jueves, 28 de agosto de 2014

VIVIR EL EVANGELIO EN VACACIONES

VIDA DE LA PALABRA              mes de agosto
Alguna de mis EXPERIENCIAS durante las vacaciones y tratando de vivir la Palabra de Vida de agosto:
1.-        La anual Mariápolis veraniega del 1 al 6 de agosto, (este año en Granada), ha sido novedosa como cada vez, aunque el esquema sea similar. Previamente preparada con tanto mimo por toda la gente del lugar, también estábamos invitados desde los meses previos a hacer nuestras sugerencias y, ("tqt", ¿tú qué traes?) a llevar luego desde cada sitio alguna colaboración, que se ofrecía en los momentos intermedios (pequeños recitales de guitarra o violoncelo, degustación de productos de diversas regiones, magia, juegos populares, etc.) que invitaban a charlar y relacionarse unos con otros.
          Hemos tratado de componer un "Mosaico de fraternidad", (era, además, el lema): unas 950 personas de toda España (entre ellos, unos 300 menores de 30 años). Cosas sobresalientes de la historia y cultura granadinas (aparte de conocer la ciudad y sus entornos) servían también para ilustrar temas y experiencias inculturados de esa forma. Hasta el tiempo acompañó los primeros días, en los que no hizo calor (¡incluso había que dormir algo arropado!).
          "Un amor abierto a todos" (con las 6 caras del diálogo), "Un amor sin medida", "El amor que va y vuelve: recíproco", "Protagonistas de fraternidad" y, abiertos a la sociedad y al mundo, "Mosaico de Fraternidad" han sido los objetivos que cada día había que ir poniendo en práctica en la convivencia, excursiones o talleres.
          Al final, todos nos sentíamos en familia con todos y con una "atmósfera" especial, huella de la presencia de "Jesús en medio" de "dos o más unidos en su nombre"; verdadera "ciudad de María", que da a Jesús a los participantes y al mundo. P.ej., uno de los días, al acabar de comer-sobremesa, me dice una señora: "ya sólo por este ratito de conversación entre los 6, hubiera merecido la pena venir a Granada". En las visitas culturales o en las excursiones, la gente (viendo ese "clima" de reciprocidad) preguntaba. P.ej. varios guardias de la Alhambra, durante la visita nocturna que hicimos en 30 grupos: "pero ¿quiénes sois?; ¡tan alegres, tan amables, con 'tan buen rollo' entre vosotros a pesar de que se os ve muy distintos, tan educados para con nosotros…!".

2.-        Los días de vacación en convivencia con un grupito de sacerdotes entre los que de verdad se notaba la presencia de Jesús en medio por el amor recíproco, (también en el descanso, haciendo ejercicio, en ratos de lectura, paseando juntos…), sirvieron para retomar fuerzas espirituales y físicas.
          A pesar de eso, luego en mi pueblo, cuidando a mi padre, me repitió la cruralgia (similar a la que en marzo me aquejó más de un mes): es algo parecido a una ciática, pero el dolor agudo baja por delante de la pierna y se "agarra" sobre todo en la rodilla.
          Ahí…, el vivir la Palabra, el perdón y la misericordia… ¡era con mi propio dolor y malestar (sobre todo, de pie, parado, "veía las estrellas")! Era "reconciliarme" con esa fuerte molestia, (mientras las medicinas y los ejercicios de estiramiento van haciendo su efecto), ofreciéndolo contento por la salud de mi padre y de algunos amigos, por el encuentro "NetWorkingde sacerdotes jóvenes y seminaristas en Loppiano, por la Asamblea General de la Obra de María que hoy comenzaba…

3.-        Hay un conocido que siempre está muy ocupado y parece que le molestas si le hablas, es más, al final en muchas ocasiones siempre te acaba diciendo algo que te deja mal por dentro.
          De regreso a la vida habitual, por no molestarle, pensé no darme a ver hasta que necesariamente nos encontráramos, pero la Palabra de vida de agosto "me asaltaba", así que fui directamente a saludarlo (sin acercarme mucho, por no distraerlo) y preguntarle por sus vacaciones. No tenía yo intención de quitarle más que unos segundos. Pero al final fue un buen rato de conversación y muy bonito; me contó incluso cosas y preocupaciones que tiene pendientes. Y ese día y los siguientes sonríe incluso cuando nos saludamos.


Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de vivir la Palabra de Vida de agosto («Perdona la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados», (Si 28, 2) la de julio («Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo  (="consenserint", en latín) en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos» Mt 18, 19-20):
1.-        [cfr. nº. 5 de "vuestras experiencias" y nº. 1b de "mis experiencias", ambos de mitad de julio]:¿cómo está tu padre? Me he acordado de vosotros en mis oraciones. Yo sigo de vacaciones, pero te pongo estas líneas para comentarte que a mi sobrina, (por la que rezamos juntos por teléfono poniéndonos de acuerdo en la oración), le han concedido una beca para ir a trabajar de arquitecto tres o cuatro meses en Inglaterra. Ha sacado el nº 1 y está muy contenta. Como ves, seguimos adelante. Te seguiré contando

