jueves, 21 de noviembre de 2013

Bondad, comprensión, perdón

VIDA DE LA PALABRA mes de noviembre 
Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de vivir la Palabra de Vida de noviembre (“sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros…”):
1.-        Ante una persona que me encuentro con cierta frecuencia, sospechaba yo que le podía molestar mi presencia, por lo que el mejor modo de amar era simplemente “hola” y “adiós” con una sonrisa. Para mi sorpresa, una de las veces, “hiló” conversación e incluso hicimos el trayecto sentados al lado en el tren, aunque yo iba todo el tiempo atento a ponerme a leer si hubiera notado que no quería seguir charlando conmigo o que prefería escuchar música, leer o mirar el móvil.

2.-        A alguien que no tenía costumbre de pedir las cosas “por favor” o luego dar las “gracias”, me costaba… Pero he procurado también hacer pequeñas cosas que le podían ser útiles, incluso antes de
que me las pidiera o sin que se diera cuenta. Era bonito cuando luego… en bastantes ocasiones…:
 “…¡¡me hiciste esto¡?; ¡gracias!”.

3.-        Me senté en el tren cerca de una persona que había conocido 15 días antes. Al empezar a charlar, pasó una chica a la que no me encontraba desde hacía años. Tras la alegría y el saludo, la invité a que se sentara con nosotros. La otra persona empezó a sacar temas polémicos de moral, con argumentos escabrosos. Yo veía la necesidad que tenía de ser escuchada a fondo, pero, a la vez, mi problema era que la recién llegada podría quedar escandalizada si yo no contestaba de vez en cuando y, además, argumentando de modo eficiente. ¡Y nada más que 25 minutos de trayecto para lo uno y para lo otro!
Pensé que yo tenía que amar “hasta dar la vida” por ambas personas, aunque en el fondo cada una requiera una cosa contraria. Sin perder atención a la conversación, instantáneamente le pedía yo a Jesús que actuara en el corazón de cada uno de los 3 que estábamos, según la diversa necesidad, y le decía: “no me pongo de parte de nadie, ni de la mía; solo de la Tuya, que eres Amor”. A cada tema, argüía yo con temas de la ley natural, pero en seguida la otra seguía “pinchando”. Al final conté algunas experiencias y testimonios (míos y de conocidos) cuyo mensaje y doctrina implícitamente estaban suficientemente claros; ambas se quedaban calladas (a la chica yo la notaba muy contenta; la otra escuchaba… sin mirarme mucho...).
Me despedí de la chica, (que continuaba una estación más), todo lo amablemente que pude y recordándole que me escribiera siempre que quisiera para todo (más que nada, por si el debate le
había generado alguna duda o inquietud, aunque más bien reflejaba todo lo contrario en el rostro).
Y nos bajamos. La otra estaba sonriente, pero seguía “combativa”: “¡no te dejes engañar por la Iglesia!” y otras cosas. Ya teníamos que coger pasillos distintos… pero me acerqué y le dije: “¡venga, dame un par de besos, y en otra ocasión seguimos!”. “¡Uy, la próxima vez que me veas seguro que no te vas a querer sentar al lado!”, me decía. “¡¡Todo lo contrario!!”, (aunque eso supone un viaje… todo menos descansado… y de regreso tras una jornada intensa…).

Algunas de vuestras EXPERIENCIAS viviendo la Palabra de noviembre (“sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros…”) o la de octubre (“a nadie debáis nada, más que amor…”) y las de meses anteriores:
1.-        “gracias, Paco, por recordarnos que en este mundo tan incomprensible Dios es nuestro único bien. Y “a nadie le debáis nada más que amor”.
Este mes fui a cobrar (con necesidad económica) un apartamento, pero el inquilino me dijo que no podía pagarme. Lleva tiempo en el paro y era la primera vez que me pedía le esperase, así que, sin ningún reproche, le dije que si podía ayudarle (es albañil) le ayudaría a buscar y conversamos un rato.
Me agradeció mucho que tratara de ayudarle, y pedí por él. Luego me di cuenta de algunos trabajos que podría hacerme en la casa y muy gustoso me pagó con ellos el mes. Ahora ha encontrado un trabajo, pero solo por tres meses.
Nuestra relación es franca y positiva. Ya sabes que vivo en un pueblo agrario, y aquí solo queda sufrir con paciencia los fallos a veces intencionados de los demás, a veces con un dialogo difícil que sólo con la ayuda de Dios se logra...

2.-        "¿sí te sientes mejor con tu resfriado?
          …mi salud ha mejorado un poco: no está idónea, pero no tengo nada grave, ¡gracias a Dios y a tus oraciones también!
          Una pequeña historia sobre… mis cumpleaños. Este año decidí invitar algunos amigos a casa, (nunca lo hice antes de mi matrimonio): ocho personas por lo menos. Pero, el problema era el espacio: dónde sentar tanta gente; ni teníamos mesa bastante grande. Entonces mi marido y yo pasamos dos días preparando…: ¡incluso compramos la mesa nueva! Y ayer..., ¿qué piensas?: ¡solo tres vinieron! Mi amiga me llamó y dijo que ella y su madre tuvieron que trabajar. Y otra pareja fue a Moscú y llegó muy tarde... Me quedé desengañada. Sí, es una lástima que toda nuestra preparación y un montón de comida que había preparado era en vano, pero no puedo decir que estoy ofendida ni que empiece a tratarlos peor. No creo que fuera intencionadamente…
          Mis buenos deseos y cordialísimo saludo desde Rusia."

