jueves, 30 de septiembre de 2021
ORACIÓN DE LA COMUNIDAD CRISTIANA
miércoles, 1 de septiembre de 2021
EN TODO AMAR Y SERVIR
VIDA DE LA PALABRA mes de agosto
1.- No te conté en el correo anterior
lo del 23 de julio. En la parroquia, poco antes de las 5:00 a.m. un ruido me
despierta. ¿Ladrones otra vez? ¿La señora de la limpieza que quiere hoy empezar
una hora antes? No se oye nada más. Aprovecho para ir al servicio, pero con los
ojos cerrados, (pues un rayito de luz de las farolas de la calle ya me
desvelaría del todo). Sin mirar, abrí la ventana para que corriera aire, y…
¡uf!, ¿todavía no refresca?: entra calor.
Me vuelvo a acostar y… otro ruido fuerte de nuevo: ¿una
pequeña explosión?; ¿o sí que ha entrado alguien en la parroquia? Nerviosismo,
pero me viene la PdV de ese mes: “¡ánimo, tu fe te ha salvado!”. Enciendo el
móvil, marco 112, pero antes de pulsar la llamada… miro por todas las ventanas
por si se ve a alguien dentro del recinto parroquial. ¡Alguien, no! ¡¡Algo!!:
un coche ardiendo en la puerta. Aprieto a llamada y aviso a los bomberos que no
tardan ni 5 minutos en llegar, aunque luego el coche se les resistía. Estaba muy
cerca de la parroquia, pero las llamas no hacían peligrar el edificio ni otros
coches.
Ya que estaba desvelado, me quedé rezando en la iglesia.
También para esperar la llegada de la señora de la limpieza y que no se
asustara.
Cuando ya me subí para intentar al menos tumbarme un rato
aunque no me durmiera, miro una última vez por la “famosa” ventana: se acercan
dos adolescentes al coche echándose las manos a la cabeza. Bajo: son las hijas
de la dueña. Trato de transmitirles paz. Me piden que espere la llegada de su
madre.
En fin, hablando luego también con unos vecinos y atando
cabos… saqué mis conclusiones, (venganzas-celos), supongo coincidentes con las
de la guardia civil.
Y dando gracias a Dios, pues si hubiera quemado el otro
coche cerca, sí hubiera podido prenderse el templo parroquial.
2.- A primeros estuve de convivencia
con 22 sacerdotes de distintas diócesis de España tratando de vivir “donde dos
o más…” ese amor recíproco que Jesús pide a los suyos para dejarse notar
resucitado en medio de ellos.
Verdaderamente Él ha sido nuestro descanso. Y también el
Maestro: hemos dialogado-meditado el librito “Narrar el Evangelio hoy” y, con
la consiguiente “comunión de alma” y “comunión de experiencias”, (no simple
debate, ni elucubración…), Él nos ha renovado interiormente y también pastoral
y teológicamente.
A la vez, gracias también a unas correcciones fraternas
al final, me di cuenta que últimamente me he dejado invadir por el
individualismo e inmediatamente (como el niño evangélico del que habla la PdV)
me puse a remediarlo (y continúo): “más vale lo menos perfecto en unidad, que
lo más perfecto cada uno por su cuenta”, decía S. Agustín. Me esmeré en
pequeñas cosas: esperar a quien va más despacio, ponerme de acuerdo por lo
menos con uno para la siguiente cosa a realizar, invitar a otros, perder mi
propuesta o mi gusto para agradar a los otros, etc.
3.- [Desenlace
de la experiencia que te conté al mandarte la PdV de julio] Como recordarás, las últimas semanas
de junio fueron de agitación interior e incertidumbre. Al final, después de
rezar mucho y de tratar de discernir personal y comunitariamente, yo estaba
abierto a todas las opciones, aunque cada una dejaba flancos al descubierto. Yo
no puedo abarcar todo. Sí puedo hacer lo que más quiera Dios, y Él se encargará
de otra manera del resto.
Lo que sí parecía claro desde hace meses, a través de
varios signos, es que el Señor me estaba pidiendo que empezara a preparar las
maletas.
Soy sacerdote diocesano de Toledo, natural de un pueblo
que actualmente es diócesis de Albacete, pero estoy de servicio ahora en la de
Madrid y pertenezco al movimiento de los Focolares: todo sumado presentaba unas
posibilidades más que variopintas. El posible traslado podría ser a todos esos
diversos sitios y tareas. Precisamente por todo ello, se me pedía también, para
el discernimiento, que manifestara yo dónde me sentiría mejor, dónde Dios me
llamaba. La verdad es que todas las posibilidades me atraían, (incluida la de
seguir como hasta ahora), aunque cada una dejaba cosas sin cubrir.
