lunes, 15 de noviembre de 2021

TRANSMITIR PAZ

 VIDA DE LA PALABRA                  primeras semanas de NOVIEMBRE

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de noviembre («Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios», Mt 5, 9) y la de octubre («Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que lo aman», Rm 8, 28):

1.-        He logrado de nuevo buscar un buen ratillo al amanecer para hacer un paseo rápido (y rezar el Rosario). Aprovecho también para “dar los buenos días” a todos los que me cruzo: un modo de trazar puentes y construir la paz. Algunos ni oyen a esas horas, otros miran sorprendidos como si no fuera con ellos, otros responden sin mirar…; hubo una señora que me sonrió, ¡y me alegró!: ahora entiendo eso que tantos me dicen, que mis saludos y mi sonrisa (a pesar de la mascarilla) les alegran la mañana o la tarde, (¡bendito sea Dios, y solo para gloria Suya!).

         Un buen número también han saludado con cortesía y, entonces he aprovechado para presentarme: “soy Paco, el nuevo párroco”. Algunos entonces comentan que bautizaron o sus hijos o los llevaron a la primera comunión, otros dicen “bienvenido al barrio” o “¡suerte para esta nueva tarea!”. Una me contestó: “soy atea”, como no queriendo ya cruzar ni una palabra más y menos una mirada; le contesté, (recordando la Palabra de Vida): “pero eres vecina y ciudadana”. “Eso sí”, añadió ya por lo menos mirándome, aunque muy seria. Y continué preguntando y comentando. Resultaron un par de minutos bonitos.

 

2.-        Me di cuenta que algunas ramas de arizónicas del parque, (crecidas al menos 6 u 8 metros), están provocando desperfectos en los edificios parroquiales, (aparte de no dejarme dormir cuando hay mucho viento), pues golpean y rozan continuamente las paredes, (sobre todo la de mi habitación), hasta haber hecho dos amplias estrías y picado las esquinas.

         Al poco de comentarlo, vino una empresa a podarlas, pero no pudieron entrar la máquina. Era justo cuando yo volvía sudando de la caminata matinal y hacía frío.

Hablaron con el jefe por el móvil y yo sin pretenderlo escuchaba de lejos: el tono era como si fuera un capricho mío lo de podar o terciar, vamos, como que simplemente no me dejaban dormir. No entré en polémica.

         Me estaba yo quedando helado, (pues llevaba ropa para hacer ejercicio, no para estar veinte minutos a pie quieto), y durante la espera, pensé que el mejor modo de vivir la Palabra era entrar en relación con los operarios, mientras les telefoneaban o no para responder a sus consultas: empecé a preguntarles el nombre a los tres y de dónde eran, y el tono distante empezó a ceder. Luego hice unas fotos de los desperfectos y se la mostré a quien llevaba el mando: ahí sí cambió el tono, pues empezó a darse cuenta que no era capricho mío. Me pidió que se las enviara al whatsapp y que si se podía grabar mi número.

Dado que no podían podar pues están altísimas las ramas, deberían terciar o talar, pero para eso necesitan permisos. Después de dos semanas las ramas siguen igual, pero ha quedado un buen trato e incluso nos cruzamos el otro día unos mensajes con tono muy amable.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de noviembre («Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios», Mt 5, 9), la de octubre («Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que lo aman», Rm 8, 28) y la de septiembre («Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos», Mc 9, 35):

 

1.-        “¡¡Muchas gracias, Paco, como siempre!! Comienza un nuevo mes: a ver si se lleva todo lo malo que nos ha traído el anterior, aunque sigo aún meditando la palabra de vida de octubre con respecto a la situación vivida, "sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que lo aman", pero me acojo con mucha esperanza a la de este nuevo mes y espero que tanto todos los Santos como los fieles difuntos nos ayuden a seguir adelante y a ponerla en práctica…”.

 

2.-        “…tu mail llega como agua fresca a mi alma, últimamente algo sedienta y no era consciente de ello. Muy acertado en estos momentos de mi vida personal y profesional. Me ha hecho recordar, que estamos hechos por y para el amor. Renovando mis propósitos, cotejándolos con las bienaventuranzas, me doy cuenta que lo demás es superficial: poner el amor a Dios en primer plano, es apuesta segura de triunfo…”.

 

3.-        “Pues estoy muy bien, con el nuevo trabajo en el Instituto que te comenté: estoy muy ilusionada. Soy consciente que ha sido el Señor quien ha querido que yo esté allí: ¡hay tantas almas que evangelizar, que no conocen el amor de Jesús! 

