miércoles, 30 de noviembre de 2022

CONFIAD SIEMPRE EN DIOS

 PALABRA DE VIDA                               diciembre 2022

                                                                             

«Confiad en el Señor por siempre jamás,

porque en el Señor tenéis una Roca eterna»

(Is 26, 4)

 

La Palabra de vida que queremos vivir en este mes está tomada del Libro del profeta Isaías, un texto extenso y rico, muy apreciado por la tradición cristiana, ya que contiene páginas muy queridas, como el anuncio del Enmanuel, el «Dios con nosotros» (cf. Is 7, 14; Mt 1, 23), o también la figura del Siervo de dolores (cf. Is 52, 13 - 53, 12), que hace de fondo a los relatos de la pasión y muerte de Jesús.

Este versículo forma parte de un canto de agradecimiento que el profeta pone en boca del pueblo de Israel una vez terminada la terrible prueba del exilio, cuando por fin van a volver a Jerusalén. Sus palabras abren los corazones a la esperanza, porque la presencia de Dios al lado de Israel es fiel, inquebrantable como la roca; Él mismo sostendrá cualquier esfuerzo del pueblo en la reconstrucción civil, política y religiosa.

Derrocará la ciudad que se cree «excelsa» (cf. Is 26, 5) porque no está construida según el proyecto de amor de Dios, mientras que la que está construida sobre la roca de la cercanía a Él gozará de paz y prosperidad.

 

«Confiad en el Señor por siempre jamás, porque en el Señor tenéis una Roca eterna».

 

¡Qué actual es esta necesidad de estabilidad y de paz! También nosotros, personal y colectivamente, estamos pasando por momentos oscuros de la historia que amenazan con aplastarnos bajo el peso de la incertidumbre y el miedo al futuro.

¿Cómo superar la tentación de dejarnos abatir por las dificultades del presente, de encerrarnos en nosotros mismos y de cultivar sentimientos de sospecha y desconfianza hacia los demás?

Para los cristianos, la respuesta es ciertamente «reconstruir» ante todo, con valentía, la relación de confianza con Dios, que en Jesús se hizo nuestro prójimo por los caminos de la vida, incluidos los más oscuros, estrechos y escarpados.

Pero esta fe no significa quedarse esperando pasivamente. Al contrario, requiere trabajar activamente para ser protagonistas creativos y responsables en construir una «nueva ciudad» fundada en el mandamiento del amor recíproco. Una ciudad con las puertas abiertas, que acoge a todos, sobre todo «a los pobres y oprimidos» (cf. Is 26, 6), los predilectos del Señor desde siempre.

Y por este camino estamos seguros de contar con la compañía de muchos hombres y mujeres que cultivan en el corazón los valores universales de la solidaridad y la dignidad de cada persona, respetando también la creación, nuestra «casa común».

 

«Confiad en el Señor por siempre jamás, porque en el Señor tenéis una Roca eterna».

 

En el pueblo murciano de Aljucer (España), toda una comunidad está volcada en construir relaciones de fraternidad mediante formas de participación abierta e inclusiva.

Cuentan: «En el verano de 2008 fundamos una asociación cultural con el objetivo de desarrollar actividades de distinto tipo, tanto por iniciativa nuestra como en colaboración con otras asociaciones del territorio, para promover espacios de diálogo y proyectos humanitarios internacionales.

Por ejemplo, desde el principio promovemos una cena solidaria anual para el proyecto Fraternity with Africa, para financiar becas para jóvenes africanos que se comprometen a trabajar en su país durante al menos cinco años. Son cenas que reúnen a unas 200 personas y en las que colaboran comercios y asociaciones.

Estamos muy satisfechos de trabajar desde hace años con otra asociación. Juntos organizamos un evento anual abierto a personalidades del mundo de la cultura, música, pintura y literatura, pero también a exponentes de la política, la economía y la medicina. Para todos ellos es una ocasión para compartir sus experiencias y las motivaciones más profundas de sus acciones»[1].

 

«Confiad en el Señor por siempre jamás, porque en el Señor tenéis una Roca eterna».

