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lunes, 30 de septiembre de 2024

SERVIR ES AMAR, SERVIR ES REINAR

 PALABRA DE VIDA                     octubre 2024


«El que quiera llegar a ser grande entre vosotros

sea vuestro servidor,

y el que quiera ser el primero entre vosotros

sea esclavo de todos»

(Mc 10, 43-44)

De camino hacia Jerusalén, Jesús prepara por tercera vez a sus discípulos para el evento dramático de su pasión y muerte, pero precisamente quienes más de cerca lo han seguido se muestran incapaces de entender.

Es más, entre los mismos apóstoles se desata el conflicto: Santiago y Juan piden ocupar puestos de honor «en su gloria» (cf. Mc 10, 37), los demás se indignan y reclaman, y el grupo está dividido.

Entonces Jesús, con paciencia, los llama a todos consigo y les revela una vez más la perturbadora novedad de su anuncio».

 

«El que quiera llegar a ser grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será esclavo de todos».

 

En esta frase del Evangelio de Marcos hay un crescendo en la imagen del siervo-esclavo. Jesús nos lleva desde una actitud de mera disponibilidad en un grupo limitado y tranquilizador, a una dedicación total a todos sin excepción.

Una propuesta totalmente alternativa y a contracorriente respecto a la concepción humana de la autoridad y del gobierno que quizá atraía a los propios apóstoles y que nos contagia también a nosotros.

¿Será este el secreto del amor cristiano?

«Hay una palabra del Evangelio que los cristianos no subrayamos lo suficiente: servir. Nos parece anticuada e impropia de la dignidad del hombre, que da y que recibe. Sin embargo el Evangelio está todo ahí, porque es amor. Y amar significa servir. Jesús no vino para mandar sino para servir. […] Servir, servirse mutuamente es cristianismo, y quien lo hace con sencillez –y todos lo pueden hacer– lo ha hecho todo; y no un todo que se queda ahí, sino que, porque es cristianismo vivo, se propaga como un incendio»[1].

 

«El que quiera llegar a ser grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será esclavo de todos».

 

El encuentro con Jesús en su Palabra nos abre los ojos, como le sucede al ciego Bartimeo en los versículos siguientes (cf. Mc 10, 46-52): nos libera de la estrechez de nuestros esquemas, nos hace contemplar los horizontes de Dios mismo, su proyecto de «nuevos cielos y nueva tierra» (2 P 3, 13).

Él, el Señor que lava los pies (cf. Jn 13, 14) contradice con su ejemplo la rigidez de las tareas de servicio que nuestras comunidades civiles –y a veces las religiosas– reservan a categorías de personas socialmente frágiles.

Así, el servicio cristiano es imitar el ejemplo de Jesús, aprender de él un estilo nuevo de «socialidad»: hacerse prójimo de toda persona, en cualquier condición humana, social o cultural y hasta el fondo.

Como sugiere Giovanni Anziani, pastor metodista de la Iglesia Valdense, «[…] aceptando volver a poner nuestra confianza y nuestra esperanza en el Señor, que es siervo de las multitudes, la Palabra de Dios nos pide que actuemos, en nuestro mundo y en medio de todas sus contradicciones, como agentes de la paz y de la justicia, como constructores de puentes para la reconciliación entre los pueblos»[2].

Así vivió Igino Giordani, escritor, periodista, político y padre de familia, en un momento histórico marcado por la dictadura. Para expresar su experiencia, escribe: «La política es –en el sentido cristiano más digno– una sierva, y no debe convertirse en amo: no hacerse abuso ni dominio ni tampoco dogma. Aquí está su función y su dignidad: en ser servicio social, caridad en acción: la primera forma de la caridad de patria»[3].

Con el testimonio de su vida, Jesús propone una opción consciente y libre: no vivir ya replegados sobre nosotros mismos y nuestros intereses sino «vivir el otro», con sus sentimientos, llevando sus pesos y compartiendo sus alegrías.

Todos tenemos pequeñas o grandes responsabilidades y espacios de autoridad: en el campo político y social, pero también en la familia, en los estudios, en la comunidad de fe. Aprovechemos nuestros «puestos de honor» para ponernos al servicio del bien común, construyendo relaciones humanas justas y solidarias. 

