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viernes, 1 de mayo de 2026

EL RESUCITADO EN MEDIO DONA EL ESPÍRITU SANTO

 PALABRA DE VIDA                                       mayo 2026


«“Como el Padre me envió, también yo os envío”.

Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”»

(Jn 20, 21-22)

Después de haberse aparecido a María de Magdala en la mañana de Pascua, al atardecer de aquel mismo día el Resucitado se presenta por primera vez entre sus discípulos. La reacción inmediata de ellos es de alegría, acrecentada por la paz, esa paz verdadera que solo Él puede dar (cf. Jn 14, 27): «La paz con vosotros» (v. 21). Alegría y paz son frutos del Espíritu[1]. De hecho Jesús les dice inmediatamente: «Recibid el Espíritu Santo» (v. 22).

 

«“Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”».

 

El Espíritu Santo no solo capacita a los discípulos para la misma misión que el Padre dio a Jesús, sino que los recrea como humanidad nueva. El gesto del Resucitado que sopló sobre ellos es el mismo que el Creador hizo en las narices del hombre, que formó con polvo del suelo (cf. Gn 2, 7). Así como la creación es obra continua del amor del Padre, que sostiene el universo entero, la nueva creación obrada por el Resucitado en el Espíritu Santo sostiene continuamente a la humanidad que está en camino hacia el Reino.

La Palabra de Vida de este mes nos recuerda que en nuestra existencia tenemos una gran posibilidad: convertirnos en otros Jesús. Y esto es verdad para cada uno de nosotros personalmente, pero aún más comunitariamente. Jesús habla en plural a sus discípulos, pues solo juntos, cada miembro con su peculiaridad, pueden repetir el cuerpo místico de Jesús.

 

«“Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”».

 

Así pues, como hijos en el Hijo, tenemos la misma vocación que Jesús: salidos del seno del Padre, estamos llamados a volver a Él y a repetir en el mundo sus gestos y sus palabras, acompañados por la gracia del Espíritu Santo. Si nos abrimos a este don, también nosotros podemos afirmar con Pablo: «Y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Ga 2, 20).

Entonces, esta palabra nos invita a profundizar nuestra relación con el Espíritu Santo, tanto en la oración como en la vida de cada día, «escuchando aquella voz» y recordando que «sin el Espíritu Santo, Dios resulta lejano, Cristo permanece en el pasado, el Evangelio es letra muerta, la Iglesia es una simple organización y la misión es propaganda. Pero con el Espíritu Santo, el cosmos se eleva y gime en el alumbramiento del Reino, Cristo resucitado está con nosotros, el Evangelio es poder de vida, la Iglesia significa comunión trinitaria y la misión es un nuevo Pentecostés»[2].

 

«“Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”».

 

Andrés es un adolescente en plena crisis existencial: sus dudas sobre el sentido de la vida, el miedo al futuro y su sensación de fragilidad le parecen montañas insuperables, y a menudo se siente desanimado e infeliz. Alguien le sugiere hablar con Chiara Lubich. Justo antes de hablar con ella, Andrés la oye pronunciar en voz baja «Espíritu Santo», y comprende que Chiara está rezando.

Durante el coloquio con ella se siente profundamente comprendido, escuchado tal como es. Y recobra la paz, no porque sus problemas hayan desaparecido de repente, sino porque ahora hay alguien con quien compartirlos.

«De Chiara no solo recibí una ayuda concreta –confiesa años más tarde–, sino que también aprendí un estilo: estar cerca de quien sufre con delicadeza y comprensión, sin juzgar, tal como haría Jesús».

Esto solo puede realizarlo el Espíritu Santo si lo acogemos y dejamos que actúe en nosotros.

CLAUDIO CIANFAGLIONI y el equipo de la Palabra de vida

 



[1] «El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia…» (Ga 5, 22).

[2] Ignacio IV Hazin, patriarca de la Iglesia Greco-Ortodoxa de Antioquía, Consejo Ecuménico de las Iglesias, Uppsala 1968.


jueves, 30 de abril de 2026

HUELLAS DEL RESUCITADO: PAZ, ALEGRÍA, ENTENDIMIENTO...

 VIDA DE LA PALABRA                                    mes de ABRIL

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de abril («Quédate con nosotros, porque atardece», Lc 24, 29) y la de marzo («Levantaos, no tengáis miedo», Mt 17, 7):

1.-        Tradicionalmente cada año en la Semana I de Pascua un buen grupo de sacerdotes de diferentes diócesis solemos tener unos días de descanso-convivencia-formación tratando de vivir presencialmente ese amor recíproco fraterno que nos tenemos todo el año y que posibilita el que “arda nuestro corazón” y nos percatemos que el Resucitado camina siempre en medio de nosotros, pero que tenemos que hacer esa nuestra parte para descubrir las huellas de su Presencia.

