sábado, 28 de febrero de 2026

RENOVAR TODO SIENDO EL AMOR

 VIDA DE LA PALABRA                                primeras semanas de MARZO

 

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de febrero («Mira que hago nuevas todas las cosas», Ap 21, 5) y la de enero («Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados», Ef 4, 4):

1.-        Me manda un whatsapp un marroquí pidiendo un rato de conversación y consejo; él es musulmán y estuvo aquí abriendo su corazón de par en par y compartiendo sus sufrimientos y dificultades; era amigo también de los sacerdotes anteriores y en la parroquia hay gente que le aprecia; hacía tiempo que no venía a hablar conmigo; tengo que interrumpir un momento la conversación y aprovecha él para entrar al servicio, donde ve que la cisterna no funciona; me pide herramientas y, mientras, lo arregla. Actualmente por fin tiene buen sueldo, pero problemas serios en la familia: sigue contándome entre lágrimas y hablamos que Dios no lo abandonará, (ciertamente yo sé que él entiende por Dios a Alá, pero, en definitiva es el Dios de Abraham, también nuestro padre en la fe), y en esa confianza de poner la mirada en el cielo hablamos confiar en Él y de rezarle para que ponga su mano. Al final, me mira, y, como él quizá esperaba y no se atrevía a pedir, le doy un fuerte abrazo y se queda unos instantes llorando sobre mi hombro. Solo necesitaba escucha y comprensión.

 

2.-        La semana pasada me llegó una multa por circular en zona de bajas emisiones. Estaba un poco desconcierto pues no me imaginaba por qué. Luego, viendo dónde, en el primer instante mucho fastidio: hice el favor de llevar a una persona a Madrid y luego continué ruta hacia mi pueblo guiado por el GPS, pero este, sin percatarme yo, (no conozco mucho la ciudad, aunque llevo por aquí más de veinte años), me introdujo en una zona para mí desconocida y que resulta estar por poco dentro de la “almendra central”, pero solo lo he sabido ahora al llegar la comunicación. Es zona de bajas emisiones de contaminación y supone multa de 200 €, si entro con mi coche, que es normalillo (no imaginaba que era tanto; la mitad por pronto pago). Además, aquel día, aquello me hizo perder veinte minutos (y gasolina) y llegar tarde a mi pueblo a dar el relevo a mi hermana con mi madre.

         Sentí herido mi prurito de procurar circular siempre bien. Me fastidió perder tontamente el dinero; ¡y más sin tener culpa! Pero al instante reaccioné diciéndole a Jesús: “Tú, Señor, eres mi único Bien; ni aquello, ni lo otro; Tú, mi Bien”. De vez en cuando me lo tenía que repetir a lo largo del día y de nuevo me quedaba paz. “No importa; solo Tú importas, y también no dejar de amar ni de sonreír”.

 

2b.-     Tenía yo que hacer dos gestiones por sede electrónica para solicitar subvención para las costosas obras de reparación de las goteras de la iglesia.

Perdí más de dos horas: esa mañana no funcionaba con rapidez nuestro ordenador y parecía, además, que la web del sitio oficial tampoco estaba muy allá.

Ante cada proceso ralentizado del ordenador y ante cada uno de los pasos fallidos avanzando pantallas, me repetía en voz alta: “Tú, Señor, eres mi único Bien”. No perdí la paz, y me ayudó a estar unido con Dios. Buen modo de emplear la mañana, aunque no logré hacer la gestión. Por la tarde, una de ellas, sí, en pocos segundos; la otra sigue atascada y he buscado otro modo de intentar presentarla. “Confío en Ti, Señor; si quieres que nos den la subvención”. “Tú, eres mi único Bien, no el tiempo empleado”.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de febrero («Mira que hago nuevas todas las cosas», Ap 21, 5), la de enero («Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados», Ef 4, 4) y la de diciembre («Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios», Is 52, 10):

1.-        por desconocimiento, en el jardín de nuestra parcela cortamos un árbol que no tenía posibilidad de prosperar, pero luego sospeché que podría estaba penado con una sanción elevada, (que no podríamos pagar).

Tenía la posibilidad de justificarlo totalmente contando una mentira cuando viniera la inspección. Pasé unos días muy preocupada, pidiendo luz porque no quería de ninguna manera decir algo que no fuese verdad.

Cuando vino el técnico comencé  a contarlo y me paró casi antes de hablar yo, y viendo en el jardín el pequeño tocón comentó que ese hecho no tenía multa sin preguntar yo nada.

Lo que me tú dices: "es la prueba de que cuando queremos dar la cara por Dios, y Él es la Verdad, Él la da por nosotros y, en su momento, actúa".

 

2.-        en enero tuve una dificultad con mi párroco;  yo seguí dirigiéndome a él, pero la relación estaba rota.

Estuve de ejercicios: fue  bonito y enriquecedor. Haciendo oración sentí, resonar en mí: “si el hermano tiene algo contra ti...”.

A nuestro pueblo solo de vez en cuando puede venir el sacerdote: ayer martes, había misa en la parroquia. Fui media hora antes, sabiendo que él estaría ya, con la intención de hablar con él.

La acogida fue incómoda y tensa, pero yo hablé con el corazón. Le dije que me había sentido ofendida, (no que él me ofendiera): expliqué mi punto de vista y el porqué de mi actuación. Después él me dijo que su intención no era esa que yo percibí. Me habló de su carácter. Yo le había devuelto la llave de la iglesia, pero me dijo que allí la tenía y podía seguir yo abriendo y cerrando. Él parece quizá muy seco y distante, pero me sorprendió con un beso y un abrazo. Él es más joven que mis hijos y he sentido solo su amor, la certeza de que no quedaba resentimiento en nuestros corazones.

 

3.-        …me encontraba a veces en el mismo vagón a un conocido. Su mujer quería hacerme llegar un encargo con él, pero como hacía varias semanas que yo no lo veía, supuse que subía en otro vagón porque quería aprovechar los trayectos para leer, estudiar o rezar.

Así que, cuando ese día me entregó el recado, en vez de ponerme a hablar como anteriormente, prudentemente le dije: “mira, si no te importa, me gustaría terminar mi oración durante el trayecto”. Ante eso, me dijo que no había problema y noté que en el fondo se alegró y en seguida sacó su Biblia o para estudiar o para meditar….

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