2.-        “fui el domingo a Misa... me di cuenta que a la derecha había una persona de las que acudían habitualmente. Me extrañó que estuviese sentada sola. Me acerqué a saludarla y, cuando se giró, me fijé que tenía los ojos vidriosos. Se notaba que había estado llorando. Me senté con ella: no la pregunté el motivo de sus lágrimas, no me pareció oportuno, pero nos pusimos a charlar.
          Hablamos del coro, de las canciones. Yo la decía que me ayudaban mucho a rezar y le di las gracias por ponerle voz a las letras. No se lo dije por animarla ni por quedar bien, sino porque era verdad: varias veces me he ido a casa con alguna frase copiada de las canciones escuchadas que luego me han ayudado mucho...
          La verdad es que fue un momento curioso. Domingo tras domingo durante años había estado viendo a esa persona y apenas había cruzado con ella un saludo. Sin embargo, en esta ocasión, algo me impulsó a sentarme con ella y tan a gusto estábamos charlando que, momentáneamente, se me olvidó dónde estábamos. Tan enfrascada estaba en la conversación que nada de lo que pasara a mi alrededor me distraía. La verdad es que sentí que empezase la Misa y tuviésemos que dejar de hablar.
          Ayer éramos tres familias amigas las que junto a vosotros tres, sacerdotes, nos juntamos por la tarde en vuestra casa. Juntos fuimos luego a Misa al Centro Mariápolis, donde nos encontramos a otra familia a la que también conocíamos y se unió a la posterior cena: 18 en total.
          “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 19-20). Muchas veces había leído, escuchado, esas palabras, pero creo que hasta ayer no habían llegado realmente a mi corazón. Las había razonado con la cabeza, las había reflexionado, pero no las había vivido, sentido realmente.
          Recordé el domingo, recordé la cena de ayer: 2 personas estuvimos charlando, 18 estuvimos cenando, pero en ambas ocasiones sentí que había algo más: ¡"Alguien" más!



Si quieres leer más experiencias similares, 
de gente de todo el mundo,
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martes, 26 de agosto de 2014

AMOR MÁS FUERTE QUE LA VENGANZA

“Que el perdón venza al odio, la indulgencia a la venganza…” reza una de las Plegarias Eucarísticas de la Misa. ¿Efectos de esa oración…? P. ej., esta experiencia de un amigo sacerdote africano que relató (traducción mía) en el reciente congreso "NetWorking" de este mes de agosto en Loppiano:

“Soy J. N., vengo de la República Centroafricana, un país hasta hace poco bastante desconocido, desde hace meses escenario de una sangrienta guerra civil entre musulmanes, cristianos y animistas. Como tantos de nosotros, también yo desde hace años sigo este camino de profundización de la espiritualidad de comunión con el Movimiento de los Focolares, camino que es fundamental para la historia de mi vocación y que me hizo darme
cuenta de que el sacerdote es un hombre de diálogo, una persona que ama a Dios y al prójimo y vive para todos, sin discriminación.

Desde hace tres años soy párroco en una gran ciudad. Cuando llegué a la parroquia, todo el país ya vivía bajo la psicosis de un posible conflicto entre musulmanes y no musulmanes (cristianos, animistas y paganos). Me sorprendió mucho que nosotros, los sacerdotes y pastores de otras iglesias, no nos conociéramos ni entre nosotros ni con los imán musulmanes. Junto con algunos pastores más abiertos, fuimos capaces de involucrar a todos los demás y luego también a los líderes musulmanes en el compromiso de crear juntos un espacio de fraternidad. De este modo, los ministros cristianos nos reunimos entre nosotros cada semana para orar y ver juntos las directrices a transmitir a nuestros fieles para una convivencia pacífica. Cada quince
días más o menos, nos reuníamos también con los imán de la ciudad.

Todo funcionaba bien hasta que la minoría musulmana dio un golpe de estado y tomó el control del poder en todo el país y comenzó a masacrar a los cristianos y a todos los demás que no son musulmanes. Para nosotros como Iglesia ha sido un golpe terrible. Yo estaba allí en esa ciudad con una fuerte influencia musulmana para defender a los cristianos, arriesgando incluso la vida; y esto durante casi un año.

Poco a poco tomó textura otra rebelión formada por los llamados rebeldes antibalaka, compuesta por cristianos (sólo de nombre), paganos y animistas. Ellos lograron revertir la situación, tomando el control de gran parte del país, con el objetivo declarado de acabar con todos los musulmanes, para
vengarse de toda la violencia que habían sufrido de parte de los rebeldes musulmanes (seleka). Los que pudieron, a este punto, huyeron de la ciudad. Otros musulmanes vinieron a refugiarse a mí, en la parroquia. Allí acogí a más de 2.000 personas. Inmediatamente lo comuniqué al obispo, quien me aseguró su apoyo.

Cuando los rebeldes antibalaka supieron que yo estaba protegiendo a musulmanes, vinieron para matarlos. Me pidieron varias veces que los hiciera salir, es decir, que se los entregara, pero me negué, buscando iniciar una negociación con el poco dinero que yo tenía, pero todo fue en vano. Así que decidieron llevar 40 litros de gasolina para prender fuego a la iglesia y matarnos a todos. Nos indicaron un día determinado y una hora determinada, dándonos así un ultimátum. Ante esta amenaza, traté de hacer todo lo posible para conseguir protección, llamando al gobierno y a diversas autoridades en busca de ayuda, pero todo sin éxito. En un determinado momento, mis compañeros, que en aquellos días no estaban en la ciudad, se enteraron de lo que estaba pasando y vinieron a sacarme de allí. Fue un momento muy difícil para mí, porque irme significaba abandonar a más de dos mil personas en manos de los rebeldes que querían matarlos. Quedarme, en cambio, significaba aceptar ser masacrado junto con los musulmanes. Quedaban pocas horas. Antes de pensar en qué hacer, fuimos a celebrar la Santa Misa rápidamente. En el momento de silencio después de la comunión, me vino a la mente una pregunta: "¿Qué haría Chiara Lubich si estuviera en mi lugar? ¿Qué harían los otros responsables de los Focolares con los que desde hace años sigo este camino? Como en un flash revisé la relación de Chiara con los musulmanes y recordé lo mucho que
los quería. Me di cuenta entonces que sin duda ella habría dado la vida por esas personas refugiadas en la iglesia. En ese momento me di cuenta de que Dios me estaba pidiendo dar lo más importante que yo tenía: mi vida. Me vinieron a la mente los muchos proyectos que yo tenía para el futuro. Aunque un río de lágrimas me saltaba de los ojos, decidí quedarme, pidiendo a mis compañeros que se fueran. Antes de salir, sin embargo, les rogué que me dieran tiempo para escribir a toda prisa mi testamento. Mientras lo estaba escribiendo, uno de los hermanos me dijo: "No puedo irme, me quedo contigo". Después de él, uno tras otro, los tres decidieron quedarse. Esperando a los rebeldes, nos miramos con lágrimas en los ojos, rezando cada uno en su interior. Yo había hecho todo lo posible: advertí a las autoridades, al ejército, pero no había pasado nada.

