sábado, 30 de marzo de 2024

TESTIMONIAR AL RESUCITADO VIVO HOY

 

¡Cristo ha resucitado, aleluya, aleluya!

¡Verdaderamente ha resucitado el Señor,

aleluya, aleluya!

 



 

Para ti y los tuyos…:

¡¡¡feliz Pascua de Resurrección!!!

 

Y para vivirla bien, una nueva Palabra para poner en práctica todo un mes :

 

PALABRA DE VIDA                      abril 2024

 

«Los apóstoles daban testimonio con gran poder

de la resurrección del Señor Jesús.

Y gozaban todos de gran simpatía»

(Hch 4, 33).

 

        Esta palabra, que cae en tiempo de Pascua, nos invita a ser testigos también nosotros, con la libertad plena de quienes han recibido el mensaje evangélico, del evento que ha marcado la historia: ¡Jesús ha resucitado!

Para entender hasta el fondo el sentido de este versículo sacado de los Hechos de los Apóstoles, conviene citar la frase que lo precede: «La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo era en común entre ellos» (cf. Hch 4, 32).

 

«Los apóstoles daban testimonio con gran poder de la resurrección del Señor Jesús. Y gozaban todos de gran simpatía».

 

        El texto presenta a la comunidad cristiana animada por la fuerza potente del Espíritu, caracterizada por la comunión, que la empuja a proclamar a todos el Evangelio, la buena noticia, es decir, que Cristo ha resucitado.

        Son las mismas personas que antes de Pentecostés estaban asustadas y apesadumbradas ante los últimos acontecimientos acaecidos, y ahora salen a descubierto, dispuestas a dar testimonio hasta el martirio gracias a la fuerza del Espíritu, que se ha llevado miedos y temores. Eran un solo corazón y un alma sola, practicaban el amor mutuo hasta poner en común sus bienes: esta era la realidad que estaba implicando cada vez a más personas.

        Mujeres y hombres que seguían a Jesús habían escuchado sus palabras, habían vivido con Él sirviendo y amando a los últimos, a los enfermos; habían visto con sus ojos los hechos prodigiosos obrados por Jesús, y su vida había cambiado porque, llamados a vivir una nueva ley, habían sido los primeros testigos de la presencia viva de Dios en medio de los hombres.

        Y para nosotros, seguidores de Jesús hoy, ¿qué significa dar testimonio?

 

«Los apóstoles daban testimonio con gran poder de la resurrección del Señor Jesús. Y gozaban todos de gran simpatía».

 

        El modo más eficaz de testimoniar al Resucitado es mostrar que Él está vivo y habita en medio de nosotros. «Si vivimos su Palabra, […] manteniendo encendido en el corazón el amor al prójimo, si nos esforzamos en especial por mantener siempre el amor mutuo entre nosotros, el Resucitado vivirá en nosotros, vivirá en medio de nosotros e irradiará su luz y su gracia alrededor, transformando cada lugar con frutos incalculables. Y será Él quien guíe nuestros pasos y nuestras actividades con su Espíritu; quien disponga las circunstancias y nos proporcione las ocasiones para llevar su vida a las personas que necesitan de Él»[1].

 

«Los apóstoles daban testimonio con gran poder de la resurrección del Señor Jesús. Y gozaban todos de gran simpatía».

 

        Escribe Margaret Karram[2]: «“Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación” (Mc 16, 15) es la extraordinaria consigna que hace 2000 años los apóstoles recibieron directamente de Jesús y que cambió el curso de la historia. Hoy Jesús nos dirige a nosotros la misma invitación: nos ofrece la posibilidad de llevarlo al mundo con toda la creatividad, las capacidades y la libertad que Él mismo nos ha dado»[3].

        Es un anuncio «que no termina con su muerte, ¡al contrario! Adquiere más fuerza después de la Resurrección y de Pentecostés, cuando los discípulos se convirtieron en testigos valientes del Evangelio. Y el mandado de ellos ha llegado hasta nosotros hoy. A través de mí y de cada uno de nosotros, Dios quiere seguir contando su historia de amor a aquellos con quienes compartimos tramos breves o largos de la vida»[4].

 

Patrizia Mazzola y el equipo de la Palabra de vida

                               



[1] C. Lubich, Palabra de vida, enero 1986: Palabras de vida/1 (1943-1990), Ciudad Nueva, Madrid 2020, pp. 364-365.

[2] Presidente del Movimiento de los Focolares.

[3] M. Karram, LLamados y enviados, Rocca di Papa, 15-9-2023.

