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miércoles, 31 de marzo de 2021

JESÚS, NUESTRO BUEN PASTOR

 PALABRA DE VIDA                      abril 2021

 


«Yo soy el buen pastor.

El buen pastor da la vida por sus ovejas»

(Jn 10, 11)

 

Las imágenes de la cultura bíblica, con el ritmo tranquilo de la vida nómada y el pastoreo, parecen alejadas de nuestra exigencia diaria de eficiencia y competitividad. Y sin embargo, a veces también hoy sentimos la necesidad de pararnos, de un lugar donde descansar, de encontrarnos con alguien que nos acoja tal como somos.

Jesús se presenta como aquel que está más dispuesto que ningún otro a acogernos, a confortarnos, incluso a dar la vida por cada uno de nosotros.

En el largo pasaje del Evangelio de Juan del que está sacada esta Palabra de vida, Jesús nos asegura que Él es la presencia de Dios en la historia de cada persona, como prometió a Israel por boca de los profetas (cf. Ez 34, 24-31).

Jesús es el pastor, el guía que conoce y ama a sus ovejas, es decir, a su pueblo cansado y a veces desorientado. No es un extraño que ignora las necesidades del rebaño, ni un ladrón que viene a robar, o un bandido que mata o dispersa, y tampoco un mercenario, que solo actúa por interés.

 

«Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas».

 

El rebaño que Jesús siente como suyo lo forman ciertamente sus discípulos, todos los que han recibido el don del bautismo, pero no solo ellos. Él conoce a cada criatura humana, la llama por su nombre y cuida de cada uno con ternura.

Él es el verdadero pastor, que no solo nos guía hacia la vida, no solo viene a buscarnos cada vez que nos extraviamos (cf. Lc 15, 3-7; Mt 18, 12-14), sino que ya dio la vida para cumplir la voluntad del Padre, que es la plena comunión personal con Él y la reconquista de la fraternidad entre nosotros, herida de muerte por el pecado.

Cada uno puede tratar de reconocer la voz de Dios; oír su palabra, que le dirige personalmente, y seguirla con confianza. Sobre todo podemos tener la certeza de que quien nos ama, nos comprende y nos perdona incondicionalmente es aquel que nos asegura:

 

«Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas».

 

Cuando experimentamos, al menos un poco, esta presencia silenciosa pero poderosa en nuestra vida, se enciende en el corazón el deseo de compartirla, de acrecentar nuestra capacidad de cuidar y acoger a los demás. A ejemplo de Jesús, podemos tratar de conocer mejor a las personas de la familia, al compañero de trabajo o a los vecinos, y dejar que las exigencias de quienes tenemos cerca nos saquen de nuestra comodidad.

Podemos desarrollar la inventiva del amor, involucrando a otros y dejándonos involucrar. A pequeña escala, podemos contribuir a construir comunidades fraternas y abiertas, capaces de acompañar con paciencia y resolución el camino de muchas personas.

Meditando sobre esta misma frase del Evangelio, Chiara Lubich escribió: «Jesús dirá abiertamente de sí mismo: “Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos” (Jn 15, 13). Y Él lleva hasta el final su ofrecimiento. Su amor es un amor oblativo, es decir, un amor dispuesto efectivamente a ofrecerse, a dar la vida. […] Dios nos pide también a nosotros […] actos de amor que tengan la medida de su amor, al menos en la intención y en la decisión. […] Solo un amor así es un amor cristiano: no un amor cualquiera, no una pátina de amor, sino un amor tan grande que pone en juego la vida. […] De este modo nuestra vida de cristianos dará un salto de calidad, un gran salto de calidad. Y entonces veremos reunirse en torno a Jesús, atraídos por su voz, a hombres y mujeres de todos los rincones de la tierra»[1].

 

LETIZIA MAGRI



[1] C. Lubich, Palabra de vida, abril 1997, en Ead., Palabras de vida/2 (1991-2006), Ciudad Nueva, Madrid 2021, pp. xx (publicación prevista en los próximos meses).



N.B.: Aquí puedes encontrar también la Palabra de Vida 

En viñetas para los niños, adaptada para adolescentes y para jóvenes,

 y en MP3 para escuchar en el móvil.

