viernes, 31 de diciembre de 2021

ADORAR A DIOS HECHO NIÑO

 PALABRA DE VIDA                               enero 2022


 

«Vimos su estrella en el Oriente

y hemos venido a adorarlo»

(Mt 2, 2)

 

Estas palabras, que solo recoge el Evangelio de Mateo, las pronuncian unos «sabios» que han llegado desde lejos a hacer una visita bastante misteriosa al niño Jesús.

Es un grupo pequeño que emprende un largo camino siguiendo una pequeña luz, en busca de una Luz más grande, universal: el Rey que ya ha nacido y está presente en el mundo. De ellos no sabemos más, pero este episodio está lleno de motivos para la reflexión y la vida cristiana.

Ha sido elegido y propuesto en este año por los cristianos de Oriente Próximo para celebrar la «Semana de oración por la unidad de los cristianos»[1], una ocasión preciosa para volver a ponernos en camino juntos, abiertos a la acogida recíproca pero sobre todo al designio de Dios de ser testigos de su amor para todas las personas y pueblos de la tierra.

 

«Vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarlo».

 

Esto dicen los cristianos de Oriente Próximo en el documento que acompaña a las propuestas para esta Semana de Oración: «[…] la estrella que apareció en el cielo de Judea constituye un signo de esperanza largamente esperado, que lleva a los Magos –y en ellos, en realidad, a todos los pueblos de la tierra– al lugar donde se manifiesta el verdadero Rey y Salvador. La estrella es un don, un signo de la presencia amorosa de Dios para toda la humanidad. […] Los Magos nos revelan la unidad de todos los pueblos deseada por Dios. Viajan desde países lejanos y representan culturas diversas, y sin embargo a todos los empuja el deseo de ver y conocer al Rey recién nacido; se reúnen en la gruta de Belén para honrarlo y ofrecerle sus regalos. Los cristianos están llamados a ser en el mundo un signo de la unidad que Él desea para el mundo. Aunque pertenezcan a culturas, razas y lenguas distintas, los cristianos comparten una búsqueda común de Cristo y un común deseo de adorarlo. La misión de los cristianos es, pues, ser un signo, como la estrella, para guiar a la humanidad sedienta de Dios y llevarla a Cristo, y para ser instrumento de Dios para realizar la unidad de todas las gentes»[2]. La estrella que resplandece para los Magos es para todos, encendida ante todo en lo profundo de la conciencia que se deja iluminar por el amor. Todos podemos agudizar la mirada para descubrirla, ponernos en camino para seguirla y alcanzar la meta del encuentro con Dios y con los hermanos en nuestra vida cotidiana, para compartir con todos nuestras riquezas.

 

«Vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarlo».

 

Honrar a Dios es fundamental para reconocernos ante Él tal como somos: pequeños, frágiles, siempre necesitados de perdón y misericordia y, por ello, sinceramente dispuestos a la misma actitud para con los demás. Este honor, debido solo a Dios, se expresa plenamente en la adoración.

Podemos dejarnos ayudar por estas palabras de Chiara Lubich: «[…] ¿Qué significa “adorar” a Dios? Es una actitud que se dirige solo a Él. Adorar significa decirle a Dios: “Tú eres todo”, es decir: “Eres el que es”; y yo tengo el inmenso privilegio de vivir para reconocerlo. […] significa también […]: “Yo soy nada”. Y no decirlo solo con palabras. Para adorar a Dios hace falta anularnos nosotros y hacer que triunfe Él en nosotros y en el mundo. […] Pero el camino más seguro para llegar a la proclamación existencial de nuestra nada y el todo de Dios es totalmente positivo. Para anular nuestros pensamientos no tenemos más que pensar en Dios y tener sus pensamientos, que se nos revelan en el Evangelio. Para anular nuestra voluntad no tenemos más que cumplir su voluntad, que se nos indica en el momento presente. Para anular nuestros afectos desordenados basta con tener en el corazón el amor a Él y amar a nuestros prójimos compartiendo sus ansias, sus penas, sus problemas, sus alegrías. Si somos “amor” siempre, sin que nos demos cuenta seremos nada por nosotros mismos. Y viviendo nuestra nada, afirmamos con la vida la superioridad de Dios, que Él es todo, y así nos abrimos a adorar verdaderamente a Dios»[3].

 

«Vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarlo».