Los temas del silencio interior para con Dios, el silencio para estar vacíos de nosotros ante el hermano y el silencio mariano como cauce para que Quien es la Palabra produzca vida, dieron paso al silencio de Jesús Crucificado-Abandonado a quien debemos descubrir-amar en nuestras dificultades, soledades, problemas y dolores.

Con todo ello, (nos habló luego un arzobispo emérito), debemos descubrir el “sagrario social” y construir la “civilización del amor”, el “castillo exterior” que diría Chiara Lubich.

Los momentos de descanso o de turismo por Toledo, (incluida una significativa exposición sobre S. Juan de la Cruz), eran oportunidades para llevar a la práctica sencillamente todo lo anterior, lo mismo que los pequeños gestos de colaboración o servicio hacia todos o hacia a alguno en particular.

De tal manera que, sí, al final, podíamos decir con serenas paz y alegría que nos brotaban desde lo más profundo: “quédate con nosotros, Señor…”.

                 

1b.-     El pasado fin de semana, compaginándolo con todas las actividades parroquiales, tuve oportunidad de participar en varios momentos, (además de las confesiones), del encuentro de “Familias Nuevas” que se desarrolla anualmente en el Centro Maríápolis. Más de 100 familias: unos 200 adultos y casi 100 niños menores.

            Los temas profundos, vivos, actuales y sencillos. Los testimonios, a la par que de una vida normal, impactantes por su enraizamiento en Dios y en la vida comunitaria. Sobre todo los referidos a situaciones especiales, que cada vez son más frecuentes en nuestro tiempo y que no tienen fácil solución desde una perspectiva coherente.

            El “clima” que había era de auténtica familia de familias y de verdad que se percibía en los pasillos, en el comedor y en los temas una escucha profunda divina.

            Todo hacía palpables las “huellas” del Resucitado en medio de todos por el amor recíproco y, por eso, de nuevo, venía espontáneo decirle a Él en tantos momentos, con la canción del Gen Rosso que parafrasea a S. Lucas en la PdV: “sigue con nosotros, el sol desciende ya; si vives con nosotros, la noche no llegará”.

 

2.-        La semana pasada, conversando con una persona que ha sufrido mucho toda su vida y por eso desconfía de todos, me dice: “de ti tampoco me fío ni un pelo; ¡de ti menos que de nadie!”.

Mostrándole con una sonrisa mi siempre evidente calva, le repuse: “yo tampoco me fio ni un pelo de mí, ya ves; en serio, como S. Pedro después de sus negaciones, no me fío de mí: solo de la Gracia y la Misericordia de Dios”. Añadió: “le voy a pedir a Dios que, si eres de fiar, si puedo confiar en ti, que alguien te regale 50 €, pero no para la parroquia, ni para las goteras, ni para el movimiento…, ¡te lo tiene que dar para ti, para tus cosas personales! Le doy de plazo a Dios una semana, hasta el miércoles”.

            El domingo antes de Misa una señora se acerca sonriente al despacho parroquial y me entrega un sobre en el que se notaba que había una tarjeta: “por lo amable que fuiste con todos en la ceremonia el otro día, por lo bien que salió todo y lo bien que te portaste, además del donativo que ya dio mi familia para la parroquia, quiero que esto sea para ti con todo mi agradecimiento”. Cuando abrí el sobre, efectivamente había una tarjeta con un dibujo precioso en portada de una iglesia y una paloma, y al desdoblarla en su interior venía escrito un sencillo y sentido agradecimiento, ¡y… 50 €! Ese día era el domingo IV de Pascua: ¡el domingo del Buen Pastor y Jornada mundial de Oración por las Vocaciones! En eso vi un “guiño” especial de Él.

            Ya le había agradecido encarecidamente antes a esta señora, pero fui a la iglesia antes de que empezar la Misa el otro sacerdote, la busqué y le di otro par de besos de agradecimiento y le expliqué la historia: en medio de su sonrisa me dio un abrazo y empezaron a dibujarse lágrimas en sus ojos, acordes con las mías.

 


Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de Vida de abril («Quédate con nosotros, porque atardece», Lc 24, 29) y la de marzo («Levantaos, no tengáis miedo», Mt 17, 7), la de marzo («Levantaos, no tengáis miedo», Mt 17, 7) y la de febrero («Mira que hago nuevas todas las cosas», Ap 21, 5): 

1.-        “iba de pie en el bus y a cada momento me estaba sintiendo peor; me iba apoyando en la barandilla supongo que con muy mala cara, pero ninguno de los jóvenes que estaban sentados me cedieron su sitio, (puede que ni me vieran, ni me miraran, aunque debía ser muy evidente mi aspecto y que estaba a punto de desmayarme).