[4] Ibid.

domingo, 17 de marzo de 2024

FIRMEZA EN EL ESPÍRITU SANTO

Aquí te ofrezco unos textos (y experiencias) para renovar la intensidad en vivir la Palabra de este mes («Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renueva en mi interior un espíritu firme»):

 


 

SABER COMPRENDER A LOS DEMÁS 

Requiere el aprendizaje paciente del amor que no se precipita en los juicios ni se queda en las primeras impresiones. La misteriosa realidad de cada persona es mucho más de lo que aparece, de sus defectos y sus limitaciones. 

P. MANOLO MORALES, O.S.A., Comentario al Pasapalabra diario 13 marzo 2024

 

  

LA RECONCILIACIÓN SUPERA LA INJUSTICIA 

El perdón puede ser una decisión y una actitud unilateral. La reconciliación requiere la participación de ambas partes, de lo contrario no se concreta.

Para que la reconciliación supere a la injusticia, es necesario que haya un arrepentimiento sincero, iniciativa de pedir perdón, así como la voluntad de conceder el perdón.

Cuando soy la parte ofendida, mi esfuerzo será comprender y aceptar el deseo del otro de acercarse, de recuperar la confianza perdida y recomenzar.

Cuando soy yo quien ofendió, el primer paso es admitir el error y pedir disculpas, demostrando sinceramente el arrepentimiento y el deseo de recomenzar.

Cuando al menos hay el deseo de que el amor sea recíproco, Dios puede darnos un corazón puro y un espíritu decidido que supere la injusticia con la reconciliación. 

APOLONIO CARVALHO, Comentario al Pasapalabra diario 16 marzo 2024

 

  

LLEVAR EL ESPÍRITU DE FAMILIA 

¿Nuestra actividad se antepone a todo como lo más importante? Pues no. Lo más importante para Dios es que sus hijos, estén donde estén,  sepan crear, como primer valor, con discreción y prudencia, ambiente de familia. 

P. MANOLO MORALES, O.S.A., Comentario al Pasapalabra diario 15 marzo 2024

 

 

 

SABER ESCUCHAR

         Escuchar es más que oír. Requiere una disposición interior hecha de atención, de disponibilidad, de paciencia. Se deben dejar los propios pensamientos, los propios esquemas, para abrir de verdad la mente y el corazón a la escucha. Si, mientras el otro habla, tú estás ya pensando qué decirle, qué responder, entonces tú no estás escuchándolo a él o a ella, sino a ti mismo. Es un vicio muy feo este… …La escucha es una forma de amor que hace sentirse al otro amado de verdad… 

PAPA FRANCISCO, Discorso ai Partecipanti al 32° Corso sul Foro Interno
organizzato dalla Penitenzieria Apostolica,
25 marzo 2022

 

 

 

NO DESANIMARSE

Claro que ver y palpar los resultados de nuestro esfuerzo es lo que nos mantiene animosos. Lógico. Pero lo nuestro no son los resultados, sino la fe firme de que estamos haciendo la voluntad de Dios. Y esa siempre resulta. 

P. MANOLO MORALES, O.S.A., Comentario al Pasapalabra diario 11 marzo 2024

 

 

 

DIOS NO SE CANSA DE PERDONAR

…el rostro de Dios es el de un padre misericordioso, que siempre tiene paciencia. ¿Habéis pensado en la paciencia de Dios, la paciencia que tiene con cada uno de nosotros? Ésa es su misericordia. Siempre tiene paciencia, paciencia con nosotros, nos comprende, nos espera, no se cansa de perdonarnos si sabemos volver a Él con el corazón contrito. «Grande es la misericordia del Señor», dice el Salmo.

… misericordia, esta palabra cambia todo. Es lo mejor que podemos escuchar: cambia el mundo. Un poco de misericordia hace al mundo menos frío y más justo. Necesitamos comprender bien esta misericordia de Dios, este Padre misericordioso que tiene tanta paciencia... Recordemos al profeta Isaías, cuando afirma que, aunque nuestros pecados fueran rojo escarlata, el amor de Dios los volverá blancos como la nieve. Es hermoso, esto de la misericordia.

… Se acercó entonces una señora anciana, humilde, muy humilde, de más de ochenta años. La miré y le dije: “Abuela —porque así llamamos nosotros a las personas ancianas—: Abuela ¿desea confesarse?” Sí, me dijo. “Pero si usted no tiene pecados…” Y ella me respondió: “Todos tenemos pecados”. Pero, quizás el Señor no la perdona... “El Señor perdona todo”, me dijo segura. Pero, ¿cómo lo sabe usted, señora? “Si el Señor no perdonara todo, el mundo no existiría”. … ésa es la sabiduría que concede el Espíritu Santo: la sabiduría interior hacia la misericordia de Dios.

