martes, 20 de mayo de 2014

ORACIÓN DE LA FAMILIA


Hoy mis padres cumplen sus 50 años de matrimonio, (aunque lo celebramos ya hace unos días).
Como acción de gracias por ello a Dios, copio la "Oración de la familia" que desde siempre reza mi madre cada vez que estamos todos juntos (y ya rezaban ellos de recién casados):
ORACIÓN DE LA FAMILIA

¡Bendito seas, buen Dios,
porque sembraste el amor en nuestra casa!

Tú que alientas nuestras penas,
cultivas nuestras alegrías
y nos partes el pan de cada día,
conserva este techo y cuanto alberga.

Deseamos querernos mucho
para poderte amar a Ti cada día más.

Todos nosotros somos hijos tuyos
y los hombres son nuestros hermanos,
porque esta familia nuestra tan pequeña
se extiende hasta los cielos y rodea las naciones.

Cuida nuestro hogar, Señor:
haz que vivan en él tus santos ángeles,
para que nos guarden en paz;
que sea un camino recto
que nos conduzca a nuestra casa del Cielo
y que tu bendición descienda todos los días
sobre cada uno de los que en él vivimos.

¡Bendito seas buen Dios
porque sembraste el amor en nuestra casa!

Versión para ser cantada
 (adaptada y musicalizada por Fernando Tomás y grupo MI.ES.)
"Pincha" AQUÍ para escuchar el AUDIO: ahí tienes que seleccionar luego
la carpeta "MIES Villarrobledo" 
y, una vez dentro, "MIES Vdo - Oración familia", 
"pinchar" -a la derecha hay un reproductor- en el triángulo para oírla.
(Cantan mi hermano y su mujer, y al final mi sobrinillo)

Bendito seas, buen Dios,
porque sembraste el amor en nuestra casa.
Bendito seas, Señor,
porque sembraste el amor en nuestro hogar.

Tú que alientas todas nuestras penas,
cultivas nuestras alegrías
y nos partes el pan de cada día,

conserva este techo y cuanto alberga.
Deseamos querernos mucho
para amarte a Ti más cada día.

Bendito seas...

Todos nosotros somos hijos tuyos
y los hombres son nuestros hermanos:
esta familia se extiende hasta tu cielo.

Padre bueno, cuida nuestro hogar,
haz que vivan en él tus ángeles,
que nos guarden en paz y alegría.

Bendito seas...

Que nuestro hogar siga un camino recto,
que construya hoy tu Reino
y tu bendición descienda cada día.

Tú que alientas todas nuestras penas,
cultivas nuestras alegrías
y nos partes el pan de cada día.

¡Bendito seas, Señor,
porque sembraste el amor en nuestro hogar!
¡Bendito seas, buen Dios!




Y, como añadido y recuerdo de infancia, 
(¡¡y también hoy!!: mi madre, cuando estamos juntos todos
en un momento agradable
en seguida empieza a entonarla 
y todos la seguimos)
otra canción preciosa además por su letra:

LA FAMILIA UNIDA 
(La familia unida, 1976. Gaby, Fofó, Miliki y Fofito)

No hay nada más lindo que la familia unida,
atada por los lazos del amor:
sentir palpitar la misma sangre,
sentir que es uno solo el corazón.

No hay nada más lindo que la familia unida
por un cariño puro de cristal.
¡Qué hermoso que es vivir con la seguridad
de amar y ser amado de verdad,
con la satisfacción de ver la humanidad
unida por toda la eternidad!

(bis)

domingo, 18 de mayo de 2014

RECONCILIACIÓN PARA LA UNIDAD

VIDA DE LA PALABRA primeras semanas mes de MAYO
Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de vivir la Palabra de vida de mayo:
1.-        Una italiana de otro movimiento eclesial me llamó pidiendo le brindara algún contacto para venir a trabajar a Valencia. Por allí no tengo muchos conocidos en ámbito escolar, pero le dije que me enviara por correo-e su curriculum a ver qué se podía hacer. Aunque ella habla bien español, en el curriculum había alguna errata y faltaban varias tildes; me venía la idea de ofrecerme para corregírselo... pero ¡no me sobran precisamente las horas! Me animé recordando la PdV.
            ¡Ella quedó asombrada!: “tu gentileza y cortesía son desarmantes; lo digo sinceramente, independientemente del resultado”.
            La verdad es que luego me llevó un largo rato, pues al final había que retocar más expresiones de lo que parecía a primera vista. Eso me hizo entretenerme en salir de viaje y pillar con ello mayor atasco, pero no importaba.
Cuando lo recibió, me escribió: " no sabría cómo agradecértelo: has hecho un trabajo minucioso! Si vienes por Italia, sería verdaderamente bonito poder encontrarnos y compartir las maravillas que el Señor realiza en nuestras vidas y comunidades". ¡Amor recíproco y comunión también entre varias realidades eclesiales!

2.-     El fin de semana pasado fue muy bonito y familiar: Primera Comunión de mi sobrino y ahijado en Alicante, Bodas de Oro (adelantadas al día 20, ya que estábamos todos juntos) de mis padres (a la vez que en la Misa le dije a mi hermano y hermanas que dieran también la mano a sus respectivos cónyuges y renovaran también ellos sus 10, 15 y 23 aniversarios respectivamente, que habían celebrado hacía pocos días) y luego el IV Centenario del Convento de Clarisas de mi tía (creí que no llegábamos a tiempo: ¡fue casi un milagro estar antes de la hora!: esta vez no tuvimos que hacer ni siquiera una sola parada con mis padres, cuando, en cambio, a la ida fueron dos).
            Celebraciones todas entrañables, todos volcados con todos, que recordaba el salmo “¡ved qué delicia, qué dulzura, convivir los hermanos unidos!”, con las Misas muy participadas."Clima" muy bonito también simplemente paseando con los pies en el mar 
recién llegados todos a las 12 de la noche a pesar del fresco, o la noche siguiente, viendo y comentando (lo importante era la convivencia entre nosotros, la armonía y estar juntos todos) el degradado festival de Eurovisión (constatando con el resultado que, como unos nos quedemos quietos, y los otros, aunque sean minoría se movilicen, acaban imponiendo sus pretensiones).
            El power point con fotos rescatadas de hace décadas emocionaba a los mayores y asombraba a los niños viendo tatarabuelos, bisabuelos…, abuelitos de jovencillos y a los propios papás y tíos cuando éramos niños. Mi padre (a pesar de sus despistillos cada vez más frecuentes, decía luego regresando en el coche: “ha sido la mejor tarde”). Mi sobrino más pequeño antes de acabar su viaje de regreso ya preguntaba cuándo volvemos otra vez, cuánto falta para la próxima.