 

Estamos a la espera de la Navidad. Preparémonos acogiendo desde ya mismo a Jesús en su Palabra. Esta es la roca sobre la que construir también la ciudad de los hombres: «Encarnémosla, hagámosla nuestra, experimentemos cuánta potencia de vida libera si la vivimos, en nosotros y a nuestro alrededor. Enamorémonos del Evangelio hasta dejarnos transformar en él y derramarlo sobre los demás. […] Así ya no viviremos nosotros, sino que en nosotros se formará Cristo. Nos sentiremos libres de nuestro yo, de nuestros límites, de nuestras esclavitudes; y además veremos estallar la revolución de amor que Jesús, libre de vivir en nosotros, provocará en el tejido social del que formamos parte»[2].

 

LETIZIA MAGRI

 

 



[1] Experiencia tomada de la web www.focolare.org.

[2] C. Lubich, Palabra de vida, septiembre 2006, en Ciudad Nueva n. 434 (8-9/2000), p. 23.


MISERICORDIA EN CADA MOMENTO

 VIDA DE LA PALABRA                            últimas semanas de NOVIEMBRE


Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de noviembre («Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia», Mt 5, 7) y la de octubre («Porque no nos dio el Señor a nosotros un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad y de templanza», 2 Tm 1, 7):

 

1.-        Tenía dos aguacates medianos, (un poco caros; me gustan mucho, pero casi nunca compro), y al abrirlos estaban totalmente estropeados, aunque por fuera no lo parecía.

Me vino enfado interior y sensación como de haber sido engañado, pues incluso ponía “calidad extra”. Y no era la primera vez.

Lo peor es que me vino la tentación, (da vergüenza contarlo), de que por un instante se me pasó por la mente: “¿y si en la próxima compra en ese sitio, después de pesar, añado algo (para compensar)?”. ¡Quedé horrorizado de mí!; y, por supuesto, al instante corté con la incitación.

La respuesta me vino en seguida con una persona a la que se lo conté, (aunque no lo que fugazmente pasó por mi cabeza). También le había ocurrido varias veces algo similar en el gran almacén al que solía ir y me comentó, (aunque nunca tuvo formación religiosa y está recién llegada al cristianismo): “antes, cuando me ocurría eso, me venían ganas de ir a ese mismo supermercado y coger más de la cuenta (calculando lo gastado injustamente, no más); pero desde la fe no se puede, ¿verdad? Dios lo compensará de otra manera, y si no, con más gloria luego en la vida eterna, ¿a que sí?”, -me dijo con toda candidez e ilusión. Respondí asertivamente y me añadió: “¿y por qué no me lo habías dicho hasta ahora?”.

Di gracias al Señor que me hablaba por esta persona y me acordé de varias de las obras de misericordia espirituales: “perdonar las ofensas”, “soportar con paciencia los defectos del prójimo”… Quedé en paz y contento.

 

2.-        Al hilo de la PdV me propuse vivir más algunas de las obras de misericordia:

P.ej. “dar de beber al sediento”. Aparte de servir la bebida cuando estamos varios en las comidas, también recomencé algo que últimamente había dejado. No es directamente “dar agua”, pero sí no malgastarla, no solo por la sequía, sino por una sana ecología, (como el Papa recordaba en “Laudato si”), y pensando en las generaciones futuras: desde que empezó el fresquito he dejado de ducharme con agua fría y mientras espero que vaya saliendo el agua caliente, pongo un cubo en el chorro y luego eso sirve para ir echando en el inodoro varias veces. La incomodidad de hacerlo así me ayuda, además, a pensar y rezar por tantas personas que en otros lugares no tienen ni un poco de agua.

2b.-     O también, p.ej., “enterrar a los muertos” y “rogar a Dios por vivos y difuntos”. Pocas veces me es posible ir a celebrar (o concelebrar) la Misa “de cuerpo presente” de algunos amigos (y acompañar a sus familiares) por las distancias y por mi apretada agenda. Pero estas dos semanas, no sé cómo, he podido encajar algunas “locuras” para ir: casi 9 horas de coche ida y vuelta en el día para el padre de mi cuñada; retrasar casi 2 horas el inicio de los Ejercicios que yo debía empezar en el Centro Mariápolis para un buen amigo que quería a todos como un padre; encajar entre dos actividades aquí ir Madrid para un amigo carmelita calzado (y luego el tren de regreso se fue retrasando y empecé ese jueves la Misa del Centro Mariápolis casi 20 minutos tarde, pero le vino muy bien a varias personas que llegaban de viaje de lejos).

