miércoles, 31 de julio de 2019

DAR LAS GRACIAS, DAR FELICIDAD, DAR AYUDA, DAR...

VIDA DE LA PALABRA                                    últimas semanas JULIO


Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de julio («Gratis lo recibisteis; dadlo gratis», Mt 10, 8) y la de junio («Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos», Hch 1, 8):

1.-        La confesión y el coloquio de acompañamiento espiritual es un ministerio que, (aunque muy comprometido y difícil), me encanta: acoger a las personas y poder transmitir el gozo que Dios tiene por perdonar a los arrepentidos.
            Pero… un día había estado yo sentado en el confesonario antes de la última Misa del día y durante esta (que celebraba el otro sacerdote), sin que entrara nadie. Al terminar todo, varias personas (estaban en Misa y antes), cuando ya vamos a cerrar, piden confesarse. Por una milésima de segundo, pensé decirles… por qué no habían aprovechado el tiempo destinado para ello. Pero… “dad gratis lo que gratis habéis recibido”, les sonreí y me puse a confesar.
Un domingo había estado yo confesando mucho a lo largo de todo el día y durante esa última Misa de la tarde también… Me encontraba realmente cansado (también por el calor del día). Después de ayudar yo a dar la comunión, mientras regresaba a la sacristía, una señora me preguntó si después iba a seguir confesando. De primeras… hice un gesto tenue de “no”…, pero en seguida, (¡la PdV!; ¡¡y encima es una labor que me llena!!) entré al confesonario y encendí la luz verde: se confesaron todavía bastantes personas.

2.-     Tenía yo mi coche en el taller: me habían dejado allí uno de sustitución.
Una mañana al salir… no encontré la llave del coche. Empleé varias horas en dar 2 “batidas” a casa, cochera, templo, salones, despachos... Fue bonito porque no perdí la paz y estaba en diálogo continuo con el Señor (y, a veces, con S. Antonio). Se lo dije también al sacerdote colombiano que está ayudando durante julio en la parroquia, para otra batida juntos con "ojos distintos" por todo el complejo parroquial, (hasta las alcantarillas de la cochera).
Cuando, al final de la mañana, lleno de vergüenza, llamé al taller que me ha prestado el coche, no pusieron el grito en el cielo; y eso que resulta que no tienen llave de repuesto, ni la plaquita de plástico donde pone las claves para hacer una nueva.
Después de comer continué buscando otra hora hasta en los sitios más inverosímiles. "Tú, Señor, eres mi único Bien", por tanto, con paz.
Al final, cuando la furgo de la parroquia quedó libre, fui por la tarde (y a correprisa, ya sin tiempo) a hacer las visitas a los enfermos en el hospital ya que por la mañana no había podido.
Luego el taller mandó una grúa (que, por cierto, no cabía en el recinto) para llevarse el coche de sustitución.
A la mañana siguiente, lo conté en la homilía (sin tenerlo pensado cuando la preparé) como experiencia del Evangelio de ese día: "venid a Mí... MANSO y humilde de Corazón; y hallaréis vuestro DESCANSO". Al acabar, entraron 3 personas en la sacristía, una para llevarme donde necesitara; otra para prestarme su coche los 2 días que quedaban hasta que terminaran el mío; y otra (que acepté) para prestarme su coche y así ella usaba el de sus padres, que necesita hacer km.
Supongo que tú también me preguntarás, (lo mismo que mucha gente durante todos estos días posteriores), si al final ha aparecido después de 10 días la dichosa llave: nadie la ha visto.

3.-        Uno de estos días ofrecí a dos personas llevarlas para que conocieran Segovia. Yo la había visitado varias veces: “dad gratis…”. Tenía yo material preparado para hacer una guía de todo lo principal.
            Me fui dando cuenta, que a ellos no les interesaba algo tan exhaustivo, así que fui resumiendo lo esencial y cortando varias visitas: tenía que “darles” lo que ellos querían, no lo mucho que yo sabía o me había preparado. En el sepulcro de S. Juan de la Cruz sí nos entretuvimos rezando.
            Al final estábamos muy contentos los tres.


Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de julio («Gratis lo recibisteis; dadlo gratis», Mt 10, 8), la de junio («Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos», Hch 1, 8) y la de mayo («La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío», Jn 20, 21):

1.-        “termina el mes y es hora de hacer recuento; te comenté que iba a tratar de ver qué podía dar este mes gratis y así lo he intentado hacer:
Dar las gracias: escribiendo un correo a una persona que hacía tiempo estaba pendiente.
Dar felicidad: mandando un ramo de flores a mi tía de 88 años por su santo el día del Carmen.
Dar ayuda: dejando mi coche a mis cuñados misioneros para que pudieran, en vacaciones, solucionar sus asuntos particulares.
Dar descanso: trasladando materiales pesados de campamentos en el garaje, de un coche a otro, para que mi hijo pudiera descansar un poco más, sin que él lo supiera antes.
Dar atención: escuchando a una persona en otra ciudad, a quien yo no conocía y le hacía mucha ilusión hablar y compartir sus situaciones vividas en distintas ciudades. Resultó ser sacerdote cercano de donde trabajo.
Dar compañía a personas que viven solas: mi suegra, mi compañera, una amiga y siempre es agradable compartir un poco de mi tiempo, ahora que estoy de vacaciones.
Dar confianza: sabiendo estar en el lugar del otro cuando te cuenta una dificultad familiar de salud y prefiere que seas la única persona que lo sepa manteniendo la discreción.
Dar gusto: innovando platos de cocina novedosos, de un libro que me regaló mi marido hace tiempo y todavía no había estrenado.
Me da pena que termine el mes...
            Siento que no nos veamos en la Mariápolis de El Ferrol, pero me alegro que estés a partir del día 4 en la de los Dolomitas.
           
2.-        soy la mujer que cuidaba de C. y que nos conociste en el hospital de Villalba. Te escribo un poco mi vivencia con ella.
C. decía: “hay que aceptar lo que Dios nos da, cuando Dios lo manda por algo es”; me enseñó a tomarme las cosas de otra forma y aceptar la vida con todo, a madurar, a luchar (era muy luchadora, con una gran fuerza de voluntad). “Hombre parado, mal pensamiento”, decía.
Se levantaba, se santiguaba (y yo con ella), le pedía a San Antonio que nos guardara y ayudara y a veces decía: “Dios en mí y yo en Dios”, frase que me encanta, porque me centra donde debo estar.
También que “hay personas que se creen más que Dios, pero que es Dios el único que todo lo puede”.
Que “lo que hay que hacer es salvar el Alma, porque el cuerpo se queda y lo que vale es el Alma”.
Otro día me dijo; “hay que perdonar para que nos perdonen”.
Antes de llegar yo, por la mañana, decía que estaba pidiendo a las ánimas que me cuidaran y pudiera llegar bien para cuidarla y, cuando me veía, se le iluminaba la cara: ya se quedaba tranquila y siempre dando y dándome las gracias. A mí ese recibimiento, gratitud y cariño me llena el Alma; y cuando me iba, igual: pedía por mí.
Luego, todos los días rezábamos el Rosario. Decía: “hay que pedir por todos, porque habrá personas que no tengan quien pida por ellos…” y… me di cuenta qué poco valoramos la salud mientras la tenemos.
Me siento muy afortunada de haber estado con ella y de todo lo que me ha transmitido y enseñado. Falleció el lunes pasado, mientras la rezaba el Rosario; me quedo con mucho amor de ella y dando gracias a Dios de haber estado con ella.
A veces la decía: “¿quién cuida a quién?”. Porque espiritualmente me ha ayudado mucho y encima yo estaba maravillada de que con sus 99 años siguiera con una labor tan importante. Siempre he dado importancia a las personas mayores, pero a ella la veía muy especial. Le decía: “¿tú no tienes penas? Porque las personas mayores cuentan muchas”. Y ella me dijo: “las penas me las guardo en el bolsillo”; siempre tan generosa...
Ella era muy devota de San Antonio de Padua. Ahora yo también y la di las gracias por habérmelo enseñado. Yo antes, si iba a una iglesia, le ponía una velita, pero lo veía de otra forma; ahora lo veo más cercano: como alguien conocido…
Esto es un poco de algo muy bonito que he vivido y aprendido ahora pido seguir en ese camino.
Muchas gracias también a ti.

