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lunes, 1 de septiembre de 2025

ALEGRÍA DEL REENCUENTRO

PALABRA DE VIDA                     septiembre 2025


 

«Alegraos conmigo,

porque he hallado la oveja que se me había perdido»

(Lc 15, 6)

 

En el Antiguo Testamento, los pastores contaban las ovejas al volver de los campos, dispuestos a buscar a la que se hubiese perdido. Incluso se internaban en el desierto de noche con tal de encontrar a las ovejas descarriadas.

Esta parábola es una historia de pérdida y hallazgo que pone en el primer plano el amor del pastor. Este se da cuenta de que falta una oveja, la busca, la encuentra y se la carga a hombros porque está debilitada y asustada, quizá herida, y no es capaz de seguir al pastor por sí sola. Es él quien la lleva a resguardo y, por último, lleno de alegría, invita a sus vecinos a celebrarlo con él.

 

«Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido».

 

Los temas recurrentes de este relato podemos resumirlos en tres verbos: perderse, encontrar y celebrar.

Perderse. La buena noticia es que el Señor va a buscar a quien se extravía. Muchas veces nos perdemos en los desiertos cercanos, o en los que nos vemos obligados a vivir, o en los que nos refugiamos; son los desiertos del abandono, de la marginación, de la pobreza, de las incomprensiones, de la falta de unidad. El Pastor nos busca también allí, y aunque lo perdamos de vista, él nos encontrará siempre.

Encontrar. Intentemos imaginarnos la escena de la afanosa búsqueda por parte del pastor en el desierto. Es una imagen que impacta por su fuerza expresiva. Podemos entender la alegría tanto del pastor como de la oveja. El encuentro entre ambos devuelve a la oveja la sensación de seguridad por haberse librado del peligro. Por tanto, el encontrar es un acto de misericordia divina.

Celebrar. Él reúne a sus amigos para celebrarlo, porque quiere compartir su alegría, tal como ocurre en las otras dos parábolas que siguen a esta, la de la moneda perdida y la del padre misericordioso (cf. Lc 15, 8 y 15, 11). Jesús quiere que entendamos la importancia de participar de la alegría con todos y nos inmuniza contra la tentación de juzgar al otro. Todos somos personas encontradas.

 

«Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido».

 

Esta Palabra de vida es una invitación a ser agradecidos por la misericordia que Dios tiene con todos nosotros personalmente. El hecho de alegrarnos, de gozar juntos, nos presenta una imagen de la unidad donde no hay contraposición entre justos y pecadores, sino que los unos participamos en la alegría de los otros.

Escribe Chiara Lubich: «Es una invitación a comprender el corazón de Dios, a creer en su amor. Inclinados como estamos a calcular y a medir, a veces creemos que el amor de Dios por nosotros también podría llegar a cansarse […] La lógica de Dios no es como la nuestra. Dios nos espera siempre; es más, le damos una inmensa alegría cada vez que volvemos a Él, aunque se tratase de un número infinito de veces»[1].

 

«Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido».

 

A veces podemos ser nosotros los pastores, los que cuidamos unos de otros y vamos con amor a buscar a quienes se han alejado de nosotros, de nuestra amistad, de nuestra comunidad; a buscar a los marginados, a quienes están perdidos, a los pequeños, aquellos que las pruebas de la vida han apartado a los márgenes de nuestra sociedad.

Nos cuenta una educadora: «Había varios alumnos que venían a clase esporádicamente. Durante mis horas libres solía ir por el mercado que está al lado de la escuela, esperando encontrarlos en ese lugar, porque me había enterado de que trabajaban allí para sacarse un dinero. Un día por fin los vi, y ellos se quedaron asombrados de que hubiese ido personalmente a buscarlos, y les impactó ver lo importantes que eran para toda la comunidad educativa. Desde entonces empezaron a venir regularmente a clase y fue en verdad una fiesta para todos».

 

PATRIZIA MAZZOLA y el equipo de la Palabra de Vida

 



[1] C. Lubich, Palabra de vida de septiembre de 1986: Palabras de Vida/1 (1943-1990) (ed. F. Ciardi), Ciudad Nueva, Madrid 2020, pp. 387-388.


sábado, 16 de diciembre de 2023

SIEMPRE, CONSTANTEMENTE, EN TODO: ALEGRÍA, ORACIÓN, DAR GRACIAS

 VIDA DE LA PALABRA                        primeras semanas de DICIEMBRE


Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de diciembre («Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros», 1 Ts 5, 16-18) y la de noviembre («Pues todos sois hijos de la luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas», 1 Ts 5, 5):

1.-        Por un mal entendido, hace poco más de un año quedé mal con un matrimonio. Yo tenía mis razones de fuerza mayor, que no acabaron de comprender ellos y “desaparecieron”: dejaron de responder cualquier mensaje mío y de venir por la parroquia. Ciertamente era un momento muy importante para ellos.

