Para vivir bien la ya muy próxima Cuaresma y retomar
con nuevo brío la Palabra del mes («Mira que hago nuevas todas las cosas»), aquí tienes unos textos:
ESCUCHAR Y AYUNAR.
LA CUARESMA COMO TIEMPO DE CONVERSIÓN
Todo camino de conversión comienza cuando nos
dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de
la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la
transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una
ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir
a Cristo, recorriendo con Él el
camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y
resurrección.
Este año me gustaría
llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar
espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer
signo con el que se manifiesta el deseo de
entrar en relación con el otro.
Dios mismo, al
revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo
distintivo de su ser: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en
Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). La escucha del clamor
de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el
Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación
para sus hijos reducidos a la esclavitud.
Es
un Dios que nos atrae, que
hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen
vibrar su corazón. Por eso, la
escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera
de la realidad...
...me gustaría invitaros
a una forma de abstinencia muy concreta
y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse
de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando
a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están
ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la
amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar
de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de
comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio
darán paso a palabras de esperanza y paz...
LEÓN XIV, Mensaje para la Cuaresma 2026
(es precioso y no largo: si quieres, te lo mando
entero)
ACEPTAR NUESTRA PEQUEÑEZ,
PARA QUE ACTÚE LA GRANDEZA DE DIOS
…cuando
miramos con los ojos de Dios, descubrimos que Él ha escogido el camino de la
pequeñez para descender en medio de nosotros. Este es el estilo
del Señor que todos estamos llamados a testimoniar; los profetas anunciaron la promesa de Dios
acerca de un pequeño germen que brotará (cf. Is 11,1), y Jesús
elogia a los pequeños que confían en Él (cf. Mc 10,13-16),
afirmando que el Reino de Dios no se impone llamando la atención (cf. Lc 17,20-21),
sino que se desarrolla como la más pequeña de todas las semillas plantadas en
la tierra (cf. Mc 4,31).
Esta lógica de la pequeñez es la verdadera
fuerza de la Iglesia. En
efecto, esta fuerza no reside ni en sus recursos ni en sus estructuras, ni los
frutos de su misión derivan del consenso numérico, de la potencia económica o
de la relevancia social. La Iglesia,
al contrario, vive de la luz del Cordero y, reunida en torno
a Él, es impulsada por el poder del Espíritu Santo en los caminos del mundo. En esta misión, la Iglesia está llamada a confiar
constantemente en la promesa del Señor:
«No temas, pequeño Rebaño, porque el Padre de ustedes ha querido darles el
Reino» (Lc 12,32). Al respecto, recordemos estas palabras del Papa
Francisco: «En una comunidad cristiana donde los fieles, los sacerdotes, los
obispos, no toman este camino de la pequeñez, no hay futuro, […] el Reino de Dios
brota en lo pequeño, siempre en lo pequeño» (Homilía en Santa Marta, 3
diciembre 2019).
ENCUENTRO
DE ORACIÓN CON LOS OBISPOS, SACERDOTES, DIÁCONOS,
CONSAGRADOS,
CONSAGRADAS Y OPERADORES PASTORALES
DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
Catedral del Espíritu Santo (Estambul)
Viernes, 28 de noviembre de 2025
SOBRE LA HUMILDAD Y LA PAZ
No te importe mucho quién está por ti o contra
ti, sino busca
y procura que esté Dios contigo en todo
lo que haces. Ten buena conciencia y Dios te
defenderá. Al que Dios quiere ayudar no le podrá dañar la malicia de alguno.
Si sabes callar y sufrir, sin duda verás el
favor de Dios. Él sabe el tiempo y el modo de librarte, y por eso te debes
ofrecer a él.
A Dios pertenece ayudar y librar de toda
confusión.
Algunas veces conviene mucho, para guardar mayor
humildad, que otros sepan nuestros defectos y los reprendan.
Cuando un hombre se humilla por sus defectos,
entonces fácilmente aplaca a los otros y sin dificultad satisface a los que lo
odian. Dios
defiende y libra al humilde; al
humilde ama y consuela; al hombre humilde se inclina; al humilde concede
gracia, y después de su abatimiento lo levanta a gran honra.
Al humilde descubre sus secretos y lo atrae
dulcemente a sí y lo convida. El humilde, recibida la afrenta, está en paz,
porque está en Dios y no en el mundo.
No pienses haber aprovechado algo, si no te
estimas por el más inferior a todos.
Ponte
primero a ti en paz, y después podrás apaciguar a los otros. El hombre pacífico aprovecha más que el muy
letrado.
El hombre apasionado aun el bien convierte en
mal, y de ligero cree lo malo.
El hombre bueno y pacífico todas las cosas echa
a buena parte.
El
que está en buena paz de ninguno sospecha.
El descontento y alterado, con diversas sospechas se atormenta; ni él sosiega
ni deja descansar a los otros. Dice muchas veces lo que no debiera, y deja de
hacer lo que más le convendría. Piensa lo que otros deben hacer, y deja él sus
obligaciones.
Ten, pues, primero celo contigo, y después
podrás tener buen celo con el prójimo. Tú sabes excusar y disimular muy bien
tus faltas y no quieres oír las disculpas ajenas. Más justo sería que te
acusases a ti, y excusases a tu hermano.
Sufre a los otros si quieres que te sufran.
TOMÁS DE KEMPIS, La Imitación de Cristo, (Libro 2, Cap. 2-3)
PERSEVERAR EN LAS PRUEBAS
Las dificultades de la vida a
menudo nos llevan al límite de
nuestras fuerzas, pero es precisamente en estos momentos cuando somos invitados
a seguir adelante, sostenidos por Dios.
Cuando todo parece pesado, perseverar es seguir haciendo lo que es correcto, amando cuando es más difícil, rezando
incluso cuando el corazón está cansado.
Las pruebas pueden convertirse en
un camino de madurez interior y fortalecimiento espiritual.
Dios no promete un camino sin
obstáculos, sino que garantiza su presencia constante.
Cada paso perseverante, por
pequeño que sea, es visto por Él, que transforma el sufrimiento en esperanza.
Así, aprendemos que la fe no es la ausencia de lucha, sino la valentía de
permanecer firmes, confiando en que, a su debido tiempo, Dios hará brotar nueva vida donde parecía haber solo dolor.
APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra del 6 febrero