miércoles, 15 de junio de 2022

NUESTRO ÚNICO BIEN

Ofrezco estos textos que nos ayuden a profundizar y retomar con más intensidad la Palabra de Vida de este mes de junio: («Tú eres mi Señor, mi bien, nada hay fuera de Ti», Sal 16, 2).

 


 

NUESTRO ÚNICO BIEN

 …también verificando, durante el día, por medio de alguna brevísima oración, si nuestro corazón está realmente orientado hacia Él, si es Él el Ideal de nuestra vida; si reina en nosotros, en todo nuestro ser…; si lo ponemos realmente en el primer lugar de nuestro corazón; si lo amamos sinceramente con todo nuestro ser.

Me refiero a esas orientaciones rápidas que la Iglesia aconseja especialmente a los que están en medio del mundo y no tienen tiempo de rezar mucho. Son como flechas de amor que parten de nuestro corazón hacia Dios; como dardos de fuego: las llamadas «jaculatorias», que etimológicamente significan precisamente dardos, flechas. Estas sirven magníficamente para enderezar el corazón hacia Dios.

En la liturgia de la Misa hay un versículo que se puede considerar como una jaculatoria, muy bonito. Dice: «Tú eres, Señor, mi único bien» (cfr. Sal 16, 2).

Trataremos de repetirlo durante el día, sobre todo cuando los apegos de vario tipo quieran arrastrar nuestro corazón detrás de cosas, de personas o de nosotros mismos. Digamos: «Tú eres, Señor, mi único bien», no esa cosa, no esa persona, no yo mismo; «Tú eres mi único bien», ninguna otra cosa. Esto es lo que quiero y vuelvo a elegir ahora: «Tú, mi único bien».

Tratemos de repetirlo cuando la agitación o la prisa nos llevaría a hacer mal la voluntad de Dios del presente: «Tú eres, Señor, mi único bien, por tanto


mi bien es tu voluntad, no lo que yo quiero».

Cuando la curiosidad o las ganas de consolación, nos lleve a querer conocer con anticipación a personas o cosas, «Tú eres, Señor mi único bien, no aquello de lo que mi avidez y mi orgullo querrían saciarme».

Tratemos de repetirlo frecuentemente y así nos sentiremos unidos a Dios y llenos de Él y pondremos y volveremos a poner la base de nuestro verdadero ser, de nuestro testimonio necesario, primer acto de evangelización. De esta manera todo irá bien en la vida, en el sentido justo.

Entonces, cuando hablemos, no diremos sólo palabras, o peor, habladurías, sino que serán dardos sobre las almas para que se abran al amor, para que acojan a Jesús.

Probemos. Descubriremos que esas pocas palabras, («Tú eres, Señor, mi único bien»), han sido una medicina para vuestra alma, un tónico; como diría Santa Catalina de Siena: «Han hecho que nuestra alma sea una lámpara derecha».

«Tú eres, Señor, mi único bien».

CHIARA LUBICH, Nuestro único Bien, en Revista “Ciudad Nueva”, Madrid, mayo 1992, pág. 26-27.

 

 

 

 

ESCUCHAR PROFUNDAMENTE

 Cuando escuchamos al otro por amor, la escucha se convierte en un acto de comunión fraterna. Hacemos un vacío en nosotros que se llena del otro. Él, a su vez nos da todo lo que hay en su corazón en ese momento: angustias y dolores, pero también sus alegrías y logros.

Escuchar profundamente es lo mismo que hacer una comunión de vida.

La escucha implica también una gran actitud de inclusión, de superación de los prejuicios y de aceptación de las diferencias.

Escuchamos profundamente cuando somos capaces de escuchar hasta que termine el otro incluso opiniones contrarias a la nuestra, cuando dejamos que el otro se exprese completamente.

Para hoy nuestro propósito puede ser: “hacerse uno” escuchando profundamente a todos.

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra diario, 8 junio

 

 

 

 

ESCUCHAR HASTA EL FINAL

 Al “hacerse uno”, hay que estar totalmente y durante todo el tiempo desapegado de uno mismo.

De hecho, hay –nosotros lo sabemos– quien, por apego a sí mismo o a alguna otra cosa, no escucha hasta el fondo al hermano, no “muere” del todo en el hermano y quiere dar respuestas que ha ido recogiendo en su cabeza…, que no son sugeridas por el Espíritu Santo, que es el que puede dar la vida o aumentarla en el hermano.