            “Que todos sean uno…”, es el testamento de Jesús. Varias veces intenté restablecer la bonita relación que hasta entonces habíamos ido tejiendo esporádicamente.

            Hace unos días me encontré con él y, aunque los dos íbamos con mucha prisa, (por un momento dudé si acercarme, por si con ello aumentaba su distanciamiento), el “sois hijos de la Luz…” de noviembre me animó, (por otra parte, tampoco estaba yo totalmente seguro si era él o no, pues lo vi de refilón y, además, después de un año sin vernos).

            Se giró sorprendido e inexpresivo dijo mi nombre. No quise acercarme de primeras por no incomodar, pero visto que me miró y se detuvo, me aproximé. Le dije que entendí su distanciamiento, pero que se fiaran de mí y que en aquella situación había cosas de profundo calado que movieron mi decisión. Le pedí perdón por lo mal que, (luego con el tiempo y su silencio), supuse que se sintieron. Yo había confiado en su comprensión, aunque solo nos conocíamos de 5 ó 6 meses. Imperturbable, (pero parecía muy sincero), me dijo: “está olvidado”. Me comentó que acababan de tener un bebé y le felicité con verdadera alegría.

            Entonces me atreví a decirle: “volved a la parroquia; allí se os quiere, (¡os queremos!), mucho; y, si hace falta me pongo de rodillas para pedíroslo”. “Lo hablaré con ella y lo valoraremos”, respondió después de unos segundos.

Para despedirnos, le dije si le podía dar un abrazo: continuando en su seriedad, accedió. Yo quedé contento de al menos haber intentado en estos meses y en ese rato con él todo lo que estaba de mi mano, pues “…no somos hijos de la luz ni de las tinieblas”.      

 

2.-        Cuando voy por las calles dentro de la demarcación parroquial, siempre suelo saludar sonriente a cada persona: la mayoría ni se enteran (quizá abstraídos en sus pensamientos, o más aún si llevan auriculares), otros miran como de soslayo asombrados sin manifestar nada y otros contestan amablemente, (incluso algunos sin conocerme).

Pero el viernes me ocurrió algo que me dejó perplejo: estaba cerrando yo la verja del patio de la parroquia y pasó por la acera una señora. Le di los buenos días y se paró con cara muy seria: “¿le conozco de algo?”. “No sé: creo que no, pero suelo desear ‘buen día’ a todo el mundo con el que me cruzo”. A lo que me repuso de un modo cortante: “pues yo soy libre de saludar”. Me quedé un poco parado y tratando de no perder la sonrisa ni la amabilidad le repuse: “por supuesto que eres libre de contestar o no y de saludar o no”. “’¡¡Totalmente!!”, añadió en tono agrio y se marchó. Añadí con paz: “nada, no te preocupes: ¡que tengas muy buen día!”.

Es verdad que una señora hace dos años, (espero que no fuese la misma), de modo parecido se paró conmigo, (iba yo bien temprano en chándal haciendo ejercicio) y al continuar diciéndole que yo era el nuevo párroco, me contestó que ella era atea, a lo que yo repuse que eso no impedía ser buenos ciudadanos y desear que tuviera buen día.

Durante el día el episodio me vino varias veces a la cabeza y no dejé que me perturbara la alegría, y menos aún cuando por la tarde empezaron a llegar los niños de catequesis con sus padres y abuelos para el festival de villancicos, que luego resultó precioso, al igual que la chocolatada posterior.

 

3.-        El sábado pasado por la noche bauticé a mi segunda sobrina-nieta. Por la mañana mi madre se había caído dos veces y roto la cadera, con lo cual ni ella ni dos de mis hermanas pudieron ir.

Más allá del contratiempo, unos y otros tratamos de no perder la alegría y participar a fondo en la ceremonia y en la sencilla celebración de después en un salón de esa parroquia.