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de vivir la Palabra de vida de mayo (“En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios, 2 Co 5, 20) y de abril (“Os doy un mandamiento nuevo:
que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros”, Jn 13, 34):
1.-        “gracias por acordarte de nosotros; he tenido una Semana Santa bastante atípica…:
         Martes Santo dan de alta a mi hermano, (solo que no podía andar… al haber estado tanto tiempo en coma…), …él dijo que se quería venir conmigo, con lo cual pensé: "El Señor me quiere en este servicio"; lo asumí con amor y alegría. ¡Pero
mira por dónde el Señor me tenía reservada otra sorpresa!: Jueves Santo estoy esperando a mi hija que venía a pasar la Semana Santa conmigo debido a su estado tan avanzado de gestación…; suena el teléfono: mi yerno para decirme que había dejado ingresada a mi hija para una cesárea… porque el bebé… tenía 2 vueltas de cordón…Llamé a mis otras hijas para cuidar de mi hermano, y nosotros nos fuimos al hospital, a la hora de los Oficios estaba en la puerta del quirófano, pidiendo al Señor que todo saliera bien, y así fue, gracias a Dios: un niño precioso. Pedí unos días de vacaciones para poder cuidar de todos.
         No he podido estar donde pensaba y deseaba estar: el Señor ha querido tenerme en otro sitio, en una Semana Santa muy especial de entrega y amor a los demás; lo he aceptado y me siento feliz por todo lo acontecido, y doy gracias a Dios por haberme dado las fuerzas necesarias para poder con todo.
         Mi hermano, ya está en su casa, con la rehabilitación… ya camina…; gracias por todas vuestras oraciones y apoyo cuando más lo he necesitado. Mi hija también está bien, no ha tenido problemas con la operación y el bebé está precioso.
         Perdona por haberos tenido tan olvidados: la verdad… ha sido todo demasiado rápido, demasiado intenso, sin tiempo a la reflexión, solo a ejecutar lo que Dios me puso por delante en cada momento

2.-        “"ver” a Jesús en todos ha cambiado todas las relaciones. "Lo habéis hecho a Mí" anima a las personas de la comunidad y el ambiente cambia. Tratamos de hacer circular el  amor en la comunidad parroquial acogiendo a las personas cuando llegan a la iglesia y saludándolas al final de la celebración. Estamos atentos por si necesitan algo, les alcanzamos una silla si están de pie, o damos la hoja de la misa a quien no la tiene.
            Son pequeños gestos, pero tratamos de hacerlos con amor y por Jesús. Crean familia, hacen casa, las personas se sienten amadas. Hay personas que vienen justamente por el clima de acogida que encuentran

3.-        “ayer te eché muchísimo de menos en mi Confirmación, pero sentí que tú también pediste y te acordaste de nosotros. Fue un día precioso, emocionante y muy, muy feliz ... Mi marido fue mi Padrino y estaba guapísimo y elegante. La peque estaba preciosa, parecía un hada de cuento... todo resultó sencillo, precioso e inolvidable ... un día que atesoraré para siempre, como el día de mi Primera Comunión,  de mi Boda y del nacimiento de nuestra "princesita"... todos en Mayo, el mes dedicado a Nuestra Madre del Cielo ... nuestra Querida Virgen María presente en los mejores momentos de nuestra vida ... por algo será ...
            En cuanto tenga fotos de la celebración te las envío ... de momento, te remito algunas de las canciones… para que te hagas idea de lo precioso que resultó todo ... el Templo estaba repleto de gente ... nos confirmamos 18 (3 adultos) ... en la homilía el Obispo comentó que le parecía muy bonito que el Espíritu Santo fuera a llegar a personas que somos jóvenes desde hace ya unos cuantos añitos ... y animó a los presentes a que, si alguno no estaba confirmado… que todos hacemos falta ... Ya te digo, resultó todo muy EMOCIONANTE Y PRECIOSO ...
            … os sentí a todos conmigo, al igual que a mis padres a los que recordé en todo momento y a los que también sentí en espíritu junto a mí ...
            Después de la ceremonia algunos de los confirmados, preparamos un pequeño ágape en uno de los salones parroquiales, cada uno de nosotros preparamos algunas cosillas para comer y estuvimos todos, con sus familias y los amigos… incluso el Obispo… todo verdaderamente inolvidable”.

N.B.: Puedes leer "pinchando" AQUÍ otras experiencias de gente de todo el mundo.


viernes, 16 de mayo de 2014

RECONCILIACIÓN CON DIOS Y CON LOS HERMANOS

Os ofrezco un par de textos que nos ayuden a comprender y vivir mejor la Palabra de vida que tenemos este mes:

CULTURA DEL ENCUENTRO
         Pensemos en el episodio de los discípulos de Emaús. Es necesario saber entrar en diálogo con los hombres y las mujeres de hoy para entender sus expectativas, sus dudas, sus esperanzas, y poder ofrecerles el Evangelio, es decir, a Jesucristo, Dios hecho hombre, muerto y resucitado para liberarnos del pecado y de la muerte. Este desafío requiere profundidad, atención a la vida, sensibilidad espiritual. Dialogar significa estar convencidos de que el otro tiene algo bueno que decir, acoger su punto de vista, sus propuestas. Dialogar no significa renunciar a las propias ideas y tradiciones, sino a la pretensión de que sean únicas y absolutas.
PAPA FRANCISCO, Mensaje para la jornada de comunicaciones sociales de junio, 24 enero 2014
   "Pincha" AQUÍ para leer entero el Mensaje.