LETIZIA MAGRI y el equipo de la Palabra de vida

 


[1] Cf. C. Lubich, «Servir», en Ciudad Nueva n. 4 (1973), p. 17.

[3] P. Mazzola (ed.), Perle di Igino Giordani, Effatà, Turín 2019, p. 112.

martes, 17 de octubre de 2023

ORAR POR LA PAZ

    Estos textos para “refrescar” la Palabra de Vida del mes (Pues lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios) y renovar la intensidad en vivir de ella en este mes del Rosario, de las misiones, del Sínodo ¡y de la paz!

Hoy 17 de octubre, nos unimos a la Jornada de oración y ayuno por la paz en Oriente Medio y en los otros 22 conflictos armados que desde hace tiempo se desarrollan en distintos lugares del mundo.

 

 

 

JUNTOS A LA ESCUCHA DEL ESPÍRITU SANTO 

proceso sinodal, un camino en el que toda la Iglesia está comprometida en torno al tema: «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión», tres pilares. Están previstas tres fases, que se desarrollarán entre octubre de 2021 y octubre de 2023. Este itinerario ha sido concebido como un dinamismo de escucha mutua, quiero subrayarlo: un dinamismo de escucha mutua, llevado a cabo en todos los niveles de la Iglesia, implicando a todo el pueblo de Dios… 

Se trata de escuchar al Espíritu Santo, como encontramos en el libro del Apocalipsis: «El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias» (2,7)… Tener oídos, escuchar, es el primer compromiso. Se trata de escuchar la voz de Dios, de captar su presencia, de interceptar su paso y su soplo de vida…

La Iglesia avanza, camina junta, es sinodal. Pero siempre es el Espíritu el gran protagonista de la Iglesia... No olvidéis esta fórmula: “Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros no imponeros más cargas”: hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros. Así es como debéis intentar expresaros, en este camino sinodal. Si no está el Espíritu, será un parlamento…, pero no un Sínodo… No estamos haciendo un parlamento…, no estamos haciendo un estudio sobre esto o aquello, no: estamos haciendo un camino de escucha mutua y de escucha del Espíritu Santo, de discusión y también de discusión con el Espíritu Santo, que es una forma de orar…

Es verdad: el Espíritu Santo nos necesita. Escuchadlo escuchándoos a vosotros mismos. No dejéis a nadie fuera o detrás… Las soluciones deben buscarse dando la palabra a Dios y a sus voces en medio de nosotros; rezando y abriendo los ojos a todo lo que nos rodea; viviendo una vida fiel al Evangelio...

Tened confianza en el Espíritu. No tengáis miedo de entrar en diálogo y dejaros impactar por el diálogo...

Los pastores caminan con el pueblo, a veces delante, a veces en medio, a veces detrás. El buen pastor tiene que moverse así. Delante para guiar, en medio para animar y no olvidar el olor del rebaño, detrás porque el pueblo tiene también "instinto". Tienen un instinto para encontrar nuevos caminos hacia adelante, o para encontrar el camino perdido... El sensus fidei capacita a todos en la dignidad de la función profética de Jesucristo (cf. Lumen gentium, 34-35), para que puedan discernir cuáles son los caminos del Evangelio en el presente… No puede haber sensus fidei sin participación en la vida de la Iglesia, que no es sólo activismo católico, sino ese “sentimiento” que se alimenta de los «sentimientos de Cristo» (Flp 2,5)...

Y esto es importante: que en el diálogo puedan surgir nuestras propias miserias, sin justificación. ¡No tengáis miedo!...

 

PAPA FRANCISCO, Discurso a los fieles de la diócesis de Roma,

Aula Pablo VI, 18 de septiembre de 2021

 

 

 

 

SíNODO = CAMINAR JUNTOS

La palabra “sínodo” contiene todo lo que necesitamos entender: “caminar juntos” (…) Caminar juntos —laicos, pastores, obispo de Roma— es un concepto fácil de expresar con palabras, pero no es tan fácil ponerlo en práctica…

Una Iglesia sinodal es una Iglesia de la escucha, con la conciencia de que escuchar es más que oír. Es una escucha recíproca en la cual cada uno tiene algo que aprender… 

PAPA FRANCISCO, Discurso en la conmemoración del 50 aniversario

de la institución del Sínodo de los obispos, 17 octubre 2015

 

 

 

S. JUAN PABLO II SOBRE LA PAZ

 

"La verdadera reconciliación entre hombres enfrentados y enemistados solo es posible, si se dejan reconciliar al mismo tiempo con Dios".