Por otro lado, está el que, amante apasionado de Jesús Abandonado, escucha a su hermano hasta el final, sin preocuparse por la respuesta, que Él le dará al final y resumirá en palabras cortas, o en una, todo lo que necesita esa alma. 

MICHEL VANDELEENE, Yo-el hermano-Dios. En el pensamiento de Chiara Lubich, Ed. Città Nuova

 


martes, 31 de mayo de 2022

LO ÚNICO NECESARIO

 PALABRA DE VIDA                               julio 2022


«Solo una cosa es necesaria»

(Lc 10, 42) 

Jesús va camino de Jerusalén, donde ya está a punto de cumplirse su misión, y se detiene en un pueblo, en casa de Marta y María. El evangelista Lucas describe así la acogida que le reservan a Jesús las dos hermanas: Marta, que desempeña el papel tradicional de señora de la casa, «estaba atareada en muchos quehaceres» (Lc 10, 40)[1] propios de la hospitalidad, mientras que María, «sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra» (v. 39). La atención de María se opone a la agitación de Marta; y, en efecto, a sus quejas por haberse quedado sola sirviendo, Jesús replica: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no le será quitada» (vv. 41-42)[2]. Este pasaje se sitúa entre la parábola del buen samaritano –tal vez la página más elevada en relación con la caridad hacia el prójimo– y esa otra en la que Jesús enseña a sus discípulos cómo rezar –seguramente la página más elevada en la relación con Dios-Padre–, lo que constituye casi el justo medio entre el amor al hermano y el amor a Dios.

 

«Solo una cosa es necesaria».

 

Las protagonistas de este pasaje del Evangelio son dos mujeres. El diálogo que se desarrolla entre Jesús y Marta describe su relación de amistad, que le da pie a esta a lamentarse ante su Maestro. Pero ¿cuál es el servicio que Jesús desea? Lo que Él desea es que Marta no se afane, que salga del papel tradicional asignado a las mujeres y se ponga también ella a escuchar su Palabra, como María, que adopta una nueva categoría, la de discípula. A menudo se ha reducido el mensaje de este texto a una contraposición entre la vida activa y la vida contemplativa, casi como dos enfoques religiosos alternativos. Pero tanto Marta como María aman a Jesús y quieren servirle. De hecho el Evangelio no dice que sea más importante orar y escuchar la Palabra que la caridad; lo que hace falta más bien es encontrar el modo de unir estos dos amores indisolublemente. Dos amores –el amor a Dios y el amor al prójimo– que no se contraponen, sino que son complementarios, porque el Amor es uno.

 

«Solo una cosa es necesaria».

 

Así pues, falta por entender bien qué es lo único necesario. En esto nos puede ayudar el inicio de la frase: «Marta, Marta…» (v. 41). La repetición del nombre, que puede sonar casi como anunciadora de un reproche, en realidad responde a la modalidad propia de la «llamada-vocación». O sea, parece que Jesús llama a Marta a un nuevo modo de relacionarse, a tejer un vínculo que no sea el de una servidora sino el de una amiga que entra en una relación profunda con Él. Escribe Chiara Lubich: «Jesús se valió de esta circunstancia para explicar lo más necesario en la vida del ser humano. […] Escuchar la Palabra de Jesús. Y para Lucas, que escribió este pasaje, escuchar la Palabra significa también vivirla. […] Y esto es lo que tienes que hacer también tú: acoger la Palabra y dejar que obre en ti una transformación. No solo eso, sino permanecer fiel a ella, guardándola en el corazón para que modele tu vida, como la tierra guarda en su seno la semilla para que germine y dé fruto. O sea, dar frutos de vida nueva, efectos de la Palabra»[3].

 

«Solo una cosa es necesaria».

 

¡Cuántas ocasiones tenemos también nosotros de acoger al Maestro en la intimidad de nuestra casa, precisamente como Marta y María, a cuyos pies podemos ponernos a escucharlo como auténticos discípulos! Con frecuencia, la ansiedad, la enfermedad, las obligaciones e incluso las alegrías y satisfacciones nos distraen, en la vorágine de tantas cosas por hacer, y no nos dejan tiempo para detenernos a reconocer al Señor ni para escucharlo.