3b.-     Mi madre quedó internada en el hospital de nuestro pueblo. Hemos “competido” los 5 hermanos por turnarnos y acompañarla, (valorando las distintas situaciones de cada uno y poniéndonos en su lugar). También hoy martes, que ha sido la operación y ha resultado bien. Y ya nos hemos organizado para estos días.

En todo ello la PdV de este mes nos ha venido muy bien: alegría (siempre, entre nosotros, hacia el personal del hospital, hacia los amigos); oración constante (rezando por ella, unidos en la distancia, o, juntos, como hoy, 3 de nosotros con ella tanto las laudes como las vísperas, o pidiendo oraciones) y dando gracias en todo (a Dios, sobre todo, en cada cosa, y a cada uno de los que entraban para algún servicio en la habitación y de los que habéis preguntado y rezado).

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de diciembre («Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros», 1 Ts 5, 16-18):

1.-        gracias por la hermosa PdeV de diciembre. Me ha enseñado los tres caminos que seguiré de ahora en adelante: alegría, oración y agradecimiento. Me encantan!!.

 

 

 

 

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martes, 17 de enero de 2023

APRENDER CON HUMILDAD EL BIEN Y LA JUSTICIA

 VIDA DE LA PALABRA                primeras semanas de ENERO

 

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de enero («Aprended a hacer el bien, buscad la justicia», Is 1, 17) y la de diciembre («Confiad en el Señor por siempre jamás, porque en el Señor tenéis una Roca eterna», Is 26, 4):

1.-        En los primeros días del año saludé a un joven empleado que se preparaba a realizar un pequeño evento audiovisual que se repetía todas esas tardes en el parque contiguo a la parroquia: estuve un ratillo charlando amigablemente con él y me dijo que, aunque tenía formación cristiana, estaba alejado, y que a su madre, que unos minutos antes le había traído en coche y era muy religiosa, le hubiera encantado saludarme. Le di mi tarjeta de visita por si quería él o su madre escribir o llamar alguna vez. Un par de días después ella llamó y me contó largas historias y me pidió que si me fuera posible que hablara de nuevo con su hijo. Lo logré varios días después, en una amigable conversación.

1b.-     Uno de esos días yo había vuelto para intentarlo, pero estaba otro compañero suyo y me puse a hablar con él. Colombiano, protestante. Como la PdV de enero cada año nos recuerda la semana de oración por la unidad de los cristianos, aproveché. Le estuve escuchando un buen rato. En seguida salió el tema religioso y estuvimos compartiendo sobre la fe y sobre Cristo que nos une. Solo al final él se dio cuenta que yo era el sacerdote católico de la parroquia que tenía enfrente y se alegró mucho despidiéndome con toda clase de bendiciones.

 

2.-        Entraron a la parroquia dos señoras en vestimenta deportiva y estuvieron rezando un buen rato. Como suelo hacer con todo el mundo, esperé a la salida para saludarlas y solo entonces reconocí a una de ellas que llevaba poco tiempo viviendo aquí y vino un día a Misa.

Me presentó a su compañera, que tenía un leve acento y por ello le pregunté de qué país era originaria. Y luego, (quizá fui un poco indiscreto, pero… pensando en la semana de oración por la unidad…), también le pregunté si era ortodoxa o católica. Se quedó como un poco perpleja… y me repuso que era ortodoxa. Entonces le expliqué qué es el ecumenismo y la semana de oración por la unidad de las distintas confesiones cristianas. Procuré tener la mayor amabilidad y acogida. De hecho, fue un rato bonito y quedamos muy contentos los tres, en espera de seguir charlando otro día y compartir la fe.

 

2.-        La semana pasada en el aeropuerto busqué el servicio antes de embarcar, pero no encontraba el de caballeros y estaban también otros hombres buscando, entre ellos un sacerdote negrito. Después de estar tentados si pasar al de personas dependientes o al de familias, descubrimos que se abría otra puerta donde antes ponía “limpieza” y salía un hombre y entonces ya quedaba a la vista el icono de “servicio de caballeros”: vi al fondo el carrito de la limpieza y dudé… asomó la limpiadora y le pregunté con discreción, pero me contestó: “¿usted es ciego o no sabe leer?”. Pensé excusarme diciendo que he visto salir a alguien y que la puerta había quedado abierta a mitad, pero preferí decirle “¡gracias, por su trabajo y su servicio!”; quizá no me salió un tono adecuado, y la señora debía pensar que me estaba burlando de ella y me respondió con malos modos.