No olvidemos esta palabra: Dios nunca se cansa de perdonar. Nunca… El problema es que nosotros nos cansamos, no queremos, nos cansamos de pedir perdón. Él jamás se cansa de perdonar, pero nosotros, a veces, nos cansamos de pedir perdón. No nos cansemos nunca, no nos cansemos nunca. Él es Padre amoroso que siempre perdona, que tiene ese corazón misericordioso con todos nosotros. Y aprendamos también nosotros a ser misericordiosos con todos. 

PAPA FRANCISCO, Ángelus dominical, 17 marzo 2013

 

sábado, 16 de marzo de 2024

RENOVAR ALMA Y CORAZÓN

VIDA DE LA PALABRA            primeras semanas MARZO



Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de marzo («Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renueva en mi interior un espíritu firme», Sal 51, 12) y la de febrero («Haced todo con amor», 1 Co 16, 14):

1.-        Estaba yo en el despacho parroquial trabajando en el ordenador y oigo un "buenas tardes" a mi espalda: una mamá con su niña delante de ella en ese ya típico portabebés “mochila” suave y, además, cuidadosamente cubiertita con un chal que le habían colocado pues hacía mucho frío: "¿le puedo pedir un favor?". "¿Me podría atar los cordones de mis deportivas? Vengo de recoger a la bebé de la guarde y voy corriendo al bus, pero se me ha desatado el cordón y no puedo agacharme con ella. Así que he entrado un instante a rezar al Señor y a pedirle a usted el favor”. Me encantó la confianza y la humildad. Le di las gracias por pedirme un favor. Con todo el cariño, me agaché a atárselos, (complicadillo, porque sus pantalones vaqueros eran muy largos). 

 

2.-        Antes de empezar la Misa dominical, con todos los preparativos con los niños, en la puerta se me acerca un hombre bajito que, sin más, empieza a contarme su historia de que no quiere dinero, sino que le den trabajo para poder irse a León a cuidar a su madre. En cuanto comenzó a hablar, como que me quiso sonar la cara: un caso muy similar en mi anterior parroquia en Villalba.

Continuó diciendo que en tal casa concreta esa mañana trabajó en el jardín y con tal persona. Que le pagó, pero que le faltaba determinada cantidad (incluso con céntimos) para el billete.

Conforme avanza su historia, más me convenzo de que es aquel mismo hombre. Historieta muy similar, con nombres de casas y personas exactos de Villalba allí, y con nombres exactos también de casas y personas aquí. Con lágrimas que parecían escapársele allí y con las mismas aquí: muy bien ensayado todo.

Allí la primera vez, me dejé engañar; la segunda, (unos dos años después), no le di dinero, pero sí subí un momento a casa y le bajé lo que yo tenía para comer luego.

No obstante, venzo mi indignación y le sigo escuchando con educación, aunque eso me estaba impidiendo terminar de ponerme de acuerdo con catequistas y lectores, (y luego se notaron algunas improvisaciones en la coordinación con ellos durante la Misa).

Él se alargaba en la historia, pero traté de seguir amable con él y luego le dije: “espérate a que acabe la Misa, que ya es la hora; por cierto, te conozco de Villalba”. Quedaba un minuto ¡y aún tenía yo que revestirme!

Naturalmente no se esperó.

Al día siguiente recordé, además, que la segunda ocasión de Villalba, a la media hora volvió a la parroquia, (supimos que había sido él, revisando las imágenes de las cámaras), y en un descuido de la voluntaria que nos ayudaba allí en el despacho parroquial, abrió la puerta, entró y le robó el móvil.

Estos días he sabido que antes de abordarme a mí el domingo pasado, lo hizo con alguna vecina de la parroquia, a la que sí le sacó dinero.

Tanto el domingo, como luego, he tratado de no perder el “corazón puro”, de no llenarme de indignación ni animadversión hacia él, (aunque no lo volviera a ver en la vida). Lo cual no quita que, con todo respeto, cuando vinieron los municipales a la visita periódica al barrio, les comunicara lo sucedido.

 

3.-        Los Ejercicios Espirituales de primeros de marzo resultaron muy fructuosos para todos los que participamos. ¡Gracias a los que rezasteis para ello!

