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domingo, 31 de mayo de 2026

DEJARNOS IMPULSAR POR EL ESPÍRITU

 VIDA DE LA PALABRA                              últimas semanas de MAYO

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de mayo («“Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”», Jn 20, 21-22) y la de abril («Quédate con nosotros, porque atardece», Lc 24, 29): 

1.-        Los jueves tengo el programa “Una luz en tu vida”, de 4 minutos, en Radio María.

Cada semana, cuando faltan 4 días para el jueves, empiezo a darle vueltas, (¿qué hablar esta vez?, ¿cómo desarrollarlo…?), y se hace un pequeño nudo en el estómago conforme pasan las horas. Y más, las semanas en que van transcurriendo los días y, o bien no se me ocurre nada, o no encuentro tiempo, ¡o todo a la vez! Aunque el programa en sí es solo de entre 4 y 5 minutos, cuando ya por fin me viene la inspiración y me siento a escribir o directamente a preparar y grabar, siempre me lleva una hora y a veces casi dos.

            Hace un par de semanas, iba acercándose el día y no lograba sacar un hueco. Me iba fiando del Espíritu Santo, en diálogo interior con Él: tocaba hacer bien cada cosa y atender a cada persona, aunque eso suponía ir posponiendo la preparación y grabación. Y, me fiaba, como dice el Evangelio: “en su momento… se os sugerirá…”. Eso sí, había que estar en la Voluntad de Dios en cada instante…, aunque parecía que me iba “a pillar el toro”.

            Finalmente llegó el miércoles y… nada. Iba avanzando la mañana y surgían tareas parroquiales. Ya había que hacerlo sí o sí. Al final de la mañana logré despegarme un rato… y me vino el tema: ¡sobre el mismo Espíritu Santo! Sin duda también me inspiró Él mismo, pues yo dudaba sobre qué hablar. Conté sobre Él, un poco también desde mi experiencia. ¡Lo hice y envié!: ¡todo en menos de 20 minutos! Tiempo record. Providencial también, porque nada más enviarlo, en seguida empezaron otras llamadas de teléfono y requerimientos.

            Una vez emitido, siempre hay algunas personas que me escriben o llaman a lo largo del jueves, dándome un eco o un agradecimiento y lo que les ha parecido mi programa. Ese día los ecos fueron más numerosos y más hondos y cálidos.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de mayo («“Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”», Jn 20, 21-22), la de abril («Quédate con nosotros, porque atardece», Lc 24, 29) y la de marzo («Levantaos, no tengáis miedo», Mt 17, 7) y la de marzo («Levantaos, no tengáis miedo», Mt 17, 7): 

1.-        “yo sigo igual: me hice revisión y todo sigue igual; siempre dando gracias a Dios, llevo ocho años ya operada de mi tercer cáncer cuando me desahuciaron y de cuando le conocí en el hospital de Villalba y ha sido para mí una gran ayuda con sus PdV, que tanto bien nos hacen a tantas personas.

El domingo pasado, Pascua del enfermo, recibí la Unción de Enfermos, ese Sacramento tan precioso que es vida y fuerza para seguir adelante con mi lucha. Estuve nerviosa toda la semana hasta que llegó el día: fue muy emocionante y precioso; mi hermana me acompañó y también lo recibió, pues también ha pasado un cáncer; es 9 años más joven que yo: éramos las más jóvenes. Salimos muy ilusionadas y contentas. Yo la he recibido más veces, (me la administró usted en el hospital), y, si Dios sigue conmigo, la recibiré el año que viene otra vez en la Pascua del enfermo.

Por lo demás, sigo bregando mucho, pues con marido y dos hijos ya mayores, hay mucho que hacer. Pero rezo mucho y tengo a mi Madre la Virgen María siempre ayudándome. He cumplido esta semana la edad de jubilación, pero todavía me valgo bien para hacer todo, y conduzco para ir a hacer mis compras, y si tengo que ir a la ciudad, cojo el bus. Gracias, Padre, por su buena fe y PdV.

 

2.-        “hoy releyendo todas las experiencias que te mandamos, (y tú nos compartes a todos), en mi corazón alabo a Dios y me siento Feliz.

Mi marido está a la espera del resultado de una prueba: nervioso y preocupado. Y yo procuro estar más atenta a sus necesidades, e intento que él me perciba tranquila, que lo estoy, pues estamos en manos del Dios que ni un solo cabello se nos cae sin que Él lo permita.

 

3.-        “estuve 15 días en mi tierra: falleció mi hermano. Yo estaba con mi marido en el médico cuando me avisaron que estaba muy malito.

En una carrera de Amor, mi hija y su marido me llevaron a la otra punta de la península.

Llegamos el viernes de madrugada, el sábado fuimos a estar con él. Mucha alegría: estaba vivo; me confortó el alma. Por la tarde lo vi empeorar: en un diálogo profundo con la sierva de Dios “Luminosa”, le ofrecí todo el sufrimiento, de mi hermano y su familia, en reparación de todas sus faltas y que ese sufrimiento purificara su alma. Y a las dos horas “partió” sin darse cuenta mi sobrino.