RECONCILIACIÓN CON DIOS Y CON LOS HERMANOS
         A través de los sacramentos de iniciación cristiana, el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, el hombre recibe la vida nueva en Cristo. Ahora, todos lo sabemos, llevamos esta vida «en vasijas de barro» (2 Cor 4, 7), estamos aún sometidos a la tentación, al sufrimiento, a la muerte y, a causa del pecado, podemos incluso perder la nueva vidaEl sacramento de la Reconciliación es un sacramento de curación. Cuando yo voy a confesarme es para sanarme, curar mi alma, sanar el corazón y algo que hice y no funciona bien…
         El sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación brota directamente del misterio pascual. En efecto, la misma tarde de la Pascua el
Señor se aparece a los discípulos, encerrados en el cenáculo, y, tras dirigirles el saludo «Paz a vosotros», sopló sobre ellos y dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados» (Jn 20, 21-23)…
el perdón de nuestros pecados no es algo que podamos darnos nosotros mismos. Yo no puedo decir: me perdono los pecados. El perdón se pide, se pide a otro, y en la Confesión pedimos el perdón a Jesús. El perdón no es fruto de nuestros esfuerzos, sino que es un regalo, es un don del Espíritu Santo, que nos llena de la purificación de misericordia y de gracia que brota incesantemente del corazón abierto de par en par de Cristo crucificado y
 resucitado. En segundo lugar, nos recuerda que sólo si nos dejamos reconciliar en el Señor Jesús con el Padre y con los hermanos podemos estar verdaderamente en la paz. Y esto lo hemos sentido todos en el corazón cuando vamos a confesarnos, con un peso en el alma, un poco de tristeza; y cuando recibimos el perdón de Jesús estamos en paz, con esa paz del alma tan bella que sólo Jesús puede dar, sólo Él.
         …la comunidad cristiana el lugar donde se hace presente el Espíritu, quien renueva los corazones en el amor de Dios y hace de todos los hermanos una cosa sola, en Cristo Jesús. He aquí, entonces, por qué no basta pedir perdón al Señor en la propia mente y en el propio corazón, sino que es necesario confesar humilde y confiadamente los propios pecados al ministro de la Iglesia. En la celebración de este sacramento, el sacerdote no representa sólo a Dios, sino a toda la comunidad, que se reconoce en la fragilidad de cada uno de sus miembros, que escucha conmovida su arrepentimiento, que se reconcilia con Él, que le alienta y le acompaña en el camino de conversión y de maduración humana y cristiana.          Uno puede decir: yo me confieso sólo con Dios. Sí, tú puedes decir a Dios «perdóname», y decir tus pecados, pero nuestros pecados son también contra los hermanos, contra la Iglesia. Por ello es necesario pedir perdón a la Iglesia, a los hermanos, en la persona del sacerdote. «Pero padre, yo
me avergüenzo...». Incluso la vergüenza es buena, es salud tener un poco de vergüenza, porque avergonzarse es saludable. Cuando una persona no tiene vergüenza, en mi país decimos que es un «sinvergüenza». Pero incluso la vergüenza hace bien, porque nos hace humildes, y el sacerdote recibe con amor y con ternura esta confesión, y en nombre de Dios perdona.
         También desde el punto de vista humano, para desahogarse, es bueno hablar con el hermano y decir al sacerdote estas cosas, que tanto pesan a mi corazón. Y uno siente que se desahoga ante Dios, con la Iglesia, con el hermano… Quisiera preguntaros —pero no lo digáis en voz alta…—: ¿cuándo fue la última vez que te confesaste?... Y si pasó mucho tiempo, no perder un día más,
ve, que el sacerdote será bueno. Jesús está allí, y Jesús es más bueno que los sacerdotes, Jesús te recibe, te recibe con mucho amor. Sé valiente y ve a la Confesión.
         Queridos amigos, celebrar el sacramento de la Reconciliación significa ser envueltos en un abrazo caluroso… cada vez que nos confesamos, Dios nos abraza, Dios hace fiesta…

PAPA FRANCISCO, Audiencia General de los miércoles, 19 febrero 2014
"Pincha" AQUÍ para leer entera la catequesis 

jueves, 1 de mayo de 2014

CONVERTIRNOS EN RECONCILIADORES

PALABRA DE VIDA              mayo 2014
 
«En nombre de Cristo os pedimos
que os reconciliéis con Dios»
(2 Co 5, 20)
          Esta es la exhortación de Pablo a los corintios después de un gran anuncio que constituye el núcleo de todo el Evangelio: Dios ha reconciliado al mundo consigo por medio de Cristo (cf. 2 Co 5, 19).
          En la cruz, con la muerte de su Hijo, Dios nos ha dado la prueba suprema de su amor. Por medio de la cruz de Cristo Él nos ha reconciliado consigo.
          Esta verdad fundamental de nuestra fe está hoy de plena actualidad. Es la revelación que toda la humanidad espera: sí, Dios está cerca con su amor a todos y ama apasionadamente a cada uno. Nuestro mundo necesita este anuncio, pero lo podremos dar si antes lo anunciamos una y otra vez a nosotros mismos, hasta sentirnos envueltos por este amor, incluso cuando todo nos llevaría a pensar lo contrario.

          «En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios»

          Pero esta fe en el amor de Dios no puede permanecer encerrada en la interioridad de cada cual, como bien explica Pablo: Dios nos ha dado el encargo de llevar a otros a la reconciliación con Él (cf. 2 Co 5, 18), encomendando a cada cristiano la gran responsabilidad de testimoniar el amor de Dios por sus criaturas. ¿Cómo?
          Todo nuestro comportamiento debería hacer creíble esta verdad que anunciamos. Jesús dijo claramente que antes de llevar la ofrenda ante el altar deberíamos reconciliarnos con nuestro hermano o hermana si estos tuviesen algo contra nosotros (cf. Mt 5, 23-24).
          Y esto vale ante todo dentro de nuestras comunidades: familia, grupo, asociación, Iglesia. Es decir, estamos llamados a abatir todas las barreras que se oponen a la concordia entre personas y pueblos.
[…]

          «En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios»

          «En nombre de Cristo» significa «en su lugar». Haciendo sus veces, viviendo con Él y como Él, amémonos como Él nos ha amado, sin cerrazones ni prejuicios, sino abiertos a captar y apreciar los valores positivos de nuestro prójimo, dispuestos a dar la vida unos por otros.  Este es el mandato por excelencia de Jesús, el distintivo de los cristianos, válido también hoy, como lo era en tiempos de los primeros seguidores de Cristo.
          Vivir esta palabra significa convertirnos en reconciliadores.

