lunes, 31 de agosto de 2026

NO HACER MAL A NADIE

 PALABRA DE VIDA                              septiembre 2026          

 

«La caridad no hace mal al prójimo.

La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud»

(Rm 13, 10)

¿Se le puede ordenar a alguien que ame? Si entendemos el amor como un sentimiento, ¡evidentemente es imposible! Pero si más bien lo entendemos como un don de Dios, la cosa cambia.

En la Carta a los Romanos, de la que está tomada la Palabra de vida, Pablo describe precisamente la relación entre Ley y amor, y afirma que el amor es pleno cumplimiento de la Ley. Poco antes nos ha revelado de dónde proviene este amor: «La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros» (Rm 5, 8). Por su parte, la Primera Carta de Juan dice: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados» (1 Jn 4, 10).

 

«La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud».

 

Nadie puede dar lo que no tiene. Lo había entendido bien Agustín cuando, dirigiéndose directamente a Dios, pedía: «Da lo que mandas y manda lo que quieras»[1]. Hemos recibido el don inestimable del amor de Dios y estamos llamados a no guardárnoslo, sino a ponerlo en circulación. Podemos convertirnos en sujetos en lugar de ser simples destinatarios del amor de Dios: pasar de amados a amantes, y así participar en la vida misma del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: el Amante, el Amado y el Amor.

No tenemos con nadie otra deuda que la del amor mutuo –nos reconforta Pablo–, pues quien ama al otro ha cumplido la Ley (cf. Rm 13, 8).

 

«La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud».

 

«El verdadero amor al prójimo no causa ningún daño –afirma Chiara Lubich–. Es decir, nos lleva a vivir todos los mandamientos de Dios sin exclusión, ya que el primer objetivo que tienen es llevarnos a evitar todas las formas del mal en que podríamos caer, ya sea contra nosotros mismos o contra nuestros hermanos y hermanas»[2].

Así entendidos, los mandamientos de la Ley se convierten en un don del amor de Dios más que en una obligación: no constriñen nuestro amor sino que lo liberan plenamente.

 

«La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud».

 

Para alcanzar este «pleno cumplimiento», el primer paso en el amar al prójimo es no hacerle daño. Pero además hace falta ser creativos en el amor: «No basta con no hacer daño al prójimo –nos recordaba el papa Francisco–; es necesario elegir hacer el bien aprovechando las ocasiones para dar buen testimonio de que somos discípulos de Jesús»[3].

¿Cómo vivir entonces esta Palabra de Vida? Volvamos a poner el amor en el centro de nuestra vida. Amemos a los demás concretamente, como los amaría Jesús: Él es la plenitud del amor que se dona completamente a Dios y a la humanidad. De Él podemos aprender la alta medida del amor.

 

«La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud».

 

Doris, una chica escocesa, nos cuenta: «En nuestras visitas habituales a un refugio para personas sin hogar, entro en un mundo muy distinto del mío. Sé que lo que cuenta no es tanto lo que siento, sino amar. Un día, un hombre que reflejaba una profunda tristeza me confesó que estaba dispuesto a terminar con todo, que quería incluso morir. Me puse simplemente a escucharlo; luego nos tomamos juntos un bocadillo y un café. Y entendí que escuchar y estar presente era ya un modo de demostrar amor. Cuando llegó el momento de irme, me dio un fuerte abrazo, me sonrió y me dijo que lo que estábamos haciendo era muy importante, no solo para él, sino para todos los que estaban allí. Sentí la fuerza increíble del amor. Quizá no lo haya “salvado”, pero su gratitud me llenó de alegría, y esto, ya de por sí, es muy potente».

 

CLAUDIO CIANFAGLIONI y el equipo de la Palabra de vida

 

 



[1] Agustín de Hipona, Confesiones, X, 29, 40: da quod iubes et iube quod vis.

[2] C. Lubich, Palabra de vida de septiembre de 1993: Palabras de Vida/2 (1991-2006) (ed. F. Ciardi), Ciudad Nueva, Madrid 2026, p. 77.

[3] Francisco, Audiencia general, 3-1-2018: El encuentro con el Resucitado. Catequesis sobre la santa misa, Ciudad Nueva, Madrid 2018, p. 48.

