domingo, 1 de marzo de 2026

SIN PARARSE, SIN MIEDO

 PALABRA DE VIDA                              marzo 2026

 

«Levantaos, no tengáis miedo»

(Mt 17, 7)


Pedro, Santiago y Juan suben a un monte alto con Jesús y allí ven la gloria del Maestro y oyen la voz del Padre que lo reconoce como Hijo.

Una experiencia extraordinaria, cara a cara con Dios, que permite a su criatura conocerlo en su esplendor. El temor los ha hecho caer en tierra, pero Jesús los toca y les dice:

«Levantaos, no tengáis miedo». 

El verbo levantarse es el mismo con el que el Evangelio suele expresar la resurrección, así como «no temáis» son las primeras palabras que el Resucitado dirige a las mujeres junto al sepulcro vacío después de saludarlas (Mt 28, 10; cf. 28, 5). Así pues, las palabras de Jesús, fuertes y claras, son una decidida invitación a una vida nueva, que es posible para los discípulos con el toque de su mano.

También nosotros nos vemos a veces frenados por nuestros miedos, apesadumbrados por las pruebas de la vida, por situaciones sin salida. No podemos contar solo con nuestras fuerzas para recuperar el impulso del testimonio, sino más bien con la gracia de Dios, que siempre nos precede.

«¿Quién no pasa por pruebas? Estas adquieren el cariz del fracaso, de la pobreza, de la depresión, de la duda, de la tentación… […] También da miedo la sociedad materialista e individualista que nos rodea, con guerras, violencia, injusticias… Ante estas situaciones puede insinuarse también la duda: ¿dónde ha ido a parar el amor de Dios? […] Jesús ha entrado de verdad en cada dolor, ha cargado con todas nuestras pruebas […] Él es Amor, y es propio del amor expulsar todo temor. Cada vez que nos asalte un miedo, que estemos agobiados por un dolor, podemos reconocer la verdadera realidad que se esconde ahí: es Jesús, que se hace presente […] dejemos que entre en nuestra vida. Y luego, sigamos viviendo lo que Dios quiere de nosotros, lanzándonos a amar al prójimo. Descubriremos que Jesús es siempre Amor. Así podremos decirle, como los discípulos: “Verdaderamente eres Hijo de Dios”» (Mt 14, 33)[1].

«Levantaos, no tengáis miedo».

Quien ha hecho la experiencia de encontrarse con Dios en su vida queda fascinado por su presencia, tocado y curado por su Palabra. Con frecuencia, el testimonio de una comunidad cristiana acompaña en esta aventura divina y da ánimos para levantarse, para salir de uno mismo y reanudar el camino con Jesús y con los hermanos.

Recogemos el testimonio de una joven siria: «Al final del año pasado mi país vivió una situación muy difícil, y mi ciudad sufrió una ola de caos y de miedo. Estaba profundamente preocupada por mi familia, por mis amigos y por mí misma. En medio de tanta incertidumbre, intentaba mantener firme la esperanza en Dios, procurando ser fuerte a pesar de todo. Antes de estos sucesos, junto con los jóvenes con los que me comprometo a vivir el Evangelio, habíamos planificado varios proyectos de apoyo a familias necesitadas mediante paquetes de alimentos y otras iniciativas. Pero esta situación nos obligó a suspender temporalmente toda actividad. Al cabo de unos días conseguimos reunirnos: en ese encuentro encontramos la fuerza y el valor los unos en los otros. Decidimos no dejarnos vencer por el miedo, sino poner nuestra confianza en Jesús y reanudar el camino que habíamos emprendido. Con fe compartida, conseguimos ayudar a más de 40 familias que realmente necesitaban ayuda. En medio de esas dificultades sentimos que gracias al amor de Dios y a nuestra unidad podíamos marcar la diferencia.

«Levantaos, no tengáis miedo».