Entonces, de repente, sonó el teléfono: era el jefe del ejército de la Unión Africana, que se encontraba en Centroáfrica para la seguridad del país. Él sabía lo que estaba pasando y me advirtió que en las proximidades de nuestra
ciudad pasarían los militares, dirigiéndose a la frontera. Fui a su encuentro para pedir ayuda y junto con ellos logramos regresar a la parroquia 17 minutos antes de la llegada de los rebeldes. Y así es como fuimos salvados.

Los rebeldes hicieron un intento de asalto, pero los soldados que nos protegían eran más fuertes, por lo que volvió la calma. Luego, poco a poco, nos las arreglamos para conseguir que una mayoría de los refugiados fuera a Camerún. Ahora, en la parroquia sigue habiendo 800, protegidos por los militares.

Así es como yo trato de vivir como sacerdote cotidianamente abierto a todos, amando a Dios y al prójimo, sin discriminación, incluso en momentos difíciles.”


viernes, 1 de agosto de 2014

PERDONA Y SERÁS PERDONADO

PALABRA DE VIDA                      agosto 2014

«Perdona la ofensa a tu prójimo
y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados»
(Si 28, 2)
         Esta Palabra de vida está tomada de uno de los libros del Antiguo Testamento, escrito entre los años 180 y 170 antes de Cristo por Ben Sira, sabio y escriba que desempeñaba su labor de maestro en Jerusalén. Este enseña un tema muy querido por toda la tradición sapiencial bíblica: Dios es misericordioso con los pecadores, y nosotros debemos imitar su modo de actuar. El Señor perdona todas nuestras culpas porque «es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia» (cf. Sal 103, 3.8). Pasa por alto nuestros pecados (cf. Sb 11, 23), los olvida volviéndoles la espalda (cf. Is 38, 17). Pues, como sigue diciendo Ben Sira, conociendo nuestra pequeñez y miseria, «multiplica el perdón». Dios perdona porque, como cualquier padre y cualquier madre, quiere a sus hijos, y por eso los disculpa siempre, cubre sus errores, les da confianza y los alienta sin cansarse nunca.
         Y puesto que Dios es padre y madre, a Él no le basta con amar y perdonar a sus hijos e hijas. Su gran deseo es que se traten como hermanos y hermanas, que estén de acuerdo, que se quieran, que se amen. La fraternidad universal: este es el gran proyecto de Dios sobre la humanidad. Una fraternidad más fuerte que las inevitables divisiones, tensiones y rencores que tan fácilmente se insinúan debido a incomprensiones y errores.
         Con frecuencia las familias se deshacen porque no sabemos perdonar. Viejos rencores mantienen la división entre familiares, entre grupos sociales, entre pueblos.
Incluso hay quien enseña a no olvidar las ofensas sufridas, a cultivar sentimientos de venganza… Y un rencor sordo envenena el alma y corroe el corazón.
         Hay quien piensa que el perdón es una debilidad. No, es la expresión de una valentía extrema, es amor verdadero, el más auténtico porque es el más desinteresado. «Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? –dice Jesús–. Esto lo saben hacer todos. Vosotros amad a vuestros enemigos» (cf. Mt 5, 42-47).
         También a nosotros se nos pide, aprendiéndolo de Él, que tengamos un amor de padre, de madre, un amor de misericordia con todos aquellos que encontremos durante el día, especialmente con los que se equivocan. Pero además, a todos los que están llamados a vivir una espiritualidad de comunión, o sea, la espiritualidad cristiana, el Nuevo Testamento les pide aún más: «Perdonaos mutuamente» (cf. Col 3, 13). El amor recíproco exige poco menos que un pacto entre nosotros: estar siempre dispuestos a perdonarnos unos a otros. Solo así podremos contribuir a crear la fraternidad universal.