Cada vez me encontraba peor, creo que estaba a punto de caerme. Se aproximaba la Semana Santa y pensé: “no le importo a nadie; ni a Dios; Dios no existe…”. En ese crítico instante se me acercó una señora mayor cediéndome su asiento amablemente; me acercó al sitio, me preguntó y rebuscó en su bolso unos caramelos con vitamina C: me regaló la cajita sin estrenar: tomé 4 ó 5 y empecé a revivir.

 

2.-        “gracias por el envío. Me quedo con esa oración: “Quédate con nosotros, porque atardece”. Tiene algo muy verdadero. También con la idea de no huir del dolor, sino atravesarlo sin dejar de amar.

 

3.-        “Paco, quería compartir una experiencia que he estado dudando si contar o no y que quizás por vergüenza a intervenir aún no lo he hecho.

Hace un par de fines de semana fui a otra región, al bautizo del hijo de una amiga, y allí conocí a unos amigos suyos que habían hecho el retiro de Effetá. Estuvimos hablando sobre nuestra relación con Dios y, al comentarles que estaba yo pensando hacer el retiro, sentí algo difícil de explicar y que no supe darle forma hasta que leí la PdV de este mes, fue ese “quédate” lo que sentí. Fue un momento muy especial, porque mientras hablábamos, se me aclararon muchas dudas que tenía, sin que ellos intentaran convencerme de nada. Simplemente sentí como si todo encajase.

3b.-     Además, el bautizo fue un momento muy bonito. Me emocioné mucho durante toda la celebración, y al pensarlo después, creo que era por el amor que se respiraba allí. Ver a mi amiga, que ha pasado por tanto y se ha apoyado en Dios en todo momento, y verla ahora tan feliz con su hijo, me hizo ver muy claramente ese amor.

No sé muy bien cómo expresarlo mejor, pero como nos animaste tanto a compartir nuestras experiencias, pues por aquí te la comento. Gracias.

 



domingo, 30 de noviembre de 2025

DIOS NOS AUXILIA CON SU PAZ

  VIDA DE LA PALABRA                   últimas semanas de NOVIEMBRE

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de noviembre («Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios», Mt 5, 9) y la de octubre («Mi auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra», Sal 121, 2):

1.-        El miércoles pasado todo el amplio espacio entre la puerta de la parroquia y la del otro edificio estaba lleno de hojas caídas de los árboles del parque municipal. Entré y salí varias veces pensando “a ver si como otras veces, alguien de la parroquia las barre”.

         Después de pasar varias veces, pensé barrerlas yo, como en otras ocasiones. Así que… me puse, pero con desgana. Me vino la palabra de S. Pablo: “lo que hagáis, hacedlo de buena gana, como para servir al Señor…”. Y cambió mi panorama interior: por amor a las personas que vengan a la reunión, y a rezar y luego a Misa.

         Al rato, salieron 2 niñas pequeñas de su clase de violín y me preguntaron qué hacía. Les pregunté yo también: “¿vosotras ayudáis a mamá y papá en casa?”. Dos minutos después volvieron a entrar y salir: “¿quieres que te ayudemos?”. Aunque eran muy peques, busqué otras 2 escobas y otro recogedor. Al rato llegó la madre de una de ellas y las alabó; después de unos minutos, empezó a ayudarles a meter las hojas recogidas en la grandísima bolsa de basura. Un rato después comentó: “¡qué pena que no haya más escobas!”. “No te preocupes: en la parroquia tenemos un montón más”. Se creó un “climilla” muy simpático en la colaboración entre los 4. En un momento que la mamá paró, abrió su bolso y tenía justo 4 bombones y los compartió. En esto empezó a llegar gente de una hermandad y espontáneamente buscaron escobas y acabamos todo ya en un periquete en ambiente de alegría y comunidad.

            Debió ver alguien esta “estampa” comunitaria tan simpática y activa y pocos días después, al acabar la Misa, se me acerca un matrimonio: “le vamos a traer una pequeña máquina sopladora con batería que acabamos de comprar, y si se arreglan bien usándola y les resulta útil, la semana que viene la recogemos y compramos una nueva para la parroquia”.


Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de de noviembre («Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios», Mt 5, 9), la de octubre («Mi auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra», Sal 121, 2) y la de septiembre («Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido», Lc 15, 6):

1.-        “…hoy te he estado oyendo en Radio María, me das Paz. Gracias… Las tardes las paso en el hospital, (tengo la cuñada muy malita), para que descansen mi hermano y las sobrinas, porque no la podemos dejar sola, pero a la vez la compañera que tiene, está con  mucho dolor. Hoy la van a operar, ayer la decía porque estaba muy nerviosa, qué le iban hacer, quién la iba a operar. Me contaba cosas; le dije: “fíate”. Al rato sé quejó y dice: “Dios”. Entonces le añadí: “de Él te tienes que fiar”. Me responde: “¿tú crees?”. Afirmé: “yo me fío y casi siempre me sale bien”. Me dio las gracias. Hoy aún no la han bajado; estaba nerviosa; he estado un ratito hablando con ella y el tiempo se nos pasa antes; ahora está tranquila; las tengo a las dos dormidas….

 

2.-        “…tengo en el catecismo a una niña con dificultades especiales: me pongo ante ella con el deseo de quererla. Llega y dice que no quiere. Le respondo que yo tampoco, pero que voy a dibujar. Saco pinturas y ella las coge. Colorea y yo le explico el dibujo. No dice nada: me lleva su manita para que lea lo que pone la ficha. La hora se pasó volando y su mama estaba feliz.

Su madre se hizo un esguince y no podrá traerla esta semana, así que la llamo para interesarme como esta y ofrecerme si necesita que la recoja, diciendo que no se preocupe si piensa que la niña no quiere. Solo deseo hacerme cercana. Es a Jesús a quien amamos en cada persona.

Os animo a todos los que leáis esto a contar nuestras pequeñas experiencias….

 


domingo, 16 de noviembre de 2025

FELIZ POR ESTAR EN PAZ Y DARLA

 Aquí tienes unos textos que nos ayuden a recordar e impulsar nuestra vivencia de la Palabra de Vida del mes noviembre («Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios», Mt 5, 9): 



LIBERTAD INTERIOR

Solo Jesús, mediante su muerte, puede hacer morir nuestro "viejo ego" y, mediante su resurrección, transformarnos en personas nuevas.

Él puede darnos valor y determinación en la lucha contra el mal, así como un amor fiel y profundo por el bien.

De Él proviene la libertad interior, la paz y un gozo inefable que nos eleva por encima de toda la inmundicia del mundo y nos permite experimentar un anticipo del cielo.

CHIARA LUBICH. Comentario a la Palabra de Vida, de septiembre de 2003.

 

 

 

PURIFICAR LA INTENCIÓN

¿Advertimos a veces que una persona o una actividad se interponen, como un obstáculo, entre nosotros y Dios y contaminan nuestra relación con Él? Es el momento de repetirle: “Eres Tú, Señor, mi único Bien”. Esto nos ayudará a purificar nuestras intenciones y a reencontrar la libertad interior. La Palabra vivida nos hace libres y puros porque es amor. Es el amor el que purifica, con su fuego divino, nuestras intenciones y todo nuestro ser íntimo, porque el “corazón” según la Biblia es la sede más profunda de la inteligencia y de la voluntad.

 CHIARA LUBICH en Parole di Vita, Città Nuova, 2017, pag. 616-618) [1] Cf. Sal 16, 2. [2] Cf. Sal 50, 12

 


 

REALIZAR INICIATIVAS DE PAZ. 

Para alcanzar la paz, es necesario producir y desarrollar “instituciones de paz”. Estas no son solo las instituciones económicas y políticas, que presentan evidentes límites, sino también aquellas que actúan a nivel asociativo y cultural. Son realidades predispuestas al gobierno de los diversos aspectos de la sociedad que favorecen el diálogo y ayudan a hacer emerger y resolver los problemas antes de que desemboquen en conflictos. En este sentido, es importante promover el “Ministerio de la Paz” u otras instituciones capaces de promover acciones reales dirigidas a la paz.

CARLO CEFALON, L’alternativa all’economia di guerra e il mito della pace giusta,

20 Giugno 2025 - Città Nuova.

 

 

 

 

HUMILDAD SINCERA

Humildad es una palabra fundamental del humanismo occidental, en el centro de todo proceso educativo, que está presente en toda persona que estimamos verdaderamente. Pero, como todas las grandes palabras de la vida, también «humildad» es ambivalente, porque hay humildad buena y humildad mala. Este uso de la humildad y de la humillación es todo menos una virtud, y ha generado tanto dolor y ha hecho marchitar a demasiadas personas. De hecho, no es esta humildad-humillación la que encontramos en la Biblia y en los evangelios, donde en cambio los humildes son «enaltecidos» (Magnificat), no son humillados. En el humanismo del Magnificat lo que se alaba es la redención de quien ha sido humillado y no dejarlo en su condición de víctima.