Con varias personas de absoluta confianza, (para así
tener a “Jesús en medio” por la escucha en amor recíproco), traté de poner todo
en común. Al final, casi estaba tentado de hacer como los Apóstoles, en los
Hechos: ellos rezaron intensamente al Espíritu Santo y lo echaron a suertes.
Después de esas semanas de incertezas, ¡el
día de mi aniversario de ordenación!, me comunican que, efectivamente, dejaría
Villalba (parroquia y hospital) a finales de septiembre y me nombrarían para la
de S. José, en Las Matas. Lo acojo con luz y paz. Y si el Señor quisiera otra
cosa, “que mueva ficha” y me lo haga ir viendo claro. Así, pues, me despediré
el último domingo de septiembre y luego haré la mudanza: el 3 de octubre tomaré
posesión de esa nueva parroquia.
Alguna de vuestras
EXPERIENCIAS tratando de
llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de
agosto («Quien
se haga pequeño como este niño, ese es el mayor en el Reino de los Cielos»,
Mt 18,
4), la de julio («Ánimo, hija, tu fe te ha salvado», Mt 9, 22) y la de junio («No todo el que me diga “Señor, Señor” entrará en el Reino de los
Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial», Mt 7, 21):
1.- “…¡Qué bonito lo del
"niño evangélico"!: «el “niño evangélico” lo deja todo en la misericordia
de Dios y, olvidando el pasado, empieza cada día una vida nueva, abierto a las
sugerencias del Espíritu siempre creativo.
El niño no sabe aprender a
hablar por sí solo; necesita que alguien le enseñe.
El discípulo de Jesús […] lo
aprende todo de la Palabra de Dios hasta hablar y vivir según el Evangelio».
el
“niño evangélico” […] ama a todos, sin interés, porque así lo hace el Padre
celestial».
La verdad es que eso intento yo cada día,
vivir el presente: empezar cada día como si fuera una vida nueva,
abierta y atenta a lo que el espíritu Santo me sugiera pero no siempre me
es fácil.
Es como un círculo cerrado. En verdad empiezo
animada y con ilusión hasta que un día mi marido empieza con “¿por qué?, ¿por
qué?, ¿por qué?...” y yo, sin saber qué responder me hundo y lloro. Y, ¿qué
hago? Pues reaccionar como hacen los niños, acudo a los brazos del Padre, a
veces de la Madre, hasta que me tranquilizo y vuelvo a empezar de nuevo. Como
los niños ciertamente que, cuando se caen, se hacen un rasguño, pero le hace un
mimo la madre y siguen corriendo, jugando y ya no siguen pensando en la herida
hasta que se hacen otra.
Cierto, los niños por sí solos no aprenden,
necesitan a alguien que les enseñe y aprender del Padre es una gozada, también
una responsabilidad, pues lo que Él enseña es el Evangelio, así que, si se
quiere ser coherente y buen alumno, lo aprendido luego hay que llevarlo a la
práctica, al día a día…”.
2.- “…en mi voluntariado,
esta mañana cuando fui a levantar a las ancianas encamadas, me he sentido como
que era la primera vez que las veía, con ojos nuevos; luego estaba atenta a lo
que las demás necesitaban, como poner su chaqueta, la cremallera; otra que va
con un tacatá y va muy agachada, recordarle cómo tiene que caminar.
A otra, a la que le gusta mucho rezar el
Rosario, (y por la tarde está acostada cuando lo hacen todos juntos), le
pregunté si le apetecía rezar; enseguida me dijo: “sí, me gusta mucho”. Pregunté
al resto si quería y también me dieron que sí.
Algunas me añadieron: “¿y la gimnasia?”. “Igual
que siempre”: les hago mover los brazos y las piernas, porque algunas están
mucho tiempo sentadas; luego les arreglo las uñas y se las pinto; ellas me lo
agradecen y están contentas. Las que están tristes, trato de hablar con ellas y
escuchar a fondo.
Pequeñas cosas, pero para ellas es mucho. Trato
de ayudar donde me piden: ahí, en la cocina, en el lavadero, etc. Estos son mis
días en el asilo. Viendo a cada uno, como si fuera Jesús…”.
3.- “…amanecía nublado esta mañana: no tenía muy claro
si podría darme un chapuzón en el mar, el último del verano.
Salgo de casa. Al girar la esquina veo al frutero en su furgoneta, le
saludo con la mano. Vuelvo la cabeza a la izquierda, su mujer, desde la tienda,
me desea unos buenos días.
Llego a la Lonja, entro a comprar algo ligero para acompañar a lo que me
queda en la nevera. Converso con la pescadera.
Mientras tanto mi marido ha ido a comprar la prensa. Dejamos las cosas en
el piso y vamos caminando hacia la playa.
