viernes, 1 de mayo de 2026

EL RESUCITADO EN MEDIO DONA EL ESPÍRITU SANTO

 PALABRA DE VIDA                                       mayo 2026


«“Como el Padre me envió, también yo os envío”.

Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”»

(Jn 20, 21-22)

Después de haberse aparecido a María de Magdala en la mañana de Pascua, al atardecer de aquel mismo día el Resucitado se presenta por primera vez entre sus discípulos. La reacción inmediata de ellos es de alegría, acrecentada por la paz, esa paz verdadera que solo Él puede dar (cf. Jn 14, 27): «La paz con vosotros» (v. 21). Alegría y paz son frutos del Espíritu[1]. De hecho Jesús les dice inmediatamente: «Recibid el Espíritu Santo» (v. 22).

 

«“Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”».

 

El Espíritu Santo no solo capacita a los discípulos para la misma misión que el Padre dio a Jesús, sino que los recrea como humanidad nueva. El gesto del Resucitado que sopló sobre ellos es el mismo que el Creador hizo en las narices del hombre, que formó con polvo del suelo (cf. Gn 2, 7). Así como la creación es obra continua del amor del Padre, que sostiene el universo entero, la nueva creación obrada por el Resucitado en el Espíritu Santo sostiene continuamente a la humanidad que está en camino hacia el Reino.

La Palabra de Vida de este mes nos recuerda que en nuestra existencia tenemos una gran posibilidad: convertirnos en otros Jesús. Y esto es verdad para cada uno de nosotros personalmente, pero aún más comunitariamente. Jesús habla en plural a sus discípulos, pues solo juntos, cada miembro con su peculiaridad, pueden repetir el cuerpo místico de Jesús.

 

«“Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”».

 

Así pues, como hijos en el Hijo, tenemos la misma vocación que Jesús: salidos del seno del Padre, estamos llamados a volver a Él y a repetir en el mundo sus gestos y sus palabras, acompañados por la gracia del Espíritu Santo. Si nos abrimos a este don, también nosotros podemos afirmar con Pablo: «Y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Ga 2, 20).

Entonces, esta palabra nos invita a profundizar nuestra relación con el Espíritu Santo, tanto en la oración como en la vida de cada día, «escuchando aquella voz» y recordando que «sin el Espíritu Santo, Dios resulta lejano, Cristo permanece en el pasado, el Evangelio es letra muerta, la Iglesia es una simple organización y la misión es propaganda. Pero con el Espíritu Santo, el cosmos se eleva y gime en el alumbramiento del Reino, Cristo resucitado está con nosotros, el Evangelio es poder de vida, la Iglesia significa comunión trinitaria y la misión es un nuevo Pentecostés»[2].

 

«“Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”».

 

Andrés es un adolescente en plena crisis existencial: sus dudas sobre el sentido de la vida, el miedo al futuro y su sensación de fragilidad le parecen montañas insuperables, y a menudo se siente desanimado e infeliz. Alguien le sugiere hablar con Chiara Lubich. Justo antes de hablar con ella, Andrés la oye pronunciar en voz baja «Espíritu Santo», y comprende que Chiara está rezando.

Durante el coloquio con ella se siente profundamente comprendido, escuchado tal como es. Y recobra la paz, no porque sus problemas hayan desaparecido de repente, sino porque ahora hay alguien con quien compartirlos.

«De Chiara no solo recibí una ayuda concreta –confiesa años más tarde–, sino que también aprendí un estilo: estar cerca de quien sufre con delicadeza y comprensión, sin juzgar, tal como haría Jesús».

Esto solo puede realizarlo el Espíritu Santo si lo acogemos y dejamos que actúe en nosotros.

CLAUDIO CIANFAGLIONI y el equipo de la Palabra de vida

 



[1] «El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia…» (Ga 5, 22).

[2] Ignacio IV Hazin, patriarca de la Iglesia Greco-Ortodoxa de Antioquía, Consejo Ecuménico de las Iglesias, Uppsala 1968.


jueves, 30 de abril de 2026

HUELLAS DEL RESUCITADO: PAZ, ALEGRÍA, ENTENDIMIENTO...

 VIDA DE LA PALABRA                                    mes de ABRIL

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de abril («Quédate con nosotros, porque atardece», Lc 24, 29) y la de marzo («Levantaos, no tengáis miedo», Mt 17, 7):

1.-        Tradicionalmente cada año en la Semana I de Pascua un buen grupo de sacerdotes de diferentes diócesis solemos tener unos días de descanso-convivencia-formación tratando de vivir presencialmente ese amor recíproco fraterno que nos tenemos todo el año y que posibilita el que “arda nuestro corazón” y nos percatemos que el Resucitado camina siempre en medio de nosotros, pero que tenemos que hacer esa nuestra parte para descubrir las huellas de su Presencia.