YO TE ALABO, SEÑOR

 VIDA DE LA PALABRA                                   mes de AGOSTO

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de agosto («Engrandece mi alma al Señor», Lc 1, 46) y la de julio («Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese sí que da fruto», Mt 13, 23):

1.-        Fui a recoger a mi hermana que estaba 3 días de retiro orando en el Monasterio de El Paular.

Llegué con anticipación. Después de comerme lo  que me llevé en un tupper, entre árboles, en el mismo parking frente al Monasterio, fui a caminar unos metros y vi a unos hombres que tenían problemas para arrancar su coche. Me vino la tentación de pasar de largo: estaba recién comido y era una de las olas de calor. En cambio, naturalmente me ofrecí y cuando empecé a empujar su coche desde el lateral de su conductor, me di cuenta de que me sonaba la cara del que conducía: era sobrino de un matrimonio de mi Parroquia. Él nos había hecho magníficamente la guía de Salamanca hará 3 años; es del Opus Dei, así que imaginé que todos los demás también.

Quedaron muy agradecidos por mi consejo de orientar el coche en dirección contraria para que quedara en ligera cuesta abajo, etc; y por la ayuda para empujar y por lo que íbamos hablando mientras. Fue verdaderamente un rato bonito de comunión fraterna.

 

2.-        Durante el “famoso” eclipse estuve celebrando la Misa de 20:00. Ya acabando se notaba la oscuridad, aunque quedaba mucho para el real anochecer, y les compartí: “a través de las vidrieras se percibe cómo cae la oscuridad rápidamente, pero acabamos de comulgar y el verdadero Sol brilla en nuestros corazones”.

Al acabar la celebración, con mi madre en su silla de ruedas, con mi hermana y gente de su comunidad salimos un instante, con el pueblo a oscuras y en seguida iba aumentando la claridad: entramos de nuevo en la iglesia para hacer un rato de oración que, en medio del atardecer, hacía que la claridad interior en nuestras almas fuera “in crescendo” por el “tú a Tú” con su Creador. “Proclama mi alma la grandeza del Señor”.

            Entre todos pensábamos en voz alta no dejarnos engañar por tanta difusión de medios, y no olvidarnos de los problemas reales y pedir a Dios que haga surgir la verdadera luz más allá de otros eclipses de todo tipo.

 

3.-        Parte de estas dos últimas semanas, como cada verano, hemos estado unos días en unidad un grupo de sacerdotes tratando por el amor recíproco que resplandezca la presencia de “Jesús en medio” de nosotros tanto en el descanso vacacional, como en la convivencia, la oración y la formación.

            Ha habido multitud de oportunidades de decir “proclama mi alma la grandeza del Señor”…: viendo las maravillas (o las cosas normales) de la naturaleza, haciendo largos ratos de comunión y comunicación de experiencias entre nosotros, largos ratos de oración también en la capilla del semisótano, etc. También por algunos momentos de incertidumbre o de oscuridades o tomas de decisiones... Todo era oportunidad para alabar con María al Señor.

También antes y después de esta convivencia, los días cuidando a mi madre, p.ej. tratando con paciencia que aprenda a manejarse ella sola con la silla de ruedas, etc.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de agosto («Engrandece mi alma al Señor», Lc 1, 46), la de julio («Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese sí que da fruto», Mt 13, 23) y la de junio («Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. […] Gratis lo recibisteis; dadlo gratis», Mt 10, 7-8):

 

1.-        “hoy más que nunca estaba ansiosa de recibir la palabra de vida: acabo de anotarla en un papel para leerla cada vez que me acuesto y cuando me levanto.

Como te comenté, estoy con una movilización interna que se la entrego al Señor para que Él me muestre el camino.

Lo que sí pude observar en mí es que he sentido misericordia por gente que no me caía bien y que milagrosamente empecé a mirar con cariño: son los ojos de Jesús en mí.

También empezar a empatizar con los más necesitados y encontrar la mirada de Jesús en ellos, como dijo el Papa en su visita. Y también, después de hablar con una amiga, a quien critiqué por decisiones que tomó. Me di cuenta qué importante es no juzgar y, sobre todo, sin saber el porqué de sus decisiones. ¡Qué gran aprendizaje fue eso para mí! 

Este es el mes de mi cumpleaños y el de mi hija mayor... Y siempre agosto es un mes de mucho movimiento interno para mí. ¡Gracias por todo y felices vacaciones! Leeré y reflexionaré la Palabra.

 

2.-        “me han diagnosticado un cáncer de mama, en principio en estado inicial, pero ahí está y me operarán a finales de agosto.