 

Podemos adoptar las conclusiones de los cristianos de Oriente Próximo: «Después de haber conocido al Salvador y haberlo adorado juntos, los Magos, prevenidos en sueños, regresaron a sus países por otro camino. Del mismo modo, la comunión que compartimos en la oración común debe inspirarnos a volver a nuestras vidas, a nuestras Iglesias y al mundo entero recorriendo nuevos caminos. […] Ponerse al servicio del Evangelio requiere hoy el esfuerzo de defender la dignidad humana, sobre todo de los más pobres, los más débiles y los marginados. […] El camino nuevo para las Iglesias es el camino de la unidad visible, que perseguimos con sacrificio, coraje y audacia, de modo que, día tras día, “Dios sea todo en todos” (1 Co 15, 28)»[4].

 

LETIZIA MAGRI

 



[1] La fecha tradicional para celebrar la «Semana de oración por la unidad de los cristianos» es del 18 al 25 de enero en el hemisferio norte. En el hemisferio sur, ya que enero es tiempo de vacaciones, las Iglesias celebran la Semana de Oración en otras fechas, por ejemplo en Pentecostés, época igualmente simbólica para la unidad de las Iglesias. Es también una invitación a mantener vivo el compromiso del diálogo ecuménico durante todo el año.

[3] C. Lubich, «Palabra de vida», febrero de 2005: Ciudad Nueva n. 417 (2/2005), 22-23.

DICHA Y PAZ FIADOS EN DIOS

 VIDA DE LA PALABRA              últimas semanas de DICIEMBRE


Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de diciembre («¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!», Lc 1, 45) y la de noviembre («Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios», Mt 5, 9):

 1.-        La PdV de este mes me ha ayudado a vivir con paz, (y con verdadera dicha muchas veces), poniendo la confianza en el Señor. Ante diversas situaciones adversas o alegres o difíciles, me venía alguna palabra bíblica en la que había una promesa, y eso me está ayudando a mantener viva la esperanza creyendo que (tarde o temprano, incluso aunque yo no lo viese) se cumplirán las cosas dichas de parte del Señor.

         P.ej., intentando comprender y solucionar asuntos referentes a las líneas de teléfono de la Parroquia y servicios a ellas enganchados, venía la tentación de desesperarse intentando aclarar todo: compañía telefónica, compañeros, servicio técnico del arzobispado… Como una madeja un poco revuelta, sin encontrar la punta. “Para Dios no hay nada imposible” me venía a la mente, ¡seguir amando a cada uno a quien escribía o hablaba!, y, a continuación, “feliz quien ha creído…”. Y seguía adelante. Y después de tres meses, hace pocos días, casi como milagro, parece que al final se ha logrado poner cada cosa en su sitio.

         También otras cuestiones difíciles con personas o grupos, incluso habiendo metido a veces la pata por parte de unos u otros, el recordar “todo sirve para el bien de los que aman…” me daba la paz para continuar amando y no dejar a nada ni nadie fuera. Confiando que Jesús pidió: “Padre, que todos sean uno”.

         El ver que estos meses disminuyen los donativos, me hace confiar en la Providencia: “busca primero el Reino de Dios y su justicia… y lo demás se te dará…”. Así que, estoy tratando de buscar por un lado más ratitos de oración y, por otro, hacer lo que toca en cada momento, sin angustiarme por el resto. Y “veo” respuesta de la Providencia todo este mes, en otro campo: aunque ya no nos dan del banco de alimentos, sin embargo (seguramente por la Navidad, pero confío que también después) muchos grupitos y personas sí están trayendo productos no perecederos para que el grupo de Caritas parroquial pueda distribuirlos.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de de diciembre («¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!», Lc 1, 45), la de noviembre («Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios», Mt 5, 9) y la de octubre («Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que lo aman», Rm 8, 28):

 

1.-        como cada mes, la palabra llega para reconfortarme, y recordarme que, (pese al sentimiento de soledad que me aborda en ciertos momentos), Dios siempre con su palabra, viene a iluminar mis días, recordándome que no estoy sola, y que estos momentos son duros, pero son una prueba más de que Él, está con nosotros.

 

2.-        aquí sigo dando gracias a Dios por este regalo de cada día estar todavía en este mundo. Por lo demás pocos cambios: acabo de pasar revisión y estoy bastante bien; el tumor ha disminuido, gracias a Dios y a Mi Madre que está siempre a mi lado. Este es un tiempo precioso, en el que me siento más alegre. El Adviento, esperando la venida del Niño Dios.

