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domingo, 21 de diciembre de 2025

FELIZ NAVIDAD 2025

DEJAR NACER A JESÚS EN MEDIO DE NOSOTROS

«Dentro de pocos días llega la Navidad,

Navidad nos recuerda

un punto esencial de espiritualidad…

Pero lo que la Navidad nos recuerda

es algo más que un punto, más que una norma,

es una realidad,

es la gran realidad que ofrecer al mundo:

Jesús, que, en cierto modo, nace y vive en medio de nosotros,

si vivimos y renovamos siempre nuestro amor recíproco.

Dar vida a Jesús en medio es nuestro primer deber,

es la razón fundamental…:

«No puedes permitirte el lujo de hacerte santa

si el Santo no está entre vosotros,

no puedes ilusionarte con llegar a ser perfecta

si el Perfecto no está entre vosotros».

¿Y entonces?

Entonces, creo que… el camino justo es éste:

establecer, volver a establecer su presencia entre nosotros

con ese amor hecho de servicio, de comprensión,

de participación en los dolores, en las cargas,

en las ansias y en las alegrías de nuestros hermanos;

con ese amor que todo lo cubre, que todo lo perdona,

y que es típico del cristianismo.

Estad seguros de que,

gracias a este amor,

el Resucitado,

que ha prometido estar con su Iglesia hasta el fin del mundo,

está también entre nosotros.

Y, sobre esta base,

vivir en cada momento la voluntad de Dios,

bien, perfectamente…

Esto es lo que tenemos que hacer

en los últimos quince días del año,

en los que la Palabra de Vida nos estimula a vivir,

como María, la voluntad de Dios.

Para nosotros, en cierto modo como para Ella,

la primera voluntad de Dios

es la de dar vida a Jesús.

Así nos perfeccionaremos, de verdad,

como «campeones de unidad» con los hermanos y con Dios.

Entonces, a todos, a todos:

¡Feliz Navidad!

Y acordaos de que Jesús puede estar entre nosotros

incluso a distancia.

¡Felicidades a todos!»

 CHIARA LUBICH. Carta desde Tokio, diciembre 1981

 

 Este es mi deseo para

UNA SANTA Y FELIZ NAVIDAD.

Lo dirijo con afecto a ti,

a tus familiares, a todos,

en particular si hubiera alguno enfermo o que sufre.

 

 

 

 


lunes, 1 de diciembre de 2025

CADA INSTANTE ES LA ESPERANZA

 PALABRA DE VIDA                     diciembre 2025

 

«Los confines de la tierra

verán la salvación de nuestro Dios»

(Is 52, 10)


Llevado al exilio en Babilonia, el pueblo de Israel lo ha perdido todo: su tierra, su rey, el templo, y con él la posibilidad de dar culto a su Dios, lo cual lo había empujado a salir de Egipto en el pasado.

Y he aquí que la voz de un profeta hace un anuncio sorprendente: es hora de volver a casa. Una vez más, Dios intervendrá con poder y llevará de nuevo a los israelitas cruzando el desierto hasta Jerusalén. Y de ese evento prodigioso serán testigos todos los pueblos de la tierra:

 

«Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios».

 

También hoy la crónica está llena de noticias alarmantes: personas que se quedan sin trabajo, salud, seguridad ni dignidad; jóvenes que ven peligrar su futuro a causa de la guerra, de la pobreza provocada por los cambios climáticos en sus países; pueblos que ya no tienen tierra ni paz ni libertad.

Un escenario trágico afecta a todo el planeta, nos deja sin aliento y ensombrece el horizonte. ¿Quién nos salvará de la destrucción de todo lo que creíamos poseer? La esperanza parece fuera de lugar. Y sin embargo, el anuncio del profeta es también para nosotros:

 

«Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios».

