miércoles, 30 de septiembre de 2026

RESPETAR AL FORASTERO

 PALABRA DE VIDA                                       octubre 2026

 

«No maltratarás al forastero, ni le oprimirás,

pues forasteros fuisteis vosotros en el país de Egipto»

(Ex 22, 20)

 

La Palabra de vida de este mes está tomada del libro del Éxodo, que relata las condiciones cada vez más desesperadas de los israelitas en Egipto. Oprimidos y reducidos a esclavos, claman al cielo pidiendo ayuda. Este clamor llega al corazón de Dios, que decide intervenir, y elige a Moisés como enviado suyo. Después de la liberación tiene lugar la ceremonia que sella la Alianza entre Dios e Israel. El documento que refleja esta relación es el llamado «Código de la Alianza» (Ex 20-23), aceptado por todo el pueblo (cf. Ex 24) y cuya parte más conocida son los diez mandamientos. A estos se añaden otras prescripciones y leyes de diverso tipo, todas relacionadas con el evento extraordinario de la liberación. La frase de este mes proviene de este patrimonio de normas de vida y de comportamiento.

 

«No maltratarás al forastero, ni le oprimirás, pues forasteros fuisteis vosotros en el país de Egipto».

 

El extranjero forma parte de las categorías preferidas y protegidas por Dios, pues está entre los más vulnerables, junto con el pobre, el huérfano y la viuda. La motivación de esta norma apela ante todo a la memoria de todo lo que vivieron los israelitas siendo esclavos en Egipto. La intervención poderosa de Dios en el Éxodo se reproduce continuamente en el Antiguo Testamento. Se trata de un evento que el pueblo ha de tener siempre presente, como algo que se repite de diversos modos en cada generación. Es significativa la frase de Orígenes en su comentario al libro del Éxodo: «Quien oprime al extranjero muestra que aún no ha abandonado Egipto»[1].

Este mandamiento apela también a la empatía: ponerse en el lugar de los demás ayuda a comprenderlos y a entender qué necesitan. A quien ha pasado por una experiencia difícil le debería resultar más fácil identificarse con el dolor del otro. Pero en el Antiguo Testamento no se trata solo de una experiencia humana: el primero en dar ejemplo de lo que significa entrar en la situación de los demás es Dios mismo.

 

«No maltratarás al forastero, ni le oprimirás, pues forasteros fuisteis vosotros en el país de Egipto».

 

¿Cómo poner en práctica esta Palabra de vida? Podría ser útil preguntarnos: ¿he experimentado alguna vez el ser extranjero? ¿Me he sentido no aceptado, no acogido, incomprendido, fuera de lugar? ¿Qué he aprendido de estas situaciones? ¿Quién es para mí el extranjero? ¿Y quién es el extranjero para Dios? ¿Cómo puedo acogerlo sin reservas, tal como hace el Señor con nosotros? ¿Qué puedo hacer concretamente?

Escribe Chiara Lubich: «Con un Dios que no hace distinción entre las personas, ¿cómo no grabarse en el corazón la fraternidad universal? Como hijos del mismo Padre, podemos descubrirnos hermanos y hermanas de cada hombre y mujer con quien nos relacionamos. Por lo tanto, si somos todos hermanos y hermanas, debemos amar a todos, empezando por quien tenemos al lado, sin detenernos. Así, nuestro amor no será platónico y abstracto, sino concreto, a base de servicio. Un amor capaz de ir al encuentro del otro; de entablar un diálogo, de identificarse con sus situaciones de necesidad, de asumir sus cargas y preocupaciones. Hasta que el otro se sienta comprendido y acogido en su diversidad y libre de expresar toda la riqueza que lleva consigo»[2].

Es la experiencia de Maryam, una joven paquistaní: «En un local, vi cómo el propietario le negaba un té a una señora mayor. Yo solo llevaba en el bolsillo unas rupias (la moneda local), pero me pareció que debía ayudarla, así que me acerqué al dueño y le dije que yo pagaba. Primero me miró dubitativo, pero después de una pausa, sonrió y me dijo: “No, no es justo. Si tú, una clienta, estás dispuesta a poner lo poco que tienes para preocuparte por ella, ¡cuánto más generoso debería ser yo como propietario! Para mí es más fácil darle una taza de té gratis que dejar que pagues tú”. Fue una experiencia fuerte. Procurando mostrar amor, primero a la señora y luego al propietario, he visto que un simple gesto de amabilidad puede abrir el corazón de otra persona». 