Los temas del silencio interior para con Dios, el silencio para estar vacíos de nosotros ante el hermano y el silencio mariano como cauce para que Quien es la Palabra produzca vida, dieron paso al silencio de Jesús Crucificado-Abandonado a quien debemos descubrir-amar en nuestras dificultades, soledades, problemas y dolores.

Con todo ello, (nos habló luego un arzobispo emérito), debemos descubrir el “sagrario social” y construir la “civilización del amor”, el “castillo exterior” que diría Chiara Lubich.

Los momentos de descanso o de turismo por Toledo, (incluida una significativa exposición sobre S. Juan de la Cruz), eran oportunidades para llevar a la práctica sencillamente todo lo anterior, lo mismo que los pequeños gestos de colaboración o servicio hacia todos o hacia a alguno en particular.

De tal manera que, sí, al final, podíamos decir con serenas paz y alegría que nos brotaban desde lo más profundo: “quédate con nosotros, Señor…”.

                 

1b.-     El pasado fin de semana, compaginándolo con todas las actividades parroquiales, tuve oportunidad de participar en varios momentos, (además de las confesiones), del encuentro de “Familias Nuevas” que se desarrolla anualmente en el Centro Maríápolis. Más de 100 familias: unos 200 adultos y casi 100 niños menores.

            Los temas profundos, vivos, actuales y sencillos. Los testimonios, a la par que de una vida normal, impactantes por su enraizamiento en Dios y en la vida comunitaria. Sobre todo los referidos a situaciones especiales, que cada vez son más frecuentes en nuestro tiempo y que no tienen fácil solución desde una perspectiva coherente.

            El “clima” que había era de auténtica familia de familias y de verdad que se percibía en los pasillos, en el comedor y en los temas una escucha profunda divina.

            Todo hacía palpables las “huellas” del Resucitado en medio de todos por el amor recíproco y, por eso, de nuevo, venía espontáneo decirle a Él en tantos momentos, con la canción del Gen Rosso que parafrasea a S. Lucas en la PdV: “sigue con nosotros, el sol desciende ya; si vives con nosotros, la noche no llegará”.

 

2.-        La semana pasada, conversando con una persona que ha sufrido mucho toda su vida y por eso desconfía de todos, me dice: “de ti tampoco me fío ni un pelo; ¡de ti menos que de nadie!”.

Mostrándole con una sonrisa mi siempre evidente calva, le repuse: “yo tampoco me fio ni un pelo de mí, ya ves; en serio, como S. Pedro después de sus negaciones, no me fío de mí: solo de la Gracia y la Misericordia de Dios”. Añadió: “le voy a pedir a Dios que, si eres de fiar, si puedo confiar en ti, que alguien te regale 50 €, pero no para la parroquia, ni para las goteras, ni para el movimiento…, ¡te lo tiene que dar para ti, para tus cosas personales! Le doy de plazo a Dios una semana, hasta el miércoles”.

            El domingo antes de Misa una señora se acerca sonriente al despacho parroquial y me entrega un sobre en el que se notaba que había una tarjeta: “por lo amable que fuiste con todos en la ceremonia el otro día, por lo bien que salió todo y lo bien que te portaste, además del donativo que ya dio mi familia para la parroquia, quiero que esto sea para ti con todo mi agradecimiento”. Cuando abrí el sobre, efectivamente había una tarjeta con un dibujo precioso en portada de una iglesia y una paloma, y al desdoblarla en su interior venía escrito un sencillo y sentido agradecimiento, ¡y… 50 €! Ese día era el domingo IV de Pascua: ¡el domingo del Buen Pastor y Jornada mundial de Oración por las Vocaciones! En eso vi un “guiño” especial de Él.

            Ya le había agradecido encarecidamente antes a esta señora, pero fui a la iglesia antes de que empezar la Misa el otro sacerdote, la busqué y le di otro par de besos de agradecimiento y le expliqué la historia: en medio de su sonrisa me dio un abrazo y empezaron a dibujarse lágrimas en sus ojos, acordes con las mías.