Después estuve unos días con el resto de mi familia. Con mi hermana que tiene cinco nietos a su cargo y hace comida para siete todos los días, con una secuelas de la polio, una cadera mal, un pie torcido, una pierna más corta que la otra…: toda una campeona.

 

4.-        “gracias por el correo “a mitad de mes”. Me ha llegado especialmente el texto sobre el Espíritu Santo como “dulce huésped del alma” y también el de Jesús Abandonado. Creo que este tiempo pascual lo estoy viviendo más desde la fragilidad y el cansancio, pero también desde una fe quizá más verdadera y menos teórica.

Me han emocionado mucho algunas experiencias, especialmente la de la mujer de 84 años. Hay personas que transmiten paz de verdad.

Y respecto al Papa, me gustaría mucho verle si finalmente me encuentro con salud y fuerzas para ir.

Gracias por seguir enviándonos estos correos con tanta constancia y cariño.

 

 

5.-        “¡Qué riqueza la de los textos elegidos para el correo “a mitad de mes”! Gracias de nuevo por todo.

Quiero recuperar la antigua costumbre de contarte experiencias vividas. He visto que has aprovechado lo que te decía en mi correo anterior: Dios te bendiga. La Virgen te acompañe siempre. Muchísimas gracias por todo. Acojo con entusiasmo tu envío para intentar vivir mejor el resto del mes.

 

 

6.-        “Cómo le escuchamos y le queremos, D. Paco!!! Se preocupó porque no recibía experiencias de vida... y veo que hemos respondido muchos a su llamada.

No tengo mucho que decir: la vida cotidiana de estar, y dar lo poco o mucho que soy... con todas mis fuerzas y mucho amor… y con el "motor" de la oración entregada a donde no puedo llegar de otra manera, por los que tienen necesidad, por los que sufren, por los que no conozco, por los que están lejos, por los que no me quieren en su vida, por los que me aman, por... y doy gracias a DIOS, que me AMA y no me retira su paz, su fuerza, su alegría!!! Llevo tiempo con bastantes problemas de salud, pero mi alma y mi mente están fuertes porque son Suyas.

 

7.-        “gracias por tus envíos. Me ayudan a vivir la PdV. Te mando un abrazo y la certeza de mi unidad. Dios te bendiga.

 

 

8.-        “leí el otro día el mail en que decías que no habías hecho el de “mitad de mes” por no tener experiencias de la gente y me tocaron mucho todas tus experiencias y la PdV de mayo.

Hoy he leído este otro mail y me ha dado aún más luz. Muy bonitas las meditaciones que has acompañado también. 

Te doy gracias por tu fidelidad en este compartir la Palabra, vivir el testimonio y la irradiación, y la unidad y la comunicación, que a mí me cuesta mucho (el ponerme a escribir).

También yo mando el pasapalabra diario a mucha gente en dos grupos de difusión de WhatsApp: uno en español y otro en inglés.  Luego alguna vez les escribo de manera individual a las personas con las que tengo contacto, pero llevo demasiada gente a la que "seguir".

8b.-     Con respecto a la PdV, el finde pasado cuando la volví a leer en tu mail y con las experiencias tuyas, sentí esa paz del Espíritu Santo en mí que me decía confiar en Él, por varias situaciones de salud que justo me surgieron la semana pasada. 

Su Luz me ayuda a comprometerme para hacer mejor Su voluntad (“y cada día mejor que ayer”, como decía Chiara Lubich), que en este tiempo es estudiar la oposición de maestra que tengo ya en junio-julio…, vivir mi relación con mi novio que vive en el extranjero, con los desafíos que conlleva. 

 


viernes, 1 de mayo de 2026

EL RESUCITADO EN MEDIO DONA EL ESPÍRITU SANTO

 PALABRA DE VIDA                                       mayo 2026


«“Como el Padre me envió, también yo os envío”.

Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”»

(Jn 20, 21-22)

Después de haberse aparecido a María de Magdala en la mañana de Pascua, al atardecer de aquel mismo día el Resucitado se presenta por primera vez entre sus discípulos. La reacción inmediata de ellos es de alegría, acrecentada por la paz, esa paz verdadera que solo Él puede dar (cf. Jn 14, 27): «La paz con vosotros» (v. 21). Alegría y paz son frutos del Espíritu[1]. De hecho Jesús les dice inmediatamente: «Recibid el Espíritu Santo» (v. 22).

 

«“Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”».

 

El Espíritu Santo no solo capacita a los discípulos para la misma misión que el Padre dio a Jesús, sino que los recrea como humanidad nueva. El gesto del Resucitado que sopló sobre ellos es el mismo que el Creador hizo en las narices del hombre, que formó con polvo del suelo (cf. Gn 2, 7). Así como la creación es obra continua del amor del Padre, que sostiene el universo entero, la nueva creación obrada por el Resucitado en el Espíritu Santo sostiene continuamente a la humanidad que está en camino hacia el Reino.

La Palabra de Vida de este mes nos recuerda que en nuestra existencia tenemos una gran posibilidad: convertirnos en otros Jesús. Y esto es verdad para cada uno de nosotros personalmente, pero aún más comunitariamente. Jesús habla en plural a sus discípulos, pues solo juntos, cada miembro con su peculiaridad, pueden repetir el cuerpo místico de Jesús.

 

«“Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”».

