jueves, 28 de julio de 2016

COMPRENSIVOS UNOS CON OTROS

VIDA DE LA PALABRA                      últimas semanas de JULIO

Una de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a lo cotidiano la Palabra de vida de julio («Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo», Ef 4, 32), la de junio («Vivid en paz unos con otros», Mc 9, 50) y la de mayo («Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo, y Él, “Dios-con-ellos”, será su Dios», Ap 21, 3):
1.-        Compré mi último billete de tren cercanías. Eran 10 viajes, pero luego estos días varias veces me han recogido en coche y llevado “de puerta a puerta” (y otro día me tuve que llevar el mío): al final, me iban a sobrar 5 viajes y no quería desperdiciarlos. Pensando a quién le podían venir bien, me acordé de un joven matrimonio de recién casados, (llegados a España hace pocos días, con beca para estudios) y están viviendo también en el entorno del Centro Mariápolis; yo había oído que el marido tenía que ir casi todas las tardes a Madrid para preparar sus oposiciones.
            Al acabar la Misa en la capillita del Centro Mariápolis, le pregunté a ella. Su respuesta, primero asombrada y luego emocionada: “mi marido ya tiene billete para todo el mes, pero yo precisamente empezaré un pequeño trabajo en Madrid dentro de unos días; anteayer se me extravió mi billete de tren y, como no podemos andar con gastos, le pedí al Señor y a la Virgen que lo recuperara: me han respondido a través de ti; ¡gracias!”.


Algunas de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a lo cotidiano la Palabra de vida de julio («Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo», Ef 4, 32), la de junio («Vivid en paz unos con otros», Mc 9, 50) y la de mayo («Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo, y Él, “Dios-con-ellos”, será su Dios», Ap 21, 3):
1.-        “vivimos contigo este momento de corte que Jesús te ha pedido: hoy entendí que te ibas no sólo de vacaciones, sino a otra parroquia. Nosotros también estamos haciendo la experiencia de "cortar" y de dejarlo todo: hace solo dos semanas que llegamos a España, pero esto solo para decirte que te aseguramos nuestra unidad por una realidad que vivimos juntos.
Ya nos contarás luego todas las experiencias lindas que Jesús te tiene preparadas. Ahora nosotros te contamos la del día de hoy: y es que desde nuestra
llegada, todos los días hemos sentido a Jesús dándonos un regalo, un buen rumbo es el del boleto del tren 😊
¡Esperamos que algún día puedas venir a comer en casa!
Hoy es el aniversario de muerte de la focolarina dueña del apartamento donde vivimos… y antes de morir lo dejó a disposición de la Obra de María para quien lo necesitase, diciendo que en particular ¡¡le encantaría que alguna familia de recién casados, (x el hecho de que el espacio es adecuado hasta para 3 personas), pueda vivir ahí!! Hoy que fuimos a misa en el Centro Mariapolis, le pedimos… poder quedarnos hasta febrero ¡¡y en la tarde nos llamó un focolarino para decir que… si estamos a gusto en este apartamento, podemos quedarnos hasta febrero!!
Cada providencia que hemos recibido desde nuestra llegada nos hace creer con más convicción en el "pedid, que se os dará"

2.-        “y para el final dejo lo más importante: comentar lo de tu situación personal. He leído con mucho interés cada una de tus palabras, que siempre son meditadas y justas. 
         Ahora me toca corresponderte, sin llegar a ser capaz de desatar la correa de tu sandalia... te diré sinceramente lo que pienso: 
Ese " único corazón" que formasteis durante estos años en esa casa paso a paso, [vuestra casa se llama, no en vano, “Cor Unum”], se ha hecho tan grande que ya no tiene sitio allí, se ha multiplicado tanto, tanto, que necesita SALIR. Habéis dado tanto que en cada rincón  de España y más allá... habéis dado vida a muchos corazones que estaban sin latir, vuestro oxígeno puro, cien  por cien, les ha llenado de vida y ahora laten, contagiando también  a otros corazones.
Estoy segura que en tu nuevo destino, te llegará la misma fuerza que nos ha llegado de ti, para que ese gran corazón  que formasteis y que sigue vivo para la eternidad, seguirá  multiplicándose donde Dios quiera, donde Dios te necesite, donde hagas falta. 
La fuerza del amor es invisible y, a veces, dolorosa, pero, cuando se supera la Cruz, se transforma en energía gozosa. Imagino lo que has pasado. Adelante, querido hermano y amigo, nuestros corazones están y van contigo!!

