miércoles, 16 de diciembre de 2015

FRUTO DE EJERCICIOS ADVIENTO: NACE JESÚS

VIDA DE LA PALABRA                          primeras semanas de Diciembre
Capilla del Centro Mariápolis "Luminosa" de Las Matas,
(diseñada por el "Centro Ave", de Loppiano)
Esta vez una sola EXPERIENCIA (mía y vuestra entremezclada) que tiene como denominador común el fin de semana de Ejercicios Espirituales, pero también como trasfondo el poner en práctica la Palabra de Vida de estos meses, tanto la de diciembre  («Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos», Mc 1, 3) como la de noviembre («…para que todos sean uno», Jn 17, 21):

1.-      Hemos terminado con alegría esperanzada verdaderamente de Adviento el fin de semana de Ejercicios Espirituales en el Centro Mariápolis. Un reto: en 48 horas, experimentar una profunda unión con Dios de modo personal y, a la vez, comunitario, para (a pesar de ni conocernos unas horas antes entre la mayoría) sentirnos así todos familia de Dios, pueblo suyo con Él en medio. Sentirnos unos de otros, hermanos.
         Han participado 30 personas de diferentes edades (de Burgos, Málaga, Villarrobledo-AB… y Madrid y su provincia); había algunas personas de los Focolares, del Camino Neocatecumenal, de Cursillos de Cristiandad…, de formación jesuítica…, de parroquias de diverso tipo. Unos 8 ó 10 era la primera vez que venían al Centro Mariápolis.

1a.-         Recién comenzado el “Año jubilar extraordinario de la Misericordia”, el lema general de los Ejercicios ha sido “con misericordia eterna te amé” (Jer. 31, 3).
Hemos recorrido la Misericordia en el Antiguo Testamento y la hemos vislumbrado con toda su plenitud y consciencia en el Nuevo (pasando también cada uno de nosotros de Alianza antigua a nuevo descubrimiento de Dios Amor).
El segundo nombre de Dios es Misericordia: nos ha permitido darnos cuenta que justicia y misericordia van juntas (precedidas siempre por esta) gracias a la Verdad, y la hemos aplicado a cada uno de los misterios del Rosario.
La meditación profunda de las 3 parábolas de Lc 15 nos ha permitido descubrir con su riqueza renovadora el sacramento de la confesión.
Vivir la Palabra, hace nacer a Jesús en nosotros; vivir el amor al prójimo, hace nacer a Jesús en el otro; vivir el amor recíproco, hace nacer a Jesús en medio del hogar, de la Iglesia y de la sociedad: cumplimiento del Adviento, verdadera Navidad.
Y coronando cada uno de los temas que predicábamos los 3 sacerdotes, el testimonio-experiencia concreta de alguien de la comunidad de alrededor, que solo ya con la mirada y la sonrisa transmitían. Y luego, imbuirnos en los diversos tipos de oración, (descubrimiento, además, de la oración de alabanza). No menor unión con Dios producían los momentos guiados de comunión-comunicación de lo que Dios va obrando en cada uno, (¡¡qué pena no haber grabado lo que cada uno dijo!!: queda en el gusto espiritual y el gozo de la presencia de Dios que producía; al final, sólo y todo para gloria de Dios).
Al acabar, la alegría contagiosa era desbordante al “palpar” la presencia de Jesús, con lo que era natural que prorrumpiéramos en el cántico “Adeste fideles”.
         Gracias a cada uno por su colaboración y a todos por su oración, los que vivieron los Ejercicios, y los que pasaron por el Centro Mariápolis para las Misa u otros momentos, y las focolarinas que lo atienden. Gracias a los que han orado desde la
distancia. Gracias a los que querían venir y, en el último momento, no pudieron: una, por parto de urgencia de una hija; otra, por cristal roto del coche (y robado lo de dentro y arrancado el radiocasete) en el momento de ir a buscarlo para venir aquí; etc. Dolores ofrecidos por amor, de unos y otros: cimiento seguro para los frutos espirituales, que al final se extienden también a todos.

1b.-      Quedaron por escrito algunas impresiones. Entre otras, estas:
Lo que más me ha gustado: las experiencias de la gente. La paz y serenidad que se transmite, en la normalidad”.
         “He vivido con mucha paz; estoy agradecida a Dios profundamente. Sentía cómo poco a poco la puerta del alma se abría. Con cada hermano, era un encuentro muy especial de comunión de alma. Me llevo la alegría de sentir a Jesús en mí que me ama, me habla y me mueve a seguir buscando el encuentro con el hermano”.
         “Gracias a los 3 sacerdotes por los temas, las experiencias y la UNIDAD que transmitían: realmente está Jesús en medio. Sigo pidiendo a Jesús que me aumente mi fe”.
         “Impresión que me ha causado verme, en los temas tratados. Me han hecho reflexionar en las muchas actitudes negativas que llevo por dentro de mi vida y, al mismo tiempo, sentir que Dios está a mi lado siempre, siendo misericordioso conmigo”.
         “La sugerencia que os hago es que no cambiéis y cuidéis este tesoro tan grande que Dios os ha regalado. Yo lo necesito: gracias por dejarme compartirlo y beber de esta fuente de Gracia”.
         “Los testimonios de los seglares me han parecido un ejemplo a seguir, una vida muy auténtica en el amor al Padre e inspiradores en el amar. Las meditaciones muy instructivas”.
         “Han sido unos Ejercicios muy buenos. Una experiencia muy buena realmente. Yo me he encontrado con Dios, le he podido escuchar y me ha perdonado y vuelto con Él. Son los primeros Ejercicios Espirituales que hago”.