 

Así pues, como hijos en el Hijo, tenemos la misma vocación que Jesús: salidos del seno del Padre, estamos llamados a volver a Él y a repetir en el mundo sus gestos y sus palabras, acompañados por la gracia del Espíritu Santo. Si nos abrimos a este don, también nosotros podemos afirmar con Pablo: «Y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Ga 2, 20).

Entonces, esta palabra nos invita a profundizar nuestra relación con el Espíritu Santo, tanto en la oración como en la vida de cada día, «escuchando aquella voz» y recordando que «sin el Espíritu Santo, Dios resulta lejano, Cristo permanece en el pasado, el Evangelio es letra muerta, la Iglesia es una simple organización y la misión es propaganda. Pero con el Espíritu Santo, el cosmos se eleva y gime en el alumbramiento del Reino, Cristo resucitado está con nosotros, el Evangelio es poder de vida, la Iglesia significa comunión trinitaria y la misión es un nuevo Pentecostés»[2].

 

«“Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”».

 

Andrés es un adolescente en plena crisis existencial: sus dudas sobre el sentido de la vida, el miedo al futuro y su sensación de fragilidad le parecen montañas insuperables, y a menudo se siente desanimado e infeliz. Alguien le sugiere hablar con Chiara Lubich. Justo antes de hablar con ella, Andrés la oye pronunciar en voz baja «Espíritu Santo», y comprende que Chiara está rezando.

Durante el coloquio con ella se siente profundamente comprendido, escuchado tal como es. Y recobra la paz, no porque sus problemas hayan desaparecido de repente, sino porque ahora hay alguien con quien compartirlos.

«De Chiara no solo recibí una ayuda concreta –confiesa años más tarde–, sino que también aprendí un estilo: estar cerca de quien sufre con delicadeza y comprensión, sin juzgar, tal como haría Jesús».

Esto solo puede realizarlo el Espíritu Santo si lo acogemos y dejamos que actúe en nosotros.

CLAUDIO CIANFAGLIONI y el equipo de la Palabra de vida

 



[1] «El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia…» (Ga 5, 22).

[2] Ignacio IV Hazin, patriarca de la Iglesia Greco-Ortodoxa de Antioquía, Consejo Ecuménico de las Iglesias, Uppsala 1968.


viernes, 17 de mayo de 2024

EL ESPÍRITU SANTO: EL AMOR EN PERSONA

Te ofrezco unos textos que nos ayuden a profundizar e intensificar la vivencia de la Palabra de mayo («Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor», 1 Jn 4, 8):


 

EL ESPÍRITU SANTO NOS LLEVA A DIOS

 

…es precisamente el Espíritu Santo quien te dice: "Ama a Jesús en los hermanos, ama a Jesús en el sagrario, ama a Jesús en la jerarquía (de la Iglesia), ama a Jesús en los pobres". Por consiguiente, crecerá tu amor por Jesús.

Del mismo modo, el Espíritu Santo, que es el “esposo” místico de María -como dice el Papa (Juan Pablo II): “el esposo místico de María es el Espíritu Santo”- te revelará a María, la belleza de María. ¿Sabéis por qué? Porque la belleza de María es Él, es el Espíritu Santo. Ella está llena de Espíritu Santo, estaba acostumbrada a su acción.

Él descendió en la Anunciación y después descendió al Cenáculo  y Ella estaba allí. Estaba presente la primera y la segunda vez. Él es su belleza, Él es su esplendor.

Entonces, el Espíritu Santo os conducirá, sin duda, a esa unión… después a esa unión realmente íntima, sentida, porque el Ideal -que es el Espíritu Santo- la lleva a amar, a amar a los hermanos, y por consiguiente se encontrará después, en lo íntimo, la unión con Jesús.

Además, será también el Espíritu Santo quien la conducirá al amor al Padre, a amar al Padre; porque el Espíritu Santo es el alma de cada oración nuestra, de cada una de nuestras plegarias a Dios. Cuando sentimos deseos de unirnos un poco con Dios, incluso mediante una oración vocal normal, Él nos ayuda, nos motiva. Y la Escritura dice también que Él reza con nosotros, junto con nosotros. Él nos hace decir: “Padre”, porque Él ha hecho de manera que en nosotros esté Jesús y por eso, como está Jesús en nosotros, somos hijos -con Jesús Hijo- hijos del Padre y lo llamamos Padre. Pero todo es obra del Espíritu Santo...

 

CHIARA LUBICH, A los focolarinos/as externos, Castel Gandolfo, 24 de diciembre de 1989

 

 

 

 

LLENARSE DE AMOR DE DIOS

 

El amor de Dios no puede llenar un corazón que ya está lleno de otras cosas. Por lo tanto, para llenarnos, primero debemos vaciarnos.

Vaciarnos de todo lo que no sea amor: del odio, del rencor, del sentimiento de venganza, de la envidia; vaciarnos de los juicios y prejuicios.

Podemos vaciarnos incluso de cosas que nos parecen buenas, o al menos no nos parecen malas, pero que pueden ocupar el lugar de Dios en nuestro corazón.

Completamente vacíos de nosotros mismos, comencemos por cultivar el deseo de amar: amar a Dios y amar al prójimo. Después del deseo viene la acción, los gestos concretos.