3.-        escuchaba ayer a una religiosa un montón de historias de madres a las que había ayudado en todos los años en que lleva ejerciendo su vocación. 
Me ilusionó escuchar la historia de una de ellas. Una de las madres que allí estaba dio luz a una niña y cuando creció, decidió hacer educación infantil y ahora está en la guardería de la casa encargándose de cuidar a los niños de las mamás cuando estas logran encontrar algún trabajo. 
Escuchando esos relatos, piensas: “¿en qué voy a ayudar yo a estas mujeres cuando son ellas las que me ayudan a mí con su ejemplo de fortaleza, de lucha constante?”.
Pensando en ellas me venía a la mente la imagen de la capilla del Centro Mariápolis de Las Matas que tanto me fascinó desde la primera vez que la vi: ese Jesús en el que se intuye el dolor, pero que, mirándole, lo que te invita es a pensar en la vida.
Ves a esas mujeres cada una con su drama particular, pero piensas en todo lo positivo que tienen para aportar y lo que quieres es ayudarlas a que lo logren, que brillen con luz propia, que saquen lo mejor de sí mismas, que al mirarlas pase como cuando miras a ese Jesús de la capilla, que intuyes que por alguna situación de dolor pasaron en su vida, pero que transmiten tanta alegría y tanta paz que es difícil imaginar que en algún momento el dolor y el sufrimiento estuviera en sus vidas.



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viernes, 19 de julio de 2019

¿HOY QUÉ DOY?

Aquí tienes unos textos que nos ayuden a vivir más a tope aún (en medio incluso de los calores) la Palabra de Vida de julio («Gratis lo recibisteis; dadlo gratis»:


¿QUÉ PUEDO YO DAR HOY?

¿Un perdón que no termino de otorgar y pesa como el plomo?
¿Más confianza en Dios?
¿La confesión valiente de mis errores?
Es sanadora la pregunta. Para adquirir la libertad de corazón y recuperar la alegría y las ganas de vivir.

P. MANOLO MORALES, O.S.A., Comentario al Pasapalabra 12 julio



COMPARTIR LO QUE HE RECIBIDO

Tengo la conciencia de que todo lo que tengo y todo lo que soy, lo he recibido. Tanto de Dios directamente como a través de otras personas.
El don de la vida, los talentos naturales, las habilidades adquiridas, los conocimientos, la fe, la espiritualidad, la familia; es decir, todo. Las cosas, las ideas y las personas, todo fruto de compartir.
Por eso, es más que obligatorio para mí compartir todo lo que yo recibí y continúo recibiendo.
Estas reflexiones nacieron con esa intención: compartir mi vida con la familia y con los amigos; compartir el trabajo de Dios en mi alma; compartir la vida de Dios en mí.
El compartir es el modo más eficaz para mantener el amor mutuo entre nosotros. Donde hay amor mutuo entre nosotros, donde hay reciprocidad de amor, hay comunión de bienes materiales y espirituales.
Compartir por amor provoca un fenómeno diferente: cada uno solo piensa en donar, pero cuánto más dona más recibe. Recibe una buena medida, colmada y desbordante (Cf. Lc 6,38). Esa es la experiencia que hago todos los días.

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra 8 julio




CULTURA DEL DAR PARA CONTRIBUIR A LA FRATERNIDAD

La cultura del tener desemboca en una concepción antropológica manca, revestida de no-valores, de sentimientos negativos. La sociedad que deriva de ella es “compleja”: mercantiliza toda la existencia, incapaz de establecer relaciones interpersonales profundas. La respuesta a tal cultura no puede ser sino la cultura del dar, una cultura que expresa la verdad sobre el hombre, como "homo donator", cuya verdadera identidad consiste en el ser don en todas las expresiones de su vivir [...]

VERA ARAUJO, La cultura del dare, en «Nuova Umanità», 28 agosto 2012




¿TRATO DE DIFUNDIR EL BIEN?