1c.-      En diversos grupos de WhatsApp durante los viajes de regreso continúa la comunión:
 “Sentimos muchísimo no haber podido despedirnos de todos vosotros.  Por favor, si puedes, dales a todos un abrazo muy fuerte de nuestra parte y las gracias por haber compartido parte de sus vidas con nosotros.  Ha sido un fin de semana fantástico y un retiro genial”.

         Y correos-e. personales que continúan llegado:
- “me gustaron mucho las charlas y aprendí novedades que me ayudarán a poner el amor de Dios en práctica con el prójimo, a pesar de los disfraces” 
- “Muchas gracias por haberme recibido y aceptado de una manera tan bonita y tan llena de amor. Como sabes, han sido unos días intensos… con un final maravilloso. Me he sentido muy a gusto y he podido compartir y vivir la Fe como a mí me gusta y que me parece es fundamental, es decir, en COMUNIDAD. He interiorizado vuestras meditaciones y me habéis dado “pistas” para sentir y vivir la Palabra mejorando el día a día. No es fácil, pero sí posible. ¿Quién me iba a decir que, después de un tiempo largo, y a punto de no ir a los ejercicios, iba a recibir de manera no premeditada el sacramento del perdón y la reconciliación? Gracias, Paco, por tus palabras y la paz que  me has transmitido. Te agradezco también que me envíes la Palabra de Vida y testimonios de la gente. Es una preciosa manera de estar conectados todos en el Señor.”

1d.-      Y uno de los grupos de WhatsApp, adquirió ese lunes “olor divino”:
- “Yo no quiero perder lo que he encontrado... No quiero
perder el contacto. Me ha tocado muy profundo. Me siento rara, triste y alegre, una sensación muy especial. Ahora escribiendo esto, tengo ganas de llorar. ¡Dios, no te vayas! ¡¡Quédate conmigo!!”.
- “Después de lo que hemos vivido, para mí es como una señal de Cielo que no sé muy bien cómo interpretar. En estos momentos estoy llorando😂 porque en el alma siento tantas cosas, momentos vividos en silencio con el Señor... entre tantas cosas que le he dicho a Jesús le pedí almas con las que poder vivir realmente eso tan hermoso…: "Que Jesús vivo en cada corazón nos conceda experimentar el gozo del amor recíproco que genera su presencia en medio de los que le aman"”.
- “Bendigo a Dios por la historia  q lleva con cada uno y por ese remanso de paz y ternura con el q me he encontrado este finde. Se me ha ido el agobio, y trabajo con alegría.

Bendigo  tb a los Focolares, gente muy normal, como podemos ser nosotros neocatecumenales. Hoy beso la cruz de mi vida y de mi historia…”.

         - “Muchas gracias a todos x vuestros testimonios. La verdad, es emocionante ayudar al prójimo a vivir la Palabra a través de comunión de hermanos. Yo tb me encuentro serena y alegre!!!”.


1e.-      Y en días sucesivos continúan goteando correos-e. con la propia impresión:
“…tengo la sensación que Jesús ha estado muy cerquita de todos nosotros, nos ha tocado el corazón y nos ha hecho más hermanos. Gracias”     

“… aunque no he parado desde que llegamos, tengo en la recámara de la mente todo lo que he vivido este fin de semana, y
me asombra cómo me ha afectado (para bien): ¡han sido solo dos días! Se lo contaba a mis hijas… me veían hablar con tanto entusiasmo… Lo cierto es que solo tengo palabras de agradecimiento. Mi suegra decía una frase que a mí me hacía mucha gracia: “No tenemos boca para dar gracias a Dios” y lo cierto es que a mí siempre me acaba ayudando. Las semanas previas yo me sentía mal: decía que podía ser un virus o que tenía bajas las defensas. El jueves me llamó una amiga para decirme que se había enterado de este retiro… Era difícil para mí porque el sábado celebrábamos en mi casa el quinto cumpleaños de una nieta, pero Dios lo organizó todo para que yo pudiera ir. Y hoy tengo la determinación de mejorar mi vida de fe y poder ayudar a mis hijos y a mis hermanos  a acercarse más a Dios. Muchísimas gracias por tu cercanía y generosidad y por saber escuchar tan bien y con tanta comprensión. Gracias también por la Palabra de Vida…”.


