viernes, 1 de octubre de 2021

NUNCA CANSARSE DE SERVIR POR AMOR

 VIDA DE LA PALABRA                    durante las 4 semanas de SEPTIEMBRE

 


Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de septiembre («Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos», Mc 9, 35) y la de  agosto («Quien se haga pequeño como este niño, ese es el mayor en el Reino de los Cielos», Mt 18, 4):

 

1.-        Como cada mes, la PdV me ha resultado fundamental a lo largo de las semanas, ¡y más este septiembre cargado de acontecimientos y emociones!

         Al principio, terminando de preparar los Ejercicios Espirituales para los 17 seminaristas de Oviedo y unas hojitas concisas para darles después de cada meditación, me repetía: “servicio por amor, servidor de todos”. A la vez la tentación de pensar en el traslado y la mudanza. Me humillaba el ver que, ¡lo que tanto predico!, me costaba vivirlo: centrarme por amor en el momento presente y abandonar en Dios todas las preocupaciones. Y lo ofrecía al Señor tanto por una parroquia como por la otra, como por esos seminaristas.

1b.-    Dos noches antes de salir hacia Asturias, quise imprimir los temas y esa hojita para los seminaristas, pero… ¡se acabó el tóner de la impresora y con finde por delante (sin que la compañía de mantenimiento del aparato nos pudiera traer)! Ahí sí reaccioné bien: “¿es un rostro de Jesús Abandonado?, ¡pues los Ejercicios darán mucho fruto!”. A la mañana siguiente después de Misa, providencialmente alguien se enteró, y me llevó a su empresa (aunque no abren los sábados) para imprimir allí las 250 hojas.

         Al día siguiente, después de todas las Misas de la mañana en la parroquia, cuando voy a coger el coche para el viaje, me comunican que un sacerdote de un pueblo cercano, a mitad de su Misa, tuvo que ser asistido por urgencias y llevado al hospital. No me tocaba a mí el hospital ese día, tampoco soy ya el arcipreste, ¡y tenía el tiempo más bien justo para las cuatro horas y media hacia Asturias! “Servir por amor, servir a todos”. Al final, en vez de reposar 10 minutos antes del viaje, (y restando el margen de tiempo para llegar al norte con una hora de anticipación), decidí pasarme por el hospital para visitarlo. Gracias a Dios no era grave la cosa, aunque es muy mayor.

         Ya en carretera, a mitad del viaje, se me enciende en el coche una luz naranja de advertencia: ¡no hay presión en las ruedas! No me lo creía: esa semana me había gastado más de mil euros en todas las revisiones pertinentes que le tocaban al vehículo. ¡No hay duda!: los Ejercicios serán fructuosos con tantos rostros de Jesús Abandonado. “Arrojad en mí vuestras preocupaciones”.

         Finalmente llegué justito a la hora de empezar.

         Traté de vivir los Ejercicios en espíritu de donación como siempre, ¡y más con esta PdV! Al final, todos los seminaristas estaban muy contentos y les había resultado fructuosa la experiencia. Prueba de ello es que a mí también me sirvieron para “desconectar” de este mes bullicioso, (veo ahora, que, si no, hubiera yo “reventado” hace unos días), orar más, renovarme en el rezo vivido de la Liturgia de las Horas (que primorosamente preparaban y cantaban cada día), descansar con paisajes maravillosos meditando ante el mar o la playa o los acantilados, y contemplar palpablemente la acción de Dios en la historia de la vocación de cada uno de ellos y en esos días.

Fue para todos una experiencia de Dios en el fondo del alma y de Dios en medio de nosotros por los ratitos de comunión.

 

2.-        Al regreso de Asturias, ya me centré totalmente en dejar todo atado y arreglado (“servir por amor, servir a todos”) en la Parroquia Virgen del Camino y en la capellanía del hospital de Villalba y, a la vez, simultanear la toma de contacto con los sacerdotes y la gente de la Parroquia S. José para ir cogiéndole el pulso, (“servir por amor, servir a todos”). Está siendo agotador, pero estoy contento y con mucha fe e ilusión, dentro de que las despedidas siempre cuestan y de que en estos casos son muchas las incertidumbres prácticas ante las próximas semanas.

         Pero sí quiero recalcar que ante mis preocupaciones y agobios, me ha descansado muchísimo la divina Providencia a través de auténticos “ángeles”: bastantes personas de aquí están derrochando cantidad de horas e ilusión y fraternidad entre ellas y para conmigo recogiendo y empaquetando mis libros y ropa y otras pequeñas cosas, y me han ayudado a llevarlos con la furgo de la parroquia y sus coches. Y otro pequeño “ejército” me está limpiando la casa parroquial de destino y colocando cosas, ¡y gastando su propio dinero y desgastándose para renovar alguna cosilla o comprar lo que falta! Y una preciosa celebración eucarística (¡con regalos incluidos!) para dar gracias por estos 5 años realizando juntos este tramo del Santo Viaje. Unos y otros… ¡¡eso sí que es servir desinteresadamente!!

