viernes, 1 de julio de 2016

EN PAZ Y CON PAZ

VIDA DE LA PALABRA                 últimas semanas de JUNIO
Algunas de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la vida diaria la Palabra de junio («Vivid en paz unos con otros», Mc 9, 50) y la de mayo («Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo, y Él, “Dios-con-ellos”, será su Dios», Ap 21, 3):
1.-        Tenía yo que decirle un encargo a una monjita, pero no me acordaba de su nombre aunque la veo a menudo, (todo el mundo les dice “hermana”, y punto). Pensé que la Palabra de Vida me pedía algo más: así que, recordé que tenía apuntado su nombre. Di un rodeo, subí, busqué y encontré después de un rato. Pude llamarla por su nombre.

2.-        Hay una persona que siempre habla como airadamente, con aspavientos. Y más cuando alguien le pregunta algo, (ciertamente él sabe mucho). Siempre he preferido no preguntar y menos en estos casos. De hecho, desde hace años no lo hago. Pero recordando la paz de la que habla la Palabra del mes, pensé que era una oportunidad de relación, de valorar su saber… aunque yo saliera “escaldado”.
Así que fui con  toda la discreción y humildad. Le planteé las dos cuestiones. Para mi sorpresa, me contestó, además de acertadamente, con amabilidad y como tratando de buscar entre ambos lo más correcto en cada tema.
El Señor me dio la lección de que a veces no hago lo suficiente para tender puentes de paz y unidad.

3.-        Como ya has ido intuyendo “entre líneas” en estos últimos correos-e… Este verano me trasladan.
Anoche dormí por última vez en nuestra Casa “Cor Unum”, (al menos durante unos años, pues en breve la ocupará una familia numerosa), y esta mañana celebré en su capillita por última vez la Misa antes de retirar el Santísimo y quedar desacralizada. No simplemente han sido once años y medio desde aquel nueve de marzo de dos mil cinco; no solamente han sido muy bonitos momentos de unidad entre los 4 que habitualmente vivíamos ahí entre aquellos muros (y los tantos que sumaban tan a menudo unas horas, unos días o varias semanas) y las horas en la capilla, sobre todo desde que he quedado solo. Estos meses, sobre todo el último, han sido una oportunidad de vivir la experiencia de Abraham, “nuestro padre en la fe”: no sólo se le pidió que sacrificara a su hijo, sino que, lo más tremendo, era que Dios le pedía que sacrificara la promesa (que pasaba por su hijo) que Él mismo le había hecho. A mí se me pedía, (como al capitán que se espera el último en el barco, llevo solo en casa desde diciembre), también perder todo, incluso el mismo designio que Chiara Lubich había intuido para la casa. Y también, dejar todo y empezar de cero. Como sabes, al final unos y otros me dejaban en plena libertad de decisión y elección, cuando yo siempre he preferido obedecer. Ese riesgo, también me suponía vaciarme de todo y la posibilidad de quedar mal con muchos, de un lado o de otro. Al final, he comprobado que el Señor ha escuchado la oración que a mudo le hacía desde mis tiempos de Seminario: “vacíame de todo y lléname sólo de Ti”. ¡Y se lo ha tomado muy en serio!, (pues así me he sentido prácticamente en todos los ámbitos). Muchos me habéis acompañado muy de cerca con la oración estos meses, (y sobre todo estas semanas con las diversas posibilidades de ir a un sitio u otro, para tratar de discernir bien,
pues lo único que yo quisiera es hacer solo y en todo la Voluntad de Dios; y que todo sirva para mayor gloria de Dios solo). Doy gracias de corazón a Dios y a cada uno por la cercanía y tantas oraciones. Siempre he preferido obedecer: en los anteriores cambios, nunca pedí nada; a todo dije que sí. Esta vez me dejaban todos en total libertad: había que elegir (cosa que para mí nunca se me dio bien: siempre he tenido indiferencia, ¡esperemos –al menos así lo pretendía yo– santa). Entre los vaivenes de unos días una posibilidad más fuerte que otra, la zozobra interior era grande: ¿miedo a “meter la pata”?, dudas, ¿temor de quedar mal con unos o con otros?...
Al final, tras hablar con muchos y, sobre todo, tratar con los que tienen responsalidades conmigo o sobre mí…, tratando de que “donde dos o más…” sea Jesús, con su Espíritu Santo, el que hablara… Ha sido una experiencia fuerte (y de desvelos más frecuentes todavía de los habituales) y la paz que prometía la Palabra de Vida asomaba no claridad hasta ayer tarde. Aunque seguiré trabajando todavía este tiempo como los últimos 13 años, desde el uno de octubre me tendrás a tu disposición y viviendo en la Parroquia “Virgen del Camino”, de Collado Villalba (Madrid), y atendiendo el nuevo hospital de esa ciudad, sin dejar de ocuparme, (al menos las cosas principales, los “servicios mínimos”), del “Centro Mariápolis” de Las Matas.


Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de vida de junio («Vivid en paz unos con otros», Mc 9, 50), la de mayo («Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo, y Él, “Dios-con-ellos”, será su Dios», Ap 21, 3) y la de abril («Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a Mí me lo hicisteis», Mt 25, 40):
1.-        “muchas gracias. Mis propias intervenciones a mí no me han gustado, pero a la gente, sí. Como en principio no me apetecía ir, dije: “Jesús, lo hago por Ti. Al menos quítame todo afecto desviado y exagerado”


2.-        “…trato de vivir respondiendo con amor y olvidando ofensas; olvidar el resentimiento y ayudar y ser justo.
Un arquitecto quería  imponerme una obra que superaba mi posibilidad económica  Y gracias a Dios me libre de él; ya hice la obra y todo se va resolviendo: veo la mano de Dios en mis problemas.
Hacía13 años que no  hablaba con una prima a quien había favorecido yo, pero ella lo veía al revés. Por sorpresa me llamó. Y la atendí como si nada hubiese pasado y sus desplantes perdonados: se ha restablecido la relación…

3.-        “[de un buen amigo, pastor reformado suizo]: «Cuando tenía 18 años, me hacía muchas preguntas sobre el sentido de la vida. Me preguntaba qué estudios emprender. Estaba muy aferrado a la Filosofía y a la Literatura, pero lo que buscaba no era sólo la sabiduría. También quería conocer a Dios. Me inscribí en la Facultad de Teología. Me atraía el estudio de la religión y pensaba que encontraría mi camino en la Teología. Pero a medida que avanzaba, aumentaban los interrogantes. Después de 10 meses me había vuelto ateo. Un día entré en una iglesia y dejé escrita mi rebelión en el atril: “¡Dios no existe!”. Entonces decidí dejar de estudiar, pero seguí haciéndome preguntas. Tiempo después, un amigo me invitó a participar en un encuentro en Aix-en-Provence, en una facultad de Teología protestante. Allí Dios me esperaba. Me impresionó la atmósfera de fraternidad que se vivía en ese encuentro. A la noche, me arrodillé en mi habitación y sólo una palabra salió de mi boca: “perdón”. Estaba sorprendido: ¿a quién dirigía esa palabra? En el fondo sabía por qué la había pronunciado: en esa época había entrado en conflicto con muchas personas y había herido a bastantes de ellas.
Regresando a casa fui a visitarlas para pedir “perdón”. Cada vez era una experiencia nueva, de luz. Sentía que Cristo me esperaba en los demás, sobre todo en los más débiles. A partir de allí busqué un contacto con otros cristianos. Hasta ese día había vivido por mi cuenta. Ahora descubría la luz de Jesús Resucitado que ilumina a quienes se reúnen en Su nombre.

La Palabra de Vida mensual como “luz en mi camino” (Salmos 119,105), me ha guiado desde hace unos veinte años. Se trata de tomar un versículo de la Biblia, meditarlo y profundizarlo durante todo el mes, pero sobre todo, de tratar de vivirlo en la vida cotidiana y compartir los frutos con los demás. En las parroquias donde he ejercitado mi ministerio he propuesto vivirla así: y renueva la parroquia
[La intervención integral se puede leer en francés en su blog].

Si quieres leer más experiencias similares, 
de gente de todo el mundo,
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