miércoles, 31 de agosto de 2016

VERANO CON JESÚS-MAESTRO

VIDA DE LA PALABRA                            agosto 2016


Algunas de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la vida diaria la Palabra de vida de agosto («Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos», Mt 23, 8) y  la Palabra de vida de julio («Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo», Ef 4, 32):
1.-        Durante todo agosto he estado procurando aprender del Maestro a través de toda circunstancia y de cada persona, tanto en la Mariápolis, como los 4 días siguientes de vacación con los sacerdotes focolarinos, como en los distintos sitios que he estado acogido en casas de amigos de distintos lugares (además de unos días en mi pueblo).
Vamos, que todo el mes ha sido en verdad una Mariápolis continuada por el “clima” de servicio mutuo por amor y alegría sencilla.
Jesús me ha enseñado mucho a través de la vida cotidiana de los que me han recibido en sus hogares, (ya sin tantas preocupaciones, estaba yo más receptivo aún): generosidad sencilla sin límites, atención continua (y a la vez discreta y respetuosa) hasta el mínimo detalle, posponer salida de un viaje o pequeños planes cotidianos, llevarme a ver los sitios más bonitos (o a nadar, pues saben que me gusta y que lo necesito por salud…), comidas sin sal (no sé cómo se acordaban; hasta los niños estaban pendientes de ello), invitarme a todo, regalos al final, poder hablar detenidamente de modo personal con cada uno de ellos y confesarlos (¡a alguien hasta en una cafetería!, (ya sabes que es un ministerio que me encanta), etc. Con sus preguntas hambrientas de sabiduría o llenas de simplicidad (y no solo los niños), con su petición de consejo o de oración, o comentando (en familia hasta los niños dan consejo espontáneamente)...; con el interés de unos por aprender a rezar la Liturgia de las Horas o a hacer meditación, o a comprender más la Palabra de Dios o las oraciones de la Misa (¡sobre todo la “oración colecta”!) o la posible llamada personal...: ¡la vacación con Jesús en
medio por el amor recíproco es la mejor escuela continuada! Todos son hermanos y… por el amor recíproco… nadie es más ¡y sólo Él es Maestro! ¡¡Y lo ha sido para mí!!
Me he sentido hasta “mimado” por Él a través de todos y cada uno de estos amigos que auténticamente se han volcado con alegría para hacerme reposar “a toda costa”.
Él se me ha regalado en todos ellos, (y a través de otros conocidos), pero también me tenía otras sorpresillas de las que hacen ilusión por lo “rocambolescas”: recién llegado a mi pueblo voy a Misa y… me encuentro a una focolarina casada… ¡de Canarias! que con su marido decidieron hacer noche, precisamente aquí, en su viaje de muchas horas por la península; en Granada, (aparte de la acogida de Paco Molina con corazón desparramado como siempre, a pesar de su enfermedad), en la Misa estaba… una focolarina casada… ¡de Filipinas!; en Málaga, la hija de una amiga a cuyos nietos todavía yo no conocía; en Córdoba, una amiga que hacía 29 años no veía y, además, en la capilla que quedé con ella, justo pasó un sacerdote del movimiento de mis hermanas y me reconoció.
Pero también Jesús-Maestro me ha enseñado no sólo teniéndole a
Él en medio allí “donde dos o más…”, sino también en pequeños reveses y contrariedades: p.ej., se me reventó una rueda por mi descuido al pillar un bordillo; quiso Él así educarme delicadamente: no debo confiarme y debo conducir con más atención todavía; no apegarme ni a dinero (“tirado tontamente”), ni a coche (la rueda era nueva; providencialmente había un taller de ruedas a 300 metros -y al lado gente amiga con quien quedarme mientras-) quizá los del taller se aprovecharon de la circunstancia o por allí un solo neumático es así de caro, pero fueron muy amables; aprendí también a no apegarme a mis planes.
Y en esa ocasión y otras (como ya otras veces he experimentado), Él lleva mi agenda y mi horario puntualmente: me había ofrecido yo a llevar a una persona a un punto de encuentro, (que casi me pillaba de paso), desde donde se iba de viaje con más gente: pues… me tuvieron la rueda nueva del coche (tuvieron que pedirla fuera) varias horas antes de lo previsto… y la gente de ese grupo se había retrasado bastante.
Y otro ejemplo: finalmente he podido presidir, no lejos de mi pueblo (precisamente en el arco de los días que iba a estar yo), la celebración de una boda (la única este año) fruto de uno de mis "saludos en el tren” de marzo del año pasado.
En fin, podría decir que Jesús, divino Maestro, ha estado pendiente de reciclarme valiéndose discreta y casi desapercibidamente de lo bueno, (y de lo negativo transformándolo). “¡¡Uno sólo es vuestro Maestro!!”. Y… “todos vosotros sois hermanos”… ¡y cuántos me ha puesto el Señor este mes en mi camino!


Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de vida de agosto («Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos», Mt 23, 8), la de julio («Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo», Ef 4, 32) y la de junio («Vivid en paz unos con otros»Mc 9, 50):
1.-        “así que ahí va algo sobre la Mariápolis en Logroño del 1 al 5 de agosto:
Han sido unos días preciosos de convivencia vividos en armonía con Dios, las personas y la naturaleza.
El tema central ha sido “La unidad en la diversidad” y los lemas de cada día, (Vivir la diversidad - Escuchar sin prejuicios - Transformación - Mejorar con el otro - Acoger+Dar: degustar la fraternidad), siguiendo el proceso de elaboración del vino (¡estábamos en La Rioja!) nos ayudaban a profundizar y, sobre todo, a poner en práctica ese estilo de vida: cercanía al desconocido,
escucha profunda, servicio concreto, apertura al otro, compartir con sencillez, dejarse transformar por Dios (para los que tenemos el gran regalo de la Fe, hasta que sea Él quien vive en nosotros, como el vino que se convierte en la sangre de Cristo).
El programa, variado: excursiones, talleres, mesas redondas en la sala seguidas de intenso diálogo en pequeños grupos donde todos podíamos conocernos mejor, profundizar los temas y expresarnos con sinceridad... Muy especial fue la vigilia por la paz que nos llevó a vivir un fuerte momento de unión con Dios. Sencilla y solemne la Misa presidida por el nuevo Obispo que nos expresó su alegría por conocernos mejor y nos animó a seguir viviendo intensamente el Carisma de Chiara Lubich que es un gran don de Dios a la Iglesia.
Personalmente ha sido una gran alegría volver a encontrarme con tantas personas que hacía mucho que no veía… y con tantos mariapolitas con los que podía renovar una relación bonita iniciada hace años…
También ha sido experimentar que la Mariápolis tiene en sí una Gracia especial que nos llega a nuevos y veteranos, más allá del programa concreto que se realice y que siempre se podrá mejorar.
Evidentemente no han faltado momentos más difíciles, cosas que no me parecían adecuadas, cosas que me costaban superar, equilibrio por alcanzar en lo personal y en lo colectivo… pero la Gracia del momento presente, en ese ambiente, siempre era más fuerte y doy gracias a Dios por haber podido participar

2.-        “…veo, Paco, que cambias de trabajo y de morada, no así de Corazón. Te deseo lo mejor en la nueva realidad que Dios te invita a construir.
En la composición de nuestras comunidades para el nuevo curso, me mandan de nuevo donde ya estuve. Así que, dentro de unos días tomaré los bártulos y partiré para allí. Espero visitar y atender a nuestro común amigo mayor, como lo hacía años atrás, y formar con la comunidad del movimiento de allí un “cor unum” que se hace universal y concreto en cada espacio y tiempo que nos toca vivir. No sé cuál va a ser  mi trabajo preciso; voy sin pretensiones, dejando que fluyan las cosas y estando a disposición de la voluntad de Dios para allí elegirle y para allí construir relación de amor. La Palabra de Vida seguirá siendo “lámpara para mis pasos, luz en mi camino”.
Mientras, estoy dejando aquí las cosas de forma que la persona que viene tenga todo como me gustaría a mí encontrarlo; hace dos días vino a pasar un día y conocer el santuario-parroquia para situarse: traté de acoger a Jesús en él y ofrecerle con cariño todo lo que le puede ayudar en la nueva encomienda que tiene; marchó muy contento. Al día siguiente envié un correo electrónico a todos los catequistas y fuerzas vivas de la parroquia para hablarles de su nuevo párroco y animarles a seguir trabajando con ilusión y ánimo en la marcha corresponsable de la misma.
            Paco, quiero agradecerte lo que nos vas enviando quincena tras quincena. Gracias. Seguimos unidos allí donde la providencia nos envía…

3.-        “…leyendo tantas experiencias de amor y de perdón, cobro fuerzas para vencer resentimientos, eco de grandes injusticias, y perdono como Jesús, que "se ha hecho pecado para hacernos justicia de Dios", poco a poco, o ahora mismo, porque "ésta es la hora favorable, este es el día de la salvación", según escribe S. Pablo. Un abrazo y recuerdos a José cuando vayas a visitarlo.


Si quieres leer más experiencias similares, 
de gente de todo el mundo,
puedes encontrarlas “pinchando” AQUÍ  y  AQUÍ

N.B.: tú también puedes compartir las experiencias
que, por gracia de Dios, hayas podido realizar
poniendo en práctica el Evangelio;
“pincha” aquí abajo en “comentarios” y escríbela;
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lunes, 1 de agosto de 2016

JESÚS EN MEDIO, MAESTRO

PALABRA DE VIDA                        agosto 2016

 «Uno solo es vuestro maestro
y todos vosotros sois hermanos»
(Mt 23, 8)