AUGUSTO PARODY REYES y el equipo de la Palabra de vida



[1] Orígenes, Homilías sobre el Éxodo, v, 5.

[2] C. Lubich, Palabra de vida de mayo de 2006: Palabras de Vida/2 (1991-2006) (ed. F. Ciardi), Ciudad Nueva, Madrid 2026, p. 351.


CARIDAD ES LA PLENITUD DE LA LEY

VIDA DE LA PALABRA                                                  septiembre


Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de septiembre («La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud», Rm 13, 10) y la de agosto («Engrandece mi alma al Señor», Lc 1, 46):

1.-        Me preguntaba cómo vivir especialmente la Palabra de este mes, si ya trato de no hacer daño a nadie. Pero me ha servido para comprobar que no es así, que debo estar mucho más atento en los detalles y aprender a ponerme en el lugar de cada persona, que es distinta de las demás…

Al llegar de vacaciones mandé un correo-e a una persona que colabora en la parroquia dándole unas indicaciones para que hiciera unas cuentas cosas. Con las muchas tareas pendientes y el otro sacerdote de vacaciones, en el correo fui directo, sin poner siquiera un saludo ni preguntarle por sus vacaciones. Me contestó afeándome eso y, (“vísteme despacio, que tengo prisa”), volví a escribirle pidiendo disculpas, saludando y preguntando por todo.

Dos días después, me llama otra persona. Fue directamente al asunto, pero le pregunté qué tal estaba y cómo habían ido los problemillas de trabajo de los días previos. Se enfadó por eso: había llamado queriendo ir directamente al tema y yo, en cambio, me entretuve preguntándole cosas de simple cortesía.

Después de solucionar su asunto, unas horas después llamé pidiendo disculpas.

            En ambos casos, aunque mi actitud no procedía de ninguna mala voluntad, el amar consistió en pedirles perdón yo. ¡Y en aprender que cada uno es distinto y cada uno quiere ser tratado según sus características o su situación concreta! Espero no volver a meter la pata.

 

2.-         

3.-        Desde el viernes tenemos a mi madre ingresada en el hospital de nuestro pueblo, con una gran infección de orina, (nos temíamos muchas más cosas), y muchísima debilidad. Nos pusimos de acuerdo los hermanos y me ofrecí para ir un par de días; ayer me reemplazó mi hermano de Pinto.

Era bonito estar acompañándola y pendiente de cada cosa con ella, y con paciencia infinita en las comidas, pues no tenía nada y apenas se mojaba los labios con cada cucharadita que yo le daba. También estar atento con mis hermanas que viven en el pueblo y todas sus circunstancias. En seguida, también escribir actualizando todo y recomendando cosas y cuidados según nos acordábamos. Otra manera de caridad era estar muy atentos a dar las gracias encarecidamente a cada médico, enfermero, celador o limpiador, añadiendo una sonrisa.

            En el pueblo mucha gente me conoce, (aunque yo a ellos, no), y algunos me invitaron a visitar a su familiar ingresado. Aproveché algunos minutillos que mi madre se encontraba adormilada.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de septiembre («La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud», Rm 13, 10), la de agosto («Engrandece mi alma al Señor», Lc 1, 46) y la de julio («Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese sí que da fruto», Mt 13, 23):

 

1.-        “…te agradezco mucho tu respuesta. ¿Sabes?, le agradecía a Dios hoy  haberme escuchado. Con mi esposo… tenemos por costumbre leer el evangelio directamente, pero al escucharte el otro día en Radio María con la Palabra de Vida, me dio una alegría saber que es posible hacerlo vivenciando el mensaje en nuestra vida diariamente. Creo que el Señor es compasivo conmigo porque me dona su Palabra y esta nueva forma de aplicarla en mi vida... 

Decir que Dios es compasivo es porque es Padre y Él sabe lo que cada hijo necesita. Seguiré practicando cada día este evangelio hasta recibir el próximo: lo voy a anotar en mi móvil, así lo leeré en cada momento…”.

