domingo, 28 de junio de 2015

SERVIR-AMAR COMO MARTA-MARÍA

VIDA DE LA PALABRA                       últimas semanas de junio

Algunas de mis EXPERIENCIAS tratando de practicar la Palabra de vida de junio («Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria», Lc 10, 41-42):
1.-        En casa, excepto José, los otros 3 solemos cenar poco, (y a veces nada). Una tarde se presentan 3 monjes trapenses a visitarnos. Verdadera alegría. En seguida les ofrecí que se quedaran a cenar con nosotros, pero “respiré” cuando dijeron que iban a estar solo un rato, mientras confesaban mutuamente uno de ellos y uno de mis compañeros: les quedaban más de dos horas de coche y no debían llegar tarde a su monasterio. Venían de otro, de la elección de una Abadesa de su Orden. Así que, les preparé un refresco.
El tiempo se alargaba y nosotros estábamos encantados de escucharles. Pensé en ofrecer de nuevo que se quedaran a cenar, pero la tentación: “si ya lo has dicho y no querían; además, te va a tocar a ti preparar todo, aunque hoy no es tu “turno”; y encima no hay muchas cosas para ofrecer”. No obstante, dado que los otros no acababan su confesión, (y que a esa hora habitualmente en su monasterio seguro que ya habrían cenado), con gran alegría recordando explícitamente la PdV, (aunque me hubiera encantado
seguir escuchándoles), les dije que iba a preparar cena para todos y que seguía atendiendo desde la cocina, (pero no se lograba oír casi nada). Así que, me puse a hablar con el Señor en el fondo del corazón, dando lo otro por perdido y volviendo a recordar la PdV: en diálogo con Él, “íbamos” preparando y se me iba ocurriendo qué preparar (y que se pudiese cocinar rápido para no hacerles perder tiempo).
            Al final hubo para los 7 y, lo importante, la conversación fue preciosa: comunión de carismas, fraternidad de hijos de Dios. Ellos felices (aunque se marcharon tarde) y nosotros más.

1b.-     Día y medio después venía a comer a casa una muy amiga nuestra. Su marido, (q.e.p.d.), también un bendito como ella, (junto con otras familias de la rama parroquial del movimiento de los Focolares), nos habían hecho y colocado las cortinas cuando llegamos a Las Matas hace 10 años y medio: fueron, aquellas veces que venían, días preciosos de amistad y convivencia.
Esta vez la traía su hijo menor, casado no hace mucho, (no pudimos ir a la boda por ser los días que José estaba hospitalizado), que quería presentarnos a su mujer. Venían a comer y traían ellos la comida. Era un domingo que yo tenía bastante “despejado” y me serviría para descansar.
            Unas horas antes, una familia con sus niños venían desde Andalucía a visitarme, a conocer el Centro Mariápolis y a participar en la Misa. Se hicieron acompañar de otro matrimonio a quienes también querían ver, ¡y resultaba que, sin saberlo ni ellos ni nosotros, vivían muy cerca de nosotros! Gente estupenda también. Al acabar la Misa, me ofrecían que me fuera a comer a casa de ellos.
            ¿Cómo compaginar todo? Nada de agobiarme; escuchar a Jesús dentro de mí y, aunque parecía una locura, (Endi no estaba y Christian se encontraba mal), les dije que se vinieran todos, unos y otros, a comer a casa, confiando en la bondad y comprensión de todos, ¡y en la providencia del Señor, sobre todo! La PdV me ayudaba además a estar tranquilo, sin perder el diálogo con Dios dentro de mí.
            Presentar los unos a los otros..., disponer todo, preparar para 14 donde íbamos a comer sólo 7. Al final, todos “manos a la obra”, con buenísima voluntad cada uno… Como en la "multiplicación de los panes", (a todos nos vino a la memoria), ¡sobró de todo!: nuestra bendita amiga había traído “para un regimiento”, por si acaso "estos curas tuvieran algún invitado más", (poco pusimos nosotros). Las conversaciones que se iban entrelanzado, interesantísimas; así que luego la sobremesa compartiendo vivencias y experiencias de fe unos y otros parecía un auténtico día de convivencia, ¡un día de Mariápolis!, ¡de ciudad de María! ¡¡Se palpaba la presencia de "Jesús en medio” por ese amor recíproco!!, (aunque unas horas antes ninguno conocía a casi nadie de los que allí nos habíamos juntados): familia todos de todos.
            A media tarde ya se marcharon los 2 matrimonios y los niños, y quedó nuestra bendita amiga y los recién casados, (¡otros benditos realmente!), que me ayudaron a terminar de limpiar todo.
           Ella recordó, (ya lo hizo por teléfono cuando concertamos la visita): “no olvido el abrazo; ¡cuánto bien me ha hecho y me sigue haciendo!”. Sí, yo también lo recordaba: era en los Ejercicios de
diciembre, la acababa de confesar, y (como ella tiene ese corazón de madre, y de edad es algo mayor que la mía), me atreví a decirle con todo respeto: “¿me permites que te dé el abrazo de parte de Dios Padre, que te acaba de perdonar en la confesión?”. Traté de ser expresión, con la máxima delicadeza, del respeto y afecto que Dios nuestro Padre tiene a todos, pero más sobre quien acaba de derramar su misericordia sacramentalmente, y más quizá a una persona tan excepcional y sufrida como ella, (y lo mismo, en aquellos mismos días de Ejercicios, había sucedido con otra persona que todavía lo recuerda también).
            Al final del domingo, verdadero "día del Señor", compartiendo vivencias interiores unos y otros, así nos sentíamos: verdaderamente como si Dios nos abrazara a todos a la vez y nos estrechara entre nosotros y muy cerca de Sí. Ciertamente, “una sola cosa es necesaria”: amar; Dios. Marta y María a la vez, todos con todos.

