jueves, 3 de julio de 2014

YO EN MEDIO DE VOSOTROS

VIDA DE LA PALABRA segunda mitad de JUNIO
Mis y vuestras (entremezcladas esta vez)… EXPERIENCIAS (mejor dicho, una única experiencia subdividida en mil facetas) tratando de vivir la  Palabra de Vida de junio (“«Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» Mt 28, 21):
1.-        Será por vivir en todo el mundo esa Palabra de Vida, será por ser el mes del Corazón de Jesús, será por… pero lo cierto es que junio ha sido un mes especialmente precioso, y no sólo por la peregrinación a Tierra Santa y por celebraciones de aniversario sacerdotal.
            Cada encuentro con una persona, cada confesión… yo trataba de ser más consciente de esa su promesa ("Yo estoy con vosotros"). Había ratitos que me emocionaba, pues lo que decían unos u otros, o el ejemplo que me daban, o su fidelidad y delicadeza para con Dios y con los demás… era realmente como si me hablara Él o me corrigiera o me animara o me iluminara por dónde seguir creciendo. Incluso con 3 ó 4 personas, (alguna vez por descuido mío, ¡nunca por pretenderlo!), parecía que se había enfriado o incluso estropeado la amistad…, pero buscando el diálogo, pidiendo perdón y creyendo en la misericordia del otro… al final, en cambio, la relación de amistad ha salido purificada y reforzada, y se nota más que "donde dos o más están unidos, allí estoy Yo…".

2.-        El haber estado en los Santos Lugares me hace ahora meditar el Evangelio más "visualmente", lo mismo que rezar el Rosario… Ya te conté alguna de mis impresiones; añado aquí un detalle aparentemente marginal, pero que me hizo mucho bien. El guía nos paró en una tienda de diamantes (por lo visto Israel es famoso por tallarlos). Al bajar del bus, un matrimonio me dice: "a nosotros no nos hace falta, ¿verdad? Ya tenemos un diamante". Otro matrimonio luego me dice: "se refieren el uno al otro, ¿no? ¡Qué bonito!". Pero les contesto:
"ciertamente lo son el uno para el otro; pero se refiere a otro "Diamante": a "Jesús en medio" de "dos o más unidos en su nombre…", como Tesoro y centro del Castillo Exterior": "Tú, Señor, eres mi único Bien".
Ya en la tienda… este otro matrimonio… el marido pretendía regalarle un diamante a su esposa y ella no quería: ¡fue un "show" él y el vendedor "persiguiéndola" por toda la tienda...! Y este estaba "alucinado", pues siempre es al revés: la mujer suplicándole al marido que le compre un diamante u otra piedra preciosa. Todo ese dinero (aparte de otro que ya traían reservado para ello) se lo dieron a los focolarinos que vinieron a hablarnos la última noche; me decían: "seguro que les vendrá bien a ellos y a las comunidades que atienden; y así tenemos un "tesoro" en el cielo, ¿verdad?". Y al Diamante más cerca de ellos, y de unos y otros. "He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo". Por otra parte, los cristianos allí están relegados y marginados por todos, y si no fuera por gestos como esta, y por comprar en tiendas de ellos la artesanía religiosa… porque la colecta del Viernes Santo por los Santos Lugares… muchas veces se olvida.

3.-        La celebración en Las Matas de las bodas de diamante sacerdotales de José y mías de plata ha sido un auténtico "derroche" de cariño, detalles y horas por parte de todos. Por lo visto, ¡cuántos ratos previos ideando con ilusión, perdiendo la propia idea y acogiendo la del otro todos a una, proponiendo, discurriendo en unidad… Y eso se notaba, ¡y mucho! ¡Hasta las cosas "hablaban" de la presencia de Jesús!: antes de empezar la Misa,
 llegando al Centro Mariápolis, experimenté (quizá más palmariamente que nunca) lo que mucha gente (sobre todo niños) dicen: "al entrar aquí parece que entras en otro mundo, que todo te envuelve". ¡Ciertamente!, porque "yo estaré con vosotros…" y "donde dos o más están unidos... allí estoy Yo…". El salón abierto al hall y las sillas perfectamente alineadas (¡luego supe el esfuerzo y los diálogos que requirió!) hablaba ya de una presencia: ¡Jesús en medio! Lo mismo el comedor: elegancia exquisita plasmada en la sencillez ¡con platos y vasos de plástico! Y en la capilla las albas perfectamente alineadas y dobladas en los bancos para que luego nos revistiéramos los concelebrantes. Todo “hablaba”: todo gritaba “amor”; amor concreto de tantos y, (detrás de ello), amor de Dios por mí y por todos.

3b.-     Antes de la celebración subí a la estación de cercanías a recoger a mi hermana y mi sobrina (dieron muchas vueltas y cambios hasta tomar el tren correcto). Y al llegar, me encuentro a una amiga ucraniana, que venía también a participar, pero que ya no sabía hacia dónde dirigirse… Así que no salía de su asombro cuando oyó su nombre y me vio… para ella fue providencial: "Yo estaré con vosotros".