 

2.-        “…hoy es mi último día de vacaciones, aunque con el portátil trabajando y me doy cuenta lo afortunadísima que soy por todas las cosas bonitas que me regala Dios y la vida, por eso no hago más que darle vueltas de que siendo tan afortunada es necesario devolver a los demás un poquito de mi alegría y tiempo…  este verano he leído dos libros: “La prueba de Dios” y “Si no crees en Dios, te doy su teléfono”… porque te llenan el corazón y el alma… todo esto me ha hecho darme cuenta, aún más, de las dificultades que hay en la vida  y que a veces nos metemos en nuestras ajetreadas vidas y no vemos más allá, pero todo lo puede el amor... Por eso me gustaría este año dedicar algo más a los que lo necesitan, de alguna manera… Mi problema es que entre semana trabajo muchas horas y los fines de semanas viajo a otra región ya que mi marido tiene allí el despacho y hasta la jubilación de ambos estamos a caballo entre ambas ciudades, pero cuando esté en Madrid podría ser voluntaria para lo que necesitéis desinteresadamente…”.

 

3.-        “…he sido tía hace unos días! Es un niño hermosísimo. Pero los meses previos fueron durísimos. Mi hermana fue al ginecólogo y detectó un acortamiento de la aorta. Ella preguntó si eso se iría corrigiendo y le contestó que todo lo contrario: conforme creciese el bebé, cada vez tiraría más y sería peor para su supervivencia. Salimos destrozadas.

Habría que realizar una cirugía tremendamente invasiva y sin ninguna garantía: nos recomendaron ir a Madrid porque aquí no hay medios. Y el médico de allí, con poca sensibilidad, le dijo a mi hermana: “ya han pasado los plazos legales…, pero podemos poner en el informe lo especial del caso y…”. Mi hermana se quedó horrorizada, (y, además, había pasado sola): ¡cómo puede alguien pensar en matar a su hijo! Cuando me lo contó, no dábamos crédito las dos: si una madre de modo espontáneo pierde el bebé y se le queda grabado un trauma durante meses, ¿qué será si encima ha intervenido para eliminarlo? [Aquí corroboro yo que, por experiencia de confesonario, ¡hasta 20 o 40 años dura ese dolor y culpabilidad en las mujeres que han abortado voluntariamente].

Decidimos, por supuesto, seguir adelante con el embarazo. Y en la última revisión, un par de semanas previas al parto…, los médicos ponen cara rarísima viendo las ecografías…: “no puede ser, es imposible…”. Mi hermana se queda muda de espanto… Y añaden: “¡no hay ninguna malformación!; ¡está todo normal!”.

El niño nació a mediados: bien, aunque tiene otro pequeño problema corregible fácilmente con una pequeña intervención.

Puede haber sido el organismo del bebé a través de las virtualidades que Dios da al cuerpo humano. Pero o por lo uno o por lo otro, no paramos de dar gracias a Dios: nuestra madre tenía “aburrida” a la Virgen de la Caridad rezando día y noche…”.

 

4.-        “…este amor que manifestamos para con los demás creo que es muy pequeño comparado con el que Dios Padre tiene para con nosotros.

Muchas veces cuando voy en el tren o el metro mi oración es para todos los que me acompañan, a fin de que tengan un buen día en sus trabajos, estudios, decisiones, metas… En fin, ¿estoy aplicando la caridad que tiene el Señor conmigo?? Pienso que sí, es una costumbre que me vino hacerla y a veces pensé: estoy loca!!! Pero, ¿sabes?: me siento bien y  quisiera hacer algo más…”.

 

 

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lunes, 31 de agosto de 2026

NO HACER MAL A NADIE

 PALABRA DE VIDA                              septiembre 2026          

 

«La caridad no hace mal al prójimo.

La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud»

(Rm 13, 10)

¿Se le puede ordenar a alguien que ame? Si entendemos el amor como un sentimiento, ¡evidentemente es imposible! Pero si más bien lo entendemos como un don de Dios, la cosa cambia.

En la Carta a los Romanos, de la que está tomada la Palabra de vida, Pablo describe precisamente la relación entre Ley y amor, y afirma que el amor es pleno cumplimiento de la Ley. Poco antes nos ha revelado de dónde proviene este amor: «La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros» (Rm 5, 8). Por su parte, la Primera Carta de Juan dice: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados» (1 Jn 4, 10).

 

«La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud».

 

Nadie puede dar lo que no tiene. Lo había entendido bien Agustín cuando, dirigiéndose directamente a Dios, pedía: «Da lo que mandas y manda lo que quieras»[1]. Hemos recibido el don inestimable del amor de Dios y estamos llamados a no guardárnoslo, sino a ponerlo en circulación. Podemos convertirnos en sujetos en lugar de ser simples destinatarios del amor de Dios: pasar de amados a amantes, y así participar en la vida misma del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: el Amante, el Amado y el Amor.