2.-        Como excursión fraterna de “fin de curso”, teníamos una peregrinación a Ávila con motivo del V Centenario de Santa Teresa. De la “comisión” de 8 que preparamos las actividades de la comunidad local en Las Matas, quedé
encargado yo más directamente de esta actividad. Íbamos a ir junto con una parroquia, pero la misma tarde de haber reservado yo el autobús, el sacerdote se acordó que había asamblea parroquial y me comunicaba que no podría venir nadie de allí; y en ese caso, tampoco él. Ninguno de los 4 que mejor tocan la guitarra de nuestra comunidad  podría participar en la peregrinación. Me entró la tentación del agobio, como Marta hablando a Jesús sobre su hermana María: “¿no te importa que me vayan dejando solo acumulando tareas…?”. También se “borraban” algunos de los que iban a ir . Pero la PdV me ha ido ayudando a vivir con paz todos esos contratiempos y otros manteniendo la paz con el Señor en el fondo del alma.
            Y llegó el viaje. El guía quería llevarnos a un ritmo trepidante. Se serenó cuando le dije (acordándome de que “sólo una cosa es necesaria”): “mira; no importa si no vemos todas las cosas previstas, aunque perdiéramos parte de las entradas pagadas; lo que importa es que la gente se encuentre a gusto, convivan y se ayuden entre ellos”.
            Al final fue un día precioso (a pesar de la ola de calor) y los 47 regresábamos repletos. La vuelta en el bus fue impresionante después de la unidad construida durante la jornada: alguno dio su testimonio de cómo había vivido
interiormente el día o expresaba una pregunta-duda que entre todos tratábamos de responder; por la “Vida” y la sabiduría destilada, (había que dar mucho de uno mismo tanto para salir al micrófono como, sobre todo, para escuchar), se percibía la presencia de "Jesús en medio" allí (también en el bus) donde "dos o más están unidos...": experiencia viva de "castillo exterior", después de habernos imbuido en el “castillo interior” en los lugares teresianos.


Algunas de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la vida diaria la Palabra de junio («Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria», Lc 10, 41-42),  la de mayo («Pero Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo», Ef 2, 4-5) la de abril («Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos», 1 Cor 9, 22):
1.-        “gracias Paco; sigo en el camino, tratando de fijarme en lo "esencial", pero a menudo distraída por mis manías y obsesiones, perfeccionismo y afán de controlarlo todo... En definitiva falta de confianza en Dios. ¡Eso sí, no lo pierdo de vista!