 

Su palabra revela la acción de Dios en la historia personal y colectiva e invita a abrir los ojos a los signos de este proyecto de salvación. De hecho esta ya está actuando en la pasión educativa de una maestra, en la honestidad de un empresario, en la rectitud de una administrativa, en la fidelidad de los esposos, en el abrazo de un niño, en la ternura de un enfermero, en la paciencia de una abuela, en la valentía de hombres y mujeres que se oponen pacíficamente a la criminalidad, en la acogida de una comunidad.

 

«Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios».

 

Se acerca la Navidad. En el signo de la inocencia desarmada del Niño, podemos reconocer una vez más la presencia paciente y misericordiosa de Dios en la historia humana y testimoniarla con nuestras decisiones a contracorriente:

«[…] en un mundo como el nuestro, en el que se teoriza sobre la lucha, la ley del más fuerte, del más astuto y del que no tiene escrúpulos, y donde a veces todo parece paralizado por el materialismo y el egoísmo, la respuesta es el amor al prójimo. Esta es la medicina que le puede devolver la salud. […] Es como una ráfaga de calor divino que se irradia y se propaga, penetrando en las relaciones entre una persona y otra, entre un grupo y otro, y transformando poco a poco la sociedad»[1].

Como para el pueblo de Israel, también para nosotros ha llegado el momento de ponernos en camino; es la ocasión propicia para dar un paso adelante con decisión hacia todos aquellos –jóvenes o ancianos, pobres o migrantes, parados o sin techo, enfermos o presos– que esperan un gesto de atención y de cercanía, testimonio de la presencia dócil, pero eficaz del amor de Dios en medio de nosotros.

Hoy, los confines hasta los que hay que llevar este anuncio de esperanza son sin duda los geográficos, que tan a menudo se convierten en muros o dolorosas líneas de guerra; pero también los culturales y existenciales. Además, una aportación eficaz para superar la agresividad, la soledad y la marginación puede provenir de comunidades digitales, encarnadas en muchos casos por jóvenes.

Como escribe el poeta congoleño Henri Boukoulou: «¡Oh, divina esperanza! He aquí que en el sollozo desesperado del viento se esbozan las primeras frases del más hermoso poema de amor. ¡Y mañana es la esperanza!»[2].

LETIZIA MAGRI y el equipo de la Palabra de Vida

 



[1] C. Lubich, Palabra de vida de mayo de 1985: Palabras de Vida/1 (1943-1990) (ed. F. Ciardi), Ciudad Nueva, Madrid 2020, pp. 339-340.

[2] Cf. Aa.Vv., Poeti Africani Anti-Apartheid, I vol., Edizioni Milano, 2003.

domingo, 31 de diciembre de 2023

ALEGRES EN EL SEÑOR

VIDA DE LA PALABRA              últimas semanas DICIEMBRE


Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de diciembre («Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros», 1 Ts 5, 16-18) y la de noviembre («Pues todos sois hijos de la luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas», 1 Ts 5, 5):

1.-        Mi madre salió bien de la operación de cadera, (gracias también a la oración de tantos: ¡gracias!).

Cuando la dejaron un día más de lo esperado hospitalizada, tratamos de verlo con alegría y sin cejar en la oración, adaptando rápidamente los planes de cada uno. A cada uno que venía a visitarla o al personal del hospital, cada vez le dábamos las gracias con una sonrisa, (y, si estábamos varios, cada uno le decía un “¡gracias!”).

En muchos momentos luego me emocionaba recordar la generosidad de mi madre, casi innata, (siempre, igual que mi padre las muchas veces que estuvo hospitalizado), cuando la enfermera le traía la comida, nos decía con ilusión a quien de nosotros estuviera cuidándola en ese rato: “come tú, rico mío; que es tarde”. “Pero mamá, ¡si es tu comida! Y es muy pronto todavía. Ya comeré yo cuando me releven”. “Bueno, ya, pero cómela tú y luego me dejas algo si no tienes más gana”.