Las 33 personas, (esta vez muy mayoritariamente de Madrid y ciudades de su provincia), quedaron muy contentas de una verdadera experiencia de unión con Dios, (también a través también de los hermanos, no solo en los distintos tipos de oración).

Para muestra, te comparto la impresión de dos participantes:

Muchísimas gracias a vosotros, a Mariápolis al completo! Por administrar con tanto cariño los dones, con los que Dios os ha bendecido. Y por ponerlos al servicio, formación y acogimiento del hermano. MUCHAS GRACIAS.

justo estaba meditando la transfiguración y pensando en las enseñanzas del fin de semana de Ejercicios. ¡Me ha encantado la Palabra de Vida y las experiencias!

Sigo leyendo a Chiara Lubich y se va haciendo un lugar en mi corazón.

Hoy lunes, luego de trabajar sin parar hasta las 6 de la tarde, subí a leer un rato, pero me entretuve con el himno en latín Tantum ergo, que me estremece, y de pronto salté de la cama y tuve la necesidad imperiosa de ir a Misa y fui. Nunca me había sucedido… Luego de haber pasado tantas horas con Jesús y María el fin de semana, me estaban haciendo falta el silencio, la oración y la comunión… no lo puedo explicar… 

Gracias de nuevo por todo. ¡Me quedo esta semana con lo que me has enviado de PdV para poner en práctica!

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de de Vida de marzo («Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renueva en mi interior un espíritu firme», Sal 51, 12), la de febrero («Haced todo con amor», 1 Co 16, 14) y la de enero («Amarás al Señor tu Dios… y a tu prójimo como a ti mismo», Lc 10, 27):

 

1.-        “solo quiero agradecerte por tu dedicación compartiendo tantas experiencias del dolor vivido en Unidad, que nos ayuda tanto a seguir adelante.

Yo estoy pasando por un periodo de gran dolor: una preciosa sobrinita ha desarrollado una anorexia después de haber estado sufriendo acoso en su colegio durante años; está desarmonizando a toda la familia; yo trato de estar ahí para todo lo que necesitan, no es fácil mantener la esperanza y la confianza... entonces, intensifico mi oración y le pido a Dios la gracia de la fortaleza.

Por otra parte con mi hijo, ya adulto, estoy viviendo un periodo difícil: tiene TDAH y la vida, a veces, se le presenta difícil a nivel laboral y de relación con su pareja.

Te aseguro vivir todo esto también ofreciendo por tantas dificultades de otras personas, por el Papa, y por la ansiada Paz en el mundo.

GRACIAS por tu perseverancia.

 

2.-        “ tengo un empleado que al final creo que no nos es adecuado porque no acaba de encajar y, consecuentemente, no rinde; antes de decirle que lo vamos a tener que despedir, estoy buscándole posibles empleos adecuados donde pueda desarrollar con más provecho sus capacidades.

 

3.-        “… trabajo como sanitaria y algunos compañeros a veces se quejan de personas que vienen de otros países sabiendo todos sus derechos, pero aparentemente sin aportar mucho aquí, costando mucho dinero a la sociedad de nuestro país. Estos colegas viven un poco amargamente su trabajo con esa actitud.

Yo, en cambio, trato de acoger a estas personas foráneas y ponerme en su lugar, pues algunos verdaderamente son supervivientes. A diferencia de ellos, yo tengo una situación cómoda relativamente y estos compañeros también; vivo feliz, sin excesivos problemas y trato de hacerme idea de todos los que tienen esas situaciones precarias y casi desesperadas; yo no he tenido una vida que sea cúmulo de problemas y no sé qué hubiera hecho en ese caso. Sí, trato de decirles que también tienen deberes para con la sociedad que les acoge, y que todo esto es fruto de una historia trabajosa y de mucho dinero y esfuerzo.

Por otro lado, a la vez trato de hacer ver a los compañeros que deben ponerse en el lugar de los que tienen situaciones tremendas….

 

4.-        “ en el trabajo tuve una situación para resolver junto con un compañero y le mandé un correo-e. Él me contestó y cogió “fijación” contra una de mis expresiones. Me sentó muy mal y, en ese momento, me lo hubiera comido vivo, pero me acordé del “corazón nuevo” de la PdV y de que hay que perdonar. No “entré al trapo”. A los 20 segundos se me pasó. No obstante, para evitar cualquier nuevo malentendido, le respondí, (no había excesiva prisa), a los dos días cuando ambos estuviéramos calmados.

