martes, 17 de junio de 2014

CHIARA EN TIERRA SANTA

   Os ofrezco unos párrafos de un texto que me refleja casi a la perfección,
(aunque fue escrito en 1956),
 en todo lo que he vivido 
en mi reciente peregrinación a los Santos Lugares
(abajo está el enlace para ver el precioso texto completo):

HE VISTO LA TIERRA SANTA. 
LAS PIEDRAS QUE HABLAN
"…yo no creía que Jerusalén y los Santos Lugares iban a incidir de este modo en mi espíritu.
         …un guía nos mostró a través de un cristal, que custodiaba una roca, un agujero, y dijo: «En este orificio fue colocada la Cruz».
         Inadvertidamente, sin decírnoslo, nos encontramos todos de rodillas.
         Yo, por mi cuenta, tuve un momento de recogimiento.
         En aquel orificio fue plantada la Cruz... la primera cruz.
Si no hubiera existido aquella primera cruz, mi vida y la vida de millones de cristianos que siguen a Jesús llevando su cruz, mis dolores y los dolores de millones de cristianos, no habrían tenido un nombre ni habrían tenido un significado. Él, que allí fue levantado como un malhechor, dio valor y razón al mar de angustia que golpea y en el que está sumergida, a veces, la humanidad y, con frecuencia, cada hombre.
         No le dije nada a Jesús en aquel momento. Había hablado aquella piedra perforada...
         …«Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros». Allí, Jesús le había suplicado al Padre que nos ahijara, aunque estuviésemos alejados por nuestra culpa, y que nos hermanara entre nosotros en la más firme, por ser divina, unidad.
         Vi muchos otros lugares, seguí muchas calles que Jesús había recorrido, observé lugares que Jesús había observado...
         Y cada piedra decía una palabra, mucho más que una palabra, de modo que, al final, el alma estaba totalmente inundada, totalmente llena de la presencia de Jesús.
         Recuerdo con toda claridad que, al séptimo día, me había olvidado literalmente de mi patria, de mis conocidos, de mis amigos, de todo. Yo me veía allí, inmóvil y extática, espiritualmente petrificada entre aquellas piedras, sin otra misión que la de estar y adorar. ¡Adorar con el alma fija en el Hombre-Dios, que aquellas piedras me habían explicado, desvelado, cantado y exaltado!
         Un solo pensamiento me sacudió y me hizo volver. También en Italia había un lugar que valía más que aquellos lugares, donde yo podía encontrar a Jesús vivo: era el sagrario, cualquier sagrario con Jesús eucaristía.
         Mientras el avión nos traía de regreso, pensando y meditando, comprendí, por primera vez, cómo algunos musulmanes se quitan la vista después de haber contemplado la Meca y los lugares sagrados para ellos, porque –según dicen– ya no tienen nada mejor que ver.
         Nosotros no; con el Dios de los vivos podemos tener los ojos abiertos, incluso después de haber visto la Tierra Santa, con tal de que no veamos más que a Jesús, a Jesús en la Hostia Santa, a Jesús en los hermanos, a Jesús en las circunstancias alegres o tristes de la vida.

CHIARA LUBICH, (diario 1956), publicado en Escritos Espirituales /1, Madrid 1995, p. 173-197

         

jueves, 5 de junio de 2014

NO ROMPER PUENTES DE FRATERNIDAD

VIDA DE LA PALABRA sobre los últimos días de MAYO:
 

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de vivir la Palabra de vida de mayo:
1.-        Estábamos 5 personas durante una hora: yo era el que menos "pintaba" ahí. De pronto uno de ellos, vehemente y cargado de razones siempre en sus palabras, (el contenido era bastante correcto, -quizá más bien “se pasaba” de ultracorrecto, ¡pero los modos…!-), endurece aún más su tono y con sorna, en medio de su discurso (que yo calificaría casi de prepotente una vez más) empieza a insinuar "entre líneas" a los demás, irónicamente, mientras sonríe,  que son ineptos e incultos. Continúa de tal manera, que me hierve la sangre: los demás, o no se dan cuenta, o lo disimulan pacíficamente. Estuve a punto de decirle varias veces que cambiara el tono y se calmara, pero (conociéndolo un poco), sabía que no serviría de nada y que endurecería aún más su discurso y sus palabras. Además, precisamente yo era el menos adecuado para contestar. Pensé, de acuerdo con la Palabra de Vida, que en esta ocasión lo mejor era callar y ponerlo en las manos del Señor, para no crear más división aún.
            Al acabar, yo continué con dos de ellos: me vino la tentación de comentar lo sucedido y la conversación. Pero ahí sí que vi meridianamente que vivir la Palabra, (reconciliación con Dios y con los hermanos), me requería hablar de otra cosa. Si no, hubiera puesto a los otros más en contra de aquel y no hubiera solucionado nada: habríamos acabado criticando los tres y perdiendo la paz y no hubiera solucionado nada: habríamos acabado criticando los tres y perdiendo la paz.
           Terminé contento, y efectivamente, con paz en el alma. Así que, luego, al llegar a casa, referí la experiencia a los compañeros. Y con cuidado de que fuera algo que a ellos no les hiciera pensar mal de aquel, (aunque sólo lo conocen de oídas).