 LUIGINO BRUNI, Umili, non umiliati, publicado en Messaggero di S.Antonio 9 abril 2018

 

sábado, 1 de noviembre de 2025

ESFORZARSE POR LA PAZ

PALABRA DE VIDA                                    noviembre 2025

 


«Bienaventurados los que trabajan por la paz,

porque ellos serán llamados hijos de Dios»

(Mt 5, 9)

 Recientemente, un observatorio creado por tres universidades italianas ha señalado que en un año ha habido más de un millón de mensajes de odio en la red, y cada vez son más violentos los dirigidos a extranjeros, a judíos y sobre todo a mujeres.

Está claro que no podemos generalizar, pero cada uno de nosotros ha experimentado en la familia, en el trabajo, en el ámbito deportivo, etc. comportamientos conflictivos y ofensivos y rivalidades que dividen y ponen en peligro la convivencia social. Además, más globalmente, hay en el mundo 56 conflictos armados, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial, con un altísimo número de víctimas civiles.

Ante este panorama, resuenan más provocadoras, verdaderas y fuertes que nunca las palabras de Jesús:

 

«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios».

 

«Todo pueblo y toda persona tiene un profundo anhelo de paz, de concordia y de unidad. Pero a pesar de los esfuerzos y la buena voluntad, después de milenios de historia nos vemos incapaces de mantener una paz estable y duradera. Jesús vino a traernos la paz, una paz –nos dice– que no es como la que “da el mundo” (Jn 14, 27), porque esta no es solo ausencia de guerra, de luchas, divisiones y traumas. Su paz es también todo esto, pero es mucho más: es plenitud de vida y de alegría, es salvación integral de la persona, es libertad, es justicia y fraternidad en el amor entre todos los pueblos»[1].

La palabra de vida de este mes es la séptima de las bienaventuranzas, con las que inicia el sermón de la montaña (Mt 5-7). Jesús, que las encarna todas, se dirige a sus discípulos para instruirlos. Hay que señalar que las ocho bienaventuranzas están formuladas en plural. De ello podemos deducir que no se pone el acento en un comportamiento individual o en virtudes personales, sino más bien en una ética colectiva que se practica en grupo.

 

«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios».

 

¿Quiénes son los que trabajan por la paz? Esta «bienaventuranza es la más activa y explícitamente operativa; la expresión verbal es análoga a la que se utiliza en el primer versículo de la Biblia para la creación, e indica iniciativa y laboriosidad. El amor es por naturaleza creativo […], busca la reconciliación a cualquier precio. Son llamados hijos de Dios aquellos que han aprendido el arte de la paz y lo practican, quienes saben que no hay reconciliación sin dar la vida y que hay que buscar la paz siempre y en cualquier caso. […] No se trata de una obra autónoma fruto de las capacidades que uno tiene: es una manifestación de la gracia que hemos recibido de Cristo, que es nuestra paz, que nos ha hecho hijos de Dios»[2].

 

«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios».

 

Entonces, ¿cómo vivir esta palabra? Ante todo, difundiendo por todas partes el amor verdadero. Luego, interviniendo cuando la paz esté amenazada en nuestro entorno. A veces basta escuchar a las partes enfrentadas con amor, hasta el fondo, para ver una salida.

Además, no nos rendiremos mientras no se restablezcan las relaciones interrumpidas, en muchos casos debido a una pequeñez. Podríamos poner en marcha –en la entidad, asociación o parroquia de la que formamos parte– iniciativas concretas dirigidas a desarrollar una mayor conciencia de la necesidad de paz. Hay en el mundo miles de propuestas, grandes y pequeñas, que actúan en esta dirección: marchas, conciertos, encuentros; y también el voluntariado activa una corriente de generosidad que construye la paz.

Hay además programas de educación a la paz, como Living Peace[3]. A día de hoy, más de 2.600 colegios y grupos se adhieren a este proyecto, y más de dos millones de niños, jóvenes y adultos de los cinco continentes participan en sus iniciativas. Entre ellas está el lanzamiento del «dado de la paz» –inspirado en el dado del arte de amar de Chiara Lubich[4]–, en cuyas caras están escritas frases que ayudan a construir relaciones de paz; y también una iniciativa que se desarrolla en todo el mundo, el Time-out: cada día a las 12:00 se hace un minuto de silencio, de reflexión o de oración por la paz. 

AUGUSTO PARODI y el equipo de la Palabra de Vida

 


[1] C. Lubich, Palabra de vida de enero de 2004, en Ciudad Nueva n. 405 (1/2004), 22.