 

Si quieres leer más experiencias similares, 

de gente de todo el mundo,

puedes encontrarlas “pinchando” AQUÍ o AQUÍ

o también AQUÍ

 

 

 


 

viernes, 1 de marzo de 2024

CREA EN MÍ UN NUEVO CORAZÓN

 PALABRA DE VIDA                               marzo 2024

 


«Crea en mí, oh Dios, un corazón puro,

renueva en mi interior un espíritu firme»

(Sal 51, 12)

 

La frase de la Escritura que se nos propone en este tiempo cuaresmal forma parte del salmo 51, donde encontramos, en el versículo 12, una invocación ardiente y humilde: «Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renueva en mi interior un espíritu firme». El texto que la contiene es conocido como el Miserere. En él, la mirada del autor empieza explorando los escondrijos del alma humana para captar sus fibras más profundas, las de nuestra profunda ineptitud frente a Dios y, a la vez, el insaciable anhelo de plena comunión con Aquel de quien procede toda gracia y misericordia.

 

«Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renueva en mi interior un espíritu firme».

 

El salmo se inspira en un episodio muy conocido de la vida de David. Este, llamado por Dios a cuidar del pueblo de Israel y a guiarlo por los caminos de la obediencia a la Alianza, transgrede su misión: después de haber cometido adulterio con Betsabé manda matar en batalla al marido de aquella, Urías el hitita, oficial de su ejército. El profeta Natán le desvela la gravedad de su culpa y lo ayuda a reconocerla. Es el momento de confesar su pecado y reconciliarse con Dios.

                                              

«Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renueva en mi interior un espíritu firme».

 

El salmista pone en boca del rey invocaciones muy fuertes pero que brotan de su arrepentimiento profundo y de la total confianza en el perdón de Dios: «borra», «lávame», «purifícame». En el versículo que nos interesa, usa en particular el verbo «crea» para indicar que la completa liberación de las debilidades del hombre únicamente es posible para Dios. Es la consciencia de que solo Él puede hacernos criaturas nuevas de «corazón puro», llenarnos de nuevo de su espíritu vivificante, darnos la verdadera alegría y transformar radicalmente nuestra relación con Dios (el «espíritu firme») y con los demás seres vivos, con la naturaleza y con el cosmos.

 

«Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renueva en mi interior un espíritu firme».

 

¿Cómo poner en práctica esta palabra de vida? El primer paso será reconocernos pecadores y necesitados del perdón de Dios, con una actitud de ilimitada confianza en Él.

Puede ocurrir que nuestros errores recurrentes nos desalienten, nos encierren en nosotros mismos. Entonces es necesario dejar entreabierta, al menos un poco, la puerta de nuestro corazón. Escribía Chiara Lubich al inicio de los años 40 a una persona que se sentía incapaz de superar sus miserias: «Hace falta quitarse del alma cualquier otro pensamiento. Y creer que Jesús se ve atraído a nosotros solo por la exposición humilde, confiada y amorosa de nuestros pecados. Nosotros, por nosotros mismos, no tenemos ni hacemos otra cosa que miserias. Él, por sí mismo y con respecto a nosotros, no tiene más que una cualidad: la Misericordia. Nuestra alma solo se puede unir a Él ofreciéndole como regalo, como único regalo, ¡no nuestras virtudes sino nuestros pecados! […] Si Jesús vino a la tierra, si se hizo hombre, si algo ansía […] es solo ¡hacer de Salvador, hacer de Médico! Nada más desea»[1].

 

«Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renueva en mi interior un espíritu firme».

 

Luego, una vez liberados y perdonados, y contando con la ayuda de los hermanos –porque la fuerza del cristiano viene de la comunidad–, pongámonos a amar concretamente al prójimo, quienquiera que sea. «Lo que se nos pide es ese amor mutuo a base de servicio, de comprensión y participación en los dolores, las ansias y alegrías de nuestros hermanos; ese amor que todo lo cubre, que todo lo perdona, propio del cristiano»[2].

Y el papa Francisco dice: «El perdón de Dios […] es el signo más grande de su misericordia. Un don que cada pecador perdonado está llamado a compartir con cada hermano o hermana con quien se encuentra. Todos aquellos que el Señor nos ha puesto al lado –los familiares, los amigos, los compañeros, los parroquianos…–, todos, como nosotros, necesitan la misericordia de Dios. Es bonito recibir el perdón, pero también tú, si quieres ser perdonado, debes a tu vez perdonar. ¡Perdona! […] para ser testigos de su perdón, que purifica el corazón y transforma la vida»[3].

