sábado, 16 de noviembre de 2019

PONERSE EN EL LUGAR DEL OTRO

          Aquí tienes algunos textos (y experiencias) que nos estimulen a seguir viviendo (¡y con intensidad!) la Palabra del mes («alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran»):



REFORZAR NUESTRA RELACIÓN CON DIOS

¿Qué es la primera cosa que hacemos cuando queremos reforzar nuestra relación con alguien?
Empezamos a prestarle atención, a hacer su voluntad, encontramos tiempo para estar con esa persona, queremos que esté presente en todo momento de nuestra vida, y viceversa.
Con Dios no es diferente: tenemos que encontrar momentos exclusivos de relación con Él, pero también hacer de todo nuestro día una ocasión para reforzar la relación con Él, tratando de hacer Su voluntad.
Una vez, una persona me dijo que sentía a Dios muy lejos. Le pregunté quién se había distanciado, ella o Dios. Después de pensarlo un poco, dijo que había sido ella.
Dios está siempre presente en nuestra vida, pero depende de nosotros reforzar esa relación.
Como hablamos antes, encontrando tiempo para estar con Él, haciendo Su voluntad, reconociendo Su presencia en cada persona que encontremos.
Nuestra vida puede ser una continua oración y una intensa relación con Dios.

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra diario, 10 de noviembre 2019




HACERSE CARGO DE LOS PROBLEMAS DE QUIEN ESTÁ CERCA
  
[…]  se advierte una irrevocable llamada a preferir, por lo que respecta también a las penitencias, las que comporta la caridad hacia el hermano. De hecho, aunque a veces puede traer alegría, muchas otras se encuentra con el esfuerzo, con el peso, el sufrimiento, porque es imposible amar a los hermanos sin hacerse cargo de sus pesares.
…desde los comienzos, han encontrado en la práctica de la caridad, el modo característico de llevar la cruz, de renegarse a sí mismos, elementos esenciales para seguir a Jesús. [...]

CHIARA LUBICH, La carità L’amore reciproco: nucleo fondamentale della spiritualità dell’unità - Ai giovani religiosi, Castel Gandolfo, 3.1.1989





AYUDAR CON GESTOS CONCRETOS

La compasión es un sentimiento que nos hace sentir el dolor del otro y ponernos en su lugar para entender cómo podemos ayudarlo. Es la delicadeza de ayudar sin causar vergüenza, de orientar y enseñar sin humillar, es “hacerse uno” con el otro en su necesidad.
La compasión es una expresión sublime del amor al hermano, que no hiere su dignidad y lo hace igual a nosotros, porque no lo deja en la condición de necesitado.
Compasión no es igual a solo tener lástima de su situación, porque no se pone en un nivel superior al hermano; al contrario, significa que tenemos su misma pasión.
Para vivir la compasión de modo real y eficaz, debemos ayudar con gestos concretos a quien se encuentra en necesidad.


APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra diario 14 noviembre 2019





viernes, 15 de noviembre de 2019

VIVIRLO DESDE EL CORAZÓN DEL OTRO

VIDA DE LA PALABRA                  primeras semanas de NOVIEMBRE

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de noviembre («Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran», Rm 12, 15) y la de octubre («Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros», 2 Tm 1, 14):
1.-        La PdV me ha resultado muy sugerente este mes y me está ayudando a escuchar con más atención todavía a cada persona que se me acerca, (también en el confesonario), y a vivir desde mi corazón sus inquietudes y alegrías: un examen de conducir, presión en el trabajo, problemas de relación, ilusión con proyectos, preparación de oposiciones, intentar vencer un vicio, satisfacción por objetivos cumplidos, salud propia o de un familiar… Y, de vez en cuando, mandarles un mensajito de apoyo y de preguntar cómo va.
Además, la primera PdV de la que fui consciente (allá por febrero del ’82), aunque no sé cuánto la viví, era muy similar (también de S. Pablo): “me he hecho débil con los débiles para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos" (1 Cor 9,22). 

1b.-      Una de las muchas ocasiones, p. ej.: llevábamos ya un buen rato en unas jornadas para sacerdotes y en el descanso vi un whatsapp en un chat grupal en el que un compañero avisaba que estaba llegando a la estación de cercanías y pedía si alguno podríamos subir con un coche a recogerlo. En una milésima de segundo me pasó por la mente la tentación “que vaya otro”, pues íbamos a empezar ya la segunda parte que iba a ser interesantísima y me perdería los 15 primeros minutos y, por tanto, el “hilo”.
Sin embargo, escribí enseguida pensando en “hacerme uno” con él: “voy”.
Después de recibirlo con alegría y preguntarle cómo estaba, en esos minutillos traté de explicarle todo lo visto hasta el momento para que pudiera integrarse de modo pleno.
Al llegar, nos encontramos con la sorpresa que también todos se habían “hecho uno” con nosotros dos y estaban hablando otras cosas menores esperando nuestra llegada para empezar juntos el tema relevante.


Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de noviembre («Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran», Rm 12, 15) y la de octubre («Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros», 2 Tm 1, 14):

1.-        “… estaba entrando a llevar el ramo de flores en la iglesia cuando, de pronto, vino a mi corazón esa advertencia de Jesús: “si cuando vas a poner tu ofrenda ante el altar, te acuerdas allí mismo que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda, vete a reconciliarte primero con tu hermano y luego vuelve a presentarla”. En seguida pensé en alguien de mi familia política a quien no podía yo ni mirar. Tuve una lucha interior: era superior a mis fuerzas. Pero la Palabra resonaba más fuerte y no me dejaba tranquila y… ¡finalmente lo logré!: no solo la miré, sino que hablé con ella y… ¡la paz inundó mi corazón…!, aunque sé que no va a seguir siendo fácil….


Si quieres leer más experiencias similares, 
puedes encontrarlas “pinchando” AQUÍ o AQUÍ
o también AQUÍ


N.B.: tú también puedes compartir las experiencias
que, por gracia de Dios, hayas podido realizar
poniendo en práctica el Evangelio;
“pincha” aquí abajo en “comentarios” y escríbela;
o, dado que en algunos navegadores eso no funciona,

mándamela por  correo-e.




lunes, 11 de noviembre de 2019

CHIARA LUBICH, SIERVA DE DIOS

PROCESO DE BEATIFICACIÓN DE CHIARA LUBICH

             Esta es la oración oficial con la cual se pueden pedir gracias y favores a Dios por intercesión de la Sierva de Dios Chiara Lubich (1920-2008).
             El 27 de enero de 2015 fue iniciado el proceso de beatificación de una de las grandes mujeres contemporáneas, maestra de vida y espiritualidad cristiana no sólo para los católicos, sino también para otras denominaciones cristianas y, sorprendentemente, también para otras religiones y para personas de buena voluntad con convicciones distintas a las religiosas.

"Pinchando" en la siguiente imagen, tienes un vídeo tipo telediario (poco más de un minuto) en el que se anuncia la apertura del proceso: 


         Y "pinchando" en esta, puedes ver otro interesante reportaje brevísimo con la crónica del acto de Apertura del Proceso de beatificación de Chiara Lubich:

Fue un momento  muy emotivo para todos los que gracias a ella hemos conocido y amado, (al menos un poco más), a Dios. 
Impresionante también cuando se mencionaron a la veintena de personas que, (viviendo el
 carisma de la unidad que Dios le dio a ella para servicio de toda la Iglesia), hace ya tiempo que se abrieron sus respectivas causas de beatificación. Una santidad comunitaria, de pueblo que se hace santo con el Santo "en medio" cuando todos juntos están unidos en su nombre "donde dos o más...".

          El domingo 10 de noviembre de 2019 se cerró la fase diocesana del proceso de beatificación y a continuación empieza la fase vaticana; pinchando a continuación puedes ver un resumen: concluye la primera fase del proceso de beatificación de Chiara Lubich. ¡Es un gran paso adelante!

          Aquí te recuerdo, además, el enlace a otro par de vídeos breves sobre Chiara Lubich que en su día colgué en este blog, así como a un artículo traducido de L'Osservatore Romano, que también viene a colación puesto que 2015 es precisamente año del Centenario de Santa Teresa: Dos Castillos, dos mujeres.




Pinchando aquí puedes leer más sobre la causa de canonización y otras informaciones, pero aquí te copio el mensaje del Papa para el momento de la Apertura de la Causa:
«En ocasión de la apertura de la causa de beatificación y canonización de Chiara Lubich…, Su Santidad el Papa Francisco dirige su cordial pensamiento, auspiciando que el luminoso ejemplo de vida de la fundadora del Movimiento de los Focolares suscite en cuantos conservan su preciosa herencia espiritual, renovados propósitos de fiel adhesión a Cristo y de generoso servicio a la unidad de la Iglesia. El Santo Padre invoca abundantes dones del divino Espíritu sobre cuantos están comprometidos en la Postulación y exhorta a hacer conocer al pueblo de Dios la vida y las obras de aquella que, acogiendo la invitación del Señor, ha encendido para la Iglesia una nueva luz en el camino hacia la unidad y, mientras pide que se rece para sostenerlo en su universal ministerio como sucesor del apóstol Pedro, por intercesión de la Virgen Santa, envía a vuestra Excelencia, a la Postulación, a la entera Obra de María y a cuantos participan en el gozoso evento la implorada bendición apostólica».