Padre, muchas gracias por tus PdV: me encanta leerlas. Son unos relatos y comentarios de otras personas y tuyos que me ayudan a seguir en esta lucha. Subo la mayoría de los domingos a Misa a la casa de Dios: estoy muy en contacto con el párroco; él se alegra mucho cuando me ve y yo muy contenta de estar en la iglesia. Subo andando pq ya no conduzco, pero como se dice: “lo que más cuesta, es lo que más vale”; y si no llueve o nieva, subo.

 

3.-       cuento algo de mi última aventura. Llevo nueve días en el hospital, ayer me quitaron una piedra, y espero estar pronto en casa. Tenía muchos proyectos para el puente, pero salieron otros. Me decía: “y por qué ahora, si se me forman las piedras una vez al año y la última me la quitaron en mayo”. Hasta que una noche vi que mi vecino de cama, que tiene demencia, se quejaba, y me acerqué a ver qué le pasaba. Y encontré el porqué: “estás aquí para poder cuidar de este señor por las noches (su familia está por el día)”. Y en este “año del cuidar” he podido atender a mi nuevo amigo, que cada vez que me acerco no me conoce y que no sabe lo que he hecho por él unos minutos antes. Amor desinteresado.

 

4.-        …me propuse estar al servicio de los demás y creo que lo conseguí: salía de la hospedería con una amiga y por el patio iba una señora. Algo me decía: “saluda”. Nos presentamos. Ella estaba sola. Yo la dije: “he quedado con mi familia, pero luego nos vemos”. Me dio las gracias. Cuando volvimos, nos estaba esperando. Pudimos estar juntas, ella se alegró, luego se vino conmigo a casa andando, donde se me había olvidado una cosa. Hablamos como si nos conociéramos de toda la vida. Cuando regresamos, me dio las gracias: “me has levantado el ánimo y estoy contenta”.

            En el comedor traté de estar pendiente de todos y ayudar en todo.

Hoy se quedaba otra sola: he ido a buscarla y le enseñado la ciudad. Me cuenta, que acaba de fallecer su padre, que quería estar sola, aunque hoy me ha contado muchas cosas, que no pude olvidar a su padre. Yo le conté que cuando yo tenía 18 años perdí a mi padre; era mi todo y me costó más de dos años; y le conté que fui a un encuentro a Roma y una cosa me impactó: tenemos un Padre que le podemos decir papá, tratarle de tú. Entonces algo me pasó por dentro: ¿angustia?, no lo sé; solo sé que lloré amargamente y me preguntaron qué me pasaba. Contesté “nada”, con los ojos tapados para que no me vieran y me salí. Al ratito me dije: “¿por qué me voy preocupar?: cada vez que necesito algo, vuelvo hablar con Él?”.

Ella agradeció muchísimo mi experiencia y quiere seguir en contacto conmigo.

Hacía mucho tiempo que las misas no eran tan provechosa para mí: en la comunión, me sentía contenta, con una paz que no lo podía creer. Tengo que darle gracias constantemente….

 

 

Si quieres leer más experiencias similares, 

de gente de todo el mundo,

puedes encontrarlas “pinchando” AQUÍ o AQUÍ

o también AQUÍ

¡FELIZ AÑO NUEVO 2022!

          Para empezar bien el Año, no sólo el día 1 (fiesta de Sta. María Madre de Dios y Jornada mundial de oración por la paz), sino todo el mes, te envío la Palabra de Vida de enero y, previamente un texto del Papa con el cual…

 

deseo a ti y a los tuyos

que tengáis una muy buena salida y entrada de año

y un próspero 2022

colmado de la bendición del Señor:

 


 

«¡Qué hermosos son sobre las montañas

los pasos del mensajero que proclama la paz!» (Is 52,7).

… la llegada del mensajero de la paz

significaba la esperanza de un renacimiento de los escombros de la historia, el comienzo de un futuro prometedor.

Todavía hoy, el camino de la paz,

que san Pablo VI denominó con el nuevo nombre de desarrollo integral,

permanece desafortunadamente alejado de la vida real de muchos…

En cada época, la paz es tanto un don de lo alto

como el fruto de un compromiso compartido.

Existe, en efecto, una “arquitectura” de la paz,

en la que intervienen las distintas instituciones de la sociedad,

y existe un “artesanado” de la paz

que nos involucra a cada uno de nosotros personalmente.