Cuando menos lo esperemos, nuestro corazón estará lleno del amor de Dios.

 

APOLONIO CARVALHO, Comentario al Pasapalabra diario 3 mayo 2024

 

 

 

 

QUIEN AMA ES LIBRE

         Las penas de la vida pueden encerrar a una persona, mientras que el amor la libera. Una sesión de yoga no enseñará a un corazón a "sentir" la paternidad de Dios, ni un curso de espiritualidad zen lo hará más libre para amar. Todo esto nunca podrá darte la libertad de un niño. Sólo el Espíritu Santo tiene este poder. Es sólo el Espíritu Santo quien mueve tu corazón a decir 'Padre'...

 

PAPA FRANCISCO, Homilía de la Misa matinal, Casa Sta. Marta, 25 enero 2015

 

 

 

 

FAVORECER LA COMUNIÓN

 

El deseo de comunión surge espontáneamente en el corazón de quien ama. La comunión es fruto del amor y, antes de concretarse en acciones, fue respeto, tolerancia y diálogo. Esa es la lógica del amor mutuo.

La comunión no es una donación caritativa, es compartir lo que somos y lo que tenemos. A veces es dar y otras veces recibir.

Cuando lo practica un grupo de personas, el mundo que los rodea observa y dice: "¡Mira cómo se aman!".

Comunión: de bienes materiales, de dones espirituales, de ideas, de conocimientos, de necesidades, de sueños.

¡Comunión total! Siempre que sea fruto de un amor recíproco visible y apasionante, que anime a todos a practicarlo.

 

APOLONIO CARVALHO, Comentario al Pasapalabra diario, 1 mayo 2024

 

 

 

 


viernes, 1 de noviembre de 2019

HACERSE UNO CON EL OTRO EN SUS PENAS Y ALEGRÍAS

PALABRA DE VIDA                         noviembre 2019


«Alegraos con los que se alegran;
llorad con los que lloran»
(Rm 12, 15)

Después de haber ilustrado a los cristianos de Roma sobre los grandes regalos que Dios ha hecho a la humanidad en Jesús y al donar el Espíritu, el apóstol Pablo indica cómo responder a la gracia recibida, sobre todo en las relaciones entre ellos y con todos.
Pablo invita a pasar del amor por quienes comparten la misma fe, al amor evangélico, dirigido a todos los seres humanos, pues para los creyentes el amor no tiene fronteras ni se puede limitar a unos pocos.
Un detalle interesante: en el primer lugar encontramos la alegría compartida con los hermanos. En efecto, según el gran padre de la Iglesia Juan Crisóstomo, la envidia hace mucho más difícil compartir la alegría de los demás que sus penas.
Vivir así podría parecer una montaña demasiado impracticable de escalar, imposible de coronar. Sin embargo, es posible porque los creyentes están sostenidos por el amor de Cristo, del que nada ni nadie podrá nunca separarlos (cf. Rm 8, 35).

«Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran».

Comentando esta frase de Pablo, Chiara Lubich escribió: «Para amar cristianamente hace falta “hacerse uno” con cada hermano […]; entrar lo más profundamente posible en el ánimo del otro; comprender de verdad sus problemas, sus necesidades; compartir sus sufrimientos y alegrías;
inclinarse sobre el hermano; hacerse en cierto modo él, hacerse el otro. Esto es el cristianismo; Jesús se ha hecho hombre, se ha hecho hombre para hacernos a nosotros Dios; de ese modo el prójimo se siente comprendido, aliviado»[1].
Es una invitación a ponerse «en el pellejo del otro» como expresión concreta de una caridad verdadera. Quizá el amor de una madre sea el mejor ejemplo para ilustrar la práctica de esta Palabra: la madre sabe compartir la alegría con el hijo que goza y el llanto con el que sufre, sin juicios ni prejuicios.

«Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran».

Para vivir el amor con esta dimensión, sin cerrarnos en nuestras preocupaciones, en nuestros intereses o en nuestro mundo, hay un secreto: reforzar la unión con Dios, la relación con Aquel que es la fuente misma del Amor. Se dice que la copa de un árbol suele estar en proporción al diámetro de sus raíces. Así nos sucederá también a nosotros: si día a día hacemos crecer en profundidad nuestra relación con Dios, también en nosotros crecerá el deseo de compartir la alegría y llevar los pesos de quienes están a nuestro lado; nuestro corazón se abrirá y se hará cada vez más capaz de contener todo lo que vive en el momento presente el hermano que tenemos al lado. A su vez, el amor al hermano nos hará entrar aún más en la intimidad con Dios.
Viviendo así veremos un cambio en los lugares donde estamos, comenzando por las relaciones familiares, en la escuela, en el trabajo y en comunidad, y experimentaremos con gratitud que, más pronto o más tarde, el amor sincero y gratuito vuelve y se hace recíproco.
Esta es la fuerte experiencia de dos familias, una cristiana y una musulmana, que han compartido dificultades y momentos de esperanza. Cuando Ben cae gravemente enfermo, Tatiana y Paolo están en el hospital con su mujer, Basma, y sus dos hijos hasta el final. Aun en medio del dolor por haber perdido a su marido, Basma reza con sus amigos cristianos por otra persona gravemente enferma, con su esterilla dirigida a La Meca. Dice: «La alegría más grande es sentirse parte de un solo cuerpo donde cada uno tiene en el corazón el bien del otro».