PIETRO PAROLÍN, CARDENAL SECRETARIO DE ESTADO DE SU SANTIDAD, Mensaje del Santo Padre
 ante la Apertura del Proceso de Beatificación de la Sierva de Dios Chiara Lubich, 27 enero 2015


viernes, 1 de noviembre de 2019

HACERSE UNO CON EL OTRO EN SUS PENAS Y ALEGRÍAS

PALABRA DE VIDA                         noviembre 2019


«Alegraos con los que se alegran;
llorad con los que lloran»
(Rm 12, 15)

Después de haber ilustrado a los cristianos de Roma sobre los grandes regalos que Dios ha hecho a la humanidad en Jesús y al donar el Espíritu, el apóstol Pablo indica cómo responder a la gracia recibida, sobre todo en las relaciones entre ellos y con todos.
Pablo invita a pasar del amor por quienes comparten la misma fe, al amor evangélico, dirigido a todos los seres humanos, pues para los creyentes el amor no tiene fronteras ni se puede limitar a unos pocos.
Un detalle interesante: en el primer lugar encontramos la alegría compartida con los hermanos. En efecto, según el gran padre de la Iglesia Juan Crisóstomo, la envidia hace mucho más difícil compartir la alegría de los demás que sus penas.
Vivir así podría parecer una montaña demasiado impracticable de escalar, imposible de coronar. Sin embargo, es posible porque los creyentes están sostenidos por el amor de Cristo, del que nada ni nadie podrá nunca separarlos (cf. Rm 8, 35).

«Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran».

Comentando esta frase de Pablo, Chiara Lubich escribió: «Para amar cristianamente hace falta “hacerse uno” con cada hermano […]; entrar lo más profundamente posible en el ánimo del otro; comprender de verdad sus problemas, sus necesidades; compartir sus sufrimientos y alegrías;
inclinarse sobre el hermano; hacerse en cierto modo él, hacerse el otro. Esto es el cristianismo; Jesús se ha hecho hombre, se ha hecho hombre para hacernos a nosotros Dios; de ese modo el prójimo se siente comprendido, aliviado»[1].
Es una invitación a ponerse «en el pellejo del otro» como expresión concreta de una caridad verdadera. Quizá el amor de una madre sea el mejor ejemplo para ilustrar la práctica de esta Palabra: la madre sabe compartir la alegría con el hijo que goza y el llanto con el que sufre, sin juicios ni prejuicios.

«Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran».

Para vivir el amor con esta dimensión, sin cerrarnos en nuestras preocupaciones, en nuestros intereses o en nuestro mundo, hay un secreto: reforzar la unión con Dios, la relación con Aquel que es la fuente misma del Amor. Se dice que la copa de un árbol suele estar en proporción al diámetro de sus raíces. Así nos sucederá también a nosotros: si día a día hacemos crecer en profundidad nuestra relación con Dios, también en nosotros crecerá el deseo de compartir la alegría y llevar los pesos de quienes están a nuestro lado; nuestro corazón se abrirá y se hará cada vez más capaz de contener todo lo que vive en el momento presente el hermano que tenemos al lado. A su vez, el amor al hermano nos hará entrar aún más en la intimidad con Dios.
Viviendo así veremos un cambio en los lugares donde estamos, comenzando por las relaciones familiares, en la escuela, en el trabajo y en comunidad, y experimentaremos con gratitud que, más pronto o más tarde, el amor sincero y gratuito vuelve y se hace recíproco.
Esta es la fuerte experiencia de dos familias, una cristiana y una musulmana, que han compartido dificultades y momentos de esperanza. Cuando Ben cae gravemente enfermo, Tatiana y Paolo están en el hospital con su mujer, Basma, y sus dos hijos hasta el final. Aun en medio del dolor por haber perdido a su marido, Basma reza con sus amigos cristianos por otra persona gravemente enferma, con su esterilla dirigida a La Meca. Dice: «La alegría más grande es sentirse parte de un solo cuerpo donde cada uno tiene en el corazón el bien del otro».

LETIZIA MAGRI





[1] C. Lubich, El amor recíproco: núcleo fundamental de la espiritualidad de la unidad, congreso de los ortodoxos, Castel Gandolfo 30-3-1989, p. 4.