3c.-      Era la primera vez que mis padres (él lleva 20 días bastante delicado, con sus 13 años de parkinson) no estaban en un acontecimiento familiar. Y eso nos hizo a todos los hijos tener la emoción a flor de piel, (mejor dicho "a flor de garganta y de ojos"), como me pasó en el saludo inicial y un par de veces en la homilía, o a mi hermana en el texto que leyó al acabar la Misa agradeciendo a Dios por su "hermanito mayor"; o los 2 parrafillos que leyeron mis sobrinos, agradeciendo a Dios que el tío Paco juega con ellos y les hace cosquillas; luego cantaron una canción mis hermanos, sobrinos y mi cuñada, precisamente el salmo "Tú, Señor, eres mi Bien", sin saber ellos que, añadiendo (aunque en sí va implícito), "único", (mi único Bien), es algo que repito a menudo (aprendido de Chiara Lubich) y me ayuda a situar la "brújula" del corazón en la auténtica dirección, eliminando apegos: “¡Tú, Señor, eres mi único Bien!”.
Y después, de parte de mi madre, rezaron la "oración de la familia" (que recita ella siempre que nos reunimos). Al final (¡menos mal que no me la leyeron al principio…!) me dieron la notita de mi madre diciéndome que, en el último momento antes de salir, veía que era Voluntad de Dios quedarse con papá (a pesar de que hay una persona de confianza que lo cuida): "Paco, recuerda que siempre he dicho al Señor que eres más suyo que mío. Estaré todo el día muy unida a ti. Que todo sirva para su gloria y que le seamos fieles toda la familia en cada momento. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores".

3d.-     El clima de fraternidad luego en la sencilla comida, entremezclados familia, "familia espiritual", amigos de parroquias anteriores, amigos más recientes… fue a decir de unos y otros espectacular. Nuevas amistades entre todos, compartir alegrías y proyectos habiéndose conocido minutos antes... De hecho, al acabar la Misa les dijimos que un buen regalo era precisamente que se conocieran entre unos grupos y otros y compartieran entre ellos, y los que conocían las instalaciones del Centro Mariápolis, se las enseñaran en grupitos a los demás...
            Y después de la sobremesa, de nuevo en el salón, un juego de los jóvenes: la sala subdividida en 2 equipos que tenían que adivinar si cada pregunta que aparecía en pantalla se refería a José o a mí (¡aunque alguna era a ambos!); todos reímos como niños. Después, sorpresa: en pantalla fueron apareciendo brevísimos videos o  mensajes escritos (con foto) de tantos amigos que no podían estar (desde Sevilla, Valencia, Murcia… desde Colombia, Loppiano, Rocca di Papa, Costa de Marfil…). La famosa, (hilarante también), "poesía de la carcajada" compuesta para José hace años. Y, para finalizar, un "power point" con fotografías de toda la vida de José (y de fondo la música de "Vieni e seguimi" y "Servo per amore", del GenRosso) y de mi vida (con la canción "Come il pellicano", homenaje del GenVerde a los sacerdotes en el Año Sacerdotal).

7.-        Muchos ecos hubo luego, de palabra o por correo, whatsApp o sms… Tantos han afirmado que en esas horas han notado la presencia de Dios, se han encontrado con Él. Vale este como muestra de muchos.: "…no te puedes ni imaginar el bien que me hizo ir a la celebración de tus bodas de plata sacerdotales. Me emocionó toda la referencia familiar: el ejemplo de tus padres, la oración de tu familia, la música, y el agradecimiento de tus hermanos y hasta lo de que seas el mayor (como yo lo soy, es algo que me interpela). Me voy a regalar esta noche la lectura de tu homilía, que tanto me gustó...
            Me encantó ir al Centro Mariápolis, pues ya hacía unos años que no tenía oportunidad de acercarme.
            ¡Un regalo del cielo contigo como instrumento!
            La verdad es que todo cuadró muy bien porque, además, conseguimos llegar a tiempo luego a...  Mi marido, que andaba preocupadillo por eso, me comentó que se había quedado  encantado de haber ido."

8.-        Y casi como si se tratara de una conclusión del mes y de todas estas celebraciones, (aunque en mi pueblo haremos otra el domingo 6 para que puedan estar mis padres y otros familiares y amigos), anteayer estuve en una ordenación sacerdotal en la catedral de Toledo, justamente donde fui ordenado el día 9 hará los 25 años. Siempre es precioso y emocionante poder revivir y renovar todo en una ceremonia similar, ¡pero más por la significación del aniversario!

            Y, en la Consagración…, me emociona (y no me acostumbro) cada día, sí, pero más cuando es cantada, como anteayer, (¡y con las magníficas bóvedas góticas como caja de resonancia a la voz de más de 100 sacerdotes!) y más por ser justo casi 25 años después
de haber pronunciado yo por primera vez "esto es mi Cuerpo… esta es mi Sangre…" ¡y allí!…, el abundante incienso ascendente que se mezclaba con los rayos de luz del mediodía radiante que las vidrieras dejaban entrar… y en el los instantes de la elevación, la trompetería suave del imponente órgano del emperador que ponían melodía al silencio sagrado... Todo como si Jesús me quisiera recordar, (como cada día pero más que nunca), que "Yo estoy con vosotros siempre, pero sobre todo aquí y… a través de ti", (aunque yo sea un desastre y un pecador). Él, el Amor de los amores, para llenar nuestro corazón y, así, recíprocamente podamos querernos fraternalmente con ese Su mismo Amor, como hijos del mismo Padre, y así pueda el estar entre “dos o más…”. "He aquí que Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo".

miércoles, 2 de julio de 2014

PEDIR EN SU NOMBRE

PALABRA DE VIDA              julio 2014
 
«Os digo, además, que
si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra
para pedir algo,
se lo dará mi Padre que está en el cielo.
Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre,
allí estoy Yo en medio de ellos»
(Mt 18, 19-20)

         Esta es, a mi juicio, una de esas palabras de Jesús que estremecen el corazón. ¡Cuántas necesidades en la vida, cuántos deseos lícitos y buenos que no sabes cómo satisfacer, que no puedes saciar! Estás profundamente convencido de que solo una
intervención de lo alto –una gracia del cielo– podría concederte lo que anhelas con todo tu ser. Y entonces oyes repetir de la boca de Jesús, con espléndida claridad, con una certeza inquebrantable, llena de esperanza y de promesa, esta palabra:

«Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

         Habrás leído en el Evangelio que Jesús recomienda en varias ocasiones la oración y enseña a obtener. Pero esta oración en la que nos fijamos hoy es realmente original, pues para poder obtener una respuesta del cielo, exige varias personas,
una comunidad. Dice: «Si dos de vosotros». Dos. Es el número más pequeño para formar una comunidad. O sea, que a Jesús no le importa el número sino la pluralidad de los creyentes.
         Como sabrás, también en el judaísmo es sabido que Dios aprecia la oración de la colectividad. Pero Jesús dice algo nuevo: «Si dos de vosotros se ponen de acuerdo». Quiere varias personas, pero las quiere unidas, pone el acento en su unanimidad: quiere que formen una sola voz.
Deben ponerse de acuerdo sobre qué pedir, ciertamente; pero esta petición debe apoyarse sobre todo en una concordancia de los corazones. Lo que Jesús afirma, en realidad, es que la condición para obtener lo que se pide es el amor recíproco entre las personas.

«Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

         Te podrás preguntar: «Pero ¿por qué las oraciones hechas en unidad tienen mayor efecto ante el Padre?»
         Quizá el motivo sea que están más purificadas. Pues ¿a qué se reduce en
muchos casos la oración sino a una serie de requerimientos egoístas que recuerdan a mendigos ante un rey más que a hijos ante un padre?
         En cambio, lo que se pide junto con los demás está ciertamente menos contaminado por un interés personal. En contacto con los demás uno es más propenso a oír también las necesidades de ellos y a compartirlas.
         No solo eso, sino que es más fácil que dos o tres personas comprendan mejor qué pedirle al Padre.
         Así pues, si queremos que nuestra oración sea atendida, es mejor atenernos exactamente a lo que Jesús dice, o sea:

«Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

         El propio Jesús nos dice dónde radica el secreto de la eficacia de esta oración: este radica enteramente en el «reunidos en mi nombre». Cuando estamos así unidos, entre nosotros está su presencia, y todo lo que pedimos con Él es más fácil de obtener. Pues es Jesús mismo, presente donde el amor recíproco une los corazones, quien pide con nosotros los favores a su Padre. Y ¿puedes imaginarte que el Padre no escuche a Jesús? El Padre y Cristo son un todo.
         ¿No te parece espléndido todo esto? ¿No te da certeza? ¿No te da confianza?

«Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

         Ahora seguramente te interesará saber qué quiere Jesús que pidas.
Él mismo lo dice claramente: «cualquier cosa». O sea, que no hay ningún límite.
         Pues entonces, incluye esta oración en el programa de tu vida. Puede que tu
familia, tú mismo, tus amigos, las asociaciones de las que formas parte, tu patria o el mundo que te rodea carezcan de innumerables ayudas porque tú no las has pedido.
         Ponte de acuerdo con tus allegados, con quienes te comprenden o comparten tus ideales, y, una vez dispuestos a amaros como manda el Evangelio, tan unidos como para merecer la presencia de Jesús entre vosotros, pedid. Y pedid lo más que podáis: pedid durante la asamblea litúrgica; pedid en la iglesia; pedid en cualquier lugar; pedid antes de tomar decisiones; pedid cualquier cosa.
         Y sobre todo no dejéis que Jesús quede defraudado por vuestra negligencia después de haberos dado tantas posibilidades.
         La gente sonreirá más; los enfermos tendrán esperanza; los niños crecerán más protegidos y los hogares familiares más armoniosos; se podrán afrontar los grandes problemas en la intimidad de las casas… Y os ganaréis el Paraíso, porque orar por las necesidades de los vivos y de los difuntos es además una de esas obras de misericordia que se nos pedirán en el examen final.

jueves, 26 de junio de 2014

FRATERNIDAD SACERDOTAL

UN "REGALO" INESPERADO

A la misma hora en que estábamos celebrando la Misa
 en acción de gracias por nuestro 25 y 60 aniversario de ordenación sacerdotal,
 el Papa Francisco en Calabria dirigía su palabra
 a un nutrido grupo de sacerdotes. 
Breve y precioso discurso que, como algunos nos habéis dicho, 
parece especialmente dirigido para nosotros, 
como un regalo de la Divina Providencia a través del Vicario de Cristo.
Os lo copio a continuación:
En primer lugar me gustaría compartir con vosotros la alegría de ser sacerdotes, la sorpresa siempre nueva de haber sido llamado, de ser llamado por el Señor Jesús. Llamado a seguirlo, para estar con Él, para ir a los demás llevándoles a Él, su palabra, su perdón... No hay nada más hermoso para un hombre que esto, ¿no es así? Cuando nosotros sacerdotes estamos delante del sagrario, y nos detenemos allí un momento, en silencio,  entonces sentimos la mirada de Jesús de nuevo sobre nosotros, y esta mirada nos renueva, nos reanima...

Claro, a veces no es fácil mantenerse delante del Señor; no es fácil porque estamos atrapados por tantas cosas, por tanta gente...; pero a veces no es fácil porque sentimos un cierto desasosiego, la mirada de Jesús nos preocupa un poco, también nos pone en crisis... ¡Pero esto nos hace bien! En el silencio de la oración, Jesús nos hace ver si estamos colaborando como buenos trabajadores, o tal vez nos hemos convertido un poco en “empleados"; si somos "canales" abiertos, generosos, a través de los cuales fluye abundante su amor, su gracia, o si nos ponemos en el centro, por lo que en lugar de ser "canales" nos convertimos en "pantallas" que no ayudan al encuentro con el Señor, con la luz y el poder del Evangelio.