 

Palabra de Vida AQUÍ en presentación Power Point

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miércoles, 16 de septiembre de 2020

DAR DÁNDOSE

VIDA DE LA PALABRA                  primeras semanas de SEPTIEMBRE

  

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de septiembre («Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos», Lc 6, 38) y la de agosto («¿Quién nos separará del amor de Cristo?», Rm 8, 35):

 

1.-        Estas semanas ha habido muchas oportunidades de dar y de darme… sobre todo mi tiempo: por un lado, con el regreso de vacaciones (¡muchas personas que tenía en espera para atenderlas!) y, por otro, con la despedida del otro sacerdote de la parroquia y con otras tareas como arcipreste (despedidas o toma de posesión de otros sacerdotes en distintos pueblos; reuniones; suplir a algún confesor de monjitas; etc).

Así que, en todo ello continuamente me repetía: “dad”. Me ha tocado prácticamente solo el servicio religioso en el hospital (y su teléfono permanente de urgencias) y casi todas las tareas de la parroquia. “¡Dad…!”. Y, a la vez, estar pendiente de las noticias que mis hermanos mandaban sobre la hospitalización de mi madre… y otras personas que necesitaban un cuidado especial. ”¡Dad!”. Lo mismo la participación en la Mariápolis de fin de semana en Las Matas, (por cierto, ¡ha resultado preciosa tanto para la veintena de presenciales como para los muchos on-line!), compaginando el estar atento a cada persona, y a la vez no dejar descuidada la parroquia.

Todo han sido oportunidades de darme tratando de derrochar escucha, servicialidad… sobre todo tiempo y cariño. Y, aunque acababa algunos días totalmente agotado y tarde (y sin haber tenido tiempo de sentarme ni un minuto a leer y algún día a malcomer), a la vez percibía yo ese “os será dado” en el hecho de que me encontraba con serenidad y alegría en el corazón y que, (a pesar de que siempre duermo regular nada más), a la mañana siguiente me notaba con fuerza y ánimo para emprender con ilusión otra jornada repleta. También veía el “os será dado” en tantas personas que se han ofrecido de muy distintas maneras para ayudarme o prepararme cosas, y en que gracias al nuevo sacerdote, he podido ir casi 48 horas con mi madre (y le dieron el alta estando yo allí, aunque tiene que seguir con antibióticos).

1b.-     Por otro lado, soy muy descuidado para hacer regalos (y encima nunca sé qué regalar), y estos días también he tratado de ser más desprendido y generoso. Un ejemplito: ayer en mi pueblo me regalaron uvas e higos, y he tratado de distribuirlos.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de septiembre («Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos», Lc 6, 38), la de agosto («¿Quién nos separará del amor de Cristo?», Rm 8, 35) y la de julio («Todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre», Mt 12, 50):

 

1.-        “muchísimas gracias por acordarte. Aunque no te escriba, estás muy presente en nuestras vidas gracias a la puntual palabra de vida que me envías cada mes. No sabes lo que me ayuda a entender mis sentimientos y a darme cuenta que yo no soy la que manejo mi vida sino Él, y la tranquilidad que eso me aporta. Muchísimas gracias.

 

2.-        “que alegría que estés de vuelta!! La verdad, he descansando bien poco, pero ya sabes: cuando uno se lo ofrece al Señor,  es Gloria bendita… debo estar un poco más pendiente de la niña para ver si hay deberes y demás… Una cosa: me he apuntado a clases de guitarra para cuando puedas darme alguna tú, no ser tan zote 😊. Te he visto muy bien y no vemos pronto!! Gracias por la Palabra.

 

3.-        “agosto tuve la oportunidad de conocer el norte de España a través del camino de Santiago que hice con otros amigos... Un regalazo de Dios. 

…me aproximo a empezar el nuevo curso con mucha ilusión, confiando en que Dios nos iluminará  para seguir sembrando en estas circunstancias tan especiales en las que estamos todos.

 

4.-        “espero te encuentres bien en medio de la cierta normalidad. Gracias por enviarme la palabra de Vida: me conforta e impulsa mucho.

En cuanto a la participación de la Mariápolis me gustaría… inician el segundo semestre acá, y como me encuentro de descanso, qué mejor que participar de la Mariapolis. Te pido me ayudes con tus oraciones por la encomienda que tengo.

 

 

5.-        “¡Gracias Paco! Por ahora, todo bien gracias a Dios. En Cáritas hemos estado dando alimentos todo el mes de julio y ahora, en septiembre, volveremos a empezar. Las listas y los problemas son cada vez más largos, pero seguiremos adelante con la ayuda y el apoyo de mucha gente.

