martes, 15 de septiembre de 2020

DAR DE TODO CORAZÓN

           Para vivir bien la incerteza del ya próximo otoño, nos da luz y fortaleza la Palabra de vida del mes de septiembre («Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos», Lc 6, 38). Así, pues, a mitad de mes, ¡renovarnos en vivirla con intensidad (y a ello nos impulsarán estos textos)!:

 


  

NUESTRO DAR NACE DEL CORAZÓN

 

Por eso es tan importante cuidar el corazón. Para que no se vuelva indiferente; para que "vea" dónde dar amor. Yo le regalo hoy a la Madre un corazón de hijo, y Ella me enseña a transformar los Dolores en "brotes de resurrección".

 

P. MANUEL MORALES, O.S.A, Comentario al Pasapalabra diario del martes 15 septiembre

 

 

 

 

CREER EN LA GENEROSIDAD DE LOS DEMÁS

 

Creer en la generosidad de otra persona significa creer en su amor por mí y por todos.

Me ocurrió que alguien no creyó en mi generosidad e incluso malinterpretó un gesto de amor hecho sin esperar nada a cambio. A menudo reconozco la presencia de Jesús en el otro, de manera que, aunque el otro no crea en mi amor, Jesús conoce mi sinceridad. Y para mí, esto es lo más importante.

Cuando veo a alguien que ama a todos con generosidad, trato de creer sin el menor juicio, aunque parezca exagerado. Y si este amor me llega, acepto ser amado con humildad y gratitud.

Dios conoce el corazón de cada persona. Conoce quien practica con sinceridad los actos concretos de amor.

El que ama, conoce a Dios, y sus acciones lo revelan.

 

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra diario del martes 24 de agosto

 

 

 

 

LA MANSEDUMBRE SIEMPRE ES CONSTRUCTIVA

 

Hay personas que confunden mansedumbre con omisión.

Con la mansedumbre aprendemos a decir nuestra opinión sin herir al otro y sin omitir la verdad. Y sobre todo, sin faltar a la caridad.

La omisión es cuando no hablamos por miedo a la reacción del otro, cuando cerramos los ojos a las injusticias, cuando callamos delante de la violencia.

La mansedumbre es una expresión del amor y por eso es creativa. Con la mansedumbre, decimos la verdad al otro sin humillarlo y sin causarle vergüenza.

La mansedumbre y la humildad son dos características distintivas de la personalidad de Jesús, y debemos aprender de Él a vivirlas en todas nuestras relaciones interpersonales. “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” (Cf. Mt 11,29).

 

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra diario del 23 de agosto

 

 

 

 

FIARNOS DE DIOS Y ENCOMENDARNOS A ÉL

 

Debo estar preparado para todo en la vida.

Debo prepararme bien para cada decisión a tomar. Aprovechar al máximo mi formación profesional, asumir mi papel de ciudadano, mis responsabilidades en la familia y en la comunidad. Debo estar preparado, bien formado y bien informado.

Pero sobre todo y más allá de todo, debo confiar en Dios y entregarme completamente a Él.

Antes de cualquier acción, debo repetir en mi corazón: “hágase Tu voluntad y no la mía”. Esta es la mayor garantía de que todo se hará de la mejor manera.

En las pequeñas o grandes decisiones que vayamos a tomar, ante todo, encomendarnos a Dios. Después, hacer nuestra parte buscando la perfección del amor.

 

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra diario del 22 de agosto

 

 

 

 

QUE NUESTRO DAR SEA SIEMPRE DESINTERESADO

 

El corazón se ensancha o se encoge: depende de nosotros. Damos largamente, y largamente nos sentimos retribuidos para seguir dando.

Tener confianza en la Providencia de Dios. Y si algún sabor amargo invita al desprendimiento, es porque Dios no quiere para sus hijos falsas ilusiones y enseña una verdad dura, necesaria, que equilibra la vida: todo cae, todo es vanidad; y "pasa deprisa la escena de este mundo".

 

P. MANUEL MORALES, O.S.A, Comentario al Pasapalabra diario del 10 septiembre

 

 

 



lunes, 31 de agosto de 2020

DAD Y OS SERÁ DADO

 PALABRA DE VIDA                      septiembre 2020

 

«Dad y se os dará;

una medida buena, apretada, remecida, rebosante

pondrán en el halda de vuestros vestidos»

(Lc 6, 38)

 

«Había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírlo…» (Lc 6, 17-18): así introduce el evangelista Lucas el largo discurso de Jesús que proclama las bienaventuranzas, las exigencias del Reino de Dios y las promesas del Padre a sus hijos.

