jueves, 30 de abril de 2026

HUELLAS DEL RESUCITADO: PAZ, ALEGRÍA, ENTENDIMIENTO...

 VIDA DE LA PALABRA                                    mes de ABRIL

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de abril («Quédate con nosotros, porque atardece», Lc 24, 29) y la de marzo («Levantaos, no tengáis miedo», Mt 17, 7):

1.-        Tradicionalmente cada año en la Semana I de Pascua un buen grupo de sacerdotes de diferentes diócesis solemos tener unos días de descanso-convivencia-formación tratando de vivir presencialmente ese amor recíproco fraterno que nos tenemos todo el año y que posibilita el que “arda nuestro corazón” y nos percatemos que el Resucitado camina siempre en medio de nosotros, pero que tenemos que hacer esa nuestra parte para descubrir las huellas de su Presencia.

Los temas del silencio interior para con Dios, el silencio para estar vacíos de nosotros ante el hermano y el silencio mariano como cauce para que Quien es la Palabra produzca vida, dieron paso al silencio de Jesús Crucificado-Abandonado a quien debemos descubrir-amar en nuestras dificultades, soledades, problemas y dolores.

Con todo ello, (nos habló luego un arzobispo emérito), debemos descubrir el “sagrario social” y construir la “civilización del amor”, el “castillo exterior” que diría Chiara Lubich.

Los momentos de descanso o de turismo por Toledo, (incluida una significativa exposición sobre S. Juan de la Cruz), eran oportunidades para llevar a la práctica sencillamente todo lo anterior, lo mismo que los pequeños gestos de colaboración o servicio hacia todos o hacia a alguno en particular.

De tal manera que, sí, al final, podíamos decir con serenas paz y alegría que nos brotaban desde lo más profundo: “quédate con nosotros, Señor…”.

                 

1b.-     El pasado fin de semana, compaginándolo con todas las actividades parroquiales, tuve oportunidad de participar en varios momentos, (además de las confesiones), del encuentro de “Familias Nuevas” que se desarrolla anualmente en el Centro Maríápolis. Más de 100 familias: unos 200 adultos y casi 100 niños menores.

            Los temas profundos, vivos, actuales y sencillos. Los testimonios, a la par que de una vida normal, impactantes por su enraizamiento en Dios y en la vida comunitaria. Sobre todo los referidos a situaciones especiales, que cada vez son más frecuentes en nuestro tiempo y que no tienen fácil solución desde una perspectiva coherente.

            El “clima” que había era de auténtica familia de familias y de verdad que se percibía en los pasillos, en el comedor y en los temas una escucha profunda divina.

            Todo hacía palpables las “huellas” del Resucitado en medio de todos por el amor recíproco y, por eso, de nuevo, venía espontáneo decirle a Él en tantos momentos, con la canción del Gen Rosso que parafrasea a S. Lucas en la PdV: “sigue con nosotros, el sol desciende ya; si vives con nosotros, la noche no llegará”.

 

2.-        La semana pasada, conversando con una persona que ha sufrido mucho toda su vida y por eso desconfía de todos, me dice: “de ti tampoco me fío ni un pelo; ¡de ti menos que de nadie!”.

Mostrándole con una sonrisa mi siempre evidente calva, le repuse: “yo tampoco me fio ni un pelo de mí, ya ves; en serio, como S. Pedro después de sus negaciones, no me fío de mí: solo de la Gracia y la Misericordia de Dios”. Añadió: “le voy a pedir a Dios que, si eres de fiar, si puedo confiar en ti, que alguien te regale 50 €, pero no para la parroquia, ni para las goteras, ni para el movimiento…, ¡te lo tiene que dar para ti, para tus cosas personales! Le doy de plazo a Dios una semana, hasta el miércoles”.

            El domingo antes de Misa una señora se acerca sonriente al despacho parroquial y me entrega un sobre en el que se notaba que había una tarjeta: “por lo amable que fuiste con todos en la ceremonia el otro día, por lo bien que salió todo y lo bien que te portaste, además del donativo que ya dio mi familia para la parroquia, quiero que esto sea para ti con todo mi agradecimiento”. Cuando abrí el sobre, efectivamente había una tarjeta con un dibujo precioso en portada de una iglesia y una paloma, y al desdoblarla en su interior venía escrito un sencillo y sentido agradecimiento, ¡y… 50 €! Ese día era el domingo IV de Pascua: ¡el domingo del Buen Pastor y Jornada mundial de Oración por las Vocaciones! En eso vi un “guiño” especial de Él.

            Ya le había agradecido encarecidamente antes a esta señora, pero fui a la iglesia antes de que empezar la Misa el otro sacerdote, la busqué y le di otro par de besos de agradecimiento y le expliqué la historia: en medio de su sonrisa me dio un abrazo y empezaron a dibujarse lágrimas en sus ojos, acordes con las mías.

 


Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de Vida de abril («Quédate con nosotros, porque atardece», Lc 24, 29) y la de marzo («Levantaos, no tengáis miedo», Mt 17, 7), la de marzo («Levantaos, no tengáis miedo», Mt 17, 7) y la de febrero («Mira que hago nuevas todas las cosas», Ap 21, 5): 

1.-        “iba de pie en el bus y a cada momento me estaba sintiendo peor; me iba apoyando en la barandilla supongo que con muy mala cara, pero ninguno de los jóvenes que estaban sentados me cedieron su sitio, (puede que ni me vieran, ni me miraran, aunque debía ser muy evidente mi aspecto y que estaba a punto de desmayarme).

