VIDA DE LA PALABRA mes de AGOSTO
Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de agosto («Engrandece mi alma al Señor», Lc 1, 46) y la de julio («Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese sí que da fruto», Mt 13, 23):
1.- Fui a recoger a mi hermana que estaba 3 días de retiro
orando en el Monasterio de El Paular.
Llegué
con anticipación. Después de comerme lo
que me llevé en un tupper, entre árboles, en el mismo parking frente al
Monasterio, fui a caminar unos metros y vi a unos hombres que tenían problemas
para arrancar su coche. Me vino la tentación de pasar de largo: estaba recién
comido y era una de las olas de calor. En cambio, naturalmente me ofrecí y
cuando empecé a empujar su coche desde el lateral de su conductor, me di cuenta
de que me sonaba la cara del que conducía: era sobrino de un matrimonio de mi
Parroquia. Él nos había hecho magníficamente la guía de Salamanca hará 3 años;
es del Opus Dei, así que imaginé que todos los demás también.
Quedaron
muy agradecidos por mi consejo de orientar el coche en dirección contraria para
que quedara en ligera cuesta abajo, etc; y por la ayuda para empujar y por lo
que íbamos hablando mientras. Fue verdaderamente un rato bonito de comunión
fraterna.
2.- Durante el “famoso” eclipse estuve celebrando la Misa
de 20:00. Ya acabando se notaba la oscuridad, aunque quedaba mucho para el real
anochecer, y les compartí: “a través de las vidrieras se percibe cómo cae la
oscuridad rápidamente, pero acabamos de comulgar y el verdadero Sol brilla en
nuestros corazones”.
Al
acabar la celebración, con mi madre en su silla de ruedas, con mi hermana y
gente de su comunidad salimos un instante, con el pueblo a oscuras y en seguida
iba aumentando la claridad: entramos de nuevo en la iglesia para hacer un rato
de oración que, en medio del atardecer, hacía que la claridad interior en
nuestras almas fuera “in crescendo” por el “tú a Tú” con su Creador. “Proclama
mi alma la grandeza del Señor”.
Entre todos pensábamos en voz alta no dejarnos engañar
por tanta difusión de medios, y no olvidarnos de los problemas reales y pedir a
Dios que haga surgir la verdadera luz más allá de otros eclipses de todo tipo.
3.- Parte de estas dos últimas semanas, como cada verano, hemos
estado unos días en unidad un grupo de sacerdotes tratando por el amor
recíproco que resplandezca la presencia de “Jesús en medio” de nosotros tanto
en el descanso vacacional, como en la convivencia, la oración y la formación.
Ha habido multitud de oportunidades de decir “proclama mi
alma la grandeza del Señor”…: viendo las maravillas (o las cosas normales) de
la naturaleza, haciendo largos ratos de comunión y comunicación de experiencias
entre nosotros, largos ratos de oración también en la capilla del semisótano,
etc. También por algunos momentos de incertidumbre o de oscuridades o tomas de decisiones...
Todo era oportunidad para alabar con María al Señor.
También
antes y después de esta convivencia, los días cuidando a mi madre, p.ej.
tratando con paciencia que aprenda a manejarse ella sola con la silla de
ruedas, etc.
Alguna
de vuestras
EXPERIENCIAS tratando de
llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de agosto («Engrandece mi alma al Señor», Lc 1,
46), la de julio («Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la
entiende; ese sí que da fruto», Mt
13, 23) y la de junio («Id y proclamad que el Reino de
los Cielos está cerca. […] Gratis lo recibisteis; dadlo gratis», Mt 10, 7-8):
1.- “…hoy más que
nunca estaba ansiosa de recibir la palabra de vida: acabo de anotarla en un
papel para leerla cada vez que me acuesto y cuando me levanto.
Como te comenté, estoy con una
movilización interna que se la entrego al Señor para que Él me muestre el
camino.
Lo que sí pude observar en mí es que
he sentido misericordia por gente que no me caía bien y que milagrosamente
empecé a mirar con cariño: son los ojos de Jesús en mí.
También empezar a empatizar con los
más necesitados y encontrar la mirada de Jesús en ellos, como dijo el Papa en
su visita. Y también, después de hablar con una amiga, a quien critiqué por
decisiones que tomó. Me di cuenta qué importante es no juzgar y, sobre todo,
sin saber el porqué de sus decisiones. ¡Qué gran aprendizaje fue eso para
mí!