Jesús anuncia libremente su mensaje a hombres y mujeres de distintos pueblos y culturas que han acudido a escucharlo; es un mensaje universal, dirigido a todos y que todos pueden acoger para realizarse como personas, creadas por Dios Amor a su imagen.

 

«Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos».

 

Jesús revela la novedad del Evangelio: el Padre ama a cada uno de sus hijos personalmente, con un amor «desbordante», y le da la capacidad de expandir el corazón hacia los hermanos, cada vez con mayor generosidad. Son palabras acuciantes y exigentes: dar de lo nuestro; bienes materiales, pero también acogida, misericordia, perdón; con generosidad, a imitación de Dios.

La imagen de la recompensa abundante vertida en el regazo nos da a entender que la medida del amor de Dios para con nosotros es desmedida, y que sus promesas se realizan por encima de nuestras expectativas, a la vez que nos libera de la ansiedad de nuestros cálculos y plazos y de la desilusión de no recibir de los demás según nuestra medida.

 

«Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos».

 

A propósito de esta invitación de Jesús, Chiara Lubich escribió: «¿Nunca te ha pasado, al recibir un regalo de un amigo, que también tú has sentido la necesidad de hacerle otro…? […] Si te sucede así a ti, imagínate a Dios, a Dios, que es Amor. Él recompensa siempre cada regalo que hacemos a nuestro prójimo en su nombre. […] Dios no se comporta así para enriquecerte o para enriquecernos. […] Lo hace porque cuanto más tenemos, más podemos dar; para que –como verdaderos administradores de los bienes de Dios– hagamos circular todas las cosas en la comunidad que nos rodea […]. Ciertamente, Jesús pensaba en primer lugar en la recompensa que tendremos en el Paraíso, pero todo lo que sucede en esta tierra es ya preludio y garantía de ello»[1].

 

«Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos».

 

Y ¿qué sucedería si nos comprometiésemos a practicar este amor juntos, con muchos otros hombres y mujeres? Ciertamente daría origen a una revolución social.

Cuenta Jesús, de España: «Mi mujer y yo trabajamos en consultoría y formación. Nos apasionaron los principios de la Economía de Comunión[2] y quisimos aprender a mirar al otro: a los empleados, considerando los sueldos y las alternativas a los despidos necesarios; a los proveedores, respetando los precios, los pagos, las relaciones de larga duración; a la competencia, con cursos conjuntos y ofreciendo nuestra experiencia; a los clientes, aconsejándoles en conciencia aun a costa de nuestro propio interés. La confianza que se generó nos salvó cuando llegó la crisis de 2008. Más tarde, a través de la ong «Levántate y Anda», conocimos a un profesor de español en Costa de Marfil que quería mejorar las condiciones de vida en su pueblo mediante un paritorio. Estudiamos el proyecto y le dimos la cantidad necesaria. No se lo podía creer. Tuve que explicarle que eran los beneficios de la empresa. Actualmente la maternidad «Fraternidad», construida por musulmanes y cristianos, es símbolo de la convivencia. En los últimos años los beneficios de nuestra empresa se han multiplicado por diez».

 

LETIZIA MAGRI



[1] C. Lubich, Palabra de vida, junio 1978, en Ead., Palabras de vida/1 (1943-1990) (ed. F. Ciardi), Ciudad Nueva, Madrid 2020, pp. 106-108.

N.B.: Aquí puedes encontrar también la Palabra de Vida 

En viñetas para los niños, adaptada para adolescentes y para jóvenes,

 y en MP3 para escuchar en el móvil.

 

Palabra de Vida AQUÍ en presentación Power Point

en más de 30 idiomas.


SERENOS EN LA MANO DE DIOS

VIDA DE LA PALABRA                                        agosto 2020


Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de agosto («¿Quién nos separará del amor de Cristo?», Rm 8, 35) y la de julio («Todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre», Mt 12, 50):

 

