sábado, 31 de enero de 2026

UNA ORACIÓN POR MI TÍA MONJA

 MI TÍA MONJA AL ENCUENTRO DEFINITIVO CON DIOS PADRE


Te pido una oración especial por mi tía, de 90 años, monja clarisa (a punto de haber cumplido sus 69 años de vida religiosa dentro de 4 semanas), hermana mayor de mi madre.

Araceli, (=altar del cielo), nombre de pila; sor María Luisa de la Cruz, de religión. Ha partido al encuentro definitivo con el Esposo del alma esta tarde a las 19:15. Aquí en la parroquia me dio tiempo a pasarle un papelito al compañero que celebraba Misa para que ya la ofreciera por ella. Yo le había administrado la Unción de enfermos el lunes pasado.

Ella fue un puntal en mis inicios vocacionales y un continuo sostén, (junto con toda su comunidad), para mi ministerio y el de tantos sacerdotes.

Elegida muchas veces Madre Abadesa, (lo fue 24 años), de su monasterio: cada elección, ese día se pedía siempre limpiar todos los servicios del convento. Elegida también varias veces como Madre Presidenta (12 años en el cargo) de la Federación, de los por entonces 17 conventos de Clarisas del sur-este de España. Siempre con un palabra de ánimo y sabiduría para todos. “Era una verdadera monja, porque antes es una mujer auténtica”, decían de ella.

Una enamorada del Señor, como S. Francisco y Sta. Clara, sus santos fundadores a quienes amaba con toda su alma e imitaba, y con los que tuvo relación más vital todavía desde que vivía también el Ideal del Unidad, (de Chiara Lubich), perfectamente integrado con su vocación contemplativa-clarisa de clausura y la ayudaba a servir y amar más a su comunidad: se respetaban y querían con locura. La misma Chiara le dio una Palabra para encarnar a lo largo de toda su vida: “si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12,24).

Sin dar un ruido, estos últimos años ofreciendo todo por la Iglesia, como el Maestro ha completado perfectamente su Palabra de Vida y ahora tendrá su pleno florecimiento después de estos últimos años de enfermedad paciente y admirablemente vivida, cuidada por todas las hermanas clarisas de su comunidad.

Su entierro será en su amado convento de Villarrobledo a las 12:00 este próximo lunes, día 2, fiesta precisamente de la Presentación en el templo, fiesta de la Candelaria (Cristo, Luz de las naciones), y, por todo ello, Jornada de la Vida Consagrada.


Aquí puedes leer su testimonio vocacional contado en 2015: https://clarisas-villarrobledo.blogspot.com/2015/03/yo-monja-ni-hablar.html


Continuando con la partida hacia la casa del Padre de mi tía, hoy por la mañana pedí a las monjas que le pusieran el teléfono al oído, (aunque ya desde hace meses, apenas dice nada), para hablarle del cielo, (como así también hice el lunes cuando le di la Unción).

Me acordaba de la visita que José Varas, otro santito, hizo a su hermano Pedro en Toledo que estaba muy enfermo y cuando se despedían y salía de su habitación, (fue la última vez que se vieron), Pedro le dijo: “¿y te vas a ir sin hablarme del cielo?”. Y José, entre abrumado y emocionado, volvió sobre sus pasos y lo primero que le inspiró el Espíritu Santo fue un texto del Apocalipsis: “sus siervos le darán culto. 4Y verán su rostro, y su nombre está sobre sus frentes. 5Y ya no habrá más noche, y no tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz de sol, porque el Señor Dios los iluminará y reinarán por los siglos de los siglos”.

Eso le dije yo también a mi tía susurrándole a través del teléfono y, además, lo que mi madre repite a menudo: “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni mente alguna puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman”, (S. Pablo) y añadía ella: “¡qué será el Cielo!, ¡¡qué será el Cielo!!”. A la vez le recordaba que la queremos mucho y le iba mencionando cada uno de la familia. Y que sabemos que ella nos quiere muchísimo a todos y cada uno y valoramos lo mucho que ha orado y se ha sacrificado por nosotros y por toda la Iglesia y toda la humanidad.

         En el momento de fallecer, también me llamaron las monjas mientras le recitaban la recomendación del alma, y luego le pusieron el teléfono al oído, (¡es lo último que se pierde!) y le recordé que Dios la ama con locura y estaba esperándola con los brazos abiertos, con toda su Luz y su Paz y que le dijera que sí a todo. Le volví a recordar esos y otros textos bíblicos. Que se vaya tranquila hacia el abrazo del Señor, que ha cumplido con creces su misión y su vocación. Y que la Virgen María estaba saliendo a su encuentro para llevarla de la mano protegida bajo su manto ante el Señor.  

 

 


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