3.-        “esta vez te cuento de mi hijo de 21 años: al regresar volvía con unas zapatillas rotas que además yo no conocía y le dije que cómo iba así (tenían un gran agujero). Me dijo que uno de sus amigos le había dicho: “qué zapatillas tan bonitas llevas” (y estaban nuevas) y mi hijo sin pensarlo dos veces le dijo que se las cambiaba



Si quieres leer más experiencias similares, 
de gente de todo el mundo,
puedes encontrarlas “pinchando” AQUÍ  y otras también AQUÍ

N.B.: tú también puedes compartir las experiencias
que, por gracia de Dios, hayas podido realizar
poniendo en práctica el Evangelio;
“pincha” aquí abajo en “comentarios” y escríbela;
o, dado que en algunos navegadores eso no funciona,
mándamela por  correo-e.


domingo, 24 de julio de 2016

INSIEME SUL TRENO


Oltre l’anonimato delle grandi città
Testimonianza


Uno dei problemi delle metropoli come Madrid, è la mancanza di comunicazione.
Ogni giorno migliaia di persone prendono i mezzi pubblici e affollano le grandi stazioni, ma nessuno parla con l’altro. Neanche si osa guardare in faccia le persone che si hanno accanto, perché impegnate a leggere il giornale, ad ascoltare musica o a parlare al cellulare.
Ho deciso, allora, di cominciare a salutare la gente, come si usa fare in quei piccoli villaggi dove vivevo anni prima e, anche se per natura sono molto introverso, saluto qualsiasi persona incontro per strada, alla stazione ferroviaria, durante i miei quotidiani viaggi in treno dalla Cittadella dove abito a Madrid.
Il primo saluto, mi costa sempre tanta fatica. La gente all’inizio si meraviglia ma poi, di solito, gradisce. Magari saliamo insieme sul treno o
c’incamminiamo insieme parlando.
Così, dopo tre anni, sono circa 200 le persone con cui ho instaurato un dialogo.
Certo non sempre la cosa funziona: alcuni quando mi vedono, abbassano la testa o prendono un’altra strada. Ma in genere vengono fuori bellissime esperienze.
La prima persona che ho salutato era una signora. Quattro giorni dopo ho potuto amministrare il sacramento dell’unzione degli infermi a suo papà. Subito dopo mi ha chiesto: “Ma perché quel giorno mi ha salutata?” e io le ho risposto: “Perché credo nella fraternità universale, poiché Gesù ha chiesto «Che tutti siano uno»”. E lei: “No; forse perché Dio voleva preparare bene mio padre per questo momento. Da oggi, se qualcuno mi dirà che Dio non esiste, mi metterò a discutere con lui!”. Questa fu per
me la conferma che bisogna essere attenti al prossimo che Dio ci mette davanti nell’attimo presente e non lasciarcelo sfuggire. Quella signora mi ha portato poi a conoscere tutte le sue compagne di lavoro ed in seguito ho presieduto la celebrazione del matrimonio di sua sorella e battezzato la bambina.
Nella cappella del nostro Centro Mariapoli, la mamma di una ragazza mi ha raccontato di un fatto accaduto a sua figlia: «Un giorno se ne era andata a lavorare arrabbiata contro Dio, ma quando tornò a casa mi disse: “Mamma, sai cosa mi è successo? In stazione ho incontrato un signore che mi ha salutata, abbiamo viaggiato insieme parlando di tante cose, ed era un prete!”». Per quella ragazza, questo era un segno che Dio le veniva incontro. Mi hanno così invitato più volte a pranzare con loro, a benedire la loro casa e mi hanno poi presentato ai loro vicini. Questi, anche se la moglie appartiene alla Chiesa ortodossa russa, mi hanno chiesto di benedire la loro casa e più volte sono rimasto a cena da loro.
Un giorno c’era uno sciopero e si doveva aspettare per parecchio il treno. Due bambini e il loro papà erano annoiati dalla lunga attesa. Mi sono messo allora ad insegnare loro delle canzoni coi gesti. Il giorno dopo, i piccoli hanno convinto il papà a venire a trovarmi. Da allora, ogni sabato vengono alla nostra Messa e hanno voluto che fossi io ad amministrare la prima comunione alla figlia.
Alcune persone che da anni erano vicini di casa, o altri che da tempo si erano incrociati alla stazione o avevano viaggiato sullo stesso treno, non si erano mai conosciuti. Sono stato io a presentarli l’uno all’altro! Alcuni sono diventati oggi amici inseparabili.
Nascono rapporti molto belli anche con chi non crede. Un signore, “agnostico di sinistra” (così lui stesso si definiva nella prima mail), mi ha sentito raccontare che da bambino avevo desiderato uno Scalextric (gioco di macchinette), e che dopo aver risparmiato per ben due volte i soldi necessari, li avevo donati per i missionari. Il giorno dell’Epifania ho visto arrivare un grande pacco, anonimo. Era quel gioco; provvidenziale perché proprio in quei giorni avevo assunto l’impegno di animare un gruppetto di bambini.
Sono consapevole che queste belle cose sono frutto della vita di famiglia con i sacerdoti con cui abitiamo e anche con altri sacerdoti con i quali ci raduniamo ogni lunedì per fare fraternità e condividere ogni cosa; ma sono anche frutto della vita d’unità con i focolarini e le famiglie che abitano attorno a noi, nella piccola cittadella di testimonianza del Movimento dei focolari, alle porte di Madrid.

