VIDA DE LA PALABRA últimas semanas de ENERO
Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de enero («Amarás al Señor tu Dios… y a tu prójimo como a ti mismo», Lc 10, 27) y la de diciembre («Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros», 1 Ts 5, 16-18):
1.- Ha habido multitud de pequeñas oportunidades que,
aunque sean una minucia, “nada hay pequeño de lo que hagas por amor”, te
comparto alguna de ellas.
Siendo
la Semana de Oración por la unidad de los Cristianos, recordé que hay una
cafetería regentada por personas ortodoxas, así que fui una mañana a saludar y
tomar algo. Les dio mucha alegría y me invitaron. Estuvimos charlando
amigablemente un ratillo y me dijeron que fuera más a menudo y que, una de esas
veces, bendijera el local.
1b.- Por la apretura de horarios, me es difícil acudir a
compromisos imprevistos. Una mañana me escribe un whatsapp un religioso
comunicando, (aunque nos conocemos poco), que había fallecido su padre. Además
de rezar en ese momento por su padre y mandarle un mensaje de condolencia a él,
intuí por su mensaje como que esperaba que fuese yo al tanatorio. No podía yo
ir a concelebrar con él por absoluta dificultad de mi horario y ese día el único
rato que tenía yo, (cené a las 24:00), era nada más que el de después de comer,
(ya me gustaría en otras ocasiones similares al menos disponer de ese rato,
pero a veces ni eso, y menos cuando hay muchos kilómetros; y he quedado mal con
gente, aunque no ha faltado mi oración en la distancia).
Así que, me propuse ir, aunque me iba a tragar el atasco de la
operación salida, (de hecho los poco más de 20 minutos de coche se convirtieron
casi en el doble; a mi vuelta hubo también, pero no tanto).
Es una obra de misericordia, un acto de amor, rogar por los difuntos,
aunque lo podía hacer desde donde yo estuviera, pero también el acompañar a la
familia. Su cuñada se sorprendió gratamente; su hermano, el marido de esta,
(ateo), no tanto, y lo agradeció mucho y estuvo muy amable. Y él se sintió
acompañado y me pidió que dirigiera yo un rato de oración ante el difunto.
Volví contento.
Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de enero («Amarás al Señor tu Dios… y a tu prójimo como a ti mismo», Lc 10, 27), la de diciembre («Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros», 1 Ts 5, 16-18) y la de noviembre («Pues todos sois hijos de la luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas», 1 Ts 5, 5):
1.- “…gracias por lo que me mandas, pues me ayuda mucho a ir
adelante y las experiencias me hacen vivir y estar atenta…”.
2.- “…ayer, mientras trabajaba… alguien… me dijo: “uffff,
esa postura que tienes es perjudicial para el cuello: deberías colocar algo
debajo del ordenador para que esté más alto y la pantalla quede a la altura de
los ojos”.
Agradecí…
y… fui en busca de una caja para elevar el portátil. Ciertamente, al trabajar
con la pantalla a una altura más adecuada, mi cuello lo agradeció.
Hoy,
he vuelto a colocar el ordenador, utilizando esta vez dos paquetes de folios
como soporte. Mientras miraba la pantalla recordé el salmo que leí ayer:
"portones, alzad la cabeza, va a entrar el Rey de la Gloria". También
resonaban en mi mente las palabras de Santa Teresa: “La puerta para entrar en
el castillo es la oración”.
¡Ahí
estaba la clave! ¡Ahora lo entendí!: yo también necesitaba un soporte. Un
soporte para abrir la puerta del castillo y dar la bienvenida al Rey.
Lo
tenía, pero por alguna razón, lo había descuidado abandonándolo. Es por ello
que, a pesar de mis esfuerzos, no lograba abrir la puerta. Como los niños, que
necesitan ser levantados para alcanzar el pestillo.
Al
haber retirado ese apoyo de mi vida, me sentía desanimada y melancólica últimamente, como Sansón sin
fuerza, a pesar de tener como él, el pelo largo.
¿Qué
hacer? Sencillo: recuperar el soporte, retomar la oración como mi tocaya
sugería.
Eso
voy haciendo poco a poco. Además de retomar la lectura diaria de la Biblia y
conversar con el Padre, empleo diversos “brazos” que he descubierto a lo
largo de mi vida, similares a la ayuda que
los niños reciben para alcanzar lugares altos: en este momento, estoy
entusiasmada escuchando las conferencias de Juan Manuel Cotelo, las cuales me
ayudan a reflexionar a la par que me hacen reír. También he retomado otras escuchas
anteriores, como “Rezando Voy”. Como dice alguna lectura de las leídas, voy
mezclando, fusionando, lo antiguo con lo nuevo.
Dos por uno, con ambos soportes, (folios y oración), voy notando mejoría en el cuello y en mi alma…”.
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