         Y, a su vez, otra pequeña muchedumbre de “ángeles” está ayudando a los sacerdotes salientes de mi parroquia de destino a tirar papeles, limpiar despachos y salones, etc., y les han hecho una magnífica y emotiva despedida por su jubilación. Y el Consejo de pastoral parroquial donándose también a tope para esta transición con el tren en marcha para que no pierda velocidad en el camino del Reino de Dios, entre otras cosas, preparando con dedicación la ceremonia de pasado mañana.

         Una y otra parroquia tienen un plantel precioso de personas que verdaderamente aman a la Iglesia y a los sacerdotes y a todos. Y están siendo para mí un testimonio admirable de la PdV de este mes: “Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos”. Estoy inmensamente agradecido a Dios por todos y cada uno de ellos; e inmensamente agradecido también a todos y cada uno, la mayor parte (¡hay que decirlo!), mujeres que hacen ver la maternidad de María y de la Iglesia.

El próximo domingo día 3 de octubre a las 12:30 será la ceremonia de inicio de mi ministerio como párroco (en otras épocas se llamaba “toma de posesión”) en la Parroquia “S. José”, de Las Matas. Si quieres ir, me encantará vernos allí, aunque con tanta gente apenas podremos cruzar unos breves saludos. ¡En cualquier caso cuento con tu oración por mí y por esta nueva comunidad parroquial!

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de  septiembre («Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos», Mc 9, 35), la de agosto («Quien se haga pequeño como este niño, ese es el mayor en el Reino de los Cielos», Mt 18, 4) y la de  julio («Ánimo, hija, tu fe te ha salvado», Mt 9, 22):

 

1.-        “…LA PALABRA DE VIDA DE AGOSTO PARECE QUE HACE TIEMPO QUE SE LO PEDÍA A DIOS... LO DEL "SER PEQUEÑA... PUES ME IMPACTÓ MUCHO CUANDO EN NAVIDAD ORABA ANTE EL MISTERIO DE JESÚS NIÑO...

LUEGO ES LA PALABRA DE VIDA QUE MÁS NECESITO EN ESTOS MOMENTOS: SER PEQUEÑA, IR PARECIÉNDOME MÁS A JESÚS MIENTRAS ÉL CRECE DENTRO Y YO VOY DISMINUYENDO PARA DEJARLE LUGAR...

YO VOLVÍ A LA COMUNIDAD EL DÍA 30. ME HA TOCADO COCINAR PARA LA COMUNIDAD Y TRATO DE HACERLO CON AMOR Y PONIENDO LO MEJOR DE MÍ PARA QUE LA COMIDA LES GUSTE... EL AMOR "ES UNA FERZA DIVINA QUE TE AYUDA EN LA CREATIVIDAD Y SERVICIO…”.

 

2.-        “…hoy que estoy de preparativos para mandar unos paquetes a las misiones, faltaban cosas que mi sobrinos me iban a traer: se fueron unos días de vacaciones, pero hoy, no podía porque en mi coche dicen que era mucho y mi maletero es muy pequeño. Pero esta mañana les he dicho “voy a por ello”, pero no iban a comer en su casa. Me venía a la mente: “no me puedo fiar”. Nada más pensarlo, me viene a la mente: “no te fiabas de Mí”. En seguida le dije: “Señor, me fio de Ti: Tú eres mi único Bien”. Al momento me olvidé del tema, porque había quedado con la sobrina. Me ha ayudado a traerlo, ha venido hasta casa y me ayudó a subirlo. Cuando regala, Él lo hace a lo grande: me dice ella que la niña pequeña saca una bolsa de cosas, sin estrenar; le dice: “mamá, esto es para los niños de la tía”. Hace no mucho, no daba nada: todo era para ella.

2b.-     Ahora tengo a casi toda la familia implicada: esta mañana, viendo a una amiga, que le había dado paracetamoles otra amiga en común, porque allí hay muchas personas que no lo pueden comprar y (cuando pueden) no hay en las farmacias. A mí me llega al alma, cuando voy a comprarme algo digo: “no, espero a las rebajas: así puedo mandar más cosas para ellos”. Todo es obra de Dios, yo soy el instrumento; Él me pone las palabras cuando hablo; no creí nunca en mi vida que iba a poder hacer algo así…”.

 

 

3.-        “…estoy leyendo también "Diario de fuego", de Igino Giordani, y volveré a leerlo por tercera vez. Recuerdo frases que se me han quedado dentro: "La Eucaristía nos une a Dios. Todos los sacramentos nos unen a Dios. Y el hermano es otro sacramento que nos une a Dios. A Dios llegamos a través del hermano. El que ama al hermano es rico."

Ayer me enfadé con una de mis hermanas. Y perdí la paz... Y tras confesar y pedir al Señor la fuerza para perdonar, me lo concedió y al día siguiente tomé la iniciativa y la llamé. Y volvió la unidad...