          Y si todos nuestros gestos, nuestras palabras y nuestras actitudes están impregnados de amor, serán como los de Jesús. Seremos, como Él, portadores de alegría y de esperanza, de concordia y de paz; en definitiva, de ese mundo reconciliado con Dios (cf. 2 Co 5, 19) que toda la creación espera.

miércoles, 30 de abril de 2014

RECIPROCIDAD DEL AMOR CRISTIANO

VIDA DE LA PALABRA correspondiente a la segunda mitad de ABRIL


Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de vivir la Palabra de vida de abril (“Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros”, Jn 13, 34):
1.-        El viernes estaba yo esperando desde hacía rato una videoconferencia importante con Roma por ordenador. En esto, me llega el correo de una amiga comunicando un grave sufrimiento (añadido a los muchos que ya lleva). Pensé escribirle unas líneas… ¡Pero seguramente eso no bastaba!: llamar y hablar directamente era más amar, aunque sabía que debía ser un rato largo. Estuvimos charlando más de media hora: su voz, irreconocible al principio por el llanto amargo (aunque siempre pleno de fe), se fue serenando y aclarando; sólo cuando "ya era ella", empecé a despedirme:
verdaderamente había sido vivir mutuamente el mandamiento nuevo como hermanos, así que me atreví a "mandarle" un "abrazo-achuchón de parte de Dios Padre que es Amor".
          A los pocos segundos de colgar el teléfono, empezó el ordenador a dar la señal para mi videoconferencia.
          Al día siguiente me escribió: "…cómo te agradezco el "achuchón telefónico". Muchas gracias!!".

2.-        El Triduo Pascual lo vivimos aquí en el Centro Mariápolis no sólo con toda la comunidad y el vecindario, sino con la "escuela de familias" y un grupo de 71 jóvenes de toda España. Precioso todo: los temas, los "talleres", la corresponsabilidad, la preparación y vivencia de los oficios litúrgicos cada día (sobre todo el principal, la "Vigilia Pascual"…)
          El último día, durante la hora conclusiva en la que cada uno contaba su vivencia de estos días y de los últimos meses, o manifestaban con libertad preciosa y apertura sus dudas, y otros con gran sabiduría les proponían y aconsejaban desde su experiencia, etc., me emocioné (era el día de Pascua) porque me parecía asistir, (no sé si ellos se daban cuentan), a las "huellas" del Resucitado, (paz, alegría, libertad plenamente sana, sabiduría, haber entendido cosas nuevas…), según relata el Evangelio de Juan: "…estaban hablando de estas cosas… cuando se puso Jesús en medio de ellos y les dijo: "Paz a vosotros". Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor y…", etc.

3.-        Un grupo tenía que preparar un encuentro. Otros años también estaba yo en ello y durante estos meses me venía la tentación de preguntarles cómo iba; lo único que hice era estimularles de vez en cuando para que lo hicieran.
          Al final, pocos días antes, había bien poco claramente definido. Así que, tratando de no juzgar, (me costaba, ¡eh!), me puse yo manos a la obra; pero queriendo que fuera expresión de unidad, del amor recíproco, recabé la ayuda de un compañero y al día siguiente de otro amigo. Ambos momentos "cundieron" mucho y quedó lo fundamental bastante bien organizado. Se vio la acción del Espíritu Santo fruto de la presencia de Jesús en medio "donde dos o más…". Y sobre todo durante el encuentro también, pues rápidamente se orientaban bien los flecos que quedaban en el aire. Al final todos los participantes quedaron realmente contentos y satisfechos. Alguno decía que era el mejor de este tipo que habíamos hecho en los últimos años.

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de vivir la Palabra de vida de marzo (“Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor”, Jn 15, 10) y de abril (“Os doy un mandamiento nuevo:
que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros”, Jn 13, 34):
1.-        “estos días de semana Santa, he vivido muy cerca de Jesús ofreciéndole mi dolor... varias personas queridas no cumplieron
con su palabra, varias han cerrado la puerta a la verdad, varias han sido un poco injustos... Buena semana de reflexión y de muerte para mí, como así de alegre resurrección a la vida nueva

2.-        “Qué acertadas y oportunas tus palabras!!
Eres el mejor terapeuta del alma que se pueda tener!! Hoy tampoco me encontraba con muchas ganas de ir a inglés, una parte de mí decía: "ve: cuanto más faltes peor será, porque no te enterarás de la gramática"; y otra parte de mí decía: "no vayas a clase, si total no vas a aprobar este curso, porque no haces los ejercicios en casa y no estudias tanto como el año pasado". Pero me he acordado de ti y de tus palabras: "por Ti, Jesús". No sólo he ido a clase, sino que además el profesor me ha elegido a mí para mantener una conversación con él durante 6 minutos y, para mi sorpresa, no me he quedado "muda" como me ha sucedido en otras ocasiones: las palabras surgían de mi boca sin cesar, y las respuestas aparecían en mi cabeza rápidamente. He salido muy contenta, ha sido como un empujón para continuar en la recta final del curso.
Otra cosa maravillosa ha ocurrido ésta tarde: me ha llamado la catequista para decirme que el Rito de Bienvenida que tenemos que hacerle a mi hija y a otro chico de confirmación (no estaba bautizado, su madre es musulmana), se va a realizar… …me haría muy feliz que nos acompañaras!!
Y otra sorpresita: un trabajito de 10 horas semanales. 
No ha estado nada mal el día de hoy, muchas gracias por tus indicaciones, tus enseñanzas y sobre todo ¡gracias a Dios! No me puedo quejar de nada. Es cierto que todo podría ir mejor si mejorara el tema laboral, pero todo a su debido tiempo.
Continúo orando por vosotros los sacerdotes, no sé cómo he podido estar desprendida de la Iglesia tantos años, con el alivio tan grande que ahora siento

3.-        “gracias por la fidelidad de tus escritos y las luces que aportan en el camino...
          Preciosa, especialmente, la reflexión sobre el dolor amado... El miércoles de Ceniza me operaron y he podido vivir una particular Cuaresma. Experimentar cómo aceptando el dolor, (es decir, amándolo), se produce esa alquimia que lo transforma en Amor, y Amor diverso... por un lado, mayor sensibilidad para apreciar el que te ofrecen los demás; por otro, más capacidad para darlo; sentir nuevos matices: el Amor de la Obra de María, de la "Unidad"... Sí, he sentido más luz, paz y alegría que han convertido esta prueba física en un yugo suave... y si en algún momento he sentido la soledad "humana", me ha consolado la certeza de que Dios me ama y está conmigo siempre