Todos pueden colaborar en la construcción de un mundo más pacífico: partiendo del propio corazón

y de las relaciones en la familia, en la sociedad y con el medioambiente,

hasta las relaciones entre los pueblos y entre los Estados.

…me gustaría proponer tres caminos para construir una paz duradera. En primer lugar, el diálogo entre las generaciones,

como base para la realización de proyectos compartidos.

En segundo lugar, la educación,

como factor de libertad, responsabilidad y desarrollo.

Y, por último, el trabajo para una plena realización de la dignidad humana. Estos tres elementos son esenciales

para «la gestación de un pacto social»,

sin el cual todo proyecto de paz es insustancial.

 PAPA FRANCISCO, Mensaje para la Jornada mundial de Oración por la paz, 1 enero 2022



PALABRA DE VIDA                               enero 2022

 

«Vimos su estrella en el Oriente

y hemos venido a adorarlo»

(Mt 2, 2)

 

Estas palabras, que solo recoge el Evangelio de Mateo, las pronuncian unos «sabios» que han llegado desde lejos a hacer una visita bastante misteriosa al niño Jesús.

Es un grupo pequeño que emprende un largo camino siguiendo una pequeña luz, en busca de una Luz más grande, universal: el Rey que ya ha nacido y está presente en el mundo. De ellos no sabemos más, pero este episodio está lleno de motivos para la reflexión y la vida cristiana.

Ha sido elegido y propuesto en este año por los cristianos de Oriente Próximo para celebrar la «Semana de oración por la unidad de los cristianos»[1], una ocasión preciosa para volver a ponernos en camino juntos, abiertos a la acogida recíproca pero sobre todo al designio de Dios de ser testigos de su amor para todas las personas y pueblos de la tierra.

 

«Vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarlo».

 

Esto dicen los cristianos de Oriente Próximo en el documento que acompaña a las propuestas para esta Semana de Oración: «[…] la estrella que apareció en el cielo de Judea constituye un signo de esperanza largamente esperado, que lleva a los Magos –y en ellos, en realidad, a todos los pueblos de la tierra– al lugar donde se manifiesta el verdadero Rey y Salvador. La estrella es un don, un signo de la presencia amorosa de Dios para toda la humanidad. […] Los Magos nos revelan la unidad de todos los pueblos deseada por Dios. Viajan desde países lejanos y representan culturas diversas, y sin embargo a todos los empuja el deseo de ver y conocer al Rey recién nacido; se reúnen en la gruta de Belén para honrarlo y ofrecerle sus regalos. Los cristianos están llamados a ser en el mundo un signo de la unidad que Él desea para el mundo. Aunque pertenezcan a culturas, razas y lenguas distintas, los cristianos comparten una búsqueda común de Cristo y un común deseo de adorarlo. La misión de los cristianos es, pues, ser un signo, como la estrella, para guiar a la humanidad sedienta de Dios y llevarla a Cristo, y para ser instrumento de Dios para realizar la unidad de todas las gentes»[2]. La estrella que resplandece para los Magos es para todos, encendida ante todo en lo profundo de la conciencia que se deja iluminar por el amor. Todos podemos agudizar la mirada para descubrirla, ponernos en camino para seguirla y alcanzar la meta del encuentro con Dios y con los hermanos en nuestra vida cotidiana, para compartir con todos nuestras riquezas.

 

«Vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarlo».

 

Honrar a Dios es fundamental para reconocernos ante Él tal como somos: pequeños, frágiles, siempre necesitados de perdón y misericordia y, por ello, sinceramente dispuestos a la misma actitud para con los demás. Este honor, debido solo a Dios, se expresa plenamente en la adoración.

