miércoles, 31 de agosto de 2022

PERDONAR SIEMPRE TAMBIÉN LAS PEQUEÑAS COSAS

 VIDA DE LA PALABRA                             mes de agosto

 


 Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de agosto («Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?», Mt 18, 21) y la de julio («Solo una cosa es necesaria», Lc 10, 42):

 

1.-        Pensaba que iba a ser difícil encontrar ocasiones para vivir la Palabra de agosto, pero sin embargo ha habido muchísimas: de ida y de “vuelta”. Es decir, también he tenido que reconocer (a ello ayudó, además, una películilla que vimos en grupo) que tengo mis manías, y que los demás me tienen que soportar (una obra de amor, un acto de misericordia es también: “llevar con paciencia los defectos del prójimo”.

Así, pues, aceptarme como soy, tratar de cambiar esas cosillas lo mejor que puedo y, mientras, dejar que los demás me perdonen “hasta 70 veces 7”, (aunque no hubiera querido yo molestarles en nada).

 

2.-        Las vacaciones en unidad con el grupito de sacerdotes las espero con ilusión todos los años, también porque no dejan de ser un desafío con tantas ideas, edades y criterios diferentes: unidad en la distinción. Cada año, “Jesús en medio” de nosotros por el amor recíproco puesto en práctica, se deja notar en que aprendemos cosas nuevas, profundizamos en la vida interior y descansamos sanamente.

         Hemos estado muy bien acogidos en Lisboa en una casa de religiosos casi en el centro. Buenísima habitación y comidas, magnífico trato de los “espiritanos” y su personal colaborador, y baratísimo. El día de peregrinación al santuario de la Virgen en Fátima, conmovedor: he estado allí pocas veces y la última hará ya casi quince años.

         En la convivencia diaria, al ser casi una veintena, (y tan diversos entre nosotros), los pequeños roces involuntarios surgen siempre y, para mí esta vez con la PdV, eran una pequeña oportunidad para repetirme interiormente “perdonar siempre…”, o “hasta 70 veces 7”. Algunos nos conocemos desde hace muchos años y nos vemos con frecuencia a lo largo del curso, lo cual conlleva también saber de qué pie cojeamos cada uno.

La PdV de agosto me ha ayudado a ser más comprensivo con los demás. P.ej. yo quizá soy excesivamente cuidadoso con mis cosas, con el coche, etc.; así que, desde el principio, prestarlas y ofrecerlas; y si, por casualidad en alguna ocasión, no se ha tenido el mismo cuidado y, p.ej. en el coche me he encontrado arena en los asientos, o barrillo en las alfombrillas, seguir ofreciéndolo “hasta 70 veces 7” y, a la vez, con humildad reconocer que llevan años “hasta 70 veces 7” sin quejarse de mis manías de prontitud, de engarzar actividades sin pausa, de ahorro, de “mañanero” y “nada nocturno”, etc.      

 

3.-        Estaba yo aparcando el coche: me dirigía la maniobra desde fuera un compañero. Una vez que paro, veo a las señoras del coche de atrás comentando entre ellas y mirándome un poco molestas. “Rebobino”: al dar marcha atrás, no le he dado a su coche; no he notado ni el mínimo golpe; el compañero desde fuera no me ha dicho nada. “Estarán hablando de otra cosa”. Perdonar.

         Mientras me bajo las oigo hablar entre ellas en lengua ininteligible y con tono airado mirándome de reojo. Le pregunto al compañero: “¿has visto si le he dado un golpecillo a su coche?”. “¡Qué va!: estarán con otros temas”. Empiezo a mosquearme. Recuerdo la PdV: “perdonar hasta 70 veces 7”.

         Me alejo y continúan en el mismo tono y haciendo fotos a la trasera de mi coche y a la delantera del suyo. Me mosqueo más y le pregunto de nuevo al compañero: “yo no he sentido golpe, ni roce; ¿lo has visto bien seguro?”. ¡Sí! Te has quedado a centímetros: no les has dado”. Ellas continúan hablando. “Perdonar...”.

         Ya nos acercamos y, por más que miramos, ninguna marca ni en mi coche ni en el de ellas. Y entonces se encaran con nosotros. PdV: perdonar.   Tratamos de chapurrear inglés y por gestos. Parece que el suyo era un coche alquilado y tiene una pequeña mota de no sé qué, (desde luego, no de un golpecillo), ¡en su matrícula delantera!; mi coche no tiene nada. Ya me viene tentación de sulfurarme un poco. PdV: “hasta 70 veces 7”.