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de noviembre («Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia», Mt 5, 7), la de octubre («Porque no nos dio el Señor a nosotros un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad y de templanza», 2 Tm 1, 7) y la de septiembre («Siendo libre de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más que pueda», 1 Co 9, 19):

 

1.-       …después de leer el salmo 121 me pregunto...: “. Y yo, ¿voy alegre a la casa del Señor?”

Y me doy cuenta que no siempre acudo con alegría. A veces, acudo triste, preocupada, desanimada...

Sin embargo, me doy cuenta que, salir, siempre salgo alegre, o por lo menos, en paz, de la casa del Señor. Sea cual sea el estado anímico con el que llegue, tras estar un rato hablando con Él, siempre salgo con energía renovada….

 

  

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miércoles, 16 de noviembre de 2022

AL FINAL DE LA VIDA NOS EXAMINARÁN EN LA MISERICORDIA

Aquí te copio unos textos que nos ayuden a “refrescar” y profundizar en «bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia», Palabra que nos está moviendo todo este mes:


EXAMEN DEL FINAL DE LA VIDA

Recuerda que al final de la vida se te pedirán las 7 + 7 obras de Misericordia. Si las has hecho, lo hiciste todo. Y me gustaría que vivieras con nosotros el momento presente y en el presente la obra de Misericordia que Dios requiere de ti. ¿Estudios? = Instruir a los ignorantes. Si te preguntan (¿un compañero?) = consejo a un escéptico. ¿Comes o das de comer? = dar de comer a los hambrientos, (...) etc.

Las 14 obras de misericordia son tales que resuelven cada una de tus acciones. Y cada una de vuestras acciones puede dirigirse al Jesús que debe vivir y crecer en vosotros y en vuestro prójimo (...).

 

CHIARA LUBICH, L’amore al prossimo e le opere di misericordia, www.focolare.org

 

 

 

 

LAS OBRAS DE MISERICORDIA

 Corporales:

En su mayoría salen de una lista hecha por el Señor en su descripción del Juicio Final.

Son:

1) Visitar a los enfermos
2) Dar de comer al hambriento
3) Dar de beber al sediento
4) Dar posada al peregrino
5) Vestir al desnudo
6) Visitar a los presos
7) Enterrar a los difuntos

Espirituales:

Han sido tomadas por la Iglesia de otros textos que están a lo largo de la Biblia y de actitudes y enseñanzas del mismo Cristo.

Son: 

1) Enseñar al que no sabe
2) Dar buen consejo al que lo necesita
3) Corregir al que se equivoca

4) Perdonar al que nos ofende
5) Consolar al triste
6) Sufrir con paciencia los defectos del prójimo
7) Rezar a Dios por los vivos y por los difuntos.

 

 

 

 

 

CENTRARSE EN VIVIR UNA OBRA DE MISERICORDIA

 

Desde los primeros años…, las llamadas obras de misericordia han sido para nosotros, como sugería el Evangelio, una condición indispensable para un buen examen final y, por lo tanto, para una buena conclusión del Santo Viaje de la Vida (…), me gustaría sugeriros que consideréis una de estas obras, que la tengáis en el corazón de una manera particular, que os intereséis por ella, que la hagáis desarrollarse, que la aumentéis con algún medio que podáis, que os sintáis corresponsables de ella (…).

 

CHIARA LUBICH, Amar con obras, www.focolare.org

 

 

 

 

 

ILUMINAR EL MUNDO CON NUESTRAS BUENAS OBRAS

 

[…] La luz se manifiesta en las “buenas obras”. Resplandece a través de las obras buenas que hacen los cristianos.