Esta Palabra es una ocasión excelente para ejercitarnos en elegir la mejor parte, es decir, escuchar su Palabra y así adquirir la libertad interior que nos lleva a actuar en consecuencia en nuestra vida diaria: una acción que es fruto de una relación de amor que da sentido al servicio y a la escucha.

 

LETIZIA MAGRI

 

 



[1] Lc 10, 40. El verbo perispáomai tiene dos sentidos: puede significar «estar completamente ocupado, estar fuertemente sobrecargado» o bien «estar distraído».

[2] En estos versículos seguimos la Biblia de la CEE en lugar de la Biblia de Jerusalén porque se acerca más a la versión italiana.

[3] C. Lubich, Palabra de vida, julio 1980, en Ead., Palabras de vida/1, Ciudad Nueva, Madrid 2020, pp. 181-182.



TU SEÑOR ERES MI BIEN

 PALABRA DE VIDA                      junio 2022

 


«Tú eres mi Señor, mi bien, nada hay fuera de Ti» (Sal 16, 2). 

La Palabra de Vida de este mes está sacada del libro de los Salmos, que recoge las oraciones por excelencia, inspiradas por Dios al rey David y a otros orantes para enseñarles cómo dirigirse a Él. En los Salmos todos tenemos nuestro sitio, pues tocan las cuerdas más íntimas del alma, expresan los sentimientos humanos más profundos e intensos: la duda, el dolor, la ira, la angustia, la desesperación, la esperanza, la alabanza, el agradecimiento, la alegría. Por eso los puede pronunciar cualquier hombre y mujer de toda época y cultura y en cualquier momento de la vida.

 

«Tú eres mi Señor, mi bien, nada hay fuera de Ti».

 

El salmo 16 era el preferido de muchos autores espirituales. Por ejemplo, santa Teresa de Jesús comentaba: «Quien a Dios tiene nada le falta: solo Dios basta». El padre Antonios Fikri, teólogo de la Iglesia Ortodoxa, señalaba: «Este es el salmo de la resurrección, por eso la Iglesia lo reza en las primeras horas […], ya que Jesús resucitó al alba. Este salmo nos da esperanza en nuestra herencia eterna, y por eso lo encontramos bajo el título de “dorado”: quiere decir que es una palabra de oro, una joya de la Sagrada Escritura».

Hagamos la prueba de repetirlo pensando en cada palabra:

 

«Tú eres mi Señor, mi bien, nada hay fuera de Ti».

 

Esta oración nos envuelve, sentimos que la presencia activa y amorosa de Dios comprende todo nuestro ser y el de la creación, percibimos que Él recoge nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro. En Él encontramos la fuerza para afrontar con confianza los sufrimientos que nos asaltan por el camino y la serenidad para elevar la mirada, más allá de las sombras de la vida, a la esperanza.

Entonces, ¿cómo podremos vivir la Palabra de Vida de este mes? Esta es la experiencia de C. D.: «Hace algún tiempo empecé a sentirme mal, por lo que me sometí a una serie de pruebas médicas que requerían largos tiempos de espera. Al final, cuando me enteré de lo que tenía, la enfermedad de Parkinson, ¡fue un duro golpe! Tenía 58 años, ¿cómo era posible? Me preguntaba: ¿por qué? ¡Soy profesor de Ciencias Motoras y Deportivas, la actividad física es parte de mí! Me parecía perder algo demasiado importante. Pero volví a pensar en la elección que había hecho cuando era joven: “Tú, Jesús abandonado, eres mi único Bien”. Gracias a los fármacos, pronto empecé a sentirme mucho mejor, pero no sé exactamente lo que me sucederá. He decidido vivir el momento presente. Tras el diagnóstico se me ocurrió escribir una canción, cantarle a Dios mi sí: ¡el alma se llena de paz!».

La frase de este salmo también había tenido una resonancia especial en el alma de Chiara Lubich, que escribió: «Estas sencillas palabras nos ayudarán a tener confianza en Él, nos entrenarán a convivir con el Amor, y así, estando cada vez más unidos a Dios y llenos de Él, pondremos una y otra vez las bases de nuestro verdadero ser, hecho a su imagen»[1].

Unámonos, pues, en este mes de junio, para elevar a Dios esta «declaración de amor» a Él e irradiar paz y serenidad en nuestro entorno.