Y la segunda cosa que quiero compartir con vosotros es la belleza de la fraternidad: del ser sacerdotes juntos, de seguir al Señor no solos, no uno a uno, sino juntos, a pesar de la gran variedad de los dones y de la personalidad; es más, precisamente esto enriquece el presbiterio: esta variedad de orígenes, edades, talentos... Y todo vivido en la comunión, en la fraternidad.

Tampoco es fácil esto, no es inmediato, ni se da por descontado. En primer lugar, porque
 también nosotros los sacerdotes estamos inmersos en la cultura de hoy subjetivista, esta cultura que exalta el ego hasta idolatrarlo. Y luego, a causa de un cierto individualismo pastoral que por desgracia está muy extendido en nuestras diócesis. Así que tenemos que reaccionar a esto con la elección de la fraternidad. Intencionadamente hablo de "elección". No puede ser algo por casualidad, por las circunstancias favorables... No, es una elección, que corresponde a la realidad que nos constituye, al don que hemos recibido, pero que siempre hay que acoger y cultivar: la comunión en Cristo en el presbiterio, en torno al obispo. Esta comunión requiere ser vivida buscando formas concretas adecuadas a los tiempos y la realidad del territorio, pero siempre en perspectiva apostólica, con estilo misionero, con fraternidad y sencillez de vida. Cuando Jesús dice: "En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos con los otros" ( Jn 13,35), lo dice ciertamente para todos, pero en primer lugar para los Doce, para los que ha llamado a seguirlo más de cerca.

La alegría de ser sacerdotes y la belleza de la fraternidad. Estas son las dos cosas más importantes que sentía más importantes pensando en vosotros. Una última cosa que menciono solamente: os animo en vuestro trabajo con las familias y para la familia. Es una obra que el Señor nos pide realizar en este tiempo particular, que es un momento difícil tanto para la familia como institución, como para las familias, debido a la crisis. Pero justo cuando es difícil el momento, Dios hace sentir su cercanía, su gracia, la fuerza profética de su Palabra. Y nosotros estamos llamados a ser testigos, mediadores de esta cercanía a las familias y de esta fuerza profética por la familia.

PAPA FRANCISCO, Discurso a los sacerdotes en la visita pastoral, Calabria sábado 21 junio 2014 a las 12:00
(traducción mía)

lunes, 23 de junio de 2014

HOMILÍA BODAS DE PLATA SACERDOTALES

Muchísimas gracias de corazón (también de parte de José) a todos y cada uno de los que habéis participado el sábado directamente en la preparación y en el desarrollo de la Misa de acción de gracias por sus 60 años de sacerdocio y por mis 25, y a todos los que os habéis hecho presentes de mil modos con vuestra oración (¡las primeras, las comunidades de monjas de clausura!), vuestro sufrimiento ofrecido por amor (¡tantos imprevistos de última hora!), vuestras llamadas, sms, correos-e., whatsApp, cartas, paquetes, mensajes de video (o escritos) en el "sorpresivo" power point final… Ya os iré respondiendo poco a poco a cada uno.
                Creo, de verdad, que la Palabra de Vida del mes, ("he aquí que Yo estaré con vosotros todos los días…"), se ha podido "respirar" y casi "masticar" en toda la jornada (y lo que la precedió y prosiguió). 
                Dado que muchísimos me habéis pedido la homilía del sábado (aunque la mayor parte de su "efecto" era sin duda el clima sagrado y de presencia de Jesús en medio de "dos o más unidos en su nombre…"), aquí os la copio (que también sea todo y sólo para gloria de Dios). Y rezad mucho por nosotros para que vivamos todo lo que decimos, todo lo que esperáis y habéis dicho de nosotros…; en definitiva, todo lo que Dios quiere.

Bodas diamante y plata sacerdotales
Madrid 12-VI-1954       -       Toledo 9-VII-1989

Centro Mariápolis "Luminosa"
Ciudadela "Castillo Exterior" - Las Matas (Madrid)
21 junio 2014

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del Profeta Jeremías 1, 4-10    (Lee Fernando, hermano de Paco)
Salmo responsorial Sal  22, 1-3a. 3b-4. 5. 6: El Señor es mi Pastor, nada me falta   (Lee Cristina: sobrina de Paco y ahijada de Confirmación)
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 31 - 13, 13   (Lee Jesús, hermano de José)
Lectura del santo evangelio según san Juan 17, 20‑26    (Proclama Manuel-Mª. Bru)

HOMILÍA

{ [Añadido improvisando, previo a lo preparado]: "La Palabra de Dios es viva y eficaz". No tenía previsto empezar así la homilía, pero las lecturas, el salmo y el Evangelio recién proclamados me han hecho emocionarme. Siempre que doy Ejercicios aquí, digo que Dios no se repite, que "Dios hace nuevas todas las cosas" y, por tanto, cada texto de su Palabra nos es dicho hoy. Y si decimos, "eso ya lo leí; aquello me suena", le estamos "tapando la boca al Espíritu Santo". En este contexto, con todos vosotros y celebrando este acontecimiento, cada una de las lecturas me han hecho emocionarme, ¡eran nuevas!, me ponían los pelos de punta. Aunque fueran escritas hace siglos, realmente nos las está diciendo a todos nosotros hoy el Señor, porque Él resucitó y vive hoy, y su Espíritu Santo cada día impulsa a su Iglesia.}

1.-          No queremos robarle nosotros el protagonismo a Jesús. Él es el Sumo y eterno sacerdote (esa Misa estamos celebrando). Y, además, "donde dos o más están unidos en Mi Nombre, allí estoy Yo en medio de ellos…" por eso hemos querido celebrarlo juntos, aunque exactamente tu aniversario, José, fue el día 12, y el mío lo será el próximo día 9. No queremos ser protagonistas ni él, ni yo; ni siquiera los sacerdotes: que sea Jesús en medio de nosotros unidos por el amor recíproco el protagonista de esta jornada, hoy y siempre.
          No es que nosotros nos hayamos mantenido 25 ó 60 años, sino que es Él quien ha sido fiel a nosotros, a través de nosotros y a pesar de nosotros.