1.-        Como cada mes, también este ha sido muy útil la Palabra. Cuando no podía dormir lo que hubiera querido para descansar en vacaciones, “¡esto no me puede apartar del amor de Dios!: ¡seguir creyendo en Su Amor y seguir amando yo a Él y a todos!”. ¿Recuerdos de ingenuas meteduras de pata del curso y del pasado?: ¡ídem: “nada nos separará del amor de Dios” (tarareaba yo a menudo interiormente esa y otras canciones similares! ¿Noticias de que mi madre había tenido que ir 2 veces a urgencias y luego además se cayó?: ¡ídem! Cuando ya pude estar con ella estos últimos 15 días y a cada instante tenía que dejar mi lectura o lo que yo hacía para traerle algo o acompañarla al servicio: ¡ídem! ¿Por la noche, que eso era frecuente y costaba más porque el cansancio se apoderaba de mí (y cada vez que me despierto luego tardo muchísimo en volver a coger el sueño)?: ¡¡ídem!! ¿Problemas, ansiedades o dolores de otras personas a las que aprecio y me veo impotente para ayudarlas?: ¡ídem!

 

2.-        Uno de los libros que estoy leyendo durante el verano me está costando mucho puesto que, (aparte de técnico y voluminoso) la traducción del inglés es dura (literal) y tiene bastantes erratas (que me distraen mucho). “Nada nos separará del amor de Dios”; ¡tampoco esto! Por hacer una obra de amor, comuniqué a la editorial varios de esos fallos con cuidado de no herir a nadie. Me lo agradecieron y pidieron que continuara haciéndolo: de hecho, aunque no me gusta dejar un libro a medias, más de cuatro veces había pensado en abandonar. Pero el recuerdo de que así puedo ayudar a mejorar futuras versiones y de que es una manera de amar me hace seguir poco a poco.

            Por no quedarme en lo dificultoso… Otro de los libros, ¡te lo recomiendo en el alma!, me ha ayudado un montón para la meditación diaria y estoy disfrutando y saboreando cada línea: “Ese palpitar silencioso. La oración en la espiritualidad de la unidad”. Lo puedes pedir a la Editorial Ciudad Nueva por internet. ¡Te encantará! Y también la recopilación de todas las Palabras de Vida de 1943 a 1990, que también estoy leyendo.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de agosto («¿Quién nos separará del amor de Cristo?», Rm 8, 35), la de julio («Todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre», Mt 12, 50) y la de junio («Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado», Mt 10, 40):

 

1.-        “…hoy hablaba por teléfono con una amiga y al despedirnos me dice: “adiós, M., adiós”. Pero según lo ha dicho a mí me ha sonado como: “a Dios, M., a Dios”. Así que, cualquier decisión que he tenido que tomar desde entonces a lo largo del día, por pequeña que fuera, me iba cuestionando si me llevaba a Dios o por el contrario me llevaba a otros diosecillos….

 

2.-        “hace años, la que luego sería mi madrina, al verme por la calle con un instrumento, sin conocernos de nada, me habló. Con todo cariño me paré a escuchar a esta persona mayor por respeto: así, por las buenas, me dijo que tenía que entrar a una iglesia y que algún día tenía que tocar para el Señor. Fui con ella a una que no hay lejos de mi piso y cogí atrás unas hojitas que leí y me gustaron mucho. Por el apellido de quien las firmaba, pensé que era una centroeuropea, quizá una filósofa alemana. Todavía conservo aquellas primeras hojitas, que fui cogiendo mes a mes, tiempo antes de empezar mi preparación al bautismo: era la mensual Palabra de Vida. Releo esas de vez en cuando. Me gusta Chiara: rezuma un carisma especial. Sabe extraer lo bueno de todos, lo que nos une.

Acuérdate que en el país que estuve antes, jamás fui a una iglesia. Y, previamente, en el mío, la única vez que entré, (era yo adolescente), al día siguiente tenía a la policía del partido en mi casa.

 

3.-        “en el confinamiento pensaba qué podía yo hacer: rezar más… Una sobrina estaba con una hernia discal y no sabía qué hacer con el tratamiento, pues empezó a ir peor. Como al hospital no podía ir, iban a casa los del centro de salud a ponerle el tratamiento (empeoró muchísimo). Pero seguía pidiendo al Señor que me pusiera algo en mi camino. En mi interior como que me decía: “llama a las personas mayores, a gente de la parroquia, a los que atendías en Caritas, a la vecina de antes y algún familiar que vive fuera, etc.” Fue bonito: las escuchaba afondo y luego ellas me llamaban. Su generosidad era tan grande, que mi ánimo estaba todos los días con ganas de hacer algo.