Me dirás: no solo los cristianos hacen buenas obras. Hay también otros que colaboran con el progreso, construyen casas, promueven la justicia…

Tienes razón. Ciertamente el cristiano hace y debe también hacer todo esto, pero no es sólo ésta su función específica. Él debe hacer las buenas obras con un espíritu nuevo, ese espíritu que hace que ya no sea él quien viva en sí mismo, sino Cristo en él. […]

 

CHIARA LUBICH, Vestire gli ignudi, www.focolare.org

 

 


martes, 15 de noviembre de 2022

MISERICORDIA TAMBIÉN PARA CON UNO MISMO

 VIDA DE LA PALABRA                   primeras semanas de NOVIEMBRE



Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de noviembre («Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia», Mt 5, 7) y la de octubre («Porque no nos dio el Señor a nosotros un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad y de templanza», 2 Tm 1, 7):

1.-        Este mes se me han ido presentando pequeñas ocasiones donde tener misericordia de distintas formas ante diversas personas, pero además conmigo mismo, puesto que Dios es misericordia también para conmigo y debo tener paciencia con mis defectos y manías: que no me quiten la paz mis meteduras de pata, ¡pero sin hacer las paces con ellas!     

Así que, con ilusión, (y confiando sobre todo en la Gracia), voy esforzándome por mejorar en todo ello, (sobre todo en mi modo de hablar y expresarme, que a pesar de toda mi buena voluntad, produce a veces malentendidos), y pedírselo por misericordia al Señor.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de noviembre («Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia», Mt 5, 7), la de octubre («Porque no nos dio el Señor a nosotros un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad y de templanza», 2 Tm 1, 7) y la de septiembre («Siendo libre de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más que pueda», 1 Co 9, 19):

 

1.-        “estaba ahora escuchándote en Radio María tu programa de los jueves, y he visto oportuno contarte una experiencia concreta de hace apenas unos días: vi una foto comentada por WhatsApp de una mamá del colegio de cuando nuestros hijos eran pequeños y "me quedé mosca", así que la respondí y le dio alegría y quedamos para tomar un café, (llevábamos sin vernos 6 años o así).

Efectivamente ella ha sufrido en este tiempo una enfermedad que la limita físicamente, estuvimos charlando animadamente toda la tarde, y lo pasamos genial. Fue estupendo ese encuentro. Me sentí muy bien, y seguiremos viéndonos para pasar más tardes conversando.

Gracias por tus testimonios de PdV. Me hacen mucho bien.

 

2.-        “sirvió de mucho tu homilía de ayer sobre la perseverancia. Sobre todo lo que dijiste a continuación: “hay que perseverar haciendo el bien”. 

Ahora me doy cuenta que a veces sí persevero en la oración, pero tras escucharte me daba cuenta que lo hacía quejándome, sintiéndome mal... ni rastro de "hacer el bien" en mi perseverancia.

Más bien todo lo contrario, dejándome llevar por el desánimo acababa enfadada, desanimada... o peor aún, no hacía nada, con lo que el trabajo se me iba acumulando. 

Cierto es, hay que perseverar pero no de cualquier manera, sino haciendo el bien. Gracias por tus palabras.

 

2.-        “estuve en un congreso de la Hospitalidad de Lourdes. Todas las ponencias fueron muy buenas, una en especial me llegó al alma: un sacerdote que contaba su vida de cuando estaba en el hospital. Narraba casos de conversiones, bautizos, confesiones... Aunque no estuviera de guardia, él iba cuando le llamaban. Como si fuera Jesús.

Mientras, yo recordaba casos de mi trabajo en el hospital: un día llegó a planta un chico que estaba muy grave, había tenido un accidente. Yo lo recibí. Venía muy agitado, insultando a todos, (cosa muy normal en muchos casos). Yo lo coloqué bien en la habitación, mientras veía a su madre llorar por las palabras de su hijo, ya que él nunca se comportaba así. Dejé al chico con una compañera y yo salí al pasillo con la madre. Se desahogó conmigo mientras yo la escuchaba atentamente.

