lunes, 29 de septiembre de 2014

ACOGER A JESÚS EN EL HERMANO

VIDA DE LA PALABRA        segunda quincena SEPTIEMBRE

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de practicar la Palabra de Vida de septiembre («Acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios», Rm 15, 7):
1.-       Una vez al año, en septiembre, nos juntamos todos los primos, hermanos y sobrinos, cada vez en un sitio, dependiendo de a quién le toque coordinar ese año. Día y medio que no sólo los niños esperan con mucha ilusión, preparado y seguido por muchos intercambios de whatsApp. “Clima” muy bonito de, (¡nunca mejor dicho!), familia.
Hasta los encargados del albergue de montaña donde estábamos, en muchos momentos, casi a hurtadillas, se ponían a escucharnos o contemplarnos (p.ej., la tarde que
hicimos juegos todos como niños; o la noche que, guitarra en mano, todos cantábamos). Me di cuenta, y me acerqué a ellos para tratar de acogerles, explicarles, incluso invitarles a que se unieran, a los cantos p.ej., (aunque no lo hicieron, quizá por “corte”, también por otros empeños, se quedaron un buen rato mirando). También es verdad que la acogida que ellos nos dispensaron fue magnífica.
Al final todos nos despedimos de todos (también de ellos) con alegría inmensa (bueno, los niños preguntando que "cuándo toca ya" que nos encontremos de nuevo) y los del albergue se quedaban “diciendo” adiós con la mano cuando nos íbamos alejando con los coches.

2.-       En la estación de Chamartín saludé a una de las dependientas (de la que ya te he contado otras veces) y empezamos a charlar animadamente. La hora de mi tren llegaba, pero estábamos en temas interesantes, (ella es agnóstica, no está bautizada). Me escuchaba angelicalmente exponiendo con sencillez y sinceridad sus dudas. Los altavoces anunciaron, (hay cada media hora), otro tren que
yo podía usar, pero "escuchando dentro", lo dejé pasar de nuevo. Me habló de su padre, a quien quería muchísimo, y que era buena persona. Le aseguré que por la tarde, en la Misa, rezaría por él; ella se emocionó.
            Le conté la apuesta de Pascal (formulada sencillamente): "si Dios existe, y vivo como si no, no iré a la vida eterna; si Dios no existiese, pero yo viviese como sí, no habré perdido nada y al menos habré sido buena persona". [Formulación original: "Se debe creer en Dios si hay una mínima posibilidad diferente de cero, de que exista; porque el hipotético infinito de la vida celestial minimiza cualquier sacrificio de una vida finita."].
            Le dije que, además, algún día Jesús saldría a su encuentro, pero que estuviera muy atenta, porque no lo vería con los ojos físicos; "¿pero algo notaré al menos, no?; ¿si no…?". Le aseguré que sí, que Él se dejaría "reconocer" mínimamente, (para no coartar nuestra libertad); pero debía vivir atenta. Y me atrevía a insinuarle que su padre, si era tan buena persona, le ayudaría a ello desde la eternidad. Se volvió a emocionar y quiso darme dos besos antes de despedirnos.

3.-       Un jueves José quería que le llevara a un funeral que tenía que celebrar yo en otro lugar. Habíamos quedado que mejor no, pues no conocíamos el lugar, ni la accesibilidad, ni la posibilidad de aparcar cerca… Al final, en el momento de salir (yo había apurado el tiempo haciendo otras tareas), se empeñaba en venir. Acordándome de la PdV (¡a él también lo tengo que acoger!), accedí. El coche en cuyo maletero va su silla de ruedas, se lo había llevado otro compañero: ¡más difícil todavía! José tardó, como es natural con sus limitaciones, mucho tiempo en salir de casa y acomodarse en el otro coche. Íbamos ya con el tiempo más que justo, encima chispeando y guiados por el GPS, pues no sabíamos el lugar. Debíamos estar cerca, pero faltaban sólo 3 minutos
y yo ya pensé que era imposible… De pronto me llama una focolarina que también había ido: "¿por dónde vas?; todo el mundo está ya esperando. Si estás cerca, te espero en el semáforo frente a la parroquia, me dejas el coche, tú te entras corriendo y ya buscaré aparcamiento". ¡Milagro! Así hicimos. Y empezamos la Misa sólo 4 minutos tarde. ¡Hombre de poca fe!