2.-        “correo me llegaba con una buena noticia: “Ya tenemos leche”.
Tres días antes, había escuchado lo contrario: “... ¿podrías ayudarnos?”. Hice un par de consultas y no había problemas. Quedaba la parte fácil: ir a la tienda y pedir que lo enviaran.
¿Fácil? En dos sitios fui y en ambos: “Lo sentimos, señorita, no podemos hacer el envío solicitado porque repartimos sólo en un
radio de 10 Km. Le sugerimos que haga el pedido por internet o vaya a un centro cercano del destino solicitado y, desde allí, se lo envíen”.
          La primera opción no me era factible. La segunda, tampoco: en otras circunstancias no me hubiese importado ir donde hiciese falta, pero esa mañana la tenía totalmente llena de gestiones que no podía cancelar.
          ¿Qué hacer?: intentarlo en el último centro que quedaba. Y antes, rezar: “No sé que voy a hacer, Padre, si tampoco aquí pudiera conseguirlo: no tengo tiempo de otra solución. En tus manos lo dejo: yo estoy haciendo mi parte por los niños; el resto, es cosa Tuya”.
          Callar y confiar era lo que sentí que tenía que hacer en el comercio. La misma respuesta obtuve que en los centros anteriores: no podían repartir por la zona indicada. ¿No podían? No sé qué cara le puse al chico que me atendió o qué fue lo que le dije que, según terminé de exponerle la situación, hizo una llamada telefónica a la zona de destino y me dijo: “sin problema, señorita. Vamos a intentar atender su pedido”.
          No sé qué sensación me produjeron esas palabras, pero creo que si en ese instante me hubiesen dado un empujón, me hubiese caído.

Yo que siempre me había considerado tan poquita cosa y ahora tenía delante de mí a tres personas atendiendo una solicitud, en principio, “inviable”. Tres personas consultando en el ordenador la disponibilidad de leche de otros centros para ver cómo podían, entre todos, conseguirme 400 litros de leche. Difícil de describir la sensación que tuve cuando me dijeron que ya estaba todo resuelto


Si quieres leer más experiencias similares, 
de gente de todo el mundo,
puedes encontrarlas “pinchando” AQUÍ 

N.B.: tú también puedes compartir las experiencias que, por gracia de Dios, hayas podido realizar poniendo en práctica el Evangelio; “pincha” aquí abajo en “comentarios” y escríbela; o, dado que en algunos navegadores eso no funciona,

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lunes, 22 de junio de 2015

¿QUÉ ES ORAR?

El domingo 14 de junio, falleció D. Pasquale Foresiprimer focolarino sacerdote. Persona sencilla, de grandísima sabiduría basada no sólo en su amplia formación y cultura filosófica y teológica, sino en una profunda unión con Dios vivida personal y, sobre  todo, comunitariamente ("donde dos o más... allí estoy Yo en medio...").
       Todos lo conocíamos como "Chiaretto", el "nombre nuevo" que le había dado la misma Chiara Lubich porque advirtió que el Carisma que Dios le había otorgado a ella, resonaba en él como si fuera ella misma e intuyó que sería él el principal artífice que lo concretara y plasmara en la sociedad civil y en la Iglesia.
       Además del ofrecimiento de la Santa Misa en distintas ciudades del mundo en sufragio por su alma y agradeciendo a Dios por su vida, entrega y sabiduría, valga también como pequeño homenaje este breve tema que hace años traduje del italiano, (¡y qué tanto bien me ha hecho a mí y a cuantos lo han leído y meditado!), para la colección "Cuadernos Abbá".



Nuova Umanità
 XXII (2000/5) 131, pp. 631-636
   QUÉ ES HACER ORACIÓN[1]
  
Orar no consiste, propiamente, en el hecho de dedicar algún tiempo, durante el día, a la meditación o a leer algún pasaje de la Sagrada Escritura o de textos de los santos, o de tratar de pensar en Dios o en uno mismo para una reforma interior. Esto no es hacer oración en su esencia.
Tampoco recitar el rosario o las oraciones de la mañana o de la tarde. Una persona puede hacer estas cosas durante todo el día y no haber hecho oración ni un minuto.
La oración verdadera exige sobretodo una relación con Jesús: ir con el espíritu más allá de nuestra condición humana, de nuestras ocupaciones, de nuestras oraciones, aunque bellas y necesarias, y establecer esta relación íntima, personal con Él.
Es indispensable que hagamos el extraordinario descubrimiento de que Jesús nos ama y nos llama. ¿Qué es en el fondo la “vocación”? Ha sido descrita claramente en la forma más
bella en el encuentro de Jesús con el joven rico. Dice el Evangelio de Marcos: «Jesús, fijando en él su mirada, lo amó y le dijo: anda, cuanto tienes véndelo... ven y sígueme»[2]. Jesús tiene esta mirada para cada uno de nosotros y nos ama, y nosotros sentimos ese amor suyo y podemos decidirnos a seguirlo. La vida de oración, en su esencia, consiste en mantener esta relación filial y fraterna con Jesús todo el día, todos los días. La oración es relacionarse con Él y escuchar silenciosamente lo que nos dice.