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de vivir la Palabra de vida de mayo (“En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios, 2 Co 5, 20) y de abril (“Os doy un mandamiento nuevo:
que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros”, Jn 13, 34):
1.-        “…disculpe que no le haya escrito antes, a pesar de la alegría que sentí cuando recibí su email...
            Estaré atenta a sus palabras de vida: es una forma interesante y amigable de conocer, sentir y vivir otras experiencias de Dios. Lo he reenviado a una de mis hermanas.
            Es cierto, todos los días sentimos a Dios en nuestra vida, es bello tenerlo y sentirlo a nuestro lado. Sin embargo, pienso que me falta mucha fe para disfrutar de su compañía sin miedos, recelos, sin autosuficiencia. Ojalá encuentre la forma de trabajar más en ello porque me resta mucha felicidad y paz el no lograrlo de manera constante…
            Le cuento una de mis más recientes experiencias de vida: estaba el lunes jugando con mi hijo, cuando empecé a recibir noticias sobre problemas en mi pequeña empresa, cada noticia peor que la anterior. Se me vino a la mente todo lo que he pasado para sacarla adelante durante más de 4 años, después de trabajar otros 18; mi esfuerzo, el de mis hermanas, privaciones para mí y mi familia, expectativas, ilusiones y muchas cosas más. Me desesperé al darme cuenta que puedo hacer muy poco desde tan lejos y con tantas obligaciones nuevas que tengo con mi nueva familia, sumado a problemas de salud de personas a quienes quiero mucho.
            Sentí una profunda tristeza y mucha soledad. De pronto me llegó su correo, ¡como caído del cielo!: sentí que Dios me había enviado a un gran amigo justo cuando lo necesitaba:  el solo saber que lo tengo, me alivia... Pronto lo visitaré: necesito que por favor me enseñe a tener más fe en Dios…”

2.-        “…estamos a punto de terminar el mes de mayo transcurrido a velocidad de "multa".
            Aunque siempre se pueden mejorar muchísimas cosas , estoy contento y le doy gracias a Dios porque esta casa ha vuelto a recuperar gran parte del sentido que nos habían inculcado desde pequeños al dedicarlo como el mes de nuestra Madre. Han sido bastantes veces en las que han surgido las posibilidades de " meter la pata " y el solo recuerdo de la fecha ha sido determinante para ser fiel, aunque para ser sincero tengo que reconocer que desgraciadamente no se ha cumplido al 100%…”

lunes, 2 de junio de 2014

ESTOY CON VOSOTROS


PALABRA DE VIDA      junio 2014
 
«Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días,
hasta el fin del mundo»
(Mt 28, 21)