Después de haber subido al monte con Jesús para encontrar a Dios y escuchar su voz, podemos descender con Él para «[…] volver a la llanura, donde encontramos a muchos hermanos que soportan penalidades, enfermedades, injusticia, ignorancia, pobreza material y espiritual»[2].

Como comunidad cristiana, también podemos sufrir y quedarnos confundidos, pero esta Palabra nos empuja a ponernos en movimiento juntos para llevar a todos «los frutos de la experiencia que hemos tenido con Dios y compartir la gracia recibida»[3].

 

LETIZIA MAGRI y el equipo de la Palabra de Vida

 



[1] C. Lubich, Palabra de Vida de agosto de 2002.

[2] Cf. Francisco, Angelus, 16-3-2014.

[3] Ibid.

sábado, 28 de febrero de 2026

RENOVAR TODO SIENDO EL AMOR

 VIDA DE LA PALABRA                                primeras semanas de MARZO

 

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de febrero («Mira que hago nuevas todas las cosas», Ap 21, 5) y la de enero («Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados», Ef 4, 4):

1.-        Me manda un whatsapp un marroquí pidiendo un rato de conversación y consejo; él es musulmán y estuvo aquí abriendo su corazón de par en par y compartiendo sus sufrimientos y dificultades; era amigo también de los sacerdotes anteriores y en la parroquia hay gente que le aprecia; hacía tiempo que no venía a hablar conmigo; tengo que interrumpir un momento la conversación y aprovecha él para entrar al servicio, donde ve que la cisterna no funciona; me pide herramientas y, mientras, lo arregla. Actualmente por fin tiene buen sueldo, pero problemas serios en la familia: sigue contándome entre lágrimas y hablamos que Dios no lo abandonará, (ciertamente yo sé que él entiende por Dios a Alá, pero, en definitiva es el Dios de Abraham, también nuestro padre en la fe), y en esa confianza de poner la mirada en el cielo hablamos confiar en Él y de rezarle para que ponga su mano. Al final, me mira, y, como él quizá esperaba y no se atrevía a pedir, le doy un fuerte abrazo y se queda unos instantes llorando sobre mi hombro. Solo necesitaba escucha y comprensión.

 

2.-        La semana pasada me llegó una multa por circular en zona de bajas emisiones. Estaba un poco desconcierto pues no me imaginaba por qué. Luego, viendo dónde, en el primer instante mucho fastidio: hice el favor de llevar a una persona a Madrid y luego continué ruta hacia mi pueblo guiado por el GPS, pero este, sin percatarme yo, (no conozco mucho la ciudad, aunque llevo por aquí más de veinte años), me introdujo en una zona para mí desconocida y que resulta estar por poco dentro de la “almendra central”, pero solo lo he sabido ahora al llegar la comunicación. Es zona de bajas emisiones de contaminación y supone multa de 200 €, si entro con mi coche, que es normalillo (no imaginaba que era tanto; la mitad por pronto pago). Además, aquel día, aquello me hizo perder veinte minutos (y gasolina) y llegar tarde a mi pueblo a dar el relevo a mi hermana con mi madre.

         Sentí herido mi prurito de procurar circular siempre bien. Me fastidió perder tontamente el dinero; ¡y más sin tener culpa! Pero al instante reaccioné diciéndole a Jesús: “Tú, Señor, eres mi único Bien; ni aquello, ni lo otro; Tú, mi Bien”. De vez en cuando me lo tenía que repetir a lo largo del día y de nuevo me quedaba paz. “No importa; solo Tú importas, y también no dejar de amar ni de sonreír”.

 

2b.-     Tenía yo que hacer dos gestiones por sede electrónica para solicitar subvención para las costosas obras de reparación de las goteras de la iglesia.

Perdí más de dos horas: esa mañana no funcionaba con rapidez nuestro ordenador y parecía, además, que la web del sitio oficial tampoco estaba muy allá.

