sábado, 14 de febrero de 2026

MUY DIVERSOS, PERO MUY UNIDOS

 VIDA DE LA PALABRA                            primeras semanas FEBRERO


Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de febrero («Mira que hago nuevas todas las cosas», Ap 21, 5) y la de enero («Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados», Ef 4, 4):

1.-        El lunes y martes pasados los sacerdotes que ejercemos el ministerio en la diócesis de Madrid hemos tenido una gran asamblea presbiteral que llevaba por nombre “Convivium”, por la cual hemos rezado durante semanas y meses no solo todos nosotros, sino todos los conventos y los laicos de las parroquias y movimientos.

Más de 1.200 habremos participado esos 2 días. De muy distintas edades, sensibilidades y espiritualidades, pero todos al unísono con el cardenal-arzobispo, con el pastor diocesano siguiendo a Cristo, único Sacerdote.

La parroquia ese día y medio quedó abierta y atendida en todos sus servicios por la corresponsabilidad compartida de tantos feligreses que de verdad se sienten Iglesia y quieren a sus curas y les gusta saberlos unidos y con su obispo. Y providencialmente estaban esos días descansando 2 sacerdotes que, por ser de fuera, no tenían que participar en Convivium y pudieron celebrarnos las Misas aquí en la Parroquia.

Todos los momentos del encuentro nos ayudaban a cada uno de los participantes. Las respuestas en las oraciones del gran auditorio, (y el lunes por la tarde en la Misa en la Catedral), al unísono y con más de mil voces armónicas, estremecían por la fortaleza y convicción, no sólo a los empleados de auditorio y eventos, sino incluso a nosotros mismos: parecían atravesar el techo como un rayo de fe y amor que directamente llegaban al cielo.

Las 2 ponencias, las reuniones por grupitos practicando la “conversación en el Espíritu”, los “talleres” (“focus Group”) por temas de interés y los ratos de fraterna amistad en los descansos ayudaban a ir tejiendo lazos todos con todos. La alegría era palpable en cada rostro, “in crescendo” conforme pasaban las horas y la esperanza de un mejor ejercicio del ministerio en comunión y, consecuente, de una mayor evangelización, también. Y todo ello en un lugar concreto: en Madrid como Iglesia particular dentro de la Iglesia universal. El Papa se hacía presente con una carta de 7 folios en la que comenzaba con un “queridos hijos” que se notaba salido del alma, y cada uno de sus consejos llegaban al corazón. ¡La recomiendo para todo cura y seminarista!

Este clima sobrenatural estoy acostumbrado a vivirlo cada enero en nuestros encuentros y retiros en CastelGandolfo a nivel internacional. Pero vivirlo aquí en ciernes y con esperanzadora perspectiva de futuro me ha emocionado.

Por otro lado, me veía responsable de aportar para ello en cada momento corresponsablemente mi granito de arena con la espiritualidad de la unidad también aquí.

Tanto en el de enero como en este Convivium me venían al corazón con gratitud y emoción las Palabras del Salmo: “¡ved qué delicia, qué dulzura, convivir los hermanos unidos!”.

           

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de febrero («Mira que hago nuevas todas las cosas», Ap 21, 5), la de enero («Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados», Ef 4, 4) y la de diciembre («Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios», Is 52, 10):

1.-        “hoy me quitaron una verruga fea y el dolor físico por el corte y los  puntos con poca anestesia, pude ofrecerlos a Jesús. Me recordó que este mes estaba como bloqueada: quería escribirte para contar alguna experiencia y era incapaz de expresarme. Como ya sabes, tengo un hijo pasando una separación muy difícil. Cuando me llama y me cuenta sus dificultades no sé expresar el dolor que me supone comprender sus dificultades y no poder más, (nada más, ¡y nada menos!), que rezar, escuchar y llorar en silencio y sentir que mi vida era solo ese dolor. Este mes el breve pasapalabra que actualiza cada día la PdV con las lecturas de la Misa diaria nos habla de la esperanza: sí espero en Él, confío en Él, pero el dolor me invade muchas horas del día.




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