            El evangelista Mateo comienza el Evangelio recordando que ese Jesús cuya historia va a narrar es el Dios-con-nosotros, el Enmanuel (cf. Mt 1, 23), y lo concluye refiriendo las palabras arriba citadas, con las que Jesús promete que estará siempre con nosotros, incluso después de que haya vuelto al cielo. Hasta el final del mundo será Dios-con-nosotros.
         Jesús dirige estas palabras a sus discípulos después de haberles encomendado la tarea de ir por el mundo entero a llevar su mensaje. Era muy consciente de que los mandaba como ovejas en medio de lobos, y de que sufrirían contrariedades y persecuciones (cf. Mt 10, 16-22). Por eso no quería dejarlos solos en su misión. Así, precisamente en el momento en que se va, ¡promete quedarse! Ya no lo verán con los ojos, no volverán a oír su voz ni podrán tocarlo, pero Él estará presente en medio de ellos, como antes e incluso más que antes. Pues si hasta entonces su presencia se localizaba en un lugar bien preciso –en Cafarnaún, en el lago, en el monte o en Jerusalén–, de ahora en adelante Él estará dondequiera que estén sus discípulos.
         Jesús se refería también a todos nosotros, que tendríamos que vivir en medio de la vida compleja de cada día. Como Amor encarnado que es, habrá pensado: yo quisiera estar siempre con los hombres, quisiera compartir con ellos sus preocupaciones, quisiera aconsejarles, quisiera caminar con ellos por los caminos, entrar en las casas, reavivar su alegría con mi presencia.
         Por eso quiso permanecer con nosotros y hacer que sintiésemos su cercanía, su
fuerza y su amor.
         El Evangelio de Lucas cuenta que después de haberlo visto ascender al cielo, sus discípulos «se volvieron a Jerusalén con gran alegría» (Lc 24, 52). ¿Cómo podía ser? Porque habían experimentado la realidad de esas palabras suyas.
         También nosotros estaremos llenos de alegría si creemos de verdad en la promesa de Jesús:

«Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».

         Estas palabras, las últimas que Jesús dirige a sus discípulos, marcan el final de su vida terrena y, al mismo tiempo, el inicio de la vida de la Iglesia, en la cual está presente de muchos modos: en la Eucaristía, en su Palabra, en sus ministros (los obispos, los sacerdotes), en los pobres, en los pequeños, en los marginados…, en todos los prójimos.
        A nosotros nos gusta subrayar en particular una presencia de Jesús: la que Él mismo nos indicó en este mismo Evangelio, el de Mateo: «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18, 20). Mediante esta presencia, Él quiere poder establecerse en cualquier lugar.
         Si vivimos lo que Él manda, especialmente su mandamiento nuevo, también podemos experimentar esta presencia suya fuera de las iglesias, en medio de la gente, en los lugares donde la gente vive, por todas partes.
Lo que se nos pide es ese amor mutuo, de servicio, de comprensión, de participación en los dolores, en las ansias y en las alegrías de nuestros hermanos; ese amor que todo lo cubre y que todo lo perdona y que es propio del cristianismo.
         Vivamos así para que todos tengan la oportunidad de encontrarse con Él ya en esta tierra.


martes, 20 de mayo de 2014

ORACIÓN DE LA FAMILIA


Hoy mis padres cumplen sus 50 años de matrimonio, (aunque lo celebramos ya hace unos días).
Como acción de gracias por ello a Dios, copio la "Oración de la familia" que desde siempre reza mi madre cada vez que estamos todos juntos (y ya rezaban ellos de recién casados):
ORACIÓN DE LA FAMILIA

¡Bendito seas, buen Dios,
porque sembraste el amor en nuestra casa!

Tú que alientas nuestras penas,
cultivas nuestras alegrías
y nos partes el pan de cada día,
conserva este techo y cuanto alberga.

Deseamos querernos mucho
para poderte amar a Ti cada día más.

Todos nosotros somos hijos tuyos
y los hombres son nuestros hermanos,
porque esta familia nuestra tan pequeña
se extiende hasta los cielos y rodea las naciones.

Cuida nuestro hogar, Señor:
haz que vivan en él tus santos ángeles,
para que nos guarden en paz;
que sea un camino recto
que nos conduzca a nuestra casa del Cielo
y que tu bendición descienda todos los días
sobre cada uno de los que en él vivimos.

¡Bendito seas buen Dios
porque sembraste el amor en nuestra casa!

Versión para ser cantada
 (adaptada y musicalizada por Fernando Tomás y grupo MI.ES.)
"Pincha" AQUÍ para escuchar el AUDIO: ahí tienes que seleccionar luego
la carpeta "MIES Villarrobledo" 
y, una vez dentro, "MIES Vdo - Oración familia", 
"pinchar" -a la derecha hay un reproductor- en el triángulo para oírla.
(Cantan mi hermano y su mujer, y al final mi sobrinillo)

Bendito seas, buen Dios,
porque sembraste el amor en nuestra casa.
Bendito seas, Señor,
porque sembraste el amor en nuestro hogar.