Ante cada proceso ralentizado del ordenador y ante cada uno de los pasos fallidos avanzando pantallas, me repetía en voz alta: “Tú, Señor, eres mi único Bien”. No perdí la paz, y me ayudó a estar unido con Dios. Buen modo de emplear la mañana, aunque no logré hacer la gestión. Por la tarde, una de ellas, sí, en pocos segundos; la otra sigue atascada y he buscado otro modo de intentar presentarla. “Confío en Ti, Señor; si quieres que nos den la subvención”. “Tú, eres mi único Bien, no el tiempo empleado”.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de febrero («Mira que hago nuevas todas las cosas», Ap 21, 5), la de enero («Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados», Ef 4, 4) y la de diciembre («Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios», Is 52, 10):

1.-        por desconocimiento, en el jardín de nuestra parcela cortamos un árbol que no tenía posibilidad de prosperar, pero luego sospeché que podría estaba penado con una sanción elevada, (que no podríamos pagar).

Tenía la posibilidad de justificarlo totalmente contando una mentira cuando viniera la inspección. Pasé unos días muy preocupada, pidiendo luz porque no quería de ninguna manera decir algo que no fuese verdad.

Cuando vino el técnico comencé  a contarlo y me paró casi antes de hablar yo, y viendo en el jardín el pequeño tocón comentó que ese hecho no tenía multa sin preguntar yo nada.

Lo que me tú dices: "es la prueba de que cuando queremos dar la cara por Dios, y Él es la Verdad, Él la da por nosotros y, en su momento, actúa".

 

2.-        en enero tuve una dificultad con mi párroco;  yo seguí dirigiéndome a él, pero la relación estaba rota.

Estuve de ejercicios: fue  bonito y enriquecedor. Haciendo oración sentí, resonar en mí: “si el hermano tiene algo contra ti...”.

A nuestro pueblo solo de vez en cuando puede venir el sacerdote: ayer martes, había misa en la parroquia. Fui media hora antes, sabiendo que él estaría ya, con la intención de hablar con él.

La acogida fue incómoda y tensa, pero yo hablé con el corazón. Le dije que me había sentido ofendida, (no que él me ofendiera): expliqué mi punto de vista y el porqué de mi actuación. Después él me dijo que su intención no era esa que yo percibí. Me habló de su carácter. Yo le había devuelto la llave de la iglesia, pero me dijo que allí la tenía y podía seguir yo abriendo y cerrando. Él parece quizá muy seco y distante, pero me sorprendió con un beso y un abrazo. Él es más joven que mis hijos y he sentido solo su amor, la certeza de que no quedaba resentimiento en nuestros corazones.

 

3.-        …me encontraba a veces en el mismo vagón a un conocido. Su mujer quería hacerme llegar un encargo con él, pero como hacía varias semanas que yo no lo veía, supuse que subía en otro vagón porque quería aprovechar los trayectos para leer, estudiar o rezar.

Así que, cuando ese día me entregó el recado, en vez de ponerme a hablar como anteriormente, prudentemente le dije: “mira, si no te importa, me gustaría terminar mi oración durante el trayecto”. Ante eso, me dijo que no había problema y noté que en el fondo se alegró y en seguida sacó su Biblia o para estudiar o para meditar….

miércoles, 18 de febrero de 2026

RETIRO ESPIRITUAL CUARESMA 2026

Hoy, Miércoles de Ceniza, comienza la Cuaresma.  

Como todos los años en Cuaresma, hay Ejercicios Espirituales un fin de semana en el Centro Mariápolis de Las Matas: por si quieres apuntarte o recomendárselo a alguien. Y, en cualquier caso, para que reces por su fruto.

Serán del 13 de marzo (a las 19:00) al 15 de marzo (a las 18:00), organizados en conjunto con la Delegación Diocesana de Catequesis de la Archidiócesis de Madrid.

domingo, 15 de febrero de 2026

DESARMAR LAS PALABRAS

 Para vivir bien la ya muy próxima Cuaresma y retomar con nuevo brío la Palabra del mes Mira que hago nuevas todas las cosas»), aquí tienes unos textos:        

 

ESCUCHAR Y AYUNAR.

