jueves, 31 de julio de 2025

BUENOS SAMARITANOS LOS UNOS DE LOS OTROS

 VIDA DE LA PALABRA                                              mes de julio

 

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de julio («Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él y, al verlo, tuvo compasión» Lc 10, 33) y la de junio («Dadles vosotros de comer», Lc 9, 13):

1.-        Estos días de verano, aunque el horario de apertura de la parroquia es las 9:00, en cuanto me levanto, a veces muy temprano, bajo a abrir todas las puertas, ventanas y claraboyas de la iglesia para que corra el aire matinal y se descongestione el calor acumulado; enciendo, además, algunos ventiladores a ver si se mueve el aire caliente y parte de él se recambia con el más fresco de la calle.

Es un cuartito de hora, (casi sirve de gimnasia, además, entre subir y bajar, y girar las manivelas de las claraboyas), que hago hablando con el Señor en el corazón (y a Quien veo en el Sagrario desde algunos de esos ángulos), y lo hago pensando en cada persona que va a ir a rezar o a las celebraciones de la Misa, para que no noten tanto el calor.

 

2.-        Hace 3 semanas en mi pueblo tuve la oportunidad de estar cuidando a mi madre 5 días y, además, con ella, un día obtuvimos permiso para ir a celebrar la Misa para su hermana mayor, monja clarisa, que había estado ingresada muy grave hacía pocas semanas, pero que se ha estabilizado y ha podido volver a su convento.    

Mi madre con 87 años recién cumplidos y mi tía a un mes vista de sus 90. Cada uno de sus parpadeos, respiraciones o movimientos con tanto esfuerzo callado, daba mucha gloria a Dios: y todo ello, sus respectivos empeoramientos a finales de junio, y su paulatina y lenta estabilización en las semanas siguientes, en el ofertorio de la Misa pude depositarlos en la patena y en el cáliz para que, junto con  sus vidas y las de todos los bautizados, el Señor transforme eso y todo en pan de vida y en bebida de salvación.

 

2b.-     Estos 3 últimos días he vuelto al pueblo para que mi hermana pueda salir un poco y “despejarse”.

El martes estuve buena parte del día con mi madre en urgencias del hospital y al final nos mandaron a dormir a casa. Está muy muy delicadilla. Son todo preciosas oportunidades no simplemente de “buen samaritano”, sino de hijo, hijo agradecido.

 

2c.-      Hoy parece que dentro de sus múltiples limitaciones, se ha estabilizado. Pero no tiene ni fuercecita para sostener la cuchara: “dadles vosotros de comer” ¡y todo! Mi hermana regresa esta noche y yo mañana saldré a nuestro tradicional descanso en unidad con sacerdotes.

Al respecto, nos viene bien, (y a todos los que estéis o vayáis de vacación) lo que aconseja el Papa. En el Ángelus, León XIV decía el domingo 20 de julio: “El tiempo de verano puede ayudarnos a “bajar el ritmo” y a parecernos más a María que a Marta. A veces no nos permitimos los mejores momentos. Necesitamos gozar de tener un poco de descanso, con el deseo de aprender más sobre el arte de la hospitalidad. La industria de las vacaciones quiere vendernos todo tipo de experiencias, pero quizá no lo que buscamos. En efecto, todo encuentro verdadero no se puede comprar, es gratuito: sea el que se tiene con Dios, como el que se tiene con los demás, o incluso con la naturaleza. Se necesita solamente hacerse huésped: hacer espacio y también pedirlo; acoger y dejarse acoger. Tenemos mucho que recibir y no sólo que dar. Abraham y Sara, aunque eran ancianos, se encontraron fecundos cuando acogieron discretamente al Señor mismo en tres viajeros. También para nosotros, aún hay tanta vida por acoger.