No tenemos con nadie otra deuda que la del amor mutuo –nos reconforta Pablo–, pues quien ama al otro ha cumplido la Ley (cf. Rm 13, 8).

 

«La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud».

 

«El verdadero amor al prójimo no causa ningún daño –afirma Chiara Lubich–. Es decir, nos lleva a vivir todos los mandamientos de Dios sin exclusión, ya que el primer objetivo que tienen es llevarnos a evitar todas las formas del mal en que podríamos caer, ya sea contra nosotros mismos o contra nuestros hermanos y hermanas»[2].

Así entendidos, los mandamientos de la Ley se convierten en un don del amor de Dios más que en una obligación: no constriñen nuestro amor sino que lo liberan plenamente.

 

«La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud».

 

Para alcanzar este «pleno cumplimiento», el primer paso en el amar al prójimo es no hacerle daño. Pero además hace falta ser creativos en el amor: «No basta con no hacer daño al prójimo –nos recordaba el papa Francisco–; es necesario elegir hacer el bien aprovechando las ocasiones para dar buen testimonio de que somos discípulos de Jesús»[3].

¿Cómo vivir entonces esta Palabra de Vida? Volvamos a poner el amor en el centro de nuestra vida. Amemos a los demás concretamente, como los amaría Jesús: Él es la plenitud del amor que se dona completamente a Dios y a la humanidad. De Él podemos aprender la alta medida del amor.

 

«La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud».

 

Doris, una chica escocesa, nos cuenta: «En nuestras visitas habituales a un refugio para personas sin hogar, entro en un mundo muy distinto del mío. Sé que lo que cuenta no es tanto lo que siento, sino amar. Un día, un hombre que reflejaba una profunda tristeza me confesó que estaba dispuesto a terminar con todo, que quería incluso morir. Me puse simplemente a escucharlo; luego nos tomamos juntos un bocadillo y un café. Y entendí que escuchar y estar presente era ya un modo de demostrar amor. Cuando llegó el momento de irme, me dio un fuerte abrazo, me sonrió y me dijo que lo que estábamos haciendo era muy importante, no solo para él, sino para todos los que estaban allí. Sentí la fuerza increíble del amor. Quizá no lo haya “salvado”, pero su gratitud me llenó de alegría, y esto, ya de por sí, es muy potente».

 

CLAUDIO CIANFAGLIONI y el equipo de la Palabra de vida

 

 



[1] Agustín de Hipona, Confesiones, X, 29, 40: da quod iubes et iube quod vis.

[2] C. Lubich, Palabra de vida de septiembre de 1993: Palabras de Vida/2 (1991-2006) (ed. F. Ciardi), Ciudad Nueva, Madrid 2026, p. 77.

[3] Francisco, Audiencia general, 3-1-2018: El encuentro con el Resucitado. Catequesis sobre la santa misa, Ciudad Nueva, Madrid 2018, p. 48.

YO TE ALABO, SEÑOR

 VIDA DE LA PALABRA                                   mes de AGOSTO

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de agosto («Engrandece mi alma al Señor», Lc 1, 46) y la de julio («Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese sí que da fruto», Mt 13, 23):

1.-        Fui a recoger a mi hermana que estaba 3 días de retiro orando en el Monasterio de El Paular.

Llegué con anticipación. Después de comerme lo  que me llevé en un tupper, entre árboles, en el mismo parking frente al Monasterio, fui a caminar unos metros y vi a unos hombres que tenían problemas para arrancar su coche. Me vino la tentación de pasar de largo: estaba recién comido y era una de las olas de calor. En cambio, naturalmente me ofrecí y cuando empecé a empujar su coche desde el lateral de su conductor, me di cuenta de que me sonaba la cara del que conducía: era sobrino de un matrimonio de mi Parroquia. Él nos había hecho magníficamente la guía de Salamanca hará 3 años; es del Opus Dei, así que imaginé que todos los demás también.

Quedaron muy agradecidos por mi consejo de orientar el coche en dirección contraria para que quedara en ligera cuesta abajo, etc; y por la ayuda para empujar y por lo que íbamos hablando mientras. Fue verdaderamente un rato bonito de comunión fraterna.

 

2.-        Durante el “famoso” eclipse estuve celebrando la Misa de 20:00. Ya acabando se notaba la oscuridad, aunque quedaba mucho para el real anochecer, y les compartí: “a través de las vidrieras se percibe cómo cae la oscuridad rápidamente, pero acabamos de comulgar y el verdadero Sol brilla en nuestros corazones”.