Cada vez me encontraba peor, creo que estaba a punto de caerme. Se aproximaba la Semana Santa y pensé: “no le importo a nadie; ni a Dios; Dios no existe…”. En ese crítico instante se me acercó una señora mayor cediéndome su asiento amablemente; me acercó al sitio, me preguntó y rebuscó en su bolso unos caramelos con vitamina C: me regaló la cajita sin estrenar: tomé 4 ó 5 y empecé a revivir.

 

2.-        “gracias por el envío. Me quedo con esa oración: “Quédate con nosotros, porque atardece”. Tiene algo muy verdadero. También con la idea de no huir del dolor, sino atravesarlo sin dejar de amar.

 

3.-        “Paco, quería compartir una experiencia que he estado dudando si contar o no y que quizás por vergüenza a intervenir aún no lo he hecho.

Hace un par de fines de semana fui a otra región, al bautizo del hijo de una amiga, y allí conocí a unos amigos suyos que habían hecho el retiro de Effetá. Estuvimos hablando sobre nuestra relación con Dios y, al comentarles que estaba yo pensando hacer el retiro, sentí algo difícil de explicar y que no supe darle forma hasta que leí la PdV de este mes, fue ese “quédate” lo que sentí. Fue un momento muy especial, porque mientras hablábamos, se me aclararon muchas dudas que tenía, sin que ellos intentaran convencerme de nada. Simplemente sentí como si todo encajase.

3b.-     Además, el bautizo fue un momento muy bonito. Me emocioné mucho durante toda la celebración, y al pensarlo después, creo que era por el amor que se respiraba allí. Ver a mi amiga, que ha pasado por tanto y se ha apoyado en Dios en todo momento, y verla ahora tan feliz con su hijo, me hizo ver muy claramente ese amor.

No sé muy bien cómo expresarlo mejor, pero como nos animaste tanto a compartir nuestras experiencias, pues por aquí te la comento. Gracias.

 



miércoles, 1 de abril de 2026

EL RESUCITADO EN MEDIO DE NOSOTROS

PALABRA DE VIDA                                                  abril 2026

 «Quédate con nosotros, porque atardece»

(Lc 24, 29)

Desencantados de los sueños, los proyectos y los momentos fuertes de los días transcurridos con el Maestro, los discípulos de Emaús vuelven a casa para reanudar la vida que habían dejado, la de antes del encuentro con Él. Habían transcurrido apenas tres días desde su crucifixión, y la desilusión, el miedo y las dudas reinaban entre sus seguidores.

Se alejaban de Jerusalén, del sueño no realizado, de Cristo y de su mensaje, tristes porque ya habían tomado la decisión de abandonar el proyecto que los había llevado a seguirlo.

Es la historia de todos nosotros cuando nos desencantamos de situaciones que nos plantean tomar una decisión en las encrucijadas, y en muchos casos nos parece que la única respuesta a nuestro malestar es volver atrás, renunciar y resignarnos. 

«Quédate con nosotros, porque atardece».

Durante el camino, un desconocido se une a los dos y parece ignorar los acontecimientos que acaban de ocurrir. Comienza a hacer preguntas precisas, las cuales desatan toda la amargura y el desaliento. Primero los escucha, y luego comienza a explicar las Escrituras: es un diálogo, un encuentro que deja huella; de modo que, aunque aún no han reconocido a Jesús, le ruegan que se quede con ellos (cf. Lc 24, 17-29).

«Quédate con nosotros, porque atardece».

Esta es quizá una de las oraciones más bellas que encontramos en el Evangelio. Es la primera oración que se eleva de los discípulos al Resucitado, y es conmovedora esta invitación que todos podemos dirigirle para que Él se quede con nosotros y entre nosotros.

Los ojos de los dos discípulos se abren al partir el pan, y la alegría de haberlo reconocido por fin los anima a volver a Jerusalén para anunciar a sus amigos la resurrección.

«Quédate con nosotros, porque atardece».

«Quizá nada mejor que estas palabras explica la experiencia de vivir con Jesús en medio, que las focolarinas hicimos desde el principio –escribe Chiara Lubich–. Jesús es siempre Jesús, y aunque esté presente solo espiritualmente, cuando está, explica las Escrituras y arde en el corazón su caridad: la vida. Cuando lo hemos conocido, nos lleva a decir con infinita nostalgia: “Quédate con nosotros, Señor, porque atardece”; sin ti es noche oscura […]»[1].

La noche es símbolo de tinieblas, de lo desconocido, de falta de esa luz que no somos capaces de encontrar porque no creemos en su presencia, que sigue acompañándonos siempre.

La noche es la que envuelve a nuestro planeta, herido y ultrajado por luchas fratricidas, por guerras organizadas por la ambición de poder y de dinero.

La noche es la que viven millones de personas que ya no tienen voz para gritar las injusticias y los abusos.

Y nosotros ¿cómo darnos cuenta de la presencia de Jesús, que no siempre se manifiesta según nuestras expectativas? ¿Cómo entender que Él camina con nosotros y quiere que reconozcamos los signos de su presencia? Y sobre todo, ¿cómo crear las condiciones  para que se manifieste y se quede con nosotros?

Son preguntas a las que no siempre sabemos dar respuesta, pero que nos piden que no dejemos de buscar a Jesús, que concentremos la mirada en un compañero de viaje al que muchas veces no vemos, que reconozcamos a Aquel que puede hacerse presente si vivimos entre nosotros el amor mutuo.

El camino de Emaús es símbolo de todos nuestros caminos, es el camino del encuentro con el Señor, es el camino que nos devuelve la alegría del corazón, que nos lleva de nuevo a la comunidad para dar testimonio juntos de que Cristo ha resucitado. 

PATRIZIA MAZZOLA y el equipo de la Palabra de vida



[1] C. Lubich, Todos uno. Escritos espirituales/3, Ciudad Nueva, Madrid 1998, p. 70.