La forma sustancial

 Esta relación entre nosotros y Jesús se instaura si conseguimos hacer “la elección de Dios”, que consiste en ponerlo a Él en el primer lugar de toda nuestra existencia, en todas nuestras acciones. Entonces las oraciones pueden convertirse en “oración”, la forma sustancial de oración, ya que en ella se expresa profundamente el ser humano en su relación con Jesús.


Los modos pueden ser muchos. Un tipo de “oración mental” es la meditación, que se hace siguiendo diversos métodos. Uno de los más sencillos es la lectura lenta y meditativa de la Sagrada Escritura o de escritos de santos. Pero más allá del método con el que se hace, la meditación debe ser una ocasión para encontrar un momento de quietud, de tranquilidad con Jesús. Puede suceder que durante este momento nos vengan a la mente preocupaciones. Entonces hablamos con Jesús diciéndole: “Ocúpate Tú, yo no puedo hacer nada, sólo puedo hablar contigo de ello”. Y ésta podríamos llamarla “oración de petición”.
Pero en su sustancia, incluso cuando es “de petición”, la oración es siempre de abandono: también cuando pedimos algo, nos abandonamos a lo que Jesús quiere; si hay experiencias dolorosas, en nuestra vida o en la de las personas queridas, hablamos con Él
con toda tranquilidad, porque sabemos que nos ama y ama a todas las personas mucho más que nosotros.
Ciertamente la oración más bella es la de quien sabe que Jesús conoce nuestros problemas, nuestras dificultades, las cosas de las que tenemos necesidad (dice el Evangelio: «vuestro Padre sabe lo que necesitáis»[3]), y se abandona precisamente hablando con Jesús en un estado de donación, de total entrega, de alegría por el encuentro que se puede tener con Él. Es un decir a Jesús, (y en Él a la Santísima Trinidad): “Tú sabes todas las dificultades que tengo, conoces mis miserias, mi poca fe, mis faltas, los dolores y dificultades que encuentro en la vida; ahora quiero estar contigo y contemplarte”.


El retorno a casa

 Es el momento en el cual se sale de toda la realidad contingente que nos fatiga y nos hace sufrir, para entrar en contacto con Él, para encontrarlo a Él, para vivir en nuestra casa. La casa de cada uno de nosotros, de hecho, es la Trinidad, el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo, y en ellos María y todos los santos. Y nosotros que vivimos sumergidos en un mundo que nos parece real, pero que es aparente,
finalmente volvemos a casa, a nuestro verdadero mundo, el mundo de la Trinidad. La oración es el momento más bello de nuestra vida terrena porque vivimos junto al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo, con María, de modo consciente.
Esta contemplación no quiere decir evasión de la vida concreta, sino que es la verdadera vida, por la cual podemos afrontar cristianamente la realidad concreta de todos los días, con sus pormenores, sus tribulaciones, el cansancio físico o nervioso, con todos los problemas que puedo y sé afrontar justo porque finalmente he vivido durante un poco de tiempo, durante media hora, en la meditación, mi verdadera vida: este diálogo con Jesús.