         Me fui tranquilamente a otro servicio, casi en la otra punta de la terminal, y cuando al cabo de un buen rato regresé hacia donde estaban mis amigos, pasaba yo cerca de esa batería de servicios y miré: la limpiadora estaba fuera indicando a los hombres que esperaban que pasaran al servicio de minusválidos.

En ese momento el sacerdote negrito fue a entrar y entonces la limpiadora lo paró: “¡creo que estos otros estaban antes!”, (era imposible que ella lo supiera, pues había estado dentro limpiando). Humildemente él no dijo nada y se retiraba, pero yo, aunque estaba un poco lejos, recordando la PdV que habla de “justicia”, decidí intervenir, además, porque él era de raza negra y era también sacerdote. Traté de aclararles que él llevaba ahí ya casi un cuarto de hora esperando. En fin, la señora, de nuevo no se tomó bien mis palabras y no sé qué me dijo, pero le dejó pasar primero a él. Por otra parte, hay que comprenderla: pasa todo su trabajo limpiando lo que otros quizá no cuidamos.

 

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de diciembre («Confiad en el Señor por siempre jamás, porque en el Señor tenéis una Roca eterna», Is 26, 4) y la de noviembre («Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia», Mt 5, 7):

 

1.-        “nuestra Navidad ha sido estupenda, rodeamos de toda la familia y por poner Año con ambas familias celebrándolo en común. Compartiendo tiempo, inquietudes y nuestro cariño. Han sido maravillosas. 

Espero hayas descansado y agradecerte su labor: la palabra de vida es una inyección de Fe. Y no sólo para mí sino para familiares con los que la comparto.

 

2.-        “DIOS TE PAGUE, PACO, POR TU PUNTUAL AYUDA PARA SEGUIR EN EL SANTO VIAJE...: TUS ENVÍOS ME AYUDAN A "PONERME LAS PILAS" Y PODER VER MEJOR EL CAMINO QUE DIOS ME OFRECE.

            DESDE QUE SALIÓ EN LA PALABRA DE VIDA EL TEMA DE LA MISERICORDIA, HE PEDIDO A JESÚS QUE ME DE UN CORAZÓN MISERICORDIOSO... Y HE NOTADO SU AYUDA MOMENTO A MOMENTO.

ESTO ME HA LLEVADO A "REVISAR MIS RELACIONES", TRATANDO DE PONER MISERICORDIA, COMPRENSIÓN Y PERDÓN EN LO QUE NO ESTABA BIEN… LA CONCLUSIÓN HA SIDO QUE HE NOTADO QUE MI CORAZÓN ERA MÁS GRANDE Y MI SENTIMIENTO, DE PEQUEÑEZ, QUE ERA EL MEJOR REGALO QUE ME PODÍA HACER JESÚS. POR ESTO, CUANDO ME ACERCABA A ÉL EN ESTAS FECHAS, ME RESULTABA MÁS FÁCIL PORQUE ME SENTÍA MÁS PEQUEÑA, MÁS SEMEJANTE A SU NIÑEZ, A SU HUMILDAD... UNA GRACIA QUE NO SABRÍA EXPRESAR.

 


 

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miércoles, 16 de noviembre de 2022

AL FINAL DE LA VIDA NOS EXAMINARÁN EN LA MISERICORDIA

Aquí te copio unos textos que nos ayuden a “refrescar” y profundizar en «bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia», Palabra que nos está moviendo todo este mes:


EXAMEN DEL FINAL DE LA VIDA

Recuerda que al final de la vida se te pedirán las 7 + 7 obras de Misericordia. Si las has hecho, lo hiciste todo. Y me gustaría que vivieras con nosotros el momento presente y en el presente la obra de Misericordia que Dios requiere de ti. ¿Estudios? = Instruir a los ignorantes. Si te preguntan (¿un compañero?) = consejo a un escéptico. ¿Comes o das de comer? = dar de comer a los hambrientos, (...) etc.

Las 14 obras de misericordia son tales que resuelven cada una de tus acciones. Y cada una de vuestras acciones puede dirigirse al Jesús que debe vivir y crecer en vosotros y en vuestro prójimo (...).

 

CHIARA LUBICH, L’amore al prossimo e le opere di misericordia, www.focolare.org

 

 

 

 

LAS OBRAS DE MISERICORDIA

 Corporales:

En su mayoría salen de una lista hecha por el Señor en su descripción del Juicio Final.