Tú que alientas todas nuestras penas,
cultivas nuestras alegrías
y nos partes el pan de cada día,

conserva este techo y cuanto alberga.
Deseamos querernos mucho
para amarte a Ti más cada día.

Bendito seas...

Todos nosotros somos hijos tuyos
y los hombres son nuestros hermanos:
esta familia se extiende hasta tu cielo.

Padre bueno, cuida nuestro hogar,
haz que vivan en él tus ángeles,
que nos guarden en paz y alegría.

Bendito seas...

Que nuestro hogar siga un camino recto,
que construya hoy tu Reino
y tu bendición descienda cada día.

Tú que alientas todas nuestras penas,
cultivas nuestras alegrías
y nos partes el pan de cada día.

¡Bendito seas, Señor,
porque sembraste el amor en nuestro hogar!
¡Bendito seas, buen Dios!




Y, como añadido y recuerdo de infancia, 
(¡¡y también hoy!!: mi madre, cuando estamos juntos todos
en un momento agradable
en seguida empieza a entonarla 
y todos la seguimos)
otra canción preciosa además por su letra:

LA FAMILIA UNIDA 
(La familia unida, 1976. Gaby, Fofó, Miliki y Fofito)

No hay nada más lindo que la familia unida,
atada por los lazos del amor:
sentir palpitar la misma sangre,
sentir que es uno solo el corazón.

No hay nada más lindo que la familia unida
por un cariño puro de cristal.
¡Qué hermoso que es vivir con la seguridad
de amar y ser amado de verdad,
con la satisfacción de ver la humanidad
unida por toda la eternidad!

(bis)

domingo, 18 de mayo de 2014

RECONCILIACIÓN PARA LA UNIDAD

VIDA DE LA PALABRA primeras semanas mes de MAYO
Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de vivir la Palabra de vida de mayo:
1.-        Una italiana de otro movimiento eclesial me llamó pidiendo le brindara algún contacto para venir a trabajar a Valencia. Por allí no tengo muchos conocidos en ámbito escolar, pero le dije que me enviara por correo-e su curriculum a ver qué se podía hacer. Aunque ella habla bien español, en el curriculum había alguna errata y faltaban varias tildes; me venía la idea de ofrecerme para corregírselo... pero ¡no me sobran precisamente las horas! Me animé recordando la PdV.
            ¡Ella quedó asombrada!: “tu gentileza y cortesía son desarmantes; lo digo sinceramente, independientemente del resultado”.
            La verdad es que luego me llevó un largo rato, pues al final había que retocar más expresiones de lo que parecía a primera vista. Eso me hizo entretenerme en salir de viaje y pillar con ello mayor atasco, pero no importaba.
Cuando lo recibió, me escribió: " no sabría cómo agradecértelo: has hecho un trabajo minucioso! Si vienes por Italia, sería verdaderamente bonito poder encontrarnos y compartir las maravillas que el Señor realiza en nuestras vidas y comunidades". ¡Amor recíproco y comunión también entre varias realidades eclesiales!

2.-     El fin de semana pasado fue muy bonito y familiar: Primera Comunión de mi sobrino y ahijado en Alicante, Bodas de Oro (adelantadas al día 20, ya que estábamos todos juntos) de mis padres (a la vez que en la Misa le dije a mi hermano y hermanas que dieran también la mano a sus respectivos cónyuges y renovaran también ellos sus 10, 15 y 23 aniversarios respectivamente, que habían celebrado hacía pocos días) y luego el IV Centenario del Convento de Clarisas de mi tía (creí que no llegábamos a tiempo: ¡fue casi un milagro estar antes de la hora!: esta vez no tuvimos que hacer ni siquiera una sola parada con mis padres, cuando, en cambio, a la ida fueron dos).
            Celebraciones todas entrañables, todos volcados con todos, que recordaba el salmo “¡ved qué delicia, qué dulzura, convivir los hermanos unidos!”, con las Misas muy participadas."Clima" muy bonito también simplemente paseando con los pies en el mar 
recién llegados todos a las 12 de la noche a pesar del fresco, o la noche siguiente, viendo y comentando (lo importante era la convivencia entre nosotros, la armonía y estar juntos todos) el degradado festival de Eurovisión (constatando con el resultado que, como unos nos quedemos quietos, y los otros, aunque sean minoría se movilicen, acaban imponiendo sus pretensiones).
            El power point con fotos rescatadas de hace décadas emocionaba a los mayores y asombraba a los niños viendo tatarabuelos, bisabuelos…, abuelitos de jovencillos y a los propios papás y tíos cuando éramos niños. Mi padre (a pesar de sus despistillos cada vez más frecuentes, decía luego regresando en el coche: “ha sido la mejor tarde”). Mi sobrino más pequeño antes de acabar su viaje de regreso ya preguntaba cuándo volvemos otra vez, cuánto falta para la próxima.