1b.-     Cuando estos días, ya en casa, ha empezado a dar sus primeros pasitos con el andador, ella iba casi siempre tarareando o cantando abiertamente: “alabado seas mi Señor…”. A veces se paraba un instante insinuando que le dolía, que tenía molestias, pero… ¡en seguida seguía caminando con esas u otras alabanzas o salmos o villancicos! Naturalmente yo (y si estaba alguien más de la familia) nos uníamos en el tarareo de la melodía o cantábamos también.

Anteayer la tuve que cambiar porque no llegamos a tiempo al servicio: temí que se desanimara. Pero no, al instante, aceptándolo todo, me daba las gracias. Y le contestaba yo: “¿y las veces que tú me cambiabas a mí?, ¿qué?”. Y al ratito, pasados los apuros, ella y yo seguimos alegres, y ella tarareando.

Cada “avance” ella y todos dábamos gracias a Dios por todo. Y ahora también, cuando por whatsapp los hermanos nos vamos comunicando su evolución.

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de diciembre («Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros», 1 Ts 5, 16-18), la de noviembre («Pues todos sois hijos de la luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas», 1 Ts 5, 5) y la de octubre («Pues lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios», Mt 22, 21):                                        

1.-        unos días después de la muerte de mi hermana me he sentido cansado, con la mente y el corazón un poco aturdidos. Me inscribí en unos Ejercicios Espirituales.

Al principio no conseguía estar a gusto, sin alboroto mental, pero poco a poco se ha ido abriendo paso la calma y la luz. En algunas ocasiones, de rodillas, adorando al Santísimo, me cansaba enseguida y estaba deseando salir de la capilla; pero notaba una voz que me decía “Aguanta, aguanta un poco más”. Los últimos minutos eran los mejores, estaba cómodo, concentrado, sin prisa delante de Jesús.

         Los Ejercicios han sido, al final, una bendición, y al salir de ellos La Palabra de Vida “vosotros no sois hijos de las tinieblas, sino hijos de la luz y del día” me ha ayudado a dejarme llevar por Jesús, a actuar orientado por Él en varias ocasiones.

1b.-     En una ocasión conseguí  tener paciencia ante el comportamiento reprobable de una persona. Me sentía muy disgustado, pero no actué impulsivamente. Después, pasados unos días, le corregí con delicadeza y reaccionó  reconociendo su fallo, amigablemente. 

1b.-     Un día he ido a ver a un amigo enfermo al hospital, y después le he visitado varias veces más. Al ofrecerle los sacramentos de Jesús me ha dicho que su esposa y él no son creyentes, pero sí practicantes; que tratan de actuar bien con los demás y ayudan en todo lo que pueden, pero que no sienten la necesidad de rezar, que no creen en Dios. De nuevo la luz del Señor me ha iluminado al responderle que la Iglesia reconoce semillas evangélicas en quienes no siendo creyentes viven conforme a su recta conciencia, y que están cerca de Dios, que caminan anónimamente hacia Él. Después he bendecido unos dulces que les llevaba y se han santiguado y rezado “soto voce”. También ellos son hijos de la luz, hijos del día, aunque no lo vean.

 

2.-        “me he acostumbrado en estos días a decir en varias ocasiones, “por Ti, Señor”, lo cual me da paz y alegría, incluso en situaciones de contrariedad, tratando de hacer las cosas bien, con paciencia, incluso con gratitud.

En mi comunidad hay una chica, profesora, que sufre una enfermedad incurable, pero siempre está sonriente, contenta y servicial. La Asociación de Vecinos de su barrio ha conseguido dedicarle una calle en vida, en reconocimiento a su tarea dentro del Centro de la Mujer, de la que es coordinadora... Nos dice que cada día se propone como objetivo abrirse a los demás como Jesús, y que al terminar el día le da gracias a Dios por lo conseguido, o le pide perdón si ha fallado, y se propone recomenzar al día siguiente.