         Tanto mi compañero como yo tratamos de hacernos entender que si mi coche no tiene nada y el suyo tiene un puntito en la matrícula, no les puedo haber dado. Y, además, los del alquiler del coche ni van a percatarse de tal minucia y, en cualquier caso, yo no he notado ni el más mínimo golpe y el compañero ha visto que no le he dado. Ellas, “erre que erre”. “Perdonar…”.

         Se me estaba poniendo mal cuerpo. “Hasta 70 veces 7”. Se lo volvemos a explicar hasta 3 veces entre gestos, inglés chapurreado y “portuñol”, (debían de ser de los países del este). Ante su negativa a querer entender…, cada una de las veces: “perdonar…”. Al final se marchan, aunque poco convencidas. ¿Pondrán una reclamación?

“Hasta 70 veces 7”. Por tanto, no voy a quedar yo con peso interior que me impida vivir bien el momento presente con los compañeros.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de agosto («Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?», Mt 18, 21), la de julio («Solo una cosa es necesaria», Lc 10, 42) y la de junio («Tú eres mi Señor, mi bien, nada hay fuera de Ti», Sal 16, 2):

 

1.-        “…durante este julio la Palabra de Vida del mes me ha invitado a una mayor escucha y relación con Jesús para servirlo en los demás, acogiendo en mi corazón e incluso en mi casa a personas concretas….

 

2.-        “acabo de leer y releer la Palabra de vida de Agosto, he compartido en espíritu tus experiencias; ¡me ha hecho mucho bien! Gracias por todo.

 

 

3.-        “…pues aquí sigo, con muchas…, pero con mi Madre siempre a mi lado ayudándome. Gracias por tus PdV muy esperadas todos los meses: son de mucha ayuda cuando estoy de bajón y nos enseñan tantas cosas bonitas.

La semana que viene operan a mi marido… en el hospital de Villalba; estuve con él en el preoperatorio y me acordé de ti, lo mucho que me ayudaste allí en mi gran enfermedad y mi Señor a mi lado; y, claro, no me pude ir sin hacer una visita a la pequeña capilla, como iré la semana que viene, si Dios quiere, para pedir al Señor que salga bien la operación de mi marido y para que siga a mi lado ayudándome.

Estoy tranquila y con mucha fe. Mi familia sigue adelante porque me ven bien y, la verdad, que después de estar desahuciada y darme 4 meses de vida y, en cambio, llevar 4 años, no se lo creen ni los médicos cómo estoy: no sé si es un milagro, pero lo que sí sé es que si el Señor me tiene aquí es porque hago falta y ya me llevará con Él cuando Él disponga. Paco, gracias por todo y que Dios te siga dando mucha fortaleza y salud para seguir guiándonos….

 

4.-        “gracias. Cada vez que voy a confesarme salgo reconfortada. Es un todo: el Señor me alivia la pena y me anima a seguir con alegría. Gracias por dedicarme tu tiempo.

Por cierto, te iré contando cosas que me vienen a la cabeza, curiosamente cuando salgo de allí 😁.

 

5.-        “dice el comentario al pasapalabra diario que nos has enviado al grupo de WhatsApp: «dejarse perdonar. Que es como "dejarse curar". Hay heridas que nos hemos producido nosotros mismos, están en el corazón, y solo las cura Quien puede entrar en el corazón. ¡Ojalá no le tengamos miedo a la Verdad! Solo ella "lava del todo" nuestros errores».

¡Qué hermoso y tan cierto! Yo doy testimonio de que entregué mis tristezas y mis frustraciones a Dios, (le hablaba en muchos momentos todos los días) y Él me ayudó a perdonarme y a sanar todos esas heridas. Ojalá todos lo hiciéramos, no hay por qué sentirse solo llevando una pena consigo, cuando está Él para nosotros ¡¡SIEMPRE!!!! Y a cada uno del grupo que siempre están ahí. Gracias a Él por conoceros.

 

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de gente de todo el mundo,

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lunes, 1 de agosto de 2022

SETENTA VECES SIETE

 PALABRA DE VIDA                               AGOSTO 2022

 

«Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas

 que me haga mi hermano?

¿Hasta siete veces?»

(Mt 18, 21)

 

El capítulo 18 del Evangelio de Mateo es un texto riquísimo en el cual Jesús da instrucciones a sus discípulos sobre cómo vivir las relaciones dentro de la comunidad recién nacida. La pregunta de Pedro retoma las palabras que Jesús acababa de pronunciar: «Si tu hermano peca contra ti…» (Mt 18, 15)[1]. Jesús está hablando y, al poco, Pedro lo interrumpe, como si se diese cuenta de que no ha entendido bien lo que su Maestro acababa de decir. Y le hace una de las preguntas más relevantes respecto al camino que debe recorrer un discípulo de Él. ¿Cuántas veces hay que perdonar?