 

LETIZIA MAGRI

 

 



[1] C. Lubich, Palabra de vida, junio de 2001: Ciudad Nueva n. 378 (7/2001), p. 25.


domingo, 1 de mayo de 2022

MANDAMIENTO NUEVO


PALABRA DE VIDA                     mayo 2022

 


«Os doy un mandamiento nuevo:

que os améis los unos a los otros»

(Jn 13, 34)

 

Estamos en el momento de la última cena. Jesús, sentado a la mesa con sus discípulos, acaba de lavarles los pies. Dentro de unas horas será arrestado, condenado a muerte y crucificado. Cuando el tiempo se acorta y la meta se acerca, se dicen las cosas más importantes: el «testamento».

En este contexto, en lugar de la institución de la Eucaristía, el Evangelio de Juan relata el lavatorio de los pies. Y a la luz de este hay que entender el mandamiento nuevo. Jesús actúa primero y enseña después, y por eso su palabra es autorizada.

El mandamiento de amar al prójimo ya estaba presente en el Antiguo Testamento: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Lv 19, 18). Pero Jesús ilumina un aspecto nuevo de este, la reciprocidad: es el amor mutuo lo que crea y distingue a la comunidad de sus discípulos.

Este tiene su raíz en la misma vida divina, en la dinámica trinitaria que el ser humano está habilitado a compartir gracias al Hijo. Lo ejemplifica Chiara Lubich con una imagen que nos puede iluminar: «Jesús, cuando vino a la tierra, no vino de la nada, como cada uno de nosotros, sino que vino del Cielo. E igual que un emigrante, cuando va a aun país lejano, se adapta al nuevo entorno pero lleva consigo sus usos y costumbres y sigue hablando su lengua, también Jesús se adaptó en la tierra a la vida de los hombres, pero, por ser Dios, trajo el modo de vivir del Cielo, de la Trinidad, que es amor, amor recíproco»[1].

 

«Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros».

 

Aquí entramos en el núcleo del mensaje de Jesús, que nos lleva a la lozanía de las primeras comunidades cristianas y que a día de hoy puede seguir siendo el distintivo de todos nuestros grupos y asociaciones. En un ambiente en que la reciprocidad es una realidad viva, experimentamos el sentido de nuestra existencia, encontramos la fuerza para seguir adelante en los momentos de dolor y de sufrimiento, nos sentimos sostenidos en las inevitables dificultades y saboreamos la alegría.

Cada día nos enfrentamos a muchos desafíos: la pandemia, la polarización, la pobreza, los conflictos. Imaginemos por un instante lo que sucedería si consiguiésemos poner en práctica esta Palabra en el día a día: nos encontraríamos ante nuevas perspectivas, se abriría ante nuestros ojos el proyecto de la humanidad, motivo de esperanza. Pero ¿quién nos impide reavivar esta Vida en nosotros y reactivar a nuestro alrededor relaciones de fraternidad que se extiendan hasta llenar el mundo?

 

«Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros».

 

Marta es una joven voluntaria que ayuda a las personas detenidas a preparar los exámenes universitarios. «La primera vez que entré en la cárcel me encontré con personas llenas de miedos y fragilidades. Intenté entablar una relación ante todo profesional y luego de amistad, basada en el respeto y la escucha. Pronto comprendí que no era yo la única que ayudaba a los presos, sino que también ellos me sostenían a mí. Una vez, mientras ayudaba a un estudiante para un examen, perdí a una persona de mi familia, y a él le confirmaron la condena en el tribunal de apelación. Los dos estábamos en muy malas condiciones. Durante la clase me daba cuenta de que él incubaba un gran dolor, que fue capaz de contarme. Llevar juntos el peso de aquel dolor nos ayudó a seguir adelante. Al final del examen vino a darme las gracias, y me dijo que sin mí no lo habría conseguido. Por un lado yo había perdido a alguien de mi familia, pero por otro lado sentía que había salvado una vida. Comprendí que la reciprocidad permite crear relaciones verdaderas, de amistad y de respeto».