LETIZIA MAGRI





[1] C. Lubich, El amor recíproco: núcleo fundamental de la espiritualidad de la unidad, congreso de los ortodoxos, Castel Gandolfo 30-3-1989, p. 4.


N.B.: Aquí puedes encontrar también la Palabra de Vida 
 y en MP3 para escuchar en el móvil.


en más de 30 idiomas.



jueves, 31 de octubre de 2019

CONSERVA EL DEPÓSITO DE LA FE

VIDA DE LA PALABRA                       octubre 2019

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de octubre («Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros», 2 Tm 1, 14) y la de septiembre («Confortaos mutuamente y edificaos los unos a los otros», 1 Ts 5, 11):

1.-        Entré a saludar al pintor, (lo conozco de hace tiempo y lo ayudábamos con alimentos), que estaba cubriendo el mobiliario para que no se manchara cuando él comenzara su trabajo. Charlamos unos instantes antes de meterme yo a mi tarea.
            Cuando acabé, aunque tenía yo mucha prisa para coger el coche e irme, entré de nuevo para despedirme y desearle buen trabajo. Al marcharme… se vino un poco detrás de mí y… me dice: “padre, ¿me podría confesar?”. Así que, él con su mono lleno de goterones de pintura y yo con una sonrisa acogedora estuve escuchándolo (tenía él ese trabajo puntual de un día, pero llevaba 8 meses en paro; 3 hijos y no sabía cómo pagar a final de mes el alquiler) y luego confesándolo. Me agradeció infinitamente lo uno y lo otro, al menos compartir el peso: “confío en Dios, aunque a veces me atenaza la angustia”. Me admiró: “conserva el buen deposito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros”.

1b.-      Con esto “en mi retina”, luego en la convivencia a la que fui, por la tarde una frase de los jóvenes me impactó. Nos contaba una veinteañera: “en el encuentro que participé, nos preguntaron los asistentes qué esperábamos los gen (=GEneración Nueva; jóvenes del movimiento de los Focolares) de los adultos. Después de hablarlo entre nosotros, les contestamos: «ver a Dios a través de vuestros ojos»”. ¡Debemos trasmitir íntegro el depósito de la fe, enriquecido por haber vivido la Palabra!