 

 

 

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martes, 15 de septiembre de 2020

DAR DE TODO CORAZÓN

           Para vivir bien la incerteza del ya próximo otoño, nos da luz y fortaleza la Palabra de vida del mes de septiembre («Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos», Lc 6, 38). Así, pues, a mitad de mes, ¡renovarnos en vivirla con intensidad (y a ello nos impulsarán estos textos)!:

 


  

NUESTRO DAR NACE DEL CORAZÓN

 

Por eso es tan importante cuidar el corazón. Para que no se vuelva indiferente; para que "vea" dónde dar amor. Yo le regalo hoy a la Madre un corazón de hijo, y Ella me enseña a transformar los Dolores en "brotes de resurrección".

 

P. MANUEL MORALES, O.S.A, Comentario al Pasapalabra diario del martes 15 septiembre

 

 

 

 

CREER EN LA GENEROSIDAD DE LOS DEMÁS

 

Creer en la generosidad de otra persona significa creer en su amor por mí y por todos.

Me ocurrió que alguien no creyó en mi generosidad e incluso malinterpretó un gesto de amor hecho sin esperar nada a cambio. A menudo reconozco la presencia de Jesús en el otro, de manera que, aunque el otro no crea en mi amor, Jesús conoce mi sinceridad. Y para mí, esto es lo más importante.

Cuando veo a alguien que ama a todos con generosidad, trato de creer sin el menor juicio, aunque parezca exagerado. Y si este amor me llega, acepto ser amado con humildad y gratitud.

Dios conoce el corazón de cada persona. Conoce quien practica con sinceridad los actos concretos de amor.

El que ama, conoce a Dios, y sus acciones lo revelan.

 

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra diario del martes 24 de agosto

 

 

 

 

LA MANSEDUMBRE SIEMPRE ES CONSTRUCTIVA

 

Hay personas que confunden mansedumbre con omisión.

Con la mansedumbre aprendemos a decir nuestra opinión sin herir al otro y sin omitir la verdad. Y sobre todo, sin faltar a la caridad.

La omisión es cuando no hablamos por miedo a la reacción del otro, cuando cerramos los ojos a las injusticias, cuando callamos delante de la violencia.

La mansedumbre es una expresión del amor y por eso es creativa. Con la mansedumbre, decimos la verdad al otro sin humillarlo y sin causarle vergüenza.

La mansedumbre y la humildad son dos características distintivas de la personalidad de Jesús, y debemos aprender de Él a vivirlas en todas nuestras relaciones interpersonales. “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” (Cf. Mt 11,29).

 

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra diario del 23 de agosto

 

 

 

 

FIARNOS DE DIOS Y ENCOMENDARNOS A ÉL

 

Debo estar preparado para todo en la vida.

Debo prepararme bien para cada decisión a tomar. Aprovechar al máximo mi formación profesional, asumir mi papel de ciudadano, mis responsabilidades en la familia y en la comunidad. Debo estar preparado, bien formado y bien informado.

Pero sobre todo y más allá de todo, debo confiar en Dios y entregarme completamente a Él.

Antes de cualquier acción, debo repetir en mi corazón: “hágase Tu voluntad y no la mía”. Esta es la mayor garantía de que todo se hará de la mejor manera.

En las pequeñas o grandes decisiones que vayamos a tomar, ante todo, encomendarnos a Dios. Después, hacer nuestra parte buscando la perfección del amor.

 

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra diario del 22 de agosto

 

 

 

 

QUE NUESTRO DAR SEA SIEMPRE DESINTERESADO

 

El corazón se ensancha o se encoge: depende de nosotros. Damos largamente, y largamente nos sentimos retribuidos para seguir dando.

Tener confianza en la Providencia de Dios. Y si algún sabor amargo invita al desprendimiento, es porque Dios no quiere para sus hijos falsas ilusiones y enseña una verdad dura, necesaria, que equilibra la vida: todo cae, todo es vanidad; y "pasa deprisa la escena de este mundo".

 

P. MANUEL MORALES, O.S.A, Comentario al Pasapalabra diario del 10 septiembre

 

 

 



lunes, 31 de agosto de 2020

DAD Y OS SERÁ DADO

 PALABRA DE VIDA                      septiembre 2020

 

«Dad y se os dará;

una medida buena, apretada, remecida, rebosante

pondrán en el halda de vuestros vestidos»

(Lc 6, 38)

 

«Había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírlo…» (Lc 6, 17-18): así introduce el evangelista Lucas el largo discurso de Jesús que proclama las bienaventuranzas, las exigencias del Reino de Dios y las promesas del Padre a sus hijos.