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de vivir la Palabra de vida de mayo (“En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios, 2 Co 5, 20) y de abril (“Os doy un mandamiento nuevo:
que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros”, Jn 13, 34):
1.-        “…gracias por acordarte de nosotros; he tenido una Semana Santa bastante atípica…:
         Martes Santo dan de alta a mi hermano, (solo que no podía andar… al haber estado tanto tiempo en coma…), …él dijo que se quería venir conmigo, con lo cual pensé: "El Señor me quiere en este servicio"; lo asumí con amor y alegría. ¡Pero
mira por dónde el Señor me tenía reservada otra sorpresa!: Jueves Santo estoy esperando a mi hija que venía a pasar la Semana Santa conmigo debido a su estado tan avanzado de gestación…; suena el teléfono: mi yerno para decirme que había dejado ingresada a mi hija para una cesárea… porque el bebé… tenía 2 vueltas de cordón…Llamé a mis otras hijas para cuidar de mi hermano, y nosotros nos fuimos al hospital, a la hora de los Oficios estaba en la puerta del quirófano, pidiendo al Señor que todo saliera bien, y así fue, gracias a Dios: un niño precioso. Pedí unos días de vacaciones para poder cuidar de todos.
         No he podido estar donde pensaba y deseaba estar: el Señor ha querido tenerme en otro sitio, en una Semana Santa muy especial de entrega y amor a los demás; lo he aceptado y me siento feliz por todo lo acontecido, y doy gracias a Dios por haberme dado las fuerzas necesarias para poder con todo.
         Mi hermano, ya está en su casa, con la rehabilitación… ya camina…; gracias por todas vuestras oraciones y apoyo cuando más lo he necesitado. Mi hija también está bien, no ha tenido problemas con la operación y el bebé está precioso.
         Perdona por haberos tenido tan olvidados: la verdad… ha sido todo demasiado rápido, demasiado intenso, sin tiempo a la reflexión, solo a ejecutar lo que Dios me puso por delante en cada momento…”

2.-        “…"ver” a Jesús en todos ha cambiado todas las relaciones. "Lo habéis hecho a Mí" anima a las personas de la comunidad y el ambiente cambia. Tratamos de hacer circular el  amor en la comunidad parroquial acogiendo a las personas cuando llegan a la iglesia y saludándolas al final de la celebración. Estamos atentos por si necesitan algo, les alcanzamos una silla si están de pie, o damos la hoja de la misa a quien no la tiene.
            Son pequeños gestos, pero tratamos de hacerlos con amor y por Jesús. Crean familia, hacen casa, las personas se sienten amadas. Hay personas que vienen justamente por el clima de acogida que encuentran
…”

3.-        “…ayer te eché muchísimo de menos en mi Confirmación, pero sentí que tú también pediste y te acordaste de nosotros. Fue un día precioso, emocionante y muy, muy feliz ... Mi marido fue mi Padrino y estaba guapísimo y elegante. La peque estaba preciosa, parecía un hada de cuento... todo resultó sencillo, precioso e inolvidable ... un día que atesoraré para siempre, como el día de mi Primera Comunión,  de mi Boda y del nacimiento de nuestra "princesita"... todos en Mayo, el mes dedicado a Nuestra Madre del Cielo ... nuestra Querida Virgen María presente en los mejores momentos de nuestra vida ... por algo será ...
            En cuanto tenga fotos de la celebración te las envío ... de momento, te remito algunas de las canciones… para que te hagas idea de lo precioso que resultó todo ... el Templo estaba repleto de gente ... nos confirmamos 18 (3 adultos) ... en la homilía el Obispo comentó que le parecía muy bonito que el Espíritu Santo fuera a llegar a personas que somos jóvenes desde hace ya unos cuantos añitos ... y animó a los presentes a que, si alguno no estaba confirmado… que todos hacemos falta ... Ya te digo, resultó todo muy EMOCIONANTE Y PRECIOSO ...
            … os sentí a todos conmigo, al igual que a mis padres a los que recordé en todo momento y a los que también sentí en espíritu junto a mí ...
            Después de la ceremonia algunos de los confirmados, preparamos un pequeño ágape en uno de los salones parroquiales, cada uno de nosotros preparamos algunas cosillas para comer y estuvimos todos, con sus familias y los amigos… incluso el Obispo… todo verdaderamente inolvidable…”.