2.-        Al comenzar ese miércoles la ronda de visitas en el hospital, veo un apunte para una habitación: “persona difícil; poco religioso”. Cuando entré ahí estaba él solo; yo no sabía que estaba bastante sordo y salí con esa misma convicción.
            A la mañana siguiente, estaba la hija. En el modo de saludarme noté que ella sí tenía mucha fe y en seguida me dijo que llevaba muchísimo tiempo rezando para que su padre se reconciliase con Dios: “he prometido incluso hacer una peregrinación a Fátima y allí hacer el recorrido de rodillas”. Seguidamente, me advierte que su padre apenas oye. Así que, cierro la puerta y me dispongo a hablar “a voz en grito”.
            Nada más presentarme, el hombre me espeta: “¡Dios no existe!”. Y otras cosas. Luego añade: “es una injusticia los niños pequeños con cáncer en hospital Niño Jesús; ¡Dios no puede existir!”. Gritando, para que me oiga, contesto: “lo que sería una injusticia sería que Dios no existiera; sería injusto que encima de sufrir ahora esos niños, no hubiera Vida Eterna si no existe Dios”. “Dios los ama inmensamente. Y te Dios te ama inmensamente a ti”. Con estas y otras cosas, dichas gritando, la verdad es que, aunque con la sonrisa, por el esfuerzo lo decía yo muy enérgicamente: no hablo yo nunca a nadie en tono impositivo, pero lo pudiera parecer en ese momento. Mi “táctica” es, más bien, escuchar pacientemente y esperar a través de ese amor que Dios quiera empezar a tocar el corazón de mi interlocutor.
A mis primeras propuestas de rezar algo juntos o de confesarse, afirmó, entre retante y orgulloso, que hacía muchos años que no se confesaba. La hija se escandalizaba un poco de las respuestas de su padre por decirlas ante mí y trataba de hacer reflexionar a su padre, (aunque debía ella conocer muy bien ese discurso); yo, más bien, con un gesto de las manos, le decía a ella que se callara; que me dejara; y que rezara.
            Al poco, vi que Dios ya había empezado a obrar: el buen hombre recordó su etapa de monaguillo hace muuuchas décadas.
Aunque me estaba yo poniendo rojo de vergüenza de pegar esos gritos, (desde el pasillo, si alguien escuchaba, podría parecer que yo estaba agresivo; menos mal que la hija, a mi lado, atendía y rezaba en silencio; porque, cuando quiero, tengo voz potente y se me debía estar oyendo en todo el hospital), apoyándome en su etapa de monaguillo, le propuse al hombre: “mañana cuando yo venga, si te parece bien, y si quieres, vamos a hacer 3 cosas. Una: tú recibirías de niño la primera Comunión, ¿verdad? Y antes te confesaste seguramente, ¿a que sí? Te vas a confesar, y para eso esta tarde hablas con Dios y dejándote mirar por Él, repasas todos tus pecados y te vas arrepintiendo de ellos, ¿vale?”. Para mi sorpresa hace un gesto afirmativo con su cabeza: “sí, padre”.
Eso me anima, al ver que las oraciones de la hija tantos años, están ahora produciendo efecto. Continúo: “Dos: hay un sacramento por el cual Dios nos sana interiormente (e incluso exteriormente también a veces) y por el cual nos da paz, fortaleza y consuelo para llevar bien la edad avanzada, o una enfermedad, o una hospitalización. Es el sacramento de la Santa Unción, para los enfermos. Así que, (yo seguía hablando a voz en grito, para que me escuchara bien, aunque pareciera un tono casi impositivo, pero yo notaba que era el modo con el cual Dios pretendía ir tocando su corazón), mañana te lo administro, ¿quieres?”. De nuevo me deja sorprendido su docilidad, (parecía que se habían derrumbado todas sus barreras de defensa): “sí, padre”.
Me crezco y continúo: “Tres. Igual que recibiste la comunión de chico, mañana con la misma ilusión, también la vas a recibir. ¿Te parece bien?”. Se le humedecen los ojos… y movimiento la cabeza: “sí, padre”.
Su hija estaba atónita… ¡y feliz!: “padre, ¡¡me tiene que buscar una peregrinación pronto a Fátima!!”.
            Yo me temía que durante el día y la noche, al hombre se le hubiera olvidado todo o hubiera cambiado de opinión. La verdad es que su hija, también se lo temía, así que, cuando el viernes llamo a la puerta sale ella a recibirme feliz: «mi padre decía entristecido: “el sacerdote no ha venido; al padre se le ha olvidado”; pero yo le aseguraba: “todavía no ha acabado la mañana; el capellán vendrá, aunque se hundiera el hospital».
            Le administré los 3 sacramentos, “a grito pelado”. El hombre, en cada uno de ellos, con lagrimillas de emoción y agradecimiento en las oraciones. Y recordando con bendiciones al párroco de su infancia. La hija feliz: “¡esto es casi un milagro!”.
            Yo, ¡más feliz! Aunque con un poco de vergüenza por mis auténticos “berridos” y ya casi ronco. Después de despedirme de ellos, abro la puerta para salir… y, de pronto, me topo de frente con 2 que estaban paradas sonrientes casi pegadas a la puerta: “¡qué ceremonia tan bonita!; ¡qué emocionante la Unción de los enfermos!”. Eran 2 monjitas, (una de ellas con pijama de enferma de hospital), que lo habían oído a lo lejos y, no sabiendo que había Capellán en ese hospital, se habían ido acercando a esperar que yo saliera para luego pedirme que les diera la comunión.
            Los demás días he seguido visitando a aquel hombre… cada día mejor físicamente y también espiritualmente. Cada día me dejaba más sorprendido: contaba cosas de su párroco y de cuándo él le ayudaba como monaguillo; recitaba alguna oración en latín “macarrónico” o enteros párrafos del catecismo narrado; ¡y ha querido comulgar cada día hasta que ya le han dado el alta! Realmente el “depósito de la fe” ha permanecido vivo en él, (aunque había estado enterrado muy en el fondo), durante todo este tiempo: oración y cariño lo han hecho aflorar.

3.-        Suelo visitar el comedor de Caritas. Una de las voluntarias me comenta que la semana próxima irá de viaje a otro país y, de paso, allí dedicará un par de días a una de sus raíces familiares, (un tío), para visitar donde vivió y el cementerio donde está.
Recordando el “depósito de la fe”, le comento que precisamente los primeros días de noviembre se puede lucrar indulgencia plenaria rezando con devoción por los difuntos en algún cementerio (además de, como se requiere para toda indulgencia, confesarse, comulgar y rezar por las intenciones del Papa).
En seguida responde que una de las cosas que más le cuesta siempre, (y por eso la aplaza mucho), es la confesión, aunque conoce bastante a su párroco. Inmediatamente le ofrezco: “mira, a mí ya me vas conociendo también: ahora mismo, si quieres, damos un paseo por la calle o por el pasillo y te confieso, que ya estáis acabando la tarea”. Otra compañera suya interviene al instante: “a mí también me cuesta muchísimo la confesión”. Así que, una después del desayuno y otra después de la comida han recibido el sacramento de la reconciliación y han participado de la alegría que Dios Padre tiene de derramar su misericordia perdonando los pecados: ¡cada una a su modo luego estaba radiante (y con alguna lagrimilla de emoción)!



Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de octubre («Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros», 2 Tm 1, 14), la
de septiembre («Confortaos mutuamente y edificaos los unos a los otros», 1 Ts 5, 11) y la de agosto («Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón», Lc 12, 34):

1.-        “creo un deber mandarte unas letras y decirte cómo la PdV me está haciendo mucho bien; tus testimonios, lo mismo que los de otras personas, trasmiten vida y llegan al corazón.
Yo lo voy viviendo en concreto desde el “pasapalabra” que me llega diario y esto me ilumina y recuerda cada día desde una nueva faceta, tan sencillo y a la vez con la novedad del amor de Jesús, procurando actualizarlo en cada momento que me acuerdo; amor paciente, corazón libre, ponerme en el lugar del otro... Mi experiencia ha sido de una gran paz interior, se me ha hecho luz para valorar lo importante que es amar para aprender a amar como Jesús, ¡cuántos ámbitos se nos esconden por nuestro egoísmo!
Cuando me encuentro con alguien procuro compartir saludando cruzando alguna experiencia de vida que le pueda ayudar y te diré que lo dado me vuelve a mí con una nueva necesidad de dar; en el fondo vivo el día a día con gozo sabiendo que la gracia me ha sido dada y darla es la mejor manera de cuidarla.

2.-        “… el domingo al ir a Misa me encontré de nuevo en el parque a la señora alcohólica. Como te conté en otras ocasiones, la escuché largamente o fui a por comida y se la bajé o avisé a Servicios Sociales, pero siempre me quedaba una inquietud en el corazón. ¡Dios me la ponía delante! Pero, esta vez, además, ¡al venir a Misa! Siempre te digo que todos somos iguales: que yo no soy mejor que ella; que yo podría estar en una situación similar; nadie es más.
Desprendía un fuerte hedor. Llevaba ella por fin 15 días sin beber, ¡pero 3 en los que había caído de nuevo y su marido la había echado de casa! La invité a que diéramos un paseo: casi no se tenía en pie; como pude, (acuérdate que soy menudilla), la cargué, la llevé a mi casa, (un segundo sin ascensor) y la ayudé a que se duchara. ¡Ni llevaba ropa interior! ¿Te imaginas? Le regalé alguna de la mía.
Luego, parecía otra. Le di un plátano, (ya tú sabes que a menudo no tengo nada de comida), y un rosario de colores que traje de mi tierra: ¡empezó a darle besos al rosario y a la cruz! ¡Ni te lo imaginas! Y ni miraba al plátano, aunque debía tener hambre. ¡No paraba!
No sé si habré cometido una imprudencia (¡me daba yuyu!) o habré hecho bien, pero, por lo menos ha estado unas horas protegida, (como es alcohólica, tirada en el parque alguien le podría haber hecho algo). “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos mar si le faltara una gota”, dice una frase atribuida a Madre Teresa de Calcuta.
A la mañana siguiente, vino un amigo... y en seguida me advirtió del mal olor que tenía mi piso. Le conté lo de la señora, pero no solo no lo valoró nada, sino que se lo tomó a guasa. Luego hice la limpieza a fondo….

3.-        “este mes me siento más activa y alegre y eso se contagia en casa y en nuestro entorno.
Nos hace mucho bien la PdV, pero notamos más aún el efecto de tu homilía cada domingo. Creo que pedir "aumenta mi fe" sin duda ayuda muchísimo a llevar el día a día con mejor ánimo y dar más valor a lo que realmente importa.

4.-        “gracias por tu correo quincenal con todos estos ejemplos que nos envías. La distracción, la tibieza, la falta de ganas, la apatía, desaparecen a leer estas líneas y de nuevo el Espíritu entra con fuerza en mi pobre ser.
De nuevo, GRACIAS, Paco.





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jueves, 17 de octubre de 2019

VIVIR GUIADOS POR EL ESPÍRITU SANTO

Para renovarnos en practicar la Palabra de octubre («Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros», a cada instante, unos textos que nos ayuden:



DEJARSE GUIAR POR EL ESPÍRITU DE DIOS

"Hacerle sitio" en casa, que viva con nosotros.
Sin vida espiritual es difícil mantener la paz del corazón.
Un poco de silencio, menos prisas, y Él habla en la conciencia: es nuestro Bien y nuestra Verdad más profunda.

P. MANUEL MORALES, O.S.A., Comentario al Pasapalabra 13 de octubre de 2019





EXPERIMENTAR LA LIBERTAD DE QUIEN VIVE LA PALABRA

¡Cuántos y cuánto hablan!: las circunstancias, las personas, el trabajo, las ocupaciones... Pero solo Uno habla "de Verdad", con sabor a Eterno e Imperecedero. Y esa Voz Interior es la única fuerza que ayuda a volar alto. 

P. MANUEL MORALES, O.S.A., Comentario al Pasapalabra 8 de octubre de 2019






DÓCILES AL ESPÍRITU SANTO

La asistencia del Espíritu Santo es esencial para que practiquemos el bien y la justicia, y vivamos el amor de la misma manera como es concebido por Dios.
Él nos da la sabiduría y el discernimiento sobre el mal y el bien para que tengamos una vida digna de hijos de Dios;
la fortaleza para resistir las tentaciones, soportar las persecuciones y todas las tribulaciones de la vida;
Él mejora nuestra inteligencia para entender y profundizar las verdades reveladas y las ciencias humanas;
también nos ayuda a ser buenos consejeros para ayudar a nuestro prójimo en el camino del bien;
ilumina nuestra inteligencia para entender el fin sobrenatural de todas las cosas; Él nos enseña a vivir de modo santo nuestra relación con Dios, encontrando gozo y satisfacción en la oración y en las prácticas de piedad;
es decir, nos ayuda a hacer con sinceridad la voluntad de Dios, dándonos la gracia de vivir en sintonía con los preceptos de su ley, que son expresión de amor puro del Padre.
Todo en nuestra vida es un bien precioso que debemos guardar y apreciar con la ayuda del Espíritu de Dios.