Y, (algo que desde siempre hacemos este grupo de sacerdotes), ese mismo día, antes, en la homilía pedía León XIV: “dar espacio al silencio, a la escucha del Padre que habla y ‘ve en lo secreto'”, especialmente en estos “días de verano” como “momento providencial para experimentar qué hermosa e importante es la intimidad con Dios, y cuánto puede ayudarnos también a ser más abiertos y acogedores los unos con los otros”. “Son días en los que tenemos más tiempo libre, tanto para el recogimiento y la meditación, como para el encuentro con los demás, los viajes y las visitas. Aprovechemos todo eso para disfrutar —saliendo del torbellino de compromisos y preocupaciones— de algún momento de tranquilidad y recogimiento, como también para compartir, yendo a algún lugar, la alegría de vernos —como lo es para mí estar hoy aquí—. Propiciemos las ocasiones para cuidarnos unos a otros, para intercambiar experiencias e ideas, para ofrecernos comprensión y consejos mutuamente; esto nos hace sentirnos amados, y todos lo necesitamos. Hagámoslo con valentía. De este modo, siendo solidarios y compartiendo la fe y la vida, promoveremos una cultura de paz, ayudando también a quienes nos rodean a superar rupturas y hostilidades, y a construir comunión entre las personas, entre los pueblos y entre las religiones”, añadió recordando al papa Francisco.

“Ni el servicio ni la escucha son siempre fáciles; requieren tenacidad y capacidad de renuncia. Cuesta esfuerzo, por ejemplo, en la escucha y en el servicio, la fidelidad y el amor con los que un padre y una madre llevan adelante a su familia”, destacó. “Pero es sólo así, con estos esfuerzos, como es posible construir algo bueno en la vida; sólo así pueden nacer y crecer entre las personas relaciones auténticas y fuertes, y, desde abajo, desde la cotidianidad, puede crecer, difundirse y experimentarse el Reino de Dios”, alertó yendo a las homilías de san Agustín. Por ello concluyó que “la escucha y el servicio son dos actitudes complementarias que nos ayudan, en nuestra vida, a estar abiertos a la presencia providente del Señor. Su ejemplo nos invita a conciliar, en nuestras jornadas, contemplación y acción, descanso y fatiga, silencio y laboriosidad, con sabiduría y equilibrio, teniendo siempre como medida la caridad de Jesús, como luz su Palabra y como fuente de fortaleza su gracia, que nos sostiene más allá de nuestras posibilidades”.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la de Palabra de Vida de julio («Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él y, al verlo, tuvo compasión» Lc 10, 33), la de junio («Dadles vosotros de comer», Lc 9, 13) y la de mayo («Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero», Jn 21, 17):

1.-        “ahora con el horario de verano, yo puedo salir del trabajo bastante más temprano por la tarde, (porque también entro muy pronto). Pero hay una compañera que vive cerca de mi casa y que al regreso le viene bien mi coche. Y aunque a mí me gustaría poder regresar un buen rato antes, dado que ella entra después, sale también después de mi horario, pero la espero hasta las 5 con mucho gusto, porque así a ella se le soluciona un mundo no teniendo que coger el transporte público que tarda mucho. Y para que no se sienta mal viéndome esperarla mucho tiempo, voy adelantando cosillas del trabajo para q m vea ocupada.

 

2.-        “en el trabajo hay 2 compañeros que decían tener mucho calor y bajaban la temperatura del aire acondicionado, lo cual me hacía tener frío a mí y a otros; después de unos días incómodo, me puse en su lugar, y si tienen calor, lo tienen y necesitan menor temperatura: decidí llevarme un jersey y tenerlo en el trabajo y cuando llego, me lo pongo y estoy justo de temperatura y ellos contentos.

 

3.-        “tengo un trabajo muy intenso, incluso fines de semana, y poca oportunidad de descanso; hace unos días sí pude tener algo de vacación y marché al norte para reunirme con la familia; pero un primo acababa de mudarse de casa y estuvimos haciéndole el traslado y yo, además, (me dedico a la electricidad), ayudándole a instalar todo; poca vacación para mí, pero contento de estar con la familia y ser buen samaritano, además.