[2] Francisco, Audiencia general, 15-4-2020: La ley de Dios. Catequesis sobre los mandamientos y las bienaventuranzas, Ciudad Nueva, Madrid 2020, pp. 155-156.

[3] http://livingpeaceinternational.org.

[4] C. Lubich, El arte de amar, Ciudad Nueva, Madrid 2006, 20122.

miércoles, 31 de julio de 2024

NUESTRO TABOR: JESÚS EN MEDIO

 PALABRA DE VIDA                     agosto 2024

«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí!»

(Mt 17, 4) 


Jesús va hacia Jerusalén con sus discípulos. Al anunciarles que allí tendrá que sufrir, morir y resucitar, Pedro se rebela, erigiéndose en portavoz del desaliento y la incomprensión general. Entonces el Maestro lo lleva consigo, junto con Santiago y Juan, sube a «un monte alto», y allí se aparece a los tres con una luz nueva y extraordinaria: su rostro «se puso brillante como el sol» y con él conversan Moisés y el profeta Elías. El Padre mismo hace oír su voz desde una nube luminosa y los invita a escuchar a Jesús, su Hijo amado. Ante esta sorprendente experiencia, Pedro no quisiera irse de allí, y exclama:

 

«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí!». 

Jesús ha invitado a sus amigos más íntimos a vivir una experiencia inolvidable, a fin de que la guarden siempre dentro de ellos.

Tal vez también nosotros hayamos experimentado con estupor y emoción la presencia y la acción de Dios en nuestra vida en momentos de alegría, paz y luz que desearíamos que no tuviesen fin. Son momentos que en muchos casos vivimos con otros o gracias a otros, pues el amor recíproco atrae la presencia de Dios, ya que, como prometió Jesús, «donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18, 20). A veces, en estos momentos de intimidad, Él nos hace vernos a nosotros mismos y leer los acontecimientos a través de su mirada.

Estas experiencias se nos dan para tener la fuerza de afrontar las dificultades, pruebas y penalidades que encontramos por el camino, teniendo en el corazón la certeza de que Dios nos mira, que nos ha llamado a formar parte de la historia de la salvación.

De hecho, una vez que han descendido del monte, los discípulos irán juntos a Jerusalén, donde los espera una muchedumbre llena de esperanza pero también peligros, enfrentamientos, rechazo y sufrimientos. Allí «serán dispersados y enviados a los confines de la tierra para ser testigos de nuestra morada definitiva, el Reino» de Dios[1].

Podrán comenzar a construir ya en esta tierra la casa de Dios entre los hombres, porque en el monte han estado con Jesús «en casa».

 

«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí!». 

«Levantaos, no tengáis miedo» (Mt 17, 7) es la invitación de Jesús al término de esta extraordinaria experiencia, que también nos dirige a nosotros. Como discípulos y amigos suyos, podemos afrontar con valentía lo que nos espera.

Así le sucedió a Chiara Lubich. Tampoco ella habría querido volver a la vida de todos los días después de un período de vacaciones tan lleno de luz que fue denominado «el paraíso de 1949» por la percepción de la presencia de Dios en la pequeña comunidad con la que estaba transcurriendo un tiempo de descanso y por una extraordinaria contemplación de los misterios de la fe. Volvió, y con un nuevo empuje, porque entendió que justamente por aquella experiencia de iluminación debía «descender del monte» y ponerse a trabajar como instrumento de Jesús en la realización de su Reino, inyectando su amor y su luz precisamente donde faltaban, y afrontando además penalidades y sufrimientos.

 

«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí!».

En cambio, cuando echemos a faltar la luz, volvamos con el corazón y con la mente a los momentos en que el Señor nos ha iluminado. Y si no hemos experimentado su cercanía, busquémosla. Será necesario hacer el esfuerzo de «subir al monte» para ir a su encuentro en los prójimos, adorarlo en nuestras iglesias y también para contemplarlo en la belleza de la naturaleza.

Porque, para nosotros, Él siempre está: basta con que caminemos con Él y que, haciendo silencio, nos pongamos humildemente a la escucha, como Pedro, Juan y Santiago (cf. Mt 17, 6).

 

SILVANO MALINI y el equipo de la Palabra de Vida



[1] T. Radcliffe, op, Segunda meditación a los participantes en la Asamblea General del Sínodo de los Obispos, Sacrofano 1-10-2023.

TÚ, SEÑOR, NOS SOSIEGAS

VIDA DE LA PALABRA                        últimas semanas de JULIO

 

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de julio («El Señor es mi pastor, nada me falta», Sal 23, 1) y la de junio («El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece», Mc 4, 26-27):

1.-        La Palabra de Vida de julio me está acompañando continuamente, también en situaciones que quizá me hubieran podido alterar. “El Señor es mi pastor, nada me falta…”, y unos versículos más adelante: “aunque camine por cañadas oscuras… nada temo, porque Tú vas conmigo”; y sigue: “tu vara y tu cayado me sosiegan”.

