jueves, 15 de junio de 2017

ENVIADOS SIEMPRE A CONSTRUIR LA UNIDAD

Unos textos (y las experiencias) para reimpulsarnos en vivir concretamente la Palabra del mes de junio («Como el Padre me envió, también yo os envío», Jn 20, 21):
 

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CONFIAR EN DIOS

 [...] incluso sabiendo que Dios es Amor, a menudo vivimos como estuviéramos solos sobre esta tierra, como si no existiera un Padre que nos ama y nos sigue; que conoce todo de nosotros, ¡cuenta hasta los cabellos de nuestra cabeza!; que todo lo hace concurrir a nuestro bien: lo que de bueno hacemos y las pruebas que pasamos.
Deberíamos poder repetir, como si fueran nuestras, las palabras del y nosotros hemos creído en el amor
evangelista Juan: “…
Creer, en efecto, es sentirse observados y amados por Dios, es saber que cada oración que hagamos, cada palabra, cada movimiento, cada acontecimiento triste o alegre o indiferente, cada enfermedad, todo, todo, todo, desde las cosas que nosotros creemos importantes hasta las más mínimas acciones o pensamientos o sentimientos, todo es observado por Dios. Y si Dios es Amor, la completa confianza en Él, no es más que la lógica consecuencia. Podemos tener entonces aquella confianza que nos lleva a menudo a hablar con Él, a exponerle nuestras cosas, nuestros propósitos, nuestros proyectos. Cada uno de nosotros puede entregarse a su amor, seguro de ser comprendido, confortado, ayudado. [...]

CHIARA LUBICH, Confidare in Dio, Città Nuova 20 septiembre 2004





DESCUBRIR EL BIEN QUE HAY EN EL OTRO

[...] es una invitación apremiante a reconocer lo positivo del otro, al menos porque Cristo dio la vida también por esa persona a la que me darían ganas de juzgar. Es una invitación a escuchar desactivando los mecanismos defensivos, a permanecer abiertos al cambio, a acoger la diversidad con respeto y amor, para llegar a formar una comunidad plural y al mismo tiempo unida. [...]

FABIO CIARDI – Palabra de Vida, Febrero 2015





ANUNCIAR DE MANERA CONVINCENTE

El Espíritu Santo es el alma de la Iglesia, con su fuerza vivificadora y unificadora: de muchos hace un solo cuerpo, el Cuerpo Místico de Cristo. No cedamos nunca al pesimismo, a esa amargura que el diablo nos presenta cada día; no cedamos al pesimismo y al desaliento: tengamos la firme certeza de que el Espíritu Santo da a la Iglesia, con su poderoso aliento, el valor de perseverar y también el de buscar nuevos métodos de evangelización para llevar el Evangelio hasta el confín de la tierra (cf. Hch 1, 8). La verdad cristiana es atractiva y persuasiva porque responde a la necesidad profunda de la existencia humana, al anunciar de manera convincente que Cristo es el único Salvador de todo el hombre y de todos los hombres. Este anuncio sigue siendo válido hoy como lo fue al inicio del cristianismo, cuando se produjo la primera gran expansión misionera del Evangelio.
Queridos hermanos: ¡Ánimo! La mitad de nosotros nos encontramos ya en edad avanzada: la vejez es –así me gusta decirlo– la sede de la sabiduría de la vida. Los viejos tienen la sabiduría que da el haber caminado en la vida... Y precisamente esa sabiduría les permitió reconocer a Jesús. Trasmitamos esta sabiduría a los jóvenes: como el buen vino, que con el paso de los años se vuelve aún mejor, transmitamos a los jóvenes la sabiduría de la vida.

PAPA FRANCISCO, Discurso al Colegio Cardenalicio, 15 marzo 2013





LA META ES LA UNIDAD

Queréis escrutar el camino que hay que recorrer para alcanzar un “mundo unido”, en la consciencia de que tal “ideal” va haciéndose “historia”. Verdaderamente esta parece la perspectiva que emerge de múltiples signos de los tiempos: la perspectiva de un mundo unido. Es la gran esperanza de los hombres de hoy, la esperanza y, al mismo tiempo el gran desafío del futuro
Hace falta estar atentos a la voz de tales mensajes, ya que la ocasión que Dios nos ofrece no debe ser desperdiciada. Si la meta esperada y buscada por todos los hombres de buena voluntad es la unidad, a todos nos toca, pero especialmente a vosotros jóvenes, abrirnos hacia aquellos sentimientos y aquellas actitudes que pueden promover la progresiva afirmación. A todos, por tanto, se nos pide educar la propia conciencia a sentimientos de respetuosa convivencia, de concordia, de fraternidad, ya que sin ésta no es posible actuar un verdadero camino de unidad y paz.

S. JUAN PABLO II, A los jóvenes reunidos en el Palaeur de Roma para el «Genfest 1990»,
31 marzo 1990




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