Un día me acordé de una señora que, hará dos años que se separó con tres niños pequeños, la panadera me preguntó… y yo la mandé a Caritas. Cuando el confinamiento me vino a la mente qué pasaría de esa familia y un día que bajé a por el pan, le pregunté. Por la noche yo no podía dormir: hablaba con el Señor. Al día siguiente bajé por el pan y pregunté qué puedo hacer…; ella me contestó que el pan ya se lo daba ella y algo.

Por la noches le doy vueltas y como una voz interior me decía: “bajas mañana y de lo que tiene en la tienda, haces un par de bolsas y así este mes puede andar un poco mejor”. Lo hice y subí feliz.

Al día siguiente, una vecina a la que había visto y me preguntó, me dijo que tenía embutido del que ella hace y quería dárselo a esa familia. A mí me dio alegría por la señora y los niños. Se lo dejé a la de la panadería.

A los dos días vuelvo a bajar y me dice la panadera: “¿quieres ver a los niños?”. Me enseña un video donde estaban felices, cantando y bailando y diciendo: “¡yupi por la amiga y por sus amigas, que son geniales!”. Dando gracias, subí emocionada.

A los tres días bajé a por mi pan. Y sorpresa; me dice: “me han dado esto para ti”. Una carpeta. La abro; unos dibujos y ponían: “con cariño y muchas gracias”. Para mí fue un regalo especial: la lágrima se me caía, me alegraron el día por el regalo tan precioso (y encima su mamá no les había encargado que lo hicieran). El Señor es tan generoso… Sigo ayudándoles… Doy gracias al Señor todos los días.

 

4.-        “…una amiga vio uno de tus vídeos del YouCat (sobre el sacramento de la penitencia) y me pregunta cómo escuchar todas las semanas esa videoconferencia. Ella no conoce mucho.

            De paso te comento por compartir contigo. Día tras día, al principio de quedarse en casa, era rezar la misa de la mañana y luego por la tarde después del Rosario en radio María; era el centro y orden del día.

En mayo, cuando Caritas y banco de alimentos pedían ayuda, hablé con ellos y ofrecí una finca muy cerca de mi casa. Pero resultaba que no podían gastar ni en desplazamiento. Así que, pagué a quien pusiera un melonar (por la época era lo único que se podía hacer). Pagué las plantas y ya lleva varias semanas y muy bien que va. Solo que este tiempo hay que regarlo y para que sea agua buena (de pozo de casa rellenando botellas), cosa que hago pensando que es para dar comida en otoño a quien más lo necesite. Y claro, con muchos cuidados de la mejor calidad de tierra y agua.

Lo hago por Jesús en sus hijos. Me ha costado mucho: lo tengo que regar a mano y con poco peso, pero ya he tenido las primeras sandías y hay melones creciendo y salen ahora las calabazas. Total que es precioso, he visto puestas de sol magníficas, tomo el aire, hago ejercicio y tengo fruta. Y he aprendido cuánto cuesta sacar de la tierra algo de alimento. Y a tener paciencia y regar esperando que nazca algo. Dios me ha dado una idea estupenda. ¡Y quizá algunos postres para alguien en otoño!.

 


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  N.B.: tú también puedes compartir las experiencias

que, por gracia de Dios, hayas podido realizar

poniendo en práctica el Evangelio;

“pincha” aquí abajo en “comentarios” y escríbela;

o, dado que en algunos navegadores eso no funciona,

mándamela por  correo-e.

 

 






sábado, 1 de agosto de 2020

NADA NOS SEPARARÁ DEL AMOR DE DIOS


PALABRA DE VIDA                               julio 2020


(Rm 8, 35)

La carta que el apóstol Pablo escribe a los cristianos de Roma es un texto extraordinariamente rico de contenido. En ella expresa la potencia del Evangelio en la vida de cada persona que lo acoge, la revolución que este anuncio acarrea: ¡el amor de Dios nos libera!
Pablo lo ha experimentado, y quiere ser testigo de ello con las palabras y con el ejemplo. Su fidelidad a la llamada de Dios lo llevará precisamente a Roma, donde podrá dar la vida por el Señor.

«¿Quién nos separará del amor de Cristo?».