El silencio interior

 En este encuentro Él me habla; y a menudo es difícil saberlo escuchar porque estamos trastornados por el ruido de las cosas de cada día que buscan meterse incluso en este tiempo dedicado a la contemplación. Pero tenemos que acostumbrarnos a escucharlo, porque Él nos habla siempre. No se trata de realizar un silencio exterior, sino de lograr silencio interior, es decir, el dominio (relativo siempre a nuestra condición humana) de todas nuestras pasiones (en el sentido no sólo negativo del término), de todas nuestras agitaciones, de todas las presiones psicológicas internas: es un ir más allá de todo esto para escuchar a Jesús que nos habla.
Su voz es sutilísima. Es necesario verdaderamente un silencio interior para acogerla (y la meditación nos ofrece la ocasión para un silencio exterior, que es símbolo del interior necesario para escuchar a Jesús). Él nos dice siempre cosas fundamentales. Nos dice, cuando estamos turbados o preocupados por los problemas de la vida: “No temáis, soy Yo[4]. Nos dice: “No temáis, Yo he vencido al mundo[5]. Nos dice: “Yo estoy con vosotros[6].
Jesús se presenta a sí mismo como modelo, su vida como modelo para la nuestra. Una vida hecha también de éxitos humanos, de milagros, pero concluida con un aparente fracaso total, en la cruz. Los romanos no sabían ni siquiera quién era; de entre sus correligionarios los israelitas, algunos pensaban que era Elías, u otro profeta...
Y cuando nosotros le decimos: “Jesús, me ha ido mal esta cosa, me va mal esta otra”, Él nos responde: “Yo he gritado ‘¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?[7]. Esta es la meta que te presento. De lo demás me ocuparé Yo; no es importante el éxito o el fracaso, lo importante para ti es mantenerte en esta relación conmigo”.
Estos son sólo algunos ejemplos de lo que el Señor nos dice para llevarnos más allá de la cotidianeidad de nuestra existencia, para hacernos vivir en el mundo eterno. Y alguna vez hace también milagros en este coloquio que podemos tener con Él. A este respecto, ¿quién no recuerda el episodio de la mujer que perdía sangre y estaba en medio de una muchedumbre que no le permitía llegar hasta Jesús para que la curara? Esta mujer pensaba: “Si pudiese al menos tocar el borde de su vestido, me curaría”. Se adelanta y consigue tocarlo con fe, con amor, y queda curada. Y Jesús siente que ha salido de Él una fuerza y le dice a los apóstoles: “¿Quién me ha tocado?”. Los apóstoles le responden: “Señor, ves cómo la gente te apretuja y dices: ‘¿quién me ha tocado?’[8]. Muchos le habían “rezado”, pero una sola encontró el modo de hablarle, había encontrado la “oración”, y Jesús había sentido que una fuerza había salido de Él por aquella oración humilde, silenciosa, llena de fe y de abandono.


La oración que nos transforma

 Si oramos con esta fe, los demás nos encontrarán serenos, porque tenemos una paz que va más allá de los sufrimientos, aunque suframos como todas las personas de este mundo. Y sienten la alegría de estar con nosotros, aquella alegría que Jesús dice que el mundo no sabe dar, porque llevamos en nuestro corazón un pedacito de aquel Cielo en el que hemos vivido durante el tiempo de oración.
Todo el mundo tiene sed de Dios, y si nosotros no conseguimos calmarla es porque le damos sólo nuestras palabras, que “hablan” de Dios. En cambio el mundo tiene necesidad de Dios, incluso sin nuestras palabras y sin que se hable de Él. Esto lo conseguimos si en la escucha de su llamada permanecemos en un continuo coloquio con Él.
A veces hoy se minusvalora la ‘oración vocal’, porque se piensa que la ‘mental’ es más importante. Sin embargo, lo que importa es la relación con Dios, que puedo encontrar tanto en la oración mental como en la vocal, en las jaculatorias, en el rosario, en todas las formas de piedad más populares y sencillas, demasiado sencillas para nuestra soberbia, pero que en realidad son todas ocasiones para entrar en contacto con Dios. Una relación que, naturalmente, no nace en la oración si no nace en la vida. Es decir, no se puede “orar” si no se tiene una vida completamente asentada en Dios.


La realidad más bella

 Si tenemos esta relación auténtica con Jesús, la oración se convierte en la cosa más bonita y viva de la jornada. Se convierte para nosotros en una fuente de agua viva, como dice Jesús: «el que crea en mí ... de su seno correrán ríos de agua viva»[9].
Nuestra actitud debe ser de paz radical y total: tenemos que lograr esa plenitud humana que sólo Dios nos puede dar, y que irradia la paz y la serenidad a nuestro alrededor. Por esto –repito- la oración es el momento más bello del día; porque es el único momento en el que volvemos a casa: salimos lentamente del mundo que nos circunda aun permaneciendo dentro del mundo; es el momento en el cual hablamos con Jesús, tenemos esta relación con Él. Un hablar que no está hecho de palabras, como Él dice: «cuando oréis, no empleéis muchas palabras»[10].
Es una relación de amor profundo, de petición profunda, de abandono profundo al Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo, con la ayuda de María que –como en las bodas de Caná– habla por nosotros cuando nosotros no sabemos hacerlo. Esta es nuestra verdadera vida. Nosotros hemos sido llamados a vivir en el seno del Padre. Nuestra verdadera vocación es seguir a Jesús y vivir en esta familia divina. La oración no es otra cosa que el hablar en casa, en nuestra verdadera casa.
Esta quiere y debe ser nuestra oración. Y lo será con seguridad si nuestra vida la vivimos totalmente para Dios.