«Perdona la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados».
         Estas palabras no solo nos invitan a perdonar, sino que nos recuerdan que el perdón es la condición necesaria para que también a nosotros se nos pueda perdonar. Dios nos escucha y nos perdona en la medida en que sepamos perdonar. El propio Jesús nos advierte: «La medida que uséis, la usarán con vosotros» (Mt 7, 2).
«Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5, 7). Pues si el corazón está endurecido por el odio, ni siquiera es capaz de reconocer ni de acoger el amor misericordioso de Dios.
         Entonces ¿cómo vivir esta Palabra de vida? Ciertamente, perdonando inmediatamente si hubiera alguien con quien aún no estemos reconciliados. Pero no basta con eso. Será necesario rebuscar por los recovecos más recónditos de nuestro corazón y eliminar incluso la simple indiferencia, la falta de benevolencia, cualquier actitud de superioridad o de descuido con cualquiera que pase a nuestro lado.
         Es más, hacen falta medidas preventivas. Por eso, cada mañana veré con una mirada nueva a todos aquellos con quienes me encuentre –en la familia, en clase, en el trabajo, en la tienda–, dispuesto a pasar por alto lo que no esté bien en su modo de actuar, dispuesto a no juzgar, a darles confianza, a tener siempre esperanza, a creer siempre; me acercaré a cada persona con esta amnistía completa en el corazón, con este perdón universal; no recordaré en absoluto sus defectos, lo cubriré todo con el
amor. Y a lo largo del día procuraré reparar un desaire o una reacción de impaciencia pidiendo perdón o con un gesto de amistad, sustituir una actitud de rechazo instintivo hacia el otro por una actitud de plena acogida, de misericordia sin límites, de perdón completo, de participación y atención a sus necesidades.
         Así, cuando eleve mi oración al Padre, y sobre todo cuando le pida perdón por mis fallos, también yo veré atendida mi petición y podré decir con plena confianza: «Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden» (Mt 6, 12).



miércoles, 30 de julio de 2014

EFICACIA DE ORAR EN COMUNIÓN

VIDA DE LA PALABRA segunda mitad mes de Julio
Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de vivir la la Palabra de Vida de junio (“«Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» Mt 28, 21) y la de julio («Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo [=consenserint, en latín] en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos» Mt18, 19-20):
1.-      WhatsApp grupal de mi prima: “pues vaya suerte haber ido a Israel hace 1 mes: Ahora están tirando misiles...”. Sí, ciertamente fuimos afortunados en climatología y en ambiente político-militar. No dejo de recordar, sobre todo, la Gracia que supuso esa semana (ya te lo conté; lo colgué luego en este blog: mis impresiones en Tierra Santa). No dejo de pensar en tanta gente que allí sufre. Así que, recordando la palabra de vida, se me ocurre involucrar a todo el grupo (hermanos, sobrinos y primos) en ponernos de acuerdo para rezar cada día a las 12:00 uniéndonos al “time out"
mundial (minuto de oración, o al menos de silencio) para pedir por la paz en Oriente Medio. Se adhieren todos con entusiasmo. Sobre las 12 nos lo recordamos mutuamente (en el whatsApp ponemos el emoticono de un "reloj con la hora de las 12 en punto" o "manos juntas rezando") y cada uno hace ese minuto en cuanto puede.

2.-        Unos buenos amigos míos con los que hace tiempo no tenía contacto tienen un problema matrimonial desde hace varios años, enconado estos últimos 4 meses. Uno de los cónyuges me manda un mensaje y quedamos para hablar por teléfono. Llamé y estuvimos hablando de 22.00 a 23.00. Acabamos con un consenserint. (orar, previamente puestos de acuerdo en lo que pedir algo al Padre, -aquí tienes varios textos, uno de los cuales lo explica muy bien- y realizarlo con la fe puesta en Jesús "donde dos o más…", según explica la PdV de julio). A la mañana siguiente me manda un whatsApp: "Paco, ayer me pasó algo curiosísimo: a los 5 minutos de colgar el tlf. Apareció por casa…, que tenía que recoger algo, ¿te lo puedes creer? Le dije que había hablado contigo y lo que me comentaste por encima: no me dijo que sí, pero le noté como alegría al transmitirle tu saludo. He pensado que si te parece bien lo podrías llamar o mandarle un whatsApp,  él sabe que te conté nuestro problema y puede ser que le dé alegría contar con tu apoyo como amigo. Gracias de
nuevo". No es que se haya solucionado…, ni será fácil que eso ocurra en pocos meses… pero… por algo se empieza… Precisamente el domingo, (el Evangelio de ese día afirmaba que "todo sirve para el bien de los que aman a Dios"), vino a verme un cónyuge de otro matrimonio que ya consideraba caso perdido a pesar de que llevamos rezando 6 meses; en aquel entonces hice con la otra parte un consenserint lleno de fe aun en la más absoluta "negrura". Este domingo, al acabar de hablar, cuando se marchó, conté por encima a un compañero sin detalles la situación, enseguida este se santigua y me invita a hacer juntos un "consenserint" pidiendo la sabiduría para ellos y para saber nosotros cómo ayudarles.

3.-      Unos más que amigos míos tienen un tremendo problema con uno de sus hijos. Cuando estuvieron en casa antes de salir uno de ellos de viaje, al acompañarlos luego al coche, ahí en la calle rezamos los 3: nos pusimos de acuerdo en qué pedir y luego yo iba diciendo frase por frase y ellos la repetían entre lágrimas.
            Cuando luego ella me escribió, me expresó lo bonito de aquel momento y su descubrimiento "práctico" de este tipo de oración en comunión. Le ofrecí seguir haciéndolo
aunque esté ella en otro país, así que, en cuanto allí y aquí estamos en un sitio con WiFi, nos mandamos un whatsApp a ver si coincidimos y, (hasta ahora todos los días en algún momento), "por turno", uno de los 2 va "escribiendo" la plegaria en trocitos y el otro manda un "emoticono" a cada parte de la oración asegurando que desde su lugar la ha repetido ya.


Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de vivir la Palabra de Vida de junio la de julio:
1.-        "… si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en el cielo". Volvía a casa del hospital en una ambulancia. El paisaje estaba bañado por esa luz veraniega cercana al atardecer que satura los colores: el amarillo de los rastrojos era dorado, la tierra de los barbechos oscura, las viñas en todo su esplendor de follaje llenando de verde intenso un paisaje más vivo que nunca cuando todo alrededor está agostado. Me sentí plenamente feliz por poder contemplar este espectáculo. Echo de menos poder salir a la carretera todos los días y contemplar la naturaleza. Mi enfermedad me había recluido al paisaje urbano. Durante toda mi vida laboral he tenido que viajar y he sentido como un privilegio poder
contemplar los paisajes: el paso de las estaciones, que no es sino ser consciente del paso del tiempo; el cielo azul, las nubes pasajeras, la lluvia, la nieve, el calor, el frío; la luz distinta en las distintas horas del día... La vida como un fluir continuo.          
            Por el camino, y también a lo largo del día, distintas reflexiones. La doctora me ha dicho que el equipo del hospital está sorprendido por mi rápida mejoría, extraordinaria respuesta al tratamiento. No me había dicho nadie hasta hoy la verdadera gravedad de mi enfermedad: en un principio era una situación terminal, probablemente me quedasen sólo unas semanas; hoy la esperanza se alarga, quizá pueda retornar al final del tratamiento a una vida casi normal, alterada solamente por ciertas precauciones y por las periódicas revisiones.
            Durante este tiempo de enfermedad he descubierto muchas cosas a mis 50 años de edad. Necesito devolver a los demás todo lo que tanta gente me ha dado y me sigue dando. Necesito que esa necesidad se materialice cada vez más en acciones concretas. Y, sobre todo, he descubierto la suave caricia de Dios, Padre amoroso, que me está colmando de bendiciones continuamente. No me cabe ninguna duda de que esto es producto de las muchas oraciones que
mucha gente en este tiempo habéis hecho por mí…"    [de hecho, un grupo de 5 estuvimos 9 días pidiendo en unidad al Señor por intercesión de Luminosa tu curación plena y pidiendo por tu familia: el primero que nos acordábamos, daba un "toque" a nuestro grupo de whastApp (bien reenviando la estampa de Luminosa con la oración, bien con el "emoticono" de las manos juntas rezando) y cada uno rezábamos unidos en la distancia esa oración de Margarita Bavosi, "Luminosa"
 y al concluir poníamos un  "ok" o el signo del "pulgar alzado" o "¡hecho!".]

2.-        “Gracias, Paco, de nuevo. Esas pequeñas experiencias que cuentas, me resultan vivificantes. Tengo limitadas mis posibilidades de actuación y mis posibilidades de contacto con otros que piensen y sientan como yo. Esas cosas que cuentas, son las que uno siempre puede hacer, y que a veces me parecen insuficientes, pero leyéndolas en tu correo, veo que sí pueden ayudar a otros. También me siento en "comunión" contigo y con los que te rodean, y con tu madre, con la que estoy de acuerdo: Si Él, que todo lo puede, te deja en unas determinadas circunstancias, es porque es lo mejor para todos, lo que no quita que oremos y que pidamos. Por eso, (y porque para Dios no hay separaciones de espacio ni de tiempo), te ruego que pidas conmigo (“cuando dos se reúnen para pedir...”) al Eterno Padre, en nombre de Jesús, en medio de nosotros, unidos en su nombre y por la intercesión de María, por tu familia y por la mía, y cada una con sus necesidades que Él conoce (te dije que la única religiosa "oficialmente" de mi familia era yo, y digo oficialmente porque el interior del corazón humano solo Dios lo conoce), y también por mí, para que le siga al máximo.
Dios es tan bueno, que aunque tengo "dificultades serias" en mis posibilidades de acercamiento a grupos de fe, etc, siempre me da lo que necesito para sobrevivir espiritualmente, aunque a veces es a cuentagotas. Como a Elías me manda al cuervo en los momentos difíciles, con el pan: "Come y bebe, que el camino es superior a tus fuerzas". Él me envía el pan, pero mi dolor es que muchas veces no lo aprovecho, y eso es lo que deseo que pidas para mí. Y hoy tú has sido, con tu correo, un trocito de pan.
Muchas gracias de nuevo, y sigue diciendo en las misas lo de que envías correos, porque puede venirle bien a otros, como a mí…”


3.-        “presumo que mi marido te habrá contado lo del Colegio…  Yo tenía tanta serenidad... pues se lo dejé a "Luminosa" en sus manos para que intercediera ante el Señor. Y ya sabes que al lunes siguiente lo contrataron. Y ahora le pido otro MILAGRO:
vamos a ver, que sea lo que convenga.... se va a hartar de mí, jejejejeje.
            …puedes mandar a publicar esto que he escrito para Luminosa y para ti...; el gran milagro que ha hecho con mi marido en el Colegio...: después que le habían dicho que no le renovaban el contrato... ¡le han dado uno mejor...! Oremos mucho, "Luminosa" es una Santa que trasparenta a Cristo... sólo con su mirada... Pura Luz como su nombre y calor como su mirada



jueves, 17 de julio de 2014

ORAR JUNTOS

VIDA DE LA PALABRA durante las primeras semanas del MES DE JULIO
Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de vivir la la Palabra de Vida de junio (“«Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» Mt 28, 21) y la de julio («Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos» Mt 18, 19-20):
1.-       Dos días bonitos en el tren.
Jueves. Por la mañana, en la estación encuentro a un amigo: hace 8 años empezó a cambiarle la vida gracias a estos saludos matinales. Esta ocasión estaba de nuevo particularmente triste. Saludo un instante en el andén (y luego en el vagón) a otras personas que suben o bajan, pero sin dejar de prestarle atención a él, a quien noto demasiado abstraído.
En principio no hay dos asientos juntos, pero se da cuenta la señora que estaba junto al que ocupó él y me hace seña por si yo quiero intercambiar con ella mi puesto, (¡qué atenta, qué detalle!), y así yo me sitúo al lado de él.
Durante la media hora del viaje, me cuenta sobre su hija adolescente… Acojo esos dolores y preocupaciones como míos; le prometo oración, recordándole precisamente la Palabra de Vida de este mes (desde hace esos 8 años se la estoy mandando). Me despide: “¡Muchas gracias por escucharme! Sí, rezamos unidos. Yo sigo pidiendo por tu padre”.