 

AUGUSTO PARODY y el equipo de la Palabra de vida



[1] C. Lubich, El primer amor. Cartas de los inicios (1943-1949), Ciudad Nueva, Madrid 2011, pp. 122-123.

[2] C. Lubich, Palabra de vida, mayo de 2002: Ciudad Nueva 387 (5/2002), p. 24.

[3] Francisco, Audiencia general, 30-3-2016: La ternura de un Padre. Catequesis en el Año Santo de la Misericordia, Ciudad Nueva, Madrid 2016, p. 101.

jueves, 29 de febrero de 2024

AMA A DIOS Y CONFÍA EN ÉL CON ALEGRÍA

 VIDA DE LA PALABRA                   últimas semanas de FEBRERO


 

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de febrero («Haced todo con amor», 1 Co 16, 14) y la de enero («Amarás al Señor tu Dios… y a tu prójimo como a ti mismo», Lc 10, 27):

1.-        Hace unas semanas me sorprendió una foto de mi madre que me mandó mi sobrina: ¡iba con un sombrero y gafas de carnaval! Ella, que, (igual que mi padre), nunca habían querido participar en esos festejos, para no perder la cercanía con la Cuaresma. ¡A sus 85 años, lo que hace una madre, -o más bien lo que deja que le hagan-, para que sus nietos y bisnietos estén contentos y divertidos y cerca de ella! San Pablo decía a los Corintios: “me hago todo a todos, para ganar, sea como sea a algunos”.

            Siempre he tratado de hacerlo. Pero esta anécdota, (junto con la PdV, “haced todo por amor”), me ha ayudado en muchos momentos de estas semanas a seguir poniéndome en el lugar de la persona que tengo delante, para participar de sus alegrías y desafíos, de sus problemas, dolores e ilusiones, haciéndolos todavía más míos, para así, cuando yo voy delante del Señor, ponerlos también a ellos más conscientemente.

 

2.-        Recién iniciada la Cuaresma tuve la oportunidad de una peregrinación al Rocío. Las casi siete horas de bus las aproveché para moverme e ir saludando unos minutos a cada viajero, para rezar varias partes del Rosario (además del que rezamos en grupo) y para telefonear distendidamente a varias personas con las que tenía pendiente una buena conversación.

            Al día siguiente, la caminata de 16 km. con la hermandad con la que iba. Aparte de comentarios y saludos, aproveché para ir alabando a Dios por la naturaleza y el cielo (y agradeciendo mucho porque llovió 3 y 4 días antes, con lo cual el polvo estaba bastante asentado). Medité también varias partes del Rosario.

            A mitad de trayecto, empecé a notar molestias en el bajo estómago, delante de la articulación de la pierna derecha, (quizá una cruralgia que padecí hace años). Buena oportunidad de ofrecer no solo la caminata: ¡estamos en Cuaresma! Tras una parada para rezar el Angelus y un buen tentempié, se me agudizó. Fue entonces cuando comencé a percatarme, (quizá porque miraba más hacia abajo que hacia el cielo y los árboles), que, aunque todo el trayecto estaba bastante limpio, de vez en cuando aparecían algunos envoltorios y botellas de plástico. Vi luego también una lata y me vino la idea de recogerla, pero pensé que si me agachaba, el dolorcillo se incrementaría. Recordé que me había echado en el bolsillo trasero de los vaqueros un guante de plástico para no sabía qué eventualidad. “¿Quizá querías, Señor, que limpiara tu Creación?”. Estaba casi decido por el “no”, pero cuando vi de nuevo otra lata, le dije: “por Ti, Señor”. La recogí. Y luego una botella aplastada. Y luego otra. Lo iba tirando en el cubo de basura de la trasera de la “carriola”, (una especie de remolque tirado por tractor, que hacía de “coche escoba” para los que no podían caminar): llené casi medio. Y, paradójicamente, ¡me desapareció el dolor! “¡Hay que ver, Señor, qué grande que eres: yo te ayudo en la Creación limpiándola, y Tú me quitas el dolorcillo!”. Algunos de los caminantes se extrañaba de mis agacharme y levantarme y me preguntaba o medio se reían diciendo que “¡hay que ver qué poco cuidado la gente!”. Otro, en cambio, sí recogió 3 ó 4 vasos o botellas de plástico el ratio que iba a mi par hablando conmigo. Una señora mayor, mi paisana, se le ocurrió: “no me puedo agachar, pero el año que viene todos podemos traer unas pinzas largas o un bastón con pincho y guantes y una bolsita y todos podríamos hacer algo ecológico en la peregrinación!”.