La familia está bien; también, mi hermana y mi cuñado: parece que se han dado una nueva oportunidad (y también está allí la mano del Señor: después de tantas oraciones, ha tenido Misericordia para con ellos).

Poniendo en práctica la palabra del mes, estoy viviendo ahora un poco como Caritas de tu parroquia, de la divina providencia; tengo contrato laboral hasta el 22 de diciembre, pero tengo total paz, porque sé que “en todas las cosas interviene Dios para los que le aman”.

Aunque Dios sabe lo bien que me vendrían esos ejercicios espirituales, no puedo porque tengo examen el día 20: ofrezco esas horas de estudio para los frutos de los ejercicios…”.

 

4.-        “…me dio, muchas pena saber que te trasladaban... pero te agradezco enormemente tu labor mandándome la PdV: me da una inyección de fe mensual, muy necesaria en estos días. 

            Además, parece que la Palabra del mes es un regalo divino que te viene justo sobre lo más preciso en cada mes. 

Es complicado a veces… mantener esta paz con los que más confianza se tiene, en días de cansancio y que una se siente sobrepasada por las tareas del trabajo, la casa, etc., pero la Palabra me da luz y apertura de mente para hacer un esfuerzo y lograrla. 

Promoveré este mes el trabajarla también con mis alumnos…”.

 

5.-        “…hoy ya hice la obra buena de los scouts, pero faltan muchas más: ayudé en el Metro a una señora pequeña a cargar y descargar en el vagón 5 bultos que transportaba en diversas maletas viejas con ruedas. Quedamos amigos. Bajó en su parada, y yo con ella, olvidado de que mi estación de destino era mucho más delante: los años nos traicionan. Ella me indicó que volviera al convoy; si no, con ella me voy: con-voy…”.

 

6.-        “…¿tendrías 2 libros de catequesis de tu anterior parroquia?: una compañerita del cole ha empezado hace ya dos semanas la Catequesis.

Un niño compañero de mi sobrinita y de su amiga y compañera de estudio. Él les acercó mientras ellas sostenían una conversación sobre la Catequesis y Dios. Les pidió que le enseñaran el libro del que platicaban, y ellas se lo prestaron. El niño les contó que siente mucho interés por conocer sobre Dios y sobre Jesús y sobre la Virgen María. Pero sus padres no tienen tiempo de llevarlo a la iglesia y, además, son ateos. Mi sobrinita me contó la historia y me sorprendió; y me llenó de alegría saber que un pequeñín desarrolle ese deseo tan natural de conocer a Dios…”.

 

7.-        “…no había leído hasta ahora esta Palabra de Vida, y la verdad es que es precioso todo lo que dice sobre la paz: es un don de Dios, pero también depende de nuestra adhesión, la invitación a salir de la indiferencia para convertirnos en constructores de concordia a partir de nosotros mismos y a nuestro alrededor, poniendo en acción inteligencia, corazón y brazos, y transformar cada día en una "jornada de paz" 

Todo ello me ha recordado mi reciente viaje a África.

            Vine un poco desilusionada conmigo misma al darme cuenta que me costaba más comunicarme que la última vez que fui hacía 6 años: por dejadez, no había sido yo constante en avanzar en el idioma y ahora me daba cuenta que por mi desidia, no solo no avancé sino que había retrocedido 

            Estando con esos pensamientos negativos, al día siguiente de mi regreso veo en el WhatsApp un “vous êtes bien arrivés?”. Era de una de las personas que allí había conocido, interesándose por si había llegado bien. Le contesté con una frase cortita. 

Al día siguiente me vuelve a escribir y, a la par, recibo un: “comment allez vous?” de otra persona de allí, que a los pocos días me manda otro mensaje con una pregunta: “comment se porte ta famille?”. Yo creía que me preguntaba cómo se portaba mi familia, cuando en realidad me estaba preguntando qué tal estaba. Ahí comprendí que tenía que retomar el francés de nuevo si quería comunicarme con ellas.

Tras varios días de intercambio de frases, me di cuenta que delante de mí tenía una oportunidad estupenda de crear lazos de unión más allá de mis fronteras y que de mí dependía que eso avanzara o se frenara: ¿iba yo a hacer el esfuerzo de estudiar para que esos lazos cada día fuesen más fuertes o lo iba a abandonar porque era más cómodo no esforzarse?

