jueves, 16 de marzo de 2017

RECONCILIADOS CON DIOS EN CADA PRESENTE

VIDA DE LA PALABRA             primeras semanas de MARZO


Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de marzo («¡Reconciliaos con Dios!», 2 Co 5, 20), la de febrero («Os daré un corazón nuevo; infundiré en vosotros un espíritu nuevo», Ez 36, 26):
1.-        El viernes me llamó un matrimonio; ayer me escribió un correo otro matrimonio. Ambos me decían más o menos: “te vemos serio o preocupado, ¿o es cansancio?”. “Cansado”, era mi contestación. Y es verdad: en medio de la mucha actividad habitual, la operación de mi madre, varios viajes allí al pueblo, y aquí y allí madrugar mucho más de lo habitual.
         Pero gracias a esos “avisos” de tan buenos amigos, me he percatado que tenían razón: yo me estaba centrando poco en vivir por amor cada momento presente, un poco abstraído yo por pequeñeces y eso me restaba quizá alegría: aparte de lo anterior, (y de lo que te contaba hace 15 días), y de la gastritis y acetona durante todo el fin de semana que predicábamos los Ejercicios Espirituales, un par de caras multas de aparcamiento por ingenuidad por mi parte (fiándome indebidamente de un consejo) y la consiguiente inseguridad-temor cada vez que toco el coche, el ordenador que hizo varios intentos fallidos por arrancar (riesgo por tanto de pérdida de los archivos y de todas vuestras direcciones…), varios despistes de nuevo o faltas de atención, una amiga (antigua feligresa; de mi edad) que fui a visitar desviando mi recorrido en uno de estos viajes a mi pueblo porque su marido me avisó que “le queda poco…”, un pequeño conflicto-malentendido injusto en el hospital…, y un largo etcétera de minucias.        
A raíz de la llamada el viernes, en cambio, cada una de estas cosas me ha ido sirviendo como revulsivo para “dejarme reconciliar con Dios”, es decir, para saber y saborear que aunque parezca que algunas cosas se tuercen, Él “escribe derecho”, y me servía para unirme más a Él. Y a la vez, para desde esa hondura, tratar de ser “embajador” de reconciliación.
Creí que lo estaba logrando…, pero parece que poco o nada: me llegó el correo-e. que arriba te comentaba. Bonita corrección fraterna. Así que, hoy he estado redoblando el ánimo y el propósito: dejarme reconciliar con Dios, y ser yo reconciliador con todos y entre todos. Y creo que con la Gracia lo voy logrando

2.-        Aprovecho para agradecerte a ti y a todos las oraciones por la operación en mi pueblo de las dos hernias de mi madre el miércoles de la semana pasada. El viernes tarde le dieron el alta, pero con el drenaje puesto; hoy se lo han revisado y se lo han dejado puesto: el lunes nueva revisión. Las 12 grapas hasta dentro de unos días todavía no se las quitan. Gracias por tu interés, cercanía y oración. Veremos cuándo me la puedo traer a la parroquia unas semanas para ir probando por si se adaptara a estar conmigo.



Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de marzo («¡Reconciliaos con Dios!», 2 Co 5, 20), la de febrero («Os daré un corazón nuevo; infundiré en vosotros un espíritu nuevo», Ez 36, 26) y la de enero («Porque el amor de Cristo nos apremia», 2 Co 14):
1.-        “siempre te leo, siempre, y también casi siempre tengo algo que contar, pero no lo hago, (a veces porque no tengo tiempo, otras veces por pereza). Pero siempre te leo, siempre, y me gustan, (no, ¡me encantan!), las experiencias que pones, tanto tuyas como las de los demás: enseñan mucho.
Me viene ahora a la mente la PdV de enero: “porque el amor de Cristo nos apremia”. Le doy vueltas y vueltas. Chico, la verdad no sé por qué... Si solo hay que amar.
…ya llevo un tiempo acompañando a una persona. Como estoy tratando de montar una empresita de cuidado y atención a persona mayor, niños e incluso hacer trabajos domésticos, pues me llaman de vez en cuando. 
Resulta que me comunican que una persona necesitaba que le apañaran un poco la casa, que vivía sola, pero que con tanto trabajo, no tenía tiempo de hacer las cosas de casa. 
En cuanto me pongo en contacto, me explica que más que hacer labores domésticas, lo que necesita es que le ayude a salir de la depresión y la ansiedad que sufre. 
Te podrás imaginar cómo me quedé: de piedra. Por mi mente pasó el salir disparada del lugar. Madre mía, si me había hasta dicho que menos mal que yo había llegado, porque estaba a punto de quitarse la vida. Hasta eso, Paco. Pero el pensamiento de irme de allí solo fue un segundo. Rápidamente me dije: “yo soy cristiana y me debo a Cristo. ¿Qué haría ÉL en mi lugar?”. Acto seguido le dije: “cuenta conmigo. Te ayudaré en todo lo que pueda, pero antes vamos al psicólogo, psiquiatra y debes seguir la medicación que te ordenen”.
Yo no soy psicóloga, Paco, pero me dije: “tengo que llenarme de paciencia, darle mucho amor y sobre todo desviarle cualquier conversación que lleve al suicido o cosa parecida”. Hablamos de infinidad de temas, por otro lado aprendo porque es una persona muy culta e inteligente y de paso hacemos ejercicio: he optado por hacer dos horas diarias de caminata y entre tanto vamos hablando.
Hoy en día va mejorando a ojos vista. Toma su medicamento que ya es de por vida, habla y ejercita el cuerpo. Espero que dentro de poco, si no tiene recaída pueda volver al trabajo. No sabes la satisfacción que me da cada vez que lo veo y me dice: “¡qué bien me siento! Hoy en la mañana, -a veces no voy, porque me tengo que ocupar también de mi madre-, he hecho esto y lo otro y lo de más allá”. Y el semblante, cómo le ha cambiado. Es increíble, Paco.
Ya se reúne con su gente…, ayuda… , algo que a él le encanta y se le da bien