 

2b.-     Todo ello no impidió que, con 4 ó 5 de las muchas personas a las que me acerqué para cruzar unas palabras, tuviéramos una profunda conversación en la que, además, me contaron su trayectoria de fe y me hizo valorarlas más y admirarme de la historia de amor personal tan diferente que Dios (y también su Madre, la Virgen) van teniendo con cada uno. Me sorprendió también alguna que parecía que le molestara que le preguntara “¿qué tal el camino?”: luego supe que 3 ó 4 personas habían hecho el ofrecimiento penitencial de “silencio durante todo el camino”. Incluso, ya entrando en la aldea del Rocío, una persona quiso recibir el sacramento de la Reconciliación y me llenó de alegría poder ejercer el ministerio por fin.

            Traté de “hacerme uno” con la emoción de los peregrinos cuando estaban entrando en la basílica del Rocío, para participar de sus sentimientos. Me sorprendió la imagen de la Virgen, con anillos en cada dedo, y mucha gente con lágrimas mirándola y supongo que musitando interiormente una plegaria.

 

2c.-      Una vez allí, (aparte de nuestro grupo, cientos de personas entrando y saliendo), logré encontrar la capilla del Santísimo Sacramento: me edificó una ancianita rezando allí en medio de todo el ruido de peregrinos y turistas. Después de ducharme, volví ante el Sagrario: de nuevo solo una persona, un cordobés treintañero que, al verme, a los pocos instantes, me pidió confesión: rato largo y profundo conversando. Me llenó de ilusión ver que el Señor sigue tocando los corazones hoy día. El rezo del Rosario ya anochecido, con velas y antorchas, cientos de personas pisando la arena de las calles, fue también muy emotivo.

A la mañana siguiente, antes de celebrar la Misa, volví de nuevo a la capilla del Sagrario: esta vez estuve yo solo. Ya luego la celebración eucarística, muy bien cuidada, traté de vivirla en profunda unión con Dios, como haría la Virgen, y, a la vez, tratando de dar voz a las vivencias de todos esos días.

 

 

3.-        Además de rezar y pedir, esta semana quería descansar bien para estar fresco y despejado para acompañar bien los Ejercicios Espirituales que comienzan esta tarde.

Estaba anteayer por la tarde con una persona e, imprevistamente, tuve que llevarla a urgencias de su Centro de Salud y de allí nos derivaron a otro Centro en Madrid. Lo hice con sumo gusto y paz, (aunque yo no “carburo” de noche). Dentro de su malestar, decía de vez en cuando, “gracias”, “lo siento”; yo le contestaba, “por lo primero, gracias sobre todo también a Dios; por lo segundo, ¡ni lo digas, pues no tienes culpa!”. En el segundo Centro, a cada una de las personas que nos iban atendiendo, les pregunté el nombre para luego ir dándoles las gracias, mirando a los ojos y con una sonrisa y añadiendo su nombre, a cada servicio que le hacían: levantaban la cabeza sorprendidos y con cara como de agradecimiento.

Total, me acosté a las 2:05 a.m. Y ayer por la mañana, (al revés de los últimos días, que me levantaba cansado), me desperté temprano y despejado.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de febrero («Haced todo con amor», 1 Co 16, 14), la de enero («Amarás al Señor tu Dios… y a tu prójimo como a ti mismo», Lc 10, 27) y la de diciembre («Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros», 1 Ts 5, 16-18):

1.-        “… en esta época que he estado enfermo y hospitalizado agradezco al personal hospitalario lo que han hecho conmigo y, se notaba claramente en algunos de ellos que era la fe lo que, además de su profesionalidad, les movía. Les estoy muy agradecido a cada uno, y así se lo mostraba cada vez con una palabra o con un gesto y dando siempre las gracias. Lo mismo también con mi madre, que andaba muy preocupada y yo le daba ánimo y trataba de ser optimista por ella. Pequeñas cosas, que cuestan muy poco, pero que en un momento dado pueden ayudar muchísimo, tanto las que yo he recibido como las que he tratado de mostrar….

 

2.-                    Hace unos 6 meses: Paco, la enfermedad de mi marido ha vuelto y con fuerza, se le ha reproducido por varias zonas del cerebro y es inoperable, ayer empezó con la quimio, pero si Dios no hace un milagro bien grande esto tiene mala pinta. Mi marido está muy animado, como siempre, gracias a Dios, estamos muy sostenidos por Jesús y María, pero la verdad es que es muy duro todo esto. Tenemos que tener mucha fe y seguir rezando sin cansarnos.