4.-        “la primera semana de la Cuaresma. Ya era tarde y estaba trabajando cuando mi amiga me llamó y dijo que tenía muchas ganas de ir a iglesia. Me pidió que la acompañara. Mi impulso primero era que no quería ir (cansancio, etc.), pero sentí que era justo (¡principio de la Cuaresma!). Cuando me encontré con mi amiga, le pregunté por qué quería ir a la iglesia tanto y ella respondió que quería rezar por sus parientes y por la familia de su ex-marido (hacía algunas semanas que la pobrecita se había divorciado). ¡En mi
opinión, este deseo de rezar para los que no la trataban bien durante el divorcio es digno de mucho respeto y evidencia de verdadero amor cristiano! En cuanto a mí, también hice una cosa buena aquella tarde: en la iglesia una señora, que estuvo en la cola antes de mí, dijo que no tenía dinero para encargar oración por su pariente enferma. Entonces, di yo el donativo por ella.
En diciembre vi un anuncio en nuestra intranet de trabajo. Uno de mis colegas pedía donar sangre para un hombre que estaba al hospital con cáncer y necesitaba transfusiones frecuentes. Su tipo de sangre era el mismo que el mío. Decidí donar y llamé a mi colega. Muy agradecido, me
explicó cómo encontrar el hospital y cuál era el horario, el cual me representaba un problema. No sé cómo se hace en España, pero aquí en Rusia las hemotecas reciben donaciones de sangre en horas definidas, y esta hemoteca particular lo hace solamente desde las 9 de la 11 de la mañana, desde lunes a jueves, cuando la mayoría de gente estamos en el trabajo. En dos o tres semanas conseguí un día de descanso. Para entonces, había leído sobre donaciones y supe que algunos donantes pueden sentirse mal después. Me dio miedo, pero igual estaba dispuesta a ir y donar. Cuando llegué… el doctor… me interrogó en persona. ¿Y sabes qué? Me dijo que no puedo ser donante
(problemas ginecológicos, etc.). Paco, ¡¡¡qué lástima!!! ¡¡Y qué disgustada estuve!! Al día siguiente llamé a mi colega para explicar la situación. Él no se enfadó, al contrario, me agradeció mi compasión. Tres meses después, en marzo era el Día de la mujer (una fiesta que celebramos en Rusia). Y este compañero vino en persona para felicitarme y me presentó una caja de bombones. Cuando pregunté por el enfermo, me dijo que había muerto. Y a pesar de que no pude ayudar a su amigo, mi colega no pensaba mal de mí; al contrario: me dio este gesto de atención y una vez más me agradeció por mis ganas de asistir y compasión. Sus palabras casi me hacen llorar...

Querido Paco, quería compartir contigo qué personas bondadosas tengo alrededor. ¡Gracias por tus correos, que dan inspiración!


Si quieres leer más experiencias similares, 
de gente de todo el mundo,
puedes encontrarlas “pinchando” AQUÍ

N.B.: tú también puedes compartir las experiencias que, por gracia de Dios, hayas podido realizar poniendo en práctica el Evangelio; “pincha” aquí abajo en “comentarios” y escríbela.

martes, 22 de abril de 2014

EJERCICIOS ESPIRITUALES VERANO 2014 PARA RELIGIOSAS

Ejercicios Espirituales 16 - 25 julio 2014

        Ejercicios Espirituales en julio 2014 para religiosas de distintas congregaciones e institutos. En el Centro Mariápolis (=ciudad de María) de Las Matas (Madrid), C/ Poniente 33.

        Dirigidos por Javier Rodríguez Velasco (Delegado diocesano de Liturgia y Canónigo de Burgos):


De miércoles 16 julio (20:30 h.) a viernes 25 julio (10:00 h.).
Se busca hacer una experiencia personal y comunitaria de unión con Dios a través de la oración, la meditación, el silencio y los momentos de comunión.

*  *  *

Previamente, en el mismo sitio, ha habido un Retiro espiritual de Cuaresma de fin de semana, (desde viernes 28 marzo 2014 a las 19:30 h., a domingo día 30 a las 18:00 h.) 
En cada tanda de fin de semana suelen participar entre 20 y 40 personas, (la mayoría de Madrid y alrededores, pero también de Granada, Valencia, Burgos, Zamora... de toda España).

Hay que traer Biblia (o al menos Nuevo Testamento) y, si gusta tomar apuntes, cuaderno y bolígrafo. Habrá celebración de la Misa todos los días (también el de llegada).
El precio incluye participación y pensión completa.






domingo, 6 de abril de 2014

PREGÓN SEMANA SANTA

A las puertas ya de la Semana Santa, te ofrezco el pregón que hace unos años pronuncié en mi pueblo, con la esperanza de que a todos ayude a vivirla como lo que es.

PREGÓN DE SEMANA SANTA

Hace unos días recibí noticias sobre un sacerdote amigo mío, Nelson Gómez, (pocos años mayor que yo, aunque de apariencia más joven por su corta estatura y por la limpieza de su continua sonrisa); me contaban que el 22 de marzo en Colombia había tenido ladrones en su parroquia, allí en la ciudad de Armenia, la que sufrió el terremoto hace unos años y a la que él tanto ayudó en su reconstrucción. Los ladrones le habían encerrado y atado a él y al sacristán en los aseos. Los vecinos habían visto algo y avisaron a su hermano, casado, que se acercó a ver qué pasaba. Al darse cuenta los ladrones se enfrentaron con él y ya le iban a disparar, cuando Nelson, mi amigo, había logrado escaparse y tuvo el tiempo justo de interponerse ante las balas dirigidas a su hermano. Ha muerto por preservar la vida de su hermano.

Eso es lo que ha hecho Jesús por cada uno de nosotros: interponerse para que nosotros tengamos vida. Eso es lo que recordamos, celebramos y vivimos cada domingo en la Misa, pero
sobre todo más extensamente cada año en Semana Santa: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo para que todo el que crea en Él tenga vida eterna”; “nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos”, había dicho el mismo Jesús.