 

«Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?».

 

Preguntarse forma parte del camino de fe. Un creyente no tiene todas las respuestas, pero sigue siendo fiel aun haciéndose preguntas. El interrogante de Pedro no se refiere al pecado contra Dios, sino más bien a qué hacer cuando un hermano comete una culpa contra otro hermano. Pedro cree que es un buen discípulo que puede llegar a perdonar hasta siete veces[2]. No se espera la respuesta inmediata de Jesús, que desbarata sus seguridades: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (Mt 18, 22). Los discípulos conocían bien las palabras de Lamec, el sanguinario hijo de Caín que canta la repetición de la venganza hasta setenta veces siete[3]. Aludiendo a esta afirmación, Jesús contrapone a la venganza ilimitada el perdón infinito.

 

«Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?».

 

No se trata de perdonar a una persona que ofende continuamente, sino más bien de perdonar repetidamente con el corazón. El perdón verdadero, el que nos haces sentirnos libres, suele llegar gradualmente. No es un sentimiento, no es olvidar: es la opción que los creyentes deberíamos hacer no solo cuando la ofensa es repetida, sino incluso cada vez que la recordamos. Por eso hay que perdonar setenta veces siete.

Escribe Chiara Lubich: «Así pues, […] Jesús tenía en mente sobre todo las relaciones entre cristianos, entre miembros de la misma comunidad. Por tanto, debes comportarte así ante todo con tus hermanos en la fe: en la familia, en el trabajo, en clase y en tu comunidad, si formas parte de alguna. Sabes que es normal querer compensar la ofensa recibida con una acción o una palabra proporcionada. Y sabes que, por disparidad de caracteres, por nerviosismo o por otras causas, es frecuente faltar al amor entre personas que viven juntas. Pues bien, recuerda que solo una actitud de perdón renovada continuamente puede mantener la paz y la unidad entre hermanos. Siempre tendrás tendencia a pensar en los defectos de tus hermanos, a recordar su pasado, a querer que sean distintos de cómo son… Es necesario adquirir el hábito de verlos con ojos nuevos y a verlos nuevos en sí mismos, a aceptarlos siempre, inmediatamente y hasta el fondo, aunque no se arrepientan»[4].

 

«Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?».

 

Todos nosotros formamos parte de una comunidad de «perdonados», porque el perdón es un don de Dios que siempre necesitamos. Deberíamos estar siempre asombrados de la inmensidad de la misericordia que recibimos del Padre, que nos perdona si también nosotros perdonamos a los hermanos[5].

 

Hay situaciones en las que no es fácil perdonar, vicisitudes que derivan de condiciones políticas, sociales o económicas en las que el perdón puede adquirir una dimensión comunitaria. Hay muchos ejemplos de mujeres y hombres que han conseguido perdonar aun en las situaciones más duras, ayudados por una comunidad que los ha sostenido.

Osvaldo es colombiano. Fue amenazado de muerte y vio cómo mataban a su hermano. Hoy es el líder de una asociación ciudadana que se dedica a rehabilitar a personas que estuvieron directamente implicadas en el conflicto armado de su país.

«Habría sido fácil responder a la venganza con más violencia, pero dije no –explica Osvaldo–: aprender el arte del perdón es muy, muy difícil, pero las armas o la guerra no son nunca una opción para transformar la vida. El camino de la transformación es otro, es poder llegar hasta el alma humana del otro, y para ello no necesitas la soberbia ni ningún poder: hace falta humildad, que es la virtud más difícil de alcanzar»[6].

LETIZIA MAGRI

 

 



[1] En este versículo seguimos la Biblia de la CEE, más próxima al original que la de Jerusalén [NdT].

[2] El número siete indica la totalidad, la completitud: Dios crea el mundo en siete días (cf. Gn 1, 1-2.4). En Egipto hay siete años de abundancia y siete de carestía (cf. Gn 41, 29-30).

[3] «Caín será vengado siete veces, mas Lamec lo será setenta y siete» (Gn 4, 24).

[4] C. Lubich, Palabra de vida, octubre 1981, en Ead., Palabras de vida/1, Ciudad Nueva, Madrid 2020, pp. 228-229.

[5] Cf. oración del Padrenuestro, Mt 6, 9-13.

[6] Maddalena Maltese (ed.), Unità è il nome della pace: La strategia di Chiara Lubich, Città Nuova, Roma 2020, p. 37.