernes, 14 de noviembre de 2014

TORRENTES DE AGUA VIVA

VIDA DE LA PALABRA              primera mitad de NOVIEMBRE
Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de practicar la Palabra de Vida de noviembre:
1.-        Me ofrecí para recoger a un conocido a las 21:45 en el aeropuerto, (aunque no me gusta conducir de noche y menos con lluvia). Para empezar, el avión despegó tarde y no aterrizó hasta las 23:15. Aproveché el tiempo en casa para hacer algunas llamadas a gente que, si no es a esas horas, no los localizo: verdaderamente (le decía yo al Señor), “en Ti está la fuente viva”, porque me sentía lleno de alegría en las conversaciones sin prisas (y esperando amar a otro prójimo luego yendo a recogerlo).
Cuando llegué al aparcamiento de Barajas, todavía tardaron más de una hora en salir las maletas. Traté de no impacientarme (además, se me estaba acabando la batería del móvil) y cuando nos llamábamos de no mostrar malestar para que no se sintiera mal: era
el modo de decirle a Dios “en Ti está la fuente viva”. Recé, además, ampliamente el rosario. Como me estaba quedando helado esperando en el coche, salí con el paraguas a pasear. Cuando le dan las maletas, el problema, (aparte de… ¡reconocernos!, puesto que sólo lo vi en la Mariápolis hace año y medio), fue encontrar una puerta abierta en el aeropuerto: nos veíamos a través de las amplias vidrieras, pero todas estaban cerradas (desde las 23:00) y nadie a quien preguntar. Ya, por fin, a la 1:30 logró salir y a pesar del sueño que tenía yo, me mostré alegre para que no se preocupara.
Al llegar a casa sospeché que él no habría cenado, así que le preparé algo. En fin, a las 2 y algo logré irme a la cama (que no dormir inmediatamente por tanto trasiego). A las 6:20, como todos los días, sonó mi despertador: estaba contento, aunque temí pasar el día cansado y apagado, pero no, (¡“en Ti está la fuente viva”!). Algo de “bajón” sí que tuve los 2 días posteriores, pero la PdV me ayudaba a dialogar con el Señor y así disimularlo.


Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de practicar la Palabra de Vida de noviembre («En Ti está la fuente viva», Sal 36, 10) y  la de octubre   («Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás», Jn 6, 35):
1.-         “gracias, Paco, por tus "Palabras de vida". No sé si eres consciente del bien que suponen esos "recordatorios". En el diario vivir, unas veces uno está pleno de fuerzas, pero otras se está cansado, de vivir, de pensar, de luchar y de rezar... Y entonces me ha llegado la Palabra: en TI está la
Fuente viva, el encuentro con Él en lo profundo, el recordar: "Él en mí y yo en Él"... Y he sentido de nuevo el brotar del manantial que surge de mi interior más profundo
                  
2.-        “gracias por todo. Pedí mucho por la Asamblea: lo importante es que estaba el Espíritu Santo.
Hace unos días quedo con una madre y su hija, pues tenía que hacerles de “taxista”. Les cuento que he visto a una persona, me ha preguntado de qué pueblo es tu hermano; ella me dice: “te lo habrá preguntado por si le he mentido”. Le digo: “no creo, no hay que pensar mal”. Ella empezó a divagar y le contesto: “no te lleves mal rato, piensa positivo”. Ella me dice: “tú que sabes”, y me llamó de todo menos bonita, (y a su hija también, porque me daba la razón).
Llegamos al supermercado y nos dice: “buscaos la vida”. A las dos nos quedó mal cuerpo, (yo me decía un “por Ti, Señor”), y me acordaba de Chiara: “calla y pon un poco de Paz”. Me callé y se fue. Cuando terminamos, la esperamos. Las llevé a cada una a su casa. Ella nos dijo: “¡ala, iros a paseo!”. Con la hija traté de hablar un rato; le dije: “todos tenemos un mal día; déjala que se la pase”.
Al día siguiente la llamó y le colgó el teléfono. Yo le dije: “la llamaré mañana”. Pero en mi interior no estaba bien, porque me decía: “esto no es el Evangelio: no puedo ir al altar si no me reconcilio con el hermano”. Al día siguiente me fui a misa y le pedí al Señor que me ayudara para que me inspirara las palabras adecuadas, porque hay que saber: ella es muy buena, pero si el día no lo tiene bueno… (pero eso nos pasa a muchos). Salgo de misa y la llamo. Me contesta bien. La invito a salir y tomarnos un café. En el café me dice: “dame un beso, pues creo que me pasé el otro día”. “No importa: todos tenemos malos días”. Todas contentas. Yo sigo fiándome de Jesús

3.-        “gracias, muchas gracias... no contesto por falta de tiempo. En estos días en los que, como todos los años, repito la experiencia de ir a un trabajo al lado de compañeros
enfrentados y especialmente viviendo la experiencia de tener que trabajar en estrecha relación con uno de ellos que lleva años quemándome y haciendo mi trabajo realmente difícil.......... mi único sustento y alivio es la palabra de Dios. Por ello... gracias, ahora entenderás que me vienen más que bien tus mensajes

4.-        “llevo algún tiempo sin contestarte a tus mensajes y eso no quiere decir que no los siga y aprecie en su contenido, que muchas veces parecen casualmente coincidir con las necesidades que uno tiene en cada momento
…desde mediados de agosto no estoy bien y los médicos… no lograban acertar con lo que me pasaba…, hasta que… hay que cambiarme el marcapasos por otro más complejo y parece ser que eso coadyuvará a solucionar en gran parte los problemas. El miércoles que viene, si Dios quiere, iré otra vez para allá a fin de que lo puedan implantar.
          Todo este contratiempo me ha servido entre otras cosas, por una serie de circunstancias, para leer varias veces la poesía de Stª Teresa en la que pregunta "¿qué
queréis hacer de mí?" y, sin despreciar ni uno solo de los versos que la componen, me ha impactado mucho (y no por ser desconocido) el que diciendo "dadme muerte o, dadme vida, salud o enfermedad... que a todo digo que sí ¿Qué queréis hacer de mí?” ¡Cómo me gustaría poder llegar a esa entrega total y sin condiciones!

          Ten por seguro que recé para que fuera fructífero el viaje a Roma

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