Este es el mes de mi cumpleaños y el
de mi hija mayor... Y siempre agosto es un mes de mucho movimiento interno para
mí. ¡Gracias por todo y felices vacaciones! Leeré y reflexionaré la Palabra…”.
2.- “…me han diagnosticado un cáncer de mama, en principio
en estado inicial, pero ahí está y me operarán a finales de agosto.
De
inicio, lo primero que se me pasó fue pensar lo mucho q trabajo para esto y
sentir dolor y tristeza porque Dios me manda demasiadas pruebas. Llamé a la focolarina
que nos sigue a todos los de esta región y me ayudó espiritualmente a no
tomarlo como un castigo, y vivirlo para Gracia de Dios. Estoy trabajando esto
desde todo lo espiritual que puedo, sigo dándome a los demás... por momentos
tengo miedo y nuevamente vuelvo a trabajarme. El pasapalabra de hace unos días,
decía “rezar a conciencia”: estoy cambiando también mi forma de rezar, que sea
más consciente y profunda…”.
3.- “…julio ha sido muy intenso para mi familia. Mi madre
partió al cielo, se fue apagando...
María
fue a visitar a su prima para hacerle partícipe de su alegría, en esta ocasión
experimentamos su visita para coger de la mano a mi madre y llevarla ante su
Hijo. No puedo decir más que gracias al Señor por habernos dejado vivir a
su lado todo este tiempo…”.
4.- “…algo de mis
vacaciones: he estado un mes casa de una de mis hermanas y quince días en otra
comunidad.
Al día siguiente de llegar con mi hermana,
me caí en la calle: un desgarro muscular muy fuerte que me ha obligado a
necesitar que me aseen, me vistan... cuando, en cambio, lo que yo iba era dispuesta
a ayudar. No pude usar el ordenador ni nada...
Entonces, en estas circunstancias me
repetía, una y otra vez, como una "canción del día", el texto del
Magníficat: “Proclama mi alma...”.
Así que, en esa situación: impotencia,
dolores, incomodidades... podía repetir por dentro, una y otra vez "proclama
mi alma...”.
Ya estoy en casa y ya puedo usar la mano
derecha para escribir. Te doy las gracias por tus envíos…”.
5.- “…ya vamos
llegando a ese momento que los achaques nos acompañen a cada momento y tengo
que seguir rezando para llegar y sufrirlos como nuestro castigo esencial:
ganarás el pan con el sudor de tu frente.
Me alegró mucho verte y que no has cambiado nada, sigues con esa mirada
convencida de seguir por el camino recto y seguro: El buen camino. Otros nos
debatimos con las dudas siempre de si no nos estamos equivocando, pero eso es
lo que significa poder elegir… quizá equivocarse.
Ahora con el mal uso que hacen los políticos de las personas, como engañar a gente
masivamente para que se jueguen la vida nadando con falsas promesas, te hacen
ver la maldad de algunas personas que no tienen respeto por la vida de los
demás. Por eso ahora es más importante que nunca mostrar la Fe en Jesús a esos
que no creen que todos somos hijos de Dios…”.
6.- “…llevo un día aquí en mi voluntariado anual en otro
continente: solo hago escuchar y hablar con todos. Al día siguiente de llegar
fui a visitar a una señora que vive sola en silla de ruedas y la falta una
pierna y desde que la conocí hace muchos años trato de visitarla lo antes
posible, pues cuando fui se quedó paralizada, hasta que la digo no te acuerdas
de mí, reaccionó muy pronto: “te estaba esperando; se me hizo eterno el año,
pues aquí estoy con tus medicinas y mi cariño”. La escuché a fondo. Le contesté
a sus preguntas y se emocionó: “no pensaba que ibas venir”. Yo suelo cumplir. Siguió
hablando de su vida muy difícil, pero es muy creyente, la pregunté quién te
trae la comida, ella me dijo que el sobrino no puedo venir, y me dio a entender
que no tenía casi comida, pero yo no la dije nada, cambié de tema, porque ella
sé que no tiene dinero, pasó un rato hablando. Cuando llegué donde me quedaba, mi
mente estaba dando vueltas. Me preguntan: “¿en qué piensas?”. “En la señora”.
“Mañana sabrás qué hacer”. Yo sabía que por la mañana tenía que ir a comprar;
cuando se lo llevé, se emocionó, estuve
un rato con ella; estaba triste, me hizo alguna pregunta, la conté
alguna anécdota que me había pasado, ella se rio muchísimo. Yo al rato me fui y
se quedó tan feliz y yo me fui más porque la dejé tranquila y con comida…”.
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