Jesús anuncia libremente su mensaje a hombres y mujeres de distintos pueblos y culturas que han acudido a escucharlo; es un mensaje universal, dirigido a todos y que todos pueden acoger para realizarse como personas, creadas por Dios Amor a su imagen.

 

«Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos».

 

Jesús revela la novedad del Evangelio: el Padre ama a cada uno de sus hijos personalmente, con un amor «desbordante», y le da la capacidad de expandir el corazón hacia los hermanos, cada vez con mayor generosidad. Son palabras acuciantes y exigentes: dar de lo nuestro; bienes materiales, pero también acogida, misericordia, perdón; con generosidad, a imitación de Dios.

La imagen de la recompensa abundante vertida en el regazo nos da a entender que la medida del amor de Dios para con nosotros es desmedida, y que sus promesas se realizan por encima de nuestras expectativas, a la vez que nos libera de la ansiedad de nuestros cálculos y plazos y de la desilusión de no recibir de los demás según nuestra medida.

 

«Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos».

 

A propósito de esta invitación de Jesús, Chiara Lubich escribió: «¿Nunca te ha pasado, al recibir un regalo de un amigo, que también tú has sentido la necesidad de hacerle otro…? […] Si te sucede así a ti, imagínate a Dios, a Dios, que es Amor. Él recompensa siempre cada regalo que hacemos a nuestro prójimo en su nombre. […] Dios no se comporta así para enriquecerte o para enriquecernos. […] Lo hace porque cuanto más tenemos, más podemos dar; para que –como verdaderos administradores de los bienes de Dios– hagamos circular todas las cosas en la comunidad que nos rodea […]. Ciertamente, Jesús pensaba en primer lugar en la recompensa que tendremos en el Paraíso, pero todo lo que sucede en esta tierra es ya preludio y garantía de ello»[1].

 

«Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos».

 

Y ¿qué sucedería si nos comprometiésemos a practicar este amor juntos, con muchos otros hombres y mujeres? Ciertamente daría origen a una revolución social.

Cuenta Jesús, de España: «Mi mujer y yo trabajamos en consultoría y formación. Nos apasionaron los principios de la Economía de Comunión[2] y quisimos aprender a mirar al otro: a los empleados, considerando los sueldos y las alternativas a los despidos necesarios; a los proveedores, respetando los precios, los pagos, las relaciones de larga duración; a la competencia, con cursos conjuntos y ofreciendo nuestra experiencia; a los clientes, aconsejándoles en conciencia aun a costa de nuestro propio interés. La confianza que se generó nos salvó cuando llegó la crisis de 2008. Más tarde, a través de la ong «Levántate y Anda», conocimos a un profesor de español en Costa de Marfil que quería mejorar las condiciones de vida en su pueblo mediante un paritorio. Estudiamos el proyecto y le dimos la cantidad necesaria. No se lo podía creer. Tuve que explicarle que eran los beneficios de la empresa. Actualmente la maternidad «Fraternidad», construida por musulmanes y cristianos, es símbolo de la convivencia. En los últimos años los beneficios de nuestra empresa se han multiplicado por diez».

 

LETIZIA MAGRI



[1] C. Lubich, Palabra de vida, junio 1978, en Ead., Palabras de vida/1 (1943-1990) (ed. F. Ciardi), Ciudad Nueva, Madrid 2020, pp. 106-108.

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jueves, 1 de agosto de 2019

TESORO-CORAZÓN


PALABRA DE VIDA                         agosto 2019
 
«Porque donde esté vuestro tesoro,
allí estará también vuestro corazón»
(Lc 12, 34)