Poco antes Pablo había afirmado: «¡Dios está por nosotros!» (Rm 8, 31). Para él, el amor de Dios por nosotros es el amor del Esposo fiel que nunca abandonaría a su esposa, a la cual se ha unido libremente con un vínculo indisoluble al precio de su propia sangre.
De modo que Dios no es un juez, sino más bien Aquel que se hace cargo de nuestra defensa.
Por eso nada puede separarnos de Él a través de nuestro encuentro con Jesús, el Hijo amado.
Ninguna dificultad que podamos encontrar en nosotros y fuera de nosotros, grande o pequeña, es insuperable para el amor de Dios. Es más, dice Pablo que precisamente en estas situaciones, quien se fía de Dios y se encomienda a Él sale «vencedor» (cf. Rm 8, 37).
En este tiempo nuestro de superhéroes y superhombres que pretenden vencer a toda costa con la arrogancia y el poder, la propuesta del Evangelio es la mansedumbre constructiva y el abrirse a las razones del otro.

«¿Quién nos separará del amor de Cristo?».

Para comprender y vivir mejor esta Palabra puede ayudarnos lo que nos sugiere Chiara Lubich: «Sin duda creemos, o por lo menos decimos que queremos creer en el amor de Dios. Sin embargo, muchas veces […] nuestra fe no es tan valiente como debería ser […] en los momentos de prueba, por ejemplo en las enfermedades o en las tentaciones. Es muy fácil que nos asalte la duda: “Pero ¿de verdad Dios me ama?”. No puede ser; no debemos dudar. Tenemos que abandonarnos con confianza y sin reservas al amor del Padre. Tenemos que superar la oscuridad y el vacío que podamos sentir y abrazar bien la cruz. Y luego lancémonos a amar a Dios cumpliendo su voluntad, y a amar al prójimo. Si lo hacemos, sentiremos junto a Jesús la fuerza y la alegría de la resurrección. Palparemos hasta qué punto es cierto que todo se transforma para quienes creen y se abandonan a su amor: lo negativo se vuelve positivo; la muerte se convierte en fuente de vida y las tinieblas darán paso a una luz maravillosa»[1].

«¿Quién nos separará del amor de Cristo?».

Incluso en medio de la lúgubre tragedia de la guerra, quienes siguen creyendo en el amor de Dios abren resquicios de humanidad: «Nuestro país se encuentra en una guerra absurda, aquí en los Balcanes. A mi escuadrilla venían también soldados de primera línea del frente, con muchos traumas porque veían a parientes y amigos morir ante sus ojos. No podía hacer otra cosa que amarlos uno a uno en lo que podía. En los poquísimos momentos de descanso, procuraba hablar con ellos de muchas cosas que uno tiene dentro en esas circunstancias, pero también llegamos a hablar de Dios, pues muchos de ellos no creían. En uno de estos momentos de escucha propuse llamar a un sacerdote para celebrar la misa. Todos aceptaron y varios de ellos se acercaron a la confesión después de 20 años. Puedo decir que Dios estaba allí con nosotros».

LETICIA MAGRI


[1] C. Lubich, Palabra de vida, agosto 1987, en Ead., Palabras de Vida/1 (1943-1990) (ed. F. Ciardi), Ciudad Nueva, Madrid 2020, pp. 414-415.




viernes, 31 de julio de 2020

ACOGER LA VOLUNTAD DE DIOS PARA SER "MADRE" DE JESÚS EN OTROS

VIDA DE LA PALABRA                       mes de JULIO



Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de julio («Todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre», Mt 12, 50) y la de  junio («Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado», Mt 10, 40):

1.-        A principios de mes se me bloqueó mi cuenta de correo-e. sin percatarme, pero la pude rescatar tres días después.
Una semana más tarde mi móvil se quedó negro inexplicablemente (y sin ningún tipo de “señal de vida”), sin embargo (cuando ya me habían prestado otro móvil) al enésimo intento 24 horas después (igual de inexplicablemente) empezó a arrancar.
Días después mi ordenador portátil no arrancaba: todo negro aunque se oía el ruidillo del motor; de cenas de intentos de vez en cuando… a ver si… ¡nada!, (precisamente cuando ya tenía yo casi preparado el correo “mitad de mes”); varios días después, ¡arrancó!
A la semana fui yo el que se “estropeó”, se me pasó al rato, pero al día siguiente (mientras hacía las visitas en el hospital) me encontré mal: neurólogo, oftalmólogo, escáner cerebral…; parece que solo una migraña con aura sin cefalea (esta tarde me hacen resonancia magnética para seguir descartando daños cerebrales o vasculares) y toda esta semana he seguido con vida y múltiple actividad absolutamente normales.
Algo en común a todo esto (y a otras pequeñas ocasiones): decirle de corazón al Señor “Tú, eres mi único Bien” y repetírselo decenas de veces: “ni agenda, ni contactos, ni aparatos buenísimos como son –aunque viejecitos-, ni horas empleadas, ni salud… ¡sólo Tú eres mi único Bien!”. No quiero apegarme ni a cosas, ni a personas, ni a situaciones, ni a nada… “Nada te turbe, nada te espante… quien a Dios tiene nada le falta; solo Dios basta”.
            También me ayudaba muchísimo en todo esto la Palabra de Vida del mes: el aceptar todas esas pequeñas contrariedades como permitidas por la Voluntad de Dios, (aunque cada una me hacía “perder” muchas horas), era fiarme del Señor y entender que incluso así yo estaba siendo “hermano” suyo y que, incluso así, yo estaba siendo “madre” suya, es decir, estaba haciendo nacer a Jesús en otros (aunque fuera en otra parte del mundo o yo no lo viera; sí que comprobé, por ejemplo, esas horitas que estuve en urgencias, tratando de ser amable y sonriente con todos, -algunos sabían que yo era el capellán del hospital-, y llamándolos por su nombre, ha hecho nacer una nueva corriente de simpatía entre nosotros).