 

4.-        “por si no te llegó la noticia, mi cuñado tuvo un paro cardiaco y, gracias a la intervención rápida del masaje de mi hermana, ha podido contarlo y, además, sin secuelas; ahora lleva un desfibrilador por si le repite... ¡Ha sido todo un milagro! Los médicos le repiten continuamente a mi hermana que ha salvado la vida de su marido... Yo pensaba que era el momento propicio para que se acercasen al Señor, pero… todavía parece ser que hay que esperar... Con razón dice la Escritura en la parábola del pobre Lázaro y el rico: "…ni aunque resucite un muerto".


martes, 1 de julio de 2025

HACERSE PRÓJIMO DE TODOS

 PALABRA DE VIDA                                                           JULIO 2025

 


«Pero un samaritano que iba de camino

llegó junto a él

y, al verlo, tuvo compasión»

(Lc 10, 33)

 

Martine viaja en metro en una gran ciudad europea. Todos los pasajeros están concentrados en su móvil. Conectados virtualmente, pero en realidad atrapados en el aislamiento. Se pregunta: «¿Es que ya no somos capaces de mirarnos a los ojos?».

Es una experiencia común, sobre todo en las sociedades ricas de bienes materiales pero cada vez más pobres de relaciones humanas. Y sin embargo, el Evangelio vuelve siempre con su propuesta original y creativa, capaz de «hacer nuevas todas las cosas» (cf. Ap 21, 5).

En el largo diálogo con el doctor de la Ley que le pregunta qué hacer para heredar la vida eterna (cf. Lc 10, 25-37), Jesús le responde con la famosa parábola del buen samaritano: un sacerdote y un levita, figuras relevantes de la sociedad de aquel tiempo, ven al borde del camino a un hombre agredido por unos salteadores, pero pasan de largo.

«Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él y, al verlo, tuvo compasión».

 

Al doctor de la Ley, que conoce bien el mandamiento divino del amor al prójimo (cf. Dt 6,5; Lv 19, 18), Jesús le pone como ejemplo un extranjero considerado cismático y enemigo: este ve al caminante herido y tiene compasión, un sentimiento que nace de dentro, del interior del corazón humano. Entonces interrumpe su viaje, se acerca a él y lo cuida.

Jesús sabe que toda persona humana está herida por el pecado, y esta es precisamente su misión: curar los corazones con la misericordia y el perdón gratuito de Dios, para que sean a su vez capaces de acercarse y compartir.

«[…] Para aprender a ser misericordiosos como el Padre, perfectos como Él, tenemos que fijarnos en Jesús, revelación plena del amor del Padre. […] el amor es el valor absoluto que da sentido a todo lo demás, […] que encuentra su más alta expresión en la misericordia. Una misericordia que ayuda a ver siempre nuevas a las personas con las que vivimos cada día, en la familia, en clase o en el trabajo, sin recordar ya sus defectos ni sus errores; que nos ayuda no solo a no juzgar, sino a perdonar las ofensas sufridas. Incluso a olvidarlas»[1].

 

«Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él y, al verlo, tuvo compasión».

 

La respuesta final y decisiva se expresa con una clara invitación: «Vete y haz tú lo mismo» (Lc 10, 37). Es lo que Jesús repite a cualquiera que acoja su Palabra: hacerse prójimos, tomando la iniciativa de tocar las heridas de las personas con las que nos cruzamos cada día en los caminos de la vida.

Para vivir la proximidad evangélica, pidamos ante todo a Jesús que nos cure de la ceguera de los prejuicios y la indiferencia, que nos impide ver más allá de nosotros mismos.

Luego, aprendamos del Samaritano su capacidad de compasión, que lo empuja a poner en juego su misma vida. Imitemos su prontitud en dar el primer paso hacia el otro y la disponibilidad a escucharlo, a hacer nuestro su dolor, sin juicios y sin la preocupación de estar «perdiendo el tiempo».

Esa es la experiencia de una joven coreana: «Traté de ayudar a un adolescente que no era de mi cultura y al que no conocía bien. Y sin embargo, aunque no sabía qué hacer ni cómo, me armé de valor y lo hice. Y con sorpresa me di cuenta de que, al prestar esa ayuda, yo misma me sentí curada de mis heridas interiores».

Esta Palabra nos ofrece la clave para practicar el humanismo cristiano: nos hace conscientes de nuestra humanidad compartida, en la que se refleja la imagen de Dios, y nos enseña a superar con valentía la categoría de la cercanía física y cultural. Desde esta perspectiva es posible ampliar las fronteras del nosotros hasta el horizonte del todos y recobrar los fundamentos mismos de la vida social. 