         Hace unas 5 meses: 2 añitos ya, (gracias por acordarte y por la felicitación), ¡está precioso nuestro séptimo hijo!, y 2 años, a la vez, también del inicio de la enfermedad de mi marido...: se encuentra bien, gracias a Dios, muy animado y abandonado a la voluntad de Dios; la quimio le sentó muy bien: no tuvo muchos efectos secundarios; le llevé al neurocirujano que le operó para pedir una segunda opinión y nos confirmó que estaba muy extendido… si Dios no hace un milagro puede que ni siquiera termine el año. Así que intensificamos oraciones y fe y abandono en Dios que cuida de nosotros cada día y nos acompaña sin dejarnos un momento. Sigo rezando la estampa de Luminosa cada noche y sigo viendo “señales de rosas”.

 

                        Hace unos 4 meses: mi marido, estable gracias a Dios. Sigue abandonado en las manos de Dios y muy sostenido. Yo estando él bien, fenomenal, y también sintiendo a Dios muy de cerca: un privilegio muy grande. Los niños, contentos y entretenidos con el cole. Les explicamos todo con mucha naturalidad y pedimos a la Sagrada Familia que les sostenga también. Así que, en las mejores manos.

 

            Hace unos 3 meses: mi marido luchando como un campeón. Muy abandonado-confiado y con mucha Paz. Yo también: en los momentos de miedo, me agarro fuertemente a las manos de Jesús y María y ellos me ayudan y guían. Los niños entretenidos en el cole, con exámenes y también rezando mucho por papá

Me he metido en un grupo para orar exclusivamente por la santidad y las necesidades de todos los Sacerdotes…, pero me acordaré especialmente de ti….

 

            Hace 3 meses, domingo de Jesucristo Rey del Universo: pedimos entonces también por tu madre especialmente, Paco.

Dios también le da una Gracia especial a mi marido para ir a Misa y comulgar a diario: hay días que no se encuentra bien y justo para la hora de la Misa saca una fuerza especial para levantarse y poder ir y participar.

Mándale un abrazo muy fuerte de nuestra parte a tu madre, por favor.

¡¡Y viva Cristo Rey!!….

 

            Hace 6 días: con el corazón destrozado y el alma hecha pedazos os escribo para deciros que mi marido, el amor de mi vida y maravilloso papá de nuestros 6 hijos y el que está ya en el Cielo, partió anoche hacia la Casa del Padre. Pedimos, por favor, una oración, ofrecer una misa por su alma, o ganar una indulgencia, para que llegue al Cielo lo antes posible. Os agradecemos infinitamente todas las oraciones y muestras de amor recibidas a lo largo de los dos años y medio de toda la enfermedad y en estos momentos. Damos gracias a Dios por la vida de mi marido y por habernos sostenido y acompañado en todo momento y confiamos en que lo seguirá haciendo..

 

            Hace 5 días: muchas gracias de corazón a todos. En el velatorio he visto la mayor señal de rosas, desde que empezó la enfermedad de mi marido: hemos recibido un montón de flores y, en la mayoría, ¡rosas de todos los colores!: lo siento, decía Luminosa, como una prueba del Cielo de que nuestras súplicas están siendo escuchadas y la gracia va a ser concedida.

Mi insistencia era la sanación de la enfermedad de mi marido, pero el verdadero milagro realmente es que estoy segura de que este camino de enfermedad en unidad con tantas personas maravillosas, junto a Luminosa, los Santos de nuestra devoción, Nuestra Bendita Madre, nuestras queridas almas del purgatorio y Nuestro Pastor y Salvador Jesús, que nos ha llevado de la mano en todo momento y nos ha levantado en todas nuestras caídas, le va a abrir las puertas del Cielo a mi marido ¡y ese es realmente el milagro que esperábamos y lo mejor que le podía pasar a mi marido y nos podía pasar en nuestras vidas! ¡Bendito sea Dios y que os bendiga a todos!.

 

            Hace 4 días: muchas gracias de corazón, Paco: mi marido ya está en las Puertas del Cielo, estoy segura, y nuestro querido Jesús se las va a abrir para siempre y nos va a ayudar desde allí… Muchísimas gracias por todo. No es necesario que vengas tan lejos. Todas estas Misas que estás celebrando allí ofreciendo por él y oraciones llegan directas al Cielo y son lo más importante, gracias infinitas: mi marido tiene que estar tan feliz como yo lo estoy; ¡qué regalo tan maravilloso! ¡Millones de gracias, Paco!”.

 

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