N.B.: Puedes leer "pinchando" AQUÍ otras experiencias de gente de todo el mundo.


viernes, 16 de mayo de 2014

RECONCILIACIÓN CON DIOS Y CON LOS HERMANOS

Os ofrezco un par de textos que nos ayuden a comprender y vivir mejor la Palabra de vida que tenemos este mes:

CULTURA DEL ENCUENTRO
         Pensemos en el episodio de los discípulos de Emaús. Es necesario saber entrar en diálogo con los hombres y las mujeres de hoy para entender sus expectativas, sus dudas, sus esperanzas, y poder ofrecerles el Evangelio, es decir, a Jesucristo, Dios hecho hombre, muerto y resucitado para liberarnos del pecado y de la muerte. Este desafío requiere profundidad, atención a la vida, sensibilidad espiritual. Dialogar significa estar convencidos de que el otro tiene algo bueno que decir, acoger su punto de vista, sus propuestas. Dialogar no significa renunciar a las propias ideas y tradiciones, sino a la pretensión de que sean únicas y absolutas.
PAPA FRANCISCO, Mensaje para la jornada de comunicaciones sociales de junio, 24 enero 2014
   "Pincha" AQUÍ para leer entero el Mensaje.

RECONCILIACIÓN CON DIOS Y CON LOS HERMANOS
         A través de los sacramentos de iniciación cristiana, el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, el hombre recibe la vida nueva en Cristo. Ahora, todos lo sabemos, llevamos esta vida «en vasijas de barro» (2 Cor 4, 7), estamos aún sometidos a la tentación, al sufrimiento, a la muerte y, a causa del pecado, podemos incluso perder la nueva vida… El sacramento de la Reconciliación es un sacramento de curación. Cuando yo voy a confesarme es para sanarme, curar mi alma, sanar el corazón y algo que hice y no funciona bien…
         El sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación brota directamente del misterio pascual. En efecto, la misma tarde de la Pascua el
Señor se aparece a los discípulos, encerrados en el cenáculo, y, tras dirigirles el saludo «Paz a vosotros», sopló sobre ellos y dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados» (Jn 20, 21-23)…
el perdón de nuestros pecados no es algo que podamos darnos nosotros mismos. Yo no puedo decir: me perdono los pecados. El perdón se pide, se pide a otro, y en la Confesión pedimos el perdón a Jesús. El perdón no es fruto de nuestros esfuerzos, sino que es un regalo, es un don del Espíritu Santo, que nos llena de la purificación de misericordia y de gracia que brota incesantemente del corazón abierto de par en par de Cristo crucificado y
 resucitado. En segundo lugar, nos recuerda que sólo si nos dejamos reconciliar en el Señor Jesús con el Padre y con los hermanos podemos estar verdaderamente en la paz. Y esto lo hemos sentido todos en el corazón cuando vamos a confesarnos, con un peso en el alma, un poco de tristeza; y cuando recibimos el perdón de Jesús estamos en paz, con esa paz del alma tan bella que sólo Jesús puede dar, sólo Él.
         …la comunidad cristiana el lugar donde se hace presente el Espíritu, quien renueva los corazones en el amor de Dios y hace de todos los hermanos una cosa sola, en Cristo Jesús. He aquí, entonces, por qué no basta pedir perdón al Señor en la propia mente y en el propio corazón, sino que es necesario confesar humilde y confiadamente los propios pecados al ministro de la Iglesia. En la celebración de este sacramento, el sacerdote no representa sólo a Dios, sino a toda la comunidad, que se reconoce en la fragilidad de cada uno de sus miembros, que escucha conmovida su arrepentimiento, que se reconcilia con Él, que le alienta y le acompaña en el camino de conversión y de maduración humana y cristiana.          Uno puede decir: yo me confieso sólo con Dios. Sí, tú puedes decir a Dios «perdóname», y decir tus pecados, pero nuestros pecados son también contra los hermanos, contra la Iglesia. Por ello es necesario pedir perdón a la Iglesia, a los hermanos, en la persona del sacerdote. «Pero padre, yo
me avergüenzo...». Incluso la vergüenza es buena, es salud tener un poco de vergüenza, porque avergonzarse es saludable. Cuando una persona no tiene vergüenza, en mi país decimos que es un «sinvergüenza». Pero incluso la vergüenza hace bien, porque nos hace humildes, y el sacerdote recibe con amor y con ternura esta confesión, y en nombre de Dios perdona.
         También desde el punto de vista humano, para desahogarse, es bueno hablar con el hermano y decir al sacerdote estas cosas, que tanto pesan a mi corazón. Y uno siente que se desahoga ante Dios, con la Iglesia, con el hermano… Quisiera preguntaros —pero no lo digáis en voz alta…—: ¿cuándo fue la última vez que te confesaste?... Y si pasó mucho tiempo, no perder un día más,
ve, que el sacerdote será bueno. Jesús está allí, y Jesús es más bueno que los sacerdotes, Jesús te recibe, te recibe con mucho amor. Sé valiente y ve a la Confesión.
         Queridos amigos, celebrar el sacramento de la Reconciliación significa ser envueltos en un abrazo caluroso… cada vez que nos confesamos, Dios nos abraza, Dios hace fiesta…