LETIZIA MAGRI y el equipo de la Palabra de Vida

 

 



[1] C. Lubich, Palabra de vida de junio de 2002: Ciudad Nueva n. 388 (2002/6), p. 17.


lunes, 30 de junio de 2025

AMOR AL PRÓJIMO POR AMOR DE DIOS

 VIDA DE LA PALABRA                             últimas semanas de JUNIO


Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de junio («Dadles vosotros de comer», Lc 9, 13) y la de mayo («Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero», Jn 21, 17): 

1.-        El otro día, después del horario de atención a la gente, me quedé un buen rato en el despacho parroquial buscando en internet una serie de cosas que necesitaba una persona: la PdV, además, me ayudaba a buscar entre distintas opciones la que le podía resultar mejor y más bonita, aunque eso me llevara más tiempo. No resultaba fácil, pues no se podía descargar y, entonces, había que ampliar cada una de las páginas, hacer un “pantallazo”, recortarlo y luego ir pegando una a una en un Word en blanco. Estaba yo contento pensando lo útil que le podría ser a esa persona.

 

1b.-    Sin haber acabado, entra un joven. La verdad es que, de primeras, me dio fastidio: ni era hora ya de despacho, se me había echado encima la hora de ponerme a preparar la comida y, (¡mea culpa!; aunque me arrepentí al instante y en mi interior pedí perdón al Señor), le juzgué, pensando que venía a pedir.

         Efectivamente, buscaba ayuda, pero de otro tipo. Le habían dicho en la asociación que le tutela que aquí podía encontrarla. Ciertamente en Caritas damos alimentos perdurables, pero él no necesitaba eso; también tenemos un pequeño servicio de orientación psico-social, pero solo es un día a mitad de semana y estábamos, además, ya en sábado.

Lo escuché a fondo, pues me “martilleaban” las palabras de Jesús “dadles vosotros de comer” y, sobre todo, el comentario de la PdV: “Ante las necesidades de los demás no valen excusas («no nos compete»; «yo no puedo hacer nada»…).”. Y ciertamente así era, pero… “no valen esas excusas; si puedo dar mi tiempo, mi cercanía, mi comprensión, mi implicarme aunque parezca que no vamos a ninguna salida…”.

         Tiene cumplida su mayoría de edad, pero tiene algunas deficiencias, tipo casi autismo y similares, (me mostró, además, documentos de ello). Se le notaba pacífico y muy bueno. Era adoptado (procedente de un país en el que yo sé que los niños salen muy tarados de los orfanatos) y, según cuenta él, aquí sus padres adoptivos lo maltratan ya desde niño, aunque desde hace unos años solo psicológicamente, y se valen de su minusvalía para obtener beneficios de trabajar menos, etc.

         Estuvimos hablando mucho tiempo y se le notaba, (dentro de su casi inexpresividad), agradecido y contento. Llamamos a todos los sitios que se nos ocurrieron en busca de información y ayuda. Algunos no contestaban (era sábado), otros muy amablemente nos daban unas indicaciones que no le eran factibles…

En fin, como él tenía posibilidad de estar al menos el fin de semana en casa de un antiguo compañero de instituto, decidió marcharse hacia allí, visto que no podíamos avanzar nada y en espera de la cita que ayer tendría en Asuntos Sociales.

         Me conmovió mucho interiormente cuando, con humilde sencillez, me pidió: “¿le puedo estrechar la mano?”.

 

2.-        Después de varias semanas intensas, la pasada por fin pude tener un poco de descanso. Además de ver a mi madre, también estuve antes con mi hermana y visité al sacerdote de allí, buen amigo, que está sufriendo diversas incomprensiones de la gente: con él fueron horas bonitas de comunión y fraternidad, en que se notaba la presencia de “Jesús en medio” allí “donde dos o más, unidos…”.