Al acabar la celebración, con mi madre en su silla de ruedas, con mi hermana y gente de su comunidad salimos un instante, con el pueblo a oscuras y en seguida iba aumentando la claridad: entramos de nuevo en la iglesia para hacer un rato de oración que, en medio del atardecer, hacía que la claridad interior en nuestras almas fuera “in crescendo” por el “tú a Tú” con su Creador. “Proclama mi alma la grandeza del Señor”.

            Entre todos pensábamos en voz alta no dejarnos engañar por tanta difusión de medios, y no olvidarnos de los problemas reales y pedir a Dios que haga surgir la verdadera luz más allá de otros eclipses de todo tipo.

 

3.-        Parte de estas dos últimas semanas, como cada verano, hemos estado unos días en unidad un grupo de sacerdotes tratando por el amor recíproco que resplandezca la presencia de “Jesús en medio” de nosotros tanto en el descanso vacacional, como en la convivencia, la oración y la formación.

            Ha habido multitud de oportunidades de decir “proclama mi alma la grandeza del Señor”…: viendo las maravillas (o las cosas normales) de la naturaleza, haciendo largos ratos de comunión y comunicación de experiencias entre nosotros, largos ratos de oración también en la capilla del semisótano, etc. También por algunos momentos de incertidumbre o de oscuridades o tomas de decisiones... Todo era oportunidad para alabar con María al Señor.

También antes y después de esta convivencia, los días cuidando a mi madre, p.ej. tratando con paciencia que aprenda a manejarse ella sola con la silla de ruedas, etc.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de agosto («Engrandece mi alma al Señor», Lc 1, 46), la de julio («Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese sí que da fruto», Mt 13, 23) y la de junio («Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. […] Gratis lo recibisteis; dadlo gratis», Mt 10, 7-8):

 

1.-        “…hoy más que nunca estaba ansiosa de recibir la palabra de vida: acabo de anotarla en un papel para leerla cada vez que me acuesto y cuando me levanto.

Como te comenté, estoy con una movilización interna que se la entrego al Señor para que Él me muestre el camino.

Lo que sí pude observar en mí es que he sentido misericordia por gente que no me caía bien y que milagrosamente empecé a mirar con cariño: son los ojos de Jesús en mí.

También empezar a empatizar con los más necesitados y encontrar la mirada de Jesús en ellos, como dijo el Papa en su visita. Y también, después de hablar con una amiga, a quien critiqué por decisiones que tomó. Me di cuenta qué importante es no juzgar y, sobre todo, sin saber el porqué de sus decisiones. ¡Qué gran aprendizaje fue eso para mí! 

Este es el mes de mi cumpleaños y el de mi hija mayor... Y siempre agosto es un mes de mucho movimiento interno para mí. ¡Gracias por todo y felices vacaciones! Leeré y reflexionaré la Palabra…”.

 

2.-        “…me han diagnosticado un cáncer de mama, en principio en estado inicial, pero ahí está y me operarán a finales de agosto.

De inicio, lo primero que se me pasó fue pensar lo mucho q trabajo para esto y sentir dolor y tristeza porque Dios me manda demasiadas pruebas. Llamé a la focolarina que nos sigue a todos los de esta región y me ayudó espiritualmente a no tomarlo como un castigo, y vivirlo para Gracia de Dios. Estoy trabajando esto desde todo lo espiritual que puedo, sigo dándome a los demás... por momentos tengo miedo y nuevamente vuelvo a trabajarme. El pasapalabra de hace unos días, decía “rezar a conciencia”: estoy cambiando también mi forma de rezar, que sea más consciente y profunda…”.

 

3.-        “…julio ha sido muy intenso para mi familia. Mi madre partió al cielo, se fue apagando...

María fue a visitar a su prima para hacerle partícipe de su alegría, en esta ocasión experimentamos su visita para coger de la mano a mi madre y llevarla ante su Hijo. No puedo decir más que gracias al Señor por habernos dejado vivir a su lado todo este tiempo…”.

 

4.-        “…algo de mis vacaciones: he estado un mes casa de una de mis hermanas y quince días en otra comunidad.

Al día siguiente de llegar con mi hermana, me caí en la calle: un desgarro muscular muy fuerte que me ha obligado a necesitar que me aseen, me vistan... cuando, en cambio, lo que yo iba era dispuesta a ayudar. No pude usar el ordenador ni nada...

