VIDA DE LA PALABRA primeras semanas de JUNIO
Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de junio («Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. […] Gratis lo recibisteis; dadlo gratis», Mt 10, 7-8) y la de mayo («“Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”», Jn 20, 21-22):
1.- Con el Papa pude participar en la Vigilia de oración
con jóvenes el sábado en la Pza. de Lima. Impresionante el ambiente de familia
sencillamente alegre por verse, incluso sin conocerse. Unos ponían sus banderas
o pancartas de manera que dieran sombra no solo a su grupo. Otros movían
ostensiblemente sus abanicos para que el airecillo refrescaran a diversas
personas de alrededor, como el futbolista valenciano que yo tenía a mi lado. Yo
mismo, mientras salía al servicio, con la mayor confianza del mundo confiaba mi
silleta y mi mochila a una pareja que tenía al lado y solo los conocía desde
hacía media hora. El compartir chocolate o frutos secos con quien fuera era lo
más normal.
1b.- Y después de toda esta fiesta, llegó el momento de la
adoración. Impresionante que el jolgorio de medio millón de jóvenes se
transformara en pocos segundos en un silencio atronador. No se oía nada, solo
un helicóptero muy a lo lejos. Lo que callaban los labios, muchos, como yo, lo
expresábamos con esas lagrimillas de emoción que se escapaban.
1c.- Lagrimillas que de nuevo vinieron a mis ojos al día
siguiente en la Misa de Cibeles cuando el a 5 metros de mi sitio no sólo pasó
el Papa, sino que bajo palio en la custodia pasaba Aquel de quien es su
Vicario, el mismo Cristo a quien, en eses momento o poco antes o después un
millón y medio de gargantas, mientras no lo impedía la emoción, cantábamos
reconociendo que Él es el “amor de los amores” y que “Dios está aquí, cielos y
tierra bendecid al Señor.
Emoción igualmente cuando el
lunes en el estadio Bernabéu, además del coro de mil personas, otras 70.000 nos
sumábamos mirando a la imagen de la Virgen de la Almudena y cantando “mientras
recorres la vida, tú nunca solo estás”. Si los 2 días anteriores al aire libre,
la música y las canciones ascendía directas hacia el cielo extendiéndose por
toda la ciudad, en el estadio, en cambio, retumbaban como trueno que se
concentra en una sonoridad imponente que transía el alma. 1d.- Así
debió oír el Papa a su entrada, cantado a pleno pulmón con ritmo juvenil:
“somos en la tierra, semilla de otro reino, somos testimonio de amor; iglesia
peregrina de Dios”. Tanto que luego él dijo: “hoy la Iglesia que peregrina en
Madrid ha marcado un golazo”; porque “la fe celebrada con alegría se convierte
en testimonio que contagia”.
1d.- Las palabras del Santo Padre, tanto las que escuché en
esos 3 acontecimientos presencialmente, como las que he seguido con dedición en
televisión (en directo algunas u otras en diferido), me hacían recordar el
Evangelio con toda su potencia cuando Jesús decía: “Tú eres Pedro, y sobre esta
piedra edificaré mi Iglesia”, y también “confirma en la fe a tus hermanos”.
Ubi Petrus, ibi ecclesia: donde está Pedro, ahí está la Iglesia.
2.- Unos días antes, una feligresa me había regalado un
taburete retráctil para sentarme en estos encuentros con el Papa.
En
la Vigilia de oración en la Pza. de Lima, escuché a una joven que venía de otra
ciudad y se tenía que salir de la Vigilia para comprar una silla plegable antes
de que cerraran los comercios para una amiga embarazada que vendría a la Misa
en Cibeles al día siguiente. Para que no tuviera que irse a medias, le regalé
yo mi taburete. No quería aceptar pensando que no estuviera yo de pie al día
siguiente, pero le aseguré que en la Misa los curas sí tendríamos silla. Lo
agradeció sorprendida y muy contenta, pero ella prometió restituírmelo, (le
dije que no hacía falta).
Me contó que había venido sola de lejos y que, en
seguida, algunos de mi parroquia la habían acogido como una feligresa más. Le
comenté: “pues que sepas que ayer hablé de ti”. “¿Cómo? ¿Qué?”. Es que la tarde
anterior habíamos tenido toda la Parroquia un rato de adoración para pedir por
los frutos de la Visita Apostólica y, al acabar, dije: “por favor, estad
atentos en medio de la multitud a quien se encuentre solo o triste; acercaos,
presentaos, compartid algo con ellos, como familia de hijos de Dios; e
invitadlos si quieren estar con nosotros todo el rato como grupo”.
Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de junio («Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. […] Gratis lo recibisteis; dadlo gratis», Mt 10, 7-8), la de mayo («“Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”», Jn 20, 21-22) y la de abril («Quédate con nosotros, porque atardece», Lc 24, 29) y la de marzo («Levantaos, no tengáis miedo», Mt 17, 7):
1.- “…volví del fin de semana con el Papa muy reforzada y
renovada a nivel espiritual; por múltiples causas, necesitaba unos días así, y
han sido muy gratificantes…”.
2.- “…para mí, vivir en el Reino de Dios, es estar con el
Señor, haciendo su voluntad, o mejor dicho luchando por hacerla cada día. Y
cuando más lo siento dentro de mí, es cuando durante este curso he estado con
los chicos discapacitados del Hogar Don Orione: ellos me enseñan lo que es
confiar y amar sin esperar nada a cambio.
Intento
llevar esto a mi familia, para llevar un pedazo de Reino de Dios a mi hogar...
y estoy aprendiendo a darme a ellos sin queja, con alegría...: hacer las cenas,
que no me gusta nada, poner lavadoras, colocar el desorden adolescente...
ofreciendo todo por amor a Nuestro Señor y por Él a los míos.
Gracias
por tu generosidad y cuidado…”.
3.- “…con las experiencias cada vez me das fuerza; y lo que
dices en Radio María los jueves… es único, porque es para el momento exacto.
El
otro día me encontré con una señora que estaba haciendo el camino a Santiago y
me preguntó dónde estaba la Catedral. Le expliqué que estaba cerca, pero la vi
un poco nerviosa y añadí: “no se preocupe, yo la acompaño hasta allí”. La llevé,
le mostré tres iglesias muy bonitas y ella ya iba tranquila a los cinco
minutos. Cuando llegamos estaba cerrada, pero había bastantes peregrinos
sentados y tomando algo, estuvimos un ratito hablando y al despedirnos, me dio
un abrazo. Me fui y al rato mi corazón saltó y me vino a la mente que podía
haberle dado el teléfono, por si no había sitio en los albergues y la habría
llevado a mi casa. Me quedé un poco intranquila, pero le dije al Señor que la
cuidara. Por la tarde participé en Misa en la Catedral: no sabía que ellos
tenían la Misa allí y al final el sacerdote les dio la bendición a todos ellos,
pero no la vi, me quedé con pena…”.

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