3b.- Al pasar por la iglesia, recuerdo la misa del
domingo. Minutos antes de empezar, me preguntan si quería hacer la segunda
lectura. Según me acercaba a leer, sonreía recordando tus recomendaciones para
aquellos que leían: pies juntos, manos quietas, lectura pausada, no leer lo
escrito en rojo, hacer una mini pausa mirando a las personas antes de decir
"Palabra de Dios“… La verdad es que desde que te escuché esas
recomendaciones ya nunca leí de la misma forma. Ante todo me daba cuenta del
profundo respeto que me daba acercarme a ese Libro. Pensar que aquellas
palabras a las que iba a poner voz eran en verdad "Palabra de Dios", me
hacía sentir una cierta dosis de responsabilidad. No era cualquier libro el que
tenía delante de mí y no podía acercarme a él y leerlo como cualquiera de los
otros libros que leía.
Leí: "Acoged con docilidad esa palabra, que ha sido injertada en
vosotros... No os contentéis con oírla, ponedla en práctica...". De nuevo
me acordé de ti, de la palabra de vida.
Llegamos a la playa. Nos dimos un “paseíto” de 14 km, así
que pensamos que, a este ritmo, el verano que viene podríamos hacer el camino
de Santiago.
Desaparecieron las nubes, pude darme un chapuzón y me senté en la orilla. Mientras me despedía de las olas recordaba la mañana y sonreí. Me notaba contenta sin haber hecho nada especial: un saludo, una sonrisa, un intercambio de palabras, una lectura, un recuerdo, un paseo…”.
Si quieres leer
más experiencias similares,
de gente de
todo el mundo,
puedes
encontrarlas “pinchando” AQUÍ o AQUÍ
martes, 31 de agosto de 2021
SEVIDORES DE TODOS
PALABRA DE VIDA septiembre 2021
«Si uno quiere ser el primero,
sea el último de todos y el servidor de todos»
(Mc 9,
35)
Caminando con Jesús hacia Cafarnaúm, los discípulos discuten animadamente
entre ellos. Pero cuando Él les pregunta de qué discuten, no se atreven a
responder, quizá porque les da un poco de vergüenza, pues estaban tratando de
establecer quién era el mayor de ellos.
Jesús había hablado
varias veces de su misteriosa cita con el sufrimiento, pero para Pedro y los demás era un tema
demasiado difícil de entender y de aceptar. En realidad, solo después de la experiencia de la muerte
y resurrección de Jesús descubrirán verdaderamente quién es Él: el hijo de Dios
que da la vida por amor.
Por eso, para ayudarlos a ser en verdad sus discípulos, Jesús se sienta,
los llama a su lado y les revela la verdadera naturaleza del «primado
evangélico»:
«Si uno quiere ser el primero, sea el último de
todos y el servidor de todos».
A pesar de las debilidades y los miedos de los
discípulos, Jesús confía en ellos y los llama a que lo sigan para compartir su misión: servir a todos. Viene a
la mente la exhortación del apóstol Pablo a los cristianos de Filipo: «Nada
hagáis por rivalidad ni por vanagloria, sino con humildad, considerando cada cual a los demás como superiores a sí
mismo, buscando cada cual no su propio interés sino el de los demás. Tened entre
vosotros los mismos sentimientos que Cristo» (Flp 2, 3-5). Servir no tanto como un esclavo, que está
obligado a ese trabajo, sino como una persona
libre que ofrece generosamente sus capacidades y sus fuerzas, que se
entrega no a favor de un grupo o de una parte, sino de todos los
que necesitan su ayuda, sin excepciones ni prejuicios.
Es una llamada también para nosotros hoy, a tener mente y corazón abiertos para reconocer
y ocuparnos de las necesidades de los demás, a ser
activos en construir relaciones auténticamente humanas, a sacar
provecho de nuestros talentos por el bien común, volviendo a empezar cada día a
pesar de nuestros fallos. Es la invitación a ponernos
en el último lugar para impulsar a todos hacia el único futuro posible:
la fraternidad universal.
«Si uno quiere ser el primero, sea el último de
todos y el servidor de todos».
En un comentario a esta palabra de Jesús, Chiara
Lubich sugirió cómo transformarla en vida concreta: «Eligiendo con Jesús el
último lugar en las innumerables ocasiones que nos ofrece la vida diaria. ¿Que
nos han encomendado un cargo de cierto relieve? No
nos sintamos “alguien”, no demos pábulo a la soberbia ni al orgullo.
Recordemos que lo más importante es amar al
prójimo. Aprovechemos esa nueva situación para servir mejor al
prójimo, y no olvidemos estar atentos a lo que
parecen cosas pequeñas, las relaciones personales, las humildes
tareas cotidianas, ayudar a los padres, la paz y la armonía en la familia, la
educación de los niños… Sí; vayan como vayan las
cosas, recordemos que cristianismo significa amar, y amar preferentemente a los
últimos. Si vivimos así, nuestra vida será un continuo edificar el
Reino de Dios en la tierra, y sobre este esfuerzo Jesús prometió todo lo demás
por añadidura: salud, bienes, abundancia de todo… para repartirlo a otros y
convertirse así en los brazos de la Providencia de Dios para muchos»[1].
