miércoles, 15 de noviembre de 2017

SERVIR POR AMOR APORTA PAZ

VIDA DE LA PALABRA                primeras semanas NOVIEMBRE

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de noviembre («El mayor entre vosotros será vuestro servidor», Mt 23, 11) y la de octubre («Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo», Flp 2, 5):
1.-        La semana pasada falleció mi tío, hermano mayor de mi padre: en menos de 25 meses, los tres hermanos ya han partido hacia la Casa del Padre (además de un primo mío, casi de mi edad).
Yo lo tenía muy difícil para ir al pueblo al entierro, (aparte de que son más de dos horas y media de coche), y sería ida y vuelta en viaje relámpago. Mi madre me decía que ni lo intentara, que las carreteras están peligrosas y que la Misa ofrecida (allí o desde aquí) es lo que vale (¡y es verdad!). Además, a mí me da muchísima fatiga pedir favores, y tendría que solicitarlos a varias personas, (aparte de aplazar o suspender otras actividades): pensando que a mí también me agrada hacer algo por los otros, me atreví a insinuar. Al final, con la bondad y disponibilidad del párroco (¡hubiera sido su día libre!, ¡y encima estaba con anginas!), del diácono permanente para que me sustituyera haciendo el turno en el hospital (era el día que dedica a una actividad cultural con su esposa) y de una catequista, fui.
Mi primo dijo que no tenía que haberme molestado; a mi prima le dio mucho consuelo el verme allí y que celebrara yo la Misa y los acompañara al cementerio; y me lo agradeció lo indecible.
            Como sabes, la primera semana de noviembre, se puede lucrar indulgencia plenaria visitando un cementerio y rezando por el eterno descanso de los difuntos, (con todas las otras condiciones requeridas habitualmente, claro está). Así que, aproveché también para ofrecer la indulgencia plenaria ese día por él, además de varias veces la Misa esos días. Es un acto de amor, una de las “obras de misericordia espirituales”, el rogar a Dios por vivos y difuntos. Así que, recordando la PdV, (¡también en eso puedo ser “servidor por amor”!), el resto de la semana visité un cementerio (aunque un par de días estaba lloviendo) para rezar y ofrecer por otros familiares y amigos difuntos.

2.-        Voy de correprisas por el despacho parroquial, pues me esperan para una reunión en uno de los salones. Un señor me pide que le abra un instante la puerta; voy apurado, pero… recuerdo la PdV, le sonrío y le pregunto qué necesita: “solo es un instante; quería agradecerte que… [me señala a su nieto de 2 ó 3 años en el carrito] está apuntado a clase de religión gracias a ti”. Entre mis prisas y mi extrañeza por lo que me decía él, (yo, sin entender bien dónde quería ir a parar), continúa: “¿te acuerdas una tarde que atendiste a una chica [de tal país] con su niño…?”.
            En una milésima rememoro algo de la primavera pasada que me hizo finalizar la jornada muy contento y agradecido a Dios. Miércoles, fiesta de la Visitación, el último día viviendo la PdV «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo». Yo iba a cerrar ya el templo parroquial al anochecer… y pienso…: “aunque estés cansado de la jornada, espera un poco; a lo mejor ocurre algo bonito también hoy, igual que varias de las veces que has esperado…”. Me quedo rezando y… veo una chica con su niño rubillo en la puerta entreabierta de la iglesia, (como sin atreverse a entrar del todo), y chapurreándole algo al niño en una lengua del este de Europa. Me acerco. Entiende español, pero habla inglés, (que yo tengo casi olvidado, pero comprendo todavía algo). No es católica, es ortodoxa. Le manifiesto mi alegría: con todo respeto intento explicarle, (casi más con gestos que con palabras), el diálogo ecuménico con simplicidad. Y los invito si quieren entrar a rezar o ver el templo parroquial: “¿podríamos?”. “¡¡Claro!!”. Vamos cerca del crucifijo y yo, agachándome para ponerme a la altura del pequeño, le explico sencillamente al niño, (y su madre le traduce). Cuando ya se van, me ofrezco a mandarle la Palabra de Vida en su idioma, aclarándole que la viven no sólo los católicos, sino también los ortodoxos (de hecho, se la envío a algunos de su país), los anglicanos y los protestantes. Los acompaño a la puerta. Me señala a un hombre a lo lejos: su marido. Entonces voy hacia allá y me voy acercando a él con la mano tendida presentándome: él sí es español.
            Pues bien, por lo visto, gracias a todo esto, decidieron inscribir a su niño en la clase de religión. Damos gracias a Dios, que se vale de mi inutilidad. “Nada hay pequeño de lo que hagas por amor”, nos recuerda Chiara Lubich.


Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de noviembre («El mayor entre vosotros será vuestro servidor», Mt 23, 11), la de octubre («Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo», Flp 2, 5) y la de septiembre («Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame», Mt 16, 24):
1.-        “y en medio de todo esto, la PdV me hacía seguir amando en la vida de cada día sin dejarme abatir ni acaparar por el tema de la difícil situación sociopolítica.
Por ejemplo:
Tengo que sanear la fontanería de mi cocina, debajo hay un local cuyo propietario usa como almacén de su tienda y que no vive en el bloque. Yo desconocía su domicilio, pero pensando en que pudiera haber alguna avería que dañara su mercancía, hice varias gestiones hasta que lo pude localizar para avisarle antes de que empiecen la obra.
1b.-      Como tengo una habitación libre, una amiga me pidió quedarse en casa dos días y, aunque me sentía bastante cansada, le dije que sí y preparé todo con el mayor cariño. Todavía estaba ella en casa, cuando me llamaron para ver si podía alojar a dos personas que venían el fin de semana. Eso significaba arreglar todo en poco tiempo, porque el mismo día que se iba mi amiga por la mañana, llegaban las otras por la tarde. De inmediato pensé: “¿no podrían quedarse en otro sitio?”. Pero, enseguida dije que sí, pues me di cuenta de que era la oportunidad que Jesús me daba para seguir al servicio de los demás y ofrecer algo por la paz y la concordia. 
1c.-      El hijo de una conocida, que ha acabado los estudios en el Conservatorio, daba un Concierto para Marimbas y me había invitado. No era algo atrayente para mí y tenía que ajustar mucho mi programa para poder ir, pero intuyendo que para ella era algo muy importante, asistí. Estaba muy contenta y me repetía que había significado mucho para ella mi asistencia. 
            Tenemos Jesús en medio, Paco, y sigo rezando por tu familia y todo lo que tienes entre manos

2.-        “creo que poco a poco leyendo tu palabra de vida hago actos en mi vida pensando en esto: “venga, por amor a Dios”. Me pidió una compañera un escrito con mucha urgencia, tenía que pensar cómo redactarlo y tenía mucho trabajo pendiente y pensé…: “si te lo pide, haz un hueco, lo necesita”. No es gran cosa, pero espero que todas vuestras experiencias me ayuden a ser mejor persona

3.-        “peregrinación a Lourdes, en septiembre, con la PdV ¨si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame¨. Este año no me apetecía ir, por el cambio de días; además, una de las que suelen ir conmigo siempre, le dio un ictus, otra imposible eso días… Pasaban los días y yo seguía sin apuntarme, pero… era algo que me impulsaba a ir: “…son todas nuevas; si yo me comprometí en su día, ahora no puedo decirte que no; y siempre me he dicho que por una persona que venga, yo contenta (como la parábola de la oveja perdida)”. Me apunté dos días antes… El día de salida en la estación me propuse intentar vivir la PdV y olvidarme de todo y estar al servicio de todos: primero con los enfermos, les dejaba en el coche y les llevaba las maletas; cuando había terminado, me fui a saludar a las que no nos vemos cada año, me encuentro con una que colabora conmigo y me presenta a su hija, la saludo y me dice que está muy nerviosa; le digo: “no te preocupes, en seguida haces amistad; han venido varios jóvenes”. Sigo saludando y me encuentro con la mamá de otra joven: está nerviosa, dado que es la primera vez que va; le digo: “te presento a otra joven como tú y así no estáis solas”. Les tocó comedor siempre juntas. Yo estaba pendiente de ellas, si estaban contentas o si algo necesitaban; la hija de mi compañera me buscaba y me abraza contándome lo que había estado haciendo y que estaba feliz. Al tercer día, una me pregunta: “tú eres de la comunidad de los Focolares, ¿verdad?”. “Sí”. “Es que me parecías…”
…la hermana de una compañera que iba por primera vez, al final me dice: “desde que nos presentaron, no sé lo que tienes que me caíste genial: estás pendiente de todo y todos”. Le contesto que no es obra mía, es de María: Ella me lo pone en camino…
…todo esto me lleva a que tengo que estar vigilante en cada momento, aunque hay veces que no lo consigo

4.-        “hoy hemos estado de retiro espiritual, lo he vivido con paz a pesar de las muchas cosas que se me amontonaban: el volver una y otra vez la mente y el corazón para tener los sentimientos de Cristo, me ha ido ayudando cuando la tormenta me amenazaba, ¡cuánto ayuda tener un punto de referencia!
…Estamos siempre unidos en lo que Dios va haciendo en nuestras vidas, acogiendo y dejándonos que Él vaya imprimiendo sus mismos sentimientos entre nosotros, desde nuestro servicio pequeño y alegre en bien de todos.
Vivamos con esperanza el gozo que Cristo nos alcanza: con tu correo, hoy he sentido esa presencia hecha fuerza y esperanza a la que somos llamados, un nuevo impulso para caminar


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