El «corazón» se refiere a lo más íntimo que tenemos, lo más escondido y vital, donde residen nuestros valores; el «tesoro» es lo que tiene más valor, lo que nos da seguridad para el hoy y para el futuro.
En nuestra sociedad consumista, todo nos empuja a acumular bienes materiales, a concentrarnos en nuestras necesidades y desinteresarnos de las necesidades de los demás en nombre del bienestar y de la eficiencia individual. Ya el evangelista Lucas cita estas palabras de Jesús como una enseñanza decisiva y universal. Subraya con fuerza la necesidad de hacer una opción radical, definitiva y propia de quien es discípulo de Jesús: Dios Padre es el verdadero Bien, quien debe ocupar todo el corazón del cristiano. Esta opción exclusiva conlleva abandonarse con confianza a su Amor.
Es una cuestión de libertad: no dejarnos poseer por los bienes materiales, sino ser más bien nosotros sus amos.
Cada cristiano personalmente y toda la comunidad de los creyentes pueden experimentar la verdadera libertad compartiendo bienes materiales y espirituales con quienes más los necesitan: este estilo de vida testimonia la verdadera confianza en el Padre y sustenta la civilización del amor.

«Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón»

Es esclarecedor lo que sugiere Chiara Lubich para liberarnos de la esclavitud del tener: «¿Por qué insiste tanto Jesús en que nos desapeguemos de los bienes, hasta convertirlo en una condición indispensable para poder seguirlo? ¡Porque la primera riqueza de nuestra existencia, el verdadero tesoro, es Él! […] Él nos quiere libres, con el alma limpia de cualquier apego y de cualquier preocupación, para así poder amar de verdad con todo el corazón, la mente y las fuerzas. […] Nos pide que renunciemos a las posesiones porque quiere que nos abramos a los demás […]. El modo más sencillo de “renunciar” es “dar”.
»Dar a Dios amándolo. […] Y para demostrarle este amor, amemos a nuestros hermanos y hermanas. Aunque nos pueda parecer que no, tenemos muchas riquezas que poner en común: tenemos afecto en el corazón para dar, cordialidad para exteriorizar, alegría que comunicar; tenemos tiempo para poner a disposición, oraciones, riquezas interiores; a veces tenemos cosas, libros, ropa, vehículos, dinero […]. Demos sin razonar demasiado: “Es que me puede hacer falta en tal o cual ocasión […]”. Todo puede ser útil, pero mientras tanto, si hacemos caso a estos pensamientos, se infiltran en el corazón muchos apegos y se crean cada vez nuevas exigencias. No, procuremos tener solo lo que necesitamos»[1].
Cuentan Marisa y Agostino, casados desde hace 34 años, quienes se trasladaron a América Latina a los ocho años de matrimonio para sostener a una joven comunidad cristiana: «Una noche habíamos organizado una pequeña fiesta y cada familia llevaba algo típico para la cena. Nosotros acabábamos de volver de un viaje a Italia con un buen trozo de queso parmesano. Indecisos entre el deseo de compartir una parte con otras familias y el pensar que en poco tiempo nos quedaríamos sin él, recordamos la frase de Jesús: “Dad y se os dará…” (Lc 6, 38). Nos miramos y nos dijimos: hemos dejado la patria, el trabajo, la familia, y ahora nos apegamos a un trozo de queso. Así que cortamos una parte y la llevamos. A los dos días llaman al timbre: era un turista que no conocíamos, amigo de unos amigos nuestros, que nos traía un paquete de su parte. Lo abrimos, y era un trozo grande de parmesano. La promesa de Jesús: “…una medida remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos” es cierta».

LETIZIA MAGRI


[1] C. Lubich, «Palabra de vida, septiembre de 2004», en Ciudad Nueva n. 412 (8-9/2004) p. 23.



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miércoles, 31 de julio de 2019

DAR LAS GRACIAS, DAR FELICIDAD, DAR AYUDA, DAR...

VIDA DE LA PALABRA                                    últimas semanas JULIO


Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de julio («Gratis lo recibisteis; dadlo gratis», Mt 10, 8) y la de junio («Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos», Hch 1, 8):

1.-        La confesión y el coloquio de acompañamiento espiritual es un ministerio que, (aunque muy comprometido y difícil), me encanta: acoger a las personas y poder transmitir el gozo que Dios tiene por perdonar a los arrepentidos.
            Pero… un día había estado yo sentado en el confesonario antes de la última Misa del día y durante esta (que celebraba el otro sacerdote), sin que entrara nadie. Al terminar todo, varias personas (estaban en Misa y antes), cuando ya vamos a cerrar, piden confesarse. Por una milésima de segundo, pensé decirles… por qué no habían aprovechado el tiempo destinado para ello. Pero… “dad gratis lo que gratis habéis recibido”, les sonreí y me puse a confesar.
Un domingo había estado yo confesando mucho a lo largo de todo el día y durante esa última Misa de la tarde también… Me encontraba realmente cansado (también por el calor del día). Después de ayudar yo a dar la comunión, mientras regresaba a la sacristía, una señora me preguntó si después iba a seguir confesando. De primeras… hice un gesto tenue de “no”…, pero en seguida, (¡la PdV!; ¡¡y encima es una labor que me llena!!) entré al confesonario y encendí la luz verde: se confesaron todavía bastantes personas.