 

"No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón".

 

"La auténtica religión no apoya el terrorismo y la violencia, sino que busca promover de toda forma posible la unidad y la paz de la familia humana".

 

"La guerra es siempre una derrota de la humanidad".

 

  

 

S. JUAN XXIII SOBRE LA PAZ

“Nada de lo que ocurra a los hombres nos debe resultar ajeno”.

“La justicia se defiende con la razón y no con las armas. No se pierde nada con la paz y puede perderse todo con la guerra.”

“La paz en la tierra, suprema aspiración de toda la humanidad a través de la historia, es indudable que no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios.” 

“La paz sólida y verdadera entre naciones no consiste en la igualdad de armamento, sino en la confianza mutua”.

 

 

 

SIERVO DE DIOS IGINO GIORDANI (1894-1980)

SOBRE LA PAZ 

Si quieres la paz, prepara la paz”.

«Si otros odian, no es razón para que nosotros también odiemos. Vencemos el mal con el bien; la enfermedad con la salud; oponemos a la hostilidad la caridad: éste es el mandamiento de Dios»

En su libro «La inutilidad de la guerra», reflexiona sobre la naturaleza de la guerra moderna y su falta de sentido. Argumenta que la guerra en la actualidad ya no cuenta ni victorias ni derrotas, sino que todo son derrotas.



Giordani creía que la guerra era una de las mayores tragedias de la humanidad, y que se debía hacer todo lo posible para evitarla. Según él, la guerra es una manifestación de la falta de civilización y de la incapacidad de las sociedades para resolver conflictos de manera pacífica y justa.

En este sentido, propuso una solución radical para evitar la guerra: en lugar de gastar recursos en armamento y en la preparación para la guerra, se deberían invertir esos recursos en eliminar las causas de los conflictos y de las tensiones entre países. Esto implicaría un aumento del bienestar, la paz y la civilización, y por lo tanto, un aumento de la vida.

Giordani entendía que esto no era fácil, pero creía que era posible si se establecían medidas políticas y económicas adecuadas. En particular, él destacó la importancia de la educación y la promoción de los valores de paz y justicia social, así como la necesidad de una cooperación internacional efectiva para abordar los problemas globales.

En su libro «La inutilidad de la guerra», reflexiona sobre la naturaleza de la guerra moderna y su falta de sentido. Giordani argumenta que la guerra en la actualidad ya no cuenta ni victorias ni derrotas, sino que todo son derrotas.

La guerra moderna es «inútil» y «maldita», ya que no se trata de una lucha por la justicia o la libertad, sino más bien de un conflicto sin sentido que solo causa dolor y sufrimiento a todos los involucrados. Giordani señala que la guerra moderna se ha convertido en una actividad cada vez más destructiva y deshumanizadora, donde el objetivo no es tanto ganar la guerra como infligir el mayor daño posible al enemigo.

Además, el autor sostiene que la guerra moderna se ha vuelto cada vez más costosa e ineficiente en términos de recursos y vidas humanas. Las tecnologías militares avanzadas han aumentado el costo de la guerra y la hacen aún más inútil, ya que no hay un verdadero ganador en un conflicto que causa tanto daño y destrucción.

En última instancia, Giordani argumenta que la única forma de poner fin a la inutilidad de la guerra es a través de la educación y la promoción de valores como la justicia, la tolerancia y el respeto por los derechos humanos. Solo cuando la sociedad en general comience a valorar la vida humana por encima de todo lo demás, y a renunciar a la violencia como medio para resolver conflictos, podremos comenzar a avanzar hacia un mundo más pacífico y justo.


jueves, 1 de junio de 2023

TENED UN MISMO SENTIR Y PAZ

 PALABRA DE VIDA                                        junio 2023

 

 

«Alegraos, sed perfectos, animaos;

tened un mismo sentir; vivid en paz,

y el Dios de la caridad y de la paz estará con vosotros»

(2 Co 13, 11)

 

El apóstol Pablo ha seguido con amor el desarrollo de la comunidad cristiana en la ciudad de Corinto; la ha visitado y sostenido en momentos difíciles.

