miércoles, 30 de septiembre de 2026

CARIDAD ES LA PLENITUD DE LA LEY

VIDA DE LA PALABRA                                                  septiembre


Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de septiembre («La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud», Rm 13, 10) y la de agosto («Engrandece mi alma al Señor», Lc 1, 46):

1.-        Me preguntaba cómo vivir especialmente la Palabra de este mes, si ya trato de no hacer daño a nadie. Pero me ha servido para comprobar que no es así, que debo estar mucho más atento en los detalles y aprender a ponerme en el lugar de cada persona, que es distinta de las demás…

Al llegar de vacaciones mandé un correo-e a una persona que colabora en la parroquia dándole unas indicaciones para que hiciera unas cuentas cosas. Con las muchas tareas pendientes y el otro sacerdote de vacaciones, en el correo fui directo, sin poner siquiera un saludo ni preguntarle por sus vacaciones. Me contestó afeándome eso y, (“vísteme despacio, que tengo prisa”), volví a escribirle pidiendo disculpas, saludando y preguntando por todo.

Dos días después, me llama otra persona. Fue directamente al asunto, pero le pregunté qué tal estaba y cómo habían ido los problemillas de trabajo de los días previos. Se enfadó por eso: había llamado queriendo ir directamente al tema y yo, en cambio, me entretuve preguntándole cosas de simple cortesía.

Después de solucionar su asunto, unas horas después llamé pidiendo disculpas.

            En ambos casos, aunque mi actitud no procedía de ninguna mala voluntad, el amar consistió en pedirles perdón yo. ¡Y en aprender que cada uno es distinto y cada uno quiere ser tratado según sus características o su situación concreta! Espero no volver a meter la pata.

 

2.-         

3.-        Desde el viernes tenemos a mi madre ingresada en el hospital de nuestro pueblo, con una gran infección de orina, (nos temíamos muchas más cosas), y muchísima debilidad. Nos pusimos de acuerdo los hermanos y me ofrecí para ir un par de días; ayer me reemplazó mi hermano de Pinto.

Era bonito estar acompañándola y pendiente de cada cosa con ella, y con paciencia infinita en las comidas, pues no tenía nada y apenas se mojaba los labios con cada cucharadita que yo le daba. También estar atento con mis hermanas que viven en el pueblo y todas sus circunstancias. En seguida, también escribir actualizando todo y recomendando cosas y cuidados según nos acordábamos. Otra manera de caridad era estar muy atentos a dar las gracias encarecidamente a cada médico, enfermero, celador o limpiador, añadiendo una sonrisa.

            En el pueblo mucha gente me conoce, (aunque yo a ellos, no), y algunos me invitaron a visitar a su familiar ingresado. Aproveché algunos minutillos que mi madre se encontraba adormilada.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de septiembre («La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud», Rm 13, 10), la de agosto («Engrandece mi alma al Señor», Lc 1, 46) y la de julio («Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese sí que da fruto», Mt 13, 23):

 

1.-        “…te agradezco mucho tu respuesta. ¿Sabes?, le agradecía a Dios hoy  haberme escuchado. Con mi esposo… tenemos por costumbre leer el evangelio directamente, pero al escucharte el otro día en Radio María con la Palabra de Vida, me dio una alegría saber que es posible hacerlo vivenciando el mensaje en nuestra vida diariamente. Creo que el Señor es compasivo conmigo porque me dona su Palabra y esta nueva forma de aplicarla en mi vida... 

Decir que Dios es compasivo es porque es Padre y Él sabe lo que cada hijo necesita. Seguiré practicando cada día este evangelio hasta recibir el próximo: lo voy a anotar en mi móvil, así lo leeré en cada momento…”.

 

2.-        “…hoy es mi último día de vacaciones, aunque con el portátil trabajando y me doy cuenta lo afortunadísima que soy por todas las cosas bonitas que me regala Dios y la vida, por eso no hago más que darle vueltas de que siendo tan afortunada es necesario devolver a los demás un poquito de mi alegría y tiempo…  este verano he leído dos libros: “La prueba de Dios” y “Si no crees en Dios, te doy su teléfono”… porque te llenan el corazón y el alma… todo esto me ha hecho darme cuenta, aún más, de las dificultades que hay en la vida  y que a veces nos metemos en nuestras ajetreadas vidas y no vemos más allá, pero todo lo puede el amor... Por eso me gustaría este año dedicar algo más a los que lo necesitan, de alguna manera… Mi problema es que entre semana trabajo muchas horas y los fines de semanas viajo a otra región ya que mi marido tiene allí el despacho y hasta la jubilación de ambos estamos a caballo entre ambas ciudades, pero cuando esté en Madrid podría ser voluntaria para lo que necesitéis desinteresadamente…”.

 

3.-        “…he sido tía hace unos días! Es un niño hermosísimo. Pero los meses previos fueron durísimos. Mi hermana fue al ginecólogo y detectó un acortamiento de la aorta. Ella preguntó si eso se iría corrigiendo y le contestó que todo lo contrario: conforme creciese el bebé, cada vez tiraría más y sería peor para su supervivencia. Salimos destrozadas.

Habría que realizar una cirugía tremendamente invasiva y sin ninguna garantía: nos recomendaron ir a Madrid porque aquí no hay medios. Y el médico de allí, con poca sensibilidad, le dijo a mi hermana: “ya han pasado los plazos legales…, pero podemos poner en el informe lo especial del caso y…”. Mi hermana se quedó horrorizada, (y, además, había pasado sola): ¡cómo puede alguien pensar en matar a su hijo! Cuando me lo contó, no dábamos crédito las dos: si una madre de modo espontáneo pierde el bebé y se le queda grabado un trauma durante meses, ¿qué será si encima ha intervenido para eliminarlo? [Aquí corroboro yo que, por experiencia de confesonario, ¡hasta 20 o 40 años dura ese dolor y culpabilidad en las mujeres que han abortado voluntariamente].

Decidimos, por supuesto, seguir adelante con el embarazo. Y en la última revisión, un par de semanas previas al parto…, los médicos ponen cara rarísima viendo las ecografías…: “no puede ser, es imposible…”. Mi hermana se queda muda de espanto… Y añaden: “¡no hay ninguna malformación!; ¡está todo normal!”.

El niño nació a mediados: bien, aunque tiene otro pequeño problema corregible fácilmente con una pequeña intervención.

Puede haber sido el organismo del bebé a través de las virtualidades que Dios da al cuerpo humano. Pero o por lo uno o por lo otro, no paramos de dar gracias a Dios: nuestra madre tenía “aburrida” a la Virgen de la Caridad rezando día y noche…”.

 

4.-        “…este amor que manifestamos para con los demás creo que es muy pequeño comparado con el que Dios Padre tiene para con nosotros.

Muchas veces cuando voy en el tren o el metro mi oración es para todos los que me acompañan, a fin de que tengan un buen día en sus trabajos, estudios, decisiones, metas… En fin, ¿estoy aplicando la caridad que tiene el Señor conmigo?? Pienso que sí, es una costumbre que me vino hacerla y a veces pensé: estoy loca!!! Pero, ¿sabes?: me siento bien y  quisiera hacer algo más…”.

 

 

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