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miércoles, 2 de diciembre de 2015

SER UNO ENTRE NOSOTROS

VIDA DE LA PALABRA                                        últimas semanas de Noviembre
Algunas de mis EXPERIENCIAS tratando de practicar tratando de llevar a la vida diaria la Palabra de noviembre («…para que todos sean uno», Jn 17, 21) y la de octubre («En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros», Jn 13, 35):
1.-        A primeros de noviembre nos ofrecieron para José la plaza que desde hace muchos meses teníamos solicitada en la Residencia del clero en Madrid. ¡Ahora que ya se iba adaptando a esta otra en Colonia Torrelodones!
Para discernir qué sería lo mejor para él, han sido días de mucho dialogar entre nosotros, con él, con su familia, con todos los demás sacerdotes amigos de otras ciudades, con la comunidad del movimiento de los focolares… Todo ello ha colaborado a nuestro “ser uno” entre todos nosotros.
Al final, veíamos que quizá lo más conveniente para él era trasladarlo; para mí era de nuevo un “pellizco” en la garganta y el corazón: hasta ahora, tan cerca, (en cuanto yo
tenía media hora), lo visitaba 4 ó 5 veces por semana, (y en la nueva, ya veremos si podré una vez por semana); además, se ha creado una relación tan bonita de José y nuestra con respecto a los demás residentes, directiva, trabajadores de esta  Residencia… que a ellos y a mí se nos hizo un nudo en la garganta cuando les anuncié el cambio: verdaderamente José se los ha ganado a todos con su alegría, su aceptación de todo, su fe, su carcajada…
            Me vino la tentación de pensar… si hubiera habido paciencia mes y medio, en vez de ingresarlo tan rápidamente, lo hubiéramos llevado ya directamente a esta y nos habríamos ahorrado trámites, quebraderos de cabeza, dinero, etc. Pero… en seguida me di cuenta y reaccioné: si hubiéramos hecho eso, nunca habríamos conocido (y menos entablado amistad) con personas tan buenas como los directivos, residentes y trabajadores de esta Residencia; ¡y eso es un tesoro!; más aún: ¡¡eso es un granito de arena para el anhelo por el que Jesús vino al mundo: “que todos sean uno”!!
Y todo ello, aparte del bien, (así nos lo han asegurado los sacerdotes de la Parroquia de la que depende esa Residencia), que José (muchas veces con su sola presencia) ha hecho a los otros residentes y a los que allí trabajan o van de voluntarios o pasan de visita.
Desde ayer ya está en la del clero, en la C/ San Bernardo. José me dijo cuando lo decidimos: “no importa si
no nos vemos tanto; tenemos a Jesús en medio, estamos siempre unidos”. Han sido 12 años viviendo en comunidad, tratando de merecer la promesa de Jesús “donde dos o más están unidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos”. Mientras lo llevaba en el coche, me decía: “hay que estar dispuesto  cambiar; y estar contento en cada sitio; yo estoy contento”. Ahora… desde la distancia (y con varias llamadas al día para asegurarla, como hemos venido haciendo estos 2 meses).
Ayer mismo empezaban las dificultades: desde ahí no lo llevan a citas médicas a su actual hospital, hay que pedir sus medicinas al pueblo donde está la anterior Residencia… Se me caía el alma a los pies: ¡más tareas, aparte de tantísimas pendientes! Pero recordando la PdV, aproveché para unas llamadas y pedir si alguien podía: sirvió esa dificultad para renovar la unidad con algunos.


Algunas de vuestras EXPERIENCIAS tratando de practicar tratando de llevar a la vida diaria la Palabra de noviembre («…para que todos sean uno», Jn 17, 21), la de octubre («En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros», Jn 13, 35) y la de septiembre («Amarás a tu prójimo como a ti mismo», (Mc 12, 31):
1.-        “Ya tenemos el piso!! La firma el otro día fue muy bien, aunque apareció un rostro de Jesús Abandonado: lo que tardaron en llegar (horas) los del Banco a la notaría. Menos mal que entre nosotros ha surgido una amistad muy bonita y estuvimos charlando muy a gusto con los anteriores dueños. Habíamos pensado después comer todos juntos pero desde las 13:30 nos dieron las 17:45... Así que lo hemos dejado para otra ocasión.
Fue la dueña (es viuda) con sus tres hijos y hemos quedado en vernos y, por supuesto, cuando ya estemos en casa, vendrán...
Nos despedimos dándonos fuertes y largos abrazos entre todos y nos decían que deseaban que fuésemos muy felices en la casa.
El de la agencia inmobiliaria decía que nunca había tenido una venta igual, que había un clima precioso, familiar entre nosotros.
La dueña estaba buscando piso más pequeño por la zona y la última vez que nos vimos le dije que rezaría. Al verme me dijo que ya había encontrado y que se acordó mucho de mí: que estaba segura que había influido mi oración. Es cierto que le pedí al Señor y a la Virgen que ella, como nosotros, encontrara un lugar donde se sintiese muy a gusto