Y, al final, después de cenar, al despedirnos en la puerta de su parroquia, se acercó un hombre que no conocíamos, pero que sin embargo había visto a mi compañero muchas veces, pero nunca se le había acercado, ni entraba a la parroquia: quizá en ese momento le “atrajo” la unidad entre nosotros. Y le preguntó horarios y, con nuestra atención y escucha, no tardó en contarnos ampliamente toda su problemática vida como pidiendo humildemente orientación y consejo; yo procuraba dejar todo el espacio a mi compañero, haciéndole unidad con escucha atenta vacío de mí, pues era quien le podía hacer un seguimiento después, aunque también comenté cuando notaba que me impulsaba desde dentro el Espíritu Santo. Se marchó confortado ese hombre y nosotros nos despedimos felices por la comunión entre nosotros y por esta irradiación.

2b.-     Al día siguiente, comiendo con mi hermana, su marido (¡super-cocinero!) y uno de sus hijos, (más un amiguete de él), fue bonito al acabar, cuando todos se fueron retirando, quedarme con mi sobrino que seguía comiendo más despacio, aunque yo tenía que coger el coche en seguida para el viaje y hubiera querido echarme la siesta, no quise dejarlo solo en la mesa.

Él comenzó a hacer preguntas sobre sus dudas de fe, típicas de joven universitario, creyendo que lo sabe todo, pero, sin embargo, él no cerrado a buscar. Aunque no tenía yo la cabeza, para jaleos, me pareció precioso, (soy, además, ¡su padrino de bautismo!). Estuvimos charlando largamente y se notaba que su amigo, desde la otra punta de la habitación tumbado en la alfombra, no perdía ripio.

Emprendí viaje más tarde de lo previsto, contento de ejercer como tío y como padrino. Se abrió una vía de diálogo que nos prometimos continuar. Ya siempre pedía por él y por todos mis ahijados, pero todos estos días lo tengo súper-presente a todas horas.

 

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la de Palabra de Vida de junio («Dadles vosotros de comer», Lc 9, 13), la de mayo («Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero», Jn 21, 17) y la de abril («Mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?», Is 43, 19):

 

1.-        Muchísimas gracias, Paco. He disfrutado leyendo lo que mandas sobre la Eucaristía y las experiencias. Dios te pague. Me hacen mucho bien... 

En estos días, meditando en la Eucaristía, tengo muy presente lo que decía Chiara. Me impresionó desde la primera vez que la oí: lo que es más fuerte... y Cristo lo es, por eso en la comunión no asimilamos como el alimento normal, sino que nos asimila Él… Algo así: tú sabes... Doy gracias a Dios por la fuerza de Su Presencia dentro de mí en estos días. Me ha venido la impresión íntima de la Mariápolis sobre la Eucaristía... Doy gracias a Dios por su cercanía, su donación...

Mi experiencia de la Palabra de Vida va por asimilar la pequeñez del Pan... dejarme comer por quien me necesite.

 

2.-      perdona, Paco, que no te haya contestado antes. Andamos algo atareados con temas médicos. Últimamente a mí me han dado otra tanda de radioterapia, que me ha dejado bastante KO, y, por si no fuera suficiente, desde mayo a mi marido lo han ingresado dos veces por fuertes problemas de salud. Trato de tener presente que todo es Amor de Dios y seguir “jugando” en cada momento, (como decían S. Luis Gonzaga y Luminosa).

 

3.-        Paco, llevas incansablemente más de 8 años enviándome la Palabra de Vida puntualmente una vez al mes y cada 15 días los recordatorios. En primer lugar, muchísimas gracias por tu envío que nunca falla. Si te soy muy sincero, la Palabra de Vida me ayuda muchísimas veces cuando la leo y le busco el sentido en lo que me esté pasando en ese momento de mi día a día, parece como que es Él quien me habla y me guía verdaderamente. La verdad que me ayuda muchísimo.

En segundo lugar, ya no es necesario que me envíes la versión de la PdV en viñetas para los peques porque, gracias a Dios, han ido creciendo y ya nos dan capones con la barbilla, tanto a mí como a su madre...

Lo que haré a partir de ahora es compartirles la Palabra de Vida que me envías cada mes ya como adultos.

En nuestra parroquia, tanto nosotros como nuestros hijos, estamos en grupos de escuelas de agradecimiento y trabajamos semanalmente con "propósitos" que nos ponemos y tratamos de cumplir semanalmente y luego ponerlos en común con los otros miembros del grupo.

