PALABRA DE VIDA julio 2026
significa el
que escucha la palabra y la entiende;
ese sí que da
fruto»
(Mt 13, 23)
Después de haber hablado en
parábolas a una gran muchedumbre a la orilla del lago Tiberíades, Jesús se
dirige a sus discípulos y les explica a ellos el sentido profundo de sus palabras.
La protagonista de nuestro relato
es la Palabra de Dios, comparada con una semilla pequeña y frágil. La piedras, las
zarzas y las aves pueden impedirle germinar, echar raíces y producir espigas
maduras, pero el sabio sembrador conoce su sorprendente vitalidad.
A través de estas imágenes, Jesús revela la
relación entre el hombre y la Palabra que Dios ofrece abundantemente, pero hay
quien la acoge y quien, por diversos motivos, la deja caer
sin que dé fruto. Efectivamente, en el corazón humano, la superficialidad y las excesivas
preocupaciones materiales amenazan el milagro de la vida sobrenatural
que Dios mismo desea encender en sus criaturas.
También a nosotros, como a los
discípulos, Jesús
nos invita a entrar en el humilde misterio del amor de Dios, y al
mismo tiempo nos
interpela personalmente sobre una decisión: ¿qué terreno queremos ser?
«Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la
palabra y la entiende; ese sí que da fruto».
Escuchar y comprender: este parece ser el
secreto que nos convierte en un terreno acogedor, donde la semilla
de la Palabra puede expresar su fuerza y dar buenos frutos.
¡Qué valioso es estar disponibles
a la escucha! Es el espacio espiritual para dejar entrar la vida de Dios, que siempre
nos precede con su misericordia, con la paciencia del trabajador que
conoce y respeta los tiempos de maduración.
Las palabras de Dios, como
escribe Chiara Lubich, «iluminan interiormente no solo la mente, sino todo el ser,
porque son luz, amor y vida. Dan paz –la que Jesús llama suya: “mi paz”–
incluso en los momentos de turbación y de angustia. Dan alegría plena aun en medio
del dolor que a veces atenaza el alma. Dan fuerza, sobre todo cuando sobrevienen el
abatimiento o el desánimo. Nos hacen libres porque abren el camino de la
Verdad. […] También en nosotros debe nacer un amor apasionado por la Palabra
de Dios: acojámosla atentamente cuando se nos proclame en las
iglesias, leámosla, estudiémosla, meditémosla… Pero sobre todo estamos llamados
a vivirla. […] Al
vivir una Palabra de Jesús vivimos todo el Evangelio, porque en cada
Palabra suya Él se entrega por completo, viene Él mismo a vivir en nosotros […]
y sustituye nuestro modo de pensar, de querer y de obrar en todas las
circunstancias de la vida»[1].
«Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la
palabra y la entiende; ese sí que da fruto».
Wambil de México nos cuenta:
«Hubo un tiempo en que me sentía atrapado en un profundo agujero. Estaba
inmerso en una relación violenta, trataba de huir y arreglarlo todo con mis
fuerzas. Influido por las redes sociales y el ruido exterior, a menudo
perseguía cosas que no estaban en el plan de Dios. A pesar de todos mis
esfuerzos, seguía sintiéndome vacío y sin una meta. Sabía que el amor es un lenguaje universal,
así que me puse a hacer voluntariado, y encontré un modo de actuar que solo
podía venir de Dios. Con el tiempo descubrí un lugar donde escuchar
su Palabra y crecer en la relación con Él. Estoy profundamente agradecido».
Incluso cuando nos sentimos tierra árida y
pedregosa, la misma Palabra es eficaz, como revela el profeta
Isaías: «Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino
después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, […] así será la
palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo
y llevará a cabo mi encargo» (Is 55, 10-11).
Sostenidos por esta esperanza, en un tiempo dominado por miedos y tensiones, cultivemos también la confianza en las mujeres y en los hombres con quienes compartimos la vida. Confiemos en su capacidad de dar buenos frutos y de crear ocasiones de escucha y diálogo, para caminar juntos hacia el horizonte de la fraternidad.
LETIZIA
MAGRI y el equipo de la Palabra de vida

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