2.-        “reconozco que, desde el viernes de los atentados en París, tengo el corazón encogido, una idea me tiene aterrada: pensar en que yo pudiese ser la siguiente víctima.
Me aterroriza pensar que me pille la muerte de sopetón y no estar preparada para ello.
         Me siento mal, la verdad. Tiempo dediqué a preparar mi boda, no digamos con la ilusión que esperé la llegada de mi hijo, meses estuve pensando en su primera comunión y, sin embargo, hasta ahora, ni un minuto me he parado a pensar en ese acontecimiento que algún día me ocurrirá.
         Recientemente hice un viaje a África, con mucha antelación tuve que ponerme las vacunas, preparar la documentación….
No ha llegado Navidad, pero ya estamos planeando dónde iremos; no digamos nada si es el verano lo que se acercase: la de tiempo que invertimos en buscar, planear, preparar maletas…
         A todos los viajes que hacemos le dedicamos tiempo y atención, a todos menos a uno; el más importante que vamos a realizar: la vuelta a casa con el Padre.
¿Estoy preparada para ello? No, me doy cuenta que no. Hace meses que no me confieso, así que ni siquiera tengo el corazón en paz y esa idea me agobia. Pensar en que mi partida hacia Él pueda ser en cualquier instante , llegar allí, a su presencia y sentirme tan mal que no me atreva ni siquiera a mirarle a los ojos.
         No. Así que he hecho el propósito de confesarme en breve (resérvame hueco en tu horario para el viernes) y, desde ese instante , estar y vivir en paz conmigo misma, con Dios y con los que me rodean. Y cuando no lo esté, acudir al sacerdote más cercano para volver a confesarme y empezar de nuevo. Así cuando llegue ese instante de encontrarme con mi Padre sea en un mes, en diez años o cincuenta pueda ir corriendo hacia Él y darle un abrazo y un beso

3.-        “normalmente antes de irme a la capilla paso a los salones de los abuelos a ver cómo están y si alguno tiene necesidad, aunque sea solo de agua, ya que es la hora de cambio de turnos y a veces los ancianos se levantan queriendo coger algo y se caen o se pierden entre los pasillos.
Hay una auxiliar que siempre cuando paso me pregunta dónde voy: “a visitar a Jesús”. Pues ese día pasé y la chica me preguntó lo de siempre... que si me iba a la capilla y la dije que sí. Me dijo que me iba a acompañar en la visita a Jesús.
Fuimos a la capilla: nada más entrar noté cómo entraba con respeto sabiendo que ahí vive Dios. Llegamos cerca del altar y me preguntó:"¿puedo subir?". Subió, tocó el altar y se santiguó; se dio vuelta y me preguntó que si el Señor estaba en el Sagrario y le dije que sí. De la misma manera tocó el Sagrario con mucho respeto y se santiguó. Luego bajó y me preguntó qué íbamos a rezar. Pensando en ella, le pregunté que si se acordaba del Padre Nuestro, Ave María y el Gloria; y lo rezamos.
Al terminar mis oraciones con ella, la chica se emocionó, puso su cabeza sobre mi hombro y lloró amargamente, y yo también, porque seguro que Dios le habló al corazón y yo, viendo su situación, la humildad que tenía de sentirse nada ante Dios, lloré también.
Salimos de la capilla y me dijo que todos los días me va a acompañar a rezar o a estar un ratito con el Señor. Ella no va a misa desde que la bautizaron, no se ha confesado y, lo reconoce, tiene fe pero no lo practica.
Sigo rezando con y por ella ya que su experiencia me ha dejado una marca en mi corazón


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martes, 1 de diciembre de 2015

JESÚS LLAMA A TU PUERTA

PALABRA DE VIDA                               DICIEMBRE 2015

«Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos» (Mc 1, 3).

Estas palabras están dirigidas a mí. El Señor viene y debo estar preparado para acogerlo. Cada día le pido: «Ven, Señor Jesús». Y Él responde: «Sí, vengo pronto» (cf. Ap 22, 17.20). Está a la puerta y llama, pide entrar en casa (cf. Ap 3, 20). No puedo dejarlo fuera de mi vida.
La invitación a acoger al Señor que viene es de Juan el Bautista. Está dirigida a los judíos de su tiempo. A ellos les pedía que confesasen sus pecados y se convirtiesen, que cambiasen de vida. Estaba seguro de que la venida del Mesías sería inminente. ¿Lo reconocería el pueblo, que lo esperaba desde hacía siglos, escucharía sus palabras, lo seguiría? Juan sabía que para acogerlo hacía falta prepararse; y de ahí la apremiante invitación:

Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos».

Estas palabras están dirigidas a mí porque Jesús sigue viniendo cada día. Cada día llama a mi puerta, y, lo mismo que para los judíos de tiempos del Bautista, tampoco para mí es fácil reconocerlo. En aquel entonces, contrariamente a las expectativas normales, se presentó como un humilde carpintero proveniente de Nazaret, un pueblo desconocido. Hoy se presenta con las trazas de un emigrante, de un parado, del empresario que da trabajo, de la compañera de clase, de los familiares, y también de personas en las cuales el rostro del Señor no siempre se ve con toda su luminosidad; incluso a veces parece escondido. Su voz sutil, que invita a perdonar, a ofrecer confianza y amistad, a no conformarse a opciones contrarias al Evangelio, muchas veces está dominada por otras voces que instigan al odio, al provecho personal o a la corrupción.
De ahí la metáfora de los caminos tortuosos e impracticables, que recuerdan a los obstáculos que se interponen a la venida de Dios en nuestra vida de cada día. No hace falta enumerar las mezquindades, egoísmos y pecados que anidan en el corazón y nos vuelven ciegos a su presencia y sordos a su voz. Cada uno de nosotros, si es sincero, sabe cuáles son las barreras que le impiden el encuentro con Jesús, con su palabra, con las personas con quienes Él se identifica. Y ahí está la invitación de la Palabra de vida, que hoy va dirigida a mí precisamente:

Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos».