Lo dicho, muchas gracias por todos estos años enviándome la PdV sin fallar ni un mes y un abrazo muy fuerte!!!.

 

4.-        Gracias como siempre, Paco, por compartir siempre fielmente. Me ayuda mucho conocer estas experiencias: reconozco que en muchas ocasiones no respondo con esa misma fidelidad, pero lo que cuenta es saber que vamos juntos en esta aventura. Yo en estos momentos estoy viviendo una experiencia con un hijo que me lleva a tratar de confiar en él y el Dios. No es fácil porque por su personalidad (y es adulto) siempre he estado sobrevolando y controlando también su vida en muchas ocasiones.

Después de consultar con una profesional, llego a la conclusión de que tengo que "fiarme" y tratar de vivir de otro modo nuestra relación. Después de tanto tiempo haciendo de otro modo, resulta complicado.

Por otra parte, estoy acompañando a mi cuñada en su duelo (ha fallecido su marido hace 5 meses), y acudimos todas las mañanas juntas a la Eucaristía, y te puedo asegurar que logro experimentar una paz que no es mía.

…acuérdate de rezar por este camino que recorre mi hijo y para que no pierda yo la paz ni la confianza.

 

5.-        casi siempre voy a trabajar en tren. El pasado viernes, a la salida del trabajo, iba con los ojos cerrados, relajado, sentado en la posición más cercana a la puerta. El tren era uno de los "nuevos", compuesto únicamente por dos largos vagones. Al ir a salir y cerrarse las puertas, un fuerte ruido, como de alguien cayendo al suelo, me hizo abrir los ojos de par en par: una señora, desde el andén, tenía el brazo extendido, bloqueando el cierre de la puerta... con el consiguiente riesgo de que el tren se pusiera en funcionamiento y la arrastrara.

En centésimas de segundo, un pensamiento: "soy el más cercano a la puerta; la señora necesita ayuda y puedo prestársela". De un salto me posicioné frente la puerta y, (sin ningún género de duda estimo que la Providencia me guio los pasos), en vez de hacer otra cosa, pulsé el botón de apertura de puertas. Se abrieron. La señora entró en el tren y di gracias a Dios por haberme guiado de manera tan efectiva, volví a relajarme... Nadie más se había movido en el tren. Me gustó mucho la rapidez con la que decidí ayudar, y la relacioné con todo lo vivido y aprendido. Creo firmemente que todas las oraciones, participaciones, acciones positivas realizadas no sólo son buenas per se, sino que también nos ayudan a ser mejores cada día, y ello tiene su reflejo en que, poco a poco, vamos siendo mejores.


lunes, 16 de junio de 2025

HACERSE EUCARISTÍA PARA LOS DEMÁS

 Te ofrezco unos textos (y experiencias, aunque pocas) que nos ayuden a seguir con ánimo la práctica de la Palabra de Vida («Dadles vosotros de comer», Lc 9, 13), que, además, es el Evangelio del próximo domingo, solemnidad del Corpus Christi: 


LA EUCARISTÍA, FUENTE DE LA UNIDAD

La Eucaristía llega a nosotros colmada con el don de la unidad. Y si nos preparamos a acogerla con el amor recíproco auténtico que nos enseñó Jesús, ésta no deja de ofrecernos a todos su don, que es precisamente la unidad.

            De hecho, la Eucaristía produce diferentes efectos, como por ejemplo nutrir nuestra alma como un alimen­to. Dice santo Tomás: «Este sacramento se nos da... en forma de alimento y bebida. Por consiguiente, todo efecto que el alimento y la bebida material producen en lo que se refiere a la vida corporal, es decir sustentar, acrecentar, regenerar y deleitar, todo ello lo realiza este sacramento en la vida espiritual».

            Pero la Eucaristía no es sólo alimento, sino que transforma al cristiano. La Lumen gentium dice: «La participación del cuerpo y sangre de Cristo hace que pa­semos a ser aquello que recibimos», es decir, Jesús. Nos transformamos en Jesús. Por ello los Padres afirman: «En apariencia de pan se te da el cuerpo y en apariencia de vino se te da la sangre, para convertirte, al haber par­ticipado del cuerpo y de la sangre de Cristo, en concorpóreo y consanguíneo con Él».