«Si uno quiere ser el primero, sea el último de
todos y el servidor de todos».
Proteger la casa de todos es un modo de servir al bien común
especialmente actual y que podemos compartir con muchas personas en el
mundo, y es desde hace años un tema de peso para
dar testimonio cristiano juntos. Recordemos en particular que, para
un número de Iglesias siempre creciente, este mes de septiembre se abre con la celebración de la Jornada de la Creación,
que se prolonga hasta el 4 de octubre, con el Tiempo de la Creación.
En una de estas ocasiones, la Comunidad de Taizé propuso esta oración: «Dios de amor, mientras permanecemos en tu presencia, haznos capaces de captar la infinita belleza de lo que has creado, de todo lo que viene de Ti, de su inagotable compasión. Aumenta nuestra preocupación por los demás y por toda la creación. Enséñanos a descubrir el valor de todo y haznos portadores de paz en la familia humana»[2].
LETIZIA MAGRI
[1] C. Lubich, Palabra de vida, septiembre de 1985, en Ead.,
Palabras de Vida/1 (1943-1990), Ciudad Nueva, Madrid 2020, p. 351.
[2] Cf. https://www.taize.fr/it_article24642.html.
N.B.: Aquí puedes
encontrar también la Palabra de Vida
en viñetas para los niños, adaptada para adolescentes y
para jóvenes,
y en
MP3 para escuchar en el móvil.
Palabra de Vida AQUÍ en presentación Power Point
en más de 30 idiomas.
sábado, 31 de julio de 2021
INFANCIA ESPIRITUAL
PALABRA DE VIDA agosto 2021
«Quien
se haga pequeño como este niño,
ese es el mayor en el Reino de los Cielos»
(Mt 18, 4)
¿Quién es el más grande, el más
poderoso, el ganador en la sociedad, en la Iglesia, en la política o en el
mercado?
Esta pregunta sobrevuela las
relaciones, marca decisiones y determina estrategias. Es la lógica dominante a la que
recurrimos –aun sin darnos cuenta–, quizá con el deseo de asegurar resultados positivos y
eficientes a quienes tenemos
alrededor.
Aquí el Evangelio de Mateo nos presenta
a los
discípulos de Jesús que, después
de haber acogido el anuncio del reino de los cielos, quieren saber los requisitos para ser protagonistas del nuevo pueblo de Dios:
«¿Quién es el más grande?».
Por toda respuesta, Jesús tiene uno de sus gestos
imprevisibles: pone a un niño en medio de la gente. Y acompaña este gesto con
palabras inequívocas:
«Quien
se haga pequeño como este niño, ese es el mayor en el Reino de los Cielos».
A la mentalidad competitiva y
autosuficiente, Jesús contrapone el elemento más débil de la sociedad, que no tiene tareas que defender ni de las que
presumir; aquel que es dependiente en todo y confía espontáneamente en la ayuda
de otros. Pero
no se trata de aceptar una actitud pasiva y renunciar a ser propositivos y
responsables, sino más bien de cumplir un acto de voluntad y de libertad.
Lo que Jesús pide es que nos hagamos pequeños, reclama intención y
esfuerzo para invertir decididamente el rumbo.
«Quien
se haga pequeño como este niño, ese es el mayor en el Reino de los Cielos».
Así es como Chiara Lubich profundizó en
las características del niño evangélico: «[…] el niño se abandona confiado a su padre y a
su madre: cree en su amor. […] El cristiano auténtico, como el niño,
cree en el amor de Dios, se arroja en brazos del padre celestial, pone en Él
una confianza ilimitada. […] Los niños dependen en todo de sus padres […]. También nosotros, “niños evangélicos”,
dependemos en todo del Padre: […] sabe lo que necesitamos antes incluso de que
se lo pidamos, y nos lo da. Ni siquiera el reino de Dios se conquista, sino que
se acoge como un don de las manos del Padre».
Chiara subraya además que el niño se
entrega totalmente a su padre y lo aprende todo de él. Del mismo
modo, «el “niño evangélico” lo deja todo en la misericordia de Dios y, olvidando el
pasado, empieza cada día una vida
nueva, abierto a las sugerencias del Espíritu siempre creativo. El niño no sabe
aprender a hablar por sí solo; necesita que alguien le enseñe. El discípulo de
Jesús […] lo aprende todo de la Palabra de Dios hasta hablar y vivir según el
Evangelio».
El niño es muy dado a imitar a su padre. «Del mismo modo, el “niño evangélico” […] ama a todos,
porque el Padre “hace salir el sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos
e injustos” (Mt 5, 45); es el primero en amar porque Él nos amó cuando
aún éramos pecadores; ama gratuitamente, sin interés, porque así lo hace el
Padre celestial»[1].