Estoy viviendo un verano lleno de cariño y de servir con mi madre. Intento además estar pronta para servir, fregar, colocar, y para que todo en casa esté a punto... 

Son vacaciones de descanso, acompañamiento y servicio. Y gozando de tranquilidad...

Hoy estaba lavando ropa a mano y me ha venido un pensamiento de desánimo y he pensado “¿qué puedo hacer?”. Y enseguida se me ha iluminado el alma con este otro pensamiento: “¡Puedo hacer esto por amor a Dios!”. Y así lo he hecho... Y ha vuelto la luz... 

Tengo mucho que mejorar en el camino de la santidad. Y en ello estoy, intentando estar disponible para quien me necesita.

Ahora por teléfono atiendo a personas que solicitan apoyo por conflictos familiares. Y veo que sí que les ayuda lo que les voy indicando. Es servir al hermano y ahí amar a Jesús.

Y hacerme pequeña... Un gran reto al que aspiro……”.

 

4.-        “…normalmente venimos a la playa hacemos sin parar, pero hemos decidido empezar a viajar con más calma y detenernos en algún pueblo del trayecto para ir conociéndolos.

Esta mañana hemos parado en el Castillo de Garcimuñoz, pero tan pronto hemos llegado que estaba cerrado, tal como nos ha informado una chica que iba a entrar a reponer bebidas.

Hemos dado, pues, un paseo por el pueblo y hemos encontrado una panadería que sí estaba abierta y mientras esperábamos nuestro turno hemos estado charlando con varias mujeres del pueblo que también esperaban.

Luego  nos hemos tomado un café y de camino hemos visto un letrero que ponía "convento". He querido ir a visitarlo, pero resulta que ya no funciona como tal.

Una mujer nos ha explicado que en la parte que tenían dedicada a recoger a los pobres hicieron 6 viviendas, en una de ellas vivía ella y nos ha contado toda la historia de su hogar haciendo hincapié en el patio.

Le he preguntado si podíamos visitarlo a lo que ha aceptado gustosa. Dentro estaban dos de sus hermanas que nos han ofrecido un café y hemos estado un rato de tertulia con ellas.

Una parada del camino curiosa y luminosa: no hemos visto las piedras que teníamos en mente visitar, pero la visita y el encuentro imprevisto con las piedras vivas del pueblo ha sido muy gratificante…”.

 

 

 

 

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TODO CONCURRE AL BIEN PARA LOS QUE AMAN

PALABRA DE VIDA                               octubre 2021

 


«Sabemos que

en todas las cosas interviene Dios

para bien de los que lo aman»

(Rm 8, 28)

 

La Palabra que nos proponemos vivir en este mes está sacada de la carta del apóstol Pablo a los Romanos. Es un texto largo y lleno de reflexiones y enseñanzas, escrito antes de dirigirse a Roma, para preparar su visita a aquella comunidad, que Pablo aún no conocía en persona.

El capítulo 8 subraya en particular la vida según el Espíritu y la promesa de la vida eterna que espera a los individuos, a los pueblos y a todo el universo.

 

«Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que lo aman».

 

Cada palabra de esta frase está cargada de significado.

Pablo proclama que, ante todo como cristianos, hemos conocido el amor de Dios y somos conscientes de que toda esperanza humana forma parte del gran designio de salvación de Dios.

Todo contribuye, dice Pablo: los sufrimientos, las persecuciones, los fallos y debilidades personales, pero sobre todo la acción del Espíritu de Dios en el corazón de las personas que lo acogen.

Además, el Espíritu recoge y hace suyos los gemidos de la humanidad y de la creación (cf. Rm 8, 22-27), y esta es la garantía de que el designio de Dios se realizará.

Por nuestra parte, hemos de responder activamente a este amor con nuestro amor, encomendándonos al Padre en cualquier necesidad y dando testimonio de esperanza en el cielo nuevo y la tierra nueva (cf. Ap 21, 1) que Él prepara para quienes confían en Él.

 

«Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que lo aman».

 

¿Cómo acoger, entonces, esta fuerte propuesta en nuestra vida personal y cotidiana?

Chiara Lubich nos sugiere: «Ante todo, no debemos detenernos nunca en el aspecto puramente externo, material y profano de las cosas, sino creer que cualquier hecho es un mensaje con el que Dios nos expresa su amor. Entonces veremos que la vida, que se nos puede mostrar

como un tejido del cual no vemos más que nudos e hilos confusamente entrelazados, en realidad es distinta: es el dibujo maravilloso que el amor de Dios va tejiendo sobre la base de nuestra fe. En segundo lugar, debemos abandonarnos con confianza y totalmente a este amor en todo momento, tanto en las pequeñas cosas como en las grandes. Es más, si sabemos encomendarnos al amor de Dios en las circunstancias comunes, Él nos dará la fuerza para confiarnos a Él en los momentos más difíciles, como pueden ser una gran prueba, una enfermedad o el mismo momento de la muerte. Entonces, probemos a vivir así, y, por supuesto, no de una manera interesada, es decir, para que Dios nos manifieste sus planes y tengamos de este modo su consuelo, sino solo por amor, y veremos que este abandono confiado es fuente de luz y de paz infinita para nosotros y para muchos otros»[1].