         Y se puede hablar de ser concorpóreos y consanguí­neos no porque se produzca una unión física, sino por la unión de nuestras personas con el cuerpo glorificado de Cristo -presente en la Eucaristía-, vivificado por el Espíritu Santo. Somos, pues, realmente concorpóreos, pero en un sentido nuevo, místico.  Los Padres especifican, además: «[La Eucaristía] se dice y verdaderamente es comunión, porque por ella nos comunicamos con Cristo... Además, comulgamos y nos unimos unos con otros a través de ella». «Por el hecho mismo de que [Cristo] los une a todos a Él, los une mutuamente, porque si muchas cosas están unidas a una tercera, están unidas también entre ellas».

         Por tanto, la Eucaristía es vínculo de unidad. La Eu­caristía es fuente de la unidad. La Eucaristía es la divina posibilidad de ser uno con Cristo y entre nosotros. No siempre tenemos esto suficientemente presente…

         Vivamos con mayor conciencia la unidad. No la demos por descontada. No, no; debemos construirla en cada momento con nuestros hermanos comenzando desde ahora, dando vida a relaciones trinitarias entre nosotros mediante un amor recíproco radical, [el mandamiento nuevo de Jesús], conscientes de que la Eucaristía nos dará la Gracia que necesitamos.

         Y luego, vayamos lo más a menudo posible a alguna iglesia o capilla para darle gracias a Jesús Eucaristía por todas las veces que Él ha intervenido en nuestra vida de unidad. La gratitud es un deber y atrae nuevas gracias.

CHIARA LUBICH, Construir el Castillo Exterior, Ed. Ciudad Nueva, pp.

 

 

 

            EL MILAGRO DE LOS PANES

Todo lo que tengo

en Tus manos ahora está:

son los frutos de la tierra,

que Tú multiplicarás.

Son también mis manos,

y con ellas Tú podrás

repartir al mundo entero

el pan que a todos saciará.

 

     Sólo una gota has puesto entre mis manos,

sólo una gota que ahora quieres que Te dé.

Ah, ah...

Una gota que entre mis manos,

en lluvia se convertirá

y la tierra fecundará. TODO LO QUE TENGO...

 

     Y nuestras gotas todas hechas lluvia en Ti,

serán la linfa de una nueva humanidad.

Ah, ah...

Y la tierra preparará

la fiesta de este pan que

los hombres compartirán. TODO LO QUE TENGO...

 

     Y otra vez el viento

desde lejos traerá

el perfume de trigales,

que al mundo llevará.

Y el amor a todos

la cosecha repartirá

y el milagro de los panes

de nuevo se repetirá.

 

GEN VERDE International Performing Arts Group

 

 

 

 

 

 

APRENDER Y CRECER PARA SUPERAR LOS LÍMITES

 

         No es ninguna humillación tener límites. Conocerlos y aceptarlos con inteligencia nos hará más indulgentes con nuestros errores pasados y más precavidos con errores presentes y futuros Y creceremos en humanidad y humildad. 

P. MANOLO MORALES, O.S.A., Comentario al Pasapalabra del 5 de mayo

 

 

 

VIVIR LA ALEGRÍA PARA PODER DONARLA

Jesús prometió estar presente donde dos o más están reunidos en su nombre. Así que, vamos a reunirnos con otros (... ) y convivir con el espíritu de amor mutuo enseñado por el Evangelio. Compartamos cómo hemos intentado poner el evangelio en práctica y experimentaremos los frutos de su presencia: alegría, paz, luz, ánimo. Jesús permanecerá con cada uno de nosotros y seguiremos sintiéndolo cerca y activo en nuestra vida diaria.