Entonces, en estas circunstancias me repetía, una y otra vez, como una "canción del día", el texto del Magníficat: “Proclama mi alma...”.

Así que, en esa situación: impotencia, dolores, incomodidades... podía repetir por dentro, una y otra vez "proclama mi alma...”.

Ya estoy en casa y ya puedo usar la mano derecha para escribir. Te doy las gracias por tus envíos…”.

 

5.-        “…ya vamos llegando a ese momento que los achaques nos acompañen a cada momento y tengo que seguir rezando para llegar y sufrirlos como nuestro castigo esencial: ganarás el pan con el sudor de tu frente.

   Me alegró mucho verte y que no has cambiado nada, sigues con esa mirada convencida de seguir por el camino recto y seguro: El buen camino. Otros nos debatimos con las dudas siempre de si no nos estamos equivocando, pero eso es lo que significa poder elegir… quizá equivocarse. 

  Ahora con el mal uso que hacen los políticos de las personas, como engañar a gente masivamente para que se jueguen la vida nadando con falsas promesas, te hacen ver la maldad de algunas personas que no tienen respeto por la vida de los demás. Por eso ahora es más importante que nunca mostrar la Fe en Jesús a esos que no creen que todos somos hijos de Dios…”.

 

 

6.-        “…llevo un día aquí en mi voluntariado anual en otro continente: solo hago escuchar y hablar con todos. Al día siguiente de llegar fui a visitar a una señora que vive sola en silla de ruedas y la falta una pierna y desde que la conocí hace muchos años trato de visitarla lo antes posible, pues cuando fui se quedó paralizada, hasta que la digo no te acuerdas de mí, reaccionó muy pronto: “te estaba esperando; se me hizo eterno el año, pues aquí estoy con tus medicinas y mi cariño”. La escuché a fondo. Le contesté a sus preguntas y se emocionó: “no pensaba que ibas venir”. Yo suelo cumplir. Siguió hablando de su vida muy difícil, pero es muy creyente, la pregunté quién te trae la comida, ella me dijo que el sobrino no puedo venir, y me dio a entender que no tenía casi comida, pero yo no la dije nada, cambié de tema, porque ella sé que no tiene dinero, pasó un rato hablando. Cuando llegué donde me quedaba, mi mente estaba dando vueltas. Me preguntan: “¿en qué piensas?”. “En la señora”. “Mañana sabrás qué hacer”. Yo sabía que por la mañana tenía que ir a comprar; cuando se lo llevé, se emocionó, estuve  un rato con ella; estaba triste, me hizo alguna pregunta, la conté alguna anécdota que me había pasado, ella se rio muchísimo. Yo al rato me fui y se quedó tan feliz y yo me fui más porque la dejé tranquila y con comida…”.

 

 

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sábado, 1 de agosto de 2026

PROCLAMA MI ALMA LA GRANDEZA DEL SEÑOR

PALABRA DE VIDA                                                 agosto 2026

«Engrandece mi alma al Señor»

(Lc 1, 46)

En el primer capítulo de su Evangelio, Lucas nos ofrece la única página del Nuevo Testamento en que las protagonistas son dos mujeres, María e Isabel.

Isabel vivía en una ciudad cerca de Jerusalén, a unos 150 km de distancia de Nazaret. María emprende este largo viaje nada más recibir el anuncio del ángel de que iba a ser la madre de Jesús (Lc 1, 26-38). No conocemos los detalles de la travesía, solo sabemos que se dirigió con prontitud a la región montañosa. Pero ¿por qué se dirige allá?

María va para comunicar esta alegría a quien, como ella, había recibido de Dios la gracia de esperar un hijo, y para estar a su lado y ayudarla durante los últimos meses de embarazo. Es la historia de dos mujeres, de dos maternidades imposibles. ¿Quién mejor que ella podía entenderla y compartir esta experiencia? De este encuentro brota el canto del Magníficat.

 

«Engrandece mi alma al Señor».

 

«Estas palabras brotan de un ardor inflamado y de un gozo desbordante […]. Por eso no dice “yo ensalzo a Dios”, sino “mi alma”…, como si quisiera expresar: “mi vida, todos mis sentidos, se ciernen en el amor, alabanza y gozo divinos […]”»[1], escribe Martín Lutero en su comentario al Magníficat.