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra 13 de octubre de 2019





PONER TODA LA ATENCIÓN EN LA VIDA CONCRETA

No es malo soñar una vida mejor; es malo olvidar que, ahora mismo y aquí, "la mejor" es esta, con estas personas y en estas circunstancias. Y su mejoramiento solo depende de la plenitud de corazón que yo le pongo.

P. MANUEL MORALES, O.S.A., Comentario al Pasapalabra 10 de octubre de 2019



martes, 1 de octubre de 2019

MANTÉN LO QUE DE DIOS HAS RECIBIDO

PALABRA DE VIDA                octubre 2019


mediante el Espíritu Santo
que habita en nosotros»
(2 Tm 1, 14)

El apóstol Pablo escribe a Timoteo, su «hijo en la fe» (1 Tm 1, 2), con quien ha compartido su actividad evangelizadora y a quien ha encomendado la comunidad de Éfeso.
Sintiéndose próximo a morir, Pablo lo alienta en esa esforzada tarea de guía. Pues Timoteo ha recibido un «buen depósito» –el depósito de la fe cristiana– tal como lo transmitieron los apóstoles, y tiene la responsabilidad, a su vez, de comunicarlo fielmente a las generaciones sucesivas.
Para Pablo esto significa proteger y hacer que resplandezca el don recibido, y estar incluso dispuesto a dar la vida con tal de difundir la alegre noticia que es el Evangelio.

«Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros».

Pablo y Timoteo han recibido el Espíritu Santo como luz y garantía para su irremplazable tarea de pastores y evangelizadores. A través de su testimonio y el de sus sucesores ha llegado hasta nosotros el anuncio del Evangelio.
Del mismo modo, cada cristiano tiene su propia «misión» dentro de la comunidad social y religiosa: construir una familia unida, educar a los jóvenes, comprometerse en política y en el trabajo, cuidar de las personas vulnerables, iluminar la cultura y el arte con la sabiduría que da vivir el Evangelio, dedicar la vida a Dios para servir a los hermanos.
Es más, según las palabras del papa Francisco a los jóvenes, «[…] cada hombre y mujer es una misión […]». El mes de octubre de 2019 ha sido proclamado por la Iglesia Católica «Mes misionero extraordinario». También nosotros podemos aprovechar para renovar conscientemente el compromiso de testimoniar nuestra fe, con el corazón abierto y dilatado por el amor evangélico, que genera acogida, encuentro y diálogo.
«Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros».

Cada cristiano es «templo» del Espíritu Santo, que permite descubrir y conservar el «buen depósito» que se le ha encomendado para aumentarlo y ponerlo al servicio de todos. El primero de sus «tesoros» es la fe en el Señor Jesús. Hace falta que los cristianos la avivemos y la alimentemos con la oración, para luego comunicarla a través del testimonio de la caridad.
Cuenta J. J., un sacerdote ordenado desde hace poco: «Se me ha encomendado cuidar de los fieles de una gran iglesia católica en una metrópolis brasileña. El ambiente social es muy difícil, y en muchos casos las personas con las que me cruzo no tienen una identidad religiosa definida, por lo que participan tanto en la misa como en otras ceremonias tradicionales antiguas. Sé que soy responsable de transmitir la fe cristiana con fidelidad al Evangelio, pero también deseo que todos se sientan acogidos en la parroquia. Para valorar las raíces culturales de estas personas, se me ocurrió que la celebración de la misa podía ser más festiva, animada por instrumentos musicales típicos de sus culturas. Es un reto laborioso, pero que da alegría a todos, pues en lugar de dividir a la comunidad, nos une en lo que compartimos: la fe en el Dios que nos da la alegría».

«Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros».

Otro tesoro inestimable que hemos recibido del propio Jesús es su palabra, que es palabra de Dios.
Este regalo «[…] comporta por nuestra parte una gran responsabilidad […]. Dios nos dio su palabra para que la hiciésemos fructificar. Él quiere ver realizada en nuestra vida y en nuestra acción en el mundo la transformación profunda que aquella puede obrar. […] Entonces ¿cómo viviremos la Palabra de vida de este mes? Amando la palabra de Dios, procurando conocerla cada vez mejor y sobre todo poniéndola en práctica con más generosidad cada vez, de modo que se convierta realmente en el alimento básico de nuestra vida espiritual, en nuestro maestro interior, que guía nuestra conciencia, el punto de referencia inquebrantable de todas nuestras decisiones y de todas nuestras acciones. […] Hay mucha desorientación y confusión en las conciencias, todo tiende a relativizarse y a ofuscarse. Viviendo la palabra de Dios no solo estaremos provistos contra este grave peligro, sino que, según una significativa expresión de Jesús (cf. Mt 5, 15-16), seremos lámparas encendidas que, con su luz, ayudarán también a los demás a orientarse y a encontrar de nuevo el camino recto» (Chiara L.).

LETIZIA MAGRI



N.B.: Aquí puedes encontrar también la Palabra de Vida 
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