Hace ya más de 70 años que se vive la Palabra de vida. Llega esta hojita a nuestras manos y leemos su comentario, pero lo que quisiéramos que permaneciese es la frase que se propone, una palabra de la Escritura, en muchos casos de Jesús. La «Palabra de vida» no es una simple meditación, sino que en ella es Jesús quien nos habla, nos invita a vivir, llevándonos siempre a amar, a hacer de nuestra vida un don.
Es una «invención» de Chiara Lubich, que contó así su origen: «Tenía hambre de la verdad, y de ahí que estudiase filosofía. Es más, como muchos otros jóvenes, buscaba la verdad y creía que la encontraría estudiando. Pero he aquí una de las grandes ideas en los primeros días del Movimiento, y que comuniqué
enseguida a mis compañeras: “¿Para qué buscar la verdad, cuando esta vive encarnada en Jesús, el hombre-Dios? Si la verdad nos atrae, dejémoslo todo, busquémoslo a Él y sigámoslo”. Y así lo hicimos».
Tomaron el Evangelio y comenzaron a leerlo palabra por palabra. Les pareció completamente nuevo. «Cada palabra de Jesús era un haz de luz incandescente: ¡puramente divino! […] Sus palabras son únicas, eternas […], fascinantes, escritas con divino esplendor, […] eran palabras de vida, para traducir en vida, palabras universales en el espacio y en el tiempo». No les pareció que estuviesen estancadas en el pasado ni que fuesen un simple recuerdo, sino palabras que Él seguía dirigiéndonos a nosotros y a cualquier persona de todo tiempo y latitud»[1].
Pero ¿de verdad Jesús es nuestro Maestro?
Estamos rodeados de muchas opciones de vida, de muchos maestros de pensamiento, algunos aberrantes, que inducen incluso a la violencia, y otros rectos e inspirados. Pero las palabras de Jesús poseen una profundidad y una capacidad envolvente que otras palabras –sean de filósofos,
políticos o poetas– no tienen. Son «palabras de vida», se pueden vivir y dan la plenitud de la vida, comunican la vida misma de Dios.
Cada mes destacamos una, y así, lentamente, el Evangelio penetra en nuestro ánimo, nos transforma, nos lleva a adquirir el pensamiento mismo de Jesús, lo que nos hace capaces de responder a las situaciones más variadas. Jesús se convierte en nuestro Maestro.
A veces podemos leerla con otros. Quisiéramos que el propio Jesús, el Resucitado, vivo en medio de quienes estamos reunidos en su nombre, nos la explicase, nos la actualizase, nos sugiriese cómo ponerla en práctica.
Pero la gran novedad de la «Palabra de vida» consiste en que podemos compartir la experiencia y la gracia que nacen de vivirla, tal como Chiara explica refiriéndose a lo que sucedía al inicio y sigue vigente hoy: «Sentíamos el deber de comunicar a los demás lo que experimentábamos, pues éramos conscientes de que, al comunicarla, la experiencia permanecía para edificación de nuestra vida interior; mientras que, si no la comunicábamos, el alma se empobrecía lentamente. Así pues, vivíamos con intensidad la palabra durante todo el día y nos comunicábamos los resultados no solo entre nosotros, sino también a las personas que iban añadiéndose al primer grupo. […] Cuando la vivíamos, ya no era yo o nosotros los que vi­víamos, sino la palabra en mí, la palabra en el grupo. Y esto era una revolución cristiana con todas sus consecuencias»[2].
Lo mismo puede sucedernos a nosotros hoy.





[1] Cf. C. Lubich, La palabra de vida (1975): Escritos espirituales/3. Todos uno, Ciudad Nueva, Madrid 1998, p. 124.
[2] Ibid., pp. 129-130.


N.B.: Aquí puedes encontrar también la Palabra de Vida 
 y en MP3 para escuchar en el móvil.

en más de 30 idiomas.



jueves, 28 de julio de 2016

COMPRENSIVOS UNOS CON OTROS

VIDA DE LA PALABRA                      últimas semanas de JULIO

Una de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a lo cotidiano la Palabra de vida de julio («Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo», Ef 4, 32), la de junio («Vivid en paz unos con otros», Mc 9, 50) y la de mayo («Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo, y Él, “Dios-con-ellos”, será su Dios», Ap 21, 3):
1.-        Compré mi último billete de tren cercanías. Eran 10 viajes, pero luego estos días varias veces me han recogido en coche y llevado “de puerta a puerta” (y otro día me tuve que llevar el mío): al final, me iban a sobrar 5 viajes y no quería desperdiciarlos. Pensando a quién le podían venir bien, me acordé de un joven matrimonio de recién casados, (llegados a España hace pocos días, con beca para estudios) y están viviendo también en el entorno del Centro Mariápolis; yo había oído que el marido tenía que ir casi todas las tardes a Madrid para preparar sus oposiciones.
            Al acabar la Misa en la capillita del Centro Mariápolis, le pregunté a ella. Su respuesta, primero asombrada y luego emocionada: “mi marido ya tiene billete para todo el mes, pero yo precisamente empezaré un pequeño trabajo en Madrid dentro de unos días; anteayer se me extravió mi billete de tren y, como no podemos andar con gastos, le pedí al Señor y a la Virgen que lo recuperara: me han respondido a través de ti; ¡gracias!”.