Cierto que la paz es un don de Dios, pero que también depende de que nosotros hagamos algo por ella. Si Dios nos ha dado inteligencia, corazón y brazos, pero no los utilizo por la razón que sea, difícilmente puedo contribuir a que cambie nada a mi alrededor.

            Ahora cada vez que me escribo con ellas lo primero que hago es dar gracias a Dios, pero a la par siento que una gota más de paz hay a mi alrededor y cuando esto sucede a km de distancia también siento una gota de esperanza, pequeña ciertamente, pero una gota que antes no estaba y que de nosotras dependía que se pueda convertir algún día en un charquito, un río, un mar.... de paz o que lo dejemos secar. Con ilusión renovada, pues, recomienzo lo que un día había dejado…”.

 

 

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lunes, 1 de noviembre de 2021

PACIFICADORES EN NOMBRE DE DIOS

PALABRA DE VIDA                      noviembre 2021

 
«Bienaventurados los que trabajan por la paz,

porque ellos serán llamados hijos de Dios»

(Mt 5, 9)

 

El Evangelio de Mateo lo escribió un cristiano proveniente del ambiente judaico de su tiempo; por eso contiene tantas expresiones propias de esa tradición cultural y religiosa.

En el capítulo 5 Jesús es presentado como un nuevo Moisés que sube al monte a anunciar la esencia de la Ley de Dios: el mandamiento del amor. Para dar solemnidad a esta enseñanza, el Evangelio nos dice que Él está sentado, como un maestro.

No solo eso: Jesús es además el primer testigo de lo que anuncia. Esto destaca de modo evidente cuando proclama las Bienaventuranzas, el programa de toda su vida. En ellas revela la radicalidad del amor cristiano con sus frutos de bendición y alegría plena. Eso es bienaventuranza.

 

«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios».

 

En la Biblia, la paz –shalom en hebreo– indica la condición de armonía de la persona consigo misma, con Dios y con lo que la rodea; aún hoy es un saludo entre las personas, como un deseo de vida plena. La paz es ante todo don de Dios, pero también depende de nuestra adhesión.

Entre todas las bienaventuranzas, esta resuena como la más activa, pues nos invita a salir de la indiferencia para convertirnos en constructores de concordia a partir de nosotros mismos y a nuestro alrededor, poniendo en acción inteligencia, corazón y brazos. Requiere el esfuerzo de preocuparse por los demás, sanar heridas y traumas personales y sociales provocados por el egoísmo que divide y promover todos los esfuerzos en esta dirección.

Como Jesús, el Hijo de Dios, quien cumplió su misión cuando dio su vida en la cruz para volver a unir a los hombres con el Padre y traer de nuevo la fraternidad a la tierra. Por eso, cualquiera que sea constructor de paz se asemeja a Jesús y, como Él, es reconocido hijo de Dios.

 

«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios».

 

Siguiendo las huellas de Jesús, también nosotros podemos transformar cada día en una «jornada de paz» poniendo fin a las pequeñas o grandes guerras que cada día se libran a nuestro alrededor. Para realizar este sueño es importante construir redes de amistad y solidaridad, tender la mano para ofrecer ayuda pero también para aceptarla.

Como cuentan Denise y Alessandro: «Cuando nos conocimos nos iba bien juntos. Nos casamos y al principio fue muy bonito, incluyendo el nacimiento de nuestros hijos. Con el pasar del tiempo comenzaron los altibajos; ya no había ningún tipo de diálogo entre nosotros, y cualquier cosa era objeto de discusión continua. Decidimos permanecer juntos, pero seguíamos cayendo en los mismo errores, rencores y enfrentamientos. Un día, una pareja de amigos nos propuso participar en un taller de apoyo a parejas con problemas[1]. No solo encontramos personas competentes y preparadas, sino además una «familia de familias» con la que compartir nuestros problemas: ¡ya no estábamos solos! Volvió a encenderse una luz, pero fue solo el primer paso: una vez en casa no era fácil, y volvíamos a caer. Lo que nos ayuda es preocuparnos por el otro, con el compromiso de volver a empezar y seguir en contacto con estos nuevos amigos para seguir adelante juntos».

 

«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios».

 

La paz, la de Jesús, como dice Chiara Lubich, «exige de nosotros corazones y ojos nuevos para amar y ver en todos otros tantos candidatos a la fraternidad universal».

