sábado, 31 de enero de 2026

UNA SOLA FE, UNA SOLA ESPERANZA

 VIDA DE LA PALABRA                               últimas semanas de ENERO

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de vida de enero («Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados», Ef 4, 4) y la de diciembre («Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios», Is 52, 10): 

1.-        El pasado domingo, sin pretenderlo, tuvimos concelebrando en la Misa de 11:00 a un monje benedictino (se presentó sin avisar) y en la de 12:30 a un misionero comboniano (se anunció un par de días antes). Entre una y otra, coincidieron ambos. Traté de acogerlos calurosamente a cada uno, (“haciendo verdadera fiesta”) y que se relacionaran con todos, mayores y pequeños, habituales y nuevos.

Fue precioso ver en la parroquia la vida eclesial contemplativa representada en uno, (que, además, iba de camino a predicar unos Ejercicios Espirituales a un monasterio de monjas cistercienses, a las que con él mandé saludos), y la vida eclesial más activa representada en el otro en primera línea de campo en Sudán del sur, (donde están padeciendo la guerra).

En comunión con cada uno de nosotros y con todos los feligreses, (a los que pudieron saludar), y entre ellos. La PdV recordaba: “un solo Cuerpo y un solo Espíritu… una es la esperanza…”. Los saludos, las sonrisas, los abrazos lo decían todo: unidad en la Iglesia, testimonio de fraternidad. Ellos, nosotros los sacerdotes y todos los feligreses quedamos muy contentos y mutuamente edificados.

 

2.-        Continuando con la partida hacia la casa del Padre de mi tía, monja clarisa, sabiendo que ya estaba mal he orado anoche todas las veces que me desperté.

         Por la mañana pedí a las monjas que le pusieran el teléfono al oído, (aunque ya desde hace meses, apenas dice nada), para hablarle del cielo, (como así también hice el lunes cuando le di la Unción).

Me acordaba de la visita que José Varas, otro santito, hizo a su hermano Pedro en Toledo que estaba muy enfermo y cuando se despedían y salía de su habitación, (fue la última vez que se vieron), Pedro le dijo: “¿y te vas a ir sin hablarme del cielo?”. Y José, entre abrumado y emocionado, volvió sobre sus pasos y lo primero que le inspiró el Espíritu Santo fue un texto del Apocalipsis: “sus siervos le darán culto. 4Y verán su rostro, y su nombre está sobre sus frentes. 5Y ya no habrá más noche, y no tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz de sol, porque el Señor Dios los iluminará y reinarán por los siglos de los siglos”.

Eso le dije yo también a mi tía susurrándole a través del teléfono y, además, lo que mi madre repite a menudo: “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni mente alguna puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman”, (S. Pablo) y añadía ella: “¡qué será el Cielo!, ¡¡qué será el Cielo!!”. A la vez le recordaba que la queremos mucho y le iba mencionando cada uno de la familia. Y que sabemos que ella nos quiere muchísimo a todos y cada uno y valoramos lo mucho que ha orado y se ha sacrificado por nosotros y por toda la Iglesia y toda la humanidad.

         En el momento de fallecer, también me llamaron las monjas mientras le recitaban la recomendación del alma, y luego le pusieron el teléfono al oído, (¡es lo último que se pierde!) y le recordé que Dios la ama con locura y estaba esperándola con los brazos abiertos, con toda su Luz y su Paz y que le dijera que sí a todo. Le volví a recordar esos y otros textos bíblicos. Que se vaya tranquila hacia el abrazo del Señor, que ha cumplido con creces su misión y su vocación. Y que la Virgen María estaba saliendo a su encuentro para llevarla de la mano protegida bajo su manto ante el Señor.  

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida enero («Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados», Ef 4, 4), la de diciembre («Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios», Is 52, 10) y la de noviembre («Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios», Mt 5, 9):

 

1.-        hoy me quitaron una verruga fea y el dolor físico que  tuve con los puntos con poca anestesia, pude ofrecerlo a Jesús, y me recordó que este mes estaba como bloqueada; quería escribirte para contar alguna experiencia y era incapaz de expresarme.

Tengo un hijo, como ya sabes, pasando una separación muy difícil: cuando me llama y me cuenta sus dificultades, no se expresar el dolor que me supone comprender sus dificultades, y no poder más que rezar, (nada más, ¡y nade menos!), y escuchar, y llorar en silencio, y sentir que mi vida era solo ese dolor. A menudo este mes, el pasa palabra (=breve recordatorio diario de la PdV armonizada al Evangelio del día) nos habla de la esperanza: sí espero en Él, confío en Él, aunque el dolor me invade muchas horas del día.

 

2.-        muchas gracias por tu mensaje y por tu cercanía. En este tiempo la salud se ha visto muy afectada y el camino está siendo duro, pero procuro mantener la serenidad y seguir adelante, día a día.

Agradezco de corazón tus oraciones y que me tengas presente ante el Señor, porque esa compañía en la fe sostiene y reconforta en medio de la dificultad.

 

 

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