PALABRA DE VIDA febrero 2026
«Mira que hago nuevas todas las cosas»
(Ap 21, 5)
El
libro del Apocalipsis,
del que está tomada la Palabra de Vida, cierra la compilación de los escritos
del Nuevo Testamento. El título significa revelación, y la intención del autor es dar a entender las cosas últimas, el
retorno de Jesús a
la tierra, la
derrota definitiva del mal y el
surgimiento de un cielo nuevo y una tierra nueva.
No es un texto fácil de entender. Son los años
81-96 d. C. La
persecución de los cristianos es feroz. El clima de las comunidades
cristianas es de miedo: ¿qué será de nosotros y del mensaje que se nos ha
encomendado? ¿Por qué Dios no interviene?
En estas circunstancias, el autor es mandado al
exilio por los romanos, a la isla de Patmos. Es aquí donde empieza a tener
una serie de visiones y recibe la orden de escribirlas.
«Mira que hago nuevas todas las cosas».
El libro del
Apocalipsis quería
dar esperanza a las comunidades perseguidas: a pesar de que el presente es
difícil y lleno de violencia, a pesar del futuro incierto, al final el bien
triunfará y Dios hará nuevas todas las cosas.
También hoy,
mirando «el telediario o la portada de los periódicos, hay muchas tragedias,
donde se encuentran noticias tristes ante las cuales todos corremos el riesgo
de acostumbrarnos. […] Pero hay un Padre que llora con nosotros; hay un
Padre que llora lágrimas de infinita piedad por sus hijos… Un Padre que nos espera
para consolarnos, porque conoce nuestros sufrimientos y ha preparado
para nosotros un futuro distinto. Esta es la gran visión de la esperanza
cristiana, que se dilata todos los días de nuestra existencia y nos quiere
levantar»[1].
«Mira que hago nuevas todas las cosas».
No podemos saber cuándo ni cómo sucederá
esto, y es inútil querer indagar. Pero es seguro que
ocurrirá.
«Las páginas
finales de la Biblia nos muestran el horizonte último del camino del creyente:
la Jerusalén del Cielo, la Jerusalén celestial, imaginada ante todo como una
inmensa tienda en la que Dios acogerá a todos los hombres para habitar
definitivamente con ellos (Ap 21, 3). Y esta es nuestra
esperanza. Y ¿qué hará Dios cuando
por fin estemos con Él? Tendrá una ternura infinita con nosotros, como
un padre que acoge a sus hijos que durante mucho tiempo se han esforzado y han
sufrido. «Esta es la morada de Dios con los hombres […] Él enjugará toda
lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni
fatigas, porque el mundo viejo ha pasado […] ¡Mira que hago un mundo nuevo!» (21,
3-5). ¡El
Dios de la novedad!»[2].
«Mira que hago nuevas todas las cosas».
¿Cómo vivir la
Palabra de Vida de este mes?
«Esta nos asegura
que nos
encaminamos hacia un mundo nuevo que preparamos y construimos ya desde ahora.
O sea, es todo
lo contrario de una invitación a despreocuparnos y huir del mundo.
De hecho Dios
quiere renovarlo todo: nuestra vida personal, la amistad, el amor
conyugal, la familia; quiere renovar la vida social, el mundo del trabajo, la
educación, la cultura, el tiempo libre, la sanidad, la economía, la política…,
en una palabra, todos los sectores de la actividad humana. Pero para hacer eso,
Él nos necesita. Necesita personas que dejen vivir en sí mismas su
Palabra, que sean su Palabra viva, otros Jesús en sus ambientes»[3].
Alice, una joven
cristiana, comprendió que seguir su vocación requería un cambio profundo para
permitir a Dios actuar plenamente en su vida y hacerla nueva. Como un don
inmenso, tuvo la oportunidad de vivir una experiencia en la India. Allí
saboreó una alegría
auténtica y se sintió inmersa en la gracia de Dios, incluso en los momentos
difíciles. Así, dedica sus días a la oración, a la vida comunitaria
y al servicio de voluntariado. Los niños del orfanato
la impresionaron profundamente: aun sin poseer nada, mostraban un entusiasmo increíble y le enseñaron mucho de la vida. No fue un simple
viaje, sino una peregrinación, un camino a base de «subidas y bajadas», en el
que tuvo que
«vaciar la mochila» y se encontró enriquecida y liberada.
AUGUSTO PARODY REYES y
el equipo de la Palabra de Vida




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