Encomendarnos a Dios en la decisiones difíciles, como la que nos cuenta O. L. de Guatemala: «Trabajaba como cocinera en una residencia de ancianos. Al pasar por el pasillo, oigo a una viejita pedir agua. A riesgo de saltarme las normas, que me prohíben salir de la cocina, le alcanzo un vaso de agua con cariño. Los ojos de la anciana se iluminan. A mitad del vaso, me agarra la mano: “¡Quédate conmigo 10 minutos!”. Le explico que no debería, que me expongo a que me despidan. Pero esa mirada… Me quedo. Me pide que recemos juntas: “Padre nuestro…”. Y al final: “Canta algo, por favor”. Se me ocurre: “No nos llevaremos nada, solo el amor…”. Los demás residentes nos miran. La mujer está feliz y me dice: “Dios te bendiga, mi hijita”; y al poco se apaga. De todos modos me despidieron por haber salido de la cocina. Mi familia, que vive lejos, necesita mi ayuda, pero yo estoy en paz y feliz: respondí a Dios, y esa mujer no dio sola el paso más importante de su vida».

 

LETIZIA MAGRI



[1] C. Lubich, Palabra de vida, agosto de 1984, en Ead., Palabras de Vida/1 (1943-1990), Ciudad Nueva, Madrid 2020, pp. 313-314.



jueves, 30 de septiembre de 2021

ORACIÓN DE LA COMUNIDAD CRISTIANA

    Hace hoy justo 5 años escribí una entrada en este blog diciendo: 
"aprovechando mi llegada esta noche a la que va a ser mi nueva Parroquia hasta que Dios quiera y que mañana me presentan en ella, pido al Señor con toda mi alma (con una oración que rezo desde finales de 1993) que sea una "Parroquia Nueva", en el sentido paulino de ser "hombres nuevos", pero no aisladamente, sino en comunión, en comunidad, ¡en Iglesia!; y que cada parroquia del mundo también lo sea (como un día insinuó Juan Pablo II)".

   El domingo próximo iniciaré mi ministerio como párroco en S. José de Las Matas. Alguien me preguntaba "mi programa" y parafraseé a Benedicto XVI en el inicio de su pontificado (y luego el Vicario lo citó textualmente): "mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino de ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea Él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia”. 
      El tren, (Las Matas es lugar tradicionalmente ferroviario), está en marcha: no podemos pararnos. Me subo, nos subimos, al tren. Pero siendo todos locomotoras, (aunque uno tenga la autoridad final), no vagones, "tirando todos del carro" en corresponsabilidad y sinodalidad, atentos a lo que el Espíritu Santo nos quiera decir a todos a través de las ideas e iniciativas de cada uno escuchadas y acogidas en espíritu de fraternidad.
     En realidad, lo que importa es la gente, y la "oración de la comunidad cristiana" expresa mejor que cualquier programa esta nueva estación en la que me subo hoy, (yo quisiera ya incluso ir a dormir allí esta noche, pero no podrá ser por algunas averías de la casa), y la meta a la que debemos llegar:

Oración de la Comunidad Cristiana

   SEÑOR JESÚS, que has dicho: "Donde dos o más estén reunidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos”, quédate entre nosotros que nos esforzamos por estar unidos en tu AMOR en esta comunidad parroquial.

AYÚDANOS a tener siempre un sólo corazón y una sola alma, compartiendo alegrías y dolores, cuidando especialmente de los enfermos, los ancianos, los que están solos, los necesitados.

   HAZ que cada uno de nosotros se comprometa a ser "evangelio vivo”, donde los alejados, los indiferentes, los pequeños, descubran el Amor de Dios y la belleza de la vida cristiana.

CONCÉDENOS el valor y la humildad de perdonar siempre, de salir al encuentro de quien pensara alejarse de nosotros, de poner de relieve lo mucho que nos une, no lo poco que nos separa.

DANOS unos ojos nuevos para ver tu rostro en cada persona que encontremos y en cada cruz que nos presentes.

CONCÉDENOS un corazón fiel y abierto, que vibre a cada toque de tu Palabra y de tu Gracia.

INSPÍRANOS siempre confianza y fortaleza para no desanimarnos por los fallos, las debilidades o las ingratitudes de los hombres.

   HAZ que nuestra Parroquia sea, de verdad, una FAMILIA en la que cada uno se esfuerce en comprender, perdonar, ayudar, compartir; donde la única Ley, que nos une y nos hace ser verdaderos discípulos tuyos, sea el amor recíproco.