Esa pregunta nos debe llevar a un profundo examen de conciencia. Debe ser puesta en relación a todos los aspectos de mi vida: en la familia, en el ejercicio de la profesión, en las relaciones de amistad, en el tratamiento que damos a las personas desconocidas, en la práctica de mi fe.
Debo hacerme esa pregunta cuando hablo, cuando escribo, cuando publico algo en las redes sociales.
Debo tener el cuidado de comprobar la veracidad de todo lo que publico o comparto a través de los medios de comunicación. Puede suceder que, pensando en hacer el bien, cometa una injusticia contra una persona inocente. Por ejemplo: reenviar una foto de alguien con una acusación grave y sin ninguna prueba.
Se cuenta que S. Felipe Neri impuso como penitencia, a una mujer que confesó haber cometido calumnia, tomar las plumas de una gallina, lanzarlas al viento y después recogerlas. A lo que ella respondió que sería imposible. Él le dijo: “De la misma forma será imposible deshacer totalmente la calumnia que difundiste”.
Aprendamos a difundir la verdad que hace bien a todos.

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra 15 julio





SER LIBRE DE CUALQUIER APEGO

Los apegos aprisionan el corazón.
Pueden ser sutiles y enmascarados con una falsa idea de libertad.
Tener muchos bienes da la sensación de ser libre para hacer lo que se quiere. O, querer que nuestro pensamiento sea el mejor y aceptado por todos. De hecho, quedamos rehenes de lo que tenemos y de nuestras opiniones.
El desapego nos hace ver las necesidades del otro y nos lleva a compartir lo que tenemos. La aceptación del otro nos hace entender su pensamiento con apertura de corazón y enriquece el conocimiento mutuo.
Además de esos aspectos existe también el apego a las personas que, si no tiene un equilibrio, nos lleva a actuar siempre a través de las preferencias. Vivir el desapego en ese sentido es simplemente amar a todos sin distinción.

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra 13 julio





martes, 16 de julio de 2019

DAR Y DARSE

 VIDA DE LA PALABRA               primeras semanas de JULIO

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de julio («Gratis lo recibisteis; dadlo gratis», Mt 10, 8) y la de junio («Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos», Hch 1, 8):

1.-        Fui a la compra con mi madre y el sacerdote jovencito que ayuda este mes en la Parroquia. La cajera le preguntó a él si era seminarista y de qué país, (ella, también de América del Sur) y luego menciona que a veces rezaba el Rosario, pero que no tenía uno.
Me acordé, entonces, que (además de uno “de dedo” que llevo en el bolsillo), yo llevaba en el coche uno muy bonito que había hecho una mamá de 3 niños, mientras los cuida, y le dije que luego se lo regalaba. Así que, cuando cargamos la compra en mi coche y ayudé a sentarse a mi madre, eché una carrera desde el parking del sótano y subí a darle el rosario: ¡le encantó!