“C’è una via… La sfida dei rapporti”,
Testimonianza di Paco-T. della Spagna
Congresso internazionale di seminaristi

Castel Gandolfo, 2–4 gennaio 2009

Articolo similare in spagnolo: saludos en el tren


SALUDOS EN EL TREN

Han sido once años y medio tomando a diario los laborables el tren de cercanías, (y caminando previamente desde nuestra casa “Cor Unum” a la estación) y, al llegar, caminando desde Charmartín.
        He conocido mucha gente en esas caminatas y, sobre todo, en la estación y en el tren. Y la mayoría han sido bonitas experiencias.
       Un amigo se entretuvo en recoger algunas de las de los primeros años, (extrayéndolas de mis correos-e. en los que mando la Palabra de Vida y las experiencias -la Vida de la Palabra-, que hace pocos años también empecé a colgar en este blog), y elaborar este artículo que en marzo de 2008 publicó la revista mensual Ciudad Nueva. Como conclusión de esta etapa de la vida, ante mi traslado, lo comparto contigo y te lo ofrezco. "Que sea siempre todo solo para mayor gloria de Dios", (como siempre añade mi madre en todo):


Saludos en el tren
Javier Rubio

De la vida misma La incomunicación en las grandes urbes es cosa habitual, pero hay quien tiene el coraje de ir a contracorriente.

“Había una vez...”, así tengo que empezar, porque lo que voy a contar tiene algo de fábula, o sea, fabuloso; como los cuentos, cuyo recurso literario es sorprender al lector.

Un problema de las grandes urbes, quizás el primero, es la incomunicación: muchas personas y cada una a lo suyo. Pues bien, el reto que se plantea cada día Paco, nuestro personaje, es alterar el orden comunicativo establecido, o mejor, incomunicativo.

Empieza así: «Aunque me da verdadero “corte” acercarme de primeras a alguien que no conozco, voy saludando a la gente en la estación y en el tren. Muchas caras se repiten cada día. En Chamartín empecé a saludar a un señor que acabó ofreciéndome trabajo para mi hermano». Una vez le había contado que su hermano es informático, y el buen hombre, que resultó ser director general de una gran empresa, le ofreció trabajo para cualquier
informático que Paco conociera. «A mi hermano no le hizo falta –sigue Paco–, pero le he mandado varios currículos, y entre ellos el de una chica a la que también conocí en la estación, una vez que tuve que esperar un buen rato en la cola. Ayer me volví a encontrar con el señor y me dijo que había entrevistado a la chica y que la iba a contratar. Al rato, me llamó ella para decírmelo». Haz el bien, y no mires a quién.

 «Esta “locura” de procurar saludar a gente desconocida –concluye– produce frutos materiales, en algunos casos, y espirituales, espero que en todos». Frutos materiales como por ejemplo... «Esperando el cercanías, llegaron dos personas a las que yo saludaba hace tiempo. Como otras veces cuando veo a varias, las presenté. Una es madre de cuatro pequeños, la otra iba a ser abuela. Ya sentados en el tren, mientras yo saludaba de nuevas a un señor y lo introducía en la conversación, la mamá ofreció a la futura abuela todos los útiles para bebés: bañera, cambiador, etc. Y el domingo se presentó en su casa con el coche cargado de cosas». La Providencia actúa; buena conclusión. Y frutos espirituales... «Otra vez, esperando el tren, di los buenos días a una persona que ya había visto varias veces». Tres días después se la volvió a encontrar y lo saludó de un modo especialmente alegre: «Me dijo que quería ir con sus padres a la misa que celebro los sábados, y efectivamente ese sábado estaban ahí los tres». Después de la misa, la madre desveló la causa de la alegría de su hija, y seguramente ésta se sintió un poco incómoda. ¡Ay, las madres! «Al parecer –sigue Paco– habían tenido una conversación en estos términos: “¿Por qué a nosotros, que intentamos ser buenos –decía la hija–, nos va todo mal, mientras que a la gente despreocupada de la fe y del bien le salen las cosas? ¿Para qué tanto rezar?”; y había amenazado a su madre con romperle todas las estampas de santos. El día después, al regresar del trabajo, llegó muy serena y le dijo a su madre: “¡Mamá, no sabes lo que me ha pasado! Me han saludado en la estación y luego hemos hablado durante todo el viaje: ¡era un cura católico!”. Por lo visto para ella fue la confirmación de que Dios no les había abandonado. Y para mí, la confirmación de ese “sígueme” que Jesús me dice en cada instante. ¡Menos mal que le hice caso!».