“Allanar” ese juicio que me lleva a condenar al otro, a dejar de hablarle, y en lugar de eso llegar a entenderlo, amarlo, ponerme a su servicio. “Allanar” el comportamiento erróneo, que me lleva a traicionar una amistad, que me hace ser violento o incumplir las leyes civiles, para convertirme más bien en una persona dispuesta a soportar incluso la injusticia con tal de salvar una relación, a implicarme personalmente para que crezca la fraternidad en mi entorno.
Es una palabra dura y fuerte la que se nos propone en este mes, pero también una palabra liberadora, que puede cambiarme la vida, abrirme al encuentro con Jesús, de modo que venga a vivir en mí y sea Él quien actúe y ame en mí.
Si la vivimos, esta palabra puede hacer mucho más: puede hacer que nazca Jesús en medio de nosotros, en la comunidad cristiana, en la familia, en los grupos en que actuamos. Juan la dirigió a todo el pueblo: «[y Dios] habitó entre nosotros» (Jn 1, 14), en medio de su pueblo.
Por eso, ayudándonos unos a otros, queremos allanar los senderos de nuestras relaciones, eliminar cualquier desviación que pueda haber entre nosotros, vivir la misericordia a la que nos invita este año santo. Así, juntos, seremos la casa, la familia capaz de acoger a Dios.
Será Navidad: Jesús encontrará el camino abierto y podrá quedarse en medio de nosotros.




N.B.: Aquí puedes encontrar también la Palabra de Vida 
y en MP3 para escuchar en el móvil.


en más de 30 idiomas.

domingo, 15 de noviembre de 2015

TODOS UNO

Como refuerzo para comprender y vivir mejor la Palabra de Vida de noviembre aquí tienes un par de textos que pueden ayudar:  

 "Que todos sean uno... para que el mundo crea" (Jn 17, 21)... última oración de Jesús. Esta oración, que cierra en el cuarto Evangelio la actividad pública de Jesús y nos introduce en su pasión, nos desvela los sentimientos más profundos y el deseo más ardiente de su corazón: la unidad entre todos los suyos para la salvación del mundo. Después de haber pedido la unidad para sus apóstoles, ahora la pide para todos aquellos que creerán en Él a través de su palabra.

La unidad, que Jesús pide con estas palabras para los suyos, es como la que existe entre el Padre y Él. Es la unidad plena de mente y de corazón vista en su fuente, es decir, en su comunión íntima y total de vida que Jesús tiene con el Padre y de la que nacía toda su actividad. También su Iglesia, en su vivir y en su obrar, deberá ser la participación, la continuación y el reflejo de esta unidad.

Tal unidad será la nota distintiva por excelencia de su Iglesia y el secreto de su extraordinaria vitalidad. De hecho, esta unidad, hará de su Iglesia el gran canal de la gracia para la santificación del mundo. Todos los medios para la salvación que Él proporcionará a la Iglesia ‑incluido el mismo anuncio de la Palabra, la oración, la penitencia, la actividad organizativa, la vida cultural, etc.‑ serán eficaces en la medida en que sean expresión de esta unidad.

¿Cómo…? Haciendo cada vez mejor nuestra parte para que se realice el deseo de Jesús. Y ¿de qué manera?

Ante todo, viviendo su Palabra, que Él continúa transmitiendo a través de los sucesores de sus apóstoles como nos indica Jesús. Y en particular viviendo la Palabra del amor, del amor recíproco, compendio de sus palabras, con lo que hacemos nuestra parte para que la unidad exista. Y luego, con la gracia del Espíritu Santo, comprometiéndonos a vivir este amor entre todos…
Un amor semejante modelado y enraizado en el amor de Jesús, pedido por Él poco antes de dar su vida por nosotros. Requiere esas disposiciones interiores que son más necesarias para construir la unidad: la humildad, el saber morir a nuestro yo, saber perder poniendo a un lado nuestros propios gustos y puntos de vista personales, saber escuchar al otro, acogerse recíprocamente, perdonarse mutuamente viendo al otro con ojos nuevos, saber caminar juntos, etc.


Si nos dejamos guiar por estos sentimientos de Jesús, comenzando por nuestras familias, por nuestros ambientes de trabajo, por nuestras comunidades eclesiales no tardaremos en ver a nuestro alrededor esos maravillosos frutos de unidad que Jesús tanto espera; no tardaremos en constatar que, también en el mundo secularizado en el que muchos de nosotros se encuentran, insensible e impermeable a los impulsos sobrenaturales, algo se mueve: el mundo se convierte y muchos encuentran o vuelven a Dios.

