VIDA DE LA PALABRA mes de ABRIL
Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de abril («Quédate con nosotros, porque atardece», Lc 24, 29) y la de marzo («Levantaos, no tengáis miedo», Mt 17, 7):
1.- Tradicionalmente cada año en la Semana I de Pascua un
buen grupo de sacerdotes de diferentes diócesis solemos tener unos días de
descanso-convivencia-formación tratando de vivir presencialmente ese amor
recíproco fraterno que nos tenemos todo el año y que posibilita el que “arda
nuestro corazón” y nos percatemos que el Resucitado camina siempre en medio de
nosotros, pero que tenemos que hacer esa nuestra parte para descubrir las
huellas de su Presencia.
Los
temas del silencio interior para con Dios, el silencio para estar vacíos de
nosotros ante el hermano y el silencio mariano como cauce para que Quien es la
Palabra produzca vida, dieron paso al silencio de Jesús Crucificado-Abandonado
a quien debemos descubrir-amar en nuestras dificultades, soledades, problemas y
dolores.
Con
todo ello, (nos habló luego un arzobispo emérito), debemos descubrir el
“sagrario social” y construir la “civilización del amor”, el “castillo
exterior” que diría Chiara Lubich.
Los
momentos de descanso o de turismo por Toledo, (incluida una significativa
exposición sobre S. Juan de la Cruz), eran oportunidades para llevar a la
práctica sencillamente todo lo anterior, lo mismo que los pequeños gestos de
colaboración o servicio hacia todos o hacia a alguno en particular.
De
tal manera que, sí, al final, podíamos decir con serenas paz y alegría que nos
brotaban desde lo más profundo: “quédate con nosotros, Señor…”.
1b.- El pasado fin de semana, compaginándolo con todas las
actividades parroquiales, tuve oportunidad de participar en varios momentos,
(además de las confesiones), del encuentro de “Familias Nuevas” que se
desarrolla anualmente en el Centro Maríápolis. Más de 100 familias: unos 200
adultos y casi 100 niños menores.
Los temas profundos, vivos, actuales y sencillos. Los
testimonios, a la par que de una vida normal, impactantes por su enraizamiento
en Dios y en la vida comunitaria. Sobre todo los referidos a situaciones
especiales, que cada vez son más frecuentes en nuestro tiempo y que no tienen
fácil solución desde una perspectiva coherente.
El “clima” que había era de auténtica familia de familias
y de verdad que se percibía en los pasillos, en el comedor y en los temas una
escucha profunda divina.
Todo hacía palpables las “huellas” del Resucitado en medio
de todos por el amor recíproco y, por eso, de nuevo, venía espontáneo decirle a
Él en tantos momentos, con la canción del Gen Rosso que parafrasea a S. Lucas
en la PdV: “sigue con nosotros, el sol desciende ya; si vives con nosotros, la
noche no llegará”.
2.- La semana pasada, conversando con una persona que ha
sufrido mucho toda su vida y por eso desconfía de todos, me dice: “de ti
tampoco me fío ni un pelo; ¡de ti menos que de nadie!”.
Mostrándole
con una sonrisa mi siempre evidente calva, le repuse: “yo tampoco me fio ni un
pelo de mí, ya ves; en serio, como S. Pedro después de sus negaciones, no me
fío de mí: solo de la Gracia y la Misericordia de Dios”. Añadió: “le voy a
pedir a Dios que, si eres de fiar, si puedo confiar en ti, que alguien te
regale 50 €, pero no para la parroquia, ni para las goteras, ni para el
movimiento…, ¡te lo tiene que dar para ti, para tus cosas personales! Le doy de
plazo a Dios una semana, hasta el miércoles”.
El domingo antes de Misa una señora se acerca sonriente al
despacho parroquial y me entrega un sobre en el que se notaba que había una
tarjeta: “por lo amable que fuiste con todos en la ceremonia el otro día, por
lo bien que salió todo y lo bien que te portaste, además del donativo que ya
dio mi familia para la parroquia, quiero que esto sea para ti con todo mi
agradecimiento”. Cuando abrí el sobre, efectivamente había una tarjeta con un
dibujo precioso en portada de una iglesia y una paloma, y al desdoblarla en su
interior venía escrito un sencillo y sentido agradecimiento, ¡y… 50 €! Ese día
era el domingo IV de Pascua: ¡el domingo del Buen Pastor y Jornada mundial de
Oración por las Vocaciones! En eso vi un “guiño” especial de Él.
Ya le había agradecido encarecidamente antes a esta señora, pero fui a la iglesia antes de que empezar la Misa el otro sacerdote, la busqué y le di otro par de besos de agradecimiento y le expliqué la historia: en medio de su sonrisa me dio un abrazo y empezaron a dibujarse lágrimas en sus ojos, acordes con las mías.
Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de Vida de abril («Quédate con nosotros, porque atardece», Lc 24, 29) y la de marzo («Levantaos, no tengáis miedo», Mt 17, 7), la de marzo («Levantaos, no tengáis miedo», Mt 17, 7) y la de febrero («Mira que hago nuevas todas las cosas», Ap 21, 5):
1.- “…iba de pie en el bus
y a cada momento me estaba sintiendo peor; me iba apoyando en la barandilla
supongo que con muy mala cara, pero ninguno de los jóvenes que estaban sentados
me cedieron su sitio, (puede que ni me vieran, ni me miraran, aunque debía ser
muy evidente mi aspecto y que estaba a punto de desmayarme).
Cada vez me encontraba peor, creo que estaba
a punto de caerme. Se aproximaba la Semana Santa y pensé: “no le importo a
nadie; ni a Dios; Dios no existe…”. En ese crítico instante se me acercó una
señora mayor cediéndome su asiento amablemente; me acercó al sitio, me preguntó
y rebuscó en su bolso unos caramelos con vitamina C: me regaló la cajita sin estrenar:
tomé 4 ó 5 y empecé a revivir…”.
2.- “…gracias por el envío. Me quedo con esa oración:
“Quédate con nosotros, porque atardece”. Tiene algo muy verdadero. También con
la idea de no huir del dolor, sino atravesarlo sin dejar de amar…”.
3.- “…Paco, quería compartir una experiencia que he estado
dudando si contar o no y que quizás por vergüenza a intervenir aún no lo he
hecho.
Hace
un par de fines de semana fui a otra región, al bautizo del hijo de una amiga,
y allí conocí a unos amigos suyos que habían hecho el retiro de Effetá.
Estuvimos hablando sobre nuestra relación con Dios y, al comentarles que estaba
yo pensando hacer el retiro, sentí algo difícil de explicar y que no supe darle
forma hasta que leí la PdV de este mes, fue ese “quédate” lo que sentí. Fue un
momento muy especial, porque mientras hablábamos, se me aclararon muchas dudas
que tenía, sin que ellos intentaran convencerme de nada. Simplemente sentí como
si todo encajase.
3b.- Además, el bautizo fue un momento muy bonito. Me
emocioné mucho durante toda la celebración, y al pensarlo después, creo que era
por el amor que se respiraba allí. Ver a mi amiga, que ha pasado por tanto y se
ha apoyado en Dios en todo momento, y verla ahora tan feliz con su hijo, me
hizo ver muy claramente ese amor.
No
sé muy bien cómo expresarlo mejor, pero como nos animaste tanto a compartir
nuestras experiencias, pues por aquí te la comento. Gracias…”.

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