El verbo engrandecer, hacer grande, revela la alegría que suscita descubrir que Dios es más grande de lo que nos esperábamos. Esta alegría provoca una profunda humildad y un hondo sentido de gratitud y reconocimiento.

Como subraya Ermes Ronchi, «el Magníficat es el evangelio de María, su buena noticia, que alcanza a todas las generaciones». Por diez veces, la joven de Nazaret repite lo que ha hecho Dios[2], como una especie de nuevo decálogo, de diez nuevos mandamientos que trastocan la lógica del mundo.

Resulta espontáneo preguntarse si hemos conservado el sentido de estupor y de asombro en nuestra vida diaria y de oración ante todo lo que Dios ha obrado y sigue obrando. Sin abrirnos a la novedad y a sus sorpresas, sin asombro, la fe se convierte en una letanía cansada que lentamente se apaga y se convierte en una costumbre social[3].

 

«Engrandece mi alma al Señor».

 

El canto de María no es simplemente una oración de alabanza intimista, sino una alabanza profética, caracterizada por recurrir constantemente a los pasajes de la Escritura[4], lo que indica la dirección de la historia según el corazón de Dios. Alabarlo significa alinearse con los pequeños, creer que el mundo puede y debe cambiar.

Las palabras de este himno nos invitan a comprender la intervención salvífica de Dios en nuestra historia personal y comunitaria, tanto nuestra propia vivencia personal como la universal, tanto el momento presente como los cielos nuevos y la tierra nueva que la revolución social del Evangelio inaugura.

 

«Engrandece mi alma al Señor».

 

Estas palabras nos invitan también a nosotros a hacer de nuestra vida una alabanza viviente, a reconocer cada día las maravillas, a unir nuestra voz a la de María para proclamar que Dios es fiel, que su misericordia se extiende de generación en generación y que su reino de justicia y amor ya se está realizando entre nosotros.

Chiara Lubich había captado esta dimensión revolucionaria del canto de María cuando escribió a los jóvenes casi como un desafío: «Lee el Magníficat y encontrarás la primera y más potente página de la doctrina social cristiana. ¿Quién y cuándo la realizará completamente?»[5].

La pregunta sigue estando abierta y nos interpela. La intervención de Dios no debería quedarse reducida a la intimidad del corazón; hace falta que se manifieste en las relaciones, en la vida común, en la trama de las generaciones futuras.

PATRIZIA MAZZOLA y el equipo de la Palabra de vida

 



[1] Martín Lutero, Comentario al Magníficat: https://1library.co/document/zlvl282y-comentario-al-magnificat-por-martin-lutero.html.

[2] Cf. E. Ronchi, «Magnificat, una finestra aperta sul futuro», Avvenire 12 de agosto de 2021.

[3] Cf. Francisco, Angelus, Plaza de San Pedro (Roma), 4 de julio de 2021.

[4] Cf. G. Rossé, Il Vangelo di Luca, Città Nuova, 1992, p. 69.

[5] C. Lubich, Signo de contradicción, Ciudad Nueva, Madrid 1971, n. 203, p. 64. 

 

viernes, 31 de julio de 2026

LA SEMILLA DE LA PALABRA FRUCTIFICA

 VIDA DE LA PALABRA                          mes de julio

 

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de julio («Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese sí que da fruto», Mt 13, 23) y la de junio («Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. […] Gratis lo recibisteis; dadlo gratis», Mt 10, 7-8):

1.-        A mediados de mes estuve seis días cuidando a mi madre mientras mi hermana pequeña, que habitualmente vive con ella, se marchaba de campamento con su parroquia. Además, la señora que la cuida unas horas cada mañana de los laborables, estaba de baja recién operada.

            Fueron unos días bonitos con mi madre, pero muy intensos y volví más que agotado. Además, prácticamente no pude hacer ninguna otra cosa todos esos días.

La infección de orina recurrente y la nueva tanda de antibióticos la tenían muy débil, (la ola de calor manchego tampoco aliviaba precisamente), con lo cual, por lo visto, debía ser una tortura para ella cada vez que la tenía que mover de la silla de ruedas al inodoro y viceversa, (y era casi cada 40 o 50 minutos). Cada vez que la sentaba, (se ve que debía tener unos dolores horribles, también en las rodillas, cada vez que la movía), decía casi escapándosele las lágrimas: “¡ay!, ¡gracias, Dios mío!; por fin”. Y yo añadía con mi espalda y riñones “baldados”: “gracias, Señor”. Y nos uníamos los dos a bendecir a Dios, incluso cantando a veces. Así que, el lugar más insospechado, se convertía en un sitio de continua alabanza y ofrecimiento a Dios.