 No lo habíamos dicho, pero está claro que nuestro personaje es sacerdote. Se confiesa “forofo” de la Palabra de vida y asegura que da sentido a su vida: «Aquella semana hubiera podido calificarla “de infarto”. Tendría que haberme estresado, preocupado y hasta angustiado en muchas circunstancias. Pero me puse “a la escucha” y en seguida me venía a la mente: “Él todo lo ha hecho bien...”. ¿Todo? Entonces, ¡plena confianza en Él! Por tanto, este horario podré cumplirlo, esto seré capaz de prepararlo, esto encontraré quién lo solucione... Me volvía la paz y trataba de transmitirla, aunque la situación fuese apurada. Creo que así logré afrontar las situaciones y amar a las personas. Y la verdad, me sentí toda la semana como en una luna de miel, bajo la paterna mirada de Dios».

 A veces, la labor pastoral de Paco se presenta accidentada: «Aquella fue una boda complicada. Los novios ya vivían juntos y había que hacerles comprender que Dios no ve así las cosas; pero tampoco podía dejarlos mal. Tenía que amarlos para que descubrieran positivamente la gracia del sacramento. Por otra parte, había que dejar bien al párroco del lugar, que sigue unas normas estrictas, y a la vez conseguir que la gente gozara de una liturgia bien vivida y participada». De manera que se plantó en el momento presente sin agobios y se dejó inspirar por la Palabra de vida de ese mes (amar a todos, benevolencia, misericordia) y el resultado fue inesperado: «A los novios, en privado y preparando la ceremonia, les presenté la gracia del sacramento, y creo que lo entendieron. Al párroco lo dejé en buen lugar comentando lo bien cuidada que estaba la iglesia y cuánto participaba la gente. Los novios y sus padres estaban felices». Luego lo llamó el párroco, y Paco recuerda que «yo me temía una reprimenda por haber sido condescendiente, por permitir música en la celebración, etc. Pero no; me dio las gracias».

 Volvamos al tren... «Una de las veces –dice Paco– por lo visto debí de contar que de pequeño me hubiera gustado tener un scalextric». De hecho el chico ahorró durante varios años, pero cuando ya tenía casi todo el dinero, lo dio para las misiones. Y es que sus padres solían hablar de lo mal que lo pasan niños de otros lugares, y con mucha pedagogía, a juzgar por el efecto. «Creo que volví a ahorrar por segunda vez –añade–, y lo volví a donar». De
modo que le echó imaginación al asunto: «Pegando varias cartulinas pinté un circuito y en cartón dibujé varios “fórmula 1”. ¡Mi hermano y yo disfrutábamos un montón!». Pues bien, la persona a quien le contó el episodio se quedó impresionada y lo invitó a conocer a su familia. Cuando fue a visitarlos, como era cerca de Navidad, Paco les llevó un Niño Jesús de esos que elaboran los gen4 para recordar quién es el protagonista de las fiestas (cfr. campaña "Han desalojado a Jesús"). El día de Reyes, cuando volvió a casa, se encontró con un paquetón y una nota: «Por una frase supe quién había “escrito” por mí a los Reyes Magos: “creemos que serás feliz haciendo que otros disfruten también de lo que el paquete contiene, p. ej. esos niños que hacen figuras del Niño Jesús como la que nos has regalado”. ¡Vaya, los Reyes me habían dejado un scalextric!».

 Cuando estos retazos de vida se comparten, el efecto se multiplica. Y nuestro cura, además de relacionarse cara a cara, también lo hace cibernéticamente, que es lo que hoy se lleva. O sea, que usa el correo electrónico. Envía a mucha gente la Palabra de vida, les cuenta episodios como los que recogemos aquí, y a veces hay confidencias de mucho calado. Pero sobre todo motiva a sus interlocutores a vivir y contar lo que viven.

 Una vez le llegó este correo electrónico: «Cuando trabajas en otra ciudad, acabas conociendo y saludando al conductor del autobús y al grupo de limpiadoras que también tienen que viajar. Un día, el conductor, que es marroquí, me comentó que tenía que arreglar sus documentos del carnet de conducir. Yo me informé y le dije los pasos a seguir, pero él reconoció con pena que su horario de trabajo no le permitía hacer las gestiones. Así que se las hice yo. Quiso pagarme, pero no le dejé. Y como quería mostrarme su agradecimiento, cuando anunció por el altavoz la parada en la que suelo descender, añadió: “aquí se baja la mejor notaria del mundo”; y acto seguido todo el grupo de limpiadoras lo corroboró con un gran aplauso, secundado por todo el autobús. “¿Por qué aplaudimos?”, preguntó un hombre a su mujer. “Tú aplaude y calla”, sentenció ella».


 ¿No es desconcertante? Me pregunto cómo puede uno estar en medio del mundo, codo a codo con la gente que te rodea, y al mismo tiempo sumido en la contemplación de las cosas más elevadas. Conciliar ambos extremos es atractivo porque es un reto.