                Decía Paco Sánchez Abellán, un sacerdote focolarino de Murcia: "dejad que os alaben, 'recoged' todo, sí, (que seguramente os lo están diciendo con todo el cariño), pero sin quedaros con nada, pasadlo todo inmediatamente a la Virgen diciendo desde vuestro interior: "las flores, a María"."

                Por tanto, todo lo que digamos o digan de nosotros, todo este día, es sólo para descubrir detrás de cada cosa y cada palabra que Dios es Amor y nos ama a todos inmensamente .

2.-.         Jeremías: "Desde el seno materno te elegí... y te consagré…". Todos  y cada uno de los que estamos aquí, hemos sido pensados por amor desde toda la eternidad por Dios. Todos hemos sido llamados, "vocacionados", a ser hijos suyos, a realizar una misión y a ser santos.
-              En el "seno materno te consagré"… auténticamente. Tu familia, José, piadosa: siempre nos recuerdas que rezabais el rosario juntos en familia. Y que vuestros padres os hicieron de maestros en casa, sin llevaros a la escuela, con tal que en esta no os quitaran la fe, en aquellos tiempos de revolución y luego guerra fratricida.
                Mi familia, comprometida desde siempre en mil (¡y no sería exagerado el número!) tareas eclesiales y en dar a conocer a Jesús a otras familias y a toda persona
que el Señor pusiera en el camino. Todavía mi padre, incluso enfermo, con quien se
encuentra, en seguida lo invita a una reunión parroquial o una entrevista. Y muestra de ello, con parkinson desde hace 10 años, mi padre, aunque esté "muertecico" de hambre, antes de empezar a comer, nos ofrece su comida: ¡y hasta sus medicinas! ¡Lo que siempre ha hecho! Nos lo han dado todo, quizá quitándoselo de su propia boca y no nos hemos dado cuenta. Se envejece como se ha vivido.

-              Vocación sacerdotal: "desde el seno materno te llamé". José recuerda, ¿verdad?, hasta el trozo de acera en Estrecho, el barrio de Madrid, donde casi con sus  
propios oídos a sus 11 añitos llegó a oír la llamada del Señor y entró al Seminario de Madrid al año siguiente.
                Yo, siempre tímido e indeciso, después de una peregrinación a Santiago de Compostela, tras mucho darle vueltas durante todo el curso de COU, entré en el Seminario de Toledo aun sin saber bien si mi vocación era ser sacerdote diocesano, fraile o monje.
                Quien quiera detalles, que luego nos pregunte en la comida, en el pasillo o en la fiesta. Una historia preciosa de Amor de Dios con cada uno.

3.            "Si no tengo caridad, de nada me sirve…" nos ha repetido hoy San Pablo en la segunda lectura.
-              Lo habíamos visto en nuestras familias… pero nos llamó la atención en la 
Obra de María, en el movimiento de los focolares, que se convirtió en nuestra segunda vocación. Y su llamada a la unidad, (palabra con la que se puede resumir su carisma), al "que todos sean uno", la base luego de nuestra vida humana, cristiana y sacerdotal.
                En los años 60 los primeros focolarinos que vinieron a Madrid fueron a "aterrizar" en la demarcación de tu parroquia, José. Siempre nos recuerdas la impresión que te hicieron estos jóvenes vivaces que reflejaban a Dios en el rostro y la sonrisa porque vivían realizando continuamente actos concretos de amor. Y una de las veces que fuiste al focolar, (el "focolar" es el piso, la casa, donde vive una comunidad de consagrados o consagradas), les preguntaste: "¿qué novedades hay?" y la respuesta se te quedó grabada para siempre: "Pero, padre, cada momento es una novedad", (cuando se vive bajo la mirada de Amor de un Dios que es Padre).
                Yo, antes incluso de entrar al seminario. En el año 80 unos religiosos, (que además de su Congregación, pertenecían también al movimiento de los focolares) iban por mi pueblo y fue también un matrimonio que ahora viven aquí, Abelardo y Blanca. Gracias a unos y otros, fuimos por primera vez a la convivencia Mariápolis en
Salamanca '81 toda la familia, los 7 (¿os acordáis?, ¿qué edad tenías tú, Miriam… 7 añitos? Estando ya en el seminario, en cambio, quise dejar el movimiento (lo poquito que conocía de él), pero el Señor no me lo permitió, (luego si alguien tiene interés, que me pregunte y le contamos despacio): tuvo la santa paciencia, (¡nunca mejor dicho!), la divina paciencia de esperar muchos años, incluso ya después de ordenado, para que por mí mismo descubriera que, ni fraile, ni monje, sino, con todas las ventajas de ello y de una familia, lo mío era ser sacerdote diocesano animado por la espiritualidad de comunión del movimiento de los focolares, por la espiritualidad
de Chiara Lubich, una de las grandes autoras y maestras contemporáneas, casi como una madre para muchos de nosotros.

4.            "Que todos sean uno… como Tú, Padre en Mí y Yo en Ti, que sean completamente uno en nosotros", hemos escuchado a Jesús en el Evangelio pedir al Padre. En definitiva, "como en el cielo, así en la tierra".