1b.-     Pequeñas cosas (gestos de cercanía del Señor, a través de las personas) también me hacían emocionarme interiormente:
-       el día de mi aniversario, pensé llevar bombones al Centro Mariápolis para invitar a la gente después de la Misa, ¡y me los dejé en casa!; me di cuenta en el coche a mitad de trayecto, pero como que me vino a la mente que a lo mejor la divina Providencia suplía; ¡y así fue!: precisamente de Villalba me llevaron allí otros bombones y pude invitar a todos…
-       Las atenciones de varios de los médicos en el hospital…
-       El decir “gracias” de algunas personas que no suelen explicitarlo, me llegaba al alma pues notaba que era de corazón…
-       El otro día, después de una reunión, alguien de otro pueblo me trajo una cena sustanciosa y rica: “te vi el otro día muy delgadillo”. ¡Y tuve para comer y cenar también al día siguiente!
Veía con gozo que también así todos ellos eran “hermanos, hermanas, madres” de Jesús (en mí y en otros) y que, yo a la vez, lo estaba siendo para ellos. Y en todo ello experimentaba caricia del amor de Dios.


Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de julio («Todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre», Mt 12, 50)  
junio («Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado», Mt 10, 40) y la de mayo («Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado», Jn 15, 3):

1.-        “…he leído tu mail “Palabra de Vida” y me ha encantado como siempre. Me gustan mucho los comentarios de las experiencias de otras personas: es muy curioso porque son cosas que nos pasan en el día a día. Me identifico mucho con la señora que dice que desde que lleva consigo a Jesús, ya no vive con miedo y disfruta la vida. Yo soy una persona muy miedosa y vivo siempre con miedo a la vida y con miedo a la muerte por eso no termino de disfrutar de la vida y de ser completamente feliz, de hecho tiendo a la depresión, pero ya lo tengo controlado gracias a Dios. Me ha encantado la historia de las gafas de sol... En eso tú y yo somos igual de perseverantes… Como siempre, Paco, que alegra enormemente recibir tus mails….


2.-        “estamos a punto de terminar el mes y comenzar otro con una nueva PdV, que siento me implica vivir más cada mes, me parecía haber sacado todo el jugo a la de junio, donde he tratado de acoger al otro, estar cercana a los que sufren yendo ligera de equipaje para poder construir la civilización del amor. 
            Meditando la de julio, descubro que Jesús me pide un paso más: 'Hacer Su voluntad'. Y me dice que cualquiera la puede hacer, esté sano o no, sea adulto o niño... Cada persona lleva en sí la imagen de Dios Amor Que no tengo excusa, ya que cada persona es el tú de Dios, con el que puedo entrar en una nueva relación de amor a Él y si amo me reconoce como de su familia... Es la gran suerte que tenemos, nos sorprende y libera del pasado y desde las limitaciones puedo ser trampolín de lanzamiento para realizarme. Es un gran paso.
Chiara nos lo facilita invitándonos a vivir la Palabra de Dios: "sed una familia". Todo un programa para vivir durante este mes.

3.-        “aquí sigo en casa: salgo poco, (ya sabes que soy de altísimo riesgo); gracias a tus PdV: las espero todos los meses. Espero te encuentres bien. Yo estoy muy deprimida, cada vez peor; tengo muchos dolores, aunque a mi familia no les cuento nada: con sufrir yo es bastante y la metástasis de la cabeza me ha crecido. Solo te lo digo a ti. Gracias por todo. Te seguiré escribiendo mientras esté aquí y pueda.