Sin embargo, en un momento dado debe defenderse, con esta carta, de acusaciones de otros predicadores para quienes el estilo de Pablo era discutible, pues no pedía retribución por su trabajo misionero, no hablaba según los cánones de la elocuencia ni se presentaba con cartas de recomendación que afirmasen su autoridad, y proclamaba que comprendía y vivía su propia debilidad a la luz del ejemplo de Jesús.

Con todo, al concluir su carta, Pablo entrega a los corintios un llamamiento lleno de confianza y esperanza:

 

«Alegraos, sed perfectos, animaos; tened un mismo sentir; vivid en paz, y el Dios de la caridad y de la paz estará con vosotros».

 

La primera característica que salta a la vista es que sus exhortaciones están dirigidas a la comunidad en su conjunto como lugar en el que se puede experimentar la presencia de Dios. Todas las debilidades humanas que dificultan la comprensión recíproca, la comunicación leal y sincera, la concordia respetuosa de la diversidad de experiencias y de pensamiento pueden ser sanadas por la presencia del Dios de la paz.

Pablo sugiere ciertos comportamientos concretos y coherentes con las exigencias del evangelio: procurar realizar el proyecto de Dios sobre cada uno y sobre todos, como hermanos y hermanas; poner en circulación el mismo amor consolador de Dios que hemos recibido; cuidar los unos de los otros, compartiendo las aspiraciones más profundas; acogerse mutuamente, ofreciendo y recibiendo misericordia y perdón; alimentar la confianza y la escucha.

Son opciones que dependen de nuestra libertad y que a veces requieren la valentía de ser «signo de contradicción» respecto a la mentalidad corriente.

Por eso, el Apóstol recomienda también animarse mutuamente en este esfuerzo. Para él lo que vale es custodiar y testimoniar con alegría el valor inestimable de la unidad y de la paz, en la caridad y en la verdad. Todo, siempre, basado en la roca del amor incondicional de Dios, que acompaña a su pueblo.

 

«Alegraos, sed perfectos, animaos; tened un mismo sentir; vivid en paz, y el Dios de la caridad y de la paz estará con vosotros».

 

Para vivir esta Palabra de vida, miremos también nosotros, como Pablo, al ejemplo y los sentimientos de Jesús, que vino a traernos su propia paz (cf. Jn 14, 27). Y esa «[…] no es solo ausencia de guerra, de disputas, divisiones o traumas. […]: es plenitud de vida y de alegría, es salvación integral de la persona, es libertad, es fraternidad en el amor entre todos los pueblos. […] Y ¿qué hizo Jesús para darnos “su” paz? Pagó en persona. […] Medió entre los contendientes, cargó con los odios y las separaciones, derribó los muros que separaban a los pueblos (cf. Ef 2, 14-18). […]

»Construir la paz requiere también de nosotros un amor fuerte, capaz de amar incluso a quien no nos corresponde, capaz de perdonar, de superar la categoría de enemigo, de amar la patria del otro como la propia. […] Además exige de nosotros un corazón y unos ojos nuevos para amar y ver que todos son candidatos a la fraternidad universal. […] “El mal nace del corazón del hombre –escribía Igino Giordani–, y para apartar el peligro de la guerra hace falta desterrar el espíritu de agresión, de explotación y egoísmo del que procede la guerra: hace falta reconstruir una conciencia[1]»[2].

Bonita Park es un barrio de Hartswater, localidad agrícola de Sudáfrica. Como en el resto del país, persisten los efectos heredados del régimen del Apartheid, sobre todo en el ámbito educativo: el nivel escolar de los jóvenes miembros de las comunidades negras y mestizas es muy inferior al del resto de grupos étnicos, con el consiguiente riesgo de marginación social.