 

LETIZIA MAGRI

 



[1] C. Lubich, María, transparencia de Dios, Ciudad Nueva, Madrid 2003, pp. 83-84.

sábado, 30 de abril de 2022

TESTIMONIAR CON LA VIDA

 VIDA DE LA PALABRA                        últimas semanas de ABRIL

 

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de abril («Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación», Mc 16, 15) y la de marzo («Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden», Mt 6, 12):

1.-        Estas semanas en la parroquia ha habido que escribir varias cartas o correos electrónicos y me parecía más bonito, (para que fuera auténticamente “id… y proclamad…”, pues Jesús no decía “ve… y proclama…”), que no fuera sólo algo mío, sino de los dos sacerdotes que conformamos el equipo parroquial. Incluso alguna de esas cosas requería algo de urgencia y me venía la tentación de simplemente firmar yo y enviar rápido, pero calmaba mi impaciencia y esperaba a que nos viéramos (o le enviaba por correo el texto), para que él considerara si añadir, quitar o corregir algo. Ya decía S. Agustín: “más vale lo menos perfecto en unidad, que lo más perfecto cada uno por su cuenta”. Así, la “perfección” de urgencia o rapidez, quedaba superada y mejorada por la unidad, que hace posible el “donde dos o más… allí estoy Yo...”.

 

2.-        El Jueves Santo tarde-noche y el Viernes Santo por la mañana estuve varias horas ante Jesús sacramentado en el Monumento de nuestra parroquia. “Gotita a gotita” fue pasando bastante gente a estar con Él su buen ratito cada uno.

            Me di cuenta que a algunas personas yo no las conocía, y entonces como que noté en el corazón “id… y proclamad…” y, aunque me costaba “dejar” a Jesús-Eucaristía en unos momentos como esos álgidos de Semana Santa, salía yo un instante de la iglesia para saludar y conocer a esas personas, (¡para “ver” a Jesús en ellos y ser yo tangibilidad de “Su” acogida!).

Fueron encuentros bonitos: la mayoría eran matrimonios o familias enteras. La mayoría estaban cumpliendo la tradición de ir visitando a Jesús entre los oficios de Jueves y Viernes Santo en 7 monumentos distintos. Como por aquí no hay muchas iglesias relativamente cerca, les sugerí, por si no lo conocían (y así era), el Monumento en la capillita del Centro Mariápolis “Luminosa”, (que, además, cae dentro del término de nuestra parroquia). Muchos me agradecieron, tanto mi saludo como esa recomendación de un sitio cercano, (y me consta que luego fueron y les gustó mucho por su sencillez y austeridad, y por el ambiente joven que allí bullía esos días).

 

3.-        A una persona le ha gustado mucho la peli “La cabaña”, (¡¡os la recomiendo vivamente a todos!!), incluso la vuelve a ver de vez en cuando y siempre saca algo nuevo.

Basada en algo de esa película, (por cierto, yo tenía la peli, pero con el traslado no sé dónde quedó, para verla de nuevo o prestarla), estas últimas semanas de vez en cuando me manda este mensaje: “¿hoy (o esta tarde) no hay papi (papá)?”. Se refiere a un diálogo tú a Tú con Dios Padre que tiene entrañas de madre, Dios-Amor. Me viene genial ese recordatorio para sacar un rato extra de oración: le pongo un emoticono de manos juntas en cuando puedo contestarle, y así hacemos un rato de oración silenciosa unidos en la distancia.

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de abril («Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación», Mc 16, 15), la de marzo («Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden», Mt 6, 12) y la de febrero («Al que venga a Mí no lo echaré fuera», Jn 6, 37):

1.-        quería compartir contigo algo tan sencillo de cómo Dios nos sorprende en cosas pequeñas.

Solo puedo oír la Misa de la TV. Después de la Misa hay unos minutos de oración con Jesús-Eucaristía, que siempre agradezco. El día anterior, al ir a comprar al súper, encontré una oferta de bombillas de la larga duración al 70%  de su precio ¡y de marca!

Al día siguiente, antes de comenzar la Misa, me asaltaba la ansiedad de ir a comprar las bombillas: dejar la Misa y la oración con Jesús, y así no perder la oferta, pues si me retrasaba podían agotarse las existencias. Después de un rato de luchar con esta idea, era mejor estar con Jesús y el rato de oración. Lo dejé en las manos de Dios.

Fui cuando todo terminó y, con lo que tardo, ya muy tarde, haciéndome a la idea de no encontrar nada. Al llegar fui inmediatamente al lugar. Cuál fue mi sorpresa que las habían rebajado aún más. Cuando pasé a pagarlas, me dicen que era un error: “salen más caras, pero como tienen ese precio, se las dejo así”.