N.B.: Aquí puedes encontrar también la Palabra de Vida 
 y en MP3 para escuchar en el móvil.


en más de 30 idiomas.



jueves, 31 de octubre de 2019

CONSERVA EL DEPÓSITO DE LA FE

VIDA DE LA PALABRA                       octubre 2019

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de octubre («Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros», 2 Tm 1, 14) y la de septiembre («Confortaos mutuamente y edificaos los unos a los otros», 1 Ts 5, 11):

1.-        Entré a saludar al pintor, (lo conozco de hace tiempo y lo ayudábamos con alimentos), que estaba cubriendo el mobiliario para que no se manchara cuando él comenzara su trabajo. Charlamos unos instantes antes de meterme yo a mi tarea.
            Cuando acabé, aunque tenía yo mucha prisa para coger el coche e irme, entré de nuevo para despedirme y desearle buen trabajo. Al marcharme… se vino un poco detrás de mí y… me dice: “padre, ¿me podría confesar?”. Así que, él con su mono lleno de goterones de pintura y yo con una sonrisa acogedora estuve escuchándolo (tenía él ese trabajo puntual de un día, pero llevaba 8 meses en paro; 3 hijos y no sabía cómo pagar a final de mes el alquiler) y luego confesándolo. Me agradeció infinitamente lo uno y lo otro, al menos compartir el peso: “confío en Dios, aunque a veces me atenaza la angustia”. Me admiró: “conserva el buen deposito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros”.

1b.-      Con esto “en mi retina”, luego en la convivencia a la que fui, por la tarde una frase de los jóvenes me impactó. Nos contaba una veinteañera: “en el encuentro que participé, nos preguntaron los asistentes qué esperábamos los gen (=GEneración Nueva; jóvenes del movimiento de los Focolares) de los adultos. Después de hablarlo entre nosotros, les contestamos: «ver a Dios a través de vuestros ojos»”. ¡Debemos trasmitir íntegro el depósito de la fe, enriquecido por haber vivido la Palabra!