 

 

Si quieres leer más experiencias similares, 

de gente de todo el mundo,

puedes encontrarlas “pinchando” AQUÍ o AQUÍ

o también AQUÍ

 

 

martes, 19 de diciembre de 2023

FELIZ NAVIDAD 2023

 Anteayer empezó el segundo periodo del, (muy breve este año), Adviento, preparación ya inmediata a la Navidad, un impulso para poner más en práctica la Palabra.

Nos ayudarán a ello un par de textos y con las palabras del primero de ellos, del Papa, también quiero felicitarte la Navidad de corazón:

 


 

"...no se puede celebrar la Navidad sin asombro.

Pero un asombro que se limita a una emoción superficial

―no es un asombro―,

una emoción ligada a la exterioridad de la fiesta,

o peor aún a un frenesí consumista. No.

Si la Navidad se reduce a esto,

nada cambiará:

mañana será igual que ayer,

el próximo año será igual que el anterior, y así sucesivamente.

Significaría calentarnos por unos instantes con un fuego de paja,

y no exponernos con todo nuestro ser a la fuerza del Acontecimiento,

no captar el centro del misterio del nacimiento de Cristo.

Y el centro es éste:

«El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1, 14)...

... La Madre nos devuelve a la realidad,

a la verdad de la Navidad,

que está contenida en esas tres palabras de San Pablo:

«nacido de mujer» (Gal 4,4).

El asombro cristiano no procede de los efectos especiales,

de los mundos fantásticos,

sino del misterio de la realidad:

¡no hay nada más maravilloso y sorprendente que la realidad!

Una flor, un terrón de tierra, una historia de vida, un encuentro...

El rostro arrugado de un anciano

y el rostro recién florecido de un niño.

Una madre sosteniendo y amamantando a su hijo.

El misterio brilla allí...

... (María) contemplando a su Hijo,

siente la cercanía de Dios,

siente que Dios no ha abandonado a su pueblo,

que Dios ha venido, que Dios está cerca, es Dios-con-nosotros.

Los problemas no han desaparecido,

las dificultades y las preocupaciones no faltan,

pero no estamos solos:

el Padre «envió a su Hijo»...

... (María) nos sonríe y dice:

Él es el Camino. Sigámosle, tengamos confianza. No decepciona”.

Sigámosle en nuestro camino cotidiano:

Él da plenitud al tiempo,

da sentido a las acciones y a los días.

Tengamos confianza, en los momentos felices y en los dolorosos:

la esperanza que Él nos da

es la esperanza que nunca defrauda..."

 

PAPA FRANCISCO, Homilía en las primeras vísperas de la Solemnidad de Sª. María, Madre de Dios y Te Deum de acción de gracias, Basílica de san Pedro, 31 de diciembre de 2021

 

 

Estos son mis deseos para

UNA SANTA Y FELIZ NAVIDAD.

Los dirijo con afecto a ti

y a tus familiares y personas cercanas,

en particular si hubiera alguno enfermo o que sufre.




viernes, 1 de diciembre de 2023

ALEGRÍA, ORAR Y DAR GRACIAS

 PALABRA DE VIDA                              diciembre 2023

 


«Estad siempre alegres. Orad constantemente.

En todo dad gracias,

pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús,

quiere de vosotros»

(1 Ts 5, 16-18)

 

Pablo escribe a los tesalonicenses cuando aún vivían muchos de los contemporáneos de Jesús que lo habían visto y oído, testigos de la tragedia de su muerte y del estupor de su resurrección y luego de su ascensión. Reconocían la huella que había dejado Jesús y esperaban su inminente retorno. Pablo amaba a la comunidad de Tesalónica, ejemplar por su vida, su testimonio y sus frutos, y les escribe esta carta y les suplica que se lea a todos (5, 27). Para seguir siendo «imitadores nuestros y del Señor» (1, 6), anota en ella unas recomendaciones que resume así:

 

«Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros».