Podemos dejarnos ayudar por estas palabras de Chiara Lubich: «[…] ¿Qué significa “adorar” a Dios? Es una actitud que se dirige solo a Él. Adorar significa decirle a Dios: “Tú eres todo”, es decir: “Eres el que es”; y yo tengo el inmenso privilegio de vivir para reconocerlo. […] significa también […]: “Yo soy nada”. Y no decirlo solo con palabras. Para adorar a Dios hace falta anularnos nosotros y hacer que triunfe Él en nosotros y en el mundo. […] Pero el camino más seguro para llegar a la proclamación existencial de nuestra nada y el todo de Dios es totalmente positivo. Para anular nuestros pensamientos no tenemos más que pensar en Dios y tener sus pensamientos, que se nos revelan en el Evangelio. Para anular nuestra voluntad no tenemos más que cumplir su voluntad, que se nos indica en el momento presente. Para anular nuestros afectos desordenados basta con tener en el corazón el amor a Él y amar a nuestros prójimos compartiendo sus ansias, sus penas, sus problemas, sus alegrías. Si somos “amor” siempre, sin que nos demos cuenta seremos nada por nosotros mismos. Y viviendo nuestra nada, afirmamos con la vida la superioridad de Dios, que Él es todo, y así nos abrimos a adorar verdaderamente a Dios»[3].

 

«Vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarlo».

 

Podemos adoptar las conclusiones de los cristianos de Oriente Próximo: «Después de haber conocido al Salvador y haberlo adorado juntos, los Magos, prevenidos en sueños, regresaron a sus países por otro camino. Del mismo modo, la comunión que compartimos en la oración común debe inspirarnos a volver a nuestras vidas, a nuestras Iglesias y al mundo entero recorriendo nuevos caminos. […] Ponerse al servicio del Evangelio requiere hoy el esfuerzo de defender la dignidad humana, sobre todo de los más pobres, los más débiles y los marginados. […] El camino nuevo para las Iglesias es el camino de la unidad visible, que perseguimos con sacrificio, coraje y audacia, de modo que, día tras día, “Dios sea todo en todos” (1 Co 15, 28)»[4].

 

LETIZIA MAGRI



[1] La fecha tradicional para celebrar la «Semana de oración por la unidad de los cristianos» es del 18 al 25 de enero en el hemisferio norte. En el hemisferio sur, ya que enero es tiempo de vacaciones, las Iglesias celebran la Semana de Oración en otras fechas, por ejemplo en Pentecostés, época igualmente simbólica para la unidad de las Iglesias. Es también una invitación a mantener vivo el compromiso del diálogo ecuménico durante todo el año.

[3] C. Lubich, «Palabra de vida», febrero de 2005: Ciudad Nueva n. 417 (2/2005), 22-23.


lunes, 20 de diciembre de 2021

FELIZ NAVIDAD 2021

 


TODOS HERMANOS

«Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado».

Ha nacido un niño:

el nacimiento es siempre una fuente de esperanza,

es la vida que florece,

es una promesa de futuro.

Y este Niño, Jesús, “ha nacido para nosotros”:

un nosotros sin fronteras, sin privilegios ni exclusiones.

El Niño que la Virgen María dio a luz en Belén nació para todos:

es el “hijo” que Dios ha dado a toda la familia humana.

Gracias a este Niño,

todos podemos dirigirnos a Dios llamándolo “Padre”, “Papá”.

Jesús … vino al mundo precisamente

para revelarnos el rostro del Padre.

Y así, gracias a este Niño,

todos podemos llamarnos y ser verdaderamente hermanos:

de todos los continentes, de todas las lenguas y culturas,

con nuestras identidades y diferencias,

sin embargo, todos hermanos y hermanas.

En este momento de la historia,

marcado por la crisis ecológica

y por los graves desequilibrios económicos y sociales,

agravados por la pandemia del coronavirus,

necesitamos más que nunca la fraternidad.

Y Dios nos la ofrece dándonos a su Hijo Jesús:

no una fraternidad hecha de bellas palabras,

de ideales abstractos, de sentimientos vagos... No.

Una fraternidad basada en el amor real,

capaz de encontrar al otro que es diferente a mí,

de compadecerse de su sufrimiento,

de acercarse y de cuidarlo, aunque no sea de mi familia,

de mi etnia, de mi religión;

es diferente a mí pero es mi hermano, es mi hermana.

Y esto es válido también

para las relaciones entre los pueblos y las naciones:

Hermanos todos.

En Navidad celebramos la luz de Cristo que viene al mundo

y Él viene para todos, no sólo para algunos.

Hoy, en este tiempo de oscuridad y de incertidumbre por la pandemia,

aparecen varias luces de esperanza

Pero para que estas luces puedan iluminar

y llevar esperanza al mundo entero,

deben estar a disposición de todos...

No podemos tampoco dejar que

 el virus del individualismo radical nos venza

y nos haga indiferentes al sufrimiento de otros hermanos y hermanas…

PAPA FRANCISCO, Mensaje urbi et orbi, 25 de diciembre de 2021

 

 

Este es mi deseo para

UNA SANTA Y FELIZ NAVIDAD.