LA CUARESMA COMO TIEMPO DE CONVERSIÓN

    Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.

    Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.

    Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo distintivo de su ser: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud.

    Es un Dios que nos atrae, que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad...

    ...me gustaría invitaros a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz... 

LEÓN XIV, Mensaje para la Cuaresma 2026

(es precioso y no largo: si quieres, te lo mando entero)

 

 

 

ACEPTAR NUESTRA PEQUEÑEZ,

PARA QUE ACTÚE LA GRANDEZA DE DIOS

cuando miramos con los ojos de Dios, descubrimos que Él ha escogido el camino de la pequeñez para descender en medio de nosotros. Este es el estilo del Señor que todos estamos llamados a testimoniar; los profetas anunciaron la promesa de Dios acerca de un pequeño germen que brotará (cf. Is 11,1), y Jesús elogia a los pequeños que confían en Él (cf. Mc 10,13-16), afirmando que el Reino de Dios no se impone llamando la atención (cf. Lc 17,20-21), sino que se desarrolla como la más pequeña de todas las semillas plantadas en la tierra (cf. Mc 4,31).

Esta lógica de la pequeñez es la verdadera fuerza de la Iglesia. En efecto, esta fuerza no reside ni en sus recursos ni en sus estructuras, ni los frutos de su misión derivan del consenso numérico, de la potencia económica o de la relevancia social. La Iglesia, al contrario, vive de la luz del Cordero y, reunida en torno a Él, es impulsada por el poder del Espíritu Santo en los caminos del mundo. En esta misión, la Iglesia está llamada a confiar constantemente en la promesa del Señor: «No temas, pequeño Rebaño, porque el Padre de ustedes ha querido darles el Reino» (Lc 12,32). Al respecto, recordemos estas palabras del Papa Francisco: «En una comunidad cristiana donde los fieles, los sacerdotes, los obispos, no toman este camino de la pequeñez, no hay futuro, […] el Reino de Dios brota en lo pequeño, siempre en lo pequeño» (Homilía en Santa Marta, 3 diciembre 2019). 

ENCUENTRO DE ORACIÓN CON LOS OBISPOS, SACERDOTES, DIÁCONOS,
CONSAGRADOS, CONSAGRADAS Y OPERADORES PASTORALES

DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV

Catedral del Espíritu Santo (Estambul)
Viernes, 28 de noviembre de 2025

 

 

 

SOBRE LA HUMILDAD Y LA PAZ

No te importe mucho quién está por ti o contra ti, sino busca y procura que esté Dios contigo en todo lo que haces. Ten buena conciencia y Dios te defenderá. Al que Dios quiere ayudar no le podrá dañar la malicia de alguno.

Si sabes callar y sufrir, sin duda verás el favor de Dios. Él sabe el tiempo y el modo de librarte, y por eso te debes ofrecer a él.

A Dios pertenece ayudar y librar de toda confusión.

Algunas veces conviene mucho, para guardar mayor humildad, que otros sepan nuestros defectos y los reprendan.

Cuando un hombre se humilla por sus defectos, entonces fácilmente aplaca a los otros y sin dificultad satisface a los que lo odian. Dios defiende y libra al humilde; al humilde ama y consuela; al hombre humilde se inclina; al humilde concede gracia, y después de su abatimiento lo levanta a gran honra.

Al humilde descubre sus secretos y lo atrae dulcemente a sí y lo convida. El humilde, recibida la afrenta, está en paz, porque está en Dios y no en el mundo.

No pienses haber aprovechado algo, si no te estimas por el más inferior a todos.

Ponte primero a ti en paz, y después podrás apaciguar a los otros. El hombre pacífico aprovecha más que el muy letrado.

