domingo, 31 de mayo de 2026

DEJARNOS IMPULSAR POR EL ESPÍRITU

 VIDA DE LA PALABRA                              últimas semanas de MAYO

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de mayo («“Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”», Jn 20, 21-22) y la de abril («Quédate con nosotros, porque atardece», Lc 24, 29): 

1.-        Los jueves tengo el programa “Una luz en tu vida”, de 4 minutos, en Radio María.

Cada semana, cuando faltan 4 días para el jueves, empiezo a darle vueltas, (¿qué hablar esta vez?, ¿cómo desarrollarlo…?), y se hace un pequeño nudo en el estómago conforme pasan las horas. Y más, las semanas en que van transcurriendo los días y, o bien no se me ocurre nada, o no encuentro tiempo, ¡o todo a la vez! Aunque el programa en sí es solo de entre 4 y 5 minutos, cuando ya por fin me viene la inspiración y me siento a escribir o directamente a preparar y grabar, siempre me lleva una hora y a veces casi dos.

            Hace un par de semanas, iba acercándose el día y no lograba sacar un hueco. Me iba fiando del Espíritu Santo, en diálogo interior con Él: tocaba hacer bien cada cosa y atender a cada persona, aunque eso suponía ir posponiendo la preparación y grabación. Y, me fiaba, como dice el Evangelio: “en su momento… se os sugerirá…”. Eso sí, había que estar en la Voluntad de Dios en cada instante…, aunque parecía que me iba “a pillar el toro”.

            Finalmente llegó el miércoles y… nada. Iba avanzando la mañana y surgían tareas parroquiales. Ya había que hacerlo sí o sí. Al final de la mañana logré despegarme un rato… y me vino el tema: ¡sobre el mismo Espíritu Santo! Sin duda también me inspiró Él mismo, pues yo dudaba sobre qué hablar. Conté sobre Él, un poco también desde mi experiencia. ¡Lo hice y envié!: ¡todo en menos de 20 minutos! Tiempo record. Providencial también, porque nada más enviarlo, en seguida empezaron otras llamadas de teléfono y requerimientos.

            Una vez emitido, siempre hay algunas personas que me escriben o llaman a lo largo del jueves, dándome un eco o un agradecimiento y lo que les ha parecido mi programa. Ese día los ecos fueron más numerosos y más hondos y cálidos.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de mayo («“Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”», Jn 20, 21-22), la de abril («Quédate con nosotros, porque atardece», Lc 24, 29) y la de marzo («Levantaos, no tengáis miedo», Mt 17, 7) y la de marzo («Levantaos, no tengáis miedo», Mt 17, 7): 

1.-        “yo sigo igual: me hice revisión y todo sigue igual; siempre dando gracias a Dios, llevo ocho años ya operada de mi tercer cáncer cuando me desahuciaron y de cuando le conocí en el hospital de Villalba y ha sido para mí una gran ayuda con sus PdV, que tanto bien nos hacen a tantas personas.

El domingo pasado, Pascua del enfermo, recibí la Unción de Enfermos, ese Sacramento tan precioso que es vida y fuerza para seguir adelante con mi lucha. Estuve nerviosa toda la semana hasta que llegó el día: fue muy emocionante y precioso; mi hermana me acompañó y también lo recibió, pues también ha pasado un cáncer; es 9 años más joven que yo: éramos las más jóvenes. Salimos muy ilusionadas y contentas. Yo la he recibido más veces, (me la administró usted en el hospital), y, si Dios sigue conmigo, la recibiré el año que viene otra vez en la Pascua del enfermo.

Por lo demás, sigo bregando mucho, pues con marido y dos hijos ya mayores, hay mucho que hacer. Pero rezo mucho y tengo a mi Madre la Virgen María siempre ayudándome. He cumplido esta semana la edad de jubilación, pero todavía me valgo bien para hacer todo, y conduzco para ir a hacer mis compras, y si tengo que ir a la ciudad, cojo el bus. Gracias, Padre, por su buena fe y PdV.

 

2.-        “hoy releyendo todas las experiencias que te mandamos, (y tú nos compartes a todos), en mi corazón alabo a Dios y me siento Feliz.