-              José y yo ya llevamos en la misma comunidad 11 años bajo el mismo techo, con otros sacerdotes más, (ahora Endi y Christian), pero todos con el único objetivo
de hacer realidad el testamento de Jesús, (la unidad), viviendo para ello "donde dos o más unidos…" Por cierto, bromeando esta mañana nos hemos dado cuenta que en casa sumamos 100 años de cura: 60 uno, 25 otro, y Christian y Endi casi 7 y 8 cada uno, y los meses que faltan los aporta otro, ordenado hace un año, que viene con frecuencia.
                A veces, como me habéis oído decir a menudo, "saltan chispas entre nosotros" porque somos muy distintos en edades, formación, procedencia, sensibilidad, culturas…; pero por el perdón mutuo y la misericordia, y por creer en el amor del hermano, esas chispas en vez de "prender las cortinas y quemar la casa",
encienden en cambio el hogar, los troncos en "la chimenea",  y sirve para "iluminar y caldear el corazón" a nosotros y a quien viene a encontrarnos. Ese es el regalo que también queremos que cada uno os llevéis hoy: la presencia de Jesús entre los que están unidos en su nombre. Y no sólo de parte de nosotros, sino de toda la comunidad que nos acoge, ya que de estos 11 años, los últimos 9 y medio José y yo vivimos aquí, en Las Matas, en

concreto en esta comunidad (de seglares, familias, de donados a Dios y nosotros sacerdotes) que es una Mariápolis permanente, ciudad de María permanente, (cuyo edificio más visible es este Centro Mariápolis donde estamos celebrando, pero hay familias y otras casas), entera "ciudadela" que quiere ser "de testimonio", que, como María, calladamente dé a Jesús a quien nos visite o encuentre.

5.            El Papa Francisco en sus ya muy famosas y breves homilías de diario, el jueves 5 junio habló de los sacerdotes y me pareció como inspirado por el Señor para nuestra celebración de hoy:
                "Pastores… que no olvidan jamás a Cristo, su “primer amor”, y permanecen siempre en su seguimiento". Es el retrato que el Papa Francisco trazó. Y preguntaba: “¿Cómo va el primer amor?”. Es decir, ¿estoy enamorado de ti como el primer día? ¿Soy feliz contigo o te ignoro? Preguntas universales que hay que hacerlas con frecuencia, dijo el Papa. Y no sólo los cónyuges en el matrimonio, sino también los sacerdotes y los obispos ante Jesús. Porque es Él –afirmó Francisco– quien nos lo pregunta como un día hizo con Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. “Esta es la pregunta que me hago a mí, a mis hermanos obispos y a los sacerdotes. Cómo va el amor de hoy, el de Jesús, ¿no? ¿Es como el primero? ¿Estoy enamorado como el primer día? ¿O el trabajo, las preocupaciones un poco me hacen mirar otras cosas, y olvidar un poco el amor? Pero los cónyuges pelean, pelean. Y eso es normal. Pero cuando no hay amor, no se pelea: se rompe”.
            “Jamás olvidar el primer amor. Jamás”, reafirmó el Papa Francisco y destacó otros tres aspectos que hay que tener presentes en la relación de diálogo de un sacerdote con Jesús. Ante todo, debe ser un “pastor”, tal como Jesús le pidió a Pedro cuando le dijo:

“Apacienta mis ovejas”. Y añadió: “El resto, viene “después”:… ‘¿Soy pastor, o soy un empleado de esta ONG que se llama Iglesia?’. Hay una diferencia. ¿Soy pastor? Una pregunta que yo debo hacerme, que los obispos se deben hacer, y también los sacerdotes: todos. Apacienta. Pastorea. Ve adelante”.
            No hay “gloria” ni “majestad” –observó el Papa– para el pastor consagrado a Jesús: “No, hermano. Terminarás del modo más común, incluso más humillante, tantas veces: en un lecho, que te dan de comer, que te deben vestir… inútil, allí, enfermo…”. El destino es “terminar –repitió el Santo Padre– como terminó Él”: amor que muere “como la semilla de grano y después vendrá el fruto. Pero yo no lo veré”.
            En fin, el cuarto aspecto, la “palabra más fuerte” –indicó– con la cual Jesús concluye su diálogo con Pedro: “sígueme”: “Si nosotros hemos perdido la orientación o no sabemos cómo responder sobre el amor, no sabemos cómo responder sobre este ser pastores, no sabemos cómo responder o no tenemos la certeza de que el Señor no nos dejará solos, incluso en los momentos perores de la vida, en la enfermedad, Él dice: ‘Sígueme. Es ésta
nuestra certidumbre. Sobre las huellas de Jesús. En ese camino. ‘Sígueme”.
            A todos nosotros, sacerdotes y obispos –terminó diciendo el Papa el 5 de junio– que el Señor dé “la gracia de encontrar siempre o de recordar el primer amor, de ser pastores, de no tener vergüenza de terminar humillados en un lecho o incluso con la cabeza perdida. Y que siempre nos dé la gracia de ir tras Jesús, sobre las huellas de Jesús: la gracia de seguirlo
".

6.            Me ha ayudado mucho también la homilía del Papa en la Misa crismal de este año. Comparto un párrafo con vosotros. Dice él: "Me gusta pensar la alegría contemplando a Nuestra Señora: María, la “madre del Evangelio viviente, es manantial de alegría para los pequeños” (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 288), y creo que no exageramos si decimos que el sacerdote es una persona muy pequeña: la inconmensurable grandeza del don
que nos es dado para el ministerio nos relega entre los más pequeños de los hombres. El sacerdote es el más pobre de los hombres si Jesús no lo enriquece con su pobreza, el más inútil siervo si Jesús no lo llama amigo, el más necio de los hombres si Jesús no lo instruye pacientemente como a Pedro, el más indefenso de los cristianos si el Buen Pastor no lo fortalece en medio del rebaño. Nadie más pequeño que un sacerdote dejado a sus propias fuerzas; por eso nuestra oración protectora contra toda insidia del Maligno es la oración de nuestra Madre: soy sacerdote porque Él miró con bondad mi pequeñez (cf. Lc 1,48). Y desde esa pequeñez asumimos nuestra alegría. ¡Alegría en nuestra pequeñez!".