El proyecto The Bridge nace para crear una mediación entre los distintos grupos étnicos del barrio y compensar los desfases y diferencias culturales con la creación de un plan de refuerzo escolar y un pequeño espacio común: un lugar de encuentro entre culturas diversas para niños y adolescentes. La comunidad demuestra un gran deseo de trabajar juntos: Carlo ha ofrecido su vieja camioneta para recoger la madera con la que han fabricado los bancos, y el director de la escuela primaria más cercana ha regalado estanterías, cuadernos y libros. Por su parte, la Iglesia Reformada Holandesa ha donado cincuenta sillas. Cada uno ha hecho su parte para reforzar cada día más este puente entre culturas y etnias[3].

 

Letizia Magri y el equipo de la Palabra de vida



[1] I. Giordani, L’inutilità della guerra, Roma 20032, p. 111.

[2] Cf. C. Lubich, Palabra de vida, enero de 2004: Ciudad Nueva n. 405 (1/2004), p. 22.

[3] Cf. https://www.unitedworldproject.org/es/workshop/voces-ser-el-cambio-en-sudafrica-2/.


viernes, 16 de noviembre de 2018

ABRIR LAS PUERTAS DEL CORAZÓN A JESÚS

Unos textos para renovar el empuje en practicar la Palabra de Vida de noviembre («Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo»):




ESCUCHAR LA VOZ DEL SEÑOR, 
QUE LLAMA

Es laudable nuestro deseo de contentar a todos, pero ello no es siempre posible y nos "encadena". Es preferible escuchar la Voz que guía sabiamente nuestra conciencia. Solo contentar a Dios deja contentos.

Manolo Morales, o.s.a, Comentario al Pasapalabra diario




HAMBRE DE SANTIDAD

Pienso en aquel genio de santidad que fue Catalina de Siena: ella hacía ver -y experimentar- que la santidad es de todos; que les interesa a todos y que, en el fondo, les gusta a todos, según la invitación que hizo el Señor a sus discípulos de ser perfectos aquí en la tierra, como es perfecto el Padre del Cielo… Cuando se les propone a los profesionales y a los obreros, hombres y mujeres, emanciparse del subproletariado espiritual para elevarse a las alturas de la contemplación, la respuesta es generosa: la gente tiene hambre de santidad como tiene hambre de pan.

IGINO GIORDANI, La Iglesia de la contestación, Ciudad Nueva, Roma, 1970, pág. 102




CADA MINUTO CUENTA PARA SER SANTOS

Los santos no quieren perder tiempo: cada minuto -donde sea y como sea- es útil para la contemplación; es decir, para construir un templo absoluto (cum templo) divino y humano, espiritual y material. Cuando alguien le preguntaba a San Antonio Abad, en el desierto, lo que debía hacer para ser santo, él respondía: “¡trabaja!”.

IGINO GIORDANI, Laicado y sacerdocio, Ciudad Nueva, Roma, 1964, pág. 61





VENCER NUESTROS TEMORES 
CON EL AMOR

Existen técnicas terapéuticas que nos ayudan a vencer muchos temores que son fruto sólo de nuestra imaginación.
Existe una que es infalible: la técnica del amor.
Amar significa salir de uno y pensar en el otro. Casi sin percibirlo, vencemos muchos de nuestros temores, porque nuestra mente está ocupada con algo más importante, con el amor al prójimo.
Incluso cuando el temor es real, por alguna situación concreta, el amor nos da paz y serenidad para resolver el problema, pues quien ama ve: ve la solución y no el problema.
En cada circunstancia problemática, podemos reflexionar primeramente sobre cómo podemos amar más y mejor; después, seguramente, tendremos la luz para resolver cualquier dificultad.
El amor vence todo, vence cualquier temor.

Apolonio Carvalho Nascimento





miércoles, 17 de mayo de 2017

CON NOSOTROS HASTA EL FIN

Comparto estos textos para reforzar el vivir la Palabra del mes («Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo», Mt 28, 20), continuando también en la vivencia de la cincuentena pascual y del mes de María: 

VIVIR PARA QUE LA HUMANIDAD
SE CONVIERTA EN UNA FAMILIA

Salvar la familia es salvar la civilización. El estado está compuesto por familias; si éstas decaen, también aquél vacilará...
…Los esposos se convierten en colaboradores de Dios al dar a la humanidad vida y amor… Amor que desde la familia se extiende a la profesión, a la ciudad, a la nación, a la humanidad, propagándose como una onda en círculos concéntricos hasta el infinito. Desde hace veinte siglos arde una inquietud revolucionaria, encendida por el Evangelio, y pide amor...