 


Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de Vida de abril («Quédate con nosotros, porque atardece», Lc 24, 29) y la de marzo («Levantaos, no tengáis miedo», Mt 17, 7), la de marzo («Levantaos, no tengáis miedo», Mt 17, 7) y la de febrero («Mira que hago nuevas todas las cosas», Ap 21, 5): 

1.-        “iba de pie en el bus y a cada momento me estaba sintiendo peor; me iba apoyando en la barandilla supongo que con muy mala cara, pero ninguno de los jóvenes que estaban sentados me cedieron su sitio, (puede que ni me vieran, ni me miraran, aunque debía ser muy evidente mi aspecto y que estaba a punto de desmayarme).

Cada vez me encontraba peor, creo que estaba a punto de caerme. Se aproximaba la Semana Santa y pensé: “no le importo a nadie; ni a Dios; Dios no existe…”. En ese crítico instante se me acercó una señora mayor cediéndome su asiento amablemente; me acercó al sitio, me preguntó y rebuscó en su bolso unos caramelos con vitamina C: me regaló la cajita sin estrenar: tomé 4 ó 5 y empecé a revivir.

 

2.-        “gracias por el envío. Me quedo con esa oración: “Quédate con nosotros, porque atardece”. Tiene algo muy verdadero. También con la idea de no huir del dolor, sino atravesarlo sin dejar de amar.

 

3.-        “Paco, quería compartir una experiencia que he estado dudando si contar o no y que quizás por vergüenza a intervenir aún no lo he hecho.

Hace un par de fines de semana fui a otra región, al bautizo del hijo de una amiga, y allí conocí a unos amigos suyos que habían hecho el retiro de Effetá. Estuvimos hablando sobre nuestra relación con Dios y, al comentarles que estaba yo pensando hacer el retiro, sentí algo difícil de explicar y que no supe darle forma hasta que leí la PdV de este mes, fue ese “quédate” lo que sentí. Fue un momento muy especial, porque mientras hablábamos, se me aclararon muchas dudas que tenía, sin que ellos intentaran convencerme de nada. Simplemente sentí como si todo encajase.

3b.-     Además, el bautizo fue un momento muy bonito. Me emocioné mucho durante toda la celebración, y al pensarlo después, creo que era por el amor que se respiraba allí. Ver a mi amiga, que ha pasado por tanto y se ha apoyado en Dios en todo momento, y verla ahora tan feliz con su hijo, me hizo ver muy claramente ese amor.

No sé muy bien cómo expresarlo mejor, pero como nos animaste tanto a compartir nuestras experiencias, pues por aquí te la comento. Gracias.

 



miércoles, 1 de abril de 2026

EL RESUCITADO EN MEDIO DE NOSOTROS

PALABRA DE VIDA                                                  abril 2026

 «Quédate con nosotros, porque atardece»

(Lc 24, 29)

Desencantados de los sueños, los proyectos y los momentos fuertes de los días transcurridos con el Maestro, los discípulos de Emaús vuelven a casa para reanudar la vida que habían dejado, la de antes del encuentro con Él. Habían transcurrido apenas tres días desde su crucifixión, y la desilusión, el miedo y las dudas reinaban entre sus seguidores.

Se alejaban de Jerusalén, del sueño no realizado, de Cristo y de su mensaje, tristes porque ya habían tomado la decisión de abandonar el proyecto que los había llevado a seguirlo.

Es la historia de todos nosotros cuando nos desencantamos de situaciones que nos plantean tomar una decisión en las encrucijadas, y en muchos casos nos parece que la única respuesta a nuestro malestar es volver atrás, renunciar y resignarnos. 

«Quédate con nosotros, porque atardece».

Durante el camino, un desconocido se une a los dos y parece ignorar los acontecimientos que acaban de ocurrir. Comienza a hacer preguntas precisas, las cuales desatan toda la amargura y el desaliento. Primero los escucha, y luego comienza a explicar las Escrituras: es un diálogo, un encuentro que deja huella; de modo que, aunque aún no han reconocido a Jesús, le ruegan que se quede con ellos (cf. Lc 24, 17-29).

«Quédate con nosotros, porque atardece».

Esta es quizá una de las oraciones más bellas que encontramos en el Evangelio. Es la primera oración que se eleva de los discípulos al Resucitado, y es conmovedora esta invitación que todos podemos dirigirle para que Él se quede con nosotros y entre nosotros.

Los ojos de los dos discípulos se abren al partir el pan, y la alegría de haberlo reconocido por fin los anima a volver a Jerusalén para anunciar a sus amigos la resurrección.

«Quédate con nosotros, porque atardece».