PASQUALE FORESI [11]




[1] Este artículo de la revista Nuova Umanità se encuentra traducido al español en Cuadernos Abbá/5, Ed. Ciudad Nueva Madrid, 2002.
[2]  Cfr. Mc 10, 21
[3]  Mt 6, 8.
[4] Cfr. Mc 6, 50; Mt 14, 27; Jn 6, 20.
[5] Cfr. Jn 16, 33.
[6] Cfr. Mt 28, 20.
[7] Cfr. Mc 15, 34; Mt 27, 46.
[8] Cfr. Mc 5, 25-31.
[9]  Jn 7, 38.
[10]  Cfr. Mt 6, 7.
[11]  Chiara Lubich (1920-2008), fundadora de la “Obra de María” o “Movimiento de los Focolares”, considera cofundadores a Igino Giordani (primer focolarino casado), a Pasquale Foresi (primer focolarino sacerdote) y a Klaus Hemmerle (filósofo y teólogo, luego Obispo de Aquisgrán).




martes, 16 de junio de 2015

UNA SOLA COSA ES NECESARIA

Te ofrezco unos textos para profundizar la Palabra de junio («Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria», Lc 10, 41-42):



UNA SOLA COSA ES NECESARIA

Jesús no condena la conducta de Marta. Ella, de hecho, sirve y Jesús vino para enseñar precisamente el servicio del que Él mismo dio buen ejemplo.
¿Qué significado se debe dar entonces a este pasaje del Evangelio?
Jesús se vale de esta circunstancia para explicar lo que es más necesario en la vida del hombre.
"...y son necesarias pocas cosas, o mejor, una sola". ¿Cuál? Escuchar la palabra de Jesús. Y… escuchar la palabra significa vivirla también.
María es el prototipo del cristiano, y por lo tanto, tu prototipo, que escucha y vive la palabra de Dios. Esta no es como a menudo se piensa símbolo de la vida contemplativa, en contraposición con la vida activa, con el trabajo que estaría personificado en Marta. María no contempla. Escucha y vive.
Jesús te quiere decir con estas palabras que lo que más vale es escuchar y llevar a la práctica su palabra. Todo lo demás, por muy importante que pueda ser para ti, encuentra su justo lugar en un segundo plano.
En primer lugar, Dios y su palabra y ante esto todas tus preocupaciones y tus deseos tienen que posponerse.
Y María poseía esta única cosa: era el deseo de aprender, su plena disponibilidad para escuchar la palabra, el querer de Dios. Su actitud así lo demuestra: "sentada a los pies de Jesús" dice el Evangelio, igual que un discípulo atento a su maestro.
Y esto es lo que tienes que hacer también tú: acoger la palabra y dejar que ella opere en ti una transformación. No sólo esto, sino permanecer fiel a ella, teniéndola en el corazón para que ésta modele tu vida, como la tierra contiene en su seno la semilla que crece y da fruto. Dar, por tanto, frutos de vida nueva, efectos de la palabra.
Y no sólo cuando es fácil, sino siempre, incluso cuando en tu existencia hay pruebas, dolores y es más difícil ser coherente con los propósitos hechos.
¡Animo, entonces!
Hasta ahora has vivido quizás de palabras humanas.
Has dado importancia a las mil cosas que te ofrece esta vida y no has comprendido que has nacido con otro fin.
El solo hecho de que seas un hombre te une a Cristo: Dios hecho hombre por ti.
Luego, el hecho de ser cristiano te pone frente a una responsabilidad muy precisa: anteponer a todo la escucha y el cumplimiento de la palabra de Jesús, tu Maestro.
Prueba a poner en práctica una a una sus sublimes, universales y únicas palabras. Advertirás un cambio radical en ti mismo, provocarás un verdadero giro en tu manera de pensar, de querer y de actuar. La vida te parecerá extremadamente rica y así será. Obrarás el mayor bien para ti y para los demás. La sociedad en torno a ti cambiará. La revolución del Evangelio se manifestará de gran eficacia para todas las necesidades y problemas urgentes del mundo de hoy. Y además... te salvarás a ti mismo y conquistarás la vida que no pasa.
¿Te parece poco?


CHIARA LUBICH, Comentario a Lc 10, 42,   julio 1980




VER LAS DIFERENCIAS COMO OPORTUNIDAD DE CRECIMIENTO

 “Tenemos necesidad de comunicarnos, de descubrir las riquezas de cada uno, de valorar lo que nos une y ver las diferencias como oportunidades de crecimiento en el respeto de
todos. Se necesita un diálogo paciente y confiado, para que las personas, las familias y las comunidades puedan transmitir los valores de su propia cultura y acoger lo que hay de bueno en la experiencia de los demás”.