De inicio, lo primero que se me pasó fue pensar lo mucho q trabajo para esto y sentir dolor y tristeza porque Dios me manda demasiadas pruebas. Llamé a la focolarina que nos sigue a todos los de esta región y me ayudó espiritualmente a no tomarlo como un castigo, y vivirlo para Gracia de Dios. Estoy trabajando esto desde todo lo espiritual que puedo, sigo dándome a los demás... por momentos tengo miedo y nuevamente vuelvo a trabajarme. El pasapalabra de hace unos días, decía “rezar a conciencia”: estoy cambiando también mi forma de rezar, que sea más consciente y profunda.

 

3.-        “julio ha sido muy intenso para mi familia. Mi madre partió al cielo, se fue apagando...

María fue a visitar a su prima para hacerle partícipe de su alegría, en esta ocasión experimentamos su visita para coger de la mano a mi madre y llevarla ante su Hijo. No puedo decir más que gracias al Señor por habernos dejado vivir a su lado todo este tiempo.

 

4.-        “…algo de mis vacaciones: he estado un mes casa de una de mis hermanas y quince días en otra comunidad.

Al día siguiente de llegar con mi hermana, me caí en la calle: un desgarro muscular muy fuerte que me ha obligado a necesitar que me aseen, me vistan... cuando, en cambio, lo que yo iba era dispuesta a ayudar. No pude usar el ordenador ni nada...

Entonces, en estas circunstancias me repetía, una y otra vez, como una "canción del día", el texto del Magníficat: “Proclama mi alma...”.

Así que, en esa situación: impotencia, dolores, incomodidades... podía repetir por dentro, una y otra vez "proclama mi alma...”.

Ya estoy en casa y ya puedo usar la mano derecha para escribir. Te doy las gracias por tus envíos….

 

5.-        “ya vamos llegando a ese momento que los achaques nos acompañen a cada momento y tengo que seguir rezando para llegar y sufrirlos como nuestro castigo esencial: ganarás el pan con el sudor de tu frente.

   Me alegró mucho verte y que no has cambiado nada, sigues con esa mirada convencida de seguir por el camino recto y seguro: El buen camino. Otros nos debatimos con las dudas siempre de si no nos estamos equivocando, pero eso es lo que significa poder elegir… quizá equivocarse. 

  Ahora con el mal uso que hacen los políticos de las personas, como engañar a gente masivamente para que se jueguen la vida nadando con falsas promesas, te hacen ver la maldad de algunas personas que no tienen respeto por la vida de los demás. Por eso ahora es más importante que nunca mostrar la Fe en Jesús a esos que no creen que todos somos hijos de Dios.

 

 

6.-        “llevo un día aquí en mi voluntariado anual en otro continente: solo hago escuchar y hablar con todos. Al día siguiente de llegar fui a visitar a una señora que vive sola en silla de ruedas y la falta una pierna y desde que la conocí hace muchos años trato de visitarla lo antes posible, pues cuando fui se quedó paralizada, hasta que la digo no te acuerdas de mí, reaccionó muy pronto: “te estaba esperando; se me hizo eterno el año, pues aquí estoy con tus medicinas y mi cariño”. La escuché a fondo. Le contesté a sus preguntas y se emocionó: “no pensaba que ibas venir”. Yo suelo cumplir. Siguió hablando de su vida muy difícil, pero es muy creyente, la pregunté quién te trae la comida, ella me dijo que el sobrino no puedo venir, y me dio a entender que no tenía casi comida, pero yo no la dije nada, cambié de tema, porque ella sé que no tiene dinero, pasó un rato hablando. Cuando llegué donde me quedaba, mi mente estaba dando vueltas. Me preguntan: “¿en qué piensas?”. “En la señora”. “Mañana sabrás qué hacer”. Yo sabía que por la mañana tenía que ir a comprar; cuando se lo llevé, se emocionó, estuve  un rato con ella; estaba triste, me hizo alguna pregunta, la conté alguna anécdota que me había pasado, ella se rio muchísimo. Yo al rato me fui y se quedó tan feliz y yo me fui más porque la dejé tranquila y con comida.

 

 

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sábado, 1 de agosto de 2026

PROCLAMA MI ALMA LA GRANDEZA DEL SEÑOR

PALABRA DE VIDA                                                 agosto 2026

«Engrandece mi alma al Señor»

(Lc 1, 46)

En el primer capítulo de su Evangelio, Lucas nos ofrece la única página del Nuevo Testamento en que las protagonistas son dos mujeres, María e Isabel.