IGINO GIORDANI (1894-1980)





EL RESUCITADO EN MEDIO DE NOSOTROS

"Yo estoy con vosotros siempre, hasta la consumación del mundo". A punto de dejar este mundo, Jesús reunió a sus apóstoles en torno a Sí por última vez. Durante su vida terrena les había dedicado sus más valiosas energías para unirlos a Sí cada vez más y de este modo fuesen con Él una cosa sola. Y ahora, despidiéndose de ellos, les envía al mundo con sus plenos poderes para continuar su misión, que es anunciar el Evangelio y reunir a toda la humanidad en su amor, como una sola gran familia.
Los apóstoles encontrarán muchas resistencias y dificultades. Pero Jesús los tranquiliza. Si bien ya no lo volverán a ver durante su vida terrenal, Él permanecerá siempre con ellos para guiarles y sostenerles. Será Él quien los mantenga unidos incluso cuando se dispersen por el mundo para que siempre sean una sola mente y un solo corazón con Él. Y será Él quien actúe a través de sus actividades apostólicas.
Estas palabras que cierran la vida de Jesús, no por casualidad nos recuerdan aquella realidad que constituye la fuente de toda la vida y la fecundidad de la Iglesia: la presencia continua de Jesús en medio, no sólo de los apóstoles y de sus sucesores, sino también en medio de todos sus discípulos. Jesús no nos ha dejado, sino que, aunque no lo vemos con los ojos del cuerpo, está siempre en medio de nosotros. Él sigue iluminándonos con su Palabra, comunicándonos la vida divina mediante sus sacramentos (especialmente la Eucaristía), guiándonos mediante sus pastores. Jesús continúa santificando al mundo a través de sus discípulos unidos en su nombre.
Jesús nos envía también a nosotros para dar testimonio de su Evangelio en el ambiente en el que vivimos, pero también nosotros, al igual que los apóstoles, y sobre todo en estos tiempos, podemos advertir la gran dificultad de esta misión llegando a sentirnos casi aplastados por el ambiente de secularización y por la invasión del mal que nos rodea.
Ahora bien, Jesús quiere recordarnos que Él está siempre con nosotros. Quiere asegurarnos que será Él quien actúe a través de nosotros. Y si Él está en medio de nosotros, el mundo no nos dará miedo, porque Él ha vencido al mundo.
Naturalmente esta maravillosa y activa presencia de Jesús tiene una condición: que estemos unidos en su nombre.
…creando las condiciones para que Jesús esté siempre presente en medio de nosotros. Por tanto, nos ayudaremos mutuamente a vivir su Palabra, sobre todo el mandamiento del amor recíproco. Prestaremos mayor atención a todo aquello que pueda acrecentar la unidad con nuestros pastores y en nuestras comunidades. Y las ocasiones son muchas...
…Es Él, el resucitado en medio de nosotros, quien puede devolver al mundo la esperanza.
Con su ayuda, fuertes por su presencia, ¡vayamos! ¿A dónde? A donde Él nos lleve, a donde su voluntad nos indique: al trabajo, a casa, al colegio, etc. Y, a donde quiera que vayamos, llevémosle a Él presente entre nosotros.

CHIARA LUBICH, Comentario a Mt 18,20, enero 1992







jueves, 16 de junio de 2016

LA PAZ REQUIERE PERDÓN

Te ofrezco algunos textos que nos ayuden a meditar y poner en práctica mejor la Palabra de Vida de junio («Vivid en paz unos con otros», Mc 9, 50):

SABER PARARSE CON EL PRÓJIMO

¿La abundancia de mensajes, imágenes, sonidos ha llegado a hacernos impermeables? ¿Somos capaces de escuchar todavía?
A veces, se escribe, porque nadie te escucha: facebook y los diarios de los adolescentes lo confirman.
Escuchar es un esfuerzo: con relación a sentir, escuchar es un acto de voluntad. Vienen ganas de decir que, teniendo dos orejas y una boca, deberíamos escuchar el doble y hablar la mitad.
Tener alguien que te escuche es importante. Un ser humano no puede guardarse todo dentro de sí.
Lo que ha sucedido hay que entregarlo a los otros.
El pasado, si se revela, quita peso, aligera.
Manifestarse es ayudarse y ayudar al mismo tiempo.
Es derramar la memoria de la propia vida, pasarla a los otros, como las tejas se van pasando el agua.
Así como una mano lava la otra, confiarse libera la conciencia, a quien ofrece su propio presente o el propio pasado y a quien lo recibe.
Escuchar bien es casi responder. Escuchar, evidentemente, significa comprometernos con nosotros mismos y con los otros. ¿De esto tenemos miedo?