[Al final no leí este texto preparado]:
7.       Y quiero concluir con palabras de don  Silvano Cola, uno de los primeros sacerdotes diocesanos focolarinos, a quien ya por los años 60 la misma Chiara Lubich consideraba santo:
"Esto me parece importante: acercarse al sacerdocio esperando ser capaces de morir por todos,
de morir a sí mismo por todos. Apagar toda llama de saber y ser solamente amor. Dios es Amor. Si amas, eres. Si no amas, no eres. Hay que considerar al otro, a cualquier persona, como insustituible, como único en el mundo. (...)
         (…) hemos leído en san Pablo que aunque tenga el don de profecía y dé todo lo que poseo, si no tengo caridad soy nada. Todo el Evan­gelio está allí. Cualquier cosa le hayas hecho al más pequeño, me lo has hecho a mí. Cualquier cosa le hago al peor desgraciado de este mundo se lo hago a Jesús.
Esta es la capacidad de volver luminosa la noche. (…) Si se está convencido de esto, aquí está el descu­brimiento. Se comprende que finalmente el mundo podría andar bien."  Silvano Cola (Si amas, eres)


miércoles, 18 de junio de 2014

MIS IMPRESIONES EN TIERRA SANTA

VIDA DE LA PALABRA primera quincena mes de JUNIO
Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de vivir la Palabra de Vida para junio:
1.-        El sábado regresé de una semana en Tierra Santa como regalo por mis, ya próximas, bodas de plata sacerdotales. La PdV de junio era de lo más adecuado: "he aquí que Yo estaré con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos".
            La verdad es que iba con ilusión, pero pensando que las cosas estarían tan cambiadas con respecto a los tiempos de Jesús que no me causaría impresión. ¡Todo lo contrario!, (ciertamente los vestigios son pocos, ¡pero suficientes!).
            Al llegar allí era una sensación rara yendo en el autobús hacia Nazaret: cuando viajo, me fijo en los campanarios y el corazón se me llena de alegría pensando que Jesús está allí en el Sagrario y lo voy saludando, (lo aprendí de S. Francisco de Asís y de Chiara Lubich). Pero allí era una sensación como de desolación… casi ninguna iglesia… en la mayoría de los pueblos sólo minaretes de mezquitas. ¡En la tierra de Jesús!
            En Nazaret… en la cripta de la basílica de la Anunciación, el fondo de una casa-cueva y un altar con la inscripción: "el Verbo aquí se hizo carne". "Hic!", "Aquí"… inmediatamente me empezaron a brotar las lágrimas de emoción y agradecimiento y caí de  rodillas… hasta que ya no quedaba nadie y uno de los peregrinos de mi grupo regresó a buscarme. Tuvimos la fortuna de estar hospedados cerca y esas 3 noches volví ahí un rato largo… Siempre el mismo "sobrecogimiento" de paz y alegría. Y poner, como María, mi pequeño "sí" en manos de Dios; y el sí de toda la Obra de María.
            Y desde Nazaret… cada día era un descubrimiento: paseo en barca por el lago de Tiberiades, Monte de las Bienaventuranzas, Cafarnaúm…, Caná, Monte Tabor, Jordán…
            Ver un sicómoro (y uno se imagina a Zaqueo subiéndolo), una casa-cueva, ruinas de una sinagoga, una sepultura, tinajas de piedra, la semilla de mostaza, agua del R. Jordán… todo hacía volar la mente con recogimiento, emoción y una nueva comprensión (¡ahora más gráficamente!) hacia un pasaje evangélico. ¡También porque "Yo estoy con vosotros"… hoy!
            Y… ¡correspondiente compromiso por mi parte!