4.-        “…ayer tras el análisis me fui a desayunar con mi hermana y me comenta: "hoy es nuestro cumpleaños. Hace 34 años del trasplante".
Al escuchar esas palabras, por un instante, retrocedí en el tiempo. Recuerdo que estaba algo confusa cuando me dijeron que a mi hermana había que hacerle un trasplante de médula y que de todas las personas a las que habían hecho pruebas, yo era la única candidata posible para el trasplante.
            En ese instante estaba confusa. No tenía muy claro de qué me estaban hablando. Cómo funcionaba la médula. ¿Por qué solo yo, en qué consistía eso del trasplante...?
Estaba confusa pero una cosa tenía clara: mi hermana me necesitaba y no me hacía falta saber nada más para ponerme en manos de los médicos. No sabía muy bien lo que me iban a hacer, el proceso, las consecuencias... Me daba igual. Allí que fui sin pestañear.
Tras el desayuno llego a casa. Descansé un rato y luego hablo con alguien por teléfono y en medio de la conversación me dice una frase que me deja pensando: "dame un punto de apoyo y moveré el mundo". No la recordaba, pero según la escuché pensé en Dios y me preguntaba si realmente era Él mi punto de apoyo.
Porque si realmente lo era, ¿no tenía que tener confianza ciega igual que cuando la tuve con mi hermana?
Me puse a pensar en situaciones en las que había sentido que ciertamente dejaba mi vida en manos de Dios y me daba cuenta que aunque el resultado a veces no era lo que yo había pensado, estaba tranquila, serena, en paz, feliz…
Todo lo contrario que cuando le ponía alguna excusa, trabas, preguntas.... Luego me sentía mal conmigo misma.
No lo había pensado pero es verdad: apoyarse en Dios, pero de verdad, sin preguntas, con confianza, dejándote llevar sin más, da paz y seguridad
Ahora me doy cuenta que con mi hermana no dudé. Saber que me necesitaba me fue suficiente para ponerme en manos de los médicos sin tener muy claro dónde me metía.
No sé si lo he tenido siempre tan claro con Dios cuando, al igual que mi hermana, sentí que me pedía no mi médula, sino mi corazón….




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jueves, 16 de julio de 2020

VIVIR LA VOLUNTAD DE DIOS PARA SER FAMILIA DE CRISTO

            Aquí tienes unos textos que nos ayuden a reforzar la PdV del mes («Todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre») para vivirla con más intensidad:




NO PERDER NUNCA LA ESPERANZA

La confianza en uno mismo puede ser fruto de la vivencia del amor, de recomenzar siempre y aceptar nuestros límites.
La esperanza es la conciencia de que nunca estamos solos. Nuestro camino es un camino de “a dos”: Dios es nuestro compañero de viaje. Si entregamos en sus manos todos nuestros sueños y deseos, nunca perderemos la esperanza.
El que ama con corazón puro, adquiere la fe que mueve montañas, la fe en el Dios de lo imposible.
Quien amanece con Dios en el corazón, enfrenta todo con coraje y determinación.
El amor sostiene la fe y la esperanza. La fe aumenta el amor y la esperanza. La esperanza ilumina el camino y nos lleva a nuestros objetivos.

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra diario del 14 de julio



SABER ESCUCHAR
PARA DESCUBRIR LAS NECESIDADES DE LOS DEMÁS

Cuando hay un verdadero espíritu de familia entre nosotros, sabemos escuchar para entender profundamente la necesidad de cada uno.
El afecto y el deseo de agradar puede interferir un poco y hacernos actuar apresuradamente, ofreciendo al otro lo que no necesita (y que, a veces, ni siquiera lo desea).
La escucha atenta nos da la delicadeza para acoger las necesidades de los demás. Y nos hace comprender de qué modo podemos ayudar.
Chiara Lubich, citada en el comentario de la Palabra de Vida de este mes de julio, nos dice que seamos una familia. Y que, si existen personas que sufren pruebas, comprenderlas incluso más que una madre. ¿Queremos ayudar a alguien? Aprendamos a escuchar para acoger sus necesidades reales.
Vivir la voluntad de Dios estando siempre en el amor, nos ayuda a ser familia entre nosotros y a ser hermanos, hermanas y madres de Jesús.