Me parecía un regalo de Dios. Y solo me salía darle gracias y gracias. Yo le había puesto a ÉL primero, y Él me hacía un regalo.

 

2.-        el Jueves Santo por la mañana alcancé a ver el final de la película "Saulo camino a Damasco". Me quedé pensando en la pregunta: " Saulo, Saulo ¿por qué me persigues?

         Hablando con Jesús le decía: “yo, Señor, no te persigo como Saulo, pero... ¿te sigo como hizo él después? ¿Con esa intensidad y pasión?”. No llegué a responder la pregunta pues empecé a encontrarme mal, con fiebre, tos, frío.... 

No tenía ganas de pensar, leer, escuchar...

Hoy retomo de nuevo la lectura y otra frase me llama la atención: “¿no ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las escrituras?”. Pienso en ello y me doy cuenta de que así me siento yo cuando leo la Palabra de Dios: en verdad mi corazón se siente tocado con la lectura, y a veces sí que noto que donde sentía brasas de nuevo vuelve a arder la luz, la esperanza, la fe y la ilusión.

 

 

 

 

 

Si quieres leer más experiencias similares, 

de gente de todo el mundo,

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jueves, 14 de abril de 2022

PROCLAMAR CON LA VIDA

VIDA DE LA PALABRA                            primeras semanas de ABRIL 

 

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de abril («Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación», Mc 16, 15) y la de marzo («Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden», Mt 6, 12):

1.-        Tras la tremenda calima que ensució todo, la víspera de S. José, mientras estaba yo rezando antes de salir a dar mi caminata matinal, oigo un ruido fuerte que parecía provenir del patio de abajo. Se para y vuelve a empezar más fuerte y ya debajo de mi ventana. Me asomo con cierto recelo y… ¡era un amigo!: marroquí, musulmán, sabiendo la celebración de esa tarde y del día siguiente, había venido con un aparato de agua comprimida y, (sin que nadie le pidiéramos nada), quería que estuviera todo limpio. Le di los buenos días en árabe y me respondió con su siempre amplia sonrisa.  Bajé inmediatamente a saludarlo y agradecerle y ya me explicó lo que estaba haciendo.

            Creo que no me entendió mucho cuando le dije que S. José le había enviado para que tuviéramos todo bien presentable para las celebraciones. La verdad es que me había acostado pensando en la arenilla rojiza que durante tres días nos había dejado indecente todo alrededor, pero ya ese día el aire iba a ser totalmente respirable.

            Este buen hombre, cuando no tiene trabajo, suele ofrecerse a echar una mano en el jardín o en la limpieza del tejado.

Dos días después nos llama apesadumbrado. Está “saldando sus cuentas con la ley” por una tontería y lleva una pulsera detectora que avisa cuando no está en su casa en horas no diurnas: su afán de dejarnos todo limpio cuanto antes, le hizo olvidar que no debería haber salido tan temprano cuando nos limpió la arena. Le hicimos un escrito exculpatorio con mucho gusto para dejar todo aclarado.

Unos días antes, (también sin nadie pedirle nada), había estado, una vez más, limpiándonos el jardín: había pedido una “sopladora” y dejó todo libre de hojarascas, pero a horas no tan tempraneras. Hombre servicial, trabajador responsable, y siempre dócil y atento.

Ayer vino de nuevo: a menudo entra a saludar, con sus niños, o a ofrecerse a realizar alguna chapucilla; también a veces le damos alimentos no perecederos, que tampoco le vienen nada mal, (sobre todo cuando está en paro), para su numerosa familia. Ayer solo pude decirle un “buenas tardes” en árabe, (estaba yo manteniendo un coloquio profundo con un amigo paseando por la acera que bordea el templo parroquial), y me contestó tan contento como siempre. Luego supe que había venido a comunicarnos la noticia de que ya hoy, ¡Jueves Santo!, le quitan “la pulsera”.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de abril («Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación», Mc 16, 15), la de marzo («Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden», Mt 6, 12) y la de febrero («Al que venga a Mí no lo echaré fuera», Jn 6, 37):

 1.-        “gracias por la PdV y las exp.: me hacen levantar el ánimo.