Algunas de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a lo cotidiano la Palabra de vida de julio («Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo», Ef 4, 32), la de junio («Vivid en paz unos con otros», Mc 9, 50) y la de mayo («Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo, y Él, “Dios-con-ellos”, será su Dios», Ap 21, 3):
1.-        “vivimos contigo este momento de corte que Jesús te ha pedido: hoy entendí que te ibas no sólo de vacaciones, sino a otra parroquia. Nosotros también estamos haciendo la experiencia de "cortar" y de dejarlo todo: hace solo dos semanas que llegamos a España, pero esto solo para decirte que te aseguramos nuestra unidad por una realidad que vivimos juntos.
Ya nos contarás luego todas las experiencias lindas que Jesús te tiene preparadas. Ahora nosotros te contamos la del día de hoy: y es que desde nuestra
llegada, todos los días hemos sentido a Jesús dándonos un regalo, un buen rumbo es el del boleto del tren 😊
¡Esperamos que algún día puedas venir a comer en casa!
Hoy es el aniversario de muerte de la focolarina dueña del apartamento donde vivimos… y antes de morir lo dejó a disposición de la Obra de María para quien lo necesitase, diciendo que en particular ¡¡le encantaría que alguna familia de recién casados, (x el hecho de que el espacio es adecuado hasta para 3 personas), pueda vivir ahí!! Hoy que fuimos a misa en el Centro Mariapolis, le pedimos… poder quedarnos hasta febrero ¡¡y en la tarde nos llamó un focolarino para decir que… si estamos a gusto en este apartamento, podemos quedarnos hasta febrero!!
Cada providencia que hemos recibido desde nuestra llegada nos hace creer con más convicción en el "pedid, que se os dará"

2.-        “y para el final dejo lo más importante: comentar lo de tu situación personal. He leído con mucho interés cada una de tus palabras, que siempre son meditadas y justas. 
         Ahora me toca corresponderte, sin llegar a ser capaz de desatar la correa de tu sandalia... te diré sinceramente lo que pienso: 
Ese " único corazón" que formasteis durante estos años en esa casa paso a paso, [vuestra casa se llama, no en vano, “Cor Unum”], se ha hecho tan grande que ya no tiene sitio allí, se ha multiplicado tanto, tanto, que necesita SALIR. Habéis dado tanto que en cada rincón  de España y más allá... habéis dado vida a muchos corazones que estaban sin latir, vuestro oxígeno puro, cien  por cien, les ha llenado de vida y ahora laten, contagiando también  a otros corazones.
Estoy segura que en tu nuevo destino, te llegará la misma fuerza que nos ha llegado de ti, para que ese gran corazón  que formasteis y que sigue vivo para la eternidad, seguirá  multiplicándose donde Dios quiera, donde Dios te necesite, donde hagas falta. 
La fuerza del amor es invisible y, a veces, dolorosa, pero, cuando se supera la Cruz, se transforma en energía gozosa. Imagino lo que has pasado. Adelante, querido hermano y amigo, nuestros corazones están y van contigo!!

3.-        “esta vez te cuento de mi hijo de 21 años: al regresar volvía con unas zapatillas rotas que además yo no conocía y le dije que cómo iba así (tenían un gran agujero). Me dijo que uno de sus amigos le había dicho: “qué zapatillas tan bonitas llevas” (y estaban nuevas) y mi hijo sin pensarlo dos veces le dijo que se las cambiaba



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domingo, 24 de julio de 2016

