VIDA DE LA PALABRA primeras semanas FEBRERO
Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de febrero («Mira que hago nuevas todas las cosas», Ap 21, 5) y la de enero («Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados», Ef 4, 4):
1.- El
lunes y martes pasados los sacerdotes que ejercemos el ministerio en la
diócesis de Madrid hemos tenido una gran asamblea presbiteral que llevaba por
nombre “Convivium”, por la cual hemos rezado durante semanas y meses no solo
todos nosotros, sino todos los conventos y los laicos de las parroquias y
movimientos.
Más de 1.200 habremos
participado esos 2 días. De muy distintas edades, sensibilidades y
espiritualidades, pero todos al unísono con el cardenal-arzobispo, con el
pastor diocesano siguiendo a Cristo, único Sacerdote.
La parroquia ese día y medio
quedó abierta y atendida en todos sus servicios por la corresponsabilidad
compartida de tantos feligreses que de verdad se sienten Iglesia y quieren a
sus curas y les gusta saberlos unidos y con su obispo. Y providencialmente estaban
esos días descansando 2 sacerdotes que, por ser de fuera, no tenían que
participar en Convivium y pudieron
celebrarnos las Misas aquí en la Parroquia.
Todos los momentos del encuentro
nos ayudaban a cada uno de los participantes. Las respuestas en las oraciones
del gran auditorio, (y el lunes por la tarde en la Misa en la Catedral), al
unísono y con más de mil voces armónicas, estremecían por la fortaleza y
convicción, no sólo a los empleados de auditorio y eventos, sino incluso a
nosotros mismos: parecían atravesar el techo como un rayo de fe y amor que
directamente llegaban al cielo.
Las 2 ponencias, las reuniones
por grupitos practicando la “conversación en el Espíritu”, los “talleres”
(“focus Group”) por temas de interés y los ratos de fraterna amistad en los
descansos ayudaban a ir tejiendo lazos todos con todos. La alegría era palpable
en cada rostro, “in crescendo” conforme pasaban las horas y la esperanza de un
mejor ejercicio del ministerio en comunión y, consecuente, de una mayor
evangelización, también. Y todo ello en un lugar concreto: en Madrid como
Iglesia particular dentro de la Iglesia universal. El Papa se hacía presente
con una carta de 7 folios en la que comenzaba con un “queridos hijos” que se
notaba salido del alma, y cada uno de sus consejos llegaban al corazón. ¡La
recomiendo para todo cura y seminarista!
Este clima sobrenatural estoy
acostumbrado a vivirlo cada enero en nuestros encuentros y retiros en
CastelGandolfo a nivel internacional. Pero vivirlo aquí en ciernes y con esperanzadora
perspectiva de futuro me ha emocionado.
Por otro lado, me veía
responsable de aportar para ello en cada momento corresponsablemente mi granito
de arena con la espiritualidad de la unidad también aquí.
Tanto en el de enero como en este
Convivium me venían al corazón con
gratitud y emoción las Palabras del Salmo: “¡ved qué delicia, qué dulzura,
convivir los hermanos unidos!”.
Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de febrero («Mira que hago nuevas todas las cosas», Ap 21, 5), la de enero («Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados», Ef 4, 4) y la de diciembre («Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios», Is 52, 10):
1.- “…hoy me quitaron una verruga fea y el dolor físico por el corte y
los puntos con poca anestesia, pude ofrecerlos
a Jesús. Me recordó que este mes estaba como bloqueada: quería escribirte para
contar alguna experiencia y era incapaz de expresarme. Como ya sabes, tengo un
hijo pasando una separación muy difícil. Cuando me llama y me cuenta sus
dificultades no sé expresar el dolor que me supone comprender sus dificultades
y no poder más, (nada más, ¡y nada menos!), que rezar, escuchar y llorar en
silencio y sentir que mi vida era solo ese dolor. Este mes el breve pasapalabra
que actualiza cada día la PdV con las lecturas de la Misa diaria nos habla de
la esperanza: sí espero en Él, confío en Él, pero el dolor me invade muchas
horas del día…”.

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