Son:

1) Visitar a los enfermos
2) Dar de comer al hambriento
3) Dar de beber al sediento
4) Dar posada al peregrino
5) Vestir al desnudo
6) Visitar a los presos
7) Enterrar a los difuntos

Espirituales:

Han sido tomadas por la Iglesia de otros textos que están a lo largo de la Biblia y de actitudes y enseñanzas del mismo Cristo.

Son: 

1) Enseñar al que no sabe
2) Dar buen consejo al que lo necesita
3) Corregir al que se equivoca

4) Perdonar al que nos ofende
5) Consolar al triste
6) Sufrir con paciencia los defectos del prójimo
7) Rezar a Dios por los vivos y por los difuntos.

 

 

 

 

 

CENTRARSE EN VIVIR UNA OBRA DE MISERICORDIA

 

Desde los primeros años…, las llamadas obras de misericordia han sido para nosotros, como sugería el Evangelio, una condición indispensable para un buen examen final y, por lo tanto, para una buena conclusión del Santo Viaje de la Vida (…), me gustaría sugeriros que consideréis una de estas obras, que la tengáis en el corazón de una manera particular, que os intereséis por ella, que la hagáis desarrollarse, que la aumentéis con algún medio que podáis, que os sintáis corresponsables de ella (…).

 

CHIARA LUBICH, Amar con obras, www.focolare.org

 

 

 

 

 

ILUMINAR EL MUNDO CON NUESTRAS BUENAS OBRAS

 

[…] La luz se manifiesta en las “buenas obras”. Resplandece a través de las obras buenas que hacen los cristianos.

Me dirás: no solo los cristianos hacen buenas obras. Hay también otros que colaboran con el progreso, construyen casas, promueven la justicia…

Tienes razón. Ciertamente el cristiano hace y debe también hacer todo esto, pero no es sólo ésta su función específica. Él debe hacer las buenas obras con un espíritu nuevo, ese espíritu que hace que ya no sea él quien viva en sí mismo, sino Cristo en él. […]

 

CHIARA LUBICH, Vestire gli ignudi, www.focolare.org

 

 


martes, 15 de noviembre de 2022

MISERICORDIA TAMBIÉN PARA CON UNO MISMO

 VIDA DE LA PALABRA                   primeras semanas de NOVIEMBRE



Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de noviembre («Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia», Mt 5, 7) y la de octubre («Porque no nos dio el Señor a nosotros un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad y de templanza», 2 Tm 1, 7):

1.-        Este mes se me han ido presentando pequeñas ocasiones donde tener misericordia de distintas formas ante diversas personas, pero además conmigo mismo, puesto que Dios es misericordia también para conmigo y debo tener paciencia con mis defectos y manías: que no me quiten la paz mis meteduras de pata, ¡pero sin hacer las paces con ellas!     

Así que, con ilusión, (y confiando sobre todo en la Gracia), voy esforzándome por mejorar en todo ello, (sobre todo en mi modo de hablar y expresarme, que a pesar de toda mi buena voluntad, produce a veces malentendidos), y pedírselo por misericordia al Señor.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de noviembre («Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia», Mt 5, 7), la de octubre («Porque no nos dio el Señor a nosotros un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad y de templanza», 2 Tm 1, 7) y la de septiembre («Siendo libre de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más que pueda», 1 Co 9, 19):

 

1.-        “estaba ahora escuchándote en Radio María tu programa de los jueves, y he visto oportuno contarte una experiencia concreta de hace apenas unos días: vi una foto comentada por WhatsApp de una mamá del colegio de cuando nuestros hijos eran pequeños y "me quedé mosca", así que la respondí y le dio alegría y quedamos para tomar un café, (llevábamos sin vernos 6 años o así).

Efectivamente ella ha sufrido en este tiempo una enfermedad que la limita físicamente, estuvimos charlando animadamente toda la tarde, y lo pasamos genial. Fue estupendo ese encuentro. Me sentí muy bien, y seguiremos viéndonos para pasar más tardes conversando.

Gracias por tus testimonios de PdV. Me hacen mucho bien.

 

2.-        “sirvió de mucho tu homilía de ayer sobre la perseverancia. Sobre todo lo que dijiste a continuación: “hay que perseverar haciendo el bien”. 

Ahora me doy cuenta que a veces sí persevero en la oración, pero tras escucharte me daba cuenta que lo hacía quejándome, sintiéndome mal... ni rastro de "hacer el bien" en mi perseverancia.

Más bien todo lo contrario, dejándome llevar por el desánimo acababa enfadada, desanimada... o peor aún, no hacía nada, con lo que el trabajo se me iba acumulando. 