Movimento parrocchiale “Parrocchie Nuove”, 
dell’Opera di Maria  o Movimento dei focolari
 Vallo Torinese (IT.)




miércoles, 1 de septiembre de 2021

EN TODO AMAR Y SERVIR

 VIDA DE LA PALABRA                                        mes de agosto


 Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de agosto («Quien se haga pequeño como este niño, ese es el mayor en el Reino de los Cielos», Mt 18, 4), la de julio («Ánimo, hija, tu fe te ha salvado», Mt 9, 22) y la de junio («No todo el que me diga “Señor, Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial», Mt 7, 21)::

1.-        No te conté en el correo anterior lo del 23 de julio. En la parroquia, poco antes de las 5:00 a.m. un ruido me despierta. ¿Ladrones otra vez? ¿La señora de la limpieza que quiere hoy empezar una hora antes? No se oye nada más. Aprovecho para ir al servicio, pero con los ojos cerrados, (pues un rayito de luz de las farolas de la calle ya me desvelaría del todo). Sin mirar, abrí la ventana para que corriera aire, y… ¡uf!, ¿todavía no refresca?: entra calor.

Me vuelvo a acostar y… otro ruido fuerte de nuevo: ¿una pequeña explosión?; ¿o sí que ha entrado alguien en la parroquia? Nerviosismo, pero me viene la PdV de ese mes: “¡ánimo, tu fe te ha salvado!”. Enciendo el móvil, marco 112, pero antes de pulsar la llamada… miro por todas las ventanas por si se ve a alguien dentro del recinto parroquial. ¡Alguien, no! ¡¡Algo!!: un coche ardiendo en la puerta. Aprieto a llamada y aviso a los bomberos que no tardan ni 5 minutos en llegar, aunque luego el coche se les resistía. Estaba muy cerca de la parroquia, pero las llamas no hacían peligrar el edificio ni otros coches.

Ya que estaba desvelado, me quedé rezando en la iglesia. También para esperar la llegada de la señora de la limpieza y que no se asustara.

Cuando ya me subí para intentar al menos tumbarme un rato aunque no me durmiera, miro una última vez por la “famosa” ventana: se acercan dos adolescentes al coche echándose las manos a la cabeza. Bajo: son las hijas de la dueña. Trato de transmitirles paz. Me piden que espere la llegada de su madre.

En fin, hablando luego también con unos vecinos y atando cabos… saqué mis conclusiones, (venganzas-celos), supongo coincidentes con las de la guardia civil.

Y dando gracias a Dios, pues si hubiera quemado el otro coche cerca, sí hubiera podido prenderse el templo parroquial.

 

2.-        A primeros estuve de convivencia con 22 sacerdotes de distintas diócesis de España tratando de vivir “donde dos o más…” ese amor recíproco que Jesús pide a los suyos para dejarse notar resucitado en medio de ellos.

Verdaderamente Él ha sido nuestro descanso. Y también el Maestro: hemos dialogado-meditado el librito “Narrar el Evangelio hoy” y, con la consiguiente “comunión de alma” y “comunión de experiencias”, (no simple debate, ni elucubración…), Él nos ha renovado interiormente y también pastoral y teológicamente.

A la vez, gracias también a unas correcciones fraternas al final, me di cuenta que últimamente me he dejado invadir por el individualismo e inmediatamente (como el niño evangélico del que habla la PdV) me puse a remediarlo (y continúo): “más vale lo menos perfecto en unidad, que lo más perfecto cada uno por su cuenta”, decía S. Agustín. Me esmeré en pequeñas cosas: esperar a quien va más despacio, ponerme de acuerdo por lo menos con uno para la siguiente cosa a realizar, invitar a otros, perder mi propuesta o mi gusto para agradar a los otros, etc.

 

3.-        [Desenlace de la experiencia que te conté al mandarte la PdV de julio] Como recordarás, las últimas semanas de junio fueron de agitación interior e incertidumbre. Al final, después de rezar mucho y de tratar de discernir personal y comunitariamente, yo estaba abierto a todas las opciones, aunque cada una dejaba flancos al descubierto. Yo no puedo abarcar todo. Sí puedo hacer lo que más quiera Dios, y Él se encargará de otra manera del resto.

Lo que sí parecía claro desde hace meses, a través de varios signos, es que el Señor me estaba pidiendo que empezara a preparar las maletas.

Soy sacerdote diocesano de Toledo, natural de un pueblo que actualmente es diócesis de Albacete, pero estoy de servicio ahora en la de Madrid y pertenezco al movimiento de los Focolares: todo sumado presentaba unas posibilidades más que variopintas. El posible traslado podría ser a todos esos diversos sitios y tareas. Precisamente por todo ello, se me pedía también, para el discernimiento, que manifestara yo dónde me sentiría mejor, dónde Dios me llamaba. La verdad es que todas las posibilidades me atraían, (incluida la de seguir como hasta ahora), aunque cada una dejaba cosas sin cubrir.

Con varias personas de absoluta confianza, (para así tener a “Jesús en medio” por la escucha en amor recíproco), traté de poner todo en común. Al final, casi estaba tentado de hacer como los Apóstoles, en los Hechos: ellos rezaron intensamente al Espíritu Santo y lo echaron a suertes.