Queridos paisanos y amigos de Villarrobledo; queridos “conciudadanos”, como así me habéis llamado en el programa de Semana Santa;
queridos sacerdotes y diáconos, 
y directivas y representantes de las Hermandades, 
Excmo. Sr. Alcalde y autoridades.
Aunque mejor diríamos, y más en estos días, queridos hermanos en Jesús, en este Jesús que se ha ofrecido en rescate de amor por todos y cada uno para que en nuestra vida encontremos Vida eterna.
Es una alegría inmensa poder estar con vosotros aquí esta tarde. Es, a la vez, una responsabilidad tremenda tratar de establecer un pórtico digno que nos introduzca en la Semana Grande de la fe cristiana. Pido por ello no vuestra benevolencia simplemente, ni vuestra alegría de escuchar a un paisano y conocido, sino que
pido ese amor cristiano que debe movernos en cada cosa, incluso en el simple escuchar. Sólo así seremos -el que habla y los que atendéis- dignos de traer a la mente y al corazón a aquel que pasó haciendo el bien”, a aquel que entregó hasta el último aliento por amor al Padre y a nosotros.


En el año 82 fue la última Semana Santa que viví entre vosotros como seglar, antes de que Dios me llamase por caminos que ni se me habían pasado por la imaginación. Eso sí, un año volví a celebrarla con vosotros: en el 89, como diácono, unos meses antes de ser ordenado sacerdote.
Pero la Semana Santa del pueblo de uno siempre permanece en el recuerdo cariñoso y en el corazón. Ciertamente espero haber avanzado en la comprensión del misterio, en la vivencia interior de cada una de las realidades que se vuelven a hacer presentes en cada celebración litúrgica; espero haber crecido en ser (para eso celebramos la Semana Santa) cristiano, otro Jesús, que en cada detalle está dispuesto a dar la vida como Él. Pero también es cierto que aquellos recuerdos de niñez y juventud, permanecen en el alma.

Buceando en esos más tiernos recuerdos de cuando tenía... ¿cinco, seis, años? No sé. Si sé que llegando la primavera, unos ensayos de tambores y cornetas, unos ritmos marcados, sobre todo en los atardeceres, anunciaban algo importante, algo inusual el resto del año. Y verdaderamente no es algo usual, algo que alcance la lógica humana, el que todo un Dios, el Hijo eterno del Padre, se haga hombre en todo como nosotros, pero sin pecado, para enseñarnos en su propia carne a cada hombre y a toda la humanidad a vivir al estilo divino, al estilo del cielo, cada una de nuestras humanas realidades, incluso las más incomprensibles como son el dolor y la muerte.

Recuerdo que en la casa de mis abuelos Tomás e Iluminada, los “yayos” como les decíamos nosotros, se veían por distintos rincones, muchas túnicas y mantos de los “nazarenos” de la
Dolorosa, algún uniforme o gorro de los “granaderos” o alguno de sus tambores o trompetas que nos comía a los nietos de curiosidad y nos atraían, tanto más cuanto que no nos dejaban tocarlos.

Recuerdo la ilusión del domingo de Ramos en que nos despertábamos queriendo ya salir a la calle a ver si pasaba la
 imagen de Jesús montado en el borriquillo, custodiada en la ermita de La Soledad, tan cerca de nuestra casa en el Corredero. Y la procesión con ramos y palmas, tan fuera de lo corriente. Aquello nos llamaba la atención por entonces a mí y a mis hermanos. Hoy me llama la atención aquella gente de la Jerusalén de aquel tiempo, que salía a recibir al Maestro que humilde entraba a lomos de un asno, con alegría: “¡bendito el que viene en nombre del Señor!”, “¡hosanna al rey de Israel!”; y esas mismas gargantas jubilosas, sólo cinco días después gritaban con saña: “¡crucifícalo!”. ¡Qué volubles somos los humanos, Jesús! ¡Y qué fiel es tu amor y entrega por nosotros a pesar de nuestros diarios desplantes!


Con algo más de edad, recuerdo la celebración de los Santos Oficios en Santa María, que con mis 9 ó 10 años se me hacían largos, porque me tocaba estar de pie y atrás ante tanta multitud. Aunque aprendí para años siguientes que en otras iglesias había
menos aglomeración. Y poco a poco iba dándome cuenta de lo que decían mis padres y los sacerdotes: que era más importante la celebración dentro del templo que la de las procesiones. Y que para que estas tuvieran sentido había que vivir aquellas en plenitud.

Fui interiorizando en mi vida esos misterios, que no son simple recuerdo como las procesiones, sino que, participando en su celebración litúrgica, traen al presente aquella misma fuerza y eficacia redentora, y que teniendo el corazón limpio, lleno de fe y vacío de toda prisa, ese amor del “Dios con nosotros”, imperceptiblemente, calaba en mi vida. Y desde ahí, sólo desde ese encuentro personal con Dios, con el amigo del alma, desde ese amor suyo, tenía sentido el ver una procesión o el desfilar en ella, como durante mi adolescencia hice en la Hermandad de la Dolorosa, durante los años previos a mi ingreso en el Seminario.

Y ese Jueves Santo iba abriéndose ante mí con toda su grandeza: día de la Última Cena de Jesús con sus Apóstoles. Día
en que Él, el Maestro y el Señor, se agachó a lavar los pies a sus discípulos encargándoles que ellos hicieran lo mismo entre ellos y con todos; ilustraba así lo que con tantos ejemplos les había mostrado en esos tres años de vida pública; les mostraba el sentido de ese mandamiento nuevo: “amaos unos a otros como yo os he amado”; y Él nos ama hasta dar la vida. Sólo así reconocerán que somos discípulos: si en cada detalle pequeño diario, ponemos la intensidad de amor que movió a Jesús a interponerse ante lo que nosotros hubiéramos merecido.

Años después una frase de S. Agustín me ayudó a comprender todo su significado: “si a todos les diera por llevar una cruz, si a todos les diera por entrar en las iglesias, si a todos les diera por ponerse un hábito,... lo único que seguiría distinguiendo a los hijos de Dios de los hijos de Satanás es que se aman recíprocamente”. Fuerte, ¿verdad? ¡Fortísima! Por eso nos dejó Jesús en esa última Cena el alimento que nos da capacidad para ello: la Eucaristía. La Eucaristía, el "amor de los amores", (como
cantamos), nos va transformando en Jesús; va poniendo su gran Amor en lugar de nuestro pequeño amor, tantas veces mezclado con mezquindad; y la institución del Sacerdocio, para que ello sea posible. Lavatorio de los pies, mandamiento del amor mutuo, Eucaristía... pero para que nosotros pusiéramos las bases para algo más grande: su testamento. Eso ya no lo podíamos hacer nosotros con nuestras pobres fuerzas, pero sí teníamos que disponernos con esos prolegómenos. Por eso se lo pide al Padre. Es el centro del Evangelio, ("la perla preciosa", como decía Pablo VI). Y cinco veces lo repitió para que nos enteráramos bien: la Unidad. “Padre, que todos sean uno”. ¡Nada menos que el anticipo del cielo!: “Padre, que sean uno, como Tú en Mí y Yo en Ti!”.