Cierto es, hay que perseverar pero no de cualquier manera, sino haciendo el bien. Gracias por tus palabras.

 

2.-        “estuve en un congreso de la Hospitalidad de Lourdes. Todas las ponencias fueron muy buenas, una en especial me llegó al alma: un sacerdote que contaba su vida de cuando estaba en el hospital. Narraba casos de conversiones, bautizos, confesiones... Aunque no estuviera de guardia, él iba cuando le llamaban. Como si fuera Jesús.

Mientras, yo recordaba casos de mi trabajo en el hospital: un día llegó a planta un chico que estaba muy grave, había tenido un accidente. Yo lo recibí. Venía muy agitado, insultando a todos, (cosa muy normal en muchos casos). Yo lo coloqué bien en la habitación, mientras veía a su madre llorar por las palabras de su hijo, ya que él nunca se comportaba así. Dejé al chico con una compañera y yo salí al pasillo con la madre. Se desahogó conmigo mientras yo la escuchaba atentamente.

Estuvo mucho tiempo en el hospital y, cuando le dieron el alta, si la madre me veía por la calle, en seguida me saludaba y se agarraba a mí, mientras decía a los demás… que yo les había estado cuidando en el hospital. A mí me daba vergüenza: yo lo había hecho porque era mi trabajo y simplemente hacía lo que pensaba que me gustaría que hicieran conmigo. Aún tenemos relación. Ahora la mamá es mayor, pero la sigo llamando y antes de la pandemia quedé con ella y con una hija.

 

2b.-     Otra vez, en el parte de quirófano, vi el nombre de un Obispo y le reservé una habitación. Por la tarde me llamaron y me dijeron que me iban a subir tres enfermos. Yo expliqué que tenía disponibles solo dos camas, pues una estaba reservada. Mi compañera se enfadó porque no le había dado el justificante. Yo la dije que no se preocupara que al día siguiente se lo bajaría.

Yo nunca había tenido un enfermo de "esa categoría" y para mí fue ponerme en la presencia del Señor, (aunque para mí todos los enfermos eran importantes), y cuando a los dos días salió de la UVI, le preparé la habitación, le di los buenos días, le pregunté cómo había descansado...: traté de hacerlo todo con delicadeza. Hablábamos un poco. Cuando se marchó, me dio las gracias y me dijo que me nombraba "enfermera episcopal". Me quedé paralizada, me sonrojé y me emocioné. 

 

2c.-      Otro día, estando en el turno de noche, llegó un señor mayor, había tenido un accidente y venía solo. Me dio tanta pena que estuve toda la noche pendiente de él, era de un pueblo de otra provincia. Cuando término mi turno, me fui a dormir: no podía, pensado en él. Al día siguiente me tocó el turno de tarde, entré a verle y estaba su esposa, hablé un poco con ella y me fui hacer otras cosas. Al poco rato vino a preguntarme dónde había un hotel para quedarse. Había uno cerca y le indiqué cómo llegar, pero no entendía mis explicaciones. Me ofrecí a acompañarla en cuanto acabara mi turno, pero me inquietaba que se quedara sola y que al día siguiente no supiera volver al hospital. Yo no estaba tranquila y pensé en llevarla a mi casa, aunque no sabía cómo decírselo a mi madre, así que pensé: "Señor, Tú sabrás".

Finalmente se la presenté a mi madre y estaba encantada. Cuando vivía mi padre en mi casa eso era normal. La señora estaba angustiada y con cara de pena. No quiso cenar. Le hice la cama, la dejé toallas para que se pudiera duchar y le dije que descansara que se levantara cuando quisiera. Yo tenía turno de mañana y cuidaría de su marido. Cuando me levanté ella ya lo estaba y había hecho la cama, pero no quiso desayunar. Solo quería estar con su marido. Cuando llegamos a la habitación él estaba consciente y se quedaron juntos. A media mañana me presentó a su hijo y a su nuera y me contó la aventura que habían pasado: tuvieron un accidente viniendo. Un coche les deslumbró y fueron a la cuneta. Les encontró la policía. Fueron a comprar ropa, pero habían perdido la cartera y yo me ofrecí a prestarles algo de dinero. Me dijeron que, si no me importaba, mientras cuidaba a su padre, ellos se llevaban a comer a su madre. Cuando regresaron, el médico dio de alta al enfermo, así que regresaban a casa.