INSIEME SUL TRENO


Oltre l’anonimato delle grandi città
Testimonianza


Uno dei problemi delle metropoli come Madrid, è la mancanza di comunicazione.
Ogni giorno migliaia di persone prendono i mezzi pubblici e affollano le grandi stazioni, ma nessuno parla con l’altro. Neanche si osa guardare in faccia le persone che si hanno accanto, perché impegnate a leggere il giornale, ad ascoltare musica o a parlare al cellulare.
Ho deciso, allora, di cominciare a salutare la gente, come si usa fare in quei piccoli villaggi dove vivevo anni prima e, anche se per natura sono molto introverso, saluto qualsiasi persona incontro per strada, alla stazione ferroviaria, durante i miei quotidiani viaggi in treno dalla Cittadella dove abito a Madrid.
Il primo saluto, mi costa sempre tanta fatica. La gente all’inizio si meraviglia ma poi, di solito, gradisce. Magari saliamo insieme sul treno o
c’incamminiamo insieme parlando.
Così, dopo tre anni, sono circa 200 le persone con cui ho instaurato un dialogo.
Certo non sempre la cosa funziona: alcuni quando mi vedono, abbassano la testa o prendono un’altra strada. Ma in genere vengono fuori bellissime esperienze.
La prima persona che ho salutato era una signora. Quattro giorni dopo ho potuto amministrare il sacramento dell’unzione degli infermi a suo papà. Subito dopo mi ha chiesto: “Ma perché quel giorno mi ha salutata?” e io le ho risposto: “Perché credo nella fraternità universale, poiché Gesù ha chiesto «Che tutti siano uno»”. E lei: “No; forse perché Dio voleva preparare bene mio padre per questo momento. Da oggi, se qualcuno mi dirà che Dio non esiste, mi metterò a discutere con lui!”. Questa fu per
me la conferma che bisogna essere attenti al prossimo che Dio ci mette davanti nell’attimo presente e non lasciarcelo sfuggire. Quella signora mi ha portato poi a conoscere tutte le sue compagne di lavoro ed in seguito ho presieduto la celebrazione del matrimonio di sua sorella e battezzato la bambina.
Nella cappella del nostro Centro Mariapoli, la mamma di una ragazza mi ha raccontato di un fatto accaduto a sua figlia: «Un giorno se ne era andata a lavorare arrabbiata contro Dio, ma quando tornò a casa mi disse: “Mamma, sai cosa mi è successo? In stazione ho incontrato un signore che mi ha salutata, abbiamo viaggiato insieme parlando di tante cose, ed era un prete!”». Per quella ragazza, questo era un segno che Dio le veniva incontro. Mi hanno così invitato più volte a pranzare con loro, a benedire la loro casa e mi hanno poi presentato ai loro vicini. Questi, anche se la moglie appartiene alla Chiesa ortodossa russa, mi hanno chiesto di benedire la loro casa e più volte sono rimasto a cena da loro.
Un giorno c’era uno sciopero e si doveva aspettare per parecchio il treno. Due bambini e il loro papà erano annoiati dalla lunga attesa. Mi sono messo allora ad insegnare loro delle canzoni coi gesti. Il giorno dopo, i piccoli hanno convinto il papà a venire a trovarmi. Da allora, ogni sabato vengono alla nostra Messa e hanno voluto che fossi io ad amministrare la prima comunione alla figlia.
Alcune persone che da anni erano vicini di casa, o altri che da tempo si erano incrociati alla stazione o avevano viaggiato sullo stesso treno, non si erano mai conosciuti. Sono stato io a presentarli l’uno all’altro! Alcuni sono diventati oggi amici inseparabili.
Nascono rapporti molto belli anche con chi non crede. Un signore, “agnostico di sinistra” (così lui stesso si definiva nella prima mail), mi ha sentito raccontare che da bambino avevo desiderato uno Scalextric (gioco di macchinette), e che dopo aver risparmiato per ben due volte i soldi necessari, li avevo donati per i missionari. Il giorno dell’Epifania ho visto arrivare un grande pacco, anonimo. Era quel gioco; provvidenziale perché proprio in quei giorni avevo assunto l’impegno di animare un gruppetto di bambini.
Sono consapevole che queste belle cose sono frutto della vita di famiglia con i sacerdoti con cui abitiamo e anche con altri sacerdoti con i quali ci raduniamo ogni lunedì per fare fraternità e condividere ogni cosa; ma sono anche frutto della vita d’unità con i focolarini e le famiglie che abitano attorno a noi, nella piccola cittadella di testimonianza del Movimento dei focolari, alle porte di Madrid.

“C’è una via… La sfida dei rapporti”,
Testimonianza di Paco-T. della Spagna
Congresso internazionale di seminaristi

Castel Gandolfo, 2–4 gennaio 2009

Articolo similare in spagnolo: saludos en el tren


SALUDOS EN EL TREN

Han sido once años y medio tomando a diario los laborables el tren de cercanías, (y caminando previamente desde nuestra casa “Cor Unum” a la estación) y, al llegar, caminando desde Charmartín.
        He conocido mucha gente en esas caminatas y, sobre todo, en la estación y en el tren. Y la mayoría han sido bonitas experiencias.
       Un amigo se entretuvo en recoger algunas de las de los primeros años, (extrayéndolas de mis correos-e. en los que mando la Palabra de Vida y las experiencias -la Vida de la Palabra-, que hace pocos años también empecé a colgar en este blog), y elaborar este artículo que en marzo de 2008 publicó la revista mensual Ciudad Nueva. Como conclusión de esta etapa de la vida, ante mi traslado, lo comparto contigo y te lo ofrezco. "Que sea siempre todo solo para mayor gloria de Dios", (como siempre añade mi madre en todo):


Saludos en el tren
Javier Rubio

De la vida misma La incomunicación en las grandes urbes es cosa habitual, pero hay quien tiene el coraje de ir a contracorriente.

“Había una vez...”, así tengo que empezar, porque lo que voy a contar tiene algo de fábula, o sea, fabuloso; como los cuentos, cuyo recurso literario es sorprender al lector.

Un problema de las grandes urbes, quizás el primero, es la incomunicación: muchas personas y cada una a lo suyo. Pues bien, el reto que se plantea cada día Paco, nuestro personaje, es alterar el orden comunicativo establecido, o mejor, incomunicativo.

Empieza así: «Aunque me da verdadero “corte” acercarme de primeras a alguien que no conozco, voy saludando a la gente en la estación y en el tren. Muchas caras se repiten cada día. En Chamartín empecé a saludar a un señor que acabó ofreciéndome trabajo para mi hermano». Una vez le había contado que su hermano es informático, y el buen hombre, que resultó ser director general de una gran empresa, le ofreció trabajo para cualquier
informático que Paco conociera. «A mi hermano no le hizo falta –sigue Paco–, pero le he mandado varios currículos, y entre ellos el de una chica a la que también conocí en la estación, una vez que tuve que esperar un buen rato en la cola. Ayer me volví a encontrar con el señor y me dijo que había entrevistado a la chica y que la iba a contratar. Al rato, me llamó ella para decírmelo». Haz el bien, y no mires a quién.