«Quizá nada mejor que estas palabras explica la experiencia de vivir con Jesús en medio, que las focolarinas hicimos desde el principio –escribe Chiara Lubich–. Jesús es siempre Jesús, y aunque esté presente solo espiritualmente, cuando está, explica las Escrituras y arde en el corazón su caridad: la vida. Cuando lo hemos conocido, nos lleva a decir con infinita nostalgia: “Quédate con nosotros, Señor, porque atardece”; sin ti es noche oscura […]»[1].

La noche es símbolo de tinieblas, de lo desconocido, de falta de esa luz que no somos capaces de encontrar porque no creemos en su presencia, que sigue acompañándonos siempre.

La noche es la que envuelve a nuestro planeta, herido y ultrajado por luchas fratricidas, por guerras organizadas por la ambición de poder y de dinero.

La noche es la que viven millones de personas que ya no tienen voz para gritar las injusticias y los abusos.

Y nosotros ¿cómo darnos cuenta de la presencia de Jesús, que no siempre se manifiesta según nuestras expectativas? ¿Cómo entender que Él camina con nosotros y quiere que reconozcamos los signos de su presencia? Y sobre todo, ¿cómo crear las condiciones  para que se manifieste y se quede con nosotros?

Son preguntas a las que no siempre sabemos dar respuesta, pero que nos piden que no dejemos de buscar a Jesús, que concentremos la mirada en un compañero de viaje al que muchas veces no vemos, que reconozcamos a Aquel que puede hacerse presente si vivimos entre nosotros el amor mutuo.

El camino de Emaús es símbolo de todos nuestros caminos, es el camino del encuentro con el Señor, es el camino que nos devuelve la alegría del corazón, que nos lleva de nuevo a la comunidad para dar testimonio juntos de que Cristo ha resucitado. 

PATRIZIA MAZZOLA y el equipo de la Palabra de vida



[1] C. Lubich, Todos uno. Escritos espirituales/3, Ciudad Nueva, Madrid 1998, p. 70.

martes, 31 de marzo de 2026

LLEVAR EL TABOR A LA VIDA DIARIA

 VIDA DE LA PALABRA                       últimas semanas de MARZO

 

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de marzo («Levantaos, no tengáis miedo», Mt 17, 7) y la de febrero («Mira que hago nuevas todas las cosas», Ap 21, 5): 

1.-        Esta mañana se celebró la Misa Crismal. Estuvimos casi mil sacerdotes y casi otros tantos laicos. Una vez más, me conmovió desde lo más profundo la participación: cantos y oraciones de más de mil quinientas personas convencidas atronaban y retumbaban santamente por las bóvedas de la Catedral. También nuestros 3 “sí, quiero” renovando anualmente las promesas sacerdotales emitidas para siempre en nuestra ordenación, revestían así no solo toda la solemnidad, sino la más profunda y sincera convicción. Gracias a Dios pude vivir todo con consciencia y hondura en ese precioso día soleado. Auténtico “Tabor”.

         Y luego…, el recordar la PdV después de la transfiguración (“levantaos, no tengáis miedo”) me impulsaba con esperanza a tratar de extender esa paz y felicidad a todos, más allá de las incertidumbres del tiempo actual tanto a nivel mundial, como parroquial y personal.

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de marzo («Levantaos, no tengáis miedo», Mt 17, 7), la de febrero («Mira que hago nuevas todas las cosas», Ap 21, 5) y la de enero («Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados», Ef 4, 4):

 

1.-        “acabo de realizar mi revisión: estoy igual de mi tumor cerebral;  sigo teniendo conmigo a mi Señor y Madre: eso nadie me lo puede quitar,  aunque tengo problemas familiares y mucho trabajo, pues tengo a mis dos hijos mayores y mi marido y tengo poca ayuda. Siempre estoy dando gracias a lo Único que tengo: mi Señor. Rezo mucho a lo largo del día: cuando camino, siempre voy oyendo con mis cascos el rosario… y luego la misa o la de la tele o radio. Radio María en mi camino me da mucha paz porque mi marido no me trata muy bien: se jubiló ya hace dos años y vive su vida, pero, padre, siempre estoy dando gracias. Gracias por todo y por tu gran ayuda en las PdV: yo leo todo; por eso cuando dices si quiero textos completos, te los pido… porque me acuesto tarde y siempre estoy leyendo.