1b.-          A media mañana me llama al trabajo una amiga, conocida en abril: “como me dijiste que, además de rezar cada uno desde su lugar, te llamara para pedir juntos según explica la PdV, aquí me tienes”. Le recuerdo la explicación que da la PdV. “Consenserint” en latín significa “se pongan de acuerdo”. Y después de hacerlo, y pensando todo sólo para mayor gloria de Dios, empiezo y ella va repitiendo: “Eterno Padre…, en nombre de Jesús en medio de nosotros…, unidos en su Nombre…, y por intercesión de María Santísima…, te pedimos la Gracia de…”.

  1c.-        Por la tarde, antes de tomar el tren de vuelta, y después de la tremenda granizada, en Chamartín saludo a dos dependientas. Me conocen ya por su compañera, la que en enero me pidió oraciones por su matrimonio; la semana anterior estuve con ella hablando de eso más de media hora cuando acabó su jornada. Me dicen el bien y el alivio que supuso para la amiga esa charla. Una añade entonces: “pues yo tendría que hablar contigo”. “¡Pecadora!”, le contesta la otra, más jovencilla. “No es eso. Soy agnóstica. Mis padres quisieron dejarnos libres para que de mayores decidiéramos. Pero me gusta intercambiar puntos de vista. Además, sí le vamos a decir a otra compañera que aún no conoces, que hable contigo. Lo está pasando fatal y seguro que encuentra consuelo o respuesta. Porque… la fe… ayuda… ¿verdad…?”. Asiento, ¡por supuesto!, y, reiterando mi disponibilidad, les doy mi tarjeta para aquella (a ellas se las acababa de dar un rato antes).

1d.-          Viernes. Vuelta a empezar. En el tren de ida me encuentro a una conocida a la que hace tiempo que no veo. Le comento que me vienen devueltos estos correos quincenales que le mando: “¡qué raro!, porque me llegan… Por lo menos el del martes, y el de hace unas semanas con la invitación a tus bodas de plata. ¡Felicidades, por cierto!”.
            Me cuenta lo que le está gustando el libro “Roma, dulce hogar” y le recomiendo “Testigos de esperanza” (del Card. Van Thuan), que ya va por su 14ª edición. Poco a poco, empieza con cosas más delicadas, hasta que... "mi hijo con 20 años acaba de abandonar nuestra casa; dice que no nos aguanta; yo precisamente... creía haberlo hecho todo muy bien con él; le he dicho como el padre del hijo pródigo, que aquí siempre tendrá su hogar". Logra contener las lágrimas de madre varias veces, aunque en algunos momentos se le ponen los ojos vidriosos. Acordándome de la Palabra de julio, le propongo rezar juntos ahí mismo en el vagón del tren.


1e.-          Al bajar, en Chamartín, me tropiezo con un misionero de paisano (está en Rusia). Por facebook sé que su padre está muy grave con cáncer y estoy rezando por él. Iba yo esa vez ya con bastante retraso, ¡y me gusta ser puntual! Pero hay cosas más importantes. Así que le pregunto y me cuenta todo. Va precisamente al hospital. Le propongo antes (con la PdV en mente) que nos pongamos de acuerdo (“consenserint”) y rezar ahí mismo, así que
yo voy diciendo y él repite: “Eterno Padre…, en nombre de Jesús…, te pedimos la Gracia… de la salud de nuestros padres… de que las familias lo llevemos bien todo… y la Gracia de la salud espiritual… de unos y otros… Gloria al Padre…”. Por si no la conserva a mano, le ofrezco mi tarjeta por si necesita algo estos días, nos damos un abrazo fraterno y cada uno continúa su marcha.
            Y todos estos días continúa la sensación (además, era la PdV de junio) que “Yo estaré con vosotros todos los días”, “donde dos o más… allí estoy Yo”… en la estación, en el tren, a través del teléfono…

 1f.-         En Chamartín, de nuevo, pero ya por la tarde, me tropiezo a aquella dependienta, especialmente desanimada (también la vi la mañana anterior, y “simbólicamente”, para que sonriera, le “puse en el brazo” una “inyección” de ánimo); esa tarde estaba más triste aún: “ya no hay posibilidad”. La animo. Recuerdo que ella me pidió que rezara hace meses (y lo vengo haciendo). Le explico la eficacia de la oración puestos de acuerdo (lo que asegura la PdV del mes). Corro el riesgo ya de entretenerme demasiado (antes me había parado otros
minutillos con otra de sus compañeras, verdaderamente contenta de verme, que me da su correo-e.: “sí, tú recomiéndame los libros y las películas que consideres oportuno”).
Me fío de la Providencia, de que acabaremos de hablar justo a tiempo. “¿Nos ponemos de acuerdo en qué pedir… y rezamos aquí mismo?”: cambiar uno y otra, y… perdonar, acoger, pedir perdón. Y discretamente ahí, luego vamos pidiéndolo en un “consenserint”: “Padre…, en nombre de Jesús…”.