Y añade: «Nos podemos preguntar: “¿También en los vecinos pendencieros?, ¿también en los compañeros de trabajo que entorpecen mi carrera?, ¿también en los militantes de otro partido o en los hinchas de un equipo de fútbol adversario?, ¿también en las personas de religión o nacionalidad distintas a la mía?”. Sí, cada uno es mi hermano o mi hermana. La paz empieza precisamente por ahí, por la relación que sé instaurar con cada prójimo. “El mal nace del corazón del hombre –escribía Igino Giordani–, y para apartar el peligro de la guerra hace falta desterrar el espíritu de agresión y de explotación y egoísmo del que procede la guerra: hace falta reconstruir una conciencia”[2]. El mundo cambia si cambiamos nosotros, […] sobre todo poniendo de relieve lo que nos une podremos contribuir a crear una mentalidad de paz y a trabajar juntos por el bien de la humanidad. […] Al final es el amor el que vence, porque es más fuerte que cualquier otra cosa. Probemos a vivir así en este mes, para ser levadura de una nueva cultura de paz y de justicia. Veremos renacer en nosotros y alrededor de nosotros una nueva humanidad»[3].

 

LETIZIA MAGRI

 



[1] Cf. 10 anni di «Percorsi di luce»: https://www.focolare.org/famiglienuove (en italiano e inglés).

[2] I. Giordani, L’inutilità della guerra, Roma 2003, p. 111.

[3] Cf. C. Lubich, Palabra de vida, enero 2004: Ciudad Nueva n. 405 (1/2004), pp. 22-23.

 


 

N.B.: Aquí puedes encontrar también la Palabra de Vida 

en viñetas para los niños, adaptada para adolescentes y para jóvenes,

 y en MP3 para escuchar en el móvil.

 

Palabra de Vida AQUÍ en presentación Power Point

en más de 30 idiomas.



domingo, 31 de octubre de 2021

DIOS INTERVIENE SIEMPRE, SI TÚ AMAS

 VIDA DE LA PALABRA                últimas semanas de OCTUBRE


Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de octubre («Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que lo aman», Rm 8, 28) y la de septiembre («Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos», Mc 9, 35):

1.-        Son varias las sorpresas que saltan cada día y a las que hay que hacer frente, muchas veces sin saber de dónde llueven. Te cuento solo alguna de las muchas:

         Hace unos días me llaman de la institución principal que nos daba los alimentos a la parroquia y que luego nosotros entregábamos a los necesitados: ¡nos suspenden las entregas porque desde febrero no se han atendido las instrucciones que habían dado! Después de “pelearlo”, vi que lo tenían más que decidido. Así que, continuando con la misma amabilidad y respeto, les mostré mi desacuerdo y no tuve más remedio que acatar con humildad su decisión.

Añadieron que, dado que estoy apenas estrenado aquí, nos concederán una oportunidad y, si en 3 meses pusiéramos al día todo tal como nos indiquen en la inspección de la semana próxima, empezarían de nuevo entonces a surtirnos.

“Todo sirve para el bien de los que aman”. ¿También esto? Yo pensaba sobre todo en la gente necesitada. ¡También esto! Con fe en la Providencia divina y en la ayuda de S. José, que “entiende de todo”.

Con ilusión estamos tratando de tener ya todo más que listo para esa próxima revisión. Conscientes también que a veces un parón no interrumpe la marcha, sino que sirve para recobrar más aliento e impulso.

¡Dios seguro que sacará un bien mucho más grande de todo ello, si no dejamos de amar a todos y de sonreír ante todo!

1b.-     Varias personas que desempeñaban diferentes tareas importantes en la parroquia, llevaban ya tiempo pensando por edad o por desplazamiento que quizá era el momento de dejar sus diversos cometidos; para no abandonarme “en la estacada”, se ofrecían, no obstante, a continuar unas semanas, mientras íbamos encontrando otras personas que pudieran desarrollar esa tarea o ponían de plazo hasta Reyes.