2.-     Tenía yo mi coche en el taller: me habían dejado allí uno de sustitución.
Una mañana al salir… no encontré la llave del coche. Empleé varias horas en dar 2 “batidas” a casa, cochera, templo, salones, despachos... Fue bonito porque no perdí la paz y estaba en diálogo continuo con el Señor (y, a veces, con S. Antonio). Se lo dije también al sacerdote colombiano que está ayudando durante julio en la parroquia, para otra batida juntos con "ojos distintos" por todo el complejo parroquial, (hasta las alcantarillas de la cochera).
Cuando, al final de la mañana, lleno de vergüenza, llamé al taller que me ha prestado el coche, no pusieron el grito en el cielo; y eso que resulta que no tienen llave de repuesto, ni la plaquita de plástico donde pone las claves para hacer una nueva.
Después de comer continué buscando otra hora hasta en los sitios más inverosímiles. "Tú, Señor, eres mi único Bien", por tanto, con paz.
Al final, cuando la furgo de la parroquia quedó libre, fui por la tarde (y a correprisa, ya sin tiempo) a hacer las visitas a los enfermos en el hospital ya que por la mañana no había podido.
Luego el taller mandó una grúa (que, por cierto, no cabía en el recinto) para llevarse el coche de sustitución.
A la mañana siguiente, lo conté en la homilía (sin tenerlo pensado cuando la preparé) como experiencia del Evangelio de ese día: "venid a Mí... MANSO y humilde de Corazón; y hallaréis vuestro DESCANSO". Al acabar, entraron 3 personas en la sacristía, una para llevarme donde necesitara; otra para prestarme su coche los 2 días que quedaban hasta que terminaran el mío; y otra (que acepté) para prestarme su coche y así ella usaba el de sus padres, que necesita hacer km.
Supongo que tú también me preguntarás, (lo mismo que mucha gente durante todos estos días posteriores), si al final ha aparecido después de 10 días la dichosa llave: nadie la ha visto.

3.-        Uno de estos días ofrecí a dos personas llevarlas para que conocieran Segovia. Yo la había visitado varias veces: “dad gratis…”. Tenía yo material preparado para hacer una guía de todo lo principal.
            Me fui dando cuenta, que a ellos no les interesaba algo tan exhaustivo, así que fui resumiendo lo esencial y cortando varias visitas: tenía que “darles” lo que ellos querían, no lo mucho que yo sabía o me había preparado. En el sepulcro de S. Juan de la Cruz sí nos entretuvimos rezando.
            Al final estábamos muy contentos los tres.


Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de julio («Gratis lo recibisteis; dadlo gratis», Mt 10, 8), la de junio («Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos», Hch 1, 8) y la de mayo («La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío», Jn 20, 21):

1.-        “termina el mes y es hora de hacer recuento; te comenté que iba a tratar de ver qué podía dar este mes gratis y así lo he intentado hacer:
Dar las gracias: escribiendo un correo a una persona que hacía tiempo estaba pendiente.
Dar felicidad: mandando un ramo de flores a mi tía de 88 años por su santo el día del Carmen.
Dar ayuda: dejando mi coche a mis cuñados misioneros para que pudieran, en vacaciones, solucionar sus asuntos particulares.
Dar descanso: trasladando materiales pesados de campamentos en el garaje, de un coche a otro, para que mi hijo pudiera descansar un poco más, sin que él lo supiera antes.
Dar atención: escuchando a una persona en otra ciudad, a quien yo no conocía y le hacía mucha ilusión hablar y compartir sus situaciones vividas en distintas ciudades. Resultó ser sacerdote cercano de donde trabajo.
Dar compañía a personas que viven solas: mi suegra, mi compañera, una amiga y siempre es agradable compartir un poco de mi tiempo, ahora que estoy de vacaciones.
Dar confianza: sabiendo estar en el lugar del otro cuando te cuenta una dificultad familiar de salud y prefiere que seas la única persona que lo sepa manteniendo la discreción.
Dar gusto: innovando platos de cocina novedosos, de un libro que me regaló mi marido hace tiempo y todavía no había estrenado.
Me da pena que termine el mes...
            Siento que no nos veamos en la Mariápolis de El Ferrol, pero me alegro que estés a partir del día 4 en la de los Dolomitas.
           