 

2.-        “muchas gracias a todos por las experiencias que compartes. Yo estoy tratando de reconocer a Jesús Abandonado en cada dolor que se me presenta, en cada situación que no comprendo y, sobre todo, darle mi Sí día a día…

me sigue costando reconocer a Jesús Abandonado en cada dolor: la situación de mi hijo me duele de un modo particular; y con mi marido, a quien tienen que operar, estamos esperando fecha. Él está muy  sensible, preocupado y vulnerable. Yo no consigo lograr que se sienta querido y me reprocha que no estoy pendiente de él, etc., etc., y seguro es verdad, pero Dios es mi fuerza, Él me ama inmensamente y me conoce en el fondo de mi corazón, me siento en sus brazos. Y le ofrezco toda mi nada.

 


domingo, 1 de marzo de 2026

SIN PARARSE, SIN MIEDO

 PALABRA DE VIDA                              marzo 2026

 

«Levantaos, no tengáis miedo»

(Mt 17, 7)


Pedro, Santiago y Juan suben a un monte alto con Jesús y allí ven la gloria del Maestro y oyen la voz del Padre que lo reconoce como Hijo.

Una experiencia extraordinaria, cara a cara con Dios, que permite a su criatura conocerlo en su esplendor. El temor los ha hecho caer en tierra, pero Jesús los toca y les dice:

«Levantaos, no tengáis miedo». 

El verbo levantarse es el mismo con el que el Evangelio suele expresar la resurrección, así como «no temáis» son las primeras palabras que el Resucitado dirige a las mujeres junto al sepulcro vacío después de saludarlas (Mt 28, 10; cf. 28, 5). Así pues, las palabras de Jesús, fuertes y claras, son una decidida invitación a una vida nueva, que es posible para los discípulos con el toque de su mano.

También nosotros nos vemos a veces frenados por nuestros miedos, apesadumbrados por las pruebas de la vida, por situaciones sin salida. No podemos contar solo con nuestras fuerzas para recuperar el impulso del testimonio, sino más bien con la gracia de Dios, que siempre nos precede.

«¿Quién no pasa por pruebas? Estas adquieren el cariz del fracaso, de la pobreza, de la depresión, de la duda, de la tentación… […] También da miedo la sociedad materialista e individualista que nos rodea, con guerras, violencia, injusticias… Ante estas situaciones puede insinuarse también la duda: ¿dónde ha ido a parar el amor de Dios? […] Jesús ha entrado de verdad en cada dolor, ha cargado con todas nuestras pruebas […] Él es Amor, y es propio del amor expulsar todo temor. Cada vez que nos asalte un miedo, que estemos agobiados por un dolor, podemos reconocer la verdadera realidad que se esconde ahí: es Jesús, que se hace presente […] dejemos que entre en nuestra vida. Y luego, sigamos viviendo lo que Dios quiere de nosotros, lanzándonos a amar al prójimo. Descubriremos que Jesús es siempre Amor. Así podremos decirle, como los discípulos: “Verdaderamente eres Hijo de Dios”» (Mt 14, 33)[1].

«Levantaos, no tengáis miedo».

Quien ha hecho la experiencia de encontrarse con Dios en su vida queda fascinado por su presencia, tocado y curado por su Palabra. Con frecuencia, el testimonio de una comunidad cristiana acompaña en esta aventura divina y da ánimos para levantarse, para salir de uno mismo y reanudar el camino con Jesús y con los hermanos.

Recogemos el testimonio de una joven siria: «Al final del año pasado mi país vivió una situación muy difícil, y mi ciudad sufrió una ola de caos y de miedo. Estaba profundamente preocupada por mi familia, por mis amigos y por mí misma. En medio de tanta incertidumbre, intentaba mantener firme la esperanza en Dios, procurando ser fuerte a pesar de todo. Antes de estos sucesos, junto con los jóvenes con los que me comprometo a vivir el Evangelio, habíamos planificado varios proyectos de apoyo a familias necesitadas mediante paquetes de alimentos y otras iniciativas. Pero esta situación nos obligó a suspender temporalmente toda actividad. Al cabo de unos días conseguimos reunirnos: en ese encuentro encontramos la fuerza y el valor los unos en los otros. Decidimos no dejarnos vencer por el miedo, sino poner nuestra confianza en Jesús y reanudar el camino que habíamos emprendido. Con fe compartida, conseguimos ayudar a más de 40 familias que realmente necesitaban ayuda. En medio de esas dificultades sentimos que gracias al amor de Dios y a nuestra unidad podíamos marcar la diferencia.

«Levantaos, no tengáis miedo».

