lunes, 30 de diciembre de 2019

CRISTO PRESENTE EN CADA MOMENTO

VIDA DE LA PALABRA                           últimas semanas de DICIEMBRE

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de diciembre («Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor», Mt 24, 42) y la de noviembre («Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran», Rm 12, 15):

1.-        Este año he vivido Navidad en mi pueblo con mi familia. Previamente, la mañana del 24 fuimos los 5 hermanos (incluido el convaleciente de sus dos recientes operaciones) y casi todos los sobrinos a hacer ejercicio juntos corriendo (o, más bien, caminando rápido). Para cuidar por amor a Dios la salud que Él nos regala y de la que tenemos que ser responsables cada día.
Dado que el parque cercano a casa estaba cerrado, fuimos a los contiguos paseos del Santuario de la Virgen: me parecía que así Ella como Madre nos quería todavía más cerquita. De hecho, antes de proponerlo yo, al acabar entramos todos a orar unos minutos y rezarle juntos una oración.
1b.-     La Misa de víspera de Navidad (mis hermanos y sobrinos acompañaban tocando la guitarra y cantando) nos hacía adelantar el acontecimiento central de la noche (este año, por primera vez en nuestra parroquia de siempre, no iba a celebrarse Misa “del gallo”).
Momento bonito cuando, al entonar precisamente el cántico de los ángeles en la noche de Navidad, varios niños entraron desde atrás con la imagen del Niño Jesús y la depositaron en la cuna, en el presbiterio, ante el altar.
1c.-      Luego, ya en casa, todos colaborando en preparar la cena y poner la mesa: ¡qué trabajazo años atrás se pegaba mi madre casi ella sola preparando durante toda la tarde! ¡¡Estos años hemos empezado a valorarlo!! Era precioso colaborar unos en una cosa y otros en otra, (hasta los pequeños dejaron su maquinita y sus juegos).
            ¡Todo listo!
Se apagan las lámparas de toda la casa y, a la luz de una linterna, una de mis hermanas proclama el Evangelio de S. Lucas que recuerda todos los misterios que se celebran durante todos estos días. Luego lo comenta, pensando sobre todo en los más pequeños, y acaba explicando: “el mundo vivía en tinieblas y vino Aquel que es la Luz”. Y entonces encendimos las luces con aplauso y villancico y bendecimos los alimentos dando gracias a Dios.
1d.-     Después de cenar y recoger la mesa, como Dios se nos da como regalo hecho Niño en Navidad, también entre nosotros nos hacemos un regalo de “amigo invisible” y después de abrirlo, el que lo ha recibido, trata de adivinar quién fue su amigo invisible, quién le hizo el regalo. Nos reímos a carcajada batiente, esta vez, sobre todo, gracias al ingenio de uno de mis cuñados y dos sobrinillos.
1e.-      A una de mis hermanas le regalaron el juego “Vertelis”. ¡¡Un acierto, y más para esta época del año!!
Nos pusimos a jugar todos. Incluso los niños, que habían hecho amago de coger sus móviles y maquinitas para aislarse en sus juegos electrónicos, a los pocos minutos se sumaron.
Siempre hemos sido una familia muy unida, pero ese juego nos hacía descubrir y valorar detalles del año de unos y otros que quizá ni conocíamos. Consiste en unas tarjetas con preguntas personales sobre el año que acaba o sobre el que comenzará: unas veces uno tiene que “abrir” su corazón para contar y otras demostrar que conoce bien al de al lado o al de enfrente; un juego que sirve para unir grupos o familias o comunidades, para hacer verdadera “comunión de alma”.
            Una de las preguntas: teníamos que adivinar qué viaje le gustaría hacer a cada uno el año próximo. Cuando nos toca el turno de adivinar el viaje que querría mi madre…, sin esperar mucho ella… a que dijéramos sitios, de pronto nos dice: “a la Virgen de Gracia, de Puertollano” (su pueblo). Silencio sepulcral: con lo que queremos a nuestra madre, ella siempre pendiente de darnos gusto a cada uno y a todo el mundo, ¡y poquísimas veces se nos había ocurrido que le gustase ir al pueblo que la vio nacer y en el que vivió hasta los 11 años! Alguno de mis hermanos no había estado allí nunca.
1f.-      En cuanto ella salió al servicio, todos “maquinamos” llevarla uno de esos 3 días siguientes. Y acompañar todos los que pudiéramos: su ilusión siempre es ir a “todos lados siempre juntitos”.
            Logramos cuadrar ida y vuelta en el día: el día 27 casi todos podíamos. En poco más de hora y media de viaje, celebramos allí la Misa en su parroquia, localizamos a alguna prima (y algún otro pariente más lejano, que eran ya los únicos allí y hacía años que habían perdido el contacto); vimos dónde se ubicaba su casa… Cada uno de los recuerdos que ella iba diciendo en voz alta, nos emocionaba a todos; cerca de “su” casa recordó ella que había una sombrerería… ¡y todavía estaba!: entramos a preguntar por si algún empleado conocía a los dueños de entonces… ¡y era él mismo, algo mayor que mi madre!; se emocionaron los antiguos vecinos y en seguida él fue a la casa de enfrente a otra vecina, (los únicos que quedan en el barrio de aquel entonces), que con sus 92 años estaba cosiendo, como en aquella época pues era la que les hacía los vestiditos; se reconocieron enseguida, (¡con 70 años más, claro!).
Fue un día sencillo pero lleno de emociones. Pensábamos que la última no se la podríamos cumplir: visitar la sepultura de su hermanito que falleció antes de que mi madre naciera. Pero Dios quiso que simplemente con un par de llamadas y ya poco rato antes de emprender el regreso, pudiéramos localizarla: fue emocionante rezar todos ante la lápida de nuestro tío. Y puesto que falleció con 25 meses, (por supuesto bautizado apenas nacer), sin duda está en el cielo, es santo; así que, también nos encomendamos a él.
1g.-     Después del regreso, colofón del día, aunque mi madre estaba agotadita, quiso ir también, ya en la parroquia de nuestro pueblo, a una ceremonia sencillísima y muy bonita y emotiva: delante de apenas 8 personas, mi hermana la misionera renovaba sus promesas de entrega a Dios, pues ese era el día en que las formuló por vez primera. Y todos dábamos gracias a Dios con ella y por ella.
        