Mi marido está a la espera del resultado de una prueba: nervioso y preocupado. Y yo procuro estar más atenta a sus necesidades, e intento que él me perciba tranquila, que lo estoy, pues estamos en manos del Dios que ni un solo cabello se nos cae sin que Él lo permita.

 

3.-        “estuve 15 días en mi tierra: falleció mi hermano. Yo estaba con mi marido en el médico cuando me avisaron que estaba muy malito.

En una carrera de Amor, mi hija y su marido me llevaron a la otra punta de la península.

Llegamos el viernes de madrugada, el sábado fuimos a estar con él. Mucha alegría: estaba vivo; me confortó el alma. Por la tarde lo vi empeorar: en un diálogo profundo con la sierva de Dios “Luminosa”, le ofrecí todo el sufrimiento, de mi hermano y su familia, en reparación de todas sus faltas y que ese sufrimiento purificara su alma. Y a las dos horas “partió” sin darse cuenta mi sobrino.

Después estuve unos días con el resto de mi familia. Con mi hermana que tiene cinco nietos a su cargo y hace comida para siete todos los días, con una secuelas de la polio, una cadera mal, un pie torcido, una pierna más corta que la otra…: toda una campeona.

 

4.-        “gracias por el correo “a mitad de mes”. Me ha llegado especialmente el texto sobre el Espíritu Santo como “dulce huésped del alma” y también el de Jesús Abandonado. Creo que este tiempo pascual lo estoy viviendo más desde la fragilidad y el cansancio, pero también desde una fe quizá más verdadera y menos teórica.

Me han emocionado mucho algunas experiencias, especialmente la de la mujer de 84 años. Hay personas que transmiten paz de verdad.

Y respecto al Papa, me gustaría mucho verle si finalmente me encuentro con salud y fuerzas para ir.

Gracias por seguir enviándonos estos correos con tanta constancia y cariño.

 

 

5.-        “¡Qué riqueza la de los textos elegidos para el correo “a mitad de mes”! Gracias de nuevo por todo.

Quiero recuperar la antigua costumbre de contarte experiencias vividas. He visto que has aprovechado lo que te decía en mi correo anterior: Dios te bendiga. La Virgen te acompañe siempre. Muchísimas gracias por todo. Acojo con entusiasmo tu envío para intentar vivir mejor el resto del mes.

 

 

6.-        “Cómo le escuchamos y le queremos, D. Paco!!! Se preocupó porque no recibía experiencias de vida... y veo que hemos respondido muchos a su llamada.

No tengo mucho que decir: la vida cotidiana de estar, y dar lo poco o mucho que soy... con todas mis fuerzas y mucho amor… y con el "motor" de la oración entregada a donde no puedo llegar de otra manera, por los que tienen necesidad, por los que sufren, por los que no conozco, por los que están lejos, por los que no me quieren en su vida, por los que me aman, por... y doy gracias a DIOS, que me AMA y no me retira su paz, su fuerza, su alegría!!! Llevo tiempo con bastantes problemas de salud, pero mi alma y mi mente están fuertes porque son Suyas.

 

7.-        “gracias por tus envíos. Me ayudan a vivir la PdV. Te mando un abrazo y la certeza de mi unidad. Dios te bendiga.

 

 

8.-        “leí el otro día el mail en que decías que no habías hecho el de “mitad de mes” por no tener experiencias de la gente y me tocaron mucho todas tus experiencias y la PdV de mayo.

Hoy he leído este otro mail y me ha dado aún más luz. Muy bonitas las meditaciones que has acompañado también. 

Te doy gracias por tu fidelidad en este compartir la Palabra, vivir el testimonio y la irradiación, y la unidad y la comunicación, que a mí me cuesta mucho (el ponerme a escribir).

También yo mando el pasapalabra diario a mucha gente en dos grupos de difusión de WhatsApp: uno en español y otro en inglés.  Luego alguna vez les escribo de manera individual a las personas con las que tengo contacto, pero llevo demasiada gente a la que "seguir".

8b.-     Con respecto a la PdV, el finde pasado cuando la volví a leer en tu mail y con las experiencias tuyas, sentí esa paz del Espíritu Santo en mí que me decía confiar en Él, por varias situaciones de salud que justo me surgieron la semana pasada. 