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra diario del 11 de julio



         CREER EN LA FUERZA DEL AMOR

Un gesto bondadoso, una palabra amable, una presencia silenciosa... mejoran este mundo más que muchos discursos. Pero esta sabiduría se entiende cuando somos sencillos, no cuando nos las damos de "sabios y entendidos".

P. MANUEL MORALES, O.S.A, Comentario al Pasapalabra diario del 16 julio



miércoles, 1 de julio de 2020

LA FAMILIA DE JESÚS

PALABRA DE VIDA                               julio 2020

«Todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, 
ese es mi hermano, mi hermana y mi madre»
(Mt 12, 50)

El Evangelio de Mateo cuenta un episodio de la vida de Jesús que puede parecer poco importante: su madre y sus familiares van a Cafarnaún, donde Él se reúne con sus discípulos para anunciar a todos el amor del Padre. Probablemente han hecho un largo camino para verlo y desean hablarle. No entran en el lugar donde Jesús se encuentra, sino que mandan un mensaje: «Oye, ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte».
La dimensión familiar era muy importante para el pueblo de Israel: el mismo pueblo era considerado «hijo» de Dios, heredero de sus promesas, y quienes pertenecían a este se consideraban «hermanos».
Pero Jesús abre una perspectiva inesperada: con un gesto solemne con la mano señala a sus discípulos y dice:

«Todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Jesús revela una dimensión nueva: cualquiera puede sentirse parte de esta familia si se esfuerza en conocer la voluntad del Padre único y en cumplirla.
Cualquiera: adulto o niño, hombre o mujer, sano o enfermo, de cualquier cultura y posición social. Cualquiera: cada persona lleva en sí la imagen de Dios Amor. Es más, cada persona es el tú de Dios, con el que puede entrar en una relación de conocimiento y amistad.
Así pues, cualquiera puede hacer la voluntad de Dios, que es el amor a Él y el amor fraterno. Y si amamos, Jesús nos reconoce como de su familia: sus hermanos y hermanas. Es la suerte más grande que tenemos, que nos sorprende: nos libera del pasado, de nuestros miedos, de nuestros esquemas. Desde esta perspectiva, incluso las limitaciones y debilidades pueden ser catapultas hacia nuestra realización. Realmente todo da un salto cualitativo.

«Todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre».

En cierto modo podemos ser incluso madre de Jesús. Como María, que se puso a disposición de Dios desde el momento de la anunciación y hasta el Calvario y, más tarde, con el nacimiento de la Iglesia, también cada uno de nosotros puede dar a luz a Jesús en sí mismo una y otra vez, viviendo el Evangelio, y, por la caridad recíproca, contribuir a generar a Jesús en la colectividad.
Esa es la invitación que Chiara Lubich dirige a personas deseosas de vivir la Palabra de Dios: «“Sed una familia”. ¿Hay entre vosotros quienes sufren por pruebas espirituales o morales? Comprendedlos como una madre y más aún, iluminadlos con la palabra o con el ejemplo. No dejéis que les falte, es más, incrementad alrededor de ellos el calor de la familia. ¿Hay entre vosotros quienes sufren físicamente? Que sean los hermanos predilectos. […] No antepongáis nunca ninguna actividad de ningún tipo […] al espíritu de familia con los hermanos con los que vivís. Y adonde vayáis para llevar el ideal de Cristo […], lo mejor que podéis hacer es tratar de crear con discreción y con prudencia, pero con decisión, el espíritu de familia, que es un espíritu humilde, que quiere el bien de los demás, que no se envanece…; que es, en fin, la caridad verdadera»[1].

«Todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Cada uno de nosotros puede descubrir en la vida diaria la tarea que el Padre le encomienda para formar la gran familia humana.
En un barrio de Homs, en Siria, más de ciento cincuenta niños mayoritariamente musulmanes acuden a las clases extraescolares organizadas en un colegio de la iglesia ortodoxa griega. Cuenta Sandra, la directora: «Ofrecemos acogida y ayuda mediante un equipo de profesores y expertos, en un clima de familia basado en el diálogo y en promover valores. Muchos niños están marcados por traumas y por el sufrimiento. Unos se muestran apáticos, otros agresivos. Deseamos reconstruir la confianza en ellos y en los demás. La mayoría de las familias están desmembradas a causa de la guerra, y aquí encuentran la fuerza y la esperanza de volver a empezar».

LETIZIA MAGRI







[1] C. Lubich, El amor recíproco (ed. Florence Gillet), “12 puntos” n. 5, Ciudad Nueva, Madrid 2013, pp. 99-100.