Estuvo mucho tiempo en el hospital y, cuando le dieron el alta, si la madre me veía por la calle, en seguida me saludaba y se agarraba a mí, mientras decía a los demás… que yo les había estado cuidando en el hospital. A mí me daba vergüenza: yo lo había hecho porque era mi trabajo y simplemente hacía lo que pensaba que me gustaría que hicieran conmigo. Aún tenemos relación. Ahora la mamá es mayor, pero la sigo llamando y antes de la pandemia quedé con ella y con una hija.

 

2b.-     Otra vez, en el parte de quirófano, vi el nombre de un Obispo y le reservé una habitación. Por la tarde me llamaron y me dijeron que me iban a subir tres enfermos. Yo expliqué que tenía disponibles solo dos camas, pues una estaba reservada. Mi compañera se enfadó porque no le había dado el justificante. Yo la dije que no se preocupara que al día siguiente se lo bajaría.

Yo nunca había tenido un enfermo de "esa categoría" y para mí fue ponerme en la presencia del Señor, (aunque para mí todos los enfermos eran importantes), y cuando a los dos días salió de la UVI, le preparé la habitación, le di los buenos días, le pregunté cómo había descansado...: traté de hacerlo todo con delicadeza. Hablábamos un poco. Cuando se marchó, me dio las gracias y me dijo que me nombraba "enfermera episcopal". Me quedé paralizada, me sonrojé y me emocioné. 

 

2c.-      Otro día, estando en el turno de noche, llegó un señor mayor, había tenido un accidente y venía solo. Me dio tanta pena que estuve toda la noche pendiente de él, era de un pueblo de otra provincia. Cuando término mi turno, me fui a dormir: no podía, pensado en él. Al día siguiente me tocó el turno de tarde, entré a verle y estaba su esposa, hablé un poco con ella y me fui hacer otras cosas. Al poco rato vino a preguntarme dónde había un hotel para quedarse. Había uno cerca y le indiqué cómo llegar, pero no entendía mis explicaciones. Me ofrecí a acompañarla en cuanto acabara mi turno, pero me inquietaba que se quedara sola y que al día siguiente no supiera volver al hospital. Yo no estaba tranquila y pensé en llevarla a mi casa, aunque no sabía cómo decírselo a mi madre, así que pensé: "Señor, Tú sabrás".

Finalmente se la presenté a mi madre y estaba encantada. Cuando vivía mi padre en mi casa eso era normal. La señora estaba angustiada y con cara de pena. No quiso cenar. Le hice la cama, la dejé toallas para que se pudiera duchar y le dije que descansara que se levantara cuando quisiera. Yo tenía turno de mañana y cuidaría de su marido. Cuando me levanté ella ya lo estaba y había hecho la cama, pero no quiso desayunar. Solo quería estar con su marido. Cuando llegamos a la habitación él estaba consciente y se quedaron juntos. A media mañana me presentó a su hijo y a su nuera y me contó la aventura que habían pasado: tuvieron un accidente viniendo. Un coche les deslumbró y fueron a la cuneta. Les encontró la policía. Fueron a comprar ropa, pero habían perdido la cartera y yo me ofrecí a prestarles algo de dinero. Me dijeron que, si no me importaba, mientras cuidaba a su padre, ellos se llevaban a comer a su madre. Cuando regresaron, el médico dio de alta al enfermo, así que regresaban a casa.

Vinieron a darme las gracias por todo y me trajeron un detalle, porque nunca habían visto una conducta igual. Yo les dije que no había hecho nada más que mi trabajo, pero me dijeron que les había tratado como si fueran de mi familia. Me costaba aceptar el regalo, pero insistieron. Abrí el paquete: era una muñeca preciosa. Fue el regalo más bonito de mi vida. Cada vez que lo veo me emociono.