Su Luz me ayuda a comprometerme para hacer mejor Su voluntad (“y cada día mejor que ayer”, como decía Chiara Lubich), que en este tiempo es estudiar la oposición de maestra que tengo ya en junio-julio…, vivir mi relación con mi novio que vive en el extranjero, con los desafíos que conlleva. 

 


viernes, 1 de mayo de 2026

EL RESUCITADO EN MEDIO DONA EL ESPÍRITU SANTO

 PALABRA DE VIDA                                       mayo 2026


«“Como el Padre me envió, también yo os envío”.

Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”»

(Jn 20, 21-22)

Después de haberse aparecido a María de Magdala en la mañana de Pascua, al atardecer de aquel mismo día el Resucitado se presenta por primera vez entre sus discípulos. La reacción inmediata de ellos es de alegría, acrecentada por la paz, esa paz verdadera que solo Él puede dar (cf. Jn 14, 27): «La paz con vosotros» (v. 21). Alegría y paz son frutos del Espíritu[1]. De hecho Jesús les dice inmediatamente: «Recibid el Espíritu Santo» (v. 22).

 

«“Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”».

 

El Espíritu Santo no solo capacita a los discípulos para la misma misión que el Padre dio a Jesús, sino que los recrea como humanidad nueva. El gesto del Resucitado que sopló sobre ellos es el mismo que el Creador hizo en las narices del hombre, que formó con polvo del suelo (cf. Gn 2, 7). Así como la creación es obra continua del amor del Padre, que sostiene el universo entero, la nueva creación obrada por el Resucitado en el Espíritu Santo sostiene continuamente a la humanidad que está en camino hacia el Reino.

La Palabra de Vida de este mes nos recuerda que en nuestra existencia tenemos una gran posibilidad: convertirnos en otros Jesús. Y esto es verdad para cada uno de nosotros personalmente, pero aún más comunitariamente. Jesús habla en plural a sus discípulos, pues solo juntos, cada miembro con su peculiaridad, pueden repetir el cuerpo místico de Jesús.

 

«“Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”».

 

Así pues, como hijos en el Hijo, tenemos la misma vocación que Jesús: salidos del seno del Padre, estamos llamados a volver a Él y a repetir en el mundo sus gestos y sus palabras, acompañados por la gracia del Espíritu Santo. Si nos abrimos a este don, también nosotros podemos afirmar con Pablo: «Y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Ga 2, 20).

Entonces, esta palabra nos invita a profundizar nuestra relación con el Espíritu Santo, tanto en la oración como en la vida de cada día, «escuchando aquella voz» y recordando que «sin el Espíritu Santo, Dios resulta lejano, Cristo permanece en el pasado, el Evangelio es letra muerta, la Iglesia es una simple organización y la misión es propaganda. Pero con el Espíritu Santo, el cosmos se eleva y gime en el alumbramiento del Reino, Cristo resucitado está con nosotros, el Evangelio es poder de vida, la Iglesia significa comunión trinitaria y la misión es un nuevo Pentecostés»[2].

 

«“Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”».

 

Andrés es un adolescente en plena crisis existencial: sus dudas sobre el sentido de la vida, el miedo al futuro y su sensación de fragilidad le parecen montañas insuperables, y a menudo se siente desanimado e infeliz. Alguien le sugiere hablar con Chiara Lubich. Justo antes de hablar con ella, Andrés la oye pronunciar en voz baja «Espíritu Santo», y comprende que Chiara está rezando.

Durante el coloquio con ella se siente profundamente comprendido, escuchado tal como es. Y recobra la paz, no porque sus problemas hayan desaparecido de repente, sino porque ahora hay alguien con quien compartirlos.

«De Chiara no solo recibí una ayuda concreta –confiesa años más tarde–, sino que también aprendí un estilo: estar cerca de quien sufre con delicadeza y comprensión, sin juzgar, tal como haría Jesús».

Esto solo puede realizarlo el Espíritu Santo si lo acogemos y dejamos que actúe en nosotros.

CLAUDIO CIANFAGLIONI y el equipo de la Palabra de vida

 



[1] «El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia…» (Ga 5, 22).

[2] Ignacio IV Hazin, patriarca de la Iglesia Greco-Ortodoxa de Antioquía, Consejo Ecuménico de las Iglesias, Uppsala 1968.