 

El hilo conductor de estas apremiantes exhortaciones no se refiere solo a qué se espera Dios de nosotros, sino al cuándo: sin interrupción, siempre, constantemente.

Pero ¿se puede mandar que estemos alegres? Que la vida nos sorprenda con problemas y preocupaciones, con sufrimientos y angustias, que la situación social se muestre árida e inhóspita es algo que todos experimentamos. Y sin embargo, para Pablo hay una razón que puede hacer siempre posible «esa alegría» a la que alude. Él habla a los cristianos y les recomienda que se tomen la vida cristiana en serio para que Jesús pueda vivir en ellos con la plenitud que prometió después de su resurrección. A veces podemos experimentarlo: Él vive en la persona que ama, y cualquiera puede adentrarse en el camino del amor con desapego de sí mismo, con un amor gratuito a los demás, aceptando el apoyo de sus amigos, manteniendo viva la confianza de que «el amor lo vence todo»[1].

 

«Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros».

 

Dialogar entre fieles de distintas religiones y entre personas de convicciones diversas lleva a entender aún con más hondura que rezar es una acción profundamente humana; la oración construye a la persona, la eleva.

Y ¿cómo rezar ininterrumpidamente? El teólogo ortodoxo Evdokimov dice que «no basta con hacer oración, tener reglas, costumbres; hace falta convertirse en oración, ser oración encarnada, hacer de nuestra vida una liturgia, rezar con las cosas del día a día»[2]. Y Chiara Lubich subraya que «podemos amar [a Dios] como hijos, con el corazón lleno por el Espíritu Santo de amor y de confianza en nuestro Padre; una confianza que nos lleva a hablar frecuentemente con Él, a contarle todas nuestras cosas, nuestros propósitos, nuestros proyectos»[3].

Y hay también un modo de rezar siempre que es accesible a todos: pararse antes de cada acción y centrar bien la intención con un «Por Ti». Es una práctica sencilla que transforma desde dentro nuestras actividades y nuestra vida entera en una oración constante.

 

«Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros».

 

Ante cualquier cosa, dad gracias. Es la actitud que brota libre y sincera del amor agradecido por Aquel que, silenciosamente, sostiene y acompaña a los individuos, a los pueblos, la historia y el cosmos. Con gratitud a los demás que caminan con nosotros, que nos hace conscientes de que no somos autosuficientes.

Alegrarnos, orar y dar gracias: tres acciones que nos acercan a ser como Dios nos ve y nos quiere y enriquecen nuestra relación con Él. Con la confianza de que «el Dios de la paz os santifique plenamente (1 Ts 5, 23).

Así nos prepararemos a vivir más profundamente la alegría de la Navidad para hacer un mundo mejor, para convertirnos en tejedores de paz dentro de nosotros, en casa, en los lugares de trabajo, en medio de las plazas. Hoy no hay nada más necesario y urgente.

 

Victoria Gómez y el equipo de la Palabra de Vida



[1] Publio Virgilio Marón, Églogas, x, 69. Se puede ver una versión musical del grupo Gen Rosso en: youtu.be/1OzGqA7ZQN0.

[2] P. Evdokimov, «La preghiera di Gesù», en La novità dello Spirito, Ancora, Milán 1997.

[3] C. Lubich, «Construirnos en oración», en Construir el castillo exterior, Ciudad Nueva, Madrid 2004, p. 47.

domingo, 18 de diciembre de 2022

¡¡FELIZ NAVIDAD 2022!!

 ¡FELIZ  NAVIDAD 2022!

 

La Navidad habla del amor que Dios nos tiene.

Jesús niño es el don más excelso que el Cielo haya hecho a la tierra,

a esta minúscula tierra

perdida en la inmensidad de los espacios celestes,

entre millones de estrellas,

pero, sin embargo, elegida

para transformarse en morada del Dios verdadero hecho hombre.