Hoy, que estaba cansadísima, donde estoy de voluntaria, nos dijeron ayer, que pasado mañana tenían que estar todas las habitaciones limpias, porque iban a traer personas de Ucrania. Ya llevaba dos días pensando: “¿para que voy hacer nada si había que quitar todo?”. La trabajadora social me decía: “igual no traen a nadie”. Yo ya pensaba entonces que iba a tener mucho tiempo libre.

Ayer tenía la reunión de PdV…; hoy nos hemos puesto a trabajar toda la mañana… Luego una habla con el director: no sabe cuántos, ni siquiera si vendrán o igual no; al rato me vine para mi casa dándole gracias al Señor…; enseguida me digo: “mi cansancio te lo dejo a Ti y ahora me voy”. Por la tarde en la Misa y la exposición del Santísimo, precisamente porque me encontraba muy cansada, ha sido muy bonito, porque he descansado y le he ofrecido todo por la paz.

Me encanta oírte en Radio María cada jueves: gracias por lo que dices.

 

2.-        “DIOS TE PAGUE PACO: TODOS SENTIMOS EL BIEN QUE PRODUCEN TUS PALABRAS, TUS EXPERIENCIAS... Yo tengo una realidad distinta a la tuya. Antes me relacionaba con mucha gente, actividad pastoral... AHORA, SERVIR Y CALLAR...: EN LA COCINA, LAVADERO...

EN LA ESCUELA HOGAR ESTAMOS CUATRO: OTRA MAYOR QUE YO, QUE AYUDABA EN LA COCINA Y OTRAS COSAS; SE CAYÓ POR LA ESCALERA Y NO PUEDE AYUDAR. LA TERCERA EN EDAD, SE CAYÓ 2 VECES EL AÑO PASADO: UN AÑO CON REHABILITACIÓN, VISITAS, ETC. LA HAN OPERADO, Y DOS VECES, DE CATARATAS DE LOS DOS OJOS...: NO PUEDE AYUDAR. SÓLO HACE ALGUNAS COMPRAS... LA CUARTA ES LA SUPERIORA, QUE ES LA MÁS IMPLICADA CON LOS NIÑOS...

CUANDO HAY ALGO QUE HACER, COMO PREPARAR LA CENA, (DE DONDE VENGO EN ESTE INSTANTE), SOY LA ÚNICA QUE PUEDE HACERLO... RECOGER LOS PLATOS Y CACHARROS QUE SE FRIEGAN, LAVAR COSAS DE COCINA Y CASA...

O SEA, UN TRABAJO MUY DISTINTO AL QUE HE HECHO SIEMPRE HASTA AHORA.

A TRAVÉS DE WHATSAPP ENVÍO MENSAJES DE "PASAPALABRA" Y OTROS...: ESE ES AHORA MI APOSTOLADO, APARTE DE REZAR.

EN UN CHAT DE WHATSHAPP QUE FORMÉ YO CON UN GRUPO DE SEGLARES... AHORA SE ENCARGA OTRA, PORQUE YO FUI TRASLADADA... Y ME DIJO QUE YO HABLABA MUCHO Y ESO INTERRUMPÍA... AL PRINCIPIO ME SENTÓ MAL, PERO LO OFREZCO POR ELLAS Y HE VISTO AHÍ A JESÚS ABANDONADO... REZO POR EL BIEN DE TODAS.

DE ESTA FORMA ME SIENTO MÁS CERCANA A MARÍA DE NAZARET, VIVIENDO, TRABAJANDO, ORANDO, AMANDO... EN SU CASITA. ESTE ES EL CAMINO QUE VEO QUE DIOS ME HA PREPARADO AHORA. EL BIEN LO HACE ÉL...: SE VALDRÁ DE MIS NEGACIONES PARA HACER SU OBRA.

ME AYUDA MUCHO EL PASAPALABRA DE CADA DÍA Y MUCHA GENTE ME PIDE SE LO MANDE...: ESO ME CONSUELA.

 

3.-        “la semana pasada, llamó una voluntaria, que venía de Ucrania, con personas de allí que iban a Portugal, para ver si podíamos preparar para comer. Respondí que yo estaba  dispuesta, pero a los cinco minutos, me vino el “hombre viejo”: “tú no sabes idiomas, qué vas hacer…”. Mi cabeza daba vueltas y de repente, me digo: “¿por qué no?: solo tengo que amar. Y si fuera al revés, a mí me gustaría que hicieran lo mismo; ¡estoy dispuesta, Señor!”.