«Quien
se haga pequeño como este niño, ese es el mayor en el Reino de los Cielos».
En Colombia, Vicente y su familia han
pasado por la prueba de la pandemia, con un régimen de cuarentena muy estricto.
Escribe: «Cuando comenzó el toque de queda, el día a día cambió de golpe. Mi
mujer y nuestros dos hijos mayores tenían que preparar exámenes de la
universidad, y el pequeño no se acostumbraba a estudiar a distancia. Nadie en
casa tenía tiempo para preocuparse del otro. Viendo este caos a punto de
estallar, comprendí que era una oportunidad para encarnar el arte de amar en
nuestra “nueva vida” del Evangelio. Me puse a recoger la cocina, preparar el
almuerzo y organizar las comidas. No soy un cocinero experto ni tampoco muy
bueno haciendo la limpieza, pero entendía que esto podía ayudar a reducir la
ansiedad. Lo que comenzó como un acto de amor puntual se alargó durante meses.
Una vez terminadas sus tareas, los demás miembros de la familia se ocuparon de
la limpieza, de la ropa y de la casa. Juntos hemos visto que las palabras del Evangelio son
verdaderas y que el amor creativo sugiere cómo poner orden en todo lo demás».
LETIZIA MAGRI
N.B.: Aquí puedes
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para jóvenes,
y en
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LA FE SIEMPRE SALVA
VIDA DE LA PALABRA agosto 2021
Alguna de mis
EXPERIENCIAS tratando de
llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de julio («Ánimo,
hija, tu fe te ha salvado», Mt
9, 22) y la de junio («No todo el que me diga “Señor,
Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi
Padre celestial», Mt 7, 21):
1.- El miércoles pasado haciendo la
ronda habitual por las habitaciones en el hospital, mientras hablaba yo en el
pasillo con un enfermo, se me acerca un hombre tan atento preguntando si soy el
capellán y la sacristía estaba abierta: era el técnico de aguas y quería él mirar
el lavabo para control de legionella. Naturalmente la puerta estaba cerrada: en
teoría debe pedir a seguridad o mantenimiento que vayan a abrirle, pero me
ofrecí a acompañarle yo aunque estábamos en la otra punta del edificio.
Lo agradeció y me dijo que tenía que ir al final del
pasillo a por el maletín: “no se
preocupe, le espero”. Procuré no impacientarme. Cuando llega, me dice que tiene
que bajar a los aparcamientos a por una probeta: “no se preocupe: le acompaño y mientras vamos charlando”.
Total, que entre unas cosas y otras, la cosa estaba
suponiendo mucho más tiempo de lo que yo suponía.
A cada nuevo requerimiento, le respondía yo con una
sonrisa a través de la mascarilla (el Señor me lo había puesto delante) y sin
contrariarme (me acordaba de la PdV) pensé que era oportunidad que Él me
ofrecía para ir charlando amigablemente: vi que era poco creyente y nada
practicante. Quedó contentísimo, sin embargo, de que le hubiera acompañado y me
hizo muchas preguntas.
2.- Ayer dudaba yo si ir al entierro
de un sacerdote mayor en Cercedilla. Lo
había atendido en el hospital diariamente desde hace más de tres semanas. El otro sacerdote de mi parroquia estaba
fuera: iba yo a andar muy pillado de tiempo. Por otro lado, desde la fe, la
oración y ofrecer yo una Misa, le alcanza y sirve también desde aquí.
No obstante, decidí ir. Cuando quise
acordar, se me había pasado casi la hora. “Ánimo,
tu fe te ha salvado”. Me fie y ¡sin prisa, pero sin pausa! Y confiando en
Él: a pesar de ser viernes por la tarde (¿posible atasco hacia la sierra?). Y
esperando que no empezasen puntuales. Y sintiendo dentro al Señor, procuré no
sobrepasar los límites de velocidad, ni impacientarme con “los lentos”: de
nuevo gracias a la PdV.
Increíblemente llegué solo con 4 minutos de retraso, pero
justo estaban saliendo los 2 obispos para empezar.
Una vez más comprobé que el Señor me va ajustando la
agenda: “ni un minuto antes, ¡pero tampoco uno después!”.
2b.- Me alegré de haber ido por varios motivos: ver a su familia (que había ido conociendo en el hospital); celebración litúrgica magníficamente desarrollada; pocos sacerdotes de los alrededores (¡y así por lo menos estaba yo!); encuentro con un amigo sacerdote a quien yo no veía desde hace años. En fin: quedé muy contento.
Y al acabar, sorpresa mayúscula añadida: estaba también Jesús
Morán (Co-Presidente a nivel mundial del movimiento de los Focolares: habitualmente en Roma, disfrutaba unos días ahí en su pueblo con sus padres).
Se acercó a saludarme y me invitó a tomar un refresco y charlar un ratillo, que
aprovechamos bien, pues yo tenía pocos minutos para regresar rápido a la
Parroquia y celebrar la Misa de la tarde.