2.-        Mi madre es diabética. Desde que le dio (precisamente aquí en la Parroquia) una hipoglucemia severa que casi le produce coma diabético, lleva puesto en el brazo un sensor quincenal, el cual (al acercarle el móvil) le mide la glucosa.  El sensor se "clava" como una chincheta con una aguja (no rígida, sino de fibra óptica).
Una noche, al ducharse, se le despegó el sensor, con lo cual, se inutiliza aunque le quedasen 3 días hábiles; menos mal que llevaba uno de recambio. Cuando se lo instalé en su brazo, intenté medir la glucosa con su móvil... ¡y este no reconocía el nuevo sensor! Probé lo menos 20 veces, (yo respiraba hondo..., porque me ponía cada vez más nervioso y preocupado...), mirando soluciones en internet, instalando la aplicación en mi móvil... de mil maneras: ¡nada!
Por lo menos teníamos también el medidor tradicional (pinchando en el dedo y que salga una gota de sangre; aunque mi madre está tan delgada, que es muy difícil que le salga ni media gota): lo logramos. Dimos gracias a Dios. Podíamos acostarnos relativamente tranquilos. No obstante, seguí probando el otro...: ¡nada! Llamé a mi cuñado aunque era tardísimo, pues él usa uno desde hace varios años: las soluciones que me iba sugiriendo, ya las había intentado yo. Paciencia, respirar hondo cada vez, confiar en el Señor que no pase nada durante la noche...
Por la mañana, nada más despertarnos, pruebo a ver si su móvil reconoce el nuevo sensor: varias veces... ¡y tampoco!
Hay que hacerle la prueba de nuevo con el pinchacito; ¡lo que costó que saliera una entera gota! Y de pronto, tampoco funciona; hago 3 intentos: ¡¡se había acabado la pila del medidor manual!! La cosa es urgente por la usual inestabilidad de glucosa de mi madre. ¿Y dónde encuentro yo 2 pilas de botón 2 horas antes de que abran los comercios? Sigo haciendo intentos con el móvil de mi madre, a ver si reconoce el sensor: ¡nada! Mi madre (luego me lo confesó) se empezó a preocupar de verme la cara mudada desde hacía largo rato. No me lo creía: el mismo día no funcionan las dos cosas.
Ante ello, empecé a "mosquearme". Pero, paz, confianza en Dios. Y, con las mismas, cojo el móvil de mi madre en una mano y, (diciéndole al Señor que no quiero abusar, y que solo para gloria Suya y por la salud de mi madre), con toda la fe (y, a la vez, con total desapego), ¡le doy la bendición al móvil! Instantes después, lo acerco al brazo de mi madre...: ¡y empezó a funcionar! Los dos, impresionados, le dimos las gracias a Dios a bocas llenas, incluso luego canturreando juntos “demos gracias al Señor, demos gracias…”.
Además de objetos religiosos, he bendecido agua y muchas casas (o locales) y muchos vehículos: nunca se me había pasado por la mente bendecir otra cosa.

2b.-      Dos días después, antes de llevar a mi madre de regreso al pueblo, voy a apagar el ordenador, recién actualizado el antivirus y... no se apaga después de varios intentos. Lo apago "a lo bruto". Al ratito intento encenderlo... se queda bloqueado en la pantalla previa a la contraseña de usuario; probando varios modos, al final lo tengo que apagar "a lo bruto".
Ya me estaba temiendo que hubiera entrado un virus de esos que borran todo o que impiden para siempre arrancar el ordenador; le ofrecí al Señor todo el trabajo, las agendas, todos los ficheros...: "no importa nada, Señor: solo Tú eres mi único Bien". Así volví a decirle en cada uno de los 3 intentos en que se repetía toda lo operación: "no importa perder todo, con tal de no perderte a Ti: Tú, Señor, eres mi único Bien". Todo lo que tengo es de Él: he de estar dispuesto a darlo todo, como dice la PdV, ¡también a perderlo, a que desaparezca!; sin apego.
Antes de probar por última vez, pensando lo mismo que con el medidor de glucosa, bendigo el ordenador: ¡y arranca! Ciertamente, ya me había pasado -sin bendición- que en ocasión similar, o a la 3ª o a la 6ª (después de haberme desapegado de todo y estar dispuesto a perder todo) también había arrancado; en esta ocasión, fue tras la bendición.


Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de julio («Gratis lo recibisteis; dadlo gratis», Mt 10, 8), la de junio («Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos», Hch 1, 8) y la de mayo («La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío», Jn 20, 21):
1.-        este último periodo de final de curso, con gran cansancio acumulado, me he sentido en muchos momentos sin energías para continuar con mis compromisos, pero he experimentado la fuerza del Espíritu Santo para poder seguir siendo capaz, en medio de mis continuos fallos y limitaciones, de amar a Dios y a las personas que se cruzaban en mi camino, como afirmaba el comentario a la PdV de junio.
Por ejemplo, recuerdo que tenía una comida especial y no había podido ni ir a la peluquería, por la mañana temprano tuve que ir al médico y, por hacer un favor a una vecina, fui a comprarle lo que necesitaba. Al lado veo una peluquería y pensé que sin cita no me admitirían, pero dije: “voy sólo a amar a la persona que esté”. Me atendieron bastante pronto, yo traté de olvidarme de mis prisas y ser amable con la peluquera que, por no conocerme, me preguntaba continuamente cómo quería cada detalle. A una de sus preguntas, le respondí: “Me fío de su profesionalidad” y ella, cambiando la expresión de su rostro, con alegría, me contestó: “¡así da gusto trabajar!”. Continuamos charlando amigablemente y yo sentí que esa frase había sido del Espíritu Santo, amor hacia ella y que construía relaciones verdaderas.
1b.-      En otros momentos he sentido que el ES me ayudaba a "dar gratis" algo de lo mucho que he recibido y creo que (por el efecto producido y manifestado) a hacerlo como instrumento Suyo en el momento oportuno: regalar un libro que tenía comprado hacía más de dos meses para una persona que no había logrado ver antes. Responder a la llamada de teléfono de una amiga a la que anteriormente no había podido contestar. Enviar un WhatsApp con un texto que requería otra persona, para un trabajo delicado que tenía que realizar, justo unos minutos antes de salir en el avión...  
Gracias, Paco, una vez más por esta oportunidad de renovar cada 15 días el compromiso de vivir la Palabra y ayudarnos recíprocamente con las experiencias.