         Después de esas semanas de incertezas, ¡el día de mi aniversario de ordenación!, me comunican que, efectivamente, dejaría Villalba (parroquia y hospital) a finales de septiembre y me nombrarían para la de S. José, en Las Matas. Lo acojo con luz y paz. Y si el Señor quisiera otra cosa, “que mueva ficha” y me lo haga ir viendo claro. Así, pues, me despediré el último domingo de septiembre y luego haré la mudanza: el 3 de octubre tomaré posesión de esa nueva parroquia.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de

agosto («Quien se haga pequeño como este niño, ese es el mayor en el Reino de los Cielos»,

Mt 18, 4), la de julio («Ánimo, hija, tu fe te ha salvado», Mt 9, 22) y la de junio («No todo el que me diga “Señor, Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial», Mt 7, 21):

 

1.-        “…¡Qué bonito lo del "niño evangélico"!: «el “niño evangélico” lo deja todo en la misericordia de Dios y, olvidando el pasado, empieza cada día una vida nueva, abierto a las sugerencias del Espíritu siempre creativo. 

El niño no sabe aprender a hablar por sí solo; necesita que alguien le enseñe.

El discípulo de Jesús […] lo aprende todo de la Palabra de Dios hasta hablar y vivir según el Evangelio».

 el “niño evangélico” […] ama a todos, sin interés, porque así lo hace el Padre celestial».

La verdad es que eso intento yo cada día, vivir el presente: empezar cada día como si fuera una vida nueva, abierta y atenta a lo que el espíritu Santo me sugiera pero no siempre me es fácil.

Es como un círculo cerrado. En verdad empiezo animada y con ilusión hasta que un día mi marido empieza con “¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?...” y yo, sin saber qué responder me hundo y lloro. Y, ¿qué hago? Pues reaccionar como hacen los niños, acudo a los brazos del Padre, a veces de la Madre, hasta que me tranquilizo y vuelvo a empezar de nuevo. Como los niños ciertamente que, cuando se caen, se hacen un rasguño, pero le hace un mimo la madre y siguen corriendo, jugando y ya no siguen pensando en la herida hasta que se hacen otra.

Cierto, los niños por sí solos no aprenden, necesitan a alguien que les enseñe y aprender del Padre es una gozada, también una responsabilidad, pues lo que Él enseña es el Evangelio, así que, si se quiere ser coherente y buen alumno, lo aprendido luego hay que llevarlo a la práctica, al día a día…”.

                

 

2.-        “…en mi voluntariado, esta mañana cuando fui a levantar a las ancianas encamadas, me he sentido como que era la primera vez que las veía, con ojos nuevos; luego estaba atenta a lo que las demás necesitaban, como poner su chaqueta, la cremallera; otra que va con un tacatá y va muy agachada, recordarle cómo tiene que caminar.

A otra, a la que le gusta mucho rezar el Rosario, (y por la tarde está acostada cuando lo hacen todos juntos), le pregunté si le apetecía rezar; enseguida me dijo: “sí, me gusta mucho”. Pregunté al resto si quería y también me dieron que sí.

Algunas me añadieron: “¿y la gimnasia?”. “Igual que siempre”: les hago mover los brazos y las piernas, porque algunas están mucho tiempo sentadas; luego les arreglo las uñas y se las pinto; ellas me lo agradecen y están contentas. Las que están tristes, trato de hablar con ellas y escuchar a fondo.

Pequeñas cosas, pero para ellas es mucho. Trato de ayudar donde me piden: ahí, en la cocina, en el lavadero, etc. Estos son mis días en el asilo. Viendo a cada uno, como si fuera Jesús…”.

 

3.-        “…amanecía nublado esta mañana: no tenía muy claro si podría darme un chapuzón en el mar, el último del verano.

Salgo de casa. Al girar la esquina veo al frutero en su furgoneta, le saludo con la mano. Vuelvo la cabeza a la izquierda, su mujer, desde la tienda, me desea unos buenos días.

Llego a la Lonja, entro a comprar algo ligero para acompañar a lo que me queda en la nevera. Converso con la pescadera.

Mientras tanto mi marido ha ido a comprar la prensa. Dejamos las cosas en el piso y vamos caminando hacia la playa.

3b.-     Al pasar por la iglesia, recuerdo la misa del domingo. Minutos antes de empezar, me preguntan si quería hacer la segunda lectura. Según me acercaba a leer, sonreía recordando tus recomendaciones para aquellos que leían: pies juntos, manos quietas, lectura pausada, no leer lo escrito en rojo, hacer una mini pausa mirando a las personas antes de decir "Palabra de Dios“… La verdad es que desde que te escuché esas recomendaciones ya nunca leí de la misma forma. Ante todo me daba cuenta del profundo respeto que me daba acercarme a ese Libro. Pensar que aquellas palabras a las que iba a poner voz eran en verdad "Palabra de Dios", me hacía sentir una cierta dosis de responsabilidad. No era cualquier libro el que tenía delante de mí y no podía acercarme a él y leerlo como cualquiera de los otros libros que leía.