Vinieron a darme las gracias por todo y me trajeron un detalle, porque nunca habían visto una conducta igual. Yo les dije que no había hecho nada más que mi trabajo, pero me dijeron que les había tratado como si fueran de mi familia. Me costaba aceptar el regalo, pero insistieron. Abrí el paquete: era una muñeca preciosa. Fue el regalo más bonito de mi vida. Cada vez que lo veo me emociono.

 

 

 

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miércoles, 31 de agosto de 2022

PERDONAR SIEMPRE TAMBIÉN LAS PEQUEÑAS COSAS

 VIDA DE LA PALABRA                             mes de agosto

 


 Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de agosto («Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?», Mt 18, 21) y la de julio («Solo una cosa es necesaria», Lc 10, 42):

 

1.-        Pensaba que iba a ser difícil encontrar ocasiones para vivir la Palabra de agosto, pero sin embargo ha habido muchísimas: de ida y de “vuelta”. Es decir, también he tenido que reconocer (a ello ayudó, además, una películilla que vimos en grupo) que tengo mis manías, y que los demás me tienen que soportar (una obra de amor, un acto de misericordia es también: “llevar con paciencia los defectos del prójimo”.

Así, pues, aceptarme como soy, tratar de cambiar esas cosillas lo mejor que puedo y, mientras, dejar que los demás me perdonen “hasta 70 veces 7”, (aunque no hubiera querido yo molestarles en nada).

 

2.-        Las vacaciones en unidad con el grupito de sacerdotes las espero con ilusión todos los años, también porque no dejan de ser un desafío con tantas ideas, edades y criterios diferentes: unidad en la distinción. Cada año, “Jesús en medio” de nosotros por el amor recíproco puesto en práctica, se deja notar en que aprendemos cosas nuevas, profundizamos en la vida interior y descansamos sanamente.

         Hemos estado muy bien acogidos en Lisboa en una casa de religiosos casi en el centro. Buenísima habitación y comidas, magnífico trato de los “espiritanos” y su personal colaborador, y baratísimo. El día de peregrinación al santuario de la Virgen en Fátima, conmovedor: he estado allí pocas veces y la última hará ya casi quince años.

         En la convivencia diaria, al ser casi una veintena, (y tan diversos entre nosotros), los pequeños roces involuntarios surgen siempre y, para mí esta vez con la PdV, eran una pequeña oportunidad para repetirme interiormente “perdonar siempre…”, o “hasta 70 veces 7”. Algunos nos conocemos desde hace muchos años y nos vemos con frecuencia a lo largo del curso, lo cual conlleva también saber de qué pie cojeamos cada uno.

La PdV de agosto me ha ayudado a ser más comprensivo con los demás. P.ej. yo quizá soy excesivamente cuidadoso con mis cosas, con el coche, etc.; así que, desde el principio, prestarlas y ofrecerlas; y si, por casualidad en alguna ocasión, no se ha tenido el mismo cuidado y, p.ej. en el coche me he encontrado arena en los asientos, o barrillo en las alfombrillas, seguir ofreciéndolo “hasta 70 veces 7” y, a la vez, con humildad reconocer que llevan años “hasta 70 veces 7” sin quejarse de mis manías de prontitud, de engarzar actividades sin pausa, de ahorro, de “mañanero” y “nada nocturno”, etc.      

 

3.-        Estaba yo aparcando el coche: me dirigía la maniobra desde fuera un compañero. Una vez que paro, veo a las señoras del coche de atrás comentando entre ellas y mirándome un poco molestas. “Rebobino”: al dar marcha atrás, no le he dado a su coche; no he notado ni el mínimo golpe; el compañero desde fuera no me ha dicho nada. “Estarán hablando de otra cosa”. Perdonar.

         Mientras me bajo las oigo hablar entre ellas en lengua ininteligible y con tono airado mirándome de reojo. Le pregunto al compañero: “¿has visto si le he dado un golpecillo a su coche?”. “¡Qué va!: estarán con otros temas”. Empiezo a mosquearme. Recuerdo la PdV: “perdonar hasta 70 veces 7”.

         Me alejo y continúan en el mismo tono y haciendo fotos a la trasera de mi coche y a la delantera del suyo. Me mosqueo más y le pregunto de nuevo al compañero: “yo no he sentido golpe, ni roce; ¿lo has visto bien seguro?”. ¡Sí! Te has quedado a centímetros: no les has dado”. Ellas continúan hablando. “Perdonar...”.