2c.- Llegando a esta, me llaman de la
UCI del hospital. Me vino la tentación del agobio, el estrés y la prisa: tuve que
decirles que esperaran pues iba a empezar la Misa. Me fie de nuevo de la PdV, que
me dio paz a pesar del cansancio acumulado.
Cuando fui, era un enfermo de 44 años que ingresó por
covid ¡en octubre! Lo atendí con todos los auxilios espirituales posibles y poniéndome
en todo momento en el lugar del grupo de familiares que le acompañaban. Esta
mañana he sabido que a las pocas horas falleció.
3.- Tontamente se me mojó el móvil
con un hilillo de agua que saltaba de la ducha por encima de la mampara: inservible. No
obstante, (luego, al pensarlo despacio), dando gracias a Dios, pues lo cogí
saliendo mojado y el aparato estaba enchufado cargando. ¿Podría
haberme electrocutado!?
Lo comenté en el Centro Mariápolis y me
prestaron uno viejo para ir saliendo del paso. Y una añade: “le pedimos al Señor por intercesión de Luminosa
uno nuevo en condiciones para ti”. [Allí, en la capillita del Centro, reposan
los restos mortales de Margarita Bavosi, “Luminosa”]. Le contesté que mejor
pedir no para mí y pedir cosas más necesarias. Ella añadió: “sí, por supuesto; ¡pero también el móvil!:
es útil para tu pastoral”.
El móvil estropeado, lo puse en arroz:
quizá así se podría reabsorber la humedad y funcionar. Tres días… ¡y nada! No
lejos de la parroquia, en la tienda de informática me dijeron que no tenía
remedio y que ni siquiera se podría recuperar ninguna información. Así que,
aunque me acordaba de la petición hecha por intercesión de Luminosa, pensé que quizá
el modo en que se cumpliría era encargar uno de la marca con la que se
sincroniza bien con mi ordenador, (pero de media gama: suficiente para lo que necesito,
pero no caro).
Pero… al final de esa tarde, ¡alguien
me regala un móvil que tenía sin estrenar, (pues prefería sentimentalmente
conservar el que tiene)! Aparte del tamaño ligeramente grande, el inconveniente
era sobre todo la marca, pues solo una sincroniza bien con mi ordenador los
contactos y la agenda. Sensación agridulce. ¡Pero contento por la respuesta a
la oración a Luminosa!
Y… para que me arrepintiera de esa “sensación”,
a la mañana siguiente en la Misa, tras la lectura del maná en el desierto, el
salmo dice: “El Señor les dio un
trigo celeste. Pero tentaron a
Dios en sus corazones, pidiendo una comida a su gusto”. Me quedé helado al “aplicarlo”
al asunto de mi móvil.
Así que, con esa frase en el corazón, los
días siguientes traté de adaptar y acoplar de mil maneras ese móvil regalado. Me
hubiera sido más cómodo ir a la tienda a comprar el móvil encargado, que ya le
había llegado. El hombre (siempre muy amable), me dijo que lo reservaría por si
dentro de unas semanas al final me decidía a comprarlo. Empleé horas tratando
de ajustar el regalado sin dejarme llevar por la impaciencia; no quería fallar
al Señor: aunque sea en una minucia, “¡ánimo!, tu fe te ha salvado”.
Continuamente las tentaciones de apego a algo que ni tengo. Al hablar por teléfono, me dicen que a veces se pierde un poco mi voz. Pero la PdV y el salmo, me vuelven a poner en “Tú, Señor, eres mi único Bien”. Aunque sea en una tontería, prefiero esto antes que tener el móvil encargado, (con cuádruple de capacidad y doble de RAM, aunque no era de alta gama).
Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de julio («Ánimo, hija, tu fe te ha salvado», Mt 9, 22), la de junio («No todo el que me diga “Señor, Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial», Mt 7, 21) y la de mayo («Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él», 1 Jn 4, 16):
1.- “…leyendo todos los textos que has
mandado, pienso en el amor y el perdón... Y sobre todo en la oración y
poner en manos del Señor su voluntad.
Tras
ello pienso en mi hija y todo lo que sufre después de que no cuenten con ella
sus amigas y el sufrimiento que eso conlleva a una adolescente.
Yo también lo paso mal; bueno, creo que peor que ella.
Perdono y rezo para que le ponga en su camino buenas
personas y amistades que le aporten y sepan quererla. Confío y espero.
Estos textos me han dado mucha Paz. Así que, gracias otra
vez, Paco…”.
2.- “…gracias por cada palabra que mandas, y tranquilo, que los calores no dejan
a nadie indiferente.