Lo dirijo con afecto a ti y

a tus familiares y a todos los que tienes cerca,

en particular si hubiera alguno enfermo o que sufre.

                                                                  Paco  T.


 


jueves, 16 de diciembre de 2021

NI UN SEGUNDO ANTES, PERO TAMPOCO UNO DESPUÉS

 VIDA DE LA PALABRA                              primeras semanas de DICIEMBRE

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de diciembre («¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!», Lc 1, 45) y la de noviembre («Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios», Mt 5, 9):

 1.-        El jueves tenía yo programadas varias cosas, entre ellas, hablar con una persona. La noche anterior me escribe para posponer la charla. Pensé: “Jesús, me estás diciendo que he cargado demasiado mi agenda para mañana; ¡gracias por cuidarme!”.

         Cuando llegó la mañana, empezaron a presentarse multitud de cosas. P.ej., ya a las 7:40, (después de dos meses de espera), se presentaron a podar y terciar las “famosas” ramas del parque (las que estaban desgastando y provocando desperfectos en la fachada y techo de la casa parroquial); al ratito, llega también el que arregla las puertas mecánicas (que debiera haber venido dos días antes); etc.

         Mientras tanto, yo quería “encajar” todos esos imprevistos con mis cosas “previstas” y me estaba agobiando y estresando porque cada vez parecía más imposible. Y me vino la PdV: “dichosa la que ha creído…”. Pues, ¡en ese momento yo no estaba dichoso precisamente! ¡¡No puede ser!! Y siempre el Señor me ha ido arreglando mi agenda: ¿es que no me estoy fiando? Hasta que me di cuenta: los trámites que yo tenía previstos, no era imprescindible realizarlos ese día. Y en ese momento me entró la paz: ya no tenía “mil cosas”: solo las del momento presente que Dios me ponía delante. Y me entró la dicha, recordando y comprobando, una vez más, lo que siempre os digo: “ni un minuto antes, ¡pero tampoco uno después!; Dios provee en el instante adecuado”. No obstante, a pesar de eso, seguramente llegaría yo tarde a la reunión con los sacerdotes del arciprestazgo, pero con paz y dicha. ¡Y así fue! Y, (para que me fie más aún del Señor, cuando Él “me arregla” la agenda), iba diez minutos tarde, un poco avergonzado, pero… ¡fui el primero en llegar!

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de de diciembre («¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!», Lc 1, 45),  la de noviembre («Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios», Mt 5, 9) y la de octubre («Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que lo aman», Rm 8, 28):

 

1.-        “como te puedes imaginar, mi mujer y yo, hemos hablado mucho (durante los últimos 6 meses), sobre todas las "salidas" posibles a esta crisis de salud.

Por caminos propios y en procesos paralelos y casi simultáneos, nos encontramos que habíamos llegado a la misma conclusión; "total aceptación y conformidad" con lo que el Señor hubiera dispuesto para nosotros.

A partir de ese momento, la "gestión" de la crisis, ha estado totalmente exenta de cualquier tipo de "tensión negativa".

De manera que todo el tratamiento lo hemos pasado preocupados, pero con una tranquilidad y una paz interior realmente llamativas. En lugar de reprochar el mal trato, damos gracias a Dios por permitirnos ayudarle a llevar la Cruz y, además, descubrir que no pesa...

Si Dios quiere, saldremos de ésta. Confiamos, plenamente, en la Misericordia Divina y en la competencia médica. No sé expresarlo de otra manera.

 

2.-         “… me di cuenta que el cliente se había marchado sin pagar los 150 €. Aunque a veces esto ha sucedido a otras y los jefes entienden que no tenemos la culpa, me puse muy nerviosa, pues me gusta hacer con total responsabilidad todas las cosas, también mi trabajo.

            Entonces le recé a mi ángel de la guarda y le pedí que le hablara al ángel de la guarda de ese señor para que pagara lo que debía.

            Cuál sería mi sorpresa cuando veo a ese hombre a la mañana siguiente. Me batía el corazón. Me daba reparo decirle algo, pero me acerqué y traté de sacar mi mayor amabilidad: “perdone: no sé si se dio cuenta ayer, pero estuvo aquí y quizá distraídamente se marchó sin pagarme”. “¡Imposible!, pero vamos a comprobarlo porque guardo siempre los tickets”. Miró y nada. Miró los cargos de su tarjeta… y entonces me pidió perdón por su despiste y pagó.