Después de haber subido al monte con Jesús para encontrar a Dios y escuchar su voz, podemos descender con Él para «[…] volver a la llanura, donde encontramos a muchos hermanos que soportan penalidades, enfermedades, injusticia, ignorancia, pobreza material y espiritual»[2].

Como comunidad cristiana, también podemos sufrir y quedarnos confundidos, pero esta Palabra nos empuja a ponernos en movimiento juntos para llevar a todos «los frutos de la experiencia que hemos tenido con Dios y compartir la gracia recibida»[3].

 

LETIZIA MAGRI y el equipo de la Palabra de Vida

 



[1] C. Lubich, Palabra de Vida de agosto de 2002.

[2] Cf. Francisco, Angelus, 16-3-2014.

[3] Ibid.

sábado, 28 de febrero de 2026

RENOVAR TODO SIENDO EL AMOR

 VIDA DE LA PALABRA                                primeras semanas de MARZO

 

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de febrero («Mira que hago nuevas todas las cosas», Ap 21, 5) y la de enero («Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados», Ef 4, 4):

1.-        Me manda un whatsapp un marroquí pidiendo un rato de conversación y consejo; él es musulmán y estuvo aquí abriendo su corazón de par en par y compartiendo sus sufrimientos y dificultades; era amigo también de los sacerdotes anteriores y en la parroquia hay gente que le aprecia; hacía tiempo que no venía a hablar conmigo; tengo que interrumpir un momento la conversación y aprovecha él para entrar al servicio, donde ve que la cisterna no funciona; me pide herramientas y, mientras, lo arregla. Actualmente por fin tiene buen sueldo, pero problemas serios en la familia: sigue contándome entre lágrimas y hablamos que Dios no lo abandonará, (ciertamente yo sé que él entiende por Dios a Alá, pero, en definitiva es el Dios de Abraham, también nuestro padre en la fe), y en esa confianza de poner la mirada en el cielo hablamos confiar en Él y de rezarle para que ponga su mano. Al final, me mira, y, como él quizá esperaba y no se atrevía a pedir, le doy un fuerte abrazo y se queda unos instantes llorando sobre mi hombro. Solo necesitaba escucha y comprensión.

 

2.-        La semana pasada me llegó una multa por circular en zona de bajas emisiones. Estaba un poco desconcierto pues no me imaginaba por qué. Luego, viendo dónde, en el primer instante mucho fastidio: hice el favor de llevar a una persona a Madrid y luego continué ruta hacia mi pueblo guiado por el GPS, pero este, sin percatarme yo, (no conozco mucho la ciudad, aunque llevo por aquí más de veinte años), me introdujo en una zona para mí desconocida y que resulta estar por poco dentro de la “almendra central”, pero solo lo he sabido ahora al llegar la comunicación. Es zona de bajas emisiones de contaminación y supone multa de 200 €, si entro con mi coche, que es normalillo (no imaginaba que era tanto; la mitad por pronto pago). Además, aquel día, aquello me hizo perder veinte minutos (y gasolina) y llegar tarde a mi pueblo a dar el relevo a mi hermana con mi madre.

         Sentí herido mi prurito de procurar circular siempre bien. Me fastidió perder tontamente el dinero; ¡y más sin tener culpa! Pero al instante reaccioné diciéndole a Jesús: “Tú, Señor, eres mi único Bien; ni aquello, ni lo otro; Tú, mi Bien”. De vez en cuando me lo tenía que repetir a lo largo del día y de nuevo me quedaba paz. “No importa; solo Tú importas, y también no dejar de amar ni de sonreír”.

 

2b.-     Tenía yo que hacer dos gestiones por sede electrónica para solicitar subvención para las costosas obras de reparación de las goteras de la iglesia.

Perdí más de dos horas: esa mañana no funcionaba con rapidez nuestro ordenador y parecía, además, que la web del sitio oficial tampoco estaba muy allá.

Ante cada proceso ralentizado del ordenador y ante cada uno de los pasos fallidos avanzando pantallas, me repetía en voz alta: “Tú, Señor, eres mi único Bien”. No perdí la paz, y me ayudó a estar unido con Dios. Buen modo de emplear la mañana, aunque no logré hacer la gestión. Por la tarde, una de ellas, sí, en pocos segundos; la otra sigue atascada y he buscado otro modo de intentar presentarla. “Confío en Ti, Señor; si quieres que nos den la subvención”. “Tú, eres mi único Bien, no el tiempo empleado”.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de febrero («Mira que hago nuevas todas las cosas», Ap 21, 5), la de enero («Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados», Ef 4, 4) y la de diciembre («Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios», Is 52, 10):

1.-        por desconocimiento, en el jardín de nuestra parcela cortamos un árbol que no tenía posibilidad de prosperar, pero luego sospeché que podría estaba penado con una sanción elevada, (que no podríamos pagar).