2.-        soy la mujer que cuidaba de C. y que nos conociste en el hospital de Villalba. Te escribo un poco mi vivencia con ella.
C. decía: “hay que aceptar lo que Dios nos da, cuando Dios lo manda por algo es”; me enseñó a tomarme las cosas de otra forma y aceptar la vida con todo, a madurar, a luchar (era muy luchadora, con una gran fuerza de voluntad). “Hombre parado, mal pensamiento”, decía.
Se levantaba, se santiguaba (y yo con ella), le pedía a San Antonio que nos guardara y ayudara y a veces decía: “Dios en mí y yo en Dios”, frase que me encanta, porque me centra donde debo estar.
También que “hay personas que se creen más que Dios, pero que es Dios el único que todo lo puede”.
Que “lo que hay que hacer es salvar el Alma, porque el cuerpo se queda y lo que vale es el Alma”.
Otro día me dijo; “hay que perdonar para que nos perdonen”.
Antes de llegar yo, por la mañana, decía que estaba pidiendo a las ánimas que me cuidaran y pudiera llegar bien para cuidarla y, cuando me veía, se le iluminaba la cara: ya se quedaba tranquila y siempre dando y dándome las gracias. A mí ese recibimiento, gratitud y cariño me llena el Alma; y cuando me iba, igual: pedía por mí.
Luego, todos los días rezábamos el Rosario. Decía: “hay que pedir por todos, porque habrá personas que no tengan quien pida por ellos…” y… me di cuenta qué poco valoramos la salud mientras la tenemos.
Me siento muy afortunada de haber estado con ella y de todo lo que me ha transmitido y enseñado. Falleció el lunes pasado, mientras la rezaba el Rosario; me quedo con mucho amor de ella y dando gracias a Dios de haber estado con ella.
A veces la decía: “¿quién cuida a quién?”. Porque espiritualmente me ha ayudado mucho y encima yo estaba maravillada de que con sus 99 años siguiera con una labor tan importante. Siempre he dado importancia a las personas mayores, pero a ella la veía muy especial. Le decía: “¿tú no tienes penas? Porque las personas mayores cuentan muchas”. Y ella me dijo: “las penas me las guardo en el bolsillo”; siempre tan generosa...
Ella era muy devota de San Antonio de Padua. Ahora yo también y la di las gracias por habérmelo enseñado. Yo antes, si iba a una iglesia, le ponía una velita, pero lo veía de otra forma; ahora lo veo más cercano: como alguien conocido…
Esto es un poco de algo muy bonito que he vivido y aprendido ahora pido seguir en ese camino.
Muchas gracias también a ti.

3.-        escuchaba ayer a una religiosa un montón de historias de madres a las que había ayudado en todos los años en que lleva ejerciendo su vocación. 
Me ilusionó escuchar la historia de una de ellas. Una de las madres que allí estaba dio luz a una niña y cuando creció, decidió hacer educación infantil y ahora está en la guardería de la casa encargándose de cuidar a los niños de las mamás cuando estas logran encontrar algún trabajo. 
Escuchando esos relatos, piensas: “¿en qué voy a ayudar yo a estas mujeres cuando son ellas las que me ayudan a mí con su ejemplo de fortaleza, de lucha constante?”.
Pensando en ellas me venía a la mente la imagen de la capilla del Centro Mariápolis de Las Matas que tanto me fascinó desde la primera vez que la vi: ese Jesús en el que se intuye el dolor, pero que, mirándole, lo que te invita es a pensar en la vida.
Ves a esas mujeres cada una con su drama particular, pero piensas en todo lo positivo que tienen para aportar y lo que quieres es ayudarlas a que lo logren, que brillen con luz propia, que saquen lo mejor de sí mismas, que al mirarlas pase como cuando miras a ese Jesús de la capilla, que intuyes que por alguna situación de dolor pasaron en su vida, pero que transmiten tanta alegría y tanta paz que es difícil imaginar que en algún momento el dolor y el sufrimiento estuviera en sus vidas.



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viernes, 19 de julio de 2019

¿HOY QUÉ DOY?