2.-        …esperamos vernos en La Mariápolis... si todo sigue igual; de otro modo nos veríamos el día 5 en Santiago de Compostela, en la iglesia de San Francisco, en la Misa que se celebrará coincidiendo con el 30 Aniversario de la estancia de Chiara en Santiago, invitada por San Juan Pablo II para la JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD de aquel 1989.
Este mes La Palabra de Vida está fenomenal...: "Dad gratis lo que se os ha dado gratis...."; se puede dar mucho: sonrisa, cariño, hablar y escuchar... que es tan necesario en este mundo de prisas y agobios.

3.-        no puedo por menos de hacerme presente… y desearte muchas felicidades en tu 30 aniversario: el Señor ha sido grande contigo al asociarte a su mismo ministerio. Que Él te regale vivirlo cada día en toda su novedad y plenitud; que cada día seas más Jesús, aunque en muchas, muchas ocasiones palpemos nuestra propia debilidad: así tendrá que ponernos más parte Él y esa será nuestra garantía.
Gracias una vez más por compartir la PdV, que solo Dios sabe lo que me ayuda, sostiene y en momentos me levanta. El mes pasado lo he vivido como he podido, complicado por todos los lados, por el mucho personal nuevo supliendo vacaciones… además me han cambiado a una persona y no han puesto a nadie de momento: he estado de tapa agujeros. No te imaginas lo que me ha costado ese traslado: había empezado a darle la PdV… no fue capaz de decirme nada…, interiormente surgieron sentimientos muy encontrados, que gracias a la fuerza del Espíritu Santo, que me garantizó el recibir su fuerza para ser sus testigos, apoyándome una y otra vez, me vino la paz interior y al final entendí que yo no amaba como Jesús gratuitamente, pues la falta de respuesta me hizo sentir tan mal. El día del Corpus Christi sentí la necesidad de dar yo el primer paso y llamé… haciéndole sentir la cercanía…, a su vez el Señor me ha llenado de gozo al tener la oportunidad de que la gracia de Dios se haga presente en mi debilidad: ¡qué fácil nos es pensar que amamos! y cuán lejos del modelo Jesús.

4.-        Paco, lo vivido el domingo 30 de junio en El Cerro de los Ángeles fue maravilloso: había un montón de personas, dicen que 12000, y todos estábamos felices a pesar del calor. Y el Señor, cuando más apretaba el sol, nos hizo un regalo, puso una nubecilla que lo tapó ligeramente y permitió que la última media hora, pudiéramos respirar.... Qué bueno es!!!! 
            Dale también muchos besos a tu madre, dile que pedimos allí por ella.

5.-        un millón de gracias por tu Palabra de Vida. Es una calma en el torbellino de nuestras vidas. Le reenvié el extracto del testimonio de la señora que va al maxilofacial (y se sujeta a la silla como si se abrazara a los brazos de la Virgen y de Jesús) a un amigo que atraviesa por duras sesiones de quimio (va yendo mejor). Se emocionó muchísimo y sé que fue una fuerza para su día a día. Un millón de gracias.
Reza… porque me sujete a Dios en todo y porque me enseñe a caminar con un corazón esperanzado y plagado de amor.