UNIVERSITÀ SOPHIA ONLINE – www.iu-sophia.org 






Amar y perdonar son el signo concreto y visible que la fe ha transformado nuestro corazón.

Papa Francisco (@Pontifex_es)






DISCULPAR SIEMPRE

Saber disculparse. 
Quizás demasiado a menudo infravaloramos los efectos de esta actitud. 
Quizás, sencillamente, no somos capaces de ello. 
Quizás nadie lo ha hecho nunca con nosotros. 
Quizás nos esperemos que lo hagan los demás. 
Quizás llevemos dentro heridas que sólo se cierran después de haber recibido excusas o quizás sólo después de haberlas  pedido.
«Disculparse no siempre significa que te has equivocado y que el otro tiene razón. Significa sencillamente que te preocupa más aquella relación que tu orgullo», escribe el actor y presentador televisivo Fabio Volo. 
¡Quizás… podemos probar!

Revista Città Nuova


sábado, 28 de febrero de 2015

CON SU CRUZ, ME SIGA

PALABRA DE VIDA                                    Marzo 2015

«El que quiera venir en pos de mí,
que se niegue a sí mismo,
que cargue con su cruz y me siga»
(Mc 8, 34)
Durante su viaje al norte de Galilea, por los pueblos en torno a la ciudad de Cesarea de Filipo, Jesús pregunta a sus discípulos qué piensan de él. Pedro confiesa en nombre de todos que él es el Cristo, el Mesías esperado desde hace siglos. Para evitar equívocos, Jesús explica claramente cómo pretende llevar a cabo su misión.
Liberará a su pueblo, pero de un modo inesperado, pagando con su persona: deberá sufrir mucho, ser reprobado, ejecutado y, al cabo de tres días, resucitar. Pedro no acepta esta visión del Mesías –como tantos otros de su tiempo, se imaginaba una persona que actuaría con poder y fuerza derrotando a los romanos y poniendo a la nación de Israel en el lugar que le correspondía en el mundo– e increpa a Jesús, quien a su vez lo reprende: «¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!» (cf. 8, 31-33).
Jesús se pone de nuevo en camino, esta vez hacia Jerusalén, donde se cumplirá su destino de muerte y resurrección. Ahora que sus discípulos saben que va para morir, ¿querrán seguir con él? Las condiciones que Jesús pide son claras y exigentes. Convoca a la muchedumbre y a sus discípulos en torno a él y les dice:

«El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga».

Se habían quedado fascinados por él, el Maestro, cuando había pasado por las orillas del lago mientras echaban las redes para pescar o estaban en el mostrador de los impuestos. Sin dudarlo habían dejado barcas, redes, mostrador, padre, madre, casa y familia para ir detrás de él. Lo habían visto hacer milagros y habían
oído de él palabras de sabiduría. Hasta aquel momento lo habían seguido llenos de alegría y entusiasmo.
Sin embargo, seguir a Jesús resultaba ser una tarea aún más comprometida. Ahora se veía claramente que significaba compartir plenamente su vida y su destino: el fracaso y la hostilidad, incluso la muerte, ¡y vaya muerte! La más dolorosa, la más infamante, la que estaba reservada a los asesinos y a los delincuentes más despiadados. Una muerte que las Sagradas Escrituras tildaban de «maldita» (cf. Dt 21, 23). Ya solo el nombre de la «cruz» infundía terror, era casi impronunciable. Es la primera vez que esta palabra aparece en el Evangelio. ¡Qué impresión habrá dejado en quienes lo escuchaban!
Ahora que Jesús ha afirmado claramente su identidad, puede mostrar con la misma claridad la de sus discípulos. Si el maestro es el que ama a su pueblo hasta morir por él, cargando con la cruz, también sus discípulos, para serlo, deberán dejar de lado su modo de pensar para compartir totalmente el camino de su maestro, comenzando por la cruz:

«El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga».

