lunes, 31 de diciembre de 2018

FELIZ AÑO NUEVO 2019


Con las siguientes palabras del Papa…
           
deseo a ti y a los tuyos
que tengáis una muy buena salida y entrada de año
y un próspero 2019
colmado de la bendición del Señor:

FELIZ Y PRÓSPERO AÑO NUEVO 2019

«Al llegar la plenitud de los tiempos,
Dios envió Dios a su Hijo» ( 4, 4)...
en la última tarde del año solar…
la fe nos hace contemplar y sentir
que Jesucristo, Verbo hecho carne,
ha dado plenitud al tiempo del mundo
y a la historia humana...
…sentido de gratitud,
como única respuesta humana
digna del don inmenso de Dios.
Una gratitud conmovedora,
que, partiendo de la contemplación de ese Niño
envuelto en pañales y acostado en un pesebre,
se extiende a todo y a todos,
al mundo entero.
Es un «gracias» que refleja la Gracia;
no viene de nosotros, sino de Él;
no viene del yo, sino de Dios,
e involucra al yo y al nosotros.
En esta atmósfera creada por el Espíritu Santo,
nosotros elevemos a Dios la acción de gracias
 por el año que llega a su fin,
reconociendo que todo el bien es don suyo.
También este tiempo del año [que está acabando],
 que Dios nos había donado íntegro y sano,
nosotros humanos
de tantas maneras lo hemos desperdiciado y herido
con obras de muerte, con mentiras e injusticias...
…todas las pequeñas y grandes ofensas
a la vida, a la verdad, a la fraternidad,
que causan múltiples formas de degrado humano, social y ambiental.
Queremos y debemos asumir toda nuestra responsabilidad,
delante de Dios, los hermanos y la creación.
Pero esta noche prevalece la gracia de Jesús
y su reflejo en María.
Y prevalece por eso la gratitud que…
siento en el alma
pensando en la gente que vive con corazón abierto…
Siento simpatía y gratitud
por todas esas personas que cada día contribuyen
con pequeños pero preciosos gestos concretos al bien…
Y así cooperan silenciosamente al bien común...

PAPA FRANCISCO, Homilía en las primeras Vísperas de Santa María Madre de Dios
y Te Deum de acción de gracias por el año que acaba,
basílica Vaticana, 31 de diciembre de 2017
Y para tener un próspero y feliz año nuevo, nos ayudará en su primer mes vivir…:

PALABRA DE VIDA                        enero 2019

«Justicia, solo justicia has de buscar»
(Dt 16, 20)

El Libro del Deuteronomio se presenta como una serie de discursos pronunciados por Moisés al término de su vida. Este recuerda a las nuevas generaciones las leyes del Señor mientras contempla desde lejos la Tierra Prometida, hacia la cual ha guiado con valentía al pueblo de Israel.
En este libro se presenta la «ley» de Dios en primer lugar como la «palabra» de un Padre que se preocupa de todos sus hijos. Es un camino de vida que Él da a su pueblo para realizar un proyecto de Alianza. Si el pueblo la observa fielmente, por amor y gratitud más que por miedo a los castigos, seguirá disfrutando de la cercanía y la protección de Dios.
Uno de los modos de realizar concretamente esta Alianza, recibida como un regalo de Dios, consiste en buscar con decisión la justicia. Quien es fiel la pone en práctica cuando recuerda con gratitud la elección que Dios ha hecho de su pueblo y evita adorar a cualquiera que no sea el Señor, pero también cuando rechaza beneficios personales que le ofuscan la conciencia ante las necesidades del pobre.

«Justicia, solo justicia has de buscar».

La experiencia cotidiana nos plantea muchas situaciones de injusticia, incluso graves, que afectan sobre todo a los más débiles, los que sobreviven al margen de nuestra sociedad. ¡Cuántos Caínes usan la violencia contra su hermano o su hermana!
Erradicar las desigualdades y los abusos es una exigencia de justicia fundamental, empezando por nuestro corazón y los lugares donde desarrollamos nuestra vida social.
Y, sin embargo, Dios no lleva a cabo su justicia destruyendo a Caín, sino que se preocupa de protegerlo para que reanude el camino (cf. Gn 4, 8-16). La justicia de Dios consiste en dar nueva vida.
Los cristianos hemos conocido a Jesús. Con sus palabras y sus gestos, pero sobre todo con el don de la vida y la luz de la Resurrección, Él nos ha desvelado que la justicia de Dios es su amor infinito por todos sus hijos.
A través de Jesús se nos abre también a nosotros el camino para poner en práctica y difundir la misericordia y el perdón, que es también fundamento de la justicia social.

«Justicia, solo justicia has de buscar».

Este versículo de la Escritura ha sido elegido para celebrar la «Semana de oración por la unidad de los cristianos» de 2019, que en el hemisferio norte se celebra del 18 al 25 de enero. Si acogemos esta Palabra como se nos propone, podremos trabajar para buscar los caminos de la reconciliación, ante todo entre los cristianos. Luego, poniéndonos al servicio de todos, sanaremos eficazmente las heridas de la injusticia.
Así lo experimentan desde hace años cristianos de distintas Iglesias que se dedican conjuntamente a los presos de la ciudad de Palermo (Italia). La iniciativa partió de Salvatore, miembro de una asociación evangélica: «Me di cuenta de las necesidades espirituales y humanas de estos hermanos nuestros. Muchos de ellos no tenían familiares que pudiesen ayudarlos. Se lo confié a Dios y lo hablé con muchos hermanos de mi Iglesia y de otras Iglesias». Añade Christine, de la Iglesia anglicana: «Poder ayudar a estos hermanos necesitados nos da alegría porque hace efectiva la providencia de Dios, que quiere que su Amor llegue a todos a través de nosotros». Y Nunzia, católica: «Nos ha parecido una ocasión tanto para ayudar a estos hermanos necesitados como para contribuir a anunciar a Jesús incluso mediante las pequeñas cosas materiales».
Es un modo de realizar lo que expresó Chiara Lubich en 1998 en la iglesia evangélica de Santa Ana, en Augsburgo, durante un encuentro ecuménico:
«[…] Si los cristianos echamos un vistazo a nuestra historia […], no podemos dejar de sentir dolor al darnos cuenta de que esta ha consistido en muchos casos en un sucederse de incomprensiones, disputas y luchas. Ciertamente, por culpa de circunstancias históricas, culturales, políticas, geográficas y sociales…, pero también porque ha faltado entre los cristianos su elemento unificador característico: el amor.
»Un trabajo ecuménico será fecundo de verdad en la medida en que quienes se dedican a él vean en Cristo crucificado y abandonado que se vuelve a abandonar en el Padre, la clave para entender cualquier falta de unidad y para recomponerla. […] Y la unidad vivida tiene un efecto […]. Se trata de la presencia de Jesús entre varias personas, en la comunidad. “Donde están dos o tres reunidos en mi nombre –dijo Jesús–, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 20). Jesús entre un católico y un evangélico que se aman, entre anglicanos y ortodoxos, entre una armenia y una reformada que se aman. ¡Cuánta paz ya desde ahora, cuánta luz para un camino ecuménico recto!».

LETIZIA MAGRI

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