El hombre apasionado aun el bien convierte en mal, y de ligero cree lo malo.

El hombre bueno y pacífico todas las cosas echa a buena parte.

El que está en buena paz de ninguno sospecha. El descontento y alterado, con diversas sospechas se atormenta; ni él sosiega ni deja descansar a los otros. Dice muchas veces lo que no debiera, y deja de hacer lo que más le convendría. Piensa lo que otros deben hacer, y deja él sus obligaciones.

Ten, pues, primero celo contigo, y después podrás tener buen celo con el prójimo. Tú sabes excusar y disimular muy bien tus faltas y no quieres oír las disculpas ajenas. Más justo sería que te acusases a ti, y excusases a tu hermano.

Sufre a los otros si quieres que te sufran. 

TOMÁS DE KEMPIS, La Imitación de Cristo, (Libro 2, Cap. 2-3)

 


 

PERSEVERAR EN LAS PRUEBAS

Las dificultades de la vida a menudo nos llevan al límite de nuestras fuerzas, pero es precisamente en estos momentos cuando somos invitados a seguir adelante, sostenidos por Dios.

Cuando todo parece pesado, perseverar es seguir haciendo lo que es correcto, amando cuando es más difícil, rezando incluso cuando el corazón está cansado.

Las pruebas pueden convertirse en un camino de madurez interior y fortalecimiento espiritual.

Dios no promete un camino sin obstáculos, sino que garantiza su presencia constante.

Cada paso perseverante, por pequeño que sea, es visto por Él, que transforma el sufrimiento en esperanza. Así, aprendemos que la fe no es la ausencia de lucha, sino la valentía de permanecer firmes, confiando en que, a su debido tiempo, Dios hará brotar nueva vida donde parecía haber solo dolor. 

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra del 6 febrero


sábado, 14 de febrero de 2026

MUY DIVERSOS, PERO MUY UNIDOS

 VIDA DE LA PALABRA                            primeras semanas FEBRERO


Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de febrero («Mira que hago nuevas todas las cosas», Ap 21, 5) y la de enero («Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados», Ef 4, 4):

1.-        El lunes y martes pasados los sacerdotes que ejercemos el ministerio en la diócesis de Madrid hemos tenido una gran asamblea presbiteral que llevaba por nombre “Convivium”, por la cual hemos rezado durante semanas y meses no solo todos nosotros, sino todos los conventos y los laicos de las parroquias y movimientos.

Más de 1.200 habremos participado esos 2 días. De muy distintas edades, sensibilidades y espiritualidades, pero todos al unísono con el cardenal-arzobispo, con el pastor diocesano siguiendo a Cristo, único Sacerdote.

La parroquia ese día y medio quedó abierta y atendida en todos sus servicios por la corresponsabilidad compartida de tantos feligreses que de verdad se sienten Iglesia y quieren a sus curas y les gusta saberlos unidos y con su obispo. Y providencialmente estaban esos días descansando 2 sacerdotes que, por ser de fuera, no tenían que participar en Convivium y pudieron celebrarnos las Misas aquí en la Parroquia.

Todos los momentos del encuentro nos ayudaban a cada uno de los participantes. Las respuestas en las oraciones del gran auditorio, (y el lunes por la tarde en la Misa en la Catedral), al unísono y con más de mil voces armónicas, estremecían por la fortaleza y convicción, no sólo a los empleados de auditorio y eventos, sino incluso a nosotros mismos: parecían atravesar el techo como un rayo de fe y amor que directamente llegaban al cielo.

Las 2 ponencias, las reuniones por grupitos practicando la “conversación en el Espíritu”, los “talleres” (“focus Group”) por temas de interés y los ratos de fraterna amistad en los descansos ayudaban a ir tejiendo lazos todos con todos. La alegría era palpable en cada rostro, “in crescendo” conforme pasaban las horas y la esperanza de un mejor ejercicio del ministerio en comunión y, consecuente, de una mayor evangelización, también. Y todo ello en un lugar concreto: en Madrid como Iglesia particular dentro de la Iglesia universal. El Papa se hacía presente con una carta de 7 folios en la que comenzaba con un “queridos hijos” que se notaba salido del alma, y cada uno de sus consejos llegaban al corazón. ¡La recomiendo para todo cura y seminarista!