2.-        Luego, hacia Jerusalén para los 3 últimos días, pasando por Jericó (Zaqueo, curación de 2 ciegos, parábola del buen samaritano…), por Qumrán en medio del desierto y por el mar Muerto.
            "¡Qué alegría cuando me dijeron… ya están pisando nuestros pies tus umbrales Jerusalén…!", cantamos a pleno pulmón este Salmo 121 cuando vimos de lejos la ciudad santa, donde estuvo "el" Templo, lugar de la presencia de Dios; "ciudad de la paz", (eso significa paradójicamente la palabra "Jerusalén", aunque te encuentras luego allí con bastante frecuencia a gente con metralletas, -colgadas tranquilamente al hombro como un simple bolso-, y  algunas "papeleras" antibomba (parecidas a nuestras hormigoneras… para encerrar ahí mochilas "sospechosas"). Viendo a lo lejos sus murallas allí mismo brindamos con vino de Caná y rezamos por la paz.
            Monte de la Ascensión, cueva del Padrenuestro, bajada del monte de Olivos (¡domingo de Ramos!)… pero fue después otra de las veces que más me emocioné: Misa en la iglesia del huerto de los Olivos, Getsemaní. Frente al altar, un gran espacio sin baldosas deja sobresalir la misma roca y, proclamando yo el Evangelio… "en ESTE huerto…" …se me hizo un nudo…; y más aún prestando mi voz a cada palabra que allí dijo Jesús (creí que no iba a poder acabar de leerlo: Mt 26, 36-46). "Padre,… pero no se haga lo que yo quiero, sino tu Voluntad".
            Via-Crucis por la mismísima Via Dolorosa, callejuelas ahora transformadas en un atiborrado zoco lleno de tiendecillas.
            Dolor inmenso por la desunidad en la basílica del Santo Sepulcro: cada iglesia tiene su capilla. Y resuena S. Pablo… "¿acaso está Cristo dividido?". Reencuentro con la vocación: vivir por la unidad que Él quiso y pidió al Padre. Y (cambiando absolutamente el panorama) dentro del mismísimo sepulcro, los pocos segundos que nos dejaron estar (al día siguiente volví)… indescriptible: "¡no está aquí… ha resucitado!". Sobre esa losa ocurrió. Sólo esa lápida fue mudo testigo directo del acontecimiento central de los siglos. El centro de nuestra fe: "si Cristo no hubiera resucitado, vana sería".
Y pocos minutos después, a unos metros, meter el brazo en el agujero de la roca del Gólgota donde estuvo enclavada la cruz: milésimas de segundo también, que tengo que reevocar con frecuencia, no sólo porque serán ambos recuerdos imborrables durante el resto de la vida, sino porque tengo que repensar lo que viví en cada uno de esos instantes y no sé definir. La memoria de Jesús abandonado, el Esposo del alma, y su grito "¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?", en el cual asumió todos nuestros dolores, todos nuestros porqués. Y tendré que ir enjugándolos conforme los encuentre a mi paso durante la existencia, (además del de la unidad, también el de mi padre que precisamente desde un par de días antes de mi peregrinación ha empeorado mucho y esta semana, además, ha tenido que estar en el hospital varias veces en nuestro pueblo y llamar otras tantas al 112). Todo es ocasión de vivir, ofrecer y morir por la unidad, a ejemplo de Jesús.
            Cueva de los pastores, Belén (varios villancicos casi en verano, ¡pero allí tenían todo su palpable sentido!)… Ein Karem (con la Visitación y el nacimiento de Juan el Bautista)…: la caridad concreta de la Madre de Dios que "fue aprisa a la montaña" a servir por amor a su prima.
            Ruinas de la casa de Caifás: negación y arrepentimiento de Pedro, escalera "santa" (parece que ahí pronunció su oración por la unidad -Jn 17- por la que Jesús bajó del Cenáculo hacia el torrente Cedrón para ir al huerto de los Olivos), pozo-cisterna en el que parece que Jesús pasó encarcelado su última noche (¡otra impresión fortísima, hasta las lágrimas sólo de pensarlo!; ahí cobra fuerza el Salmo 88 que meditamos).
Cenáculo (¡última Cena, Eucaristía, sacerdocio, amor recíproco; dos veces que el Resucitado se dejó ver ahí vivo por los Apostóles; Pentecostés) y celebrar la Misa no ahí en ese lugar tan sagrado para nosotros, sino en una iglesia cerca (porque ese sitio, transformado luego en mezquita musulmana, está ahora en manos de los hebreos). Da igual el sitio: cada celebración eucarística nos trae al presente de modo místico pero real aquellas Gracias que en aquel entonces se produjeron. "Yo estoy con vosotros todos los días…".

3.-        La última noche, una visita concertada: vinieron un focolarino, una focolarina y una joven palestina también del movimiento de los focolares. Testimonio de fe y de unidad en esta Tierra Santa pero martirizada en toda su historia. Cristianos católicos (1%) que en un mundo adverso testimonian (a veces con la salud y con la vida) el amor que Dios tiene por todos. Una hora de Cielo entre ellos y los 32 que íbamos en la peregrinación. Rezar por la paz en Tierra Santa ya no será igual que antes: ahora tiene unos rostros amigos concretos y experiencias preciosas de unidad trabajosamente vividas por ellos día a día como una gota en el océano, pero ciertos de que fructificará como el grano de trigo.
            Y el último día, camino del aeropuerto, Misa en Emaús: "¡quédate con nosotros, Señor!".
            Una semana, muchos sitios, imborrables impresiones y recuerdos que hacen ahora saborear el Evangelio. Anhelo y compromiso por la unidad. Y… la intención de regresar un día, si Dios quiere. Pero consciencia de que sigue con nosotros Él en cada prójimo al que amamos, en su Palabra (sobre todo si la vivimos), en el amor recíproco "donde dos o más están unidos…", en los sacramentos, sobre todo, en la Eucaristía: "Yo estaré con vosotros siempre".


Como me he "comido" yo casi todo el espacio (¡perdonad por esta vez!) sólo alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de vivir la Palabra de vida de mayo (“En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios, 2 Co 5, 20) y de junio (“«Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» Mt 28, 21):
1.-        “…muchísimas gracias x tu apoyo estos días de exámenes y los días previos; si no es por ello, igual ni me habría presentado: estaba un poco triste y no me apetecía mucho ver a gente ni hablar. Pero gracias a ti me dije, "por ti, Jesús" y fue como caminar de la mano de Alguien que sabes que no te va a dejar solo.
     Estoy terminando tu libro, ya lo comentaremos a tu regreso y me contarás todo lo que hayas visitado…”

2.-        “…perdona que no contestara antes a tus correos, pero hemos estado en el hospital: mi madre tuvo un ictus (ya es el tercero), pero esta vez más fuerte. Ya está en la residencia desde el jueves, pero sin recuperar movimiento del brazo y pierna y con un estado de somnolencia sin iniciativa. Ella escucha, y si la preguntas y la hablas te suele contestar, pero con brevedad y a veces también con ingenio y humor. Se la entiende mal...

         A pesar de la gravedad de su estado y de estar en los primeros días en estado semicomatoso la vi persignarse y la oí rezar como lo hubiera hecho cualquier noche. Me impresionó mucho. Vi la huella de mis abuelos en la educación de sus hijos. Se sentirían muy orgullosos. Yo lo estoy y les doy las gracias por la familia que crearon y la cual disfruto…”