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lunes, 1 de julio de 2019

DAD GRATIS


 PALABRA DE VIDA                         julio 2019

dadlo gratis»
(Mt 10, 8)

¿Qué es lo que hemos recibido gratis y debemos dar a nuestra vez?
Los apóstoles, a quienes Jesús se dirige, han experimentado la misericordia de Dios a través de sus palabras, sus gestos y decisiones. A pesar de sus debilidades y limitaciones, han recibido la nueva ley del amor y de la acogida recíproca.
Sobre todo han recibido el regalo que Dios quiere hacer a todos los seres humanos: el don de Sí mismo, de su compañía por los caminos de la vida, de su luz para tomar decisiones. Son regalos que no tienen precio: o sea, «gratuitos».
Los recibieron los apóstoles y los reciben todos los cristianos para convertirse a su vez en canales, de modo que estos bienes lleguen a todas las personas con las que se encuentren cada día.

«Gratis lo recibisteis; dadlo gratis».

Escribe Chiara Lubich en 2006: «A lo largo de todo el Evangelio Jesús invita a dar: dar a los pobres, a quien pide, a quien desea un préstamo; dar de comer a quien tiene hambre, dar el manto a quien te pide la túnica; dar gratis… Él fue el primero en dar: dio la salud a los enfermos, el perdón a los pecadores, la vida a todos nosotros. Al instinto egoísta de acaparar opone la generosidad; al pensar únicamente en las necesidades de uno mismo, el preocuparse del otro; a la cultura del poseer, la del dar […]. La Palabra de vida de este mes podrá ayudarnos a redescubrir el valor de cada una de nuestras acciones […]. Todo puede transformarse en servicio atento y solícito. El amor nos dará ojos nuevos para intuir lo que los demás necesitan y atenderlos con creatividad y generosidad. Y como fruto, se compartirán los dones, porque el amor llama al amor. La alegría se multiplicará porque «mayor felicidad hay en dar que en recibir» (Hch 20, 35)[1].

«Gratis lo recibisteis; dadlo gratis».

El razonamiento de Jesús y del Evangelio es siempre recibir para compartir, nunca acumular para uno mismo. Es una invitación a reconocer lo que se nos ha dado –energías, talentos, capacidades, bienes materiales– y ponerlos al servicio de los demás.
Según el economista Luigino Bruni, «la gratuidad es […] una dimensión que puede acompañar a cualquier acción. Por eso no es “las cosas gratuitas”, sino más bien su opuesto, ya que la gratuidad no es un precio igual a cero, sino un precio infinito, al que solo podemos responder con otro acto de gratuidad»[2].
Así pues, la gratuidad supera la lógica del mercado, del consumismo y del individualismo y llama a compartir, a socializar, a la fraternidad, a la nueva cultura del dar.
La experiencia confirma que el amor desinteresado es una vocación en toda regla, con consecuencias positivas inesperadas.
Así sucedió en Filipinas en 1983. Un grupo de jóvenes, decididas a dar su aportación de modo creativo, abrieron sus armarios y sacaron todo lo que ya no necesitaban. Lo vendieron en un mercadillo de segunda mano y obtuvieron un pequeño capital con el que pusieron en marcha un centro social llamado Bukas Palad, que en la lengua local significa «A manos llenas». La frase del Evangelio que las había inspirado era «gratis lo recibisteis, dadlo gratis». En esta tarea se les unieron varios médicos que ofrecían sus servicios profesionales de forma desinteresada, y muchos otros que abrieron el corazón, los brazos y las puertas de sus casas.
Así nació y se ha desarrollado una gran acción social. Pero el objetivo más importante que se ha alcanzado y consolidado en estos años ha sido que los propios destinatarios del proyecto son los protagonistas de su recuperación, pues recobran su dignidad como personas y construyen relaciones de amistad y solidaridad[3].

LETIZIA MAGRI


[1] Cf. C. Lubich, «Palabra de vida, octubre 2006», Ciudad Nueva n. 435 (10/2006), p. 22.
[2] Cf. http:// www.edc-online.org/it/pubblicazioni/articoli-di-luigino-bruni.
[3] http://bukaspaladfoundation.org/.




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