Aquí tienes unos textos que nos ayuden a vivir más a tope aún (en medio incluso de los calores) la Palabra de Vida de julio («Gratis lo recibisteis; dadlo gratis»:


¿QUÉ PUEDO YO DAR HOY?

¿Un perdón que no termino de otorgar y pesa como el plomo?
¿Más confianza en Dios?
¿La confesión valiente de mis errores?
Es sanadora la pregunta. Para adquirir la libertad de corazón y recuperar la alegría y las ganas de vivir.

P. MANOLO MORALES, O.S.A., Comentario al Pasapalabra 12 julio



COMPARTIR LO QUE HE RECIBIDO

Tengo la conciencia de que todo lo que tengo y todo lo que soy, lo he recibido. Tanto de Dios directamente como a través de otras personas.
El don de la vida, los talentos naturales, las habilidades adquiridas, los conocimientos, la fe, la espiritualidad, la familia; es decir, todo. Las cosas, las ideas y las personas, todo fruto de compartir.
Por eso, es más que obligatorio para mí compartir todo lo que yo recibí y continúo recibiendo.
Estas reflexiones nacieron con esa intención: compartir mi vida con la familia y con los amigos; compartir el trabajo de Dios en mi alma; compartir la vida de Dios en mí.
El compartir es el modo más eficaz para mantener el amor mutuo entre nosotros. Donde hay amor mutuo entre nosotros, donde hay reciprocidad de amor, hay comunión de bienes materiales y espirituales.
Compartir por amor provoca un fenómeno diferente: cada uno solo piensa en donar, pero cuánto más dona más recibe. Recibe una buena medida, colmada y desbordante (Cf. Lc 6,38). Esa es la experiencia que hago todos los días.

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra 8 julio




CULTURA DEL DAR PARA CONTRIBUIR A LA FRATERNIDAD

La cultura del tener desemboca en una concepción antropológica manca, revestida de no-valores, de sentimientos negativos. La sociedad que deriva de ella es “compleja”: mercantiliza toda la existencia, incapaz de establecer relaciones interpersonales profundas. La respuesta a tal cultura no puede ser sino la cultura del dar, una cultura que expresa la verdad sobre el hombre, como "homo donator", cuya verdadera identidad consiste en el ser don en todas las expresiones de su vivir [...]

VERA ARAUJO, La cultura del dare, en «Nuova Umanità», 28 agosto 2012




¿TRATO DE DIFUNDIR EL BIEN?

Esa pregunta nos debe llevar a un profundo examen de conciencia. Debe ser puesta en relación a todos los aspectos de mi vida: en la familia, en el ejercicio de la profesión, en las relaciones de amistad, en el tratamiento que damos a las personas desconocidas, en la práctica de mi fe.
Debo hacerme esa pregunta cuando hablo, cuando escribo, cuando publico algo en las redes sociales.
Debo tener el cuidado de comprobar la veracidad de todo lo que publico o comparto a través de los medios de comunicación. Puede suceder que, pensando en hacer el bien, cometa una injusticia contra una persona inocente. Por ejemplo: reenviar una foto de alguien con una acusación grave y sin ninguna prueba.
Se cuenta que S. Felipe Neri impuso como penitencia, a una mujer que confesó haber cometido calumnia, tomar las plumas de una gallina, lanzarlas al viento y después recogerlas. A lo que ella respondió que sería imposible. Él le dijo: “De la misma forma será imposible deshacer totalmente la calumnia que difundiste”.
Aprendamos a difundir la verdad que hace bien a todos.

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra 15 julio





SER LIBRE DE CUALQUIER APEGO

Los apegos aprisionan el corazón.
Pueden ser sutiles y enmascarados con una falsa idea de libertad.
Tener muchos bienes da la sensación de ser libre para hacer lo que se quiere. O, querer que nuestro pensamiento sea el mejor y aceptado por todos. De hecho, quedamos rehenes de lo que tenemos y de nuestras opiniones.
El desapego nos hace ver las necesidades del otro y nos lleva a compartir lo que tenemos. La aceptación del otro nos hace entender su pensamiento con apertura de corazón y enriquece el conocimiento mutuo.
Además de esos aspectos existe también el apego a las personas que, si no tiene un equilibrio, nos lleva a actuar siempre a través de las preferencias. Vivir el desapego en ese sentido es simplemente amar a todos sin distinción.

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra 13 julio