CHIARA LUBICHComentario a Jn 17,21, enero 1990



QUE SEAN UNO, EN LA FAMILIA:
GANANCIA PARA LA SOCIEDAD

…las comunidades cristianas están llamadas a ofrecer su apoyo a la misión educativa de las familias, y lo hacen ante todo con la luz de la Palabra de Dios. El apóstol Pablo recuerda la reciprocidad de los deberes entre padres e hijos… En la base de todo está el amor, el amor que Dios nos da, que «no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal... Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Cor 13, 5-7). Incluso en las mejores familias hay que soportarse, y se necesita mucha paciencia para soportarse. Pero la vida es así. La vida no se construye en un laboratorio, se hace en la realidad. Jesús mismo pasó por la educación familiar.
También en este caso, la gracia del amor de Cristo conduce a su realización lo que está escrito en la naturaleza humana. ¡Cuántos ejemplos estupendos tenemos de padres cristianos llenos de sabiduría humana! Ellos muestran que la buena educación familiar es la columna vertebral del humanismo. Su irradiación social es el recurso que permite compensar las lagunas, las heridas, los vacíos de paternidad y maternidad que tocan a los hijos menos afortunados. Esta irradiación puede obrar auténticos milagros. Y en la Iglesia suceden cada día estos milagros.
Deseo que el Señor done a las familias cristianas la fe, la libertad y la valentía necesarias para su misión. Si la educación familiar vuelve a encontrar el orgullo de su protagonismo, muchas cosas cambiarán para mejor, para los padres inciertos y para los hijos decepcionados. Es hora de que los padres y las madres vuelvan de su exilio —porque se han autoexiliado de la educación de los hijos— y vuelvan a asumir plenamente su función educativa… Y esto sólo puede hacerlo el amor, la ternura y la paciencia.

PAPA FRANCISCO, Audiencia General, miércoles 20 de mayo de 2015






ANTE LA INVASIÓN DE ODIO, VENCER CON INVASIÓN DE AMOR

“Frente a los dramáticos acontecimientos de París, que se agregan a los que recientemente sucedieron en otras partes del mundo, estamos de luto, junto a quienes sufrieron la violencia en sus familiares y amigos y a los que creen posible la unidad de la familia humana.
Con desconcierto y con la firme condena de
todo acto de violencia contra la vida humana, emerge con potencia una pregunta: ¿dimos todos los pasos y emprendido todas las acciones posibles para conseguir las condiciones necesarias, entre las que se cuentan más paridad, más igualdad, más solidaridad, más comunión de los bienes, por las que la violencia y las acciones terroristas pierden la posibilidad de actuar?


Frente a un plan que se presenta como perverso, es evidente que no existe una sola respuesta. Pero es también evidente que tampoco la reacción incontrolada a la violencia hará retroceder a los que quieren anular las fuerzas vivas de los pueblos y su aspiración a convivir en paz.
La convicción que el mundo puede caminar hacia la unidad y superar los conflictos y la violencia de las armas, permanece viva en el alma y en la acción de los que tienen en el corazón el amor por cada hombre y el futuro de la familia humana y quieren realizarlo mediante la acción de la política, los instrumentos de la economía y las reglas del derecho.
El Movimiento de los Focolares, mientras llora con quien llora, sigue creyendo en el camino del diálogo, de aceptar y respetar al otro, cualquiera sea y de cualquier proveniencia, credo religioso y pertenencia étnica. Por eso, junto a todos los que en distintos campos trabajan por la paz, aun a riesgo personal, los Focolares renuevan el propio compromiso para intensificar y multiplicar actos y gestos de reconciliación, espacios de diálogo y comunión, ocasiones de encuentro e intercambio a todos los niveles y en todas las latitudes, para aunar el grito de la humanidad y transformarlo en nueva esperanza”.

MARIA “EMMAUS” VOCE, Declaración 14 noviembre 2015


sábado, 14 de noviembre de 2015

CADA UNO Y TODOS

VIDA DE LA PALABRA                        primeras semanas de NOVIEMBRE


Algunas de mis EXPERIENCIAS tratando de practicar tratando de llevar a la vida diaria la Palabra de Vida de noviembre («…para que todos sean uno», Jn 17, 21) y la de octubre («En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros», Jn 13, 35):
1.-        Ha sido muy bonito también el funeral de mes por mi padre que realizamos ayer viernes en nuestro pueblo. Y más bonita si cabe su preparación (por tlf. y WhatsApp) entre todos mis hermanos y sus niños (con intervenciones directas de todos luego en la Misa en sus diversos momentos). Se
notaba un clima de unidad acrecentado entre nosotros y, por extensión, en las personas que asistieron: había un silencio, participación y atención que “absorbían” (y a mí, en concreto me ayuda a hablar expresándome mejor). Al final, todo el mundo de nuevo nos expresaba su alegría y agradecimiento por haber podido estar en una celebración tan llena y por la serenidad y paz de toda nuestra familia. “Que todos sean uno, para que el mundo crea”.

2.-        Hace unos días, un compañero me dirigió una frase en voz alta (y con otra persona delante) que, aunque en tono de broma, era altamente insultante. Sé que su carácter jocoso es así: ¡pero se pasó de “rosca” muchísimo!
Aunque me sentí muy dolido y se me “encendió” la sangre… dudaba yo si excusarme-defenderme o no de lo q me había dicho. Preferí callar. Me quedé en paz. Con el silencio posterior que se creó entre los tres, mientras seguíamos haciendo cosas, pude intuir que él se dio cuenta de su poca delicadeza y la otra persona valoró el que yo “no entrara al trapo”.