Este clima sobrenatural estoy acostumbrado a vivirlo cada enero en nuestros encuentros y retiros en CastelGandolfo a nivel internacional. Pero vivirlo aquí en ciernes y con esperanzadora perspectiva de futuro me ha emocionado.

Por otro lado, me veía responsable de aportar para ello en cada momento corresponsablemente mi granito de arena con la espiritualidad de la unidad también aquí.

Tanto en el de enero como en este Convivium me venían al corazón con gratitud y emoción las Palabras del Salmo: “¡ved qué delicia, qué dulzura, convivir los hermanos unidos!”.

           

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de febrero («Mira que hago nuevas todas las cosas», Ap 21, 5), la de enero («Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados», Ef 4, 4) y la de diciembre («Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios», Is 52, 10):

1.-        “hoy me quitaron una verruga fea y el dolor físico por el corte y los  puntos con poca anestesia, pude ofrecerlos a Jesús. Me recordó que este mes estaba como bloqueada: quería escribirte para contar alguna experiencia y era incapaz de expresarme. Como ya sabes, tengo un hijo pasando una separación muy difícil. Cuando me llama y me cuenta sus dificultades no sé expresar el dolor que me supone comprender sus dificultades y no poder más, (nada más, ¡y nada menos!), que rezar, escuchar y llorar en silencio y sentir que mi vida era solo ese dolor. Este mes el breve pasapalabra que actualiza cada día la PdV con las lecturas de la Misa diaria nos habla de la esperanza: sí espero en Él, confío en Él, pero el dolor me invade muchas horas del día.




domingo, 1 de febrero de 2026

DIOS ES NOVEDAD

 PALABRA DE VIDA                              febrero 2026

«Mira que hago nuevas todas las cosas»

(Ap 21, 5)

El libro del Apocalipsis, del que está tomada la Palabra de Vida, cierra la compilación de los escritos del Nuevo Testamento. El título significa revelación, y la intención del autor es dar a entender las cosas últimas, el retorno de Jesús a la tierra, la derrota definitiva del mal y el surgimiento de un cielo nuevo y una tierra nueva.

No es un texto fácil de entender. Son los años 81-96 d. C. La persecución de los cristianos es feroz. El clima de las comunidades cristianas es de miedo: ¿qué será de nosotros y del mensaje que se nos ha encomendado? ¿Por qué Dios no interviene?

En estas circunstancias, el autor es mandado al exilio por los romanos, a la isla de Patmos. Es aquí donde empieza a tener una serie de visiones y recibe la orden de escribirlas.

 

«Mira que hago nuevas todas las cosas».

 

El libro del Apocalipsis quería dar esperanza a las comunidades perseguidas: a pesar de que el presente es difícil y lleno de violencia, a pesar del futuro incierto, al final el bien triunfará y Dios hará nuevas todas las cosas.

También hoy, mirando «el telediario o la portada de los periódicos, hay muchas tragedias, donde se encuentran noticias tristes ante las cuales todos corremos el riesgo de acostumbrarnos. […] Pero hay un Padre que llora con nosotros; hay un Padre que llora lágrimas de infinita piedad por sus hijos… Un Padre que nos espera para consolarnos, porque conoce nuestros sufrimientos y ha preparado para nosotros un futuro distinto. Esta es la gran visión de la esperanza cristiana, que se dilata todos los días de nuestra existencia y nos quiere levantar»[1].

 

«Mira que hago nuevas todas las cosas».

 

No podemos saber cuándo ni cómo sucederá esto, y es inútil querer indagar. Pero es seguro que ocurrirá.