Y, es verdad que me sosegaba.

P.ej., cuando aparcando (porque el otro vehículo estaba medio subido en la acera), calculé mal y a mi coche le hice una gran rozadura triple, (la carrocería del otro era más fuerte y ni se le notó);

o cuando en el momento que me iba a devolver mi iPad la persona a la que se lo había prestado durante varios días, se le escurrió de las manos y se le cayó y la pantalla golpeó de plano en seco contra el suelo: lo primero que pensé es que la otra persona no se sintiera mal y no se preocupara, y luego me repetía interiormente a mí mismo el salmo y solo un buen rato después ya miré qué le había pasado al iPad y… efectivamente… pantalla cuarteada; pero daba gracias a Dios que, –es solo un aparato–, me había venido sirviendo todos estos años y la otra persona no se quedó sufriendo.

“Nada me falta…” si tengo al Señor; si tengo su paz: “tu vara y tu cayado me sosiegan”.

Lo mismo también ante algunas personas que no habían interpretado bien alguna cosa que yo o la parroquia habíamos solicitado o afirmado. O ante varias gestiones para la parroquia que ya creíamos que estaban solucionadas y ha habido que preparar nuevamente documentaciones y papeles, etc. Y yo interiormente continuaba: “Tú eres mi Pastor, ¡nada me falta!”. “Tú vas conmigo y eso basta”. “Nada temo, porque Tú vas conmigo”; “tu vara y tu cayado me sosiegan”.

Y algunas veces comprobar que luego el Señor iba poniendo circunstancias u horarios bien encajados, situaciones providenciales, etc.

Y siendo así las cosas, luego, en las conversaciones o cuando alguien me contaba una preocupación o un problema me salía también espontáneamente muy de dentro el recitar en voz alta esos versículos, (o, si tenía confianza, incluso cantárselos), y a todos, por lo visto, les ayudaba.

 

2.-        La Mariápolis, (este año en Oviedo), ha sido preciosa para las casi 400 personas que hemos participado.

Distendida y sencilla, particularmente le ha sorprendido y encantado a los muchos que participaban por primera vez. El “clima” de confianza y de familia, (tratando de vivir la acogida, el servicio, el crear relaciones y el actuar juntos a favor de los demás), ha ido calando desde el principio. Se notaba, casi se palpaba, la presencia del Resucitado allí “donde dos o más están unidos” en Su Nombre, tratando cada uno de ponerse en el lugar de los demás.

Las excursiones y talleres, donde nos diversificábamos con libertad según preferencias, luego se convertían en oportunidades de enriquecernos mutuamente compartiendo lo vivido con los que habían participado en una actividad distinta a la propia.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de julio («El Señor es mi pastor, nada me falta», Sal 23, 1), la de junio («El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece», Mc 4, 26-27) y la de mayo («Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor», 1 Jn 4, 8):

 

1.-        “…la Mariápolis en Oviedo me ha encantado. Incluso el mismo viaje de ida en blablacar, como yo estaba tan emocionada de donde iba por primera vez, dio pie para que nos pusiéramos a hablar y compartiéramos no solo galletas y café sino vivencias y… charlamos, reímos y lloramos, tanto el conductor como la chica como yo.

            Gracias también por las personas que me buscaste para regresar en coche: las 4 trabamos buena amistad y se notaba que continuábamos viviendo con serenidad y alegría el mismo ambiente de Jesús en medio que se había construido en la Mariápolis.

            Mi primera Mariápolis ha resultado una experiencia preciosa, donde he encontrado una verdadera nueva familia, ya que, además, por diversas circunstancias, no he podido viajar para ver a los míos, (ya desde hace 7 años). Tengo gana de repetir y de participar en otros encuentros similares que organicen… Me siento repleta, llena del Espíritu Santo, que también se notaba en el coche de vuelta…

1b.-     El segundo día de la Mariápolis se me perdió el móvil… Y rápidamente varios trataron de ayudarme a recuperarlo. Pero yo estaba tranquila… mi única preocupación era si alguien se lo llevó, que intentara sacar dinero mandando mensajes a mis familiares o amigos… Yo confiaba en mi San José; y tú, a la mañana siguiente, empezaste también a rezarle a San Antonio.