Este viernes
organizaron una celebración del día de la Virgen del Carmen en Carmelitas
aunque ya no están las monjas. En su grupo de whassap leí, (aunque tarde), que
si alguien podía acompañar con música. Así que, después de 40 años, saqué la
guitarra de su funda y ¡para mi sorpresa aún sonaba! El problema lo tuve al
intentar tocarla: mis dedos ya no me respondían. Y mi segunda sorpresa: al
tocar y cantar intentando acordarme canciones para alabar a Dios, sonaba algo.
Así que, me bajé alguna canción de internet con acordes que me sonaban…
Gracias a Dios,
apareció otro con otra guitarra y alguna canción más. Y así pasamos un rato de
oración a la Virgen, cantando viejas canciones y dando gracias a Dios porque
con Él todo parece fluir solo.
Eso sí, tengo
los dedos que no los siento… por la falta de costumbre y sigo sorprendido: esa
guitarra ha vivido para alabar a Dios; y cantarle (como dijo Agustin de Hipona)
es rezar dos veces…”.
3.- “…en la fecha en que hace años
falleció mi madre, quise pedirle a ella, (con total convencimiento de que se
encuentra en comunión con los Santos), que me ayudara en mi situación laboral,
pidiéndole una luz con la que poder ver el momento de mi jubilación, pues por
motivos de mis vértigos no puedo conducir y este año por el COVID han suprimido
muchos transportes públicos, complicándose más todavía mi situación como
trabajadora itinerante en distintos centros y en distintos lugares, etc.
Después de casi 35 años, tirar la toalla no me parece que
sea el camino, pero cada año que pasa, aumentan más meses y aumenta mi
angustia.
El 2 de julio, fuí a las oficinas de la Seguridad Social
y pregunté el tiempo que me faltaba para poder solicitar la jubilación
parcial con relevo.
Cuál fue
mi sorpresa cuando me informaron que, por tener un hijo y haberle cuidado un
tiempo, me contabilizan seis meses más de trabajo cotizado. Con ello y por la
edad que tengo, ya puedo solicitar a mi empresa ese tipo de jubilación en
noviembre, si se cumplen los requisitos legales, como es mi caso.
Llegué a casa muy contenta, con el ánimo renovado y al
dar gracias a Dios leyendo la Palabra de Vida del mes, me emocioné con la frase
"Ánimo, Hija, tu fe te ha salvado". Estoy convencida de que ese HIJA
viene de Dios Padre... ¡de parte de mi querida madre!…”.
4.- “…te voy a echar un rollo, pero si
me lo callo, reviento😁.
Hoy han resucitado en mí muchas cosas y he tenido muchas
experiencias bonitas y muy positivas.
Para empezar, el haber ido a rezar delante del Señor me
ha alegrado el día de tal forma que no ha habido nada que me sentara mal, ni
siquiera el haber llegado a casa después de la jornada de trabajo, con la
compra, y que mi hermano no se haya levantado para ayudarme a colocar, seguido
de tener que preparar parte de la comida. La mujer que viene de ayuda a
domicilio me ha hecho el siguiente comentario: "ni se molesta, ¿eh? Ya le
vale”. Y yo, tan "pichi", jaja. Es aquí donde todavía no soy capaz de
decir en ese momento, “por Ti, Señor, gracias”. Aunque a lo largo del día
me voy dando cuenta de estas cosas.
4b.- Esta tarde he tenido que venir a otra población a trabajar.
Mi sorpresa ha sido cuando viene un señor que antes me compraba en mi lugar
habitual y que un día le dije que no volviera, porque no le iba a vender más,
(no te cuento la razón, para no alargar más). Yo le he reconocido enseguida y
él, al verme, se ha quedado parado, pero al final ha decidido acercarse a
comprar. Mi primer pensamiento: “no le vendo”, pero... Un segundo después mi
reacción ha sido de amabilidad, deseándole que tuviera suerte.
Me he quedado sorprendida de esa reacción y me preguntaba
por qué he reaccionado así, pues a lo largo de la tarde veo cómo el Señor
actúa, y por eso estoy contenta, ¿no?
4c.- Quiero comentarte algo más. Ayer…
me enfadé con Dios; le decía: “¡vaya!,
ahora que por fin me decidí a ser mejor, a buscar ayuda y a intentar
encarrilarme, te llevas a mi guía”. Pero enseguida pensé, (o Dios me hizo
ver), que no debo apegarme a nada, ni siquiera a mi director espiritual, (si me
equivoco, dímelo).
Espero que la fuerza que Dios me ha dado a lo largo del
día de hoy, perdure durante los siguientes días y no me deje llevar por las
prisas del mundo. Y si no llego a rezar a la hora y cierra la iglesia, haré
como la chica que me contaste ayer: desde dentro de mi coche, “mirando” hacia dentro
de la iglesia.
Buf, creo que he terminado, aunque no sé yo😊
Gracias.
¡Ah sí!: estoy leyendo el libro “Un camino nuevo”, de
Chiara, No logro pasar de determinada página: vuelvo y vuelvo, jajaja. Me
encanta…”.