2.-        Al comenzar ese miércoles la ronda de visitas en el hospital, veo un apunte para una habitación: “persona difícil; poco religioso”. Cuando entré ahí estaba él solo; yo no sabía que estaba bastante sordo y salí con esa misma convicción.
            A la mañana siguiente, estaba la hija. En el modo de saludarme noté que ella sí tenía mucha fe y en seguida me dijo que llevaba muchísimo tiempo rezando para que su padre se reconciliase con Dios: “he prometido incluso hacer una peregrinación a Fátima y allí hacer el recorrido de rodillas”. Seguidamente, me advierte que su padre apenas oye. Así que, cierro la puerta y me dispongo a hablar “a voz en grito”.
            Nada más presentarme, el hombre me espeta: “¡Dios no existe!”. Y otras cosas. Luego añade: “es una injusticia los niños pequeños con cáncer en hospital Niño Jesús; ¡Dios no puede existir!”. Gritando, para que me oiga, contesto: “lo que sería una injusticia sería que Dios no existiera; sería injusto que encima de sufrir ahora esos niños, no hubiera Vida Eterna si no existe Dios”. “Dios los ama inmensamente. Y te Dios te ama inmensamente a ti”. Con estas y otras cosas, dichas gritando, la verdad es que, aunque con la sonrisa, por el esfuerzo lo decía yo muy enérgicamente: no hablo yo nunca a nadie en tono impositivo, pero lo pudiera parecer en ese momento. Mi “táctica” es, más bien, escuchar pacientemente y esperar a través de ese amor que Dios quiera empezar a tocar el corazón de mi interlocutor.
A mis primeras propuestas de rezar algo juntos o de confesarse, afirmó, entre retante y orgulloso, que hacía muchos años que no se confesaba. La hija se escandalizaba un poco de las respuestas de su padre por decirlas ante mí y trataba de hacer reflexionar a su padre, (aunque debía ella conocer muy bien ese discurso); yo, más bien, con un gesto de las manos, le decía a ella que se callara; que me dejara; y que rezara.
            Al poco, vi que Dios ya había empezado a obrar: el buen hombre recordó su etapa de monaguillo hace muuuchas décadas.
Aunque me estaba yo poniendo rojo de vergüenza de pegar esos gritos, (desde el pasillo, si alguien escuchaba, podría parecer que yo estaba agresivo; menos mal que la hija, a mi lado, atendía y rezaba en silencio; porque, cuando quiero, tengo voz potente y se me debía estar oyendo en todo el hospital), apoyándome en su etapa de monaguillo, le propuse al hombre: “mañana cuando yo venga, si te parece bien, y si quieres, vamos a hacer 3 cosas. Una: tú recibirías de niño la primera Comunión, ¿verdad? Y antes te confesaste seguramente, ¿a que sí? Te vas a confesar, y para eso esta tarde hablas con Dios y dejándote mirar por Él, repasas todos tus pecados y te vas arrepintiendo de ellos, ¿vale?”. Para mi sorpresa hace un gesto afirmativo con su cabeza: “sí, padre”.
Eso me anima, al ver que las oraciones de la hija tantos años, están ahora produciendo efecto. Continúo: “Dos: hay un sacramento por el cual Dios nos sana interiormente (e incluso exteriormente también a veces) y por el cual nos da paz, fortaleza y consuelo para llevar bien la edad avanzada, o una enfermedad, o una hospitalización. Es el sacramento de la Santa Unción, para los enfermos. Así que, (yo seguía hablando a voz en grito, para que me escuchara bien, aunque pareciera un tono casi impositivo, pero yo notaba que era el modo con el cual Dios pretendía ir tocando su corazón), mañana te lo administro, ¿quieres?”. De nuevo me deja sorprendido su docilidad, (parecía que se habían derrumbado todas sus barreras de defensa): “sí, padre”.
Me crezco y continúo: “Tres. Igual que recibiste la comunión de chico, mañana con la misma ilusión, también la vas a recibir. ¿Te parece bien?”. Se le humedecen los ojos… y movimiento la cabeza: “sí, padre”.
Su hija estaba atónita… ¡y feliz!: “padre, ¡¡me tiene que buscar una peregrinación pronto a Fátima!!”.
            Yo me temía que durante el día y la noche, al hombre se le hubiera olvidado todo o hubiera cambiado de opinión. La verdad es que su hija, también se lo temía, así que, cuando el viernes llamo a la puerta sale ella a recibirme feliz: «mi padre decía entristecido: “el sacerdote no ha venido; al padre se le ha olvidado”; pero yo le aseguraba: “todavía no ha acabado la mañana; el capellán vendrá, aunque se hundiera el hospital».
            Le administré los 3 sacramentos, “a grito pelado”. El hombre, en cada uno de ellos, con lagrimillas de emoción y agradecimiento en las oraciones. Y recordando con bendiciones al párroco de su infancia. La hija feliz: “¡esto es casi un milagro!”.
            Yo, ¡más feliz! Aunque con un poco de vergüenza por mis auténticos “berridos” y ya casi ronco. Después de despedirme de ellos, abro la puerta para salir… y, de pronto, me topo de frente con 2 que estaban paradas sonrientes casi pegadas a la puerta: “¡qué ceremonia tan bonita!; ¡qué emocionante la Unción de los enfermos!”. Eran 2 monjitas, (una de ellas con pijama de enferma de hospital), que lo habían oído a lo lejos y, no sabiendo que había Capellán en ese hospital, se habían ido acercando a esperar que yo saliera para luego pedirme que les diera la comunión.
            Los demás días he seguido visitando a aquel hombre… cada día mejor físicamente y también espiritualmente. Cada día me dejaba más sorprendido: contaba cosas de su párroco y de cuándo él le ayudaba como monaguillo; recitaba alguna oración en latín “macarrónico” o enteros párrafos del catecismo narrado; ¡y ha querido comulgar cada día hasta que ya le han dado el alta! Realmente el “depósito de la fe” ha permanecido vivo en él, (aunque había estado enterrado muy en el fondo), durante todo este tiempo: oración y cariño lo han hecho aflorar.

3.-        Suelo visitar el comedor de Caritas. Una de las voluntarias me comenta que la semana próxima irá de viaje a otro país y, de paso, allí dedicará un par de días a una de sus raíces familiares, (un tío), para visitar donde vivió y el cementerio donde está.
Recordando el “depósito de la fe”, le comento que precisamente los primeros días de noviembre se puede lucrar indulgencia plenaria rezando con devoción por los difuntos en algún cementerio (además de, como se requiere para toda indulgencia, confesarse, comulgar y rezar por las intenciones del Papa).
En seguida responde que una de las cosas que más le cuesta siempre, (y por eso la aplaza mucho), es la confesión, aunque conoce bastante a su párroco. Inmediatamente le ofrezco: “mira, a mí ya me vas conociendo también: ahora mismo, si quieres, damos un paseo por la calle o por el pasillo y te confieso, que ya estáis acabando la tarea”. Otra compañera suya interviene al instante: “a mí también me cuesta muchísimo la confesión”. Así que, una después del desayuno y otra después de la comida han recibido el sacramento de la reconciliación y han participado de la alegría que Dios Padre tiene de derramar su misericordia perdonando los pecados: ¡cada una a su modo luego estaba radiante (y con alguna lagrimilla de emoción)!



Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de octubre («Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros», 2 Tm 1, 14), la
de septiembre («Confortaos mutuamente y edificaos los unos a los otros», 1 Ts 5, 11) y la de agosto («Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón», Lc 12, 34):

1.-        “creo un deber mandarte unas letras y decirte cómo la PdV me está haciendo mucho bien; tus testimonios, lo mismo que los de otras personas, trasmiten vida y llegan al corazón.
Yo lo voy viviendo en concreto desde el “pasapalabra” que me llega diario y esto me ilumina y recuerda cada día desde una nueva faceta, tan sencillo y a la vez con la novedad del amor de Jesús, procurando actualizarlo en cada momento que me acuerdo; amor paciente, corazón libre, ponerme en el lugar del otro... Mi experiencia ha sido de una gran paz interior, se me ha hecho luz para valorar lo importante que es amar para aprender a amar como Jesús, ¡cuántos ámbitos se nos esconden por nuestro egoísmo!
Cuando me encuentro con alguien procuro compartir saludando cruzando alguna experiencia de vida que le pueda ayudar y te diré que lo dado me vuelve a mí con una nueva necesidad de dar; en el fondo vivo el día a día con gozo sabiendo que la gracia me ha sido dada y darla es la mejor manera de cuidarla.

2.-        “… el domingo al ir a Misa me encontré de nuevo en el parque a la señora alcohólica. Como te conté en otras ocasiones, la escuché largamente o fui a por comida y se la bajé o avisé a Servicios Sociales, pero siempre me quedaba una inquietud en el corazón. ¡Dios me la ponía delante! Pero, esta vez, además, ¡al venir a Misa! Siempre te digo que todos somos iguales: que yo no soy mejor que ella; que yo podría estar en una situación similar; nadie es más.
Desprendía un fuerte hedor. Llevaba ella por fin 15 días sin beber, ¡pero 3 en los que había caído de nuevo y su marido la había echado de casa! La invité a que diéramos un paseo: casi no se tenía en pie; como pude, (acuérdate que soy menudilla), la cargué, la llevé a mi casa, (un segundo sin ascensor) y la ayudé a que se duchara. ¡Ni llevaba ropa interior! ¿Te imaginas? Le regalé alguna de la mía.
Luego, parecía otra. Le di un plátano, (ya tú sabes que a menudo no tengo nada de comida), y un rosario de colores que traje de mi tierra: ¡empezó a darle besos al rosario y a la cruz! ¡Ni te lo imaginas! Y ni miraba al plátano, aunque debía tener hambre. ¡No paraba!
No sé si habré cometido una imprudencia (¡me daba yuyu!) o habré hecho bien, pero, por lo menos ha estado unas horas protegida, (como es alcohólica, tirada en el parque alguien le podría haber hecho algo). “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos mar si le faltara una gota”, dice una frase atribuida a Madre Teresa de Calcuta.
A la mañana siguiente, vino un amigo... y en seguida me advirtió del mal olor que tenía mi piso. Le conté lo de la señora, pero no solo no lo valoró nada, sino que se lo tomó a guasa. Luego hice la limpieza a fondo….

3.-        “este mes me siento más activa y alegre y eso se contagia en casa y en nuestro entorno.
Nos hace mucho bien la PdV, pero notamos más aún el efecto de tu homilía cada domingo. Creo que pedir "aumenta mi fe" sin duda ayuda muchísimo a llevar el día a día con mejor ánimo y dar más valor a lo que realmente importa.

4.-        “gracias por tu correo quincenal con todos estos ejemplos que nos envías. La distracción, la tibieza, la falta de ganas, la apatía, desaparecen a leer estas líneas y de nuevo el Espíritu entra con fuerza en mi pobre ser.
De nuevo, GRACIAS, Paco.





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jueves, 17 de octubre de 2019

VIVIR GUIADOS POR EL ESPÍRITU SANTO

Para renovarnos en practicar la Palabra de octubre («Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros», a cada instante, unos textos que nos ayuden:



DEJARSE GUIAR POR EL ESPÍRITU DE DIOS

"Hacerle sitio" en casa, que viva con nosotros.
Sin vida espiritual es difícil mantener la paz del corazón.
Un poco de silencio, menos prisas, y Él habla en la conciencia: es nuestro Bien y nuestra Verdad más profunda.

P. MANUEL MORALES, O.S.A., Comentario al Pasapalabra 13 de octubre de 2019





EXPERIMENTAR LA LIBERTAD DE QUIEN VIVE LA PALABRA

¡Cuántos y cuánto hablan!: las circunstancias, las personas, el trabajo, las ocupaciones... Pero solo Uno habla "de Verdad", con sabor a Eterno e Imperecedero. Y esa Voz Interior es la única fuerza que ayuda a volar alto. 