Y saliendo de esa última Cena, Jesús se dirige al Huerto de los Olivos. Y allí Judas lo entrega, con el mayor gesto de cercanía
que es un beso. “Amigo, ¿qué quieres?”, le pregunta aún Jesús como dándole una última oportunidad... Pero la traición se consumó.

De niño me impresionaban esos Judas que esa noche aparecían en el pueblo, por ejemplo en la puerta de los Frías. De mayor, luego he pensado que tantas veces que no he vivido mi compromiso de cristiano cada día he sido alguien que también ha renegado del Maestro. Hay una canción de Luis-Alfredo que dice:

“¡Amigo, no lo juzgues!: ¡tú no eres quién!
¡Ni tú..., ni nadie!
Pero... mírate en el espejo: ¡quizá... te encuentres un aire!!
Y todos colaboramos en esta absurda traición
pues todos hicimos caso a aquel que nos engañó.
Y Cristo sufre la pena por nuestra redención.
¡Amigo, escucha si quieres!:
¡hay pocos Judas de nombre, hay muchos de corazón!
Como quiera que te llames... ¡apúntate la traición!”.

S. Pedro también lo negó tres veces: pero la diferencia con Judas, es que él se dejó mirar por Jesús, se arrepintió y lloró por ello después de cantar tres veces el gallo. Mirando la imagen de
Ntro. Padre Jesús de la Misericordia, me hace recordar ese corazón grande que siempre me tiende una nueva oportunidad a pesar de mis tropiezos, de mis pecados: tengo la oportunidad de cambiar mi traición “tipo Judas”, en arrepentimiento “tipo Pedro” ante su mirada de misericordia.

Y esa noche del primer Jueves Santo al primer Viernes Santo, Jesús la pasó traído y llevado de acá para allá, de un tribunal a otro. Del Sanedrín al Pretorio. Atado como un malhechor; la
imagen de Cristo de Medinaceli, de tanta veneración en S. Bernardo y en toda España, y la de Cristo de la Humildad nos lo recuerda: “como cordero llevado al matadero, -había dicho el profeta Isaías-, no habría su boca ni profería amenazas”. Ante nuestra prepotencia e intransigencia, el que recibió la mayor injusticia, ponía la otra mejilla; simplemente seguía amando a aquellos por los que había venido a entregar la vida.

Pero la imagen que de pequeño más atraía mis preguntas porque no comprendía era la del Stmo. Cristo de las Injurias. “Mamá, ¿por qué está así? ¿qué le pasa?”. Recuerdo la pregunta, aunque no la respuesta, pero puedo imaginarla: “lo azotaron y lo coronaron de espinas, y sufrió muchísimo para salvarnos; porque
nos quería y nos quiere hoy”. Una imagen parecida llevaba siempre consigo Sta. Teresa de Jesús y contemplando esas llagas externas del Señor, llegó a comprender el interno amor del Señor por ella y por todos, y la llevó a una conversión más definitiva, a una entrega más plena a Dios. En cambio yo...; yo con vergüenza tengo que recitar las palabras del poeta mirando esta imagen de Moharras y las anteriores:


¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí!; ¡qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:
“Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía”!

¡Y cuántas, hermosura soberana:
“Mañana le abriremos”, respondía,
para lo mismo responder mañana!

lo mismo con la cruz a cuestas: ante la que yo tantos días me rebelo o llevo a regañadientes. Y Él la cargó en mi nombre, hace ya varios siglos, para dejar mis manos libres para hacer el bien que Él pide. 
Viendo la tradicional imagen de Jesús del Perdón, -distintos nombres para un mismo Corazón-, me anima a seguir a su lado. Y cuando tropiezo, Él en sus caídas me anima a recomenzar: es el secreto para ganar; volver a empezar de nuevo a amar, con más intensidad, a Dios y a los demás; sacando, como Él, fuerza de flaqueza para no quedarme tirado. Santo no es sólo el que nunca cae, sino el que siempre se levanta confiando en su mirada de amor.

La imagen de la Verónica. Sólo una mujer se atrevió a dar el paso hacia delante, en medio de la multitud; sin temor ni vergüenza al que dirán; sin preocuparse de que con ella pudieran hacer lo mismo. La veneración y el cariño por el Maestro eran
más fuertes. La tradición no nos dejó ni su nombre, pero en el paño quedó marcada la faz del Nazareno. Un auténtico retrato, un verdadero icono: y de ahí el nombre que le quedó: “vero icono” > Verónica. También para decirnos a nosotros que, no en un sudario, sino en nuestra alma y en nuestro comportamiento debemos y podemos ser verdadera imagen y reflejo del Señor. Otro “vero icono”, cada uno otra valiente Verónica.

Y llegando al lugar llamado la Calavera, lo crucificaron”. Cualquier imagen del crucificado siempre impresiona, por más que estemos los cristianos, por desgracia, “acostumbrados”. Pero la imagen tan lograda del Cristo de los mártires lo hace de una manera especial:

No me mueve mi Dios para quererte
el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en esa cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera
que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y, aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues, aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

Podemos preguntarnos en qué momento nos amó más Jesús. Nos amó en todo momento con amor infinito: hecho niño en Belén y Nazaret; en la vida oculta y en su predicación y milagros. Pero el momento en el que más se notó ese amor infinito fue cuando más sufrió. ¿Y cuándo, pues? Sin duda en la cruz. Pero hubo aquel primer Viernes Santo algo más profundo que las heridas, algo peor que la misma muerte. Algo que se hace
presente cada día en lo que nos duele o nos entristece; en lo que no comprendemos o nos angustia. Una “llaga” en el alma, cuando Jesús desde la Cruz exclamó: ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?. Jesús Abandonado es la máxima expresión del Amor. Y Él continuó amando: al Padre (“a tus manos encomiendo mi espíritu”) y a los demás (a su madre, para que no quedara sola; al buen ladrón; a los que le crucificaban, implorando su perdón). Nos dio así el secreto de la Vida, la llave para abrir toda puerta: transformar el dolor en amor. Continuar amando aún en la más negra oscuridad.