Algunas de vuestras EXPERIENCIAS tratando de practicar tratando de llevar a la vida diaria la Palabra de Vida de noviembre («…para que todos sean uno», Jn 17, 21), la de octubre («En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros», Jn 13, 35) y la de septiembre («Amarás a tu prójimo como a ti mismo», (Mc 12, 31):
1.-        “es un regalo recibir tus palabras de vez en cuando, pero especialmente estando lejos de casa. Este país es musulmán y se echa de menos visitar la iglesia. Hay una "Catedral" sencilla pero bonita, pero no podemos ir lo que quisiéramos por cuestiones de seguridad

2.-        “estoy segura que así de pronto no sabes quién soy, pero voy a intentar recordártelo:
Un viernes de Marzo nos vimos en el tren regional (no recuerdo dónde ibas tú). El caso es que subió una amiga en el tren e íbamos los tres en la mesita. “¡Qué casualidad!”, pensé: me había encontrado a una de mis mejores amigas y a un cariñoso Sacerdote… Nada más salir de Atocha se te derramó un zumo y esa fue la excusa perfecta para empezar una agradable conversación: estuvimos charlando todo el camino y, la verdad, es que las dos horas transcurrieron demasiado rápidas.
Nos contaste diversas historias que te habían pasado en Madrid, como que al poquito tiempo de llegar a la capital te llamaba mucho la atención que la gente no saludara y a ti eso te indignaba, diversas historias que recuerdo con mucho cariño; pero lo que se me quedó grabado fue que, cuando el tren llegó a mi estación, terminaste la conversación diciéndonos: “a algunas chicas que he conocido en el tren, las he terminado casando”. Y ¡¡mi amiga y yo nos quedamos pasmadas!!, diciéndonos: “te toca a ti, no a ti, ¿a mí?; no, a ti…”, jajaja.
Cuál es mi sorpresa que a la semana siguiente me dice mi novio que si nos casábamos y a mi mente la primera persona que vino fuiste tú: estaba súper sorprendida, ¡no podía estar pasando! Paco me lo había dicho!! Cuando vi a mi amiga y se lo conté, lo primero que me dijo fue: “¡Paco! Jajaja”; ¡¡no dábamos crédito!!
Claro está, le dije que SÍÍÍ, así que nos casaremos en agosto…
Pues esta es nuestra historia, de la cual tú eres partícipe

3.-        ““esmerémonos en lo que favorece la paz y construye la vida en común”. Esa frase he leído esta mañana y me ha dejado pensativa. Todo un programa de vida en una frase. Pero hay más, muchas más frases llenas de sabiduría y sentido común tiene la Biblia.
Frases a las que yo no había prestado atención hasta hace unos años… No es que no hubiese Biblias en mi casa, al revés…  Toda la referencia que tenía de la Biblia era lo escuchado en Misa, a lo cual tampoco prestaba atención...
Por ello, si volviera a nacer o si pudiese dar marcha atrás y “corregir errores”, no lo dudaría: la Biblia tendría de libro de cabecera y a ella acudiría todos los días, pues si importante es alimentar el cuerpo mucho más necesario es alimentar el alma.
No, reconozco que no presté atención en mi infancia y adolescencia ni a la Biblia, ni a la clase de religión, ni la catequesis, ni a los curas.
Si volviese a nacer… por nada del mundo me perdería la asignatura de religión,  deseosa estaría de saber todo lo que pudiese de aquello que más me interesa y me preocupa, la Iglesia, Jesús, los que fueron sus amigos… En mi agenda no faltaría ni el número de mi profe ni el de mi catequista para poder consultar con ellos, aprender… Procuraría tener siempre un sacerdote cerca con el que poder hablar, al que pudiese pedir consejo, y con el que poder recuperar la paz que tantas veces se pierde: si nos preocupamos de llevar la ropa limpia y el pelo impecable, ¿cómo no preocuparse de lo más importante, el corazón?
            No, no puedo cambiar el pasado, ¡pero sí influir en mi futuro!
            Hace unos días me enviabas una homilía preciosa y en ella leía: “No se detuvo a mirarse a Sí mismo, ni a sus llagas y dolores, y continuó amando incluso a los que le crucificaban”.
Llevo meses sintiéndome mal, con una sensación de vacío que me está ahogando y ahora me doy cuenta que tal vez es por eso. Porque yo sí me detuve: me detuve ante el dolor que me produjo una herida, encerrándome en mí y olvidándome de los demás.
Tampoco eso ya lo puedo cambiar, pero sí mi futuro.
Me pongo pues en marcha de nuevo y procuraré por todos los medios esmerarme en lo que favorezca la paz y construya la vida en común

4.-        “…hoy hemos celebrado la Misa de mi madre: abandonó su sufrimiento tras vivir el día de todos los Santos, oyendo una misa... (aunque sedada, yo se la puse), le canté salmos toda la mañana y un buen sacerdote la visitó (siempre tan lleno de dulzura para con cada uno). Murió a las tres de la noche, ya era día de los difuntos.... Mi esposo y yo, oramos por su alma tras su penúltimo suspiro (Dios nos regaló que estuviésemos haciendo el turno en esa noche)... En profunda serenidad... los dos ante aquel despojo humano.... A solas... Nuestra fe convirtió ese momento en un espacio de amor ante el Padre... Al término de nuestra oración... paz... Y el aviso tranquilo a enfermeros...

Doy gracias por sentirme tan cuidada por Dios, porque Él da el sentido a todo en mi vida... porque en mi debilidad... Él me abraza y me lleva... y ya no soy yo... es Él. Y le doy gracias por el milagro de compartir la misma fe y camino con mi marido...