Tenía la posibilidad de justificarlo totalmente contando una mentira cuando viniera la inspección. Pasé unos días muy preocupada, pidiendo luz porque no quería de ninguna manera decir algo que no fuese verdad.

Cuando vino el técnico comencé  a contarlo y me paró casi antes de hablar yo, y viendo en el jardín el pequeño tocón comentó que ese hecho no tenía multa sin preguntar yo nada.

Lo que me tú dices: "es la prueba de que cuando queremos dar la cara por Dios, y Él es la Verdad, Él la da por nosotros y, en su momento, actúa".

 

2.-        en enero tuve una dificultad con mi párroco;  yo seguí dirigiéndome a él, pero la relación estaba rota.

Estuve de ejercicios: fue  bonito y enriquecedor. Haciendo oración sentí, resonar en mí: “si el hermano tiene algo contra ti...”.

A nuestro pueblo solo de vez en cuando puede venir el sacerdote: ayer martes, había misa en la parroquia. Fui media hora antes, sabiendo que él estaría ya, con la intención de hablar con él.

La acogida fue incómoda y tensa, pero yo hablé con el corazón. Le dije que me había sentido ofendida, (no que él me ofendiera): expliqué mi punto de vista y el porqué de mi actuación. Después él me dijo que su intención no era esa que yo percibí. Me habló de su carácter. Yo le había devuelto la llave de la iglesia, pero me dijo que allí la tenía y podía seguir yo abriendo y cerrando. Él parece quizá muy seco y distante, pero me sorprendió con un beso y un abrazo. Él es más joven que mis hijos y he sentido solo su amor, la certeza de que no quedaba resentimiento en nuestros corazones.

 

3.-        …me encontraba a veces en el mismo vagón a un conocido. Su mujer quería hacerme llegar un encargo con él, pero como hacía varias semanas que yo no lo veía, supuse que subía en otro vagón porque quería aprovechar los trayectos para leer, estudiar o rezar.

Así que, cuando ese día me entregó el recado, en vez de ponerme a hablar como anteriormente, prudentemente le dije: “mira, si no te importa, me gustaría terminar mi oración durante el trayecto”. Ante eso, me dijo que no había problema y noté que en el fondo se alegró y en seguida sacó su Biblia o para estudiar o para meditar….

miércoles, 18 de febrero de 2026

RETIRO ESPIRITUAL CUARESMA 2026

Hoy, Miércoles de Ceniza, comienza la Cuaresma.  

Como todos los años en Cuaresma, hay Ejercicios Espirituales un fin de semana en el Centro Mariápolis de Las Matas: por si quieres apuntarte o recomendárselo a alguien. Y, en cualquier caso, para que reces por su fruto.

Serán del 13 de marzo (a las 19:00) al 15 de marzo (a las 18:00), organizados en conjunto con la Delegación Diocesana de Catequesis de la Archidiócesis de Madrid.

domingo, 15 de febrero de 2026

DESARMAR LAS PALABRAS

 Para vivir bien la ya muy próxima Cuaresma y retomar con nuevo brío la Palabra del mes Mira que hago nuevas todas las cosas»), aquí tienes unos textos:        

 

ESCUCHAR Y AYUNAR.

LA CUARESMA COMO TIEMPO DE CONVERSIÓN

    Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.

    Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.

    Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo distintivo de su ser: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud.

    Es un Dios que nos atrae, que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad...

    ...me gustaría invitaros a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz... 

LEÓN XIV, Mensaje para la Cuaresma 2026

(es precioso y no largo: si quieres, te lo mando entero)

 

 

 

ACEPTAR NUESTRA PEQUEÑEZ,

PARA QUE ACTÚE LA GRANDEZA DE DIOS

cuando miramos con los ojos de Dios, descubrimos que Él ha escogido el camino de la pequeñez para descender en medio de nosotros. Este es el estilo del Señor que todos estamos llamados a testimoniar; los profetas anunciaron la promesa de Dios acerca de un pequeño germen que brotará (cf. Is 11,1), y Jesús elogia a los pequeños que confían en Él (cf. Mc 10,13-16), afirmando que el Reino de Dios no se impone llamando la atención (cf. Lc 17,20-21), sino que se desarrolla como la más pequeña de todas las semillas plantadas en la tierra (cf. Mc 4,31).