La verdad es que, con tantos y tan graves problemas que he tenido y tengo, esto es una minucia. Yo estaba con paz y quería vivir bien cada minuto de la Mariápolis: ese segundo día, además, yo fui a la peregrinación a la Virgen de Covadonga y lo viví con intensidad, tratando de no acordarme… Durante el Rosario que empezamos a rezar espontáneamente en la cueva de la Santina, lloré y pedí por tantos cosas. Regresaba feliz a seguir viviendo la Mariápolis.

En el tercer día de Mariápolis, uno de los que me ayudaba a buscar el móvil, preguntó en la recepción del Palacio de Congresos… ¡y estaba allí!: me pidieron señas de identificación y me lo dieron. Yo sabía que el Señor y mi San José no me fallarían, aunque me pusieran muy a prueba….

 

2.-        “…hoy, se fue la persona que vino a mi casa: al principio me había comentado que estaría cinco días y cuando vino dijo que hasta el domingo; me vinieron dudas: “por qué habré dicho que sí, con el trabajo que tengo…”. Pero enseguida, pensé: “si fuera al revés, a mí también me hubiera gustado que me lo hiciera a mí”

Lo intenté: procuré enseñarle la ciudad por las mañanas. También varias tardes, pero le advertía que todo lo cierran pronto. Antes de las cinco o cinco y media no salía de la habitación. Como era fuera de la ciudad, al llegar estaba ya todo cerrado, hasta la Misa. Pero a mí me venían tantas cosas: enseguida trataba de olvidarlo y vivir bien el momento presente. Ella me preguntaba muchas cosas. Sí teníamos en común el ideal de la unidad y nos contábamos las experiencias.

Ella me daba las gracias por acogerla porque no tenía dónde ir, no tenía mucho dinero… A mí se me movió el corazón. No tenía ropa, hacía mucho fresco y la di un plumas, ropa buena que me regalan para mi fundación sudamericana. Me dio las gracias y se emocionó. “No tienes que dar las gracias: tú hubieras hecho lo mismo”.

Se ha ido muy contenta. Yo  feliz, pero pesarosa por haber pensado al principio que iba a estar mucho tiempo….

 

3.-        “ lo que has comentado hoy en tu programa de los jueves "Una luz en tu vida", en Radio María, sobre los casados solos civilmente y respetando-amando el sacramento de la Eucaristía precisamente no tomándola hasta haber recibido su matrimonio católico, me ha emocionado profundamente...

…soy ese médico jubilado que hace cinco años le diagnosticaron cáncer de próstata y que inmediatamente se fue a Lourdes, y le han hecho dos biopsias y dos resonancias y no me encuentran nada, sin haber tenido ningún tratamiento ni intervención quirúrgica.

           

4.-        “fui a comprar a una frutería muy alejada de mi casa. Y, sin darme cuenta, se me quedó allí el “abono transporte”. Yo no sabía si estaba allí o se me había cayó en algún otro lugar, así que, como tenía que pasar no lejos de la oficina donde se puede sacar un duplicado, (mostrando DNI, ¡previo pago de 6 €!), entré, pues hasta las 22:00 estaba abierto. Pero la señora que estaba allí, aunque quedaban más de 10 minutos, se empeñó en que no me lo hacía, que ya tenía las cuentas del día cerradas y que no iba a rehacerlas solo por eso, por más que yo le insistiera. No se atenía a mis razones: hubiera tenido yo que volver al día siguiente y, además, no está cerca de mi casa y tendría que pagar billete, (lo cual, además, da rabia teniendo el mes pagado).

Me marché muy contrariada, ¡enfadada! Pero viendo el ticket de la fruta, parece que el Señor me iluminó: vi que ponía el teléfono del comercio: llamé, me contestaron, ¡y me dijeron que ahí tenían mi abono-transporte!

            El Señor permitió la obcecación de esta señora para ahorrarme esos 6 €, una minucia, (bueno, siempre me vienen muy bien), pero comprobé que en estas pequeñas tonterías Dios también está muy cerca de mí, ¡Cuánto ni más en las importantes, aunque yo no me percate o Él pareciera como que se oculta! Pero estas cosas pequeñas, me ayudan a descubrir, que ¡siempre está a mi lado! “El Señor es mi Pastor, nada me falta”, de siempre es uno de los salmos que más me gustan.

 

5.-        “estoy bien, sigo aquí en este mundo, con usted y sus PdV muy contenta. Acabo de hacerme la revisión y, aunque no me han dicho los resultados, los he visto por la carpeta salud y parece que estoy sin cambios porque Dios es muy Grande y está a mi lado. Parece mentira que, cuando le conocí a usted en el hospital de Villalba y me atendió, los médicos me daban pocos meses de vida; y de eso hace ya varios años. Espero que usted y su familia estén bien, yo con mucha fe y viendo que Dios me ayuda.

 

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