PAPA FRANCISCO en Sarajevo 6 junio 2015




UNA CONCIENCIA DE SOLIDARIDAD UNIVERSAL

(…) la ecología, en el fondo, representa un desafío que se puede vencer solamente cambiando de mentalidad y formando las conciencias.
Se ha demostrado efectivamente con muchos estudios científicos serios que no faltarían los recursos técnicos ni los económicos para mejorar el ambiente. En cambio, lo que falta es ese suplemento de alma, ese amor nuevo por el hombre, que hace que todos nos sintamos responsables de todos, en el esfuerzo común de administrar los recursos de la tierra de un modo inteligente, justo, medido (…).
La distribución de los bienes en el mundo, la ayuda a las poblaciones más pobres, la solidaridad del norte con el sur y de los ricos con los pobres son la otra cara del problema ecológico. Si los inmensos recursos económicos destinados a las industrias bélicas y a una súper producción que requiere cada vez más súper-consumidores, sin hablar del derroche de los bienes en los países ricos, si estos enormes recursos sirvieran al menos en parte para ayudar a que los países más pobres encuentren una propia y digna
vía de desarrollo, ¡cómo sería más respirable el clima, cuántos bosques se podrían salvaguardar, cuántas zonas evitarían la desertificación y cuántas vidas humanas se salvarían!
(…) Sin embargo, sin una nueva conciencia de solidaridad universal nunca daremos un paso adelante. (…) Si el hombre no está en paz con Dios, la tierra misma no estará en paz. Las personas religiosas advierten el “sufrimiento” de la tierra cuando el hombre no la ha usado según el plan de Dios, sino sólo por egoísmo, por un deseo insaciable de poseer.
Este egoísmo y este deseo contaminan el ambiente aún más y antes que cualquier otra contaminación, que es sólo consecuencia de ellos.
(…) Ahora tales consecuencias desastrosas constriñen a ver la realidad todos juntos en la perspectiva de un mundo unido: si no afrontamos todos juntos este problema, no se resolverá.
(…) Si se descubre que todo lo creado es don de un Padre que nos ama, será mucho más fácil encontrar una relación armoniosa con la naturaleza.
Y si se descubre además que este don es para todos los miembros de la familia humana, y no sólo para algunos, se pondrá más atención y respeto por algo que pertenece a la humanidad entera presente y futura».

CHIARA LUBICH, Carta al líder budista Nikkyo Niwano, 1990



sábado, 13 de junio de 2015

ESCOGER LO ÚNICO NECESARIO

VIDA DE LA PALABRA                      primeras semanas de JUNIO
Algunas de mis EXPERIENCIAS tratando de practicar la Palabra de Vida de junio («Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria», Lc 10, 41-42) y la de mayo («Pero Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo», Ef 2, 4-5):
1.-        Marta, Marta…”: si ella, en vez de estar “criticando”-prejuzgando a su hermana en su interior, hubiera en cambio tenido el oído atento desde la cocina a lo que Jesús decía en el salón… Hubiera sido Marta-María a la vez. Este pensamiento me ha ayudado mucho al hacer las cosas, sobre  todo las que me cuestan de la casa, con el “oído”
atento a Jesús. Y, la verdad, al final acabo más contento al realizarlas.
            Pero hay otra cosa, (y se une a la PdV sobre la Misericordia del mes pasado): si Marta nunca hubiera “metido la pata”, no habría merecido ese cariñoso reproche de Jesús, y quizá nunca nos hubiéramos enterado de la experiencia ni de una ni de otra hermana. El otro día, al confesarme, el sacerdote me hizo ver esto y, como penitencia, (¡buena cura de humildad para mi, -a veces malsano por orgulloso o soberbio-, afán de perfección!), me puso alegrarme de las enseñanzas que Jesús puede darme a mí o a otros a través de mis “meteduras de pata”. Me ha ayudado a vivir conjuntamente la Palabra de junio (“Paco, Paco…: una sola cosa es la necesaria…”) y la de mayo (“Dios, rico en misericordia…”) también para conmigo: se me estaba olvidando que Él me quiere no porque yo intente ser perfecto, sino precisamente porque soy pecador (¡y mucho!) y tropiezo a veces en la misma piedra. El Papa dice que “Dios no se cansa de perdonar…” y añade: “somos nosotros los que nos cansamos de pedirle perdón…”. Así que, esa Misericordia suya me impulsa (tras cada instante que no he estado a la altura) a vivir bien el siguiente momento presente que Él me regala tratando de ser Marta-María, y así –concluía muy acertadamente la PdV de mayo- “…nos hace revivir por Cristo”.