         Ya nos acercamos y, por más que miramos, ninguna marca ni en mi coche ni en el de ellas. Y entonces se encaran con nosotros. PdV: perdonar.   Tratamos de chapurrear inglés y por gestos. Parece que el suyo era un coche alquilado y tiene una pequeña mota de no sé qué, (desde luego, no de un golpecillo), ¡en su matrícula delantera!; mi coche no tiene nada. Ya me viene tentación de sulfurarme un poco. PdV: “hasta 70 veces 7”.

         Tanto mi compañero como yo tratamos de hacernos entender que si mi coche no tiene nada y el suyo tiene un puntito en la matrícula, no les puedo haber dado. Y, además, los del alquiler del coche ni van a percatarse de tal minucia y, en cualquier caso, yo no he notado ni el más mínimo golpe y el compañero ha visto que no le he dado. Ellas, “erre que erre”. “Perdonar…”.

         Se me estaba poniendo mal cuerpo. “Hasta 70 veces 7”. Se lo volvemos a explicar hasta 3 veces entre gestos, inglés chapurreado y “portuñol”, (debían de ser de los países del este). Ante su negativa a querer entender…, cada una de las veces: “perdonar…”. Al final se marchan, aunque poco convencidas. ¿Pondrán una reclamación?

“Hasta 70 veces 7”. Por tanto, no voy a quedar yo con peso interior que me impida vivir bien el momento presente con los compañeros.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de agosto («Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?», Mt 18, 21), la de julio («Solo una cosa es necesaria», Lc 10, 42) y la de junio («Tú eres mi Señor, mi bien, nada hay fuera de Ti», Sal 16, 2):

 

1.-        “…durante este julio la Palabra de Vida del mes me ha invitado a una mayor escucha y relación con Jesús para servirlo en los demás, acogiendo en mi corazón e incluso en mi casa a personas concretas….

 

2.-        “acabo de leer y releer la Palabra de vida de Agosto, he compartido en espíritu tus experiencias; ¡me ha hecho mucho bien! Gracias por todo.

 

 

3.-        “…pues aquí sigo, con muchas…, pero con mi Madre siempre a mi lado ayudándome. Gracias por tus PdV muy esperadas todos los meses: son de mucha ayuda cuando estoy de bajón y nos enseñan tantas cosas bonitas.

La semana que viene operan a mi marido… en el hospital de Villalba; estuve con él en el preoperatorio y me acordé de ti, lo mucho que me ayudaste allí en mi gran enfermedad y mi Señor a mi lado; y, claro, no me pude ir sin hacer una visita a la pequeña capilla, como iré la semana que viene, si Dios quiere, para pedir al Señor que salga bien la operación de mi marido y para que siga a mi lado ayudándome.

Estoy tranquila y con mucha fe. Mi familia sigue adelante porque me ven bien y, la verdad, que después de estar desahuciada y darme 4 meses de vida y, en cambio, llevar 4 años, no se lo creen ni los médicos cómo estoy: no sé si es un milagro, pero lo que sí sé es que si el Señor me tiene aquí es porque hago falta y ya me llevará con Él cuando Él disponga. Paco, gracias por todo y que Dios te siga dando mucha fortaleza y salud para seguir guiándonos….

 

4.-        “gracias. Cada vez que voy a confesarme salgo reconfortada. Es un todo: el Señor me alivia la pena y me anima a seguir con alegría. Gracias por dedicarme tu tiempo.

Por cierto, te iré contando cosas que me vienen a la cabeza, curiosamente cuando salgo de allí 😁.

 

5.-        “dice el comentario al pasapalabra diario que nos has enviado al grupo de WhatsApp: «dejarse perdonar. Que es como "dejarse curar". Hay heridas que nos hemos producido nosotros mismos, están en el corazón, y solo las cura Quien puede entrar en el corazón. ¡Ojalá no le tengamos miedo a la Verdad! Solo ella "lava del todo" nuestros errores».

¡Qué hermoso y tan cierto! Yo doy testimonio de que entregué mis tristezas y mis frustraciones a Dios, (le hablaba en muchos momentos todos los días) y Él me ayudó a perdonarme y a sanar todos esas heridas. Ojalá todos lo hiciéramos, no hay por qué sentirse solo llevando una pena consigo, cuando está Él para nosotros ¡¡SIEMPRE!!!! Y a cada uno del grupo que siempre están ahí. Gracias a Él por conoceros.

 

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