J. RUBIO, artículo “Saludos en el tren”, en Revista Ciudad Nueva, marzo 2008




Un año después, me pidieron contar algo similar en un encuentro; para quien entiende el italiano, aquí puede leer aquella intervención, en la que narré otras experiencias de aquellos años, siempre relacionadas con el tren: El desafío de relacionarse



viernes, 15 de julio de 2016

PARA TENER MISERICORDIA, NO JUZGAR

Aunque sea verano, no hay que dejar nunca de practicar la Palabra. Aquí tienes unos textos para reforzar la de este mes de julio, (aparte de que durante el mes a menudo la releas y medites):



NO JUZGUÉIS…

…todos queremos que en el Juicio Final “el Señor nos mire con benevolencia, que el Señor se olvide de tantas cosas feas que hemos hecho en la vida”… “Si tú juzgas continuamente a los otros, con la misma medida serás juzgado”...
“Mírate en el espejo, pero no para maquillarte, para que no se vean las arrugas. No, no, no, ese no es el consejo. Mírate al espejo para ver cómo eres. ‘¿Por qué miras las brizna que hay en el ojo de tu hermano y no te fijas en la viga que tienes en el tuyo’? ¿Y cómo nos califica el Señor cuando hacemos esto? Una sola palabra: hipócrita, quita antes la viga de tu ojo y entonces verás bien para quitar la brizna del ojo de tu hermano”.
… “parece que el Señor se enfada un poco aquí” y llama hipócrita a aquel que se pone “en el lugar de Dios”. Se trata de algo que quiere el demonio, como ya hizo con Adán y Eva: “ponerse en el lugar de Dios”…
Por eso es tan feo juzgar. ¡El juicio sólo es de Dios, sólo es suyo! A nosotros nos corresponde el amor, la comprensión, rezar por los otros cuando vemos cosas que no son buenas, pero también hablarles a ellos: ‘mira, yo veo esto y quizás…Pero nunca juzgar. Nunca. Esto es hipocresía”.
Cuando uno juzga “nos ponemos en el puesto de Dios” pero “nuestro juicio es un pobre juicio” y “nunca puede ser un juicio verdadero…”.
“¿Y por qué el nuestro no puede ser como el de Dios? Porque  a nuestro juicio le falta la misericordia. Y cuando Dios juzga, juzga con misericordia…”

PAPA FRANCISCO, Homilía matutina en Misa capilla Sta. Marta, 20 junio 2016





CALLAR LO QUE PUEDE DIVIDIR

“San Ambrosio reprochó que la virtud del silencio no consiste en el no hablar, sino en saber callar, y en saber hablar a tiempo.
¿Os parece a vosotros, que se respeta esta virtud si, en cada momento y con una impasibilidad creciente, nos comunicamos sin ninguna discreción, por ejemplo, el espectáculo del dolor, buscándolo más bien, incluso instigándolo con todos los recursos? 
Tengo que hacer callar todo en mí para descubrir la voz de Dios
Y hace falta extraer esta voz, como se aparta un diamante del barro: limpiarla, exhibirla y dejarse conducir de ella.”


SERGIO ZAVOLI, Comunicare, ma con quali parole?



miércoles, 13 de julio de 2016

EL AMOR RECÍPROCO, CREADOR DE PAZ

VIDA DE LA PALABRA               primeras semanas de JULIO

Algunas de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a lo cotidiano la Palabra de vida de julio («Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo», Ef 4, 32), la de junio («Vivid en paz unos con otros», Mc 9, 50) y la de mayo («Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo, y Él, “Dios-con-ellos”, será su Dios», Ap 21, 3):
1.-        Más que una experiencia mía, lo que te cuento son muchas experiencias que muchos han realizado hacia mí. Estos días los focolarinos y focolarinas y algunos de la comunidad han hecho un trabajazo impresionante recogiendo y vaciando nuestra casa, llamada Cor Unum, (al sitio donde iré tengo que llevarme poco más que mi ropa personal y libros). Ha sido un auténtico regalo de inmenso amor de ellos (¡de Dios a través de ellos!), pues me agobiaba bastante solo pensar en esa tarea. La verdad es que estos meses, (estaba sólo como sacerdote desde diciembre), se han ocupado de que no me cansase mucho, con mil detalles, entre ellos invitándome unos y otros (y algún otro amigo/a, que son verdaderos hermanos/as) también a menudo a comer y cenar.
            A la vez ha sido un desprenderse y un bonito desapego total de tantas que el Señor (muchas a través de tantos de vosotros) ha ido haciendo llegar para ir adecentando en estos once años y medio la casa. Ahora tocaba “dar gratis, lo que gratis recibisteis”.
            En referencia a la casa misma, mi madre no hace más que repetir, (y yo me uno de corazón, no solo al edificio en sí, sino al designio de Dios sobre su finalidad), parafraseando a Job: “Dios te (os) lo dio, Dios te (os) lo quitó: ¡bendito sea el nombre del Señor!”. Ya conoces la preciosa historia de providencia y comunión de bienes que tiene detrás la casa. Ahora nos la conservará esa familia. Veremos dentro de 3 ó 4 años que dispone Él en su Providencia amorosa.
            Es que Dios sale al paso continuamente: mientras todavía sigo las últimas semanas en el trabajo de estos trece años, estoy desde el lunes en un piso cercano que también han preparado los focolarinos mientras yo estaba la primera semana del mes fuera. Antes de ello, (y ahora después), unos vecinos amigos me han dejado la llave de su jardín para que pueda entrar a nadar en su piscina, (sabiendo que me encanta y que lo necesito por salud). Muchos otros me han ofrecido para estas semanas sus casas, incluso algunos trayéndome unas llaves.
            Esa semana que he estado con mi madre, fui con ella a llevar a mi sobrino a casa de mi hermana en la provincia donde ellos viven. Nos íbamos a quedar un par de días para no hacer el viaje seguido, pero tampoco más porque su vivienda es muy pequeña ya simplemente para ellos 4: al saberlo unos amigos míos de aquí que tienen allí justo en el piso de arriba otra casa y precisamente se iban esa tarde que nosotros llegamos, nos dejaron la llave para que pudiéramos quedarnos el resto de la semana.
            “Quien deja… casa…, hermanos… por Mí y por el Evangelio… encontrará cien veces más… casas…, hermanos y hermanas…"


Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de vida de julio («Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo», Ef 4, 32), la de junio («Vivid en paz unos con otros», Mc 9, 50) y la de mayo («Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo, y Él, “Dios-con-ellos”, será su Dios», Ap 21, 3):
1.-        “quería también contarte una "cosecha" que dejaste aquí en nuestra ciudad, aunque solo estuvieras unas horas...
El fin de semana pasado, hizo la comunión el sobrino de mi marido. Decidimos obviar todo el “mal rollo” que hay hacia nuestra familia y la discriminación, (llevamos al menos 2 años tratando de amarles en primera persona, sin juzgar...), quizás lo percibiste en el bautizo...
Pues volviendo a la primera Comunión, decidimos regalarle cosas espirituales, y le regalamos una cruz para colgar, el libro "Las
Virtudes", de Ciudad Nueva, y el “dado del amor”.
¿Cuál fue nuestra sorpresa?: cuando vio el dado y vio escrito en él lo de “amar a todos”, “amar al enemigo”, etc... dijo: "esto fue lo que Paco explicó en el bautizo del primo". Para nosotros, fue algo hermoso... porque el niño captó algunas ideas... Mi marido estaba muy contento... porque a pesar de lo que lleva sufrido, es como un soplo de aire nuevo

2.-        “leyendo como siempre la PdV y las experiencias. Cada vez que las leo me fortalecen. Fíjate que cuando estoy algo depre, molesta o simplemente alejada, busco rapidito tus correos, leo un poco y es como remedio santo. De verdad eh!!!
Así que…, te vas ahora. Yo que ya te había… identificado con las Mariápolis. Comprendo que nada es nuestro y que el Señor es el que tiene la palabra SIEMPRE



Si quieres leer más experiencias similares, 
de gente de todo el mundo,
puedes encontrarlas “pinchando” AQUÍ

N.B.: tú también puedes compartir las experiencias
que, por gracia de Dios, hayas podido realizar
poniendo en práctica el Evangelio;
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viernes, 1 de julio de 2016

EN PAZ Y CON PAZ

VIDA DE LA PALABRA                 últimas semanas de JUNIO
Algunas de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la vida diaria la Palabra de junio («Vivid en paz unos con otros», Mc 9, 50) y la de mayo («Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo, y Él, “Dios-con-ellos”, será su Dios», Ap 21, 3):
1.-        Tenía yo que decirle un encargo a una monjita, pero no me acordaba de su nombre aunque la veo a menudo, (todo el mundo les dice “hermana”, y punto). Pensé que la Palabra de Vida me pedía algo más: así que, recordé que tenía apuntado su nombre. Di un rodeo, subí, busqué y encontré después de un rato. Pude llamarla por su nombre.

2.-        Hay una persona que siempre habla como airadamente, con aspavientos. Y más cuando alguien le pregunta algo, (ciertamente él sabe mucho). Siempre he preferido no preguntar y menos en estos casos. De hecho, desde hace años no lo hago. Pero recordando la paz de la que habla la Palabra del mes, pensé que era una oportunidad de relación, de valorar su saber… aunque yo saliera “escaldado”.
Así que fui con  toda la discreción y humildad. Le planteé las dos cuestiones. Para mi sorpresa, me contestó, además de acertadamente, con amabilidad y como tratando de buscar entre ambos lo más correcto en cada tema.
El Señor me dio la lección de que a veces no hago lo suficiente para tender puentes de paz y unidad.