Fue bonito. Busqué sitios para comer que estaban en ruta, que era lo que querían. Le dije que tenía sitio y que una sobrina me había dado dinero para ayudar de la comida. Pero no me preguntó ni los sitios. En ese momento me sentó regular: el “hombre viejo” siempre está dispuesto. Pero supe aceptar en seguida y ofrecerlo para que todo fuera bien.

Como dijeron que venían mujeres  y niños y entre ellos abuelas, le dije al responsable, que preguntara si los niños pequeños necesitaban pañales o mascarillas, o alguna cosa especial, que yo lo llevaría. Pero no hizo falta.

Puse en común que, si les parecía, les hacía unas galletas para el camino: una bandeja para cada coche. Les pareció muy bien porque gustan mucho mis galletas.

Hoy ha sido un  rato precioso. Los niños estaban muy cansados y los mayores, como que no se arrimaban. Luego, después de comer, han jugado al balón con un Gen de los nuestros de aquí y estaban felices. Yo he hablado con un Gen de Portugal un rato y nos hemos entendido estupendamente: me hizo muchas preguntas sobre si yo era del movimiento. Al despedirse, nos han dado unos abrazos increíble y muchas gracias por lo que les habíamos dado. Yo les contesté: “solo he hecho lo que a mí me gustaría si hubiera estado en su lugar”. Al final nos hemos sentido familia.

He rezado para que lleguen bien y he dado gracias al Señor por haberme pedido  que lo hiciera.



miércoles, 13 de abril de 2022

TRIDUO PASCUAL

 

Ante nuestros ojos ya,

los misterios centrales de la fe en los tres días sacros,

el Triduo Pascual

que desgrana el amor más grande

para que aprendamos a vivirlo todo el año plenamente como hijos de Dios:

 

Jueves Santo: lavar los pies (libremente siervos por amor),

mandamiento nuevo (reciprocidad del amor es lo típico del cristianismo),

unidad (“que todos sean uno”, testamento de Jesús, su “perla”)

y alimento para todo ello (Eucaristía, “amor de los amores”)

y sacerdocio, que la hace posible.



 ¿Cuesta?

Viernes Santo, paso imprescindible para Domingo de Resurrección:

Jesús abandonado (“Dios mío, ¿por qué…?”:

abismo de dolor, abismo de amor: ¡por mí!).

Lanzarse a seguir amando a todos y al Padre,

transformando el dolor en amor del más grande.

 

“Despojaos del hombre viejo,

y revestíos a imagen del hombre nuevo”.

Renovar el ser hijos en el Hijo:

promesas bautismales en la Vigilia Pascual.

“Se nota que habéis pasado de la muerte a la Vida porque amáis…”.

“Donde dos o más, allí” está el Resucitado en medio.

¡Él vive hoy!

¡¡Que lo experimentes!!

Adelantándome al domingo de Resurrección te deseo, pues,

¡¡feliz Pascua de Resurrección para ti

y para cada uno de los que tienes cerca!!

 

 

 

 

 

SER PACIENTES

Ser pacientes para vivir bien la vida, sin precipitaciones, siempre atentos a la Voz del Espíritu. Porque la Luz se nos garantiza si seguimos a Dios, no si nos empeñamos en precederle. Los apresuramientos y las impaciencias solo oscurecen el camino. 

P. MANOLO MORALES, O.S.A., Comentario al Pasapalabra del 4 abril

 

 

 

 

 

TENER COMPASIÓN

 Tener compasión es hacerse uno con quien sufre, poniéndome realmente en su lugar. Quien es compasivo, también es misericordioso, porque muchas veces el sufrimiento del otro es causado por sus propias debilidades.

Para tener compasión de mi prójimo debo renunciar a mí mismo, para vivir su dolor. La compasión es mucho más que un acto solidario: es estar en total comunión con el otro.

Cuando tengo un brazo roto o herido, el otro brazo trabaja por los dos. Eso es tener compasión. Cuando tengo una pierna herida, la otra no sólo trabaja el doble, sino que se adapta al ritmo de la primera. Eso es ser compasivo.

Somos un cuerpo. Si una parte sufre, todo el cuerpo sufre con ella hasta que se recupera. Tener compasión es tener un corazón que ama siempre y nunca se cansa. 

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra del 3 abril