Esta lógica de la pequeñez es la verdadera fuerza de la Iglesia. En efecto, esta fuerza no reside ni en sus recursos ni en sus estructuras, ni los frutos de su misión derivan del consenso numérico, de la potencia económica o de la relevancia social. La Iglesia, al contrario, vive de la luz del Cordero y, reunida en torno a Él, es impulsada por el poder del Espíritu Santo en los caminos del mundo. En esta misión, la Iglesia está llamada a confiar constantemente en la promesa del Señor: «No temas, pequeño Rebaño, porque el Padre de ustedes ha querido darles el Reino» (Lc 12,32). Al respecto, recordemos estas palabras del Papa Francisco: «En una comunidad cristiana donde los fieles, los sacerdotes, los obispos, no toman este camino de la pequeñez, no hay futuro, […] el Reino de Dios brota en lo pequeño, siempre en lo pequeño» (Homilía en Santa Marta, 3 diciembre 2019). 

ENCUENTRO DE ORACIÓN CON LOS OBISPOS, SACERDOTES, DIÁCONOS,
CONSAGRADOS, CONSAGRADAS Y OPERADORES PASTORALES

DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV

Catedral del Espíritu Santo (Estambul)
Viernes, 28 de noviembre de 2025

 

 

 

SOBRE LA HUMILDAD Y LA PAZ

No te importe mucho quién está por ti o contra ti, sino busca y procura que esté Dios contigo en todo lo que haces. Ten buena conciencia y Dios te defenderá. Al que Dios quiere ayudar no le podrá dañar la malicia de alguno.

Si sabes callar y sufrir, sin duda verás el favor de Dios. Él sabe el tiempo y el modo de librarte, y por eso te debes ofrecer a él.

A Dios pertenece ayudar y librar de toda confusión.

Algunas veces conviene mucho, para guardar mayor humildad, que otros sepan nuestros defectos y los reprendan.

Cuando un hombre se humilla por sus defectos, entonces fácilmente aplaca a los otros y sin dificultad satisface a los que lo odian. Dios defiende y libra al humilde; al humilde ama y consuela; al hombre humilde se inclina; al humilde concede gracia, y después de su abatimiento lo levanta a gran honra.

Al humilde descubre sus secretos y lo atrae dulcemente a sí y lo convida. El humilde, recibida la afrenta, está en paz, porque está en Dios y no en el mundo.

No pienses haber aprovechado algo, si no te estimas por el más inferior a todos.

Ponte primero a ti en paz, y después podrás apaciguar a los otros. El hombre pacífico aprovecha más que el muy letrado.

El hombre apasionado aun el bien convierte en mal, y de ligero cree lo malo.

El hombre bueno y pacífico todas las cosas echa a buena parte.

El que está en buena paz de ninguno sospecha. El descontento y alterado, con diversas sospechas se atormenta; ni él sosiega ni deja descansar a los otros. Dice muchas veces lo que no debiera, y deja de hacer lo que más le convendría. Piensa lo que otros deben hacer, y deja él sus obligaciones.

Ten, pues, primero celo contigo, y después podrás tener buen celo con el prójimo. Tú sabes excusar y disimular muy bien tus faltas y no quieres oír las disculpas ajenas. Más justo sería que te acusases a ti, y excusases a tu hermano.

Sufre a los otros si quieres que te sufran. 

TOMÁS DE KEMPIS, La Imitación de Cristo, (Libro 2, Cap. 2-3)

 


 

PERSEVERAR EN LAS PRUEBAS

Las dificultades de la vida a menudo nos llevan al límite de nuestras fuerzas, pero es precisamente en estos momentos cuando somos invitados a seguir adelante, sostenidos por Dios.

Cuando todo parece pesado, perseverar es seguir haciendo lo que es correcto, amando cuando es más difícil, rezando incluso cuando el corazón está cansado.

Las pruebas pueden convertirse en un camino de madurez interior y fortalecimiento espiritual.

Dios no promete un camino sin obstáculos, sino que garantiza su presencia constante.

Cada paso perseverante, por pequeño que sea, es visto por Él, que transforma el sufrimiento en esperanza. Así, aprendemos que la fe no es la ausencia de lucha, sino la valentía de permanecer firmes, confiando en que, a su debido tiempo, Dios hará brotar nueva vida donde parecía haber solo dolor. 

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra del 6 febrero