         Recordando el “todo sirve para el bien de los que aman…”, se transformaba en acogida y comprensión el “jarro de agua fría” en mi interior que suponía cada uno de sus anuncios. En primer lugar, dando sinceros agradecimientos a cada uno por esos servicios desarrollados desinteresadamente tantos años a favor de la Parroquia. En segundo lugar, de entender yo que ellos tienen que discernir (por edad o distancia o situaciones familiares o…) lo que es Voluntad de Dios para ellos; y alegrarme con ellos, si lo tienen claro, de que den gloria a Dios de otra manera o en otro sitio; no obstante tengo de par en par abiertas las puertas y el corazón a que continúen indefinidamente. Y, en tercer lugar, de nuevo fiarme de la Providencia y de S. José, (¡como ya han empezado a hacer en varias tareas!), que moverán el corazón de otras personas que pudieran entregarse a esos servicios (¡y a otros muchos que me voy dando cuenta!) en la parroquia. “Todo sirve para el bien”.

 

2.-        Una semana cada cuatro, nos toca a nosotros dos estar pendientes todo el día del teléfono para atender el tanatorio de Las Rozas.

Mi primera intervención allí fue una Misa “de cuerpo presente” a las 15:00. Dado que se alargó una reunión que tenía yo previamente esa mañana, me fui allí sin comer.

         Saludé con la mayor amabilidad a los empleados y a 4 familiares. Cuál sería mi sorpresa que en la Misa solo estaban ellos 4. Ni se pusieron de pie; ni contestaron, (solo una de ellas, mayor, de vez en cuando elevaba un tímido “amén” casi imperceptible): eso me desconcertó y desconcentró mucho al principio.

“Todo sirve para el bien de los que aman a Dios”. Pensé en la difunta de casi 102 años, quizá mujer con mucha fe. Y, (aunque la circunstancia, la pasividad y frialdad invitaban a todo lo contrario), viví la Misa “a tope” por el Señor en primer lugar, con ilusión, ¡y también por ella, que era mi prójimo a quien amar! Como si hubiera celebrado yo solo, concentrado teniendo por testigo a “toda la corte celestial”. O como si hubiera estado en una iglesia repleta y con gente entregada participativamente.

         Esto último sí lo pude vivir así, justo una semana después (casi a la misma hora), con un gran amigo del movimiento, que acaba de dejarnos. El corazón se llenaba de gozo dando todos gracias a Dios ante este gran hombre, y pidiendo con intensidad de fe vivida por su eterno descanso, casi como una fiesta anticipo de la del cielo a la que está llamado.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de octubre («Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que lo aman», Rm 8, 28), la de septiembre («Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos», Mc 9, 35) y la de agosto («Quien se haga pequeño como este niño, ese es el mayor en el Reino de los Cielos»,

Mt 18, 4):

 

1.-        “…como siempre, te leo con mucha ilusión por hacerme entender muchos de mis sentimientos y darme estrategias para estar más cerca de Dios y comprender lo que nos tiene preparados a cada uno de nosotros. 

Estamos pasando un mal momento, el peor que he vivido. Mi madre está ya muy mal, y me desconsuela verla luchar tanto y ver en sus ojos esa pena y rabia de no ganar la batalla. Y en cuanto muestra esos sentimientos, enseguida pide perdón a Dios. ¡Qué fortaleza! Todos los días le pido poder disfrutar un poquito más de ella y que siempre se sienta acompañada por Él, que me ayude a decir y hacer con ella lo que más necesite mi madre en cada momento, y que no sienta miedo. 

            Sé que rezas por ella y por todos nosotros, pero te agradecería si pudieras mandarme alguna oración de consuelo, porque a veces me cuesta todo muchísimo…”.

 

2.-        “…habiendo regresado de África, comparto una primera impresión: viendo esos días a los niños jugando en el recreo o bien atentos a sus profes en el aula, recordaba los comienzos, cuando el cole era un proyecto, un diseño sobre un plano.

La última vez que fui, hace 6 años, estaba todo en obras; había mucho movimiento de tierras, maquinas, andamios, obreros trabajando por todas partes.

Al regresar ahora y ver que aquello que antaño fue una idea ahora era una realidad, recordaba el lema y la oración del Domund y me daba cuenta que, en verdad, “el desánimo y el cansancio no tienen la última palabra”.

En este trayecto no nos han faltado horas de desánimo, ocasiones, incluso, de pensar en tirar la toalla y no continuar con el proyecto ante muchas dificultades.

Pero ante el "no merece la pena seguir" que en esas ocasiones retumbaba en nuestros oídos, escuchábamos también las palabras dirigidas a Josué en el Antiguo Testamento: "¡ánimo, sé fuerte y valiente! ¡No temas, ni te acobardes!”.