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domingo, 1 de noviembre de 2015

QUE TODOS SEAN UNO

PALABRA DE VIDA                        Noviembre 2015 


«…para que todos sean uno»
(Jn 17, 21)

Es la última y afligida oración que Jesús le dirige al Padre. Sabe que está pidiendo lo que más le importa a Él, pues Dios había creado a la humanidad como familia suya, con la cual compartir todo bien, su misma vida divina. Y ¿qué ansían los padres para sus hijos sino que se quieran, se ayuden y vivan unidos entre sí? Y ¿qué mayor disgusto que el verlos divididos por envidias e intereses económicos hasta dejar de hablarse? También Dios ha soñado desde toda la eternidad con una familia unida en la comunión de amor de los hijos con Él y entre ellos.
El dramático relato de los orígenes nos habla del pecado y de la progresiva desintegración de la familia humana. Como leemos en el libro del Génesis, el hombre acusa a la mujer, Caín mata a su hermano, Lamec se jacta de su desmesurada venganza, Babel provoca la incomprensión y la dispersión de los pueblos… El proyecto de Dios parece fracasado.
Sin embargo, Él no se da por vencido, sino que persigue con tenacidad la reunificación de su familia. La historia se reanuda con Noé, con la elección de Abrahán, con el nacimiento del pueblo elegido; y así hasta que decide mandar a su Hijo a la tierra, al que encomienda una gran misión: congregar en una sola familia a sus hijos dispersos, reunir a las ovejas perdidas en un solo rebaño, derribar los muros de separación y de enemistad entre los pueblos para formar un único pueblo nuevo (cf. Ef 2, 14-16).
Dios no deja de soñar en la unidad, y por eso Jesús se la pide como el regalo más grande que pueda implorar para todos nosotros: «Te pido, Padre,…
…para que todos sean uno».

Toda familia lleva la huella de los padres. Lo mismo la familia creada por Dios. Dios es Amor no solo porque ama a su criatura; es Amor en sí mismo, en la reciprocidad del darse y de la comunión por parte de cada una de las tres divinas Personas respecto a las demás.
Por eso, cuando creó a la humanidad, la modeló a su imagen y semejanza e imprimió en ella su misma capacidad de relación, de modo que cada persona viva en la entrega recíproca de sí. La frase completa de la oración que queremos vivir este mes dice: «para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros». El modelo de nuestra unidad es nada menos que la unidad existente entre el Padre y Jesús. Parece imposible de tan profunda como es. Y sin embargo, se hace posible por ese como, que significa también porque: podemos estar unidos como están unidos el Padre y Jesús precisamente porque nos incluyen en su misma unidad, nos la regalan.

«…para que todos sean uno».

Esta precisamente es la obra de Jesús: hacer de todos nosotros uno, como Él lo es con el Padre, una sola familia, un solo pueblo. Para esto se hizo uno de nosotros, cargó con nuestras divisiones y nuestros pecados y los clavó en la cruz.
Él mismo nos indicó el camino que iba a recorrer para llevarnos a la unidad: «Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12, 32). Como había profetizado el sumo sacerdote, «iba a morir […] para reunir a los hijos de Dios dispersos» (Jn 11, 52). En su misterio de muerte y resurrección «recapituló todas las cosas en Sí» (cf. Ef 1, 10), regeneró la unidad rota por el pecado, recompuso la familia en torno al Padre y nos hizo de nuevo hermanos y hermanas entre nosotros.
Jesús cumplió su misión. Ahora queda nuestra parte, nuestra adhesión, nuestro «sí» a su oración:
«…para que todos sean uno».

¿Cuál es nuestra aportación al cumplimiento de esta oración?
Ante todo, hacerla nuestra. Podemos prestar labios y corazón a Jesús para que continúe dirigiendo estas palabras al Padre y repetir cada día con confianza su oración. La unidad es un don de lo Alto que hay que pedir con fe sin cansarnos nunca.
Además debe permanecer siempre en nuestros pensamientos y deseos. Si este es el sueño de Dios, queremos que sea también nuestro sueño. De vez en cuando, antes de cualquier decisión, de cada opción, podríamos preguntarnos: ¿sirve para construir la unidad; es lo mejor con vistas a la unidad?
Y deberíamos acudir allá donde las desuniones sean más evidentes y cargar con ellas, como hizo Jesús. Pueden ser roces en la familia o entre personas que conocemos, tensiones que se viven en el barrio, desacuerdos en el trabajo, en la parroquia, entre las Iglesias. No huyamos de las discordias e incomprensiones, no permanezcamos indiferentes; llevemos allí nuestro amor a base de escucha, de atención al otro, de compartir el dolor que brota de esa herida.
Y sobre todo, vivamos en unidad con todos los que estén dispuestos a compartir el ideal de Jesús y su oración, sin dar importancia a malentendidos o discrepancias, contentándonos con lo «menos perfecto en unidad antes que lo más perfecto sin unidad», aceptando con alegría las diferencias e incluso considerándolas una riqueza para una unidad que nunca implica reducción a la uniformidad.

Sí, a veces esto nos clavará en la cruz, pero ese es precisamente el camino que Jesús eligió para recomponer la unidad de la familia humana, el camino que también nosotros queremos recorrer con Él.




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