PAPA FRANCISCO, Audiencia General de los miércoles, 19 febrero 2014
"Pincha" AQUÍ para leer entera la catequesis 

jueves, 1 de mayo de 2014

CONVERTIRNOS EN RECONCILIADORES

PALABRA DE VIDA              mayo 2014
 
«En nombre de Cristo os pedimos
que os reconciliéis con Dios»
(2 Co 5, 20)
          Esta es la exhortación de Pablo a los corintios después de un gran anuncio que constituye el núcleo de todo el Evangelio: Dios ha reconciliado al mundo consigo por medio de Cristo (cf. 2 Co 5, 19).
          En la cruz, con la muerte de su Hijo, Dios nos ha dado la prueba suprema de su amor. Por medio de la cruz de Cristo Él nos ha reconciliado consigo.
          Esta verdad fundamental de nuestra fe está hoy de plena actualidad. Es la revelación que toda la humanidad espera: sí, Dios está cerca con su amor a todos y ama apasionadamente a cada uno. Nuestro mundo necesita este anuncio, pero lo podremos dar si antes lo anunciamos una y otra vez a nosotros mismos, hasta sentirnos envueltos por este amor, incluso cuando todo nos llevaría a pensar lo contrario.

          «En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios»

          Pero esta fe en el amor de Dios no puede permanecer encerrada en la interioridad de cada cual, como bien explica Pablo: Dios nos ha dado el encargo de llevar a otros a la reconciliación con Él (cf. 2 Co 5, 18), encomendando a cada cristiano la gran responsabilidad de testimoniar el amor de Dios por sus criaturas. ¿Cómo?
          Todo nuestro comportamiento debería hacer creíble esta verdad que anunciamos. Jesús dijo claramente que antes de llevar la ofrenda ante el altar deberíamos reconciliarnos con nuestro hermano o hermana si estos tuviesen algo contra nosotros (cf. Mt 5, 23-24).
          Y esto vale ante todo dentro de nuestras comunidades: familia, grupo, asociación, Iglesia. Es decir, estamos llamados a abatir todas las barreras que se oponen a la concordia entre personas y pueblos.
[…]

          «En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios»

          «En nombre de Cristo» significa «en su lugar». Haciendo sus veces, viviendo con Él y como Él, amémonos como Él nos ha amado, sin cerrazones ni prejuicios, sino abiertos a captar y apreciar los valores positivos de nuestro prójimo, dispuestos a dar la vida unos por otros.  Este es el mandato por excelencia de Jesús, el distintivo de los cristianos, válido también hoy, como lo era en tiempos de los primeros seguidores de Cristo.
          Vivir esta palabra significa convertirnos en reconciliadores.

          Y si todos nuestros gestos, nuestras palabras y nuestras actitudes están impregnados de amor, serán como los de Jesús. Seremos, como Él, portadores de alegría y de esperanza, de concordia y de paz; en definitiva, de ese mundo reconciliado con Dios (cf. 2 Co 5, 19) que toda la creación espera.