 «Esta “locura” de procurar saludar a gente desconocida –concluye– produce frutos materiales, en algunos casos, y espirituales, espero que en todos». Frutos materiales como por ejemplo... «Esperando el cercanías, llegaron dos personas a las que yo saludaba hace tiempo. Como otras veces cuando veo a varias, las presenté. Una es madre de cuatro pequeños, la otra iba a ser abuela. Ya sentados en el tren, mientras yo saludaba de nuevas a un señor y lo introducía en la conversación, la mamá ofreció a la futura abuela todos los útiles para bebés: bañera, cambiador, etc. Y el domingo se presentó en su casa con el coche cargado de cosas». La Providencia actúa; buena conclusión. Y frutos espirituales... «Otra vez, esperando el tren, di los buenos días a una persona que ya había visto varias veces». Tres días después se la volvió a encontrar y lo saludó de un modo especialmente alegre: «Me dijo que quería ir con sus padres a la misa que celebro los sábados, y efectivamente ese sábado estaban ahí los tres». Después de la misa, la madre desveló la causa de la alegría de su hija, y seguramente ésta se sintió un poco incómoda. ¡Ay, las madres! «Al parecer –sigue Paco– habían tenido una conversación en estos términos: “¿Por qué a nosotros, que intentamos ser buenos –decía la hija–, nos va todo mal, mientras que a la gente despreocupada de la fe y del bien le salen las cosas? ¿Para qué tanto rezar?”; y había amenazado a su madre con romperle todas las estampas de santos. El día después, al regresar del trabajo, llegó muy serena y le dijo a su madre: “¡Mamá, no sabes lo que me ha pasado! Me han saludado en la estación y luego hemos hablado durante todo el viaje: ¡era un cura católico!”. Por lo visto para ella fue la confirmación de que Dios no les había abandonado. Y para mí, la confirmación de ese “sígueme” que Jesús me dice en cada instante. ¡Menos mal que le hice caso!».

 No lo habíamos dicho, pero está claro que nuestro personaje es sacerdote. Se confiesa “forofo” de la Palabra de vida y asegura que da sentido a su vida: «Aquella semana hubiera podido calificarla “de infarto”. Tendría que haberme estresado, preocupado y hasta angustiado en muchas circunstancias. Pero me puse “a la escucha” y en seguida me venía a la mente: “Él todo lo ha hecho bien...”. ¿Todo? Entonces, ¡plena confianza en Él! Por tanto, este horario podré cumplirlo, esto seré capaz de prepararlo, esto encontraré quién lo solucione... Me volvía la paz y trataba de transmitirla, aunque la situación fuese apurada. Creo que así logré afrontar las situaciones y amar a las personas. Y la verdad, me sentí toda la semana como en una luna de miel, bajo la paterna mirada de Dios».

 A veces, la labor pastoral de Paco se presenta accidentada: «Aquella fue una boda complicada. Los novios ya vivían juntos y había que hacerles comprender que Dios no ve así las cosas; pero tampoco podía dejarlos mal. Tenía que amarlos para que descubrieran positivamente la gracia del sacramento. Por otra parte, había que dejar bien al párroco del lugar, que sigue unas normas estrictas, y a la vez conseguir que la gente gozara de una liturgia bien vivida y participada». De manera que se plantó en el momento presente sin agobios y se dejó inspirar por la Palabra de vida de ese mes (amar a todos, benevolencia, misericordia) y el resultado fue inesperado: «A los novios, en privado y preparando la ceremonia, les presenté la gracia del sacramento, y creo que lo entendieron. Al párroco lo dejé en buen lugar comentando lo bien cuidada que estaba la iglesia y cuánto participaba la gente. Los novios y sus padres estaban felices». Luego lo llamó el párroco, y Paco recuerda que «yo me temía una reprimenda por haber sido condescendiente, por permitir música en la celebración, etc. Pero no; me dio las gracias».

 Volvamos al tren... «Una de las veces –dice Paco– por lo visto debí de contar que de pequeño me hubiera gustado tener un scalextric». De hecho el chico ahorró durante varios años, pero cuando ya tenía casi todo el dinero, lo dio para las misiones. Y es que sus padres solían hablar de lo mal que lo pasan niños de otros lugares, y con mucha pedagogía, a juzgar por el efecto. «Creo que volví a ahorrar por segunda vez –añade–, y lo volví a donar». De
modo que le echó imaginación al asunto: «Pegando varias cartulinas pinté un circuito y en cartón dibujé varios “fórmula 1”. ¡Mi hermano y yo disfrutábamos un montón!». Pues bien, la persona a quien le contó el episodio se quedó impresionada y lo invitó a conocer a su familia. Cuando fue a visitarlos, como era cerca de Navidad, Paco les llevó un Niño Jesús de esos que elaboran los gen4 para recordar quién es el protagonista de las fiestas (cfr. campaña "Han desalojado a Jesús"). El día de Reyes, cuando volvió a casa, se encontró con un paquetón y una nota: «Por una frase supe quién había “escrito” por mí a los Reyes Magos: “creemos que serás feliz haciendo que otros disfruten también de lo que el paquete contiene, p. ej. esos niños que hacen figuras del Niño Jesús como la que nos has regalado”. ¡Vaya, los Reyes me habían dejado un scalextric!».