CHIARA LUBICH

 

 

 

domingo, 15 de junio de 2025

DARSE EN SERVIR POR AMOR

 VIDA DE LA PALABRA                         primeras semanas de JUNIO


Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de junio («Dadles vosotros de comer», Lc 9, 13) y la de mayo («Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero», Jn 21, 17):

1.-        Me está ayudando mucho estas semanas tararear internamente dos frases de la canción “El milagro de los panes”, (del musical “Gente del 2000”), del grupo internacional de música moderna Gen Verde: ♪#♫todo lo que tengo, en Tus manos ahora está… y Tú lo multiplicarás…♫#♪, y sobre todo la repetición, (“machacona” en el musical, justo antes de comenzar esa canción), ♪#♫date voi stessi loro da mangiare! ♫#♪, (mismísimas palabras de Jesús en la PdV de este mes).

Me están haciendo no desentenderme de cosas que, a primera vista yo no podría hacer mucho, (dentro que, por natural, además, soy “parao” y con poca iniciativa, jeje), pero que sí son de notable interés para mi interlocutor de cada momento presente.

 

1b.-     P. ej. un matrimonio con 4 hijos estaban muy preocupados por la presión en el trabajo y pérdida de calidad y bajada de sueldo. Estando pidiendo con intensidad por el asunto, me encontré a ella cuando iba yo al hospital a visitar al compañero recién operado: aunque yo iba con prisa, estuve escuchando un buen tiempo todo lo que ella tenía necesidad de expresar. Le aseguré que Dios les dará la Gracia para llevar adelante todo, pero que no dejáramos de pedir también al Señor para que se solucionara bien. Y en estos mensajes que hemos cruzado, os comparto el desenlace: “el viernes tuvo mi marido la cita de conciliación con la empresa ¡¡y se presentaron!!, (porque pensábamos que no lo iban a hacer), ¡¡¡¡y al final hubo acuerdo, con indemnización y paro!!!! Así que estamos súper contentos. Mi marido estará hasta el 1 de septiembre en el paro, cuidando de los niños todo el verano y disfrutando de ellos. Esto que nos ha pasado es un regalazo y le damos gracias a Dios por ello, ya que su plan para nosotros es siempre mucho más grande que el nuestro y así ha sido: el 1 de septiembre se incorpora en la nueva empresa”. “La oración funciona😅”, le contestado plenamente convencido. “Total!! 🙏🏼😊”.

 

1c.-      Otro ejemplo todavía en curso: una persona tiene que preparar y, aunque no es mi especialidad, me estoy implicando en ayudarle a preparar o fotocopiar temas, y en cosas de ordenador que tiene menos práctica que yo, también en darle ánimo, etc. En cada ocasión me viene musicalmente desde el interior ♫#♪dadles vosotros…♫#♪, “dale Tú mismo, Paco, de…” lo bueno que necesita…

 

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la de Palabra de Vida de de junio («Dadles vosotros de comer», Lc 9, 13), la de mayo («Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero», Jn 21, 17) y la de abril («Mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?», Is 43, 19):

 

1.-        “con gran sorpresa y agrado leo algunos de los párrafos que reproduces del email que te envié hace algunos meses. Sorpresa y casualidad, porque, como te decía, no siempre leo lo que nos escribes, por más interesante y vivo y bien narrado que está. Y agrado, porque me ha hecho evocar una experiencia muy parecida.

Leo en tu email de abril, (con retraso de dos meses respecto de tu envío), una preciosa narración del fin de semana que pasaste al cuidado de tu madre. Me ha evocado los muchos fines de semana que durante muchos años yo hacía lo mismo con la mía, enferma de Alzheimer. Nosotros somos ocho hermanos, y yo el que más lejos vivía, pero había decidido hacer los 650 Km y compartir los turnos casi por igual con ellos.

        Todo lo que cuentas de los cuidados que le dedicabas es prácticamente idéntico a lo que yo viví, recibiendo de ella a cambio un enorme agradecimiento y cariño. Y eso a pesar de la aparente inexpresividad que acompaña a esa enfermedad: no era así, ella sentía la compañía de sus hijos, del que le tocara en cada turno. Pasado su sufrimiento de los primeros años, le llegó en los siguientes y hasta los últimos un alivio enorme que Dios tuvo a bien concederle, preámbulo del que ahora estará teniendo en el Cielo junto a Él. 

         Y te añado, finalmente, que aquí en mi ciudad contacté con… todos los del movimiento de los focolares a lo largo de las muchas actividades a que he asistido. También todos ellos encantadores. Un regalo de Dios conocerlos.