Ser cristianos significa ser otros Cristo: tener «los sentimientos propios de Cristo Jesús», el cual «se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz» (Flp 2, 5.8); ser crucificados con Cristo, hasta poder decir con Pablo: «no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí» (Ga 2, 20); no saber «cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado» (1 Co 2, 2). Jesús sigue viviendo, muriendo y resucitando en nosotros. Es el deseo y la ambición más grande del cristiano, la que ha forjado grandes santos: ser como el Maestro. Pero ¿cómo seguir a Jesús para llegar a ser así?
El primer paso es «negarse uno mismo», distanciarme de mi propio modo de pensar. Era el paso que Jesús le había pedido a
Pedro cuando le reprochaba que pensase como los hombres y no como Dios. También nosotros, como Pedro, a veces queremos afirmarnos de manera egoísta, o por lo menos siguiendo nuestros criterios. Buscamos el éxito fácil e inmediato, exento de cualquier dificultad, miramos con envidia a los que prosperan, soñamos con tener una familia unida y con construir en torno a nosotros una sociedad fraterna y una comunidad cristiana sin tener que pagar caro por ello.
«Negarse uno mismo» significa entrar en el modo de pensar de Dios, el que Jesús nos indicó con su modo de actuar: la lógica del grano de trigo, que debe morir para dar fruto, de encontrar más alegría en dar que en recibir, de ofrecer la vida por amor; en una palabra, de cargar cada uno con su cruz.

«El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga».

La cruz –la de «cada día», como dice el Evangelio de Lucas (9, 23)– puede tener mil caras: una enfermedad, el quedarse sin trabajo, la incapacidad de gestionar los problemas familiares o profesionales, la sensación de fracaso por no saber crear relaciones auténticas, la sensación de impotencia ante los grandes conflictos
mundiales, la indignación por los escándalos recurrentes en nuestra sociedad… La cruz no hay que buscarla; nos sale al encuentro por sí sola, y precisamente cuando menos lo esperamos y de un modo que nunca nos habríamos imaginado.
Jesús nos invita a «cargar» con ella en lugar de sufrirla con resignación como un mal inevitable, de dejar que nos caiga encima y nos aplaste, o incluso de soportarla de modo estoico y desprendido. Más vale acogerla como un modo de compartir su
cruz, como posibilidad de ser sus discípulos incluso en esa situación y de vivir en comunión con él también en ese dolor, porque él fue el primero en compartir nuestra cruz. Porque cuando Jesús cargó con la cruz, con ella tomó sobre sus hombros todas nuestras cruces. En cualquier dolor, tenga el rostro que tenga, podemos, pues, encontrar a Jesús, que ya lo ha hecho suyo.
Así ve Igino Giordani la inversión del papel de Simón de Cirene, que lleva la cruz de Jesús: la cruz «pesa menos si Jesús hace de Cireneo con nosotros». Y pesa aún menos, continúa, si la
llevamos juntos. «Una cruz llevada por una criatura, al final aplasta; llevada juntos por varias criaturas teniendo en medio a Jesús o tomando como Cireneo a Jesús, se vuelve ligera: yugo suave. Una escalada en cordada, entre muchos, concordes, se convierte en una fiesta, y a la vez procura una ascensión».
Así pues, tomar la cruz para llevarla con él, sabiendo que no la llevamos solos porque él la lleva con nosotros, es relación, es pertenencia a Jesús, hasta la plena comunión con él, hasta convertirnos en otros él. Así es como
seguimos a Jesús y nos convertimos en auténticos discípulos. Entonces la cruz será de verdad para nosotros, como para Cristo, «fuerza de Dios» (1 Co 1, 18), camino de resurrección. Encontraremos la fuerza en cada debilidad, la luz en cada oscuridad, la vida en cada muerte, porque encontraremos a Jesús.


N.B.: Aquí puedes encontrar también la Palabra de Vida 
en viñetas apara los niños, adaptada para adolescentes y jóvenes
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