Y ante ese grito, María permanecía firme ante la cruz: la Dolorosa.

Dolorosa, de pie junto a la Cruz
Tú conoces nuestras penas,
penas de un pueblo que sufre:

Dolor de los cuerpos que sufren enfermos,
el hambre de gentes que no tienen pan,
silencio de aquellos que callan por miedo,
la pena del triste que están en soledad.

El llanto de aquellos que suman fracasos,
la cruz del soldado que mata el amor,
pobreza de muchos sin libro en las manos,
derechos del hombre truncados en flor.

La misma y única Virgen Madre, la definimos como Ntra. Sra. de las Angustias. Como la Piedad de Miguel Ángel, muestra esa serena desazón de ver al fruto de sus entrañas, al que había llevado dentro nueve meses y luego amamantado; al que había educado viéndolo crecer y luego seguido como la primera y más fiel discípula; ahora lo tiene en su regazo sin vida.

La misma y única Virgen Madre, que pierde al fruto de sus entrañas. La Soledad. Pero con su gesto nos enseña a “saber perder” a Dios por Dios: dijo su "sí" al Ángel, pareciendo que era contradictorio con la virginidad que Dios le pedía, y en sus purísimas entrañas engendró por obra del Espíritu Santo al Hijo eterno de Dios; ahora dice su “sí” perdiendo al hijo amado y le es sustituido por Juan. Para una madre hay algo peor que le arrebaten a su hijo; y es que se lo cambien por otro y tener que quererlo igual. Así María, con dolores "de parto", nos engendra a nosotros como hijos suyos.

La imagen de S. Juan, el único discípulo que permaneció cerca en las horas trágicas, nos recuerda que también nosotros, como él, hemos de llevar María a casa. Él, el discípulo amado, aquel que recostó su cabeza en el pecho del Maestro, tiene ahora
un encargo, y en él todos nosotros: “Ahí tienes a tu madre”. Quizá por estar tan cerca de la Madre, quizá por ser el Apóstol que más comprendió el amor verdadero, (cuando con las primeras luces del alba del tercer día resucite el Maestro), será aquel que más corra y llegue primero al sepulcro vacío: “entró: vio y creyó”. Pero no adelantemos acontecimientos todavía.

La imagen del Cristo Yacente en el Santo Sepulcro, que tanto nos impresionaba de chiquillos al entrar en S. Blas y al verla recorrer las calles en procesión, nos recuerda el misterio que va más allá de toda lógica: Dios inmortal, sin dejar de serlo, se ha
hecho hombre en todo como nosotros, pero sin pecado; con una naturaleza como la nuestra, incluso sujeta a la muerte. Dicen que el amor hacer locuras. ¡Locura de amor la de un Dios crucificado!; ¡locura de amor de un Dios muerto para hacerse cercano incluso a aquellos que no sólo tres días, sino siempre viven sin Él!


Somos invitados también nosotros a dejar que alguien mueva la piedra de nuestros corazones y deje el portillo abierto para que revivamos: “sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, en que amamos a nuestros hermanos”, dirá con el tiempo S. Juan.


Todo este recorrido por jueves, viernes y día del sábado, viene cruzado como trasversalmente por una virtud, de la cual, como fiel discípula hizo gala la madre. La misma y única Virgen Madre, la Esperanza, nos lo recuerda. Dicen que es lo último que se pierde: María no la perdió; ni la fe, ni la Caridad, que es la que permanece incluso después de esta vida, y como un título así la muestra
perennemente nuestra Patrona desde su Santuario todo el año para recordárnoslo.

Y ante todo esto, si los siglos y la historia pudieran hablar, estarían anhelantes por su culmen, por el desenlace. Centro de la historia, centro del año litúrgico: la Resurrección. En la Vigilia Pascual, la entrada solemne del Resucitado nos invade de gozo y nos hace
redescubrir que sólo tiene futuro y sentido un estilo de vida desarrollado como Jesús, con Él y por Él. Esa noche, la renovación de las promesas bautimasles, da sentido a toda una Cuaresma; nos hace sumergirnos en esa muerte y resurrección para ser en verdad, (más y mejor), hijos de Dios; hijos en el Hijo.

La procesión del Encuentro en la mañana de Resurrección nos invita a descubrirlo vivo con nosotros cada día y a encontrarnos

con ÉL. Nos invita a encontrarnos nosotros en aquel mutuo amor y aquella unidad que ÉL pidió, y juntarnos desde todos los puntos cardinales, desde las tres parroquias. Misterio que debemos... ¡podemos!... hacer realidad cada día en cualquier lugar donde nos encontremos dos o más unidos en su nombre, es decir, en ese amor dispuesto a dar la vida recíprocamente y gozar así de su presencia viva reconocida por las huellas de paz, alegría y gana de entrega que deja.

Recuerdo todas estas imágenes en los imponentes desfiles procesionales. De niño viéndolas desde las aceras y tratando de descubrir entre los “nazarenos” de la Dolorosa a mi padre, al tío Agustín, al primo Juan (que acaba de dejarnos) y a los demás de la familia; y luego, ya con catorce años “procesionando” yo entre ellos, tratando de que no fuera algo intrascendente, sino algo serio y digno del mayor respeto. Los recorridos de las procesiones de Semana Santa, con todos sus pasos, llevando por las calles, ayer como hoy, estos perennes misterios de manera plástica, manifiestan a los devotos y a los simples curiosos que hay algo más, ¡que hay Alguien más!, que más allá de nuestra indiferencia, olvido o infidelidad, siempre permanece fiel amándonos hasta el extremo cada instante de nuestras vidas.

Gracias por vuestra atención. Perdonad si en estos recuerdos de infancia y juventud y en estas reflexiones y vivencias de años posteriores me he alargado. Simplemente he querido ofreceros gratis lo que gratis voy recibiendo.

Como pregonero oficial, anuncio que con las primeras vísperas de Domingo de Ramos de esta tarde ha empezado y quedado inaugurada la Semana Grande de la fe, la Semana Santa. 

Que este amor eterno e infinito por nosotros de todo un Dios, no quede perdido. Que cada año Semana Santa no sea un año más ni una semana más.

Francisco-Tomás Tomás Rodríguez
Pregón para la Semana Santa 2003
Villarrobledo (Albacete)
Parroquia de S. Blas