Isabel vivía en una ciudad cerca de Jerusalén, a unos 150 km de distancia de Nazaret. María emprende este largo viaje nada más recibir el anuncio del ángel de que iba a ser la madre de Jesús (Lc 1, 26-38). No conocemos los detalles de la travesía, solo sabemos que se dirigió con prontitud a la región montañosa. Pero ¿por qué se dirige allá?

María va para comunicar esta alegría a quien, como ella, había recibido de Dios la gracia de esperar un hijo, y para estar a su lado y ayudarla durante los últimos meses de embarazo. Es la historia de dos mujeres, de dos maternidades imposibles. ¿Quién mejor que ella podía entenderla y compartir esta experiencia? De este encuentro brota el canto del Magníficat.

 

«Engrandece mi alma al Señor».

 

«Estas palabras brotan de un ardor inflamado y de un gozo desbordante […]. Por eso no dice “yo ensalzo a Dios”, sino “mi alma”…, como si quisiera expresar: “mi vida, todos mis sentidos, se ciernen en el amor, alabanza y gozo divinos […]”»[1], escribe Martín Lutero en su comentario al Magníficat.

El verbo engrandecer, hacer grande, revela la alegría que suscita descubrir que Dios es más grande de lo que nos esperábamos. Esta alegría provoca una profunda humildad y un hondo sentido de gratitud y reconocimiento.

Como subraya Ermes Ronchi, «el Magníficat es el evangelio de María, su buena noticia, que alcanza a todas las generaciones». Por diez veces, la joven de Nazaret repite lo que ha hecho Dios[2], como una especie de nuevo decálogo, de diez nuevos mandamientos que trastocan la lógica del mundo.

Resulta espontáneo preguntarse si hemos conservado el sentido de estupor y de asombro en nuestra vida diaria y de oración ante todo lo que Dios ha obrado y sigue obrando. Sin abrirnos a la novedad y a sus sorpresas, sin asombro, la fe se convierte en una letanía cansada que lentamente se apaga y se convierte en una costumbre social[3].

 

«Engrandece mi alma al Señor».

 

El canto de María no es simplemente una oración de alabanza intimista, sino una alabanza profética, caracterizada por recurrir constantemente a los pasajes de la Escritura[4], lo que indica la dirección de la historia según el corazón de Dios. Alabarlo significa alinearse con los pequeños, creer que el mundo puede y debe cambiar.

Las palabras de este himno nos invitan a comprender la intervención salvífica de Dios en nuestra historia personal y comunitaria, tanto nuestra propia vivencia personal como la universal, tanto el momento presente como los cielos nuevos y la tierra nueva que la revolución social del Evangelio inaugura.

 

«Engrandece mi alma al Señor».

 

Estas palabras nos invitan también a nosotros a hacer de nuestra vida una alabanza viviente, a reconocer cada día las maravillas, a unir nuestra voz a la de María para proclamar que Dios es fiel, que su misericordia se extiende de generación en generación y que su reino de justicia y amor ya se está realizando entre nosotros.

Chiara Lubich había captado esta dimensión revolucionaria del canto de María cuando escribió a los jóvenes casi como un desafío: «Lee el Magníficat y encontrarás la primera y más potente página de la doctrina social cristiana. ¿Quién y cuándo la realizará completamente?»[5].

La pregunta sigue estando abierta y nos interpela. La intervención de Dios no debería quedarse reducida a la intimidad del corazón; hace falta que se manifieste en las relaciones, en la vida común, en la trama de las generaciones futuras.

PATRIZIA MAZZOLA y el equipo de la Palabra de vida

 



[1] Martín Lutero, Comentario al Magníficat: https://1library.co/document/zlvl282y-comentario-al-magnificat-por-martin-lutero.html.

[2] Cf. E. Ronchi, «Magnificat, una finestra aperta sul futuro», Avvenire 12 de agosto de 2021.

[3] Cf. Francisco, Angelus, Plaza de San Pedro (Roma), 4 de julio de 2021.

[4] Cf. G. Rossé, Il Vangelo di Luca, Città Nuova, 1992, p. 69.

[5] C. Lubich, Signo de contradicción, Ciudad Nueva, Madrid 1971, n. 203, p. 64.