3.-        Como ya has ido intuyendo “entre líneas” en estos últimos correos-e… Este verano me trasladan.
Anoche dormí por última vez en nuestra Casa “Cor Unum”, (al menos durante unos años, pues en breve la ocupará una familia numerosa), y esta mañana celebré en su capillita por última vez la Misa antes de retirar el Santísimo y quedar desacralizada. No simplemente han sido once años y medio desde aquel nueve de marzo de dos mil cinco; no solamente han sido muy bonitos momentos de unidad entre los 4 que habitualmente vivíamos ahí entre aquellos muros (y los tantos que sumaban tan a menudo unas horas, unos días o varias semanas) y las horas en la capilla, sobre todo desde que he quedado solo. Estos meses, sobre todo el último, han sido una oportunidad de vivir la experiencia de Abraham, “nuestro padre en la fe”: no sólo se le pidió que sacrificara a su hijo, sino que, lo más tremendo, era que Dios le pedía que sacrificara la promesa (que pasaba por su hijo) que Él mismo le había hecho. A mí se me pedía, (como al capitán que se espera el último en el barco, llevo solo en casa desde diciembre), también perder todo, incluso el mismo designio que Chiara Lubich había intuido para la casa. Y también, dejar todo y empezar de cero. Como sabes, al final unos y otros me dejaban en plena libertad de decisión y elección, cuando yo siempre he preferido obedecer. Ese riesgo, también me suponía vaciarme de todo y la posibilidad de quedar mal con muchos, de un lado o de otro. Al final, he comprobado que el Señor ha escuchado la oración que a mudo le hacía desde mis tiempos de Seminario: “vacíame de todo y lléname sólo de Ti”. ¡Y se lo ha tomado muy en serio!, (pues así me he sentido prácticamente en todos los ámbitos). Muchos me habéis acompañado muy de cerca con la oración estos meses, (y sobre todo estas semanas con las diversas posibilidades de ir a un sitio u otro, para tratar de discernir bien,
pues lo único que yo quisiera es hacer solo y en todo la Voluntad de Dios; y que todo sirva para mayor gloria de Dios solo). Doy gracias de corazón a Dios y a cada uno por la cercanía y tantas oraciones. Siempre he preferido obedecer: en los anteriores cambios, nunca pedí nada; a todo dije que sí. Esta vez me dejaban todos en total libertad: había que elegir (cosa que para mí nunca se me dio bien: siempre he tenido indiferencia, ¡esperemos –al menos así lo pretendía yo– santa). Entre los vaivenes de unos días una posibilidad más fuerte que otra, la zozobra interior era grande: ¿miedo a “meter la pata”?, dudas, ¿temor de quedar mal con unos o con otros?...
Al final, tras hablar con muchos y, sobre todo, tratar con los que tienen responsalidades conmigo o sobre mí…, tratando de que “donde dos o más…” sea Jesús, con su Espíritu Santo, el que hablara… Ha sido una experiencia fuerte (y de desvelos más frecuentes todavía de los habituales) y la paz que prometía la Palabra de Vida asomaba no claridad hasta ayer tarde. Aunque seguiré trabajando todavía este tiempo como los últimos 13 años, desde el uno de octubre me tendrás a tu disposición y viviendo en la Parroquia “Virgen del Camino”, de Collado Villalba (Madrid), y atendiendo el nuevo hospital de esa ciudad, sin dejar de ocuparme, (al menos las cosas principales, los “servicios mínimos”), del “Centro Mariápolis” de Las Matas.


Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de vida de junio («Vivid en paz unos con otros», Mc 9, 50), la de mayo («Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo, y Él, “Dios-con-ellos”, será su Dios», Ap 21, 3) y la de abril («Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a Mí me lo hicisteis», Mt 25, 40):
1.-        “muchas gracias. Mis propias intervenciones a mí no me han gustado, pero a la gente, sí. Como en principio no me apetecía ir, dije: “Jesús, lo hago por Ti. Al menos quítame todo afecto desviado y exagerado”


2.-        “…trato de vivir respondiendo con amor y olvidando ofensas; olvidar el resentimiento y ayudar y ser justo.
Un arquitecto quería  imponerme una obra que superaba mi posibilidad económica  Y gracias a Dios me libre de él; ya hice la obra y todo se va resolviendo: veo la mano de Dios en mis problemas.
Hacía13 años que no  hablaba con una prima a quien había favorecido yo, pero ella lo veía al revés. Por sorpresa me llamó. Y la atendí como si nada hubiese pasado y sus desplantes perdonados: se ha restablecido la relación…

3.-        “[de un buen amigo, pastor reformado suizo]: «Cuando tenía 18 años, me hacía muchas preguntas sobre el sentido de la vida. Me preguntaba qué estudios emprender. Estaba muy aferrado a la Filosofía y a la Literatura, pero lo que buscaba no era sólo la sabiduría. También quería conocer a Dios. Me inscribí en la Facultad de Teología. Me atraía el estudio de la religión y pensaba que encontraría mi camino en la Teología. Pero a medida que avanzaba, aumentaban los interrogantes. Después de 10 meses me había vuelto ateo. Un día entré en una iglesia y dejé escrita mi rebelión en el atril: “¡Dios no existe!”. Entonces decidí dejar de estudiar, pero seguí haciéndome preguntas. Tiempo después, un amigo me invitó a participar en un encuentro en Aix-en-Provence, en una facultad de Teología protestante. Allí Dios me esperaba. Me impresionó la atmósfera de fraternidad que se vivía en ese encuentro. A la noche, me arrodillé en mi habitación y sólo una palabra salió de mi boca: “perdón”. Estaba sorprendido: ¿a quién dirigía esa palabra? En el fondo sabía por qué la había pronunciado: en esa época había entrado en conflicto con muchas personas y había herido a bastantes de ellas.
Regresando a casa fui a visitarlas para pedir “perdón”. Cada vez era una experiencia nueva, de luz. Sentía que Cristo me esperaba en los demás, sobre todo en los más débiles. A partir de allí busqué un contacto con otros cristianos. Hasta ese día había vivido por mi cuenta. Ahora descubría la luz de Jesús Resucitado que ilumina a quienes se reúnen en Su nombre.