La Navidad nos grita que Dios nos ama,

que Dios es amor.

Y nosotros no somos… auténticos

si no damos a la Navidad su justo significado,

si no sabemos extraer de este fascinante misterio,

rodeado de tanta exterioridad,

la verdad que en sí encierra.

Debemos hacer eco a los ángeles que lo anunciaron a los pastores

y no dejar pasar ninguna ocasión

para decir a nuestros hermanos, a nuestros amigos,

a nuestros compañeros y al mundo entero,

que el Amor ha descendido a la tierra para cada uno de nosotros;

que en Navidad

nadie debe sentirse solo, abandonado, huérfano o desgraciado.

Jesús no ha venido sólo para los blancos o para los negros;

sólo para los europeos o para otros pueblos;

Dios se hizo hombre para toda la humanidad

y por tanto para cada uno de nosotros.

Por eso es fiesta para todos, gozo para todos,

libertad para todos y paz para todos

 

CHIARA LUBICH, Y vuelve la Navidad, Madrid 1997, p.59-60

 

 


Este es mi deseo para

UNA SANTA Y FELIZ NAVIDAD.

Lo dirijo con afecto a ti,

a tus familiares, a todos,

en particular si hubiera alguno enfermo o que sufre.

 


lunes, 20 de diciembre de 2021

FELIZ NAVIDAD 2021

 


TODOS HERMANOS

«Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado».

Ha nacido un niño:

el nacimiento es siempre una fuente de esperanza,

es la vida que florece,

es una promesa de futuro.

Y este Niño, Jesús, “ha nacido para nosotros”:

un nosotros sin fronteras, sin privilegios ni exclusiones.

El Niño que la Virgen María dio a luz en Belén nació para todos:

es el “hijo” que Dios ha dado a toda la familia humana.

Gracias a este Niño,

todos podemos dirigirnos a Dios llamándolo “Padre”, “Papá”.

Jesús … vino al mundo precisamente

para revelarnos el rostro del Padre.

Y así, gracias a este Niño,

todos podemos llamarnos y ser verdaderamente hermanos:

de todos los continentes, de todas las lenguas y culturas,

con nuestras identidades y diferencias,

sin embargo, todos hermanos y hermanas.

En este momento de la historia,

marcado por la crisis ecológica

y por los graves desequilibrios económicos y sociales,

agravados por la pandemia del coronavirus,

necesitamos más que nunca la fraternidad.

Y Dios nos la ofrece dándonos a su Hijo Jesús:

no una fraternidad hecha de bellas palabras,

de ideales abstractos, de sentimientos vagos... No.

Una fraternidad basada en el amor real,

capaz de encontrar al otro que es diferente a mí,

de compadecerse de su sufrimiento,

de acercarse y de cuidarlo, aunque no sea de mi familia,

de mi etnia, de mi religión;

es diferente a mí pero es mi hermano, es mi hermana.

Y esto es válido también

para las relaciones entre los pueblos y las naciones:

Hermanos todos.

En Navidad celebramos la luz de Cristo que viene al mundo

y Él viene para todos, no sólo para algunos.

Hoy, en este tiempo de oscuridad y de incertidumbre por la pandemia,

aparecen varias luces de esperanza

Pero para que estas luces puedan iluminar

y llevar esperanza al mundo entero,

deben estar a disposición de todos...

No podemos tampoco dejar que

 el virus del individualismo radical nos venza

y nos haga indiferentes al sufrimiento de otros hermanos y hermanas…

PAPA FRANCISCO, Mensaje urbi et orbi, 25 de diciembre de 2021

 

 

Este es mi deseo para

UNA SANTA Y FELIZ NAVIDAD.

Lo dirijo con afecto a ti y

a tus familiares y a todos los que tienes cerca,

en particular si hubiera alguno enfermo o que sufre.

                                                                  Paco  T.