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de diciembre («Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor», Mt 24, 42), la de noviembre («Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran», Rm 12, 15) y la de octubre («Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros», 2 Tm 1, 14):

1.-        “no tengo palabras para agradecerte el bien inmenso que me haces a través de tu testimonio y palabra de vida tan puntual, que, no siempre nos es fácil...
Paco, llevaba tres o cuatro días en “lucha”: me invitaban a algo que no quería y por otro lado, no podía al tener que dejar las muchas cosas que hay entre manos estos  días; al final, queriendo hacer un gesto de amor a la persona en concreto, y viendo las cosas que podía posponer, dije que sí. Al día siguiente, llamo para decirle que si iba serían dos hora y media de viaje y… me dice: “justo en este momento le iba a llamar para decirle que ya no viniera, que lo dejamos para otra ocasión”. Le dije: “encantada, pero por mi parte estaba dispuesta”. No vieras la alegría interior y paz que experimenté con haber dicho que sí, aunque al final no tuve que ir.
Esto tan simple me está ayudando a pequeños síes que hay que ir diciendo a cada momento, gracias hermano.

2.-        “es verdad que releer la PdV, el evangelio y escuchar  a los compañeros/as del YouCat también me ayuda a reflexionar…
Estoy muy contenta hoy porque he encontrado un detalle que le encanta a mi madre pues me llevó toda la mañana buscarlo con ella y no lo encontramos y después, ya más tranquila, fui con mi hijo de paseo y ¡allí estaba lo que mi madre quería! Así que, gracias a Dios tengo su regalo perfecto para Navidad... 
            Muchas gracias… por saber escuchar  y por los consejos.

3.-        “amigo que cada mes me manda la PdV y yo no tengo apenas tiempo de leerla: llevo desde octubre sin leerla, ¡con lo que me gusta!, pero es falta de tiempo, creo; parece una excusa, pero realmente, Paco,  siento que llevo un ritmo tan acelerado que me aleja de Dios.
Sé que está ahí, que me perdona, que me cuida, pero no reflexiono, no lo medito, no te leo; complicado, ¿verdad?
El otro día Él me dio una señal pequeña: “estoy aquí, te lo demuestro: no te alejes solo por falta de tiempo”. Y, ¿cómo lo percibí? A través de una amiga en una situación personal donde ella no tenía ninguna posibilidad, ni ninguna puerta abierta para entrar donde ella quería, y servir a Dios; donde por culpa de conocidos que se hablan unos a otros, le cerraban más puertas con comentarios negativos. Yo lo veía difícil, imposible; los del entorno que la queremos lo veíamos muy negativo. Y de repente, a través de quien menos lo esperaba, Dios abrió una puerta a esta chica.
Cuando me lo contaba, se me salían lágrimas; me decía ¿por qué lloras?, lloro por su felicidad, pero sobre todo tenía una gran necesidad de llorar por mi culpa. Porque cuando me alejo de Dios, cuando no lo leo, cuando no le tengo presente, soy pecadora aún más si cabe; soy pequeña aún más y desagradecida con lo que me da; y porque Dios me dijo en este testimonio: “estoy, ¿ves?… ¡vuelve!”.
Y he leído este mes tu PdV y las de dos meses atrás.
Seguiré sin tiempo, seguro, pero quiero que Dios esté presente en mi vida. Sé que nunca dejarás de mandarme la PdV, aunque no la lea, aunque tarde; esto es para mí un seguro: un “¡vuelve!”, al igual que las oraciones de mi amiga…
…gracias por el bien que haces, por el bien que nos haces.



Si quieres leer más experiencias similares, 
de gente de todo el mundo,
puedes encontrarlas “pinchando” AQUÍ o AQUÍ   
o también AQUÍ






No hay comentarios:

Publicar un comentario