Leí: "Acoged con docilidad esa palabra, que ha sido injertada en vosotros... No os contentéis con oírla, ponedla en práctica...". De nuevo me acordé de ti, de la palabra de vida.

            Llegamos a la playa. Nos dimos un “paseíto” de 14 km, así que pensamos que, a este ritmo, el verano que viene podríamos hacer el camino de Santiago.

Desaparecieron las nubes, pude darme un chapuzón y me senté en la orilla. Mientras me despedía de las olas recordaba la mañana y sonreí. Me notaba contenta sin haber hecho nada especial: un saludo, una sonrisa, un intercambio de palabras, una lectura, un recuerdo, un paseo…”.

 

 

 

 

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martes, 31 de agosto de 2021

SEVIDORES DE TODOS

 PALABRA DE VIDA                               septiembre 2021

 


«Si uno quiere ser el primero,

sea el último de todos y el servidor de todos»

(Mc 9, 35)

 

Caminando con Jesús hacia Cafarnaúm, los discípulos discuten animadamente entre ellos. Pero cuando Él les pregunta de qué discuten, no se atreven a responder, quizá porque les da un poco de vergüenza, pues estaban tratando de establecer quién era el mayor de ellos.

Jesús había hablado varias veces de su misteriosa cita con el sufrimiento, pero para Pedro y los demás era un tema demasiado difícil de entender y de aceptar. En realidad, solo después de la experiencia de la muerte y resurrección de Jesús descubrirán verdaderamente quién es Él: el hijo de Dios que da la vida por amor.

Por eso, para ayudarlos a ser en verdad sus discípulos, Jesús se sienta, los llama a su lado y les revela la verdadera naturaleza del «primado evangélico»:

 

«Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos».

 

A pesar de las debilidades y los miedos de los discípulos, Jesús confía en ellos y los llama a que lo sigan para compartir su misión: servir a todos. Viene a la mente la exhortación del apóstol Pablo a los cristianos de Filipo: «Nada hagáis por rivalidad ni por vanagloria, sino con humildad, considerando cada cual a los demás como superiores a sí mismo, buscando cada cual no su propio interés sino el de los demás. Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo» (Flp 2, 3-5). Servir no tanto como un esclavo, que está obligado a ese trabajo, sino como una persona libre que ofrece generosamente sus capacidades y sus fuerzas, que se entrega no a favor de un grupo o de una parte, sino de todos los que necesitan su ayuda, sin excepciones ni prejuicios.

Es una llamada también para nosotros hoy, a tener mente y corazón abiertos para reconocer y ocuparnos de las necesidades de los demás, a ser activos en construir relaciones auténticamente humanas, a sacar provecho de nuestros talentos por el bien común, volviendo a empezar cada día a pesar de nuestros fallos. Es la invitación a ponernos en el último lugar para impulsar a todos hacia el único futuro posible: la fraternidad universal.

 

«Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos».

 

En un comentario a esta palabra de Jesús, Chiara Lubich sugirió cómo transformarla en vida concreta: «Eligiendo con Jesús el último lugar en las innumerables ocasiones que nos ofrece la vida diaria. ¿Que nos han encomendado un cargo de cierto relieve? No nos sintamos “alguien”, no demos pábulo a la soberbia ni al orgullo. Recordemos que lo más importante es amar al prójimo. Aprovechemos esa nueva situación para servir mejor al prójimo, y no olvidemos estar atentos a lo que parecen cosas pequeñas, las relaciones personales, las humildes tareas cotidianas, ayudar a los padres, la paz y la armonía en la familia, la educación de los niños… Sí; vayan como vayan las cosas, recordemos que cristianismo significa amar, y amar preferentemente a los últimos. Si vivimos así, nuestra vida será un continuo edificar el Reino de Dios en la tierra, y sobre este esfuerzo Jesús prometió todo lo demás por añadidura: salud, bienes, abundancia de todo… para repartirlo a otros y convertirse así en los brazos de la Providencia de Dios para muchos»[1].

 

«Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos».

 

Proteger la casa de todos es un modo de servir al bien común especialmente actual y que podemos compartir con muchas personas en el mundo, y es desde hace años un tema de peso para dar testimonio cristiano juntos. Recordemos en particular que, para un número de Iglesias siempre creciente, este mes de septiembre se abre con la celebración de la Jornada de la Creación, que se prolonga hasta el 4 de octubre, con el Tiempo de la Creación.

En una de estas ocasiones, la Comunidad de Taizé propuso esta oración: «Dios de amor, mientras permanecemos en tu presencia, haznos capaces de captar la infinita belleza de lo que has creado, de todo lo que viene de Ti, de su inagotable compasión. Aumenta nuestra preocupación por los demás y por toda la creación. Enséñanos a descubrir el valor de todo y haznos portadores de paz en la familia humana»[2].