Y desde luego que mi marido lo ha sido: fuerte, valiente y no se ha dejado acobardar por nada ni nadie y con ese entusiasmo, con el empuje del Padre y del Espíritu Santo, siguió adelante.

            Por ello ahora he podido ver la felicidad reflejada en la cara de los niños. He podido escuchar sus risas y sus voces cantando al unísono. He podido sentir un rayo de esperanza. He podido constatar que, en verdad, con esfuerzo, trabajo, dedicación, oración, las cosas pueden ser diferentes.

He visto, como dice la mencionada oración, “mucho amor en movimiento”: en los niños, en los profes, en el equipo directivo, en las personas que nos llevaban y traían, en...

Pero sobre todo he visto mucho amor en movimiento en mi marido a quien ni siquiera el haber pasado por la uci hace poco le ha hecho detenerse y ha seguido traspasando fronteras para seguir trabajando por un futuro mejor para jóvenes y niños de las zonas más desfavorecidas…”.

 

 

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sábado, 16 de octubre de 2021

TODO CONTRIBUYE, SI AMAS

VIDA DE LA PALABRA                    primeras semanas de octubre


  

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de octubre («Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que lo aman», Rm 8, 28) y la de septiembre («Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos», Mc 9, 35):

 

1.-        Estas 3 últimas semanas me he visto desbordado en múltiples frentes. A la vez, aceptaba la “humillación” de reconocer que, lo que tanto predico, (“¡vive bien el momento presente!”, “¡arrojad en Dios todas vuestras preocupaciones!”), a menudo yo no lograba vivirlo. Pero… ¿también esto?: ¡¡sí!!, ¡¡también esto sirve para el bien de los que aman a Dios!! La PdV una vez más y momento a momento venía en mi rescate.

1b.-    En la primera reunión con el equipo de Caritas de la nueva parroquia, nos venía la preocupación: a los 6 días tendríamos que ir al Banco de alimentos y no sabíamos cómo ni teníamos furgoneta ni nada. A la vez, estábamos desbordados en horario con tantas personas que venían a por alimentos. Ante la tentación, dije: “no podemos cerrar el puño; “dad y se os dará”, nos dice el Evangelio; si cerramos la mano para dar a otros, se nos cerrará la fuente de la Providencia. Y nuestra parroquia es de “S. José” y él es “especialista” en todos los temas, como decía Sta. Teresa”.

En la homilía de la Misa conté la experiencia. Al acabar, entra una de las personas que estuvieron en la reunión y dona 60 € para alquilar una furgoneta con la que ir a recoger alimentos. Al salir esta, entra otra: "estoy de baja y tengo la furgoneta familiar disponible; y también a uno de mis hijos". Se me conmovió el corazón al ver la prontitud con la que S. José atendió (¡por doble vía!!) mis agobios y, pasando cerca de la capilla del Santísimo (al ir a despedir a otro feligrés), rápidamente dirigí un "guiño de inteligencia" también a Jesús-Eucaristía como agradecimiento.

1c.-      Fue bonito luego el día de cargar los alimentos, (un lunes, aunque habitualmente es el segundo martes de mes por la mañana). Fuimos con la furgoneta, (más un coche), y entre 4 personas cargamos todo rápidamente y al llegar aquí a la Parroquia ya estaba otro grupito para descargar (y otro luego para desembalar y colocar). Precioso clima de colaboración entre todos y de alegría a pesar del esfuerzo.

Algunos que llegaron tarde (les habíamos convocado para determinada hora, pero se nos dio tan bien todo, que volvimos con el cargamento mucho antes), pudieron luego ayudar en otras tareas, como limpieza de sillas y ordenar los salones; alguien que entendía de cerrajería, ayudó en limar algunas puertas que no cerraban. Un informático echó horas a montones con paciencia para ajustar la nueva impresora y los antiguos ordenadores del despacho parroquial. Un pulular de gente alegre dándose por el Señor y por su parroquia.

Paralelamente iban llegando personas o familias necesitadas, (vienen los lunes y los martes), y ya se podían llevar una gran bolsa de alimentos no perecederos. También, en esta ocasión, otros como yogures y similares

1d.-     Estos últimos tienen su "historia": venía yo cansado de toda la mañana en un encuentro precioso en el Centro Mariápolis: tenía media hora para echarme la siesta y volver de nuevo allí. Y al entrar en el recinto parroquial, veo un montón de cajas con yogures líquidos, copitas de chocolate y nata, etc.