P. MANUEL MORALES, O.S.A., Comentario al Pasapalabra 8 de octubre de 2019






DÓCILES AL ESPÍRITU SANTO

La asistencia del Espíritu Santo es esencial para que practiquemos el bien y la justicia, y vivamos el amor de la misma manera como es concebido por Dios.
Él nos da la sabiduría y el discernimiento sobre el mal y el bien para que tengamos una vida digna de hijos de Dios;
la fortaleza para resistir las tentaciones, soportar las persecuciones y todas las tribulaciones de la vida;
Él mejora nuestra inteligencia para entender y profundizar las verdades reveladas y las ciencias humanas;
también nos ayuda a ser buenos consejeros para ayudar a nuestro prójimo en el camino del bien;
ilumina nuestra inteligencia para entender el fin sobrenatural de todas las cosas; Él nos enseña a vivir de modo santo nuestra relación con Dios, encontrando gozo y satisfacción en la oración y en las prácticas de piedad;
es decir, nos ayuda a hacer con sinceridad la voluntad de Dios, dándonos la gracia de vivir en sintonía con los preceptos de su ley, que son expresión de amor puro del Padre.
Todo en nuestra vida es un bien precioso que debemos guardar y apreciar con la ayuda del Espíritu de Dios.

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra 13 de octubre de 2019





PONER TODA LA ATENCIÓN EN LA VIDA CONCRETA

No es malo soñar una vida mejor; es malo olvidar que, ahora mismo y aquí, "la mejor" es esta, con estas personas y en estas circunstancias. Y su mejoramiento solo depende de la plenitud de corazón que yo le pongo.

P. MANUEL MORALES, O.S.A., Comentario al Pasapalabra 10 de octubre de 2019



miércoles, 16 de octubre de 2019

PERSEVERAR EN LA FE

VIDA DE LA PALABRA                primeras semanas de OCTUBRE

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de octubre («Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros», 2 Tm 1, 14) y la de septiembre («Confortaos mutuamente y edificaos los unos a los otros», 1 Ts 5, 11):

1.-        Hablo con frecuencia con una persona que tiene mucha inquietud: nunca recibió una educación religiosa, ni oyó hablar de ningún tema relacionado. Le resulta todo absolutamente nuevo.
En algunas ocasiones, ha escuchado otro tipo de explicaciones (pseudocientíficas o de otras religiones) a los temas fundamentales de la vida y de la trascendencia.
A menudo le repito en voz alta: “creo, Señor, pero aumenta mi fe”. Me contesta que no la tiene, (como una mezcla de ganas y de dudas, como una lejana adolescencia). Me repito en silencio cuando ya no se me ocurren más argumentos (“auméntanos la fe”), a la vez que escucho con atención sus disquisiciones para discernir si tienen algunas “semillas del Verbo”, pequeños puntos de verdad, (relacionados con el “depósito de la fe”), a partir de los cuales empezar a “construir”. Y siempre le aseguro que sí tiene fe (la recibió en su reciente bautismo), pero que tiene que “regar” y poner “al sol de Dios” ese precioso don recibido en ciernes.

2.-        En distintos días han venido a disculparse (traídos por sus respectivas madres) dos de los siete adolescentes que hará unos 20 días estuvieron en el tejado de la casa parroquial a las 4:30 a.m. Eso les honra a unos y otras. Y me edificó.
Traté de ayudarles a comprender que las curiosidades y travesuras, (al final, tan solo querían hacer unos “selfie” en altura), podrían haber traído muy malas consecuencias y fácilmente se hubieran podido matar de una caída o electrocutar.
Los animé a que tuvieran iniciativas, sí, pero que fueran útiles para el bien común, para los necesitados.
Desde el principio, tenía yo en mente la PdV para que no perdieran “el depósito recibido”: traté que cada gesto o palabra sirviera sobre todo para construir y, también, para entablar un inicio de amistad con mayores y jóvenes. Y creo que sí hemos dado un paso en este sentido.

3.-        Durante los once años y medio que viví en Las Matas, todas las mañanas tomaba yo el tren hacía Madrid. Ayer, después de algo más de tres años, me encontraba de nuevo en esa estación.
Habiendo perdido la práctica, como anécdota al sacar el billete, (aparte que la primera máquina en que lo intenté durante un buen rato, no funcionaba bien), luego me dejé las vueltas sin recoger, (me di cuenta cuando ya había pasado el torno). Me dio fastidio, pero “Tú, Señor, eres mi único Bien”: mi tesoro no es el dinero.
            Al ser una hora distinta de aquel entonces, no pensé encontrar a ningún conocido, así que me senté a leer mientras esperaba el tren. Al instante se acerca muy sonriente alguien a quien en aquella época veía cada mañana los primeros años. Pasan años sin vernos, pero la amistad permanece (también a través de este correo).
            A los pocos minutos me dice: “me gustaría confesarme”. Así que le propuse que al subir al cercanías, buscáramos un sitio discreto y así hicimos en un extremo del vagón. Paz y alegría inmensas de distribuir la misericordia de Dios-Amor. Ratito luego de animada y bonita conversación: “edificaos los unos a los otros”.


Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de octubre («Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros», 2 Tm 1, 14), la de septiembre («Confortaos mutuamente y edificaos los unos a los otros», 1 Ts 5, 11) y la de agosto («Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón», Lc 12, 34):

1.-        “millones de gracias por seguir mandándome la PdV: me encanta recibirla y leerla, y además es una forma de saber de ti.
El año pasado empecé a dar catequesis de confirmación y este año seguiremos con el mismo grupo, justo hoy empieza, y la verdad es que tu PdV me ayuda mucho en esta tarea... Te pido por favor que reces por mi labor como catequista porque, la verdad, soy muy inexperta y muy "pequeña" y me cuesta mucho conseguir la atención y llegar al corazón de 20 niños de 11 años. ¡Muchas gracias por todo!.

2.-        “me siento llena de DIOS. ¡Cómo me alegro y me animo con la PALABRA DE VIDA y las reuniones del YouCat!
Casi todas las noches intento (la mayoría lo consigo), tener a Dios en mi interior: gozo con ello. Me da un salto el corazón y lo siento con profundidad.
Todo esto, me ayuda a ver a Cristo en los demás.
Gracias por ayudarme como lo haces. Con el Amor del Señor.

3.-        “gracias como siempre por enviarnos la PdV.
En este mes especial de los misioneros, qué difícil tarea tienen y cuánto valoro su esfuerzo por los demás. Sobre todo, pienso que si para mí mi misión primera es mi familia y a veces tengo la sensación de que no lo hago bien del todo, (teniendo en cuenta que recibo alguna que otra crítica de los míos, y eso es "durillo"), cuánto más duro darse a los demás entregando su tiempo y su vida.
Menos mal que la oración ayuda mucho y pedir disculpas y aceptarlas. Es ahí cuando siento el Espíritu y me siento más fuerte. 
Gracias porque la PdV me ayuda mucho.

4.-        “muchas gracias por la Palabra de Vida, Paco. Me ha ayudado también mucho tu homilía de hoy: “transmitir la fe por contagio”. Me alegro mucho de retomar las catequesis con los niños: doy gracias a Dios por ello.

5.-        “hace unos días una definición en el YouCat me llegó al corazón…: “cada acto de culto es como una cita de amor que Dios escribe en nuestra agenda”. Pensaba en ella cuando esta mañana rezaba el rosario.
Reconozco que me ha costado acostumbrarme a rezarlo. Al principio, la verdad, lo hacía como algo repetitivo y sin mucha constancia. Tampoco lo rezaba entero: uno, dos misterios.
Un día vino triste mi marido… Estaba preocupado por la salud de un niño… y me propuso rezar, por él, durante varios días el rosario entero… Empecé rezándolo por ese niño concreto y luego añadí otros enfermos conocidos, y rezaba también por todos en general... En otra ocasión rezaba por los sacerdotes, otro día por los amigos, por las familias…, los pobres...
Ahora, en verdad, siento que cuando rezo el rosario acudo a una cita con María para nada repetitiva, para nada tediosa. Es como tener una charla entre amigas. Como dos madres que se juntan para hablar de los hijos y es que, cada vez que una cuenta del rosario pasa por mis manos, pienso en una persona concreta, a veces conocida, a veces no. Cada vez que llego al “ruega por nosotros” lo concreto, y le digo “te ruego, te pido por...” hoy tiene un examen, está enfermo, acompáñale en su destino nuevo, ayúdala a discernir, dala un poco de luz en este momento en que se encuentra sola....
            O bien le agradezco su presencia en mi vida, o... No generalizo, lo personalizo.
Sí. Para mí el rosario se ha convertido en una cita muy importante en mi agenda. Una cita con María. ¿Repetitiva? ¿Aburrida? ¡Todo lo contrario!
            Tras saludar a Maria, empiezo un diálogo con ella. Ella me recuerda los momentos cruciales de su Hijo: dolorosos, luminosos.... y pensando en ellos, yo le hablo de sus otros hijos y… con lo grande que es la familia de Dios, la de cosas que pasan: ¡imposible aburrirse! Más bien todo lo contrario, hay días que me cuesta dejar el rosario repasando con María la vida de su Hijo y la de todos los que se van cruzando en mi vida.
No hay dos días, dos rosarios, dos citas con María, iguales...
Gracias a ti por recomendarme acudir a María y al YouCat que me tiene fascinada.



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