3.-        “te agradezco, como de costumbre, tus siempre interesantes y didácticos envíos.
Acostumbras a exponer hechos de vida, que no siempre hay cosas que contar. Lo que se me ocurre ahora es manifestarte que hace tiempo pensaba cual sería la cosa importante que podría ofrecerle a Nuestro Señor Jesús y en seguida me percaté que
 podría servirle buscándole en lo pequeño, en la cosa insignificante, en lo que nadie más qué El se entera, por ejemplo: dejar que los demás cojan las mejores piezas de una fuente; pasar de beber por un rato cuando tienes sed; hacer alguna cosa para que otro no tenga que realizarla; privarte de algo que te apetece en ese momento... ...son infinidad de ocasiones que se me presentan al cabo del día para fortalecernos y así ayudarnos a crecentar nuestra humildad, que realizadas por amor a Dios, solo se entera Él

4.-        “ayer por la tarde fui a recoger a mi hijo al autobús después de tres días de convivencia. Ni un beso me dio, inquieto por presentarme a un amigo que de otra parroquia había hecho.
Mientras, mi mente retrocedió al jueves, día en que se iba. Llegó del colegio llorando: “no quiero ir. Me han invitado a una fiesta de halloween”. Un mazazo. Tenía veinte minutos para que se cambiase, merendase e ir hacia el autobús.
De nuevo me acordé de San Ignacio y su teoría de las dos banderas. La verdad es que tiene mucha razón. Y es que siempre hay que estar luchando entre Dios y el demonio. Así me sentía yo en ese momento. No podía soltarle un discurso sobre lo absurdo que me parecía esa fiesta. No tenía tiempo de ponerme a discutir. Me acordé de las palabras del
cardenal Van Thuan en “Cinco panes y dos peces”: “Antes del trabajo pastoral, social, caritativo, es necesario rezar”. No tenía muy claro si, en ese momento, mi labor era pastoral, social, caritativa… ¿tal vez las tres? En cualquier caso, seguí su consejo. Recé.
Recé, respiré, le cogí de la mano, me senté con él y le dije: “comprendo tu ilusión por ir a la fiesta... Si lo que te hace ilusión es disfrazarte, dentro de nada está carnaval y si quieres disfrazarte de vampiro, fantasma, esqueleto… podrás hacerlo, es más si quieres y te hace ilusión, hacemos una fiesta de disfraces en casa; pero no puedes dejar que una ilusión que te va a durar unas horas te impida disfrutar de una oportunidad de estar entre amigos durante tres días. ¿No estabas ilusionado con volver a ver a los amigos que hiciste en la otra convivencia? ¿Crees que te dejaría ir a un sitio, si no supiese que vas a estar feliz? ¿No confías en Jesús? Él no nos pone las cosas por casualidad. Si ha puesto una convivencia en tu camino, por algo será. No puedes perderte la oportunidad de conocer a alguien que igual se convierte, con el tiempo, en tu mejor amigo...”.
El caso es que me dio un abrazo, entre lágrimas, me dijo que le perdonara, que
 tenía razón y corriendo se fue a merendar y al autobús.
Mientras esperábamos al autobús hablaba con la hermana de uno de los chicos. Me decía: “no sólo halloween, en el cole también celebramos el día de la independencia, el día de la marmota… y luego no nos dejan celebrar la Navidad.
Eso sí que me sonó como una puñalada. No lo entiendo.
Pero no hay que perder la esperanza. Cuando mi hijo se subió al autobús respiré tranquila. Me sentí feliz. “Otra bandera blanca ganada”, pensé.
Pensar, pensé mucho la verdad. Pensaba que esta vez se había equivocado “el de rojo”. Conmigo pudo un montón de veces, pero ahora atacaba a mi hijo ¡y eso sí que yo no lo iba a consentir! Si al final no iba a la convivencia, no sería porque yo no pusiera todo lo que pudiese de mi parte.
Tarde descubrí yo la vida de parroquia, la vida dentro de la Iglesia… Tarde descubrí yo todo lo positivo que aporta una convivencia…
No calló en el trayecto hasta casa ni durante la cena… Hablaba con tanto entusiasmo que casi me hace llorar.
Mientras una madre abrace a su hijo lo tiene difícil el enemigo. Y ¡menuda Madre tuvo, tiene, Jesús!, así que no, no hay que desesperarse ante lo que parece evidente

5.-        …dos colegas estaban enojados uno con otro, sin hablar. Traté de acercarme a ellos, los insté a buscar una solución conjunta. Me respondió que simplemente no es asunto mío... Pero pensé que uno no puede quedarse quieto viendo crecer la tensión entre compañeros y no hacer nada. Así que, a la primera oportunidad, hablé con cada uno de ellos por separado, aconsejándoles buscar el entendimiento, la reconciliación.
Después de un tiempo, con alegría he podido encontrarlos hablando como amigos y cuando pasé a su lado, uno me saludó en tono de broma sonriendo amablemente: “aquí ya no tienes nada que hacer”


Pinchando” AQUÍ ,
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de gente de todo el mundo
que también ha tratado de poner en práctica
esta misma Palabra de Vida del mes.
 Y AQUÍ, algunas otras más.



1 comentario:

  1. Todas las experiencias... pero la que más... la del tren...: ¡vaya temple!... para "lidiar" en argumentarios "encontrados"... olé....

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