La Palabra de Vida mensual como “luz en mi camino” (Salmos 119,105), me ha guiado desde hace unos veinte años. Se trata de tomar un versículo de la Biblia, meditarlo y profundizarlo durante todo el mes, pero sobre todo, de tratar de vivirlo en la vida cotidiana y compartir los frutos con los demás. En las parroquias donde he ejercitado mi ministerio he propuesto vivirla así: y renueva la parroquia
[La intervención integral se puede leer en francés en su blog].

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PACTO DE MISERICORDIA

PALABRA DE VIDA                        julio 2016
«Sed buenos, comprensivos,
perdonándoos unos a otros
como Dios os perdonó en Cristo»
(Ef 4, 32)

No hay nada más bello que oír que nos dicen: «Te quiero». Cuando alguien nos quiere, no nos sentimos solos, caminamos seguros, podemos afrontar incluso dificultades y situaciones críticas. Si además el quererse se vuelve recíproco, la esperanza y la confianza se refuerzan, nos sentimos protegidos. Todos sabemos que para crecer bien, los niños necesitan estar rodeados de amor, de alguien que los quiera. Pero esto es cierto a cualquier edad. Por eso la Palabra de vida nos invita a ser «buenos» los unos con los otros, o sea, a querernos; y nos pone de modelo a Dios mismo.
Precisamente su ejemplo nos recuerda que quererse no es un mero sentimiento; es un «querer el bien del otro» muy concreto y exigente. En Jesús, Dios se acercó a los enfermos y a los pobres, sintió compasión por la multitud, tuvo misericordia con los pecadores y perdonó a quienes lo habían crucificado.
También para nosotros querer el bien del otro significa escucharlo, demostrarle una atención sincera, compartir sus alegrías y sus pruebas, preocuparse de él, acompañarlo en su camino. El otro no es nunca un extraño, sino un hermano, una hermana que es parte de mí, a quien quiero servir. Todo lo contrario de lo que sucede cuando percibimos al otro como un rival, un competidor, un enemigo, y llegamos a desearle el mal, a machacarlo, a eliminarlo incluso, tal como, por desgracia, nos cuentan las crónicas de cada día. Aun sin llegar a tanto, ¿no nos sucede también a nosotros que acumulamos rencor, desconfianza, hostilidad o simplemente indiferencia o desinterés hacia personas que nos han perjudicado, que nos resultan antipáticas o que no pertenecen a nuestro círculo social?
Querer el bien los unos de los otros –nos enseña la Palabra de vida– significa tomar el camino de la misericordia, dispuestos a perdonarnos cada vez que nos equivocamos. A este respecto, Chiara Lubich cuenta que, al principio de la experiencia de su nueva comunidad cristiana, había hecho un pacto  de amor recíproco con sus primeras compañeras para poner en práctica el mandato de Jesús. Y a pesar de ello, «sobre todo al principio, no siempre era fácil para un grupo de chicas vivir la radicalidad del amor. Éramos personas como las demás, aunque sostenidas por un don especial de Dios; y también entre nosotras, en nuestras relaciones, podía depositarse polvo, y la unidad podía languidecer. Ocurría, por ejemplo, cuando nos dábamos cuenta de los defectos e imperfecciones de los demás y los juzgábamos, de modo que la corriente de amor mutuo se enfriaba.
»Para reaccionar a esta situación, un día pensamos en sellar entre nosotras un pacto, al que llamamos “pacto de misericordia”. Decidimos ver cada mañana al prójimo con quien nos encontrábamos –en el focolar, en clase, en el trabajo, etc.– verlo nuevo, totalmente nuevo, sin recordar en absoluto sus tachas ni sus defectos, sino cubriéndolo todo con el amor. Y acercarnos a todos con una amnistía completa del corazón, con un perdón universal. Era un compromiso fuerte, que adquirimos todas juntas y que nos ayudaba a ser siempre las primeras en amar, a imitación de Dios misericordioso, el cual perdona y olvida»[1].
¡Un pacto de misericordia! ¿No podría ser este un modo de crecer en bondad?





[1] C. Lubich, El amor al prójimo, charla a un grupo de musulmanes, Castel Gandolfo, 1-11-2002.



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