 Cuando estos retazos de vida se comparten, el efecto se multiplica. Y nuestro cura, además de relacionarse cara a cara, también lo hace cibernéticamente, que es lo que hoy se lleva. O sea, que usa el correo electrónico. Envía a mucha gente la Palabra de vida, les cuenta episodios como los que recogemos aquí, y a veces hay confidencias de mucho calado. Pero sobre todo motiva a sus interlocutores a vivir y contar lo que viven.

 Una vez le llegó este correo electrónico: «Cuando trabajas en otra ciudad, acabas conociendo y saludando al conductor del autobús y al grupo de limpiadoras que también tienen que viajar. Un día, el conductor, que es marroquí, me comentó que tenía que arreglar sus documentos del carnet de conducir. Yo me informé y le dije los pasos a seguir, pero él reconoció con pena que su horario de trabajo no le permitía hacer las gestiones. Así que se las hice yo. Quiso pagarme, pero no le dejé. Y como quería mostrarme su agradecimiento, cuando anunció por el altavoz la parada en la que suelo descender, añadió: “aquí se baja la mejor notaria del mundo”; y acto seguido todo el grupo de limpiadoras lo corroboró con un gran aplauso, secundado por todo el autobús. “¿Por qué aplaudimos?”, preguntó un hombre a su mujer. “Tú aplaude y calla”, sentenció ella».


 ¿No es desconcertante? Me pregunto cómo puede uno estar en medio del mundo, codo a codo con la gente que te rodea, y al mismo tiempo sumido en la contemplación de las cosas más elevadas. Conciliar ambos extremos es atractivo porque es un reto.


J. RUBIO, artículo “Saludos en el tren”, en Revista Ciudad Nueva, marzo 2008




Un año después, me pidieron contar algo similar en un encuentro; para quien entiende el italiano, aquí puede leer aquella intervención, en la que narré otras experiencias de aquellos años, siempre relacionadas con el tren: El desafío de relacionarse



viernes, 15 de julio de 2016

PARA TENER MISERICORDIA, NO JUZGAR

Aunque sea verano, no hay que dejar nunca de practicar la Palabra. Aquí tienes unos textos para reforzar la de este mes de julio, (aparte de que durante el mes a menudo la releas y medites):



NO JUZGUÉIS…

…todos queremos que en el Juicio Final “el Señor nos mire con benevolencia, que el Señor se olvide de tantas cosas feas que hemos hecho en la vida”… “Si tú juzgas continuamente a los otros, con la misma medida serás juzgado”...
“Mírate en el espejo, pero no para maquillarte, para que no se vean las arrugas. No, no, no, ese no es el consejo. Mírate al espejo para ver cómo eres. ‘¿Por qué miras las brizna que hay en el ojo de tu hermano y no te fijas en la viga que tienes en el tuyo’? ¿Y cómo nos califica el Señor cuando hacemos esto? Una sola palabra: hipócrita, quita antes la viga de tu ojo y entonces verás bien para quitar la brizna del ojo de tu hermano”.
… “parece que el Señor se enfada un poco aquí” y llama hipócrita a aquel que se pone “en el lugar de Dios”. Se trata de algo que quiere el demonio, como ya hizo con Adán y Eva: “ponerse en el lugar de Dios”…
Por eso es tan feo juzgar. ¡El juicio sólo es de Dios, sólo es suyo! A nosotros nos corresponde el amor, la comprensión, rezar por los otros cuando vemos cosas que no son buenas, pero también hablarles a ellos: ‘mira, yo veo esto y quizás…Pero nunca juzgar. Nunca. Esto es hipocresía”.
Cuando uno juzga “nos ponemos en el puesto de Dios” pero “nuestro juicio es un pobre juicio” y “nunca puede ser un juicio verdadero…”.
“¿Y por qué el nuestro no puede ser como el de Dios? Porque  a nuestro juicio le falta la misericordia. Y cuando Dios juzga, juzga con misericordia…”

PAPA FRANCISCO, Homilía matutina en Misa capilla Sta. Marta, 20 junio 2016





CALLAR LO QUE PUEDE DIVIDIR

“San Ambrosio reprochó que la virtud del silencio no consiste en el no hablar, sino en saber callar, y en saber hablar a tiempo.
¿Os parece a vosotros, que se respeta esta virtud si, en cada momento y con una impasibilidad creciente, nos comunicamos sin ninguna discreción, por ejemplo, el espectáculo del dolor, buscándolo más bien, incluso instigándolo con todos los recursos? 
Tengo que hacer callar todo en mí para descubrir la voz de Dios
Y hace falta extraer esta voz, como se aparta un diamante del barro: limpiarla, exhibirla y dejarse conducir de ella.”