2.-        “he tenido muchas oportunidades para vivir la Palabra de este mes. Muchos matices de amor.
El amor que perdona: no criticar a los demás mientras hablo con su compañero de mesa.
El amor que se hace uno: no he juzgado por su actitud a un joven, si no que he tratado de entender por qué se comportan así.
La señora que vino para una experiencia misionera podría vivir aquí el amor que todo lo soporta, y me defendió inmediatamente cuando se me criticaba, incluso si yo había tenido culpa.
He tratado, (y otros veo que también lo intentan), de amar a Jesús en el hermano para construir la fraternidad universal


3.-         Copio a continuación alguna de las muchas impresiones que han dejado escritas la treintena de personas de toda España que han participado en el fin de semana de Ejercicios Espirituales de principio de mes en el Centro Mariápolis:
…en este “nacer nuevo” puedo comenzar a escribir en este paréntesis en blanco en el que vivo hoy: estoy preparada a que las cosas no sucedan como yo quiero (           ) sino como quiera Dios¡¡¡¡
Dios pacientemente ha ido esperando mi “Sí” en cada operación, en cada situación vivida, me ha ido dando soplos de “sabiduría” de una manera tan sutil, tan agradable en medio del “dolor” haciéndome saber, (pero sobre todo sentir), que aun en lo desagradable de la CRUZ siempre hay LUZ y hoy junto a vuestro “buen hacer” desde el movimiento me impulsa a dar un “SÍ” definitivo.
3b.-     …de nuevo he renovado, esa paz interior que invita a la alegría y la certeza de que Jesús vive en mí…
3c.-      …lo que más me ha “tocado” es el tema de “Jesús abandonado”. Es una nueva perspectiva en mi vida espiritual. Ver en cada persona y/o circunstancia a Jesús abandonado y Amar a esa persona o esa circunstancia con Jesús, para Jesús, en Jesús, desde Jesús abandonado.
También el descubrir que en mi vida puedo encarnar el Misterio Pascual, (pasión-muerte-Resurrección-Glorificación), con mi enfermedad, con las circunstancias o vivencias del día a día.”

3d.- “…cómo en anteriores ocasiones, son una maravilla: temas y actividades. En esta ocasión el Misterio de Jesús Abandonado me ha dado mucha luz y deseo encontrar la forma de abrazarlo para poder transformar tantas situaciones cotidianas, en el medio para vivir y construir a Jesús entre nosotros…”
3e.- “…como otros años son unos días de Gracia y cada año más especiales.
Sobre todo las meditaciones y experiencias que compartimos y ayudan en la vida de cada día. Se nos hacen un poco cortos…
3f.- …me ha gustado todo, destacando las experiencias: he comprendido el dolor de otra manera…

3g.-    “…he podido experimentar y sentir al Señor en unidad (Comunión) con el hermano, y además he podido estar en intimidad con el Señor (que tanto necesitaba). Espero y deseo poder repetir estos ejercicios porque son muy distinto a lo que yo esperaba…”
3h.-    “…siempre es una alegría poder asistir a las actividades que se realizan en el centro Mariápolis. El clima de unión y los contenidos de cada actividad son un aporte súper valioso que me ayuda a profundizar en el desarrollo de mi espiritualidad…”
3i.-     “…me siento muy feliz, porque he compartido estos días con personas estupendas, llenas de gracia de Dios y he sentido la unidad y el Amor de Jesús y María…”
3j.-     “…muchas gracias por vuestra dedicación y entrega. Es un  enorme don que nos hacéis. Durante estos días he sentido mi corazón ensanchado como una esponja lleno del Amor de Dios y de la familia que hemos formado entre todos. El centro Mariápolis, estupendo; la comida, excelente; las focolarinas, amorosas; en fin, cada año mejor…”


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