«Las páginas finales de la Biblia nos muestran el horizonte último del camino del creyente: la Jerusalén del Cielo, la Jerusalén celestial, imaginada ante todo como una inmensa tienda en la que Dios acogerá a todos los hombres para habitar definitivamente con ellos (Ap 21, 3). Y esta es nuestra esperanza. Y ¿qué hará Dios cuando por fin estemos con Él? Tendrá una ternura infinita con nosotros, como un padre que acoge a sus hijos que durante mucho tiempo se han esforzado y han sufrido. «Esta es la morada de Dios con los hombres […] Él enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado […] ¡Mira que hago un mundo nuevo!» (21, 3-5). ¡El Dios de la novedad[2].

 

«Mira que hago nuevas todas las cosas».

 

¿Cómo vivir la Palabra de Vida de este mes?

«Esta nos asegura que nos encaminamos hacia un mundo nuevo que preparamos y construimos ya desde ahora. O sea, es todo lo contrario de una invitación a despreocuparnos y huir del mundo. De hecho Dios quiere renovarlo todo: nuestra vida personal, la amistad, el amor conyugal, la familia; quiere renovar la vida social, el mundo del trabajo, la educación, la cultura, el tiempo libre, la sanidad, la economía, la política…, en una palabra, todos los sectores de la actividad humana. Pero para hacer eso, Él nos necesita. Necesita personas que dejen vivir en sí mismas su Palabra, que sean su Palabra viva, otros Jesús en sus ambientes»[3].

Alice, una joven cristiana, comprendió que seguir su vocación requería un cambio profundo para permitir a Dios actuar plenamente en su vida y hacerla nueva. Como un don inmenso, tuvo la oportunidad de vivir una experiencia en la India. Allí saboreó una alegría auténtica y se sintió inmersa en la gracia de Dios, incluso en los momentos difíciles. Así, dedica sus días a la oración, a la vida comunitaria y al servicio de voluntariado. Los niños del orfanato la impresionaron profundamente: aun sin poseer nada, mostraban un entusiasmo increíble y le enseñaron mucho de la vida. No fue un simple viaje, sino una peregrinación, un camino a base de «subidas y bajadas», en el que tuvo que «vaciar la mochila» y se encontró enriquecida y liberada.

 

AUGUSTO PARODY REYES y el equipo de la Palabra de Vida

 

 

 



[1] Francisco, Audiencia general, 23-8-2017: Llamados a sembrar esperanza, Ciudad Nueva, Madrid 2017, pp. 154.155.

[2] Ibid., pp. 153-154.

[3] C. Lubich, Palabra de Vida de abril de 1989: Ead., Palabras de Vida/1 (1943-1990), Ciudad Nueva, Madrid 2020, p. 454.

sábado, 31 de enero de 2026

UNA SOLA FE, UNA SOLA ESPERANZA

 VIDA DE LA PALABRA                               últimas semanas de ENERO

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de vida de enero («Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados», Ef 4, 4) y la de diciembre («Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios», Is 52, 10): 

1.-        El pasado domingo, sin pretenderlo, tuvimos concelebrando en la Misa de 11:00 a un monje benedictino (se presentó sin avisar) y en la de 12:30 a un misionero comboniano (se anunció un par de días antes). Entre una y otra, coincidieron ambos. Traté de acogerlos calurosamente a cada uno, (“haciendo verdadera fiesta”) y que se relacionaran con todos, mayores y pequeños, habituales y nuevos.

Fue precioso ver en la parroquia la vida eclesial contemplativa representada en uno, (que, además, iba de camino a predicar unos Ejercicios Espirituales a un monasterio de monjas cistercienses, a las que con él mandé saludos), y la vida eclesial más activa representada en el otro en primera línea de campo en Sudán del sur, (donde están padeciendo la guerra).