SERGIO ZAVOLI, Comunicare, ma con quali parole?



miércoles, 13 de julio de 2016

EL AMOR RECÍPROCO, CREADOR DE PAZ

VIDA DE LA PALABRA               primeras semanas de JULIO

Algunas de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a lo cotidiano la Palabra de vida de julio («Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo», Ef 4, 32), la de junio («Vivid en paz unos con otros», Mc 9, 50) y la de mayo («Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo, y Él, “Dios-con-ellos”, será su Dios», Ap 21, 3):
1.-        Más que una experiencia mía, lo que te cuento son muchas experiencias que muchos han realizado hacia mí. Estos días los focolarinos y focolarinas y algunos de la comunidad han hecho un trabajazo impresionante recogiendo y vaciando nuestra casa, llamada Cor Unum, (al sitio donde iré tengo que llevarme poco más que mi ropa personal y libros). Ha sido un auténtico regalo de inmenso amor de ellos (¡de Dios a través de ellos!), pues me agobiaba bastante solo pensar en esa tarea. La verdad es que estos meses, (estaba sólo como sacerdote desde diciembre), se han ocupado de que no me cansase mucho, con mil detalles, entre ellos invitándome unos y otros (y algún otro amigo/a, que son verdaderos hermanos/as) también a menudo a comer y cenar.
            A la vez ha sido un desprenderse y un bonito desapego total de tantas que el Señor (muchas a través de tantos de vosotros) ha ido haciendo llegar para ir adecentando en estos once años y medio la casa. Ahora tocaba “dar gratis, lo que gratis recibisteis”.
            En referencia a la casa misma, mi madre no hace más que repetir, (y yo me uno de corazón, no solo al edificio en sí, sino al designio de Dios sobre su finalidad), parafraseando a Job: “Dios te (os) lo dio, Dios te (os) lo quitó: ¡bendito sea el nombre del Señor!”. Ya conoces la preciosa historia de providencia y comunión de bienes que tiene detrás la casa. Ahora nos la conservará esa familia. Veremos dentro de 3 ó 4 años que dispone Él en su Providencia amorosa.
            Es que Dios sale al paso continuamente: mientras todavía sigo las últimas semanas en el trabajo de estos trece años, estoy desde el lunes en un piso cercano que también han preparado los focolarinos mientras yo estaba la primera semana del mes fuera. Antes de ello, (y ahora después), unos vecinos amigos me han dejado la llave de su jardín para que pueda entrar a nadar en su piscina, (sabiendo que me encanta y que lo necesito por salud). Muchos otros me han ofrecido para estas semanas sus casas, incluso algunos trayéndome unas llaves.
            Esa semana que he estado con mi madre, fui con ella a llevar a mi sobrino a casa de mi hermana en la provincia donde ellos viven. Nos íbamos a quedar un par de días para no hacer el viaje seguido, pero tampoco más porque su vivienda es muy pequeña ya simplemente para ellos 4: al saberlo unos amigos míos de aquí que tienen allí justo en el piso de arriba otra casa y precisamente se iban esa tarde que nosotros llegamos, nos dejaron la llave para que pudiéramos quedarnos el resto de la semana.
            “Quien deja… casa…, hermanos… por Mí y por el Evangelio… encontrará cien veces más… casas…, hermanos y hermanas…"


Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de vida de julio («Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo», Ef 4, 32), la de junio («Vivid en paz unos con otros», Mc 9, 50) y la de mayo («Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo, y Él, “Dios-con-ellos”, será su Dios», Ap 21, 3):
1.-        “quería también contarte una "cosecha" que dejaste aquí en nuestra ciudad, aunque solo estuvieras unas horas...
El fin de semana pasado, hizo la comunión el sobrino de mi marido. Decidimos obviar todo el “mal rollo” que hay hacia nuestra familia y la discriminación, (llevamos al menos 2 años tratando de amarles en primera persona, sin juzgar...), quizás lo percibiste en el bautizo...
Pues volviendo a la primera Comunión, decidimos regalarle cosas espirituales, y le regalamos una cruz para colgar, el libro "Las
Virtudes", de Ciudad Nueva, y el “dado del amor”.
¿Cuál fue nuestra sorpresa?: cuando vio el dado y vio escrito en él lo de “amar a todos”, “amar al enemigo”, etc... dijo: "esto fue lo que Paco explicó en el bautizo del primo". Para nosotros, fue algo hermoso... porque el niño captó algunas ideas... Mi marido estaba muy contento... porque a pesar de lo que lleva sufrido, es como un soplo de aire nuevo

2.-        “leyendo como siempre la PdV y las experiencias. Cada vez que las leo me fortalecen. Fíjate que cuando estoy algo depre, molesta o simplemente alejada, busco rapidito tus correos, leo un poco y es como remedio santo. De verdad eh!!!
Así que…, te vas ahora. Yo que ya te había… identificado con las Mariápolis. Comprendo que nada es nuestro y que el Señor es el que tiene la palabra SIEMPRE



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