            Yo estaba emocionada por dentro y no paraba de darle gracias a Dios y a los ángeles de la guarda. Tanto se me notaba, que una compañera me preguntó qué me pasaba y no tuve más remedio que contarle, aunque ella no es muy creyente… Acabó exclamando que nunca había visto algo así, que era un milagro….

 

3.-        “llevo desde agosto “alejada” y “enfadada”. Derivaron a mi hija pequeña al neurólogo y al médico rehabilitador porque no caminaba y nos dijeron que algo pasaba… primero que si la niña no iba a caminar nunca, que si caminaba iba a ser como “una niña retrasada”, que podría tener una enfermedad en el músculo, que si era autista…. En fin…

Hay personas que en los momentos malos se aferran mucho más a la fe y yo decidí alejarme, no era capaz ni de pensar en algo más que: “¿por qué me tiene Dios que castigar de esa manera? Que me mande algo malo a mí, pero a mis hijas, no”. Total que han sido unos meses duros de mucha fisioterapia y de mucha lucha interna conmigo misma, porque yo quería refugiarme en la fe, como hacen muchas personas cuando algo malo les pasa, pero es q no podía…

Hace pocas semanas mi pequeñita dio sus primeros pasitos y fue unos de los mejores días de mi vida porque por fin puedo ver luz al final del túnel. Han sido 3 meses muuuuuuy largos para mí y a día de hoy solo puedo darle gracias a Dios porque mi hija está sana y va a caminar. Estoy volviendo a retomar las lecturas diarias de la Biblia y estoy muy ilusionada con el Adviento y la Navidad.

Justo hoy leí un texto en instagram sobre el Adviento y que describe  a la perfección cómo me he sentido yo estos meses. Probablemente estos meses me han hecho valorar mucho más cosas insignificantes que damos por hecho en el día a día. Me ha hecho pararme y darme cuenta de lo que de verdad importa.

Y en el fondo sé que Dios ha estado conmigo en todo momento. Porque aunque yo no le tuviera tan presente en el día a día, ni rezase, ni fuese a Misa, había momentos en los que me paraba y decía: “no puedo más, a esto no le veo salida”; y yo sé que estaba Él ahí, me sostenía y me decía que ya faltaba menos; no sé cómo explicarlo bien.

Justo ayer mi hija mayorcilla, (que va a un cole religioso), empezó a tararear una canción y me quedé alucinada, porque fue una canción que ¡¡¡canté como solista el día de mi primera Comunión!!!! Me hizo muchísima ilusión recordarla y que ella se la supiera. Fue como una señal.

 

4.-        “me gustó el consejo que dijiste a los niños: "repetid la respuesta para aprenderla, pero no como papagayos, sino con el corazón". Es algo en lo que he pensado mucho ya siendo mayor: tantas cosas aprendidas de memoria que luego recitaba sin pensar realmente en lo que decía.

Y ¡qué distinto resulta todo cuando realmente las cosas se dicen desde el corazón!

Hace 3 meses, al ir a confesarme, me pusiste de penitencia recitar un Padrenuestro, pero pensando en una hija que se dirige a su padre. Recuerdo que  pensé: "que penitencia tan fácil; en un momento la hago".

            Tres meses han pasado y aún no he sido capaz de cumplirla: cuando me puse a decir el Padrenuestro, recordé las indicaciones y no pude pasar de la palabra “Padre”. Pensar, sentir, que realmente le estaba hablando a mi Padre; “nuestro”, cierto, pero en ese instante de relación hija-padre, pensar  que ciertamente era mi Padre y que no estaba allí lejano, en el cielo, sino también en la tierra, cerquita,  conmigo, que su compañía era real, me hizo emocionarme y no pude continuar rezando.

Tu consejo a los niños me hizo recordar las palabras escuchadas en este tiempo de Adviento: "allanad el camino". Y ahora me pregunto si para allanarlo no tendré que hacer precisamente eso: "quitar los papagayos de mi vida y dejar solo sitio al corazón".

 


 

 

Si quieres leer más experiencias similares, 

de gente de todo el mundo,

puedes encontrarlas “pinchando” AQUÍ o AQUÍ o

o también AQUÍ o AQUÍ