MI TÍA MONJA AL ENCUENTRO DEFINITIVO CON DIOS PADRE
Te pido una oración especial por mi
tía, de 90 años, monja clarisa (a punto de haber cumplido sus 69 años de vida
religiosa dentro de 4 semanas), hermana mayor de mi madre.
Araceli, (=altar del cielo), nombre de pila;
sor María Luisa de la Cruz, de religión. Ha partido al encuentro definitivo con el Esposo
del alma esta tarde a las 19:15. Aquí en la parroquia me dio tiempo a pasarle
un papelito al compañero que celebraba Misa para que ya la ofreciera por ella. Yo
le había administrado la Unción de enfermos el lunes pasado.
Ella fue un puntal en mis inicios
vocacionales y un continuo sostén, (junto con toda su comunidad), para mi
ministerio y el de tantos sacerdotes.
Elegida muchas veces Madre
Abadesa, (lo fue 24 años), de su monasterio: cada elección, ese día se pedía
siempre limpiar todos los servicios del convento. Elegida también varias veces como
Madre Presidenta (12 años en el cargo) de la Federación, de los por entonces 17 conventos de Clarisas del sur-este de
España. Siempre con un palabra de ánimo y sabiduría para todos. “Era una
verdadera monja, porque antes es una mujer auténtica”, decían de ella.
Una enamorada del Señor, como S. Francisco y
Sta. Clara, sus santos fundadores a quienes amaba con toda su alma e imitaba, y
con los que tuvo relación más vital todavía desde que vivía también el Ideal
del Unidad, (de Chiara Lubich), perfectamente integrado con su vocación
contemplativa-clarisa de clausura y la ayudaba a servir y amar más a su
comunidad: se respetaban y querían con locura. La misma Chiara le dio una
Palabra para encarnar a lo largo de toda su vida: “si
el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da
mucho fruto” (Jn 12,24).
Sin dar un ruido, estos
últimos años ofreciendo todo por la Iglesia, como el Maestro ha completado
perfectamente su Palabra de Vida y ahora tendrá su pleno florecimiento después
de estos últimos años de enfermedad paciente y admirablemente vivida, cuidada
por todas las hermanas clarisas de su comunidad.
Su entierro será en su amado convento de Villarrobledo a las 12:00 este próximo lunes, día 2, fiesta precisamente de la Presentación en el templo, fiesta de la Candelaria (Cristo, Luz de las naciones), y, por todo ello, Jornada de la Vida Consagrada.
Aquí puedes leer su testimonio vocacional contado
en 2015: https://clarisas-villarrobledo.blogspot.com/2015/03/yo-monja-ni-hablar.html
Continuando con la partida hacia la casa del Padre de mi tía, hoy por la mañana pedí a las monjas que le pusieran el teléfono al oído, (aunque ya desde hace meses, apenas dice nada), para hablarle del cielo, (como así también hice el lunes cuando le di la Unción).
Me acordaba de la visita que José Varas, otro
santito, hizo a su hermano Pedro en Toledo que estaba muy enfermo y cuando se
despedían y salía de su habitación, (fue la última vez que se vieron), Pedro le
dijo: “¿y te vas a ir sin hablarme del cielo?”. Y José, entre abrumado y
emocionado, volvió sobre sus pasos y lo primero que le inspiró el Espíritu
Santo fue un texto del Apocalipsis: “sus siervos le darán culto. 4Y
verán su rostro, y su nombre está sobre sus frentes. 5Y ya no
habrá más noche, y no tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz de sol,
porque el Señor Dios los iluminará y reinarán por los siglos de los siglos”.
Eso le dije yo también a mi tía susurrándole
a través del teléfono y, además, lo que mi madre repite a menudo: “ni el ojo
vio, ni el oído oyó, ni mente alguna puede pensar lo que Dios ha preparado para
los que lo aman”, (S. Pablo) y añadía ella: “¡qué será el Cielo!, ¡¡qué será el
Cielo!!”. A la vez le recordaba que la queremos mucho y le iba mencionando cada
uno de la familia. Y que sabemos que ella nos quiere muchísimo a todos y cada
uno y valoramos lo mucho que ha orado y se ha sacrificado por nosotros y por
toda la Iglesia y toda la humanidad.
En el momento de fallecer, también me
llamaron las monjas mientras le recitaban la recomendación del alma, y luego le
pusieron el teléfono al oído, (¡es lo último que se pierde!) y le recordé que Dios
la ama con locura y estaba esperándola con los brazos abiertos, con toda su Luz
y su Paz y que le dijera que sí a todo. Le volví a recordar esos y otros textos
bíblicos. Que se vaya tranquila hacia el abrazo del Señor, que ha cumplido con
creces su misión y su vocación. Y que la Virgen María estaba saliendo a su
encuentro para llevarla de la mano protegida bajo su manto ante el Señor.
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