LETIZIA MAGRI

 



[1] C. Lubich, Palabra de vida, septiembre de 1985, en Ead., Palabras de Vida/1 (1943-1990), Ciudad Nueva, Madrid 2020, p. 351.

[2] Cf. https://www.taize.fr/it_article24642.html.


N.B.: Aquí puedes encontrar también la Palabra de Vida 

en viñetas para los niños, adaptada para adolescentes y para jóvenes,

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sábado, 31 de julio de 2021

INFANCIA ESPIRITUAL

 PALABRA DE VIDA                               agosto 2021

 


 

«Quien se haga pequeño como este niño,

ese es el mayor en el Reino de los Cielos»

(Mt 18, 4)

 

¿Quién es el más grande, el más poderoso, el ganador en la sociedad, en la Iglesia, en la política o en el mercado?

Esta pregunta sobrevuela las relaciones, marca decisiones y determina estrategias. Es la lógica dominante a la que recurrimos –aun sin darnos cuenta–, quizá con el deseo de asegurar resultados positivos y eficientes a quienes tenemos alrededor.

Aquí el Evangelio de Mateo nos presenta a los discípulos de Jesús que, después de haber acogido el anuncio del reino de los cielos, quieren saber los requisitos para ser protagonistas del nuevo pueblo de Dios: «¿Quién es el más grande?».

Por toda respuesta, Jesús tiene uno de sus gestos imprevisibles: pone a un niño en medio de la gente. Y acompaña este gesto con palabras inequívocas:

 

«Quien se haga pequeño como este niño, ese es el mayor en el Reino de los Cielos».

 

A la mentalidad competitiva y autosuficiente, Jesús contrapone el elemento más débil de la sociedad, que no tiene tareas que defender ni de las que presumir; aquel que es dependiente en todo y confía espontáneamente en la ayuda de otros. Pero no se trata de aceptar una actitud pasiva y renunciar a ser propositivos y responsables, sino más bien de cumplir un acto de voluntad y de libertad. Lo que Jesús pide es que nos hagamos pequeños, reclama intención y esfuerzo para invertir decididamente el rumbo.

 

«Quien se haga pequeño como este niño, ese es el mayor en el Reino de los Cielos».

Así es como Chiara Lubich profundizó en las características del niño evangélico: «[…] el niño se abandona confiado a su padre y a su madre: cree en su amor. […] El cristiano auténtico, como el niño, cree en el amor de Dios, se arroja en brazos del padre celestial, pone en Él una confianza ilimitada. […] Los niños dependen en todo de sus padres […]. También nosotros, “niños evangélicos”, dependemos en todo del Padre: […] sabe lo que necesitamos antes incluso de que se lo pidamos, y nos lo da. Ni siquiera el reino de Dios se conquista, sino que se acoge como un don de las manos del Padre».

Chiara subraya además que el niño se entrega totalmente a su padre y lo aprende todo de él. Del mismo modo, «el “niño evangélico” lo deja todo en la misericordia de Dios y, olvidando el pasado, empieza cada día una vida nueva, abierto a las sugerencias del Espíritu siempre creativo. El niño no sabe aprender a hablar por sí solo; necesita que alguien le enseñe. El discípulo de Jesús […] lo aprende todo de la Palabra de Dios hasta hablar y vivir según el Evangelio».

El niño es muy dado a imitar a su padre. «Del mismo modo, el “niño evangélico” […] ama a todos, porque el Padre “hace salir el sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos” (Mt 5, 45); es el primero en amar porque Él nos amó cuando aún éramos pecadores; ama gratuitamente, sin interés, porque así lo hace el Padre celestial»[1].

 

«Quien se haga pequeño como este niño, ese es el mayor en el Reino de los Cielos».

 

En Colombia, Vicente y su familia han pasado por la prueba de la pandemia, con un régimen de cuarentena muy estricto. Escribe: «Cuando comenzó el toque de queda, el día a día cambió de golpe. Mi mujer y nuestros dos hijos mayores tenían que preparar exámenes de la universidad, y el pequeño no se acostumbraba a estudiar a distancia. Nadie en casa tenía tiempo para preocuparse del otro. Viendo este caos a punto de estallar, comprendí que era una oportunidad para encarnar el arte de amar en nuestra “nueva vida” del Evangelio. Me puse a recoger la cocina, preparar el almuerzo y organizar las comidas. No soy un cocinero experto ni tampoco muy bueno haciendo la limpieza, pero entendía que esto podía ayudar a reducir la ansiedad. Lo que comenzó como un acto de amor puntual se alargó durante meses. Una vez terminadas sus tareas, los demás miembros de la familia se ocuparon de la limpieza, de la ropa y de la casa. Juntos hemos visto que las palabras del Evangelio son verdaderas y que el amor creativo sugiere cómo poner orden en todo lo demás».

LETIZIA MAGRI



[1] C. Lubich, Palabra de vida de octubre de 2003: Ciudad Nueva n. 402 (2003/10), p. 22.



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