Algunas de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la vida diaria la Palabra de Vida de junio («Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria», Lc 10, 41-42),  la de mayo («Pero Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo», Ef 2, 4-5) y la de abril («Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos», 1 Cor 9, 22):
1.-        “esta mañana, durante mi acostumbrada caminata de una hora, he ido repitiéndome la frase de Jesús a Marta y escuchándole absorto como María de Betania. De pronto me he
encontrado libre de mis miedos y temores y he reconocido que Él era mi "Príncipe de paz".
Gracias, Paco, por tus hondas experiencias y  las de los niños (perdón: gigantes de caridad para con los pobres de África),

2.-        “siempre he tenido muy presente el pensamiento e ideas de Chiara y de la Obra de María sobre la conveniencia de usar los medios de comunicación para realizar la evangelización en nuestro mundo.
El año pasado me regalaron un smartphone y, a través del wathsapp, trato de realizar un amor concreto con las personas: poner mensajes de ánimo a las que sé que están más decaídas o enfermas o pasan por un mal momento; enviarle lecturas de la liturgia a quien está enfermo y no pude hacerlo por otro medio, con
los comentarios correspondientes. Una comunicación “familiar” que hace que la gente se sienta con confianza y a veces se me abren para contarme problemas familiares o de otro tipo y yo puedo animarlos.
            Una experiencia un poco más fuerte para mí ha sido esta relación con una persona que había hecho daño a un miembro de mi familia y, por esta razón, no me caía muy bien. Pensé que tenía que buscar una forma de amarla concretamente, después que una noche tuvimos la oportunidad de que ella me contara algún problema que le hacía sufrir. Me siento en la necesidad de alegrarle el comienzo de la mañana y cada noche y se ha establecido entre las dos una relación de amistad y confianza, fruto del amor de cada día y de momento a momento.
            En el mes de mayo, por el gran amor que le tengo a María, he tratado de contagiarlo a quien he podido y valerme de los medios que tenía a mi alcance, comenzando por aquellas personas que me suponían más dificultad de relación.
Cada día se me han presentado muchas oportunidades de “servir en silencio”, sin que nadie pueda agradecer, (porque no los ve), esos detalles que son del bien común y que sólo Dios puede conocerlos: reponer papel higiénico, aceite, azúcar, leche, lavar las servilletas, escoger para gastar la fruta menos apetecible… En estas acciones decía una y otra vez “por Ti, Jesús”


3.-        “gracias Paco. La experiencia que cuentas me ha recordado una que hicimos la semana pasada. Se pelearon dos chicos y uno acabó llorando y vomitando por los nervios. Aunque estábamos reventados, fuimos convocando a otros, al que había llorado y al que había pegado… y hablando lo que hiciera falta con cada uno. Este último era complicado y nos llevó casi una hora. Al final nos acostamos a las 12 y media…, pero con la satisfacción de haber sembrado Evangelio, y trabajado por la unidad, en un momento crítico en el que había que hacerlo para seguir adelante

4.-        “yo como Marta, para ser sincera, afanada con muchas cosas (exámenes, sigo buscando trabajo, inquieta por mi madre que tiene un pequeño tumor maligno en el riñón). Aunque nos agarramos a la túnica del Señor en medio de todas estas inquietudes

5.-        “Gracias, Paco, por enviarnos la palabra de vida. Me pregunto, por qué siempre… sentimos que es para nosotros: ¡es increíble! El mensaje es perfecto y llega cuando ya hemos reincidido varias veces en el mismo error, pero a tiempo para no seguir equivocándonos tanto. Dios se las arregla para llegar a todos,
a su manera, con su mensaje y justo en el momento preciso.

Llevo tres semanas sintiéndome agobiada: hasta al médico he ido a parar por fuerte dolor de corazón y cuerpo; y después de varios análisis, me contestó que es pura ansiedad y que solicitó los análisis sólo para confirmar, pero que lo había notado desde el principio. Tengo muchas preocupaciones, el tiempo no me alcanza, quisiera hacer de todo y lo que “mejor se me da” es olvidarme de Dios, que es lo que mejor debería hacer: tendré más cuidado en estar pendiente de lo más importante, de lo realmente necesario


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