3b.-     Al día siguiente venía una conocida italiana a mi trabajo a arreglar documentación. Se retrasó mucho. Llegó sólo media hora antes de que yo me tuviera que ir. ¡Y ese día yo no podía perder el tren!: tenía que regresar a tiempo a casa, comer y coger el coche (con viaje de dos horas y algo) para irme a una convivencia. Le dije que no pasaba nada, charlamos unos minutillos para acogerla bien y llamé a las personas que la tenían que atender; me quedé con ellos, (también por traducirles mutuamente…): ¡pero era ya la hora en que yo debía empezar a caminar hacia la estación si quería llegar a tiempo a mi tren! Pensé: "la PdV: acoger; no debo dejarla hasta que acabe; además, igual que ayer, si yo me dedico a acoger, a amar, Dios proveerá… quizá incluso le puedo insinuar que me lleve en su coche, (aunque, como sabes, me da muchísimo "corte" pedir cualquier favor por no molestar a nadie).
            Así fue: acabaron justo con el tiempo de que alguien me llevara…; se lo pedí y estaba encantada. Ya en el coche, viendo lo apurado del tiempo, le venía la tentación de correr: le dije que no, que fuera a 40 como marcaba la señal: "tranquila; el Padre eterno tiene todo controlado", (después de mi experiencia del día anterior…; además, acababa de leer la historia de "Fede": por amar al prójimo, en una ocasión perdió el vuelo en Brasil; ¡a los 20 minutos se estrelló ese avión (sin él dentro)!). El semáforo se ponía en ámbar y ella dijo…: "ahora sí (nos lo pasamos)". Le dije que parara tranquila; que si Dios quería, el tren llegaría con algún minuto de retraso.
            Cuando me dejó en la estación ella estaba apurada: "es justo la hora… [desde la parada de coches hasta el andén…, un par de minutos…]; vas a perder el tren…; y tienes luego la convivencia…". ¡El tren venía con 5 minutos de retraso! Así que, hasta tuve que esperar.

3c.-     Regresando de esa convivencia 2 días después, salí de allí a la hora que estaba previsto que acabara, (aunque me hubiera encantado continuar, pues se quedaron allí todos y nos lo estábamos pasando fenomenal), para llegar a casa a recibir a unos amigos que, antes de regresar a su Andalucía, querían verme.
            Volví por otra carretera, tardé algo menos que a la ida y me dije: "ahora me sobrará un poco de tiempo, pero no suficiente para nadar un rato (aunque el agua esté muy fría) que me apetece y vendría bien".
            Al llegar a Las Matas los llamé: se iban a retrasar. Así que, pude nadar; y justo en el instante que acabé de arreglarme, mientras terminaba de abotonarme la camisa, sonó el timbre. ¡Qué alegría vernos! Un problema podría ser
 que, como era 40 minutos después de lo previsto, en seguida iban a llegar amigos de mi primera parroquia que habían quedado en venir a verme: así que, haciendo un nuevo acto de fe en que Dios tiene cada cosa para su momento, me quedé tranquilo atendiéndolos lo mejor que pude para que se sintieran acogidos, como en casa, además de aprovechar para la confesión. Al acabar, salí a despedirlos a su coche y… en ese instante acababan de aparcar los otros (media hora después de lo previsto).
            Fueron unos ratos preciosos con unos y con otros; y todo, ¡además!, con el "halo" de que el Señor iba encajando cada cosa (hasta el "capricho", ¡o necesidad!, de nadar), en su momento: ¡ni un segundo antes, ni uno después! Yo me ocupé de acoger, de amar, de servir; y Él se "preocupó" de ajustar una cosa detrás de otra y de sembrar la alegría en unos y en otros y en mí.


Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de vivir la Palabra de vida de septiembre Palabra de Vida de septiembre («Acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios»Rm 15, 7),  la de agosto («Perdona la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados», (Si 28, 2) la de julio («Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo  (="consenserint", en latín) en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos» Mt 18, 19-20)::
1.-        “muchas gracias por mandarme la Palabra del mes. Me viene de maravilla. …lo de “la división es uno de los pecados más graves, porque la convierte en signo no de la obra de Dios, sino de la obra del diablo, el cual es por definición el que separa, quien arruina las relaciones, insinúa prejuicios...” y también lo de “pedir al Señor la gracia de no hablar mal, no criticar, no murmurar, de querer a todos.” Me interpela
especialmente y acabo de tener un gran disgusto familiar por esto, pero tu mensaje me reafirma en el camino y me anima a pedir todos los días la Gracia de no hablar mal de nadie, ni criticar (y pedirla también para los demás integrantes de mi familia y trabajo). Es más, ahora mismo voy a mandar a todos tu correo.
Mi marido y yo hemos estado rezando todo el verano el consénserint por el matrimonio que te comenté. Hace ya unos diez días que no lo hacemos, tiempo en el que… Por eso estaba yo “torturándome” con pensamientos del tipo de: “claro, no les has sostenido, y en cuanto has dejado de rezar, ¡pumba!". Pero la realidad es que Dios es grande, bueno, y tiene sus tiempos. He tenido una muy buena conversación con ella, le he dicho que tenía una Virgen Peregrina de Schöenstatt para llevarle y me ha contado que
su hija antes de irse de viaje le había llevado una. Está haciendo un plan a la semana con su marido –este sábado será el segundo, yo me llevo a su hija pequeña al campo para dejarles solos–
Sólo puedo dar gracias a Dios y seguir pidiendo por ellos.
Está siendo un día bonito, lleno de regalos del cielo, y el primero tu Palabra del mes. Soy una mimada del Señor que utiliza instrumentos maravillosos para cuidarme

2.-      “esta tarde he ido a ver a mi madre... al entrar he notado tensión en mi hermana... estaba nerviosa y cansada... y no puede más... Y lo expresaba como sabe hacerlo: con agobio y enfadada...
Me he parado a escucharla sin enfadarme, como me gusta que me escuchen a mí.... (a pesar de su tono....de su
exigente voz...).
Ha llamado mi hermano... y más tensión y enfado en ella...
          He visto que tiene su parte de razón de estar cansada... desde su perspectiva... Pero me he ido al ratito. Suavemente... pero no aguanto sus continuos enfados.
          He ido a imprimir unas fotos que el otro día nos hicimos con mi madre...: qué recuerdo tan bonito... de REÍR JUNTAS... Ese momento lo guardo con devoción. Recordarlo me hace sonreír.
 ...y he pensado inmediatamente que tenía que volver a casa y quitar esa angustia de mi hermana y esa tristeza de mi madre... A las dos les encantan los helados "Polo Norte"... Y me he presentado en casa con los helados y las fotos... Y al menos se ha creado "familia"... "hogar"...
          No era el helado... no eran las fotos... Era el estar juntas... el querer poner cariño y valerse de estos
detalles para dar calor y cercanía... proximidad y decir: “¡venga... que estamos contigo, mamá...!”.
          Se ha calmado el ambiente... se han serenado los corazones... Y el sol... la luz del Señor se ha dejado ver... en el cariño... en el volver a recomenzar otra vez... y seguir adelante... Seguir... Ese es el camino...: seguir siempre con el Señor

3.-      “ahora trabajo de maestra de pedagogía terapéutica... Me encanta... Si ves qué bonito es estar con niños... sentada entre ellos en sus pupitres... para ayudarles y darles luz y cariño... Hay un chico que se sorprende cómo le hablo... por la suavidad y educación...
Ahora mi papel ya no es ser orientadora... Mi orientadora, que es compañera mía... se ha situado en una posición distante...
Ayer me dieron el horario... y hoy, cuando nos hemos visto en la coordinación, mientras me escuchaba todo lo que le iba diciendo sobre los niños, me ha dicho que me han puesto unas horas el viernes que se pueden cambiar a otra hora, para que salga antes... Yo le he dicho que está bien así... que no importa, porque los niños tienen ahí matemáticas, y puedo ayudarles colaborando con la tutora.
          Ha sido bonito... porque la he visto “bajar un peldaño”... acercarse y mostrar atención y empatía.
          Estoy gozando en mis coles... con mis niños y mis compis


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