5.- “…ayer regresé de Lourdes
donde he estado 4 días con Jesús y María, como los apóstoles del evangelio de
hoy. Allí se vive siempre un paraíso, un trozo de cielo en la tierra.
Este año con menos gente y sin enfermos, con muchas
residencias y tiendas cerradas, más apto para el silencio interior donde Dios
habla al corazón, como María a Bernardita. Os tuve a todos muy presentes, renovando
el pacto de unidad el día del Carmen. Fueron las mejores vacaciones para mí:
participando en las procesiones desde mi silla de ruedas, con el alma llena de
gozo. ¡Felices vacaciones a todos! Un fuerte abrazo.”.
Si quieres leer
más experiencias similares,
de gente de
todo el mundo,
puedes
encontrarlas “pinchando” AQUÍ o AQUÍ
viernes, 16 de julio de 2021
FE EN DIOS CON NOSOTROS
A mitad de julio estos textos nos ayudarán a no darnos vacación en vivir con sencillez e intensidad la Palabra del mes («ánimo, tu fe te ha salvado»):
SER MISERICORDIOSO
Debemos reconocer nuestra fragilidad y al mismo tiempo creer que somos
capaces de cambiar; debemos confesar nuestros pecados sabiendo que Dios es misericordia
infinita. Si Él no nos condena, no nos condenemos a nosotros mismos, porque el
amor cubre un cúmulo de pecados.
No condenemos al otro por su debilidad, porque es en la debilidad donde
Dios revela su fuerza.
El tiempo que pasas en culparte y culpar a los demás, te hace perder la
oportunidad de recomenzar juntos.
Perdono al otro porque sé perdonarme a mí mismo. Me perdono porque creo en
el amor misericordioso de Dios.
Vale la pena vivir por este amor, amándonos y perdonándonos mutuamente.
APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra diario, del 16
de julio
FE EN LA PALABRA: FUENTE DE VIDA
[...] " sólo Dios es la fuente
de la vida y, por lo tanto, de la plena comunión, paz y alegría. Cuanto más
bebamos de esta fuente, cuanto más vivamos en esa agua viva que es su Palabra,
más nos acercaremos unos a otros y viviremos como hermanos y hermanas. Entonces
se hará realidad, como continúa el Salmo: "Cuando nos iluminas, vivimos en
luz", esa luz que la humanidad espera. [...]
CHIARA LUBICH, Palabra de Vida
de enero de 2002
AGRADECER A DIOS
POR HACERNOS ENTRAR EN SU COMUNIÓN
DE AMOR.
Cuando empezamos a amar con un amor puro, sin intereses, entramos en una
comunión intensa y cercana con todas las personas que viven esta dimensión de
amor, y sobre todo, entramos en comunión con Dios.
El amor es la única virtud que permanece hasta la eternidad, cuando
entramos en una comunión eterna de amor con Dios y con todos.
Esta comunión no se explica con palabras y no se entiende con la razón. Es
necesario entrar en ella a través de la práctica del amor. No hay otra forma,
ya que ella trasciende todo conocimiento humano.
Sin embargo, deja en nuestro corazón una certeza: vale la pena amar. Vale
la pena entrar en comunión de amor con Dios a través del amor al prójimo.
Igino Giordani, cofundador de los Focolares, decía que con el trinomio “Yo–el
hermano–Dios” se explica la espiritualidad de la unidad, que se refleja en la
relación trinitaria entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra diario, del 14
de julio
CONFIAR EN DIOS, ALIGERA LAS
DIFICULTADES
Como los padres hacen suyos los problemas de los hijos;
como se vive todo en familia, y la vida se convierte así en una sabia lección; sería
"una herejía" separar a Dios de nuestros problemas. Somos sus hijos.
Solos nunca: en Familia.
P. MANUEL MORALES, o.s.a., Comentario al Pasapalabra diario, del 15
de julio
“PORQUE MI YUGO ES LLEVADERO Y MI
CARGA LIGERA”
Cada vez que nos lamentamos de una dificultad,
esta se vuelve más pesada, porque nuestra atención se centra en el problema y
no en la solución.
Muchas veces la solución es tener la humildad de pedir ayuda o simplemente
tener calma y docilidad para no perder la lucidez.
En todo caso, salir de uno mismo para amar al otro es una fuente de luz que
no solo nos ayuda a comprender y aceptar nuestros problemas, sino que muchas
veces los hace tan pequeños frente a las dificultades del hermano, que se
vuelven insignificantes.
Debemos poner de nuestra parte, arremangarnos y amar concretamente con
humildad y mansedumbre, entregándonos completamente a la Divina Providencia.
En Dios encontramos descanso y consuelo. El problema no siempre desaparece,
pero la confianza en Dios aliviana cualquier dificultad.
APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra diario, del 15
de julio