Cuando ella se quedaba unos instantes tranquila, yo me tumbaba estirado en la cama para tratar de recuperar mi espalda y, lo mismo que cuando la estaba moviendo a ella, aprovechaba yo también para diálogo interior con el Señor, consciente de Su Presencia en mi interior, más que nunca gracias a un librito que estoy leyendo, (el preferido del Papa); y luego cuando ya me levantaba, la miraba a ella, y le decía a Dios: “igual que estás en mi interior, también lo estás en ella: así que voy de Ti en mí hacia Ti en ella, y viceversa”. Y recordaba y repetía una y mil veces esos días el texto de Chiara: “¡La Trinidad dentro de mí! ¡El abismo dentro de mí! ¡¡La inmensidad dentro de mí!! ¡La vorágine de amor dentro de mí! ¡El Padre…! ¡¡El Verbo!! ¡El Espíritu Santo…!”, etc. Y luego me lo repetía yo en silencio mirándola a ella.

Ya valorábamos inmensamente todos los hermanos la tarea que mi hermana desempeña continuamente y nosotros solo 2 ó 3 días cada uno al mes, (bueno, yo ahora 6), pero esos días me han hecho valorarlo y agradecerlo muchísimo más. Y, naturalmente, entender y valorar más a todos los que cuidan a otros, familiares o no.

Incluso, el único rato que pude dedicar en aquellos días a preparar este correo-e, (y bocetos para mis programas de Radio María), cuando esta mañana fui a buscarlos para terminar de elaborar esto y mandártelo, no sé cómo ni cuándo, pero habían desaparecido todos los textos. Ha sido un momento bonito también para decirle al Señor: “importa tu Palabra, dar fruto en eso, más allá de lo que yo pueda servir para difundirla” y, como siempre, “Tú, Señor, eres mi único Bien”.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de julio («Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese sí que da fruto», Mt 13, 23), la de junio («Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. […] Gratis lo recibisteis; dadlo gratis», Mt 10, 7-8) y la de mayo («“Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”», Jn 20, 21-22):

 

1.-        “…de nuevo me emociono mucho al leer todo lo que me escribe y manda. Estoy muy agradecida por el rato que me dedicó el otro día, realmente me ha ayudado y me ayuda saberme acompañada en este camino, me ha dado el empuje que necesitaba, me ayuda con la absurda vergüenza y complejo que siento por mi ignorancia.

Estoy muy feliz de haber dado el paso, he ido a Misa en estos tres domingos desde que nos vimos, es mi primer gran propósito: no fallar en esto, ir a la iglesia cada semana para encontrarme con Dios y poco a poco tratar de escucharlo y de sentirlo con más fuerza. Cada domingo he ido a una iglesia diferente por encontrarme en distintos lugares; y este próximo me tocará una nueva porque mi marido y mis hijos están en el campo y cada fin de semana iré para allá al terminar de trabajar. Imagino que lo importante es ir :) me resulta reconfortante, me siento muy bien después de ir a la iglesia y de escuchar la Misa. También leo el Evangelio del día. Por supuesto que tengo pendiente pedirle cita en un par de semanas para volver a charlar al menos 1 vez al mes ☺️ y que comentemos también acerca de mi conveniente catequesis.

Mil gracias de nuevo, Paco, por su tiempo, su confianza y su cariño.

Me quedo la Palabra que Vida que me ha compartido…: la imprimiré, tal y como me recomienda, para leerla a lo largo de las semanas, pensaré acerca de ella, y trataré de aplicarla…”.

 

2.-        “…que alegría cuantas experiencias bonitas en tu correo del día 1 de julio. Yo estoy  un poco regular de salud y con mucho dolor. El otro día fui consciente de estar atenta a ofrecer mis dolores y preocupaciones y ponerlas en las manos de Jesús.

Mi hijo me pedía que fuera a verlo a la ciudad donde vive; como tengo varias citas médicas, ni podía desplazarme; le decía yo a Jesus cómo hacer. Lo puse en su Corazón y al otro día me decía mi hijo que estuviera tranquila, que tenía él que aprender a estar solo y que poco a poco lo estaba consiguiendo. Pero los sufrimientos de los hijos duelen mucho: estoy atenta a ofrecer…”.

 

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