En comunión con cada uno de nosotros y con todos los feligreses, (a los que pudieron saludar), y entre ellos. La PdV recordaba: “un solo Cuerpo y un solo Espíritu… una es la esperanza…”. Los saludos, las sonrisas, los abrazos lo decían todo: unidad en la Iglesia, testimonio de fraternidad. Ellos, nosotros los sacerdotes y todos los feligreses quedamos muy contentos y mutuamente edificados.

 

2.-        Continuando con la partida hacia la casa del Padre de mi tía, monja clarisa, sabiendo que ya estaba mal he orado anoche todas las veces que me desperté.

         Por la mañana pedí a las monjas que le pusieran el teléfono al oído, (aunque ya desde hace meses, apenas dice nada), para hablarle del cielo, (como así también hice el lunes cuando le di la Unción).

Me acordaba de la visita que José Varas, otro santito, hizo a su hermano Pedro en Toledo que estaba muy enfermo y cuando se despedían y salía de su habitación, (fue la última vez que se vieron), Pedro le dijo: “¿y te vas a ir sin hablarme del cielo?”. Y José, entre abrumado y emocionado, volvió sobre sus pasos y lo primero que le inspiró el Espíritu Santo fue un texto del Apocalipsis: “sus siervos le darán culto. 4Y verán su rostro, y su nombre está sobre sus frentes. 5Y ya no habrá más noche, y no tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz de sol, porque el Señor Dios los iluminará y reinarán por los siglos de los siglos”.

Eso le dije yo también a mi tía susurrándole a través del teléfono y, además, lo que mi madre repite a menudo: “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni mente alguna puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman”, (S. Pablo) y añadía ella: “¡qué será el Cielo!, ¡¡qué será el Cielo!!”. A la vez le recordaba que la queremos mucho y le iba mencionando cada uno de la familia. Y que sabemos que ella nos quiere muchísimo a todos y cada uno y valoramos lo mucho que ha orado y se ha sacrificado por nosotros y por toda la Iglesia y toda la humanidad.

         En el momento de fallecer, también me llamaron las monjas mientras le recitaban la recomendación del alma, y luego le pusieron el teléfono al oído, (¡es lo último que se pierde!) y le recordé que Dios la ama con locura y estaba esperándola con los brazos abiertos, con toda su Luz y su Paz y que le dijera que sí a todo. Le volví a recordar esos y otros textos bíblicos. Que se vaya tranquila hacia el abrazo del Señor, que ha cumplido con creces su misión y su vocación. Y que la Virgen María estaba saliendo a su encuentro para llevarla de la mano protegida bajo su manto ante el Señor.  

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida enero («Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados», Ef 4, 4), la de diciembre («Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios», Is 52, 10) y la de noviembre («Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios», Mt 5, 9):

 

1.-        hoy me quitaron una verruga fea y el dolor físico que  tuve con los puntos con poca anestesia, pude ofrecerlo a Jesús, y me recordó que este mes estaba como bloqueada; quería escribirte para contar alguna experiencia y era incapaz de expresarme.

Tengo un hijo, como ya sabes, pasando una separación muy difícil: cuando me llama y me cuenta sus dificultades, no se expresar el dolor que me supone comprender sus dificultades, y no poder más que rezar, (nada más, ¡y nade menos!), y escuchar, y llorar en silencio, y sentir que mi vida era solo ese dolor. A menudo este mes, el pasa palabra (=breve recordatorio diario de la PdV armonizada al Evangelio del día) nos habla de la esperanza: sí espero en Él, confío en Él, aunque el dolor me invade muchas horas del día.

 

2.-        muchas gracias por tu mensaje y por tu cercanía. En este tiempo la salud se ha visto muy afectada y el camino está siendo duro, pero procuro mantener la serenidad y seguir adelante, día a día.

Agradezco de corazón tus oraciones y que me tengas presente ante el Señor, porque esa compañía en la fe sostiene y reconforta en medio de la dificultad.