 

 

 

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martes, 1 de noviembre de 2022

BIENAVENTURADOS LOS MISERICORDIOSOS

 PALABRA DE VIDA                                 noviembre 2022

 


 

«Bienaventurados los misericordiosos,

porque ellos alcanzarán misericordia»

(Mt 5, 7)

 

En el Evangelio de Mateo, el discurso de la montaña va tras el inicio de la vida pública de Jesús. La montaña se considera el símbolo de un nuevo monte Sinaí, en el que Cristo ofrece su «ley» como nuevo Moisés. El capítulo anterior habla de grandes masas que comenzaron a seguir a Jesús y a las cuales Él dirigía sus enseñanzas. En cambio, este discurso lo dirige Jesús a sus discípulos, a la comunidad naciente, a los que más tarde serían llamados cristianos. Jesús presenta el «reino de los cielos», núcleo central de su predicación (cf. Mt 4, 23; 5, 19-20); y, dentro de este, las bienaventuranzas representan su manifiesto programático, el mensaje de la salvación, una «síntesis de toda la Buena Nueva, que es la revelación del amor salvífico de Dios»[1].

 

«Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia».

 

¿Qué es la misericordia? ¿Quiénes son los misericordiosos? La frase comienza por la palabra «bienaventurado/s»[2], que significa feliz, afortunado, y adquiere también el sentido de ser bendecido por Dios. En el texto, entre las nueve bienaventuranzas, esta se encuentra en el lugar central. Las bienaventuranzas no pretenden representar comportamientos que son objeto de premio, sino auténticas oportunidades para ser un poco más parecidos a Dios. En particular, los misericordiosos son aquellos que tienen el corazón lleno de amor a Él y a los hermanos, un amor concreto que se inclina hacia los últimos, los olvidados, los pobres, hacia quienes necesitan este amor desinteresado; de hecho Misericordia es uno de los atributos de Dios[3]; Jesús mismo es misericordia.

 

«Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia».

 

Las bienaventuranzas transforman y revolucionan los principios más comunes de nuestro modo de pensar. No son simples palabras de consuelo, sino que tienen el poder de cambiar el corazón, tienen la capacidad de crear una nueva humanidad, hacen eficaz el anuncio de la Palabra. Es necesario vivir la bienaventuranza de la misericordia también con nosotros mismos, reconocernos necesitados de ese amor extraordinario, sobreabundante e inmenso que Dios tiene por cada uno de nosotros.

La palabra misericordia, rahamim en hebreo, deriva del hebreo rehem, vientre materno, y evoca una misericordia divina sin límites, como la compasión de una madre por su niño. Es «un amor que no mide, abundante, universal, concreto. Un amor que tiende a suscitar la reciprocidad, que es el fin último de la misericordia. […] Así pues, si hemos sido víctimas de alguna ofensa o de alguna injusticia, perdonemos y se nos perdonará. ¡Seamos los primeros en tener piedad, compasión! Aunque parezca difícil y audaz, preguntémonos ante cada prójimo: ¿cómo se comportaría su madre con él? Es un modo de pensar que nos ayuda a entender y a vivir según lo que Dios quiere»[4].

 

«Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia».

 

«A los dos años de matrimonio, nuestra hija y su marido decidieron separarse. La acogimos de nuevo en nuestra casa, y en los momentos de tensión procurábamos quererla con paciencia, comprensión y perdón en el corazón, mantener una relación de apertura para con ella y su marido, y sobre todo esforzándonos en no juzgar. Al cabo de tres meses de escucha, ayuda discreta y mucha oración, se volvieron a juntar con consciencia, confianza y esperanza renovadas»[5].

Y es que ser misericordiosos es más que perdonar. Es tener un corazón grande, tener prisa por borrarlo todo, por quemar completamente todo lo que pueda obstaculizar nuestra relación con los demás. La invitación de Jesús a ser misericordiosos consiste en ofrecer un camino para acercarnos de nuevo al designio originario, de modo que podamos transformarnos en aquello para lo que hemos sido creados: para ser a imagen y semejanza de Dios.

 

LETIZIA MAGRI

 



[1] C. Lubich, Palabra de vida, noviembre 2000, en Ciudad Nueva n. 370 (11/2000), p. 24.

[2] Cf. C. Lubich, Palabra de vida, enero 2004: Ciudad Nueva n. 370 (11/2000), pp. 24-25.

[3] En hebreo hesed, es decir, amor desinteresado y acogedor, dispuesto a perdonar.

[4] C. Lubich, Palabra de vida, noviembre 2000, en o. cit., p. 25.

[5] Experiencia tomada de la web: www.focolare.org.