         Con el cansancio que tenía, por un instante me vino la tentación de hacer como que no lo veía, pero me puse a cargar las cajas para entrarlas al salón parroquial; en ese instante salía el otro sacerdote y, canturreando, se puso a ayudarme. Así que, volví al centro Mariápolis sin reposar.

 

1e.-      La verdad es que yo creo que el Señor, por intercesión de S. José, en cuanto descubrimos alguna tarea pendiente o se nos ocurre una iniciativa, (a veces sin llegar a expresarla en voz alta o a rezar pidiendo por ello), a las pocas horas nos pone a alguien que sabe y se ofrece para colaborar ocasional o permanentemente. Muchos “ángeles” continuamente pendientes de todo. De verdad que “todo sirve para el bien de los que aman a Dios”.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de octubre («Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que lo aman», Rm 8, 28), la de septiembre («Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos», Mc 9, 35) y la de agosto («Quien se haga pequeño como este niño, ese es el mayor en el Reino de los Cielos»,

Mt 18, 4):

 

1.-        “…cuando estaba fuera, de viaje, trataba de estar atenta a las necesidades y problemas de mi entorno. A veces me callaba pero cuando había problemas gordos y serios, si podía hablar, lo hacía; otras veces le pedía al Señor que les ayudara. 

En una ocasión había unos hermanos que no se hablaban porque estaban muy dolidos entre ellos. Yo trataba de poner paz y darles ánimos. Les decía que todos cometemos errores muchas veces y hay que pedir perdón, pero también hay que saber perdonar cuando ocurre al revés. Es necesario hablar con las personas, porque si no, no seríamos cristianos y no viviríamos el Evangelio.

La mamá de ellos, llorando, se echaba siempre la culpa por dar a su hija todo lo que pedía. Yo, trataba de consolarla y le decía que estaba haciendo lo que una madre hace por sus hijos... Finalmente hablaron los hermanos y todos contentos, disfrutaron los unos con los otros

Yo hablaba mucho con la hermana, era la que había cometido "el error”, pedía y estaba pendiente de ella. Al preguntarle si disfrutó ayer con la familia, se puso a llorar.

La tranquilicé diciéndole que todos cometemos errores y la animé a pedir ayuda a sus hermanos porque ellos la ayudarían en todo lo que pudiesen.

Le di varias cosas mías; tiene un niño de dos meses, le compré pañales y ropa para unos cuantos días. Ella, agradecida, se ofreció a hacer alguna cosa por mí. Cuando me fui, se quedó llorando por mi marcha, pero le dije que no se preocupara porque en lo que pudiera la iba a ayudar.

Yo estaba feliz porque en cada momento sentía que El Señor me ponía las palabras en mi boca y ya no me siento tan tímida para hablar. He aprendido a fiarme de Él…”.

 

2.-        “…siempre caminaremos unidos por la PdV y la comunión de los Santos. Desde la muerte de mi hermano, vivo pegada a mi madre… sin elección, abrazando esta etapa de mi vida para mayor gloria de Dios y el bien de las almas… y de la mía!!! Mi cariño y agradecimiento siempre, por todo lo vivido y compartido. Mis buenos deseos y oración en esta nueva aventura… me gusta el servicio… y la donación. Espero q te sirvan para un cambio de escenario y sigas sonriendo y ayudando a las almas a mirar al Cielo para que se encuentren con Cristo…”.

 

3.-        “…llevo todo el día recordando la frase de la Palabra de Vida de este mes. Tendía a ella para dar sentido a ciertos momentos de sinsentido. Y al recordarla... (“todo lo permite Dios para mi bien...”), me ayudaba a centrarme de nuevo en el Señor y en lo que estaba haciendo y con quién estaba. En este caso, con mi madre. 

Me venían pensamientos de que mis hermanos están por ahí, (2 de ellos trabajando, los pobres), y yo aquí en casa con mi madre. Y volvía a recordar...: “todo es para mi bien...”. 

Y más fuerte me venía ese pensamiento negativo cuando han venido mi hermano y mi cuñada y este hermano siempre con pocas palabras y poco contacto visual... E intentaba transmitir agrado y ser agradable... (Estoy con mi madre porque deseo amarla y que esté a gusto, tranquila, serena, feliz; no estoy porque ellos me lo impongan). Y pensaba yo: “¡No importa...: es para mi bien...!”. 

Y si pongo amor, esto es oro en el Paraíso... Para quien pueda necesitarlo... Y recordaba las personitas por quien tanto rezo y ofrezco cada día.