1g.-          La vuelta, efectivamente, no la tengo como siempre hacia Las Matas, (hay cada media hora), sino en tren “media distancia” hacia mi pueblo.
Yo tenía necesidad de aprovechar las dos horas y media para rezar y dormir (era hora de siesta) sabiendo las noches que me iban a esperar cuidando a mi padre. Saludo por amabilidad a una chica en la fila de adelante, (prácticamente la única persona del vagón). A los pocos instantes se vuelve y me pide prestado el cargador del móvil. ¡Naturalmente! ¡Coinciden las marcas!
Poco a poco, continúa hablándome… Visto que al final permanece vacío el asiento al lado de ella, le propongo adelantarme yo ahí, para que no nos dé tortícolis. Ella no cesa de contarme y yo trato de estar atento a todo, ¡incluso al bolso que se acaba de comprar y está medio arrepentida porque no le conjunta con el vestido que llevará en una boda! Si es su preocupación, también es la mía. Aunque es brasileña, resulta que tenemos una amistad común: una monjita. De las pocas cosas que puedo hablar (no sé cómo salió el tema) es sobre un amigo mío, Cardenal brasileño: se queda literalmente “alucinada” de su historia. Así que me da su correo-e. para que se la mande (por cierto, si tú no la leíste cuando la envié en enero de 2012, la he colgado ahora aquí en el blog: Card. Joâo Braz de Avis).
Los indicadores y altavoces del tren van confundidos, menos mal que yo me sé el trayecto: la aviso de que llegamos a donde ella debe bajar y la acompaño a despedirla a la puerta del tren. Cada pequeña cosita siempre es oportunidad de actos concretos de amor al prójimo” viendo en él a Jesús.
Me quedaron 5 minutillos de viaje para cerrar los ojos, relajarme y afrontar la tarde.

2.-       El fin de semana atendiendo a mis padres, muy bonito, (lo cual no quita para que haya sido difícil). Duro porque hacía unas semanas que no veía a mi padre y ha “caído en picado” en la evolución de sus 13 años de parkinson. Prácticamente sin hacer otra cosa; acariciándole el brazo o la espalda a menudo. En algún momento creo que me ha reconocido. En la impotencia de verlo en una fatiga (y a veces manifiesto dolor) casi continuamente (y encima el neurólogo no quiere recibirlo hasta el 21 de agosto) y de no saber qué hacer. Esas 3 noches durmiendo muy poco (él y consecuentemente nosotros).
            Temo por mi madre (bastante “repuestilla” tras las 3 operaciones de años anteriores) y por mi hermana que están cotidianamente con él: los demás hermanos vamos un fin de semana al mes cada uno, pero ellas se siguen levantando igual casi todas las veces esos días que estamos nosotros.
            Mi madre dice: “llevo unos años que ya solo pido al Señor: ‘danos a cada uno lo que Tú sabes que necesitamos y mejor nos conviene’. Así que, será que él y nosotros necesitamos pasar por todo esto. Por tanto, nos viene muy bien. Que sea para Su gloria”. Ciertamente nos ayuda a amar “a fondo perdido”, a darnos y volcarnos.
            El lunes por la tarde, ya en Las Matas, visita de mi hermano y poniéndonos de acuerdo, en la capillita rezamos por papá: “Eterno Padre… en nombre de Jesús en medio de nosotros… y presente en la Eucaristía… te pedimos…”

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de vivir la Palabra de Vida de junio (“«Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» Mt 28, 21) la de julio  («Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos» Mt 18, 19-20):
1.-        “…ya que la PdV del mes habla del “consenserint”, (la oración hecha en común puestos previamente de acuerdo), he aprovechado para tomarme más en serio el que se hace cada mediodía, a las 12:00, en todo el planeta, (y que los jóvenes llaman “time out”), pidiendo por la paz en el mundo, especialmente donde sea más necesaria, y en el corazón de cada persona para que la difunda a su alrededor.
            Este mes parece que es una llamada, una bonita ocasión, para recordarlo a todos nuestros amigos y conocidos para que se incorporen cotidianamente a esa “cita” mundial…

2.-      “…me ha encantado el artículo sobre tus saludos en el tren… y es muy ameno! ¡Muchísimas gracias! Hay cosas que cuestan tan poco y pueden tener tantos frutos...
Yo tengo la suerte de tener a mi hermana, y veo todos los días cómo una sonrisa suya, una palabra, o incluso a veces sólo su presencia en su silla de ruedas llena de alegría o cambia el interior de una persona.
En una ocasión, estábamos en Misa… y al terminar se le acercó un señor a darle las gracias. Mi hermana muy sorprendida le preguntó por qué, y no me acuerdo exactamente qué contestó, pero más o menos le dijo que llevaba viéndola varios días en Misa, con una sonrisa y fortaleza increíbles y que le había llenado de alegría y de esperanza. Le contó que estaba pasando por un momento difícil con su familia y que verla a ella con tanta fe le había acercado a Dios.
Este tipo de cosas le pasan continuamente y es precioso presenciarlas…

3.-     “Paco, tal como ha dicho el Párroco de Santa María en la misa por tus 25 años de sacerdocio, yo también he encontrado "un tesoro" esta mañana y ha sido TU HERMOSA, PROFUNDA Y SENCILLA ESPIRITUALIDAD, por eso me he emocionado tanto cuando he podido saludarte personalmente, tanto que me ha impedido casi el habla pues tenía la impresión en el "corazón", que me anulaba el intelecto, de estar ante una persona excepcionalmente bondadosa. También mis personales contradicciones espirituales, que expongo en mi página, han contribuido a ese estado de ánimo. Te doy las gracias por todo lo que me has aportado esta mañana y espero que puedas vivir tu ministerio sacerdotal muchos años más, continuando haciendo el bien como lo estás haciendo...

4.-        “…el otro día fui paseando y todo eran rebajas estupendas. Pensé, en cambio, que “solo el Señor es mi único Bien” y deseché cosa tras cosa con la sola idea de que solo Dios vale. Traté, además, de no desordenar en las tiendas lo que veía (y más si no lo compraba), y no me parecía perder tiempo, sino pensar en el orden de la persona que atiende. Regresé con alegría y paz...

5.-       “me ha venido muy bien la Palabra del Evangelio de este mes; justamente me acaba de llamar mi hermano para contarme que mi sobrina (la única chica de cuatro hermanos y la más joven) acaba de perder su última oportunidad de acceder a una beca para iniciar su vida laboral… y la situación del sector, como sabes, es lamentable; … y ya no sabe hacia dónde orientar sus pasos. Todos estamos consternados. Por eso al encontrarme el mensaje de Jesús de que todo lo que pedimos dos o más en su nombre se nos concederá, quiero pedirte que te unas a nuestra oración para que encuentre su camino en la vida y pueda llevar adelante su realización profesional.

            Me ha alegrado mucho compartir la celebración de tus bodas de plata con tu narración y comentarios de la misma y de nuevo te mando mi enhorabuena...



martes, 15 de julio de 2014

ORACIÓN EN UNIDAD

Te ofrezco varios textos que nos ayuden
para que la pongamos en práctica más concretamente y mejor:
UNANIMIDAD EN ORAR
[Nadie se reúne con otros para rezar] "fiándose de su virtud, sino de la comunidad y del acuerdo, que Dios tiene siempre en máxima consideración y por el que se conmueve y aplaca. "Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre -ha dicho [Jesús]-, allí estoy Yo en medio de ellos"… Lo que en realidad uno no puede obtener rezando solo, lo obtendrá rezando juntamente con la comunidad. ¿Por qué? Porque si la virtud propia no tiene una gran fuerza, la tiene, sin embargo, la unanimidad: "Donde dos o tres están reunidos…"
SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilía sobre la II carta a los Tesalonicenses


CONDICIONES DEBIDAS PARA OBTENER
         "…¿cómo es, pues, que no consiguen todo lo que piden? Porque hay muchas causas que les impiden conseguirlo. En primer lugar, muchas veces piden cosas inconvenientes… Otros no están a la altura [de pedir]… Jesús, en efecto, busca a los que son semejantes a los Apóstoles mismos. De ahí que diga: "Si dos o
más de entre vosotros", es decir, de entre los que practican la virtud, de los que llevan vida verdaderamente evangélica... Otros, en fin, piden misericordia sin arrepentirse de sus pecados…
         Mas si se dan todas las condiciones debidas: pedir lo que conviene, hacer todo lo que está de tu parte, llevar vida apostólica, tener la unidad de pensamiento y el amor con tu prójimo, no hay duda que alcanzarás lo que pidieres, pues misericordioso es el Señor"
SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre San Mateo


ORAR CON HUMILDAD 
         "…nos creamos indignos de conseguir lo que deseamos y, por eso, nos unamos con otros que tengan el mismo modo de pensar y de sentir. En realidad quien pide y obtiene solo, a menudo se ensoberbece; en cambio se contiene dentro de los límites de la humildad, si son varios quienes piden y obtienen"

ANASTASIO EL SINAÍTA




ORACIÓN COMUNITARIA: “CONSENSERINT”

Existe un modo de oración comunitaria, llamada “consenserint… El término viene de la cita: “Os digo también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir cualquier cosa, mi Padre del cielo se la concederá. Pues donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo, en medio de ellos” (Mt 18, 19-20).
Como nosotros hacíamos era:
  • alguien ‘dirige’ la oración (se va turnando, o según parezca) e inicia la oración con frases cortas.
  • el resto del grupo va repitiendo alternativamente esas palabras de quien dirige.
  • se tienen en cuenta las intenciones particulares del grupo, de la Iglesia… puede dejarse un espacio para que quien lo desee lo haga en alto…
Una idea que siempre me impresionaba, y que solía terminar la oración, era: “Te pedimos por lo que Tú mismo pedirías al Padre”. Tenía la fuerza de quien quiere hacer su oración junto al mismo Jesús, de su parte…

Esta forma de oración me suscitaba la convicción de que no éramos sólo nosotros quienes rezábamos por una intención concreta, sino que toda la Iglesia lo hacía a la vez.



ORACIÓN QUE DIRIJAMOS JUNTOS A DIOS
“…pueden dar frutos solamente cuando los cristianos viven y trabajan juntos en armonía. De esta manera será más fácil contribuir en la construcción de relaciones de respeto y pacífica convivencia...
La unidad, a la que anhelamos sinceramente, es un don que viene de lo alto y que se funda en nuestra comunión de amor con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Cristo
mismo prometió: «donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18, 20). Caminemos… hacia la unidad, unidos fraternalmente en la caridad y teniendo como punto de referencia constante a Jesucristo, nuestro hermano mayor... Que el Padre misericordioso escuche y acoja las oraciones que le dirigimos juntos. Depositemos nuestras esperanzas en Él, «que en todo tiene poder para hacer mucho más de cuanto podamos pedir o concebir» (cf. Ef 3, 20).”
PAPA FRANCISCO, DISCURSO AL PRIMADO DE LA COMUNIÓN ANGLICANA
Viernes 14 de junio de 2013


 NO INDIVIDUALISMO, SINO UNIDAD
          "...¿cómo se puede despreciar la reunión de la Iglesia y afirmar que las oraciones de los individuos se han de anteponer a las de la venerable asamblea, si el Señor promete estar presente en medio de dos o tres reunidos y concederles todo lo que pidan?". Dios no aprecia, por tanto, el individualismo, sino la unidad.

SAN PEDRO CRISÓLOGO, Sermón 132