A veces parezco tonta... Siempre la que se queda los fines de semana... Siempre la que hace favores... Siempre... 

Y la verdad es que no sé por qué me vienen esas quejas, porque con mi madre estoy tan a gusto... Es el mejor sitio donde podría estar. Me vendrá el pensar así por mis juicios ante lo que hacen los demás.

He besado a mi mamá con besos fuertes y sonoros, como los besos de las abuelas... Y pensaba en Jesús...: beso a mamá y beso a Jesús... 

Una tarde tranquila. Llena de pensamientos que venían como nubarrones negros a quitarme la paz, pero he acudido a la Palabra de Vida: "En todo interviene Dios para bien de los que lo aman...". Todo para mi bien... Todo para el bien de mamá...

Y en cada momento que ella necesitaba algo, intentaba yo responder con paciencia, cariño y agrado...

La Palabra de Vida ha sido mi escudo y mi refugio ante el desánimo que estaba llamando continuamente a mi puerta…”.

 

 

 

 

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viernes, 15 de octubre de 2021

TODO SUMA, SI AMAS

             Para renovarnos e intensificar el vivir bien la Palabra de vida del mes («sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que lo aman»), aquí tienes unos textos:



 

ESPERAR EN DIOS

 

Deseamos cada día "lo mejor" para nosotros y para nuestro mundo. Pero "eso mejor" será siempre "que venga el Reino de Dios". Por muy mal que vayan las cosas, solo Dios es el centro y "la plena satisfacción de todos nuestros deseos".

 

P. MANOLO MORALES, O.S.A., Comentario al Pasapalabra del 16 octubre 2021

 

 

 

 

LA PERFECTA ALEGRÍA

 

Un día san Francisco, verdaderamente enamorado de su Señor, mientras iba camino de Asís en invierno, descalzo y medio aterido de frío, le explicó a fray León en qué consistía «la perfecta alegría, la perfecta leticia».

No consistía tanto en hacer milagros y resucitar a los muertos, ni en profetizar y hablar todas las lenguas, sino en estar dispuestos a recibir las injurias de los hermanos del convento al que se dirigían conservando la caridad, porque «por encima de todas las gracias y de los dones del Espíritu Santo… –decía–, está el de vencerse a sí mismo y de sobrellevar gustosamente, por amor a Cristo Jesús, penas, injurias, oprobios e incomodidades».

En esto estaba según él la «perfecta leticia».

Probemos también nosotros. Cuando nos demos cuenta de que se acerca el dolor (por una renuncia, un desapego, una prueba o una enfermedad), repitamos con san Francisco: «Aquí está la perfecta leticia», que es como decir, con sentido pleno, «Tú eres, Señor, mi único bien».

Un pensamiento fuerte, ¿verdad? E implacable. Pero es con acciones como esta como podemos progresar en la vida, y hasta volar; podemos dejar una estela luminosa y arrastrar a muchos otros.

 

CHIARA LUBICH

 

 

 

 

AMAR A TODOS

 

Hoy podemos dar un salto de calidad y extender el alcance de nuestro amor. Amar solo a las personas por las que sentimos afecto es una gran limitación. Debemos abrir nuestro corazón al amor por todos.

Podemos convertirnos en manantiales que sacian la sed de todos con el agua vivificante del amor.

Nuestra propia sed será saciada, porque amar sin hacer distinción de personas es la síntesis de vida de la Palabra de Dios que es fuente de agua viva; y el que bebe de esta fuente no tendrá más sed.

Hoy abriré mi corazón al amor para esa persona difícil que encuentro todos los días en el trabajo; o para ese familiar que me defraudó; o para ese amigo que no se acordó de mí en mis momentos de dificultad. Es decir, abrir el corazón al amor verdadero significa romper con los paradigmas y conceptos puramente humanos sobre el amor.

 

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra del 13 octubre 2021

 

 

 

 

EN TODAS NUESTRAS NECESIDADES

PONGÁMONOS EN MANOS DE DIOS

 

No para dejar de hacer lo que nos corresponda a nosotros, sino para sentirnos, siempre y en todo, "mirados" por un Padre. Son sus manos "como un techo que nos protege" y da seguridad; manos que, incluso "cuando corrigen